Jane apenas puede mirarla. No se atreve. No se cree capaz de hacerlo sin volver a desmoronarse. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que se sentó a su lado en aquella pequeña habitación. Recordaba el sonido de las sirenas, la voz de Barry y sus brazos sosteniéndola y luego, cuando abrió los ojos otra vez, estaba en un auto en movimiento y aún podía escuchar las sirenas.
"¿Maura?" Había preguntado con temor a escuchar la respuesta. Frost hizo un gesto hacia el tráfico y Jane pestañeó varias veces al ver la ambulancia enfrente de ellos.
"Ella está bien. Tienes que dejar que te chequen también, Jane" -dijo con preocupación, mirándola por un instante.
No pudo verla cuando la bajaron de la ambulancia; solo tuvo un vistazo de cabello dorado con rastros de rojo. Jane apenas pudo dar un par de pasos antes de detenerse al sentir una punzada de dolor proveniente de su rodilla izquierda.
Los doctores le habían asegurado que Maura despertará pronto.
"Shock hipovolémico por la pérdida de sangre y una conmoción cerebral" fue una de las pocas cosas que logró procesar de toda la información que recibió. Habían logrado detener la hemorragia sin mucho problema, según la doctora, pero tendría que quedarse en observación por la lesión en la cabeza y hasta que terminara el tratamiento para la reposición de fluidos.
Jane apoyó la frente en el costado de la cama, sosteniendo la mano de Maura con fuerza.
"uno, dos, tres, cuatro" contaba antes de exhalar y volver a inhalar, volviendo a contar una y otra vez hasta tener las fuerzas para ponerse de pie y mirarla directamente. Un apósito cubría la herida en el cuello, y la herida en la sien estaba descubierta; inflamada y cerrada con varios puntos de sutura.
-Regresaré pronto -susurró al inclinarse y dejar un beso en su frente. El rostro de Maura había perdido el color. Verla en ese estado y conectada a tantas cosas la hacía sentir como si el corazón se le comprimía.
Jane agarró la muleta que una enfermera insistió que usara para que no colocara tanta presión en la rodilla. Frost estuvo presente mientras la atendían y no le había dado chance a negarse, así que no le quedó de otra. La verdad es que ayudaba un poco, aunque podía caminar sin la maldita muleta.
Jane salió de la habitación de Maura y se apoyó en la pared al lado de la puerta, sacando el celular del bolsillo del uniforme que la misma enfermera le había ofrecido. Su ropa estaba manchada de sangre y los de emergencia le habían cortado el pantalón para poder extraer los vidrios de la rodilla.
Tanta sangre. Sosteniendo el celular en sus manos podría jurar que aún podía verlas manchadas de sangre seca.
No tenía idea de qué hora podría ser en Francia. Tampoco se sentía preparada para hacer esa llamada, pero tenía que hacerlo. Estaba preparada, tenía que estarlo. Fue Ella quien contestó el teléfono, claramente extrañada al recibir una llamada de Jane, y lo primero que hizo fue preguntar si Maura estaba bien. Se desmoronó otra vez en aquella llamada, en aquel pasillo de hospital. Pensaba que estaba preparada, pero se equivocó.
Estaba distraída cuando entró en la habitación otra vez, maldiciendo entre dientes cuando la muleta chocó contra la puerta al cerrarse.
-Jane.
La muleta cayó al suelo y la visión de Jane se volvió a nublar.
-Maura, Maura, Maur –susurraba apresurándose a su lado para acariciar su mejilla suavemente. Se sentía tan bien volver a escuchar su voz, volver a ver esos ojos claros.
-¿Estás bien?
Jane ahogó un sollozo mezclado con una risa de alivio. Solo Maura podría preguntar algo así siendo ella la que está en cama conectada a varias máquinas y IV.
-Estoy bien -dijo con lágrimas corriendo por su rostro-. Estás bien -Estás viva. Jane se quedó sin aliento cuando sintió una mano en su mejilla.
Maura no dijo nada; rodeó el cuello de Jane y la acercó hasta unir sus frentes.
Ninguna de las dos supo por cuánto tiempo estuvieron en esa posición sin decir ni una sola palabra. No se separaron hasta que se escuchó un toque en la puerta antes de que se abriera.
-Doctora Isles, qué bueno verla despierta. Soy la Doctora Franz y he estado a su cuidado...
Jane se sentó en la silla al lado de la cama, sin soltar la mano de Maura, mientras escuchaba cómo la doctora le informaba a Maura de su condición y lo que habían hecho.
-Tuve un paro cardiaco... -susurró con los labios entreabiertos.
-Te resucitaron en el estacionamiento.
Las dos mujeres miraron a la morena que había hablado con la mirada perdida, como si estuviera recordando aquel momento. La mandíbula de Maura se tensó, todo su cuerpo lo hizo, al escuchar esas palabras y caer en cuenta que Jane la había visto... lo había visto todo.
Los ojos de Jane volvieron a enfocarse al sentir el apretón de mano de Maura.
-Jane... -Maura habló primero cuando la doctora cerró la puerta al salir.
-Aún no, Maur. Frost quiere hablar contigo. Te hará preguntas y... -Apartó la mirada. Y no sé si pueda escucharlo. Se admitió a sí misma-... y no será fácil.
Maura abrió la boca para responder, pero un toque en la puerta volvió a interrumpirlas antes de que pudiera decir algo.
-¡Maura! -Exclamó el detective Frost al entrar seguido por Korsak.
-Me alegra mucho verla despierta, doc.
La doctora sonrió débilmente, más calmada al sentir que Jane aún sostenía su mano y acariciaba su piel inconscientemente.
-Ya sé cómo funciona esto, detectives.
Ambos detectives relajaron los hombros visiblemente al escuchar aquellas palabras.
-He revisado todas las cámaras en la estación y el vecindario. Tenemos varias imágenes de posibles sospechosos durante esas dos horas. ¿Nos puedes decir qué recuerdas?
Maura se mostró pensativa por unos segundos. Su cabeza le dolía y era difícil pensar.
-Recuerdo que llegué a la pizzería y tuve que esperar unos minutos... no recuerdo cuánto. Volví al auto y cuando me fui a girar para poner la pizza en el asiento trasero ahí estaba apuntando con una pistola.
-¿Reconociste el tipo de arma? -preguntó Korsak.
Maura asintió entrecerrando los ojos, concentrada.
-Sí, recuerdo el grabado... una Walther P99.
-¿Cómo terminaste en la estación?
-Me dijo que fuera a la estación, por cuál calle ir, dónde doblar...todo. Sabía dónde estaban todas las cámaras, por dónde entrar, hasta el nombre del guardia. Era muy específico, incluso con el espacio donde quería que estacionara el auto.
-¿Cada cuánto vas a esa pizzería?
-¿En persona? Era la primera vez... siempre pedimos por teléfono -dijo, mirando a Jane de reojo.
-Te estaba siguiendo -confirmó la detective, mordiéndose el interior de la mejilla. Ella había tenido protección todo este tiempo mientras Maura era la que estaba siendo seguida. Estaba furiosa.
-¿Pudiste ver su rostro? ¿Reconocer su voz?
-No. Él tenía una gorra de béisbol y lentes de sol. Siempre se mantuvo cabizbajo. Luego, cuando llegamos a la estación salió del auto y se sentó en el asiento del pasajero con una máscara puesta.
-¿Qué tipo de máscara? -preguntó Frost.
-De esquí.
-¿Qué fue lo siguiente que pasó?
-Habló, habló mucho. Hablaba mientras...
-Puedes tomar tu tiempo, Maur -susurró Jane.
-Tenía una caja pequeña y me mostró el contenido... lo reconocí al instante. En ese momento no me quedaron dudas de que era él. Era una cadena, un arete y el anillo de Judy McOnnor. Me dijo que era un regalo para Jane y me agradeció por... -Pausó y sostuvo la mano de Jane con más fuerza-... por las flores.
-¿Las flores en tu auto? -preguntó Korsak.
-Sí. Separó una flor y la colocó sobre el tablero. Después de eso se volvió hacia mí e intentó revisar los bolsillos de mi abrigo y.… y cuando me opuse me golpeó contra la ventanilla.
-Tenemos tus pertenencias, ¿recuerdas lo que tenías en los bolsillos?
-Mi celular y -titubeó con la respiración más agitada-. Un regalo. Un brazalete.
Jane tomó la mano de Maura con ambas manos, sosteniéndola, asegurándole que estaba segura, que estaba ahí, que estaba bien. Había lágrimas en los ojos de Maura y Jane miró a Frost de reojo, rogándole con la mirada que terminara rápido con aquello.
-No me di cuenta de lo que había pasado hasta que sentí y vi la sangre. Seguía hablando... me advirtió que me desangraba lentamente y que no tendría mucho tiempo. Me dijo que no quería hacerlo, pero serviría como un recordatorio por ser importante. No recuerdo nada más después de eso...
-¿Tienes idea de qué quiso decir con eso?
-Que todo esto pasó porque es importante para mí. Todo esto es mi culpa.
-Jane... -llamó Maura cuando la morena se puso de pie alejándose de la cama, cojeando un poco.
-Es la verdad, Maura.
Frost y Korsak se miraron entre sí.
-Llevaba un pantalón de mezclilla azul y abrigo negro. Tiene que estar en alguna cámara al salir. No pudo haber evitado todas las cámaras de la estación...
-¿Compraste una o dos cajas de pizza? -preguntó Frost y la pregunta la tomó por sorpresa.
-Dos.
-Tengo que volver a la estación. Creo que sé por dónde salió -avisó Frost moviéndose hacia la salida de la habitación-. Gracias, Maura.
-¿Qué fue eso? -cuestionó Jane mirando a Korsak.
-Un hombre con esa descripción sale sosteniendo una caja de pizza.
La boca de Jane se abrió, alucinando.
-¿En serio se llevó la pizza?
-Volveré a la estación con Frost. Creo que tenemos una buena pista. Recupérate pronto, Maura y no te preocupes, Jane, te avisaré de cualquier cosa.
Las dos estaban solas otra vez y la atmósfera se sentía muy diferente a antes de la visita de los dos detectives. Maura se sentía drenada de fuerzas y la cabeza le seguía pulsando sin piedad.
-¿Que le pasó a tu pierna? -preguntó con un tono apenas audible, pero Jane la escucho porque descruzo los brazos y se giró para mirarla.
-Rompí la ventana de tu auto para llegar a ti y me apoyé en los vidrios. En el momento no lo sentí...
-Ven aquí.
Jane simplemente la miró como si no hubiera comprendido esas dos palabras.
-Jane, ven aquí. Por favor.
Finalmente se acercó y Maura se movió con un poco de dificultad.
-Sube.
-No creo que eso sea una buena idea -objeto mirando los IV y los otros aparatos conectados al cuerpo de Maura.
-No me hagas rogar -susurró con las lágrimas que había logrado contener desde que había terminado de hablar con los otros detectives-. Te necesito cerca.
¿Cómo se podría negar?
Subió en la cama con cuidado de apartar el IV y de que Maura estuviera cómoda. Quedó un poco más baja y cuando Maura rodeó sus hombros con un brazo, el rostro de Jane quedó entre sus pechos. Por debajo del fuerte olor de antiséptico estaba el aroma que se había vuelto tan familiar para ella. Se rompió aferrándose a aquel cuerpo y no pudo contener sus lágrimas, sus miedos. Todo su cuerpo vibraba y Maura la sostuvo con la fuerza que le quedaba.
-Quédate -susurró y Jane asintió inmediatamente. Aquella palabra significaba mucho más y ambas lo sabían, lo entendían. Era un quédate, no te vayas. Quédate, no te alejes. No me dejes. Quédate y no permitas que el miedo nos separe.
La enfermera la guio por el pasillo hasta la puerta de la habitación.
-Aquí, señora Rizzoli.
-Gracias otra vez.
La joven enfermera asintió con una leve sonrisa y siguió caminando apresurada.
Angela tocó la puerta suavemente antes de abrirla y se quedó sin aliento al tomar un paso adentro, aun sosteniendo la puerta. Jane estaba sobre la cama junto a Maura que comenzaba a abrir los ojos, enfocándose en ella. Los largos y finos dedos de Maura se desenredaron del cabello oscuro de su hija para hacerle un gesto para que se acercara. Angela lo hizo sin aún poder cerrar su boca de la sorpresa.
-Está durmiendo -susurró Maura.
Los ojos de Angela descendieron al rostro relajado de su hija sobre el torso de Maura. Notó movimiento y cuando alzó la mirada observó cómo los dedos de Maura volvían a la cabeza de Jane, moviéndolos lentamente acariciando el cuero cabelludo. Angela sabía que aquella caricia relajaba a su hija inmensamente y siempre la dormía rápidamente cuando era niña. Al parecer aún lo hacía.
Maura notó las lágrimas en los ojos de la mujer y estuvo a punto de hablar, pero Angela se llevó el dedo índice a sus labios, indicando que mantuviera silencio.
La siguiente acción la dejó estupefacta: Angela se acercó un poco más, apartando un mechón de pelo de su rostro, colocándolo detrás de la oreja y se inclinó sobre ella -algo le decía que la mujer la hubiera abrazado de no ser por su hija dormida parcialmente sobre ella.
-No nos vuelvas a asustar de esa forma, Maura -susurró a su oído y aun así apenas podía escucharla-. Eres familia y hablo por todos los Rizzolis cuando te digo que te queremos como tal, pero ella...si te perdemos ella no podrá sobrevivirlo... -Angela se separó lo suficiente para besarla en la frente y limpiar con el dedo pulgar una lágrima que se deslizaba por la mejilla de Maura-. Gracias por cuidar de ella. Volveré mañana -le guiñó un ojo y Maura no pudo evitar reír al notar ese gesto. Se tuvo que morder el labio para detener su risa y el vibrar de su cuerpo cuando Jane se quejó en su sueño.
Angela se detuvo antes de cerrar la puerta y se despidió con un gesto de la mano. Maura volvió a cerrar los ojos con una leve sonrisa.
Al día siguiente Maura esperaba ansiosamente a que la doctora le diera de alta. El último análisis mostraba un volumen intravascular restaurado y unos parámetros hemodinámicos adecuados. No entendía por qué tenía que esperar más.
-Considera lo que te hemos propuesto, hija -decía Constance en la video llamada.
Maura no había querido iniciar una video llamada; no quería que la viera en ese estado, pero su madre insistió. Ella estaba presente en el fondo, callada y con una expresión seria y dura; tendría que hablar con ella después. La llamada fue breve y terminó cuando Jane entró en la habitación.
-He comprado hamburguesa y adivina qué.
Maura sonrió, no por el tono alegre de Jane sino por la sonrisa que llegaba hasta sus ojos. Desde que abrió los ojos en ese hospital, esa era la primera sonrisa genuinamente feliz que había visto en ella.
-No soy muy buena adivinando, pero supongo que tiene que ver con lo que estás ocultando.
Jane asintió y le mostró la malteada que había estado ocultando detrás de su espalda.
-¡Tenían tu favorito!
-Oreo. -Aceptó el vaso, mirando el contenido detenidamente.
-Si no te apetece me lo puedo tomar. No habría problema alguno. Me puedo sacrificar -decía mientras colocaba la bolsa de papel al lado de Maura, pero no le dio tiempo a abrirla. Apenas le dio tiempo a procesar que Maura había estirado el brazo para agarrar el cuello de su camisa, tirando de ella bruscamente hasta que sus labios se unieron. Jane soltó la bolsa y tomó el rostro de Maura con ambas manos, besándola pausadamente.
-Gracias -susurró Maura sobre sus labios, abriendo los ojos lentamente.
-Tomaré eso como que sí te apetece. -Apartó un mechón de pelo dorado antes de alejarse lentamente-. Igual quiero probarlo.
-Puedo compartir contigo, Jane -reía divertida y Jane le entregó la hamburguesa antes de sentarse en la silla al lado de la cama.
Comieron mientras hablaban de cualquier tema que no fuera lo ocurrido y Maura estaba conforme con eso, aunque había algo que no dejaba de rondar por su cabeza.
-¿No está bueno? -preguntó Jane después de observarla mover la cuchara plástica en la malteada, ausente-. ¿Qué estás pensando?
-Hay algo... hay algo que quiero saber, pero no sé si estés lista para hablar sobre eso...
Jane se incorporó en la silla, colocando una mano sobre el muslo de Maura.
-Pregúntame.
Maura asintió y titubeó de igual forma, aunque Jane la miraba decidida.
-¿Cómo me encontraste? ¿Cómo supiste que algo pasó? -Se mordió el labio cuando los hombros de Jane se doblaron. Sabía que era demasiado pronto.
Jane apartó su mano y desapareció en el bolsillo de su abrigo.
-Por esto. -Colocó el brazalete donde su mano había descansado segundos antes. La respiración de Maura se entrecortó y la miró con ojos abiertos de la sorpresa.
-No entiendo -susurró, tocando el metal con dedos temblorosos.
-Me envió la caja; hizo que un muchacho lo entregara. Y eso fue lo único que no reconocí... no fue hasta que leí el grabado. Recordé tus palabras y me di cuenta que lo dijiste porque te hago sentir lo mismo... ¿no? -Se atrevió a alzar la mirada y sintió su corazón dar un vuelco al ver aquellos ojos claros brillar. ¿Por qué lloraba?
-Lo siento. -Soltó en un sollozo y Jane no pudo moverse de la confusión-. Te había dicho que quería darte el regalo en la noche porque tenía un plan. Te iba a preparar una cena, uno de tus platos favoritos y hasta Angela me dio la receta de tu nana. Y sé que no te gustan las flores ni usas accesorios de joyería... -Tuvo que parar para respirar y a pesar de su visión nublada por las lágrimas, no dejaba de mirar a Jane ni por un solo instante-, pero quería darte algo que te recuerde lo fuerte y valiente que eres, que me haces. Algo que te recuerde de la confianza que has inspirado en mí. Y cuando me dijiste que te hacía fuerte... debí dártelo en ese momento, debí dártelo y así no estaría todo arruinado. Lo hice todo mal... -terminó con la respiración jadeante y el corazón latiendo con fuerza contra su pecho.
-Si no fuera por esto y por las flores y su significado -dijo Jane en voz baja, deslizando el brazalete de los dedos temblorosos de Maura-. No estarías aquí conmigo en estos momentos. Tus intenciones eran maravillosas, Maur. -Jane se puso de pie y besó la mejilla húmeda antes de sostener su mentón suavemente, haciendo que la mirara-. Me puedes regalar flores todos los días si deseas, cariño. Tus flores tenían un propósito y lo entendí y me encantó. Solo te pediré una cosa -susurró y esperó a tener toda la atención de Maura-. No te vuelvas a disculpar por eso. No te disculpes por lo que ha pasado.
-Jane...
-Puedo ser fuerte por las dos. Lo puedo intentar, pero seremos más fuertes juntas -susurró, rozando su mejilla con los dedos-. Quiero que me lo pongas.
-¿Qué?
Jane sonrió ante la confusión en el rostro de Maura y no pudo evitar besarla en los labios antes de separarse para volver a presentarle el brazalete.
-¿Quieres usarlo?
-¡Por supuesto! No sé por qué suenas tan sorprendida después de lo que acabo de decir, Maur. -Se sentó en el costado de la cama, extendiendo el brazo.
-Pudo haber sido un mejor día de Navidad -decía mientras cerraba el cierre del brazalete alrededor de la muñeca. Jane se rio dándole la razón en un susurro-. Aun así, ha sido una de los mejores porque estás conmigo, Jane.
-Juro que cuando me dices cosas así... -susurraba acercándose para besarla, pero alguien tocó la puerta y Jane suspiró apoyando la frente en la de Maura antes de alejarse y girarse para ver de quién se trataba.
-Les tengo buenas noticias -anunció la doctora Franz-. Ya he comenzado el proceso para darle de alta, Dra. Isles.
-Por fin.
-¿Ma? ¿Qué haces aquí?
-No sé si sentirme ofendida con esa reacción... -Se quejó, pero igual abrazó a su hija, tomándola por sorpresa-. Sean venía a recogerlas así que lo he acompañado. ¿Y Maura? -Angela la tomó de la mano, arrastrándola con ella para sentarse en la sala de espera.
-Allí. Está terminando el papeleo de alta.
-¿Está bien? -preguntó sin apartar la mirada de la espalda de la rubia que estaba apoyada en el mostrador mientras una enfermera le entregaba varios papeles.
-Bueno... le están dando de alta.
-Sabes a qué me refiero, Janie.
-Está tan bien como se puede esperar -admitió en voz baja y la mirada fija en sus manos que terminó entrelazando para no moverlas nerviosamente.
-¿Y tú?
-¿Yo? Mi rodilla está bien. Aún me duele un poco, pero ya puedo caminar sin la maldita muleta.
Angela sonrió moviendo la cabeza de un lado a otro. Qué otra respuesta pudo haber esperado de su hija.
-Ayer vine, pero estabas dormida -confesó.
-¿Qué? ¿Cuándo? -Intentó pensar, aunque era consciente que solo durmió con Maura en la cama-. Ma...
-Me alegra que lo estés usando.
Jane la miró confundida y siguió la mirada de su madre hasta el brazalete.
-¿Sabías...?
Angela se sacudió de hombros con una sonrisa traviesa.
-Puede ser que me haya preguntado si te podría llegar a gustar ese tipo de accesorios. Aunque su forma de preguntar fue muy... Maura Isles.
-¿Cuándo fue eso?
-Hmm... unos días después de Acción de Gracias si mal no recuerdo.
-Ya veo...
-Janie... -Angela cubrió las manos de Jane con una de las suyas, haciendo que la mirara.
-Me viste durmiendo con ella... entiendo si no... -Se detuvo al sentir un nudo en su garganta. No volvería a llorar ese día y no lo haría por algo que la hace tan feliz. Pero era su madre…-. Entiendo si no lo aceptas -murmuró y apartó la mirada, avergonzada, pero Angela hizo que la mirara otra vez al girar su rostro hacia ella con una mano.
-¿De verdad crees que no lo aceptaría? Eres mi hija, Janie. No te he visto sonreír de esa forma en años. No como lo haces con ella. Sé que ella te hace sentir segura y que te protege, tal vez como nunca lo has estado. Es perfecta, Janie. -Angela le dio un apretón de mano al notar la emoción en el rostro de su hija-. Si mal no recuerdo un día te dije que no había coincidencias.
-Ni tú ni yo imaginamos que terminaría así, Ma. No de esta forma -dijo en voz baja, maldiciendo mentalmente porque, ¡joder! no quería llorar.
-Admito que me tomó un... buen tiempo. Debí sospecharlo cuando te dije que estaban destinadas a encontrarse -soltó un suspiro dramático que hizo que Jane riera-. Pero estoy feliz, Janie. Por ti y por Maura que he considerado parte de la familia por un tiempo, incluso antes de darme cuenta de que... su relación era algo más que amistad. Como dice tu hermano Frankie, "Es repugnante lo enamoradas que están" creo que tu hermano estaba un poco celoso, por Dios, menos mal que ya tiene novia.
-¿Has estado hablando con Frankie de nosotras?
-Pues claro.
La expresión de espanto de Jane la hizo reír.
-Me dijo que le diste una receta de nana –dijo Jane sin dejar de mirarla. Las recetas de nana eran sagradas en la familia Rizzoli. Ni siquiera a Gabriel –que Angela había adorado en su momento- le había dado una.
Angela la miró a los ojos al asentir con una sonrisa que Jane solo podría describir como orgullo.
-¡Angela! Qué sorpresa. -Maura se sorprendió cuando la mujer se puso de pie y la abrazó con fuerza.
-Es lo que quería hacer ayer -le dijo en voz baja antes de separarse con una sonrisa al ver las mejillas sonrojadas de la doctora.
Jane se puso de pie, sacudiéndose de hombros como respuesta ante la mirada confusa de la rubia y entrelazó su brazo con el de ella. No pudo evitar reír cuando la expresión de confusión de Maura cambió a una de alarma.
-No te preocupes, sabe y aprueba -susurró y las mejillas de Maura estaban imposiblemente rojas cuando Angela les guiñó un ojo a ambas.
-¡Sean nos está esperando!
La tensión en el la oficina de Cavanaugh se podía palpar. Angela de estaba mordiendo el labio para no hablar o dar su opinión al ver que su hija de había quedado boquiabierta, mirando al hombre como si tuviera una tercera cabeza.
-¿Quieres que se vaya? -repitió desconcertada-. ¿A dónde? ¿Alaska? -Jane alzo la voz. No importaba que se estaba dirigiendo a su jefe, que su madre estaba presente. Nada importaba-. No me separaré de ella. -Se puso de pie y comenzó a dar vueltas en el pequeño espacio. Maura se había mantenido en silencio mientras Sean les constaba sobre el plan que había creado con la ayuda de Frost y Korsak. ¿Como pudieron ofrecer algo así? ¿Como pensaron que esa era la mejor idea?
-Por favor di algo. -Jane le rogó a Maura que alzó la mirada para mirarla a los ojos. Aquella mirada detuvo el andar de Jane al instante. El rostro de Maura denotaba una agitación que pocas veces había visto en ella. Sean había tenido razón: la protección y el bienestar de Maura era lo que más importaba en esos momentos.
-No me iría a Alaska. Ella ofreció su casa en la playa; me lo recordó cuando hablé con ella en el hospital -explicó ante la mirada confusa de Jane.
-No sabemos desde cuando ha estado observándote, observándolas, y pensamos que podría saber sobre la casa de la playa en la que estuvieron -comentó Sean y Jane lo miró con los ojos abiertos como platos ¿Cómo sabia él sobre esa casa o que estuvieron juntas allí?
-La de Ella está a nombre de su hija y no he estado allí en años. Sería más seguro y no estaría tan lejos pero tampoco tan cerca -dijo Maura con la mirada sobre sus propias manos.
-Maura. -Jane se arrodillo en la pierna ilesa, colocando sus manos sobre los muslos de la rubia, esperando a que la mirara-. No puedo dejarte ir sola -dijo en apenas un susurro, rogándole con la mirada. ¿Como se iba a alejar de ella después de todo lo que había pasado? Apenas pudo alejarse por diez minutos para buscar comida en el hospital antes de que su paranoia comenzara a crear mil escenarios porque había dejado a Maura en aquella habitación. Maura había tenido un guardia durante su estadía en el hospital y aun así la inquietud de Jane no se pudo apaciguar.
-No puedo pedi...
-Ve con ella.
Las dos mujeres dirigieron sus miradas hacia Angela, sorprendidas.
-¿Qué? -preguntó Jane porque debió haber escuchado mal.
-No la dejarás sola y Maura está en peligro. Aunque se vaya sola, ¿cuánto tiempo durarías sin seguirla?
-No puedo dejarte, Ma -dijo Jane con angustia reflejada en su rostro.
-Tu madre está en buenas manos, Jane -aseguró Sean-. Si las dos se marchan juntas sería mejor para el agente y tú también puedes protegerla. Tu madre y tus hermanos tendrán protección hasta que lo capturemos.
-Tommy y TJ ya se fueron con los padres de Lydia a Seattle. Sé lo mucho que te preocupaba TJ así que cuando me enteré de lo ocurrido les compré boletos de avión -dijo Ángela y sonrió levemente al notar el alivio en el rostro de su hija. Frankie sabe defenderse.
-Y la investigación...
Maura la detuvo al sostener sus manos con las suyas. Aquella pausa le dio chance a Sean para hablar.
-Serás la primera en saber cuándo lo atrapemos -aseguró el teniente-. No puedes estar cerca de esto, Jane. Creo que ahora entiendes lo que está en riesgo.
Jane sostuvo con más fuerza las manos de Maura, escuchando a Sean, pero sin dejar de mirarla a ella.
-La Doctora Franz me recomendó descansar un tiempo... -dijo en voz baja como si solo estuviera hablando con la mujer de rodilla delante de ella.
-Está bien... iré contigo... ¿Te gustaría?
Maura sonrió asintiendo porque ¿Cómo era que Jane aún cuestionara esas cosas? Claro que le gustaría.
-Perfecto. El agente las está esperando en el estacionamiento inferior. Las guiaré personalmente.
Ambas entraron en el elevador con las manos vacías. No llevarán ninguna de sus pertenencias; irían directamente al estacionamiento y el agente las llevaría a la casa de la playa. Mientras Jane se despedía de su madre, Maura se comunicó con Ella y Constance; solo tuvo que decirle que aceptó la propuesta de Ella y las dos mujeres entendieron. Las dos entregaron sus celulares a Sean que los guardó en su escritorio antes de indicarles que lo siguieran.
-Doctora Isles. Me alegra verla -Saludó el hombre de traje negro, sin moverse un centímetro del lado del auto.
-James -Sonrió con un leve asentir-. Me hubiera gustado que las circunstancias fueran diferentes-. James ha estado a cargo de la protección de mi familia por varios años. Fue agente especial en la Casa Blanca -le explicó a Jane.
-Eres el que me ha estado siguiendo. -Jane lo miro de pies a cabeza; el pelo rubio cenizo, hombros anchos y un traje inmaculado.
-Así es -confirmó y abrió la puerta trasera para que entraran.
-El viaje durará cuatro horas. Detrás de mi asiento hay una caja con golosinas y bebidas en caso de que deseen comer algo. No nos detendremos en el camino.
Ambas mujeres asintieron y James comenzó a conducir en silencio.
-¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo? -preguntó la morena cuando sintió la cabeza de Maura apoyarse sobre su hombro.
-Un poco cansada.
-Si necesitas la medicación para el dolor...
-Jane... -susurró asegurándole que todo estaba bien al darle un apretón a la mano que estaba entrelazada con la suya-. Cierra los ojos y descansa conmigo. Estamos bien.
Le costó relajarse. Le costó por varios minutos, pero cuando apoyó su mejilla en la cabeza de Maura y se concentró sólo en el calor de su cuerpo, no pudo resistirse a cerrar los ojos y derretirse en ella.
-Te protegeré -susurró tan bajo que apenas se escuchó a sí misma, pero Maura movió la cabeza levemente, asintiendo.
N.A: En el capítulo anterior lo olvidé totalmente, pero: Feliz Año Nuevo! Gracias a todos por los buenos deseos y espero que lo que llevamos del 2021 los haya tratado bien! Este ha sido uno de esos capítulos que como que no queda bien conmigo, pero espero que les haya gustado a ustedes. Saludos!
