Harry Potter es la tremenda red de JK Rowling, de la que autores como White Squirrel a veces se cuelgan.
Partes de este capítulo son citas adaptadas de Harry Potter y el cáliz de fuego.
Notas de la traductora: Uf. Hemos llegado. El clímax de esta historia. Muchas gracias a todos por seguir esta historia, y en especial a todos los que se toman la molestia de dejar comentarios. 3 capítulos más y comenzamos con la(s) secuela(s) (Más información sobre eso en próximos capítulos).
¡Disfruten!
Capítulo 109
Harry parado con su familia en la entrada al laberinto de setos. Para la mayoría en la escuela, la tercera prueba era un día emocionante (y no dolía que también era el último día del semestre). El Ministro Fudge estaba ahí, así como Rita Skeeter y (por alguna razón) una banda de música. Pero para la familia Granger, era un día de ansiedad.
–Permanece en alerta hoy, cachorro –dijo Sirius–. Aún no sabemos lo que planea Voldemort, pero tendría sentido que actuara hoy.
–Sí, lo sé, Sirius. Pero no puede estar aquí, ¿o sí? –preguntó Harry.
–No con Dumbledore cerca –dijo Remus–. Nuestra mejor estimación es que actuará esta noche mientras todos están distraídos, celebrando el final del Torneo… o usará la prueba como una distracción y atacará en algún otro lugar.
–¿Y ya tenemos alguna idea de por qué me metió en el Torneo?
–Desearía que sí. Tal vez es parte de la distracción o solo una muestra de poder, pero honestamente, aún no tiene sentido.
–Sólo recuerda, hijo, que no tienes que ganar –dijo Dan–. Sólo regresa a nosotros en una pieza.
–Haré lo que pueda, papá. Pero tengo que poner algo de esfuerzo. El contrato lo demanda.
–Lo sabemos, pero ten cuidado –dijo Emma–. Recuerda, la precaución también es una estrategia.
–Sí, mamá.
Sirius rápidamente cambió el tema para intentar mantener las cosas ligeras–: Así que, ¿cómo les está gustando el nuevo libro a los Slytherin?
Harry sonrió–. Oh, han estado peleando entre ellos toda la semana. –El nuevo libro de Harry, Harry Potter y el heredero de Slytherin, había sido muy anticipado, especialmente al ser publicado solo seis meses después del último. Varios estudiantes habían recibido copias por lechuza el martes, y para el miércoles, estuvo por toda la escuela (y el resto del mundo mágico de Gran Bretaña) que Harry estaba acusando a Voldemort de ser mestizo–. Un montón de ellos intentaron lanzarme maleficios, pero los otros Gryffindor han estado protegiéndome. No quieren que su campeón sea lastimado. –Rodó sus ojos.
–No es gracioso –dijo Hermione–. Han sido terribles toda la semana, y estuvieron tan molestos que un montón de ellos fueron descalificados del torneo de duelo por luchar sucio.
–Oh-oh. ¿Malfoy? –preguntó Sirius.
–No, Malfoy no estuvo peor de lo normal –dijo Harry–. Ha estado más callado este año. Puede que finalmente esté aprendiendo la sutileza Slytherin. Pero terminé enfrentándome a Pucey en la primera ronda del torneo de sexto año, y gané porque él intentó usar un hechizo ilegal contra mí y fue descalificado.
–¿Qué? –exclamó Emma sorprendida–. No nos contaste eso.
–Fue una maldición de látigo de fuego –dijo Remus con seriedad–. Dumbledore tuvo que intervenir. Pucey fue suspendido por el resto del semestre.
–No me pasó nada –protestó Harry.
–Pero podrías haber sido lastimado seriamente. Debimos pensar en eso antes de publicar.
–No, Remus, yo fui quien insistió en publicar antes de la tercera prueba –insistió Harry–. Sólo no consideré el torneo de duelo. Pero bueno, el resto funcionó.
El torneo de duelo había sido entretenido, pero también buena práctica para los campeones. Harry en particular había dominado la competencia de cuarto año, se llevó el segundo lugar entre los de quinto, y terminó en medio del grupo entre los de sexto. Cedric fue el campeón general para Hogwarts, pero perdió contra uno de los chicos de Durmstrang que ya había estado en el circuito profesional el verano pesado.
–Por el lado bueno –dijo Remus–, algunos Slytherin estuvieron literalmente dando saltos de coraje cuando escucharon sobre el linaje de Voldemort.
–Sí, Theo Nott parecía estar a punto de sufrir un colapso mental –ofreció Harry.
–Incluso Malfoy lució bastante afectado –dijo Hermione–. Sólo que él tuvo la sensatez de mantenerse callado.
–¿Qué piensan las personas afuera del castillo? –preguntó Harry.
–Es una de las cosas más grandes de las que están hablando –dijo Sirius–. Una de ellas, además del torneo y eso. Muchas personas están convencidas de que Dumbledore te dio esa información, pero muchos otros lo creen, y los más valientes se rieron al respecto. Aunque es difícil saber si frenará los avances de Voldemort.
–Pero bueno, deberíamos prepararnos para la prueba –dijo Remus–. Harry, ¿trajiste el mapa del merodeador?
–Aquí lo tengo, Lunático –se lo entregó.
–Bien. Lo estaré vigilando para ver si hay alguien que no se supone deba estar aquí. Tú también mantente alerta.
–Campeones, es hora de comenzar –se escuchó la voz sobre el campo de quidditch. Como los jueces habían dicho, el campo estaba cubierto con un laberinto de setos de veinte pies con sonidos amenazantes saliendo de él. La tercera prueba tomó lugar inmediatamente después de la cena en lugar de en la mañana, aparentemente para que las criaturas estuvieran más activas, aunque el atardecer en junio era tan tarde en Escocia que aún había bastante luz–. ¡Bienvenidos, todos, a la tercera y final prueba del Torneo de los Cuatro Magos! –anunció el director–. Y una bienvenida especial al Ministro de Magia Cornelius Fudge.
Fudge saludó a la audiencia desde su lugar con los jueces en la tribuna principal. David Monroe, aunque había anunciado las pruebas anteriores, estaba sentado callado, mirando con atención al campo.
–Los campeones pronto entrarán al laberinto en el orden de sus puntajes –dijo Dumbledore–. Dentro del laberinto hay numerosas trampas y peligros, animales, vegetales, y mágicos. Los campeones deben navegar estos peligros hasta el centro del laberinto, donde hemos colocado la Copa de los Cuatro Magos. El primer campeón en tocar la copa, será el ganador, y para que no haya duda de quien ganó, la copa ha sido convertida en un traslador que traerá al ganador a la entrada del laberinto.
–¿Un traslador? –Harry y Hermione exclamaron al mismo tiempo–. Lunático, ¿podría ser eso un problema? –dijo Harry rápidamente. Sabía muy bien que los trasladores no registrados eran uno de los peligros de los que habían estado protegiéndolo todo el año.
–Sólo Dumbledore puede crear un traslador en los terrenos de Hogwarts –le aseguró Remus–. Debería estar bien, pero mantendré mi mirada en él de cualquier modo.
Sintiéndose más tranquilo, Harry regresó su atención a Dumbledore.
–Para poder dar a la audiencia una vista clara de los campeones, colocamos encantamientos adicionales en el laberinto para formar un muy ingenioso sistema de proyección mágico, de este modo. –Agitó su varita, e imágenes distorsionadas de criaturas mágicas de varios tipos aparecieron sobre el laberinto. Estaban en ángulos extraños como si estuvieran escalando colinas empinadas justo debajo de las cimas de los setos, pero eran claramente visibles. Los encantamientos debían estar doblando la luz saliendo del laberinto de manera horizontal hacia la audiencia. Harry se preocupó al ver a dos de los escregutos de cola explosiva de Hagrid moviéndose por el laberinto. Las bestias habían crecido hasta tener diez pies de largo durante el año, y eran una amenaza a todo lo que se les acercara.
Dumbledore agitó su varita de nuevo, y las imágenes desaparecieron igual de rápido–: Con esta proyección, la audiencia podrá ver a los campeones, y viceversa –dijo–, pero los campeones no podrán ver otras partes del laberinto desde dentro. Y ahora, el Sr. Ollivander revisará las varitas de los campeones para la prueba.
Muy desafortunadamente, mientras Ollivander revisaba sus varitas, Rita Skeeter se abrió camino hacia el campo.
–Así que, Harry –dijo la reportera que menos le agradaba–, ha sido una gran semana para ti. Haz dado mucho de lo que hablar con ese libro nuevo tuyo. ¿Qué te motivó a decidirte a publicarlo ahora? ¿Quizás maximizar la publicidad?
–Sólo intento enfocarme en la prueba hoy, señorita Skeeter –dijo él. Notó de nuevo la extraña calidad de su rostro… el semblante algo regordete, los pequeños y merodeadores ojos resaltados por sus enormes lentes decorados.
–Oh, claro, claro –dijo ella, pero naturalmente no lo dejó–: Ciertamente has creado grandes expectativas para ti mismo: matar a un basilisco, ganar las primeras dos pruebas. ¿Cómo te sientes sobre tus posibilidades para esta noche?
–Sólo intento salir de la prueba entero –dijo él. Los movimientos de Rita eran ágiles y furtivos mientras escribía notas probablemente difamatorias sobre él. En serio, ¿dónde había visto su rostro antes? Lucía casi como...
–Y todos esperamos eso. ¿Estás preocupado sobre qué peligros podrías enfrentar…?
–Escarabajo –susurró Harry para sí mismo.
No creyó que Skeeter lo hubiera notado, pero en lugar de eso, ella palideció–. ¿Qué...qué d...dijiste?
–Nada –dijo él con honestidad. Finalmente recordó donde la había visto antes… o a alguien como ella, más bien. Pero fue en su imaginación entre las páginas de Orwell: hombres (y mujeres) pequeños y robustos, con movimientos torpes y expresiones ilegibles… y una inclinación por delatar a sus vecinos… hombres escarabajos, el autor los había llamado. Skeeter, extrañamente, parecía llenar el papel. Pero ciertamente no tenía nada de importancia, y aun así, la mujer rápidamente lo dejó y continuó con los otros campeones después de eso. Harry se encogió de hombres y agradeció que se fuera.
Mientras tanto, Ollivander habló con él rápidamente al checar su varita–. Buen trabajo con el libro nuevo, Sr. Potter –dijo–. Fue un acto valiente, revelar los secretos de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado. Yo casi estaba seguro, por supuesto, pero no tenía evidencia.
–Sólo intentaba ganar en la arena de la opinión pública, Sr. Ollivander –respondió él.
Después de eso, los campeones se pusieron en fila en la entrada, con sus palabras dándoles unas palabras finales de ánimo. Harry escuchó a Amos Diggory claramente decir–, Buen trabajo, mi niño. Campeón escolar de duelo. Este pequeño laberinto no debería darte problemas después de eso, ¿no es así? –Las familias de Fleur y Viktor estaban hablando francés y búlgaro, respectivamente. Los padres de Harry lo abrazaron y dijeron–, Buena suerte. Y mantente a salvo. –Todos tomaron sus lugares, el cañón se escuchó, y Harry entró al laberinto.
Desde el momento en que entró, su vista al cielo arriba cambió. En lugar de un azul claro encima, podía ver a la audiencia mirándolo como si estuviera en el fondo de un gran tazón. Se giró para tener una mejor vista. Era intimidante tener a tantas personas que parecían estar literalmente mirándolo en el suelo mientras realizaba la prueba, pero sabía que para ellos, parecía estar caminando justo por encima de los setos.
Los sonidos de afuera parecían enmudecidos, probablemente para que no pudiera escuchar los comentarios y obtener pistas de eso. Era extrañamente aislante el ver a la multitud mirándolo y no poder escuchar nada.
Sabía que tenía seis minutos antes de que Cedric entrara al laberinto, así que intentó cubrir algo de terreno desde la entrada antes que él. Podía mantener su rumbo con su vista a la audiencia, pero eso no lo ayudaría a llegar al centro rápido. Bien, valdría la pena revisar los atajos obvios, pensó. Intentó cortar y hacer explotar los setos, pero eran resistentes a los hechizos y se cerraron muy rápido para permitirle pasar. Se colocó sobre su estómago para ver si podía arrastrarse o excavar debajo. Probablemente podría como gato, pero no tenía manera de ocultar su transformación. No, tendría que buscar.
Harry se movió rápido, pero tuvo cuidado de mirar en cada esquina. Una de las primeras lo llevó a una sección donde los setos se cerraban en un dosel que cubría una enorme maceta con lazo del diablo. Por suerte, unos cuantos hechizos de fuego le permitieron pasar eso fácilmente. Su siguiente encuentro, no tuvo tanta suerte. Dio una vuelta en una esquina y se encontró cara a… eh, con lo que sea que esos escregutos de cola explosiva tenían. Los híbridos sobrevivientes habían crecido tanto que Hagrid había (renuentemente) tenido que impedir que incluso los de séptimo los cuidaran. Harry murmuró una palabra que esperaba que la audiencia no pudiera escuchar mientras esquivaba una enorme bola de fuego que el escreguto le lanzó. Dio un salto atrás y consideró sus opciones por un momento, pero cuando tuvo que esquivar a un aguijón venenoso también, decidió que la discreción era la mejor parte del valor y corrió para tomar otro camino en la última encrucijada que había pasado.
Durante el transcurso de dieciocho minutos, los otros tres campeones entraron al laberinto. Harry no vio a ninguno, pero escuchó los ruidos de actividad incrementarse en los pasillos contiguos. Él sí encontró a varias bestias, más notablemente a un troll, y fue bueno que era uno salvaje. Por lo que había escuchado, los trolls de seguridad podían ser bastante desagradables. Este, sin embargo, era lo suficiente estúpido que pudo noquearlo son su propio bastón con un encantamiento de levitación.
Se encontró con una fosa trampa bien escondida que sólo logró evitar gracias a su instinto felino. Decidió intentar escalar los setos para pasarla en lugar del esfuerzo de tener que crear un puente. Esto resultó ser un error porque los setos comenzaron a temblar en cuanto dejó de tocar el suelo, y las enredaderas se agitaron para hacerlo caer. Por supuesto, los organizadores no querían que nadie escalara los setos. Pero descubrió que si se agachaba y se movía rápidamente, podía esquivar las enredaderas.
Fue entonces que notó que su vista de la audiencia se había ido. El cielo azul claro era visible de nuevo.
–¿Qué pasa? ¿A dónde fue? –preguntó Emma cuando su vista de Harry desapareció en un parpadeo.
–Hay un problema con el sistema de proyección –dijo Remus–. Pensé que era muy complicado. No sé si podrán arreglarlo lo suficiente rápido...
–Remus, tengo un mal presentimiento sobre esto –dijo Hermione.
–No entres en pánico, Hermione. Aún puedo seguirlo en el mapa. Mira.
Poco después de que la proyección desapareciera, Harry escuchó un grito que le heló la sangre. Ya que el laberinto no recibía los sonidos del exterior, sólo podía ser Fleur. Tembló ante la idea de con que se debió haber encontrado. Decidió continuar avanzando, pero entonces, escuchó fuertes golpes y gritos entre los alaridos–: ¡AHH! ¡Viktor! ¡Para! ¡AHHH! ¿Qué estás…? –¡BUM! –¿...haciendo? ¡No! ¡AHHHH!
¿Viktor estaba atacando a Fleur? Y eso no sonaba como un simple duelo, incluso con el fin de ganar el torneo. Sonaba como si intentara matarla.
Harry tenía que ayudar. Debían estar cerca, por los sonidos. ¿Pero cómo podía llegar ahí a tiempo a través del laberinto? Entonces se dio cuenta de que la audiencia no podía verlo. Se transformó en gato y se metió debajo de un seto, y después otro, y entonces, vio algo terrible. Viktor estaba parado sobre una Fleur aporreada, intentando maldecirla en el suelo. Ella sostuvo su escudo, pero estaba lastimada y atrapada y no podía responder. Viktor estaba luchando como un demonio y probablemente usando maldiciones oscuras. ¿Qué le había pasado? Harry se lanzó antes de pensarlo y se colocó sobre la espalda de Viktor en dos saltos. Una vez tuvo un buen agarre, aplicó la lección que había aprendido de Fenrir Greyback el año pasado y fue directo por los ojos.
Esta pareció ser la acción incorrecta. Viktor se giró y lanzó a Harry contra los setos antes de poder rasguñarlo bien. Elevó su varita, pero antes de poder lanzar un hechizo, se escuchó un débil –¡Desmaius! –detrás de él, y Fleur lo atacó directo en la espalda. Viktor cayó al suelo, inconsciente, pero antes de hacerlo, Harry pensó que vio una expresión apagada en los ojos del joven. ¿La maldición Imperio? Se preguntó. ¿O lo había imaginado?
Una Fleur furiosa permaneció sentada con su varita apuntando a Viktor, pero no pareció notar a Harry mirando desde las sombras como gato. Se giró para recostarse sobre su espalda. Parecía que su pierna estaba lastimada, y aparentemente decidió que no podía continuar, porque lanzó chispas rojas al aire, probablemente intentando llamar la atención de los organizadores pidiendo ayuda.
–¡Oh, no! ¿Qué pasó? ¿Harry está herido? –lloró Hermione cuando vio las chispas.
–No lo sé –dijo Remus. Vio el mapa con atención–. Él… no, espera, aún está moviéndose. Son Fleur y Viktor quienes están heridos. Harry aún está atravesando los setos. ¡Va directo hacia la copa!
Harry no estaba teniendo tanta suerte como Remus creía. Su mente iba a toda prisa, y no estaba prestando atención por completo. Las acciones de Viktor pusieron una nueva perspectiva en las cosas. ¿Estaba bajo un Imperio? Si era así, ¿por qué atacó a Fleur? ¿Para sacarla de la competencia? Era posible que Karkaroff lo hubiera puesto bajo un Imperio para ser más agresivo y hacer lo necesario para ganar, pero… ¿y si alguien más lo hizo para controlar el resultado del torneo? ¿Para asegurarse de que Harry ganara? Pero entonces, ¿cuál era la meta? ¿Quién se beneficiaba?
Estaba tan perdido en sus pensamientos que se arrastró hasta el centro del laberinto en forma felina y casi murió cuando se tardó demasiado en notar a la maldita araña gigante del tamaño de un caballo que apareció enfrente de él. Este no era el trabajo de un gato. Las acromántulas eran inteligentes, así que tratar de pasarla sería difícil, y probablemente lucía como la cena para esa cosa. Se cambió de regreso a forma humana en un instante y se dio cuenta de que probablemente aún lucía como la cena.
–¡Desmaius! ¡Reducto! ¡Impedimenta! ¡Diffindo! –Lanzó todas las maldiciones en las que pudo pensar al monstruo y retrocedió por el camino lo más rápido que pudo. Pero la cosa era resistente a la magia y continuaba avanzando. Fue solo cuando escuchó una voz fuerte muy detrás de la araña gritar –¡Arania Exumai! –que finalmente cayó. Y cuando su vista se aclaró, vio a Cedric mirándolo.
–Vaya, gracias, yo… –comenzó a decir Harry, pero Cedric comenzó a correr directo a él. Harry se confundió por un momento, pero entonces, comprendió y se giró. Ahí estaba la Copa de los Cuatro Magos, a menos de treinta yardas. Corrió por ella. Cedric era más rápido, pero Harry estaba más cerca. Corrió a la copa, listo para tomarla...
Y titubeó.
Cedric se detuvo de golpe a unos diez pies de distancia y lo miró con confusión–. Harry, ¿por qué te detuviste? Llegaste primero.
–Hay algo mal aquí –dijo, más para sí mismo.
–¿Cuál es el problema? –dijo–. ¿Es por la araña? Tú tienes el camino directo. Podrías haber llegado.
–No, no es eso.
–¿No…? Oh. –Cedric pareció darse cuenta–. Viste lo que pasó a Fleur y Viktor, ¿no es así? Viktor también intentó maldecirme, pero escapé. No sé cuál era su problema.
–Viktor estaba intentando matar a Fleur, creo –dijo Harry–. La atacó con todo lo que pudo. Creo que lo hubiera hecho si no lo hubiera detenido. No lo miré bien, pero… creo que estaba bajo un Imperio.
–¿Imperio? –exclamó Cedric–. ¿Cómo? ¿Por qué?
–No lo sé, pero creo que está conectado con el desastre en el que he estado involucrado este año.
–De acuerdo… ¿pero por qué no tomaste la copa? Ganaste de manera justa, o casi.
–Tengo el presentimiento de que si la toco, algo malo va a pasar.
–¿...En verdad lo crees? –dijo él.
–Sí. Con mi suerte, es prácticamente una certeza.
Se miraron en silencio por un tiempo.
–Te la ofrecería si la quieres –agregó Harry–. No debí estar en esta cosa desde el principio. Te la mereces, pero estoy preocupado de que algo malo te pase a ti entonces.
Cedric consideró esto por un momento y dijo–, La tomaremos juntos, entonces. Es la manera más justa, ¿no lo crees? Y si algo sí pasa, entonces estaremos los dos para enfrentarlo.
Harry elevó sus cejas–: ¿Estás seguro?
–Sí. No podemos permanecer aquí toda la noche y esperar a que los otros nos encuentren, y si enviamos chispas, estaríamos rindiéndonos. No pueden no tener un ganador.
–De acuerdo, entonces. Que Dios nos ayude –murmuró para sí mismo mientras Cedric se paraba junto a la copa–. A la cuenta de tres. Uno… dos… ¡tres!
Cada uno tomó una de las asas de la copa. Sintieron la sensación familiar de un jalón detrás de sus ombligos, y se fueron.
–¡Oh, Dios! –exclamó Remus.
–¿Remus? –dijo Sirius preocupado.
–Se han ido.
–¿Qué?
–Harry y Cedric desaparecieron del mapa.
–¡¿QUÉ?!
–¡Se han ido, Canuto! Ambos estuvieron parados junto a la copa por un minuto, y entonces, desaparecieron, pero no… –Señaló a la entrada del laberinto, la cual estaba conspicuamente vacía.
–Oh, Dios –dijo Sirius–. ¡Albus! –Tomó el mapa y se apresuró a donde Dumbledore estaba parado sobre una piedra rúnica, aun tratando de hacer que funcionara de nuevo la proyección mágica–. ¡Albus! ¡Harry y Cedric han desaparecido! ¡Tomaron la copa y desaparecieron del mapa!
Dumbledore palideció notablemente, y tomó el mapa para examinarlo con sus propios ojos–. ¿Ambos al mismo tiempo? –preguntó rápidamente.
–Sí. Tiene que ser el traslador. Ya habían llegado a la copa.
–Pero el traslador solo era para traerlos de vuelta a la entrada del laberinto –dijo él. Sirius pudo ver por el brillo en sus ojos que Dumbledore estaba lívido y considerando todas las posibilidades en su mente.
–¿Es posible manipular el destino de un traslador? –preguntó Sirius.
–No como tal –dijo Dumbledore–. He escuchado que es posible agregar un destino intermediario, pero nunca lo he visto. Pero la copa no dejó mi vista desde el momento que coloqué el Portus hasta cuando fue llevada al laberinto.
–¿Quién puso la copa en el laberinto?
–Pues, fue… –Pero Dumbledore se sorprendió cuando se volteó a ver la silla vacía a su lado.
Sirius y Dumbledore se miraron horrorizados, y regresaron sus miradas al mapa. Un poco más lejos del campo, vieron a una figura solitaria corriendo para llegar a las puertas del castillo.
David Monroe.
Harry y Cedric cayeron con fuerza. Harry parpadeó una vez y no necesitó dos segundos para evaluar su situación–. ¡Demonios! –pareció cubrirlo.
No estaban en la entrada del laberinto.
Ni siquiera estaban en Hogwarts.
El cielo había oscurecido notablemente, y el aire parecía más cálido, lo cual sugería que habían viajado muy al sureste… muy dentro de Inglaterra.
También estaban en un cementerio.
Harry proceso todos estos datos en el tiempo que le tomó decir–, ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Alguien hizo algo al traslador! ¡Rápido! ¡Varitas! –Soltó el asa de la copa que Cedric aún estaba sosteniendo para sacar su varita. Cedric sacó su propia varita también.
Fue entonces que escucharon la carcajada rica, melodiosa, y extremadamente escalofriante de una mujer. Era aguda y parecía tener un acento. La carcajada hizo eco alrededor del cementerio, y media docena o más de figuras encapuchadas salieron de entre las sombras. Todos excepto una usando máscaras de calavera.
–Mortífagos –siseó.
Y entonces, escuchó una voz que ya medio estaba esperando, pero que hizo helar su sangre: una voz aguda y silbante que raramente había escuchado fuera de una pesadilla–: Muy astuto, Potter… ¡Maten al otro!
Harry solo tuvo tiempo de girarse.
–Avada...
¡BAM!
–¡CEDRIC! –gritó Harry, pero fue muy tarde. Cedric miró abajo con sus ojos ampliamente abiertos, como si no pudiera creer lo que había pasado, para encontrar al mango de un cuchillo blanco hueso saliendo de su pecho, antes de colapsarse en el suelo.
Harry estaba atado a una lápida. ¿Cuándo había pasado eso? La última cosa que recordaba era Cedric colapsándose. Miró a su alrededor con frenesí. ¿Aún había tiempo? Pero no, vio a Cedric en el suelo fuera del círculo de figuras con túnicas, el cuchillo aún en su pecho, rojo brillante tiñendo su túnica amarilla, y sus ojos aún abiertos. Su varita aún estaba en su mano y la Copa de los Cuatro Magos en la otra, creando una burla de lo que debió ser su momento más orgulloso. ¿Cómo los había llevado ahí el traslador? Aún estaba en el cementerio, pero había más mortífagos que antes… una docena de ellos. Vagamente, Harry recordó una explosión de dolor en su cicatriz justo después de que Cedric se colapsara. Debió haberlo dejado inconsciente por unos minutos. Ahora, lo tenían atado con cuerdas y amarrado contra la lápida en la hoz de un ángel de la muerte. Apropiado. Nada de esto se relajaba con su magia sin varita. Si giraba su cabeza lo suficiente, apenas y podía distinguir el nombre que sabía estaría ahí.
TOM RYDDLE
–Está despierto, Voldemort.
Harry giró su cabeza. ¿Acaso alguien había llamado a Voldemort por su nombre en su cara? Cuando vio quien era, supo que era la mujer de su visión: alta, de tez morena, con acento de Latinoamérica. También era la mujer que había lanzado el cuchillo… que había asesinado a Cedric… más rápido que un mortífago había podido usar su varita… más rápido que siquiera los ojos de buscador de Harry pudieron seguir.
Ella había sido la figura sin máscara de antes, pero se había cambiado su atuendo en los pocos minutos que él había estado inconsciente. Ahora llevaba un chal color índigo, un collar grande y dorado, y un enorme penacho hecho de plumas verdes.
–Ah, excelente –dijo la voz fría y aguda–. Que amable es de tu parte, Harry Potter, unirte a mi fiesta de renacimiento. Como puedes ver, he estado muy ocupado preparándome para ella.
Y Harry estaba muerto, estaba seguro. Casi perfectamente protegido por un año, todo para nada. Catorce años y apenas con la edad suficiente para tener una novia formal, y estaba casi seguro de que no viviría para pasar la noche. Incluso su habilidad animaga no lo sacaría de esa. Era inútil con tantos mortífagos mirándolo. Y extrañamente, en lo único que estaba pensando en ese momento era en que quería unas malditas respuestas.
–¿Este era tu plan, entonces? –dijo–. ¿Pasaste por todos los problemas de meterme en el torneo para hacer que tocara un traslador?
–Pero has estado tan bien protegido, Harry –dijo Voldemort. Harry no lo pudo ver al comienzo, hasta que recordó que su forma actual era muy pequeña, y notó a uno de los mortífagos cargando un bulto. Una enorme serpiente estaba enroscada alrededor de los pies de ese mismo mortífago. Harry podía escucharla siseando en inusualmente coherente parsel–. Dumbledore fue muy precavido. Esta fue la manera más fácil disponible –dijo Voldemort. De repente, Harry escuchó el ruido de una aparición fuera del círculo.
–Excelente. Mi sirviente más fiel ha podido regresar… el único fuera de Azkaban que no se escondió de mí, pero que fue encarcelado contra su voluntad en su propio hogar.
–Así es, Amo –la voz del hombre sonaba sin aliento, pero Harry sintió su sangre helar aún más cuando se dio cuenta de que la reconocía–. Estuvo cerca. Dumbledore casi me atrapó. Lupin tenía un mapa que mostró cuando el traslador se activó.
–¿Pero Dumbledore no podrá rastrear el traslador? –presionó Voldemort.
–No, Amo. No sin el objeto físico. Sabrá que hubo un destino intermediario, pero no a donde. –El hombre salió a la luz, y los miedos de Harry fueron confirmados. Era David Monroe.
–¡Tú! –gritó Harry.
–Yo, Potter –dijo Monroe con una sonrisa, pero pronto Harry se dio cuenta de que no era Monroe. Rápidamente bebió de un pequeño frasco de poción que debía ser un antídoto para multijugos, y su apariencia comenzó a cambiar. En un minuto, Harry estuvo mirando a un hombre muerto.
–¡¿Barty Crouch Junior?! –exclamó, entonces tosió cuando las cuerdas lo apretaron más–. Pero… pero… ¡eso es imposible! –tosió de nuevo–. Aparecías como David Monroe en el mapa.
La sonrisa del hombre creció aún más–. Veo que has estado haciendo tu tarea, Potter –dijo–, pero Barty es más un apodo estos días. Verás, cambié mi nombre legalmente en el mundo muggle… gracias a mi querida prima, Artemis. –Caminó a una mortífaga delgada, levantó su máscara, y la besó en la boca.
–Eso es suficiente, Barty –siseó Voldemort mientras Harry intentó no vomitar–. Estamos listos para comenzar el ritual.
De repente, todo cayó en su lugar. David Monroe había tomado un interés en Harry desde el comienzo del torneo. Como Jefe de Cooperación Mágica Internacional, había alterado los registros de Harry en Uluru en secreto para meterlo. Había ofrecido su consejo en cada prueba, y le había dado alto puntaje en las primeras dos pruebas. Había arreglado todo desde el comienzo, pero por supuesto, nunca fue el David Monroe original… no mientras estuvo en Hogwarts. Era el renombrado Barty Crouch Junior disfrazado. Remus tenía razón. Era tan listo como Hermione… lo suficiente listo para engañar incluso al mapa del merodeador.
Crouch-Monroe se movió al centro del círculo, donde Harry vio a la supuesta sacerdotisa azteca tomando su lugar junto al enorme caldero. Era el caldero más grande que Harry hubiera visto. De hecho, no era un caldero normal. Tenía forma oblonga como un bote de unos seis pies de largo y tres o cuatro de profundidad. La textura gris brillante de su superficie le pareció familiar a Harry, y en la luz tenue, pensó que podía ver segmentos. Inclinó su cabeza lo más que pudo, y dio un salto cuando lo vio. El caldero estaba hecho del caparazón de un escreguto de cola explosiva.
–Espero que aprecies el trabajo que se necesitó para este ritual –continuó Voldemort mientras la mujer azteca agitaba no una varita, sino una daga negra con mango blanco que parecía funcionar igual de bien para ella.
La bóveda debajo de los pies de Harry se abrió, y fragmentos de hueso volaron fuera y dentro del caldero. La mujer estaba encantando–, ¡Hueso del padre, otorgado sin saberlo, renovarás a tu hijo!
–Tuvimos que disolver a un unicornio entero vivo en un tanque de lejía para eso, y ese solo fue el primer paso –presumió Voldemort.
Esa posiblemente era la cosa más enferma que Harry había escuchado en su vida, y no ayudó a su estómago cuando la mujer tomó la mano de Crouch-Monroe y la removió con su cuchillo negro de un solo corte. Se preguntó si lastimaría al ritual si vomitaba sobre la tumba.
–¡Carne del vasallo, voluntariamente ofrecida, revivirás a tu amo!
–Y debería agradecer a Hagrid cuando lo vea. De nuevo probó ser útil. Sus escregutos resultaron ser calderos excelentes.
–Fue incluso lo suficiente bueno para poder mejorar mi ritual –dijo la mujer mientras se acercaba a Harry con una sonrisa tan mortal como su daga. De cerca, Harry podía ver que era piedra negra afilada con un mango de hueso, pero más largo que cualquier cuchillo de piedra que hubiera visto en un museo–. El caparazón de escreguto dará al nuevo cuerpo de Voldemort más fuerza y resistencia al fuego.
¿Está bromeando? ¿Está haciendo al villano más malo? Pero los pensamientos de Harry fueron interrumpidos cuando apuñaló el interior de su codo con el cuchillo y llenó un frasco con su sangre, la cual vertió en el caldero. Eso fue incluso peor que las otras partes. Magia de sangre era desagradable.
–Sangre del enemigo, tomada por la fuerza, resucitarás al que odias.
La poción dentro del caldero brilló un blanco cegador. La mujer entonces comenzó a encantar en lo que Harry sólo podía adivinar era el idioma de los aztecas, y el bulto en los brazos del mortífago comenzó a flotar. La cubierta cayó, revelando al mismísimo Voldemort, luciendo como un bebé mortinato deformado, y entonces, cayó dentro del caldero.
Por favor que se haya equivocado, pensó Harry. Por favor que se haya equivocado. Por favor que se haya equivocado.
Pero no hubo ningún error. Una llamarada roja surgió del caldero, y dentro de las llamas la silueta de un hombre, alto y esquelético. Mientras las llamas morían, hubo mayor claridad: piel sin pelo y blanca, brillantes ojos rojos, y sin nariz, sólo con rajadas como fosas nasales. Elevó una mano a un lado y convocó sin varita una túnica. Entonces, elevó su otra mano y convocó sin varita una varita, y pareció flotar arriba y fuera del caldero y cayó casi con delicadeza sobre sus pies.
Lord Voldemort había vuelto.
–Ah, mucho mejor –siseó él. Su voz era menos aguda ahora, pero no menos siniestra–. Han pasado trece largos años desde que pude sentir mi propia piel, Harry –dijo–. ¿Sabes cómo se siente eso? ¿El dolor de ser expulsado de tu propio cuerpo, sobreviviendo sólo poseyendo los cuerpos frágiles de bestias? ¿La agonía cuando me obligaste a abandonar el cuerpo de Quirrell? –Harry sintió escalofríos atravesarlo contra su voluntad–. Sí, lo recuerdas, ¿no es así? Sentiste entonces una fracción del dolor que yo sentí esos trece años. Pero ahora, ves lo inútiles que tus esfuerzos para detenerme han sido. He regresado… –Hizo un gesto, y llamas rojas salieron del suelo y lamieron su cuerpo sin lastimarlo, y se desvanecieron igual de rápido–... más poderoso que nunca. Ni siquiera el sacrificio de tu madre podría detenerme. Sí, se sobre eso también. Uno de mis mayores errores en cálculo. Debí verlo antes. Pero no importa. Te preguntas porque hice tanto para obtenerte para esta fiesta, pero tú eras el ingrediente más importante en el ritual. Gracias a tu contribución… ¡Puedo tocarte ahora!
Voldemort tocó la cicatriz de Harry con un dedo, y esta vez, fue solo Harry quien sintió el dolor. Gritó, incapaz de contenerse, mientras Voldemort reía.
El Señor Oscuro retrocedió, y Harry intentó recuperar su sentido. Puedo tocarte ahora, y así era. De repente se sintió con ganas de vomitar de nuevo, y, antes de poder pensarlo mejor, habló–, Si vas a matarme, ¿por lo menos podrías no ser tan repulsivo?
Los mortífagos soltaron gritos ahogados, indignados, pero de inmediato escuchó a la mujer azteca carcajearse.
–El chico tiene cojones –dijo–. Es más duro de lo que parece.
–¡Suficiente! –Voldemort lo miró molesto–. Debes aprender respeto, Harry. Incluso ahora, al final, es importante mantener una buena forma, ¿no lo crees?
Harry no iba a darle la satisfacción–. ¿Tus seguidores sabían que eres mestizo? –tosió.
–¡Crucio!
Dolor. No había pensamientos… nada de poder mental libre para articularlos. Sintió como si estuviera quemándose. El dolor era abrasador. Estaba seguro, de manera inconsciente, de que estaba muriendo. De hecho quería morir en algún lugar de su subconsciente.
Terminó. Fue una sensación extraña cuando la maldición fue removida: una fracción de segundo de alivio que pareció mejor que nada que hubiera experimentado antes en comparación. Pero apenas tuvo tiempo de registrarlo antes de dar paso al entumecimiento, y apenas tuvo tiempo de registrar eso antes de que cada músculo de su cuerpo le doliera como si hubiera sido atropellado por un camión. Estaba en el suelo, luchando por recuperar su aliento. Voldemort debió haberlo desamarrado. En retrospectiva, el burlarse de un mago malvado probablemente era una mala idea.
–Párate, Harry –dijo Voldemort, la falsa congenialidad había dejado de su voz–. Obviamente, no puedes ser entrenado… típico Gryffindor, naturalmente. Tu reporte ha llegado lejos esta semana, es cierto, pero nosotros sabemos dónde yace el verdadero poder, tú y yo. El verdadero poder yace en aquellos que son lo suficiente fuertes para buscarlo.
–Sin embargo, has demostrado gran poder y habilidad mágica, así que te otorgaré la dignidad de morir como un verdadero mago… varita contra varita… una muerte noble, y prueba verdadera de mi fuerza… sin suerte y sacrificios para salvarte esta vez, Harry. Miren bien, todos –dijo a los mortífagos–. Harry Potter es conocido como un gran duelista en Hogwarts, luchando contra estudiantes dos años arriba de él… muy impresionante. Pero verán ahora cual de nosotros es más fuerte. Anda, Harry, sabes lo que debes hacer. Convoca tu varita y tengamos un duelo.
Harry se tambaleó mientras se ponía de pie. Se acarició sus muñecas irritadas y brevemente consideró rehusarse, pero descartó la idea al instante. Una varita era mejor que ninguna. Elevó su mano y se concentró, y unos momentos después, su varita voló a él.
–Muy impresionante. Es una varita fina –dijo Voldemort–. Hermana a la mía, creo. Desafortunadamente, esa varita fue perdida. Pero contraté a un maestro creador de varitas para prepararme una nueva justo para esta ocasión. Ha resultado muy bien. Es incluso mejor que la anterior, creo. Estoy seguro de que la apreciarás.
Harry sólo había visto la varita antigua de Voldemort una vez, cuando los aurores la habían recogido de donde Pettigrew la había ocultado en Salisbury, y no recordaba mucho sobre ella. Lo único que podía ver de esta nueva era que estaba intrincadamente tallada y parecía tener un dedo esquelético como mango. Parecía ideal para él, pero Harry tenía cosas más importantes de las que preocuparse.
Voldemort hizo una reverencia… mínima, sin quitar su mirada de Harry. Harry no la respondió. A pesar de su dolor, no le daría esa satisfacción.
–Vamos, Harry. Te han enseñado modales. La etiqueta debe ser respetada… Inclínate a tu muerte.
Los mortífagos se rieron, pero Harry permaneció erguido.
Voldemort hizo una mueca–. ¡Dije inclínate! –Apuntó su varita y Harry fue doblado como por un hechizo que no era la maldición Imperio para nada, pero en lugar de eso empujó su cuerpo como si fuera una marioneta.
–Muy bien –dijo Voldemort con burla–. Esta es una buena muerte. No hay vergüenza en esto, una muerte de mago, un mago que ha hecho un buen trabajo. Y ahora… comencemos.
Harry adivinó que el primer acto de Voldemort sería otra imperdonable, o por lo menos algo que no pudiera bloquear, así que intentó esquivar. Desafortunadamente, el Crucio silencioso de Voldemort fue más rápido.
Harry estaba retorciéndose en el suelo de nuevo, gritando a todo pulmón.
Cuando recuperó el sentido de nuevo, sintió más dolor que antes. Su garganta estaba irritada y rasposa, y estaba preocupado de no poder hablar los hechizos bien si esto continuaba. Cuando se obligó a sí mismo a ponerse de pie, su sentido del equilibrio también estuvo afectado.
–Eso dolió, ¿no? –dijo Voldemort–. No quieres que haga eso de nuevo, ¿verdad?
Harry no dijo nada.
–Contesta –dijo él con voz suave.
Harry mantuvo su boca cerrada.
–Dije que me contestes. ¡Imperio!
La maldición Imperio Harry podía manejar. Se sintió bien. Su dolor se desvaneció. Se sentía algo entumecido, quizás, pero no estaba adolorido. Pero tuvo que resistir la tentación de aceptarlo y hacer lo que Voldemort decía.
Sólo responde que no… sólo responde que no...
Pero no lo hizo. Había resistido la maldición Imperio de Moody en el primer intento mejor que la mayoría de sus compañeros nunca pudo. Podía hacerlo con Voldemort también.
Sólo responde que no… sólo responde que no...
Combinando el éxtasis de la maldición Imperio con una voluntad tan fuerte como la de Harry y un enemigo que odiaba debió tener un gran efecto en reversa porque olvidó su resolución de no burlarse de Voldemort de nuevo y dijo–, ¡Ve a jugar con tu serpiente, Tom!
–¡CRUCIO!
Había ira en su voz esta vez, no solo cruel dominación, pero no se sintió diferente para Harry. Si fuera capaz de tener pensamientos coherentes en el momento, hubiera considerado que su sistema nervioso debía estar saturado de dolor así que no podía sentir más. Cuando la maldición fue levantada, tuvo problema parándose. Sus brazos y piernas no lo apoyaron al comienzo. No estaba seguro de haberse sentido tan mal desde que tío Vernon lo había golpeado cuando tenía cinco años.
¿Cuánto tiempo habían estado los padres de Neville bajo la maldición que no podían funcionar día a día sin drogas avanzadas de Alzheimer? Voldemort no podía pretender que su "fiesta" durara toda la noche, ¿verdad? Dumbledore sabría pronto, si no es que ya, que el traslador se lo había llevado. ¿Podría aguantar? ¿Podría convencer mejor a Voldemort de que lo acabara rápido?
¿O podría escapar… luchar de vuelta? A pesar de la certeza de su muerte, Harry miró alrededor del cementerio, esperando por cualquier cosa que pudiera usar. Alguna ventaja… Entonces, la vio: la Copa de los Cuatro Magos, aún en la mano estirada de Cedric. Crouch-Monroe había dicho que tenía un destino intermedio. Así que si la tocaba de nuevo, lo llevaría de regreso a Hogwarts… esperaba. Era una posibilidad remota. Incluso revelaría el "poder que el Señor Oscuro no conocía". Pero era la única oportunidad que tenía.
–¿Desafiante hasta el final, Harry? Había esperado...
Pero Harry no esperó a que terminara esa oración. Cambió a Raticida y corrió directo a la copa.
Escuchó un grito de Voldemort–: ¡¿Qué?! ¡No! ¡Deténganlo! –Y maldiciones comenzaron a volar de los mortífagos, pero como gato, sus reflejos eran más sensibles, y su tolerancia al dolor era mayor. Con su mayor sentido de la magia, podía sentir las maldiciones venir y esquivarlas. Agradeció a Dios por esas lecciones de duelo vendadas que Remus le había dado a él y Hermione hace años.
Pero entonces, escuchó un nuevo ruido: un rugido, y antes de poder alcanzar la copa, un enorme guepardo saltó enfrente de él, mostrando sus colmillos. O quizás era un jaguar… oh, ¿a quién le importaba? ¡Era un enorme gato con manchas que quería comérselo! La mujer azteca era un animago.
Cambió de dirección al instante, corriendo detrás de una lápida que lo dejó fuera de la línea de fuego de la mayoría de los mortífagos. Pero el jaguar lo siguió, gruñendo. Raticida se alarmó de descubrir que podía traducir sus gruñidos en la lengua felina común, y estuvo más alarmado cuando descubrió lo que estaba diciendo.
¡Sal, presa!
Raticida corrió, esquivando y zigzagueando para permanecer lejos del jaguar, el cual era la mayor amenaza en este momento para su cerebro animal. Su cerebro humano intentó pensar en alguna estrategia que pudiera ayudar. Nunca había sido una presa antes, excepto quizás con Greyback… ciertamente nunca una presa de una bestia con inteligencia humana. Los jaguares y los gatos domésticos eran depredadores de emboscada… no hechos para la caza larga. El jaguar era más rápido, pero podía ver… más por la situación que su conocimiento académico… que tenía una constitución grande, de piernas cortas, y cola larga, lo cual la hacía más pesada y menos maniobrable desde su pequeña perspectiva. Logró permanecer delante de ella cambiando de dirección más rápido de lo que ella podía, a un punto girándose y corriendo entre sus patas.
Sus rugidos fueron más fuertes. Se estaba frustrando. Los mortífagos e incluso Voldemort ya no estaban disparando tantos hechizos en su dirección, posiblemente no queriendo golpear al blanco más grande, pero Raticida sabía que estaba a una garra de la muerte. Tenía que maniobrar su camino de regreso a la copa. No podía escapar al jaguar de ningún otro modo.
Se movió de un lado a otro muchas veces antes de encontrar una apertura. Zigzagueó alrededor de una lápida lo suficiente amplia para ponerla entre el jaguar y la copa enfrente de él, y se lanzó directo a ella. El jaguar pasó la lápida y se lanzó detrás de él. Estaba agarrando terreno. ¡Espera! ¿Se estaba alejando? Él continuó corriendo. Ya casi estaba ahí...
En su apuro, nunca escuchó el grito final de ¡Avada Kedavra! de Voldemort, y la vio venir muy tarde, cuando el rayo de luz verde llenó su visión y lo dejó sin vida sobre el césped.
