Ducharse no había sido nada en comparación con el dolor al vestirse. La tela de sus jeans apretando cada hematoma de su cuerpo.

Ella se había mirado en el espejo antes.

Desnuda, frente a su reflejo, pudo ver cada marca, cada succión y cada magulladura en su cuerpo. Las tenía por todas partes.

En sus muslos, en sus piernas, en su pecho, en su cuello.

Pero lo peor eran sus muñecas. La rozadura había dejado su piel expuesta y un rojo vivo ardía a su alrededor, quemando cada vez que se tocaba.

Había elegido un suéter más grande de lo normal, dejando que llegara a la altura de sus dedos. Además, tenía a su favor que el clima era fresco y frío, por lo que utilizar una bufanda no era nada extraño dado que la mansión tenía la temperatura un par de grados más baja.

Utilizó un poco de maquillaje para algunos chupetones que recorrían su barbilla y terminó retocando un poco más su rostro, evitando notar el cansancio que sentía.

"...y debemos poner algunas flores de ese lado..." escuchó decir a Narcissa mientras bajaba las escaleras.

Las cortinas habían sido abiertas por completo y la mansión estaba más iluminada de lo normal, dejando ver en esplendor los detalles que eran ocultados por la lugubridad de siempre.

Tuvo que parar unos metros antes de llegar a la cocina para aliviar el dolor de su entrepierna. Apenas podía caminar y era muy notoria la forma en la que evitaba juntar demasiado sus rodillas.

«Definitivamente Draco eligió la peor noche para follarme»

Siguió sus pasos hasta adentrarse en la cocina, donde todas las miradas se acomodaron en ella, vacilante y tranquila.

Theo la miró, sonriendo de lado a lado. "Finalmente despertaste." dijo, parándose de su asiento. "¿Quieres un café, o tal ves un té?"

"Un café estaría bien Theo." respondió ella, tomando el taburete a un lado de Blaise.

Notó que Marcus la miraba. La miraba demasiado, y no de buena manera. Él estaba molesto y por la forma en la que su puño se abría y cerraba, podía sentir que la molestia iba dirigida a ella.

"Clarisse cielo," la voz de Narcissa aparareció desde el pasillo de entrada. "¿dormiste bien? ¿pasaste una buena noche?"

«Si tu hijo me hubiera dejado dormir...»

"La habitación es muy cómoda Cissy." respondió ella, mientras Theo le acercaba la taza. "Realmente agradezco tu preocupación."

Ella sacudió su cabeza, agitando la mano en negatividad. "Oh, no cariño. No tienes que agradecer nada, es lo menos que podemos hacer por ustedes."

"¿Quieres que la ayudemos en algo señora Malfoy?" preguntó Theo, deslizándose en su asiento.

"De hecho - creo que podrían ayudarme con la decoración del salón." pidió ella, acercándose a una de las repisas para tomar un vaso. "Ya saben, el lugar es grande y los elfos deben ocuparse del banquete."

"No te preocupes Narcissa." habló Blaise, tomando una manzana antes de ponerse en pie. "Iremos a ayudarte enseguida."

Ella sonrió mientras llenaba su vaso con agua. "Realmente no se que haría sin ustedes."

"No exageres madre." habló Draco, que había estado con la mirada fija en el mesón de cerámica.

Narcissa puso los ojos en blanco, y los demás sonrieron.

Clarisse levantó la mirada de su taza, alcanzando el rostro inexpresivo de Draco. Por un segundo empezó a creer que se había arrepentido. Que lo de la noche anterior había sido no más que un juego. Un deleite personal. La necesidad de al menos tenerla una vez para luego desecharla.

"Bien," volvió a hablar Narcissa. "¿Vamos?"

Theo y Blaise avanzaron por el pasillo, conversando entre sí. Draco se paró unos segundos después de ellos, cabizbajo y sin dejar de mirar el suelo.

Clarisse estaba a punto de pararse cuando Narcissa la detuvo." No querida, toma tu desayuno primero, tenemos todo el día para decorar.

"Esta bien Cissy." respondió, sonriendo sin ganas. "Iré en unos minutos, no tardo."

La mujer pasó su mano fugazmente por el hombro de ella, desapareciendo por el marco de la puerta. Clarisse se quedó pensativa, formando miles de teorías respecto a Draco.

¿Y si realmente se había arrepentido? ¿O quizá la quería por una noche? Después de todo, él lo dijo «serás mía por esta noche» ¿De verdad creyó que podría querer más de ella?

"No estabas."

Su cabeza se alzó, mirando a Marcus sentado frente a ella. Sus ojos rojos y los párpados caídos.

"¿De qué hablas?" preguntó ella con voz temblorosa.

"Fui a tu cuarto anoche, Liss, y no estabas." reformulo él, ahora, golpeando sus dedos en un ritmo permanente sobre el mesón. "¿Dónde estabas entonces?"

Ella no lo notó pero sus labios se separaron con la pregunta. Intentó parecer lo más tranquila posible mientras tomaba su taza para beber."Estuve en el patio trasero." respondió ella. "Necesitaba algo de aire y - me senté cerca de las piletas."

"Entonces, saliste en medio de la noche, a un gran y desconocido campo, tomaste asiento cerca de las pileta mientras caía un frío horrendo ¿es así?"

Ella vaciló, pero asintió, dando un sorbo largo y llenador de café.

"¿También crees que soy un imbécil?"

El café se atasco en su garganta y comenzó a toser, tirando de su taburete hacia atrás para alargar la distancia entre los dos.

Marcus no se inmutó, seguía en la misma posición, inmóvil, fulminandola desde lo lejos.

Cuando pudo relajarse, respiró, inhalando tan lentamente como podía para calmar sus pulmones.

Apoyó las manos en el borde del mesón y se incorporó. "¿Por qué dices eso?"

Marcus suspiró, inclinándose sobre la mesa mientras apoyaba los codos. "Porque al parecer, es lo que piensas al mentirme tan descaradamente Liss."

"No sé por qué crees que miento." respondió ella con seguridad, peinando su cabello con naturalidad.

Marcus puso los ojos en blancos, cayendo de golpe hacia atrás en el taburete. "Fui al cuarto de Malfoy también," respondió, cruzandose de brazos. "Y adivina. Él tampoco estaba."

Ella volvió a tomar su taza, sin mirarlo. "La mansión es muy grande Marcus, podría haber ido a cualquier lugar."

"A cualquier lugar." dijo él, reflexivo. "¿A tu entrepierna por ejemplo?"

Clarisse dejó la taza de golpe, haciendo salpicar el líquido sobre la mesa. "¿Qué te pasa Marcus? ¿Puedes parar?"

"No. No voy a parar Clarisse."

"¿Por qué te importa tanto?" preguntó ella, parándose del taburete para caminar al lavaplatos.

Sintió la mirada de Marcus en su espalda. "En realidad no me importa." respondió. "Pero me jode Clarisse. Me jode que te haya tenido antes que yo."

"Él no me ha tenido Marcus." dijo, dejando la taza a un lado. "Basta de ser tan paranoico conmigo, ni siquiera estas -"

Las manos de Marcus la tomaron por sorpresa, apretando su cintura para darla vuelta de golpe, pegando sus caderas contra la encimera pulida.

"¿Lo juras?" susurro, de una manera tan suave, que Clarisse creyó que era otra persona la que estaba frente a ella. Pero no, seguía siendo Marcus.

Ella apreta las manos en los bordes del armazón, tirando de su torso hacia atrás para evitar la cercanía. "¿Jurar?"

"Si. Jura que él no te tuvo." sus dedos se enterraron con más fuerza y su voz parecía entrecortarse entre respiro. "Dime - dime que él no te ha tenido."

Por un segundo ella dudo.

Por un segundo estuvo a punto de decir que sí. Que él la había tenido. Que la había tenido como nadie nunca la tuvo. Pero eso solo haría que él enloqueciera. De Marcus ya podría esperar muchas cosas. Ella aún no lo terminaba de conocer, probablemente le falta toda una media de su personalidad, y por esa razón, es mejor resguardarse de cualquier cosa que pudiera desatar su ira.

Intentó aflojar su mirada y verse tranquila. "Lo juro Marcus."

Y sonrió.

Él sonrió, enterrando su cabeza en el cuello de Clarisse. Acariciando su cintura adolorida mientras ella intentaba no quejarse del dolor que recorría su cuerpo.

"Quiero tenerte Liss." lo escuchó susurrar contra su piel. "Quiero que seas mía."

•~᯽~•

"Tira de la cinta." le dijo Narcissa mientras le entregaba un inmenso arreglo florar que intentaban colgar desde sobre la chimenea.

"¿Por qué no utiliza magia?" le preguntó Theo desde el otro lado de la sala, mientras ponía guirnaldas en cada borde de los grandes ventanales.

Narcissa sonrió, tomando un compuesto de velas. "A veces es divertido hacer las cosas por uno mismo Theodore."

Clarisse falló en su primer intento por alcanzar la altura deseada por Narcissa, y la mujer le hizo un gesto generoso. "No te preocupes cariño, llamaré a Draco para que lo haga."

Ella asintió mientras bajaba de la pequeña escalera, viendo a Narcissa caminar hasta las puertas dobles de entrada.

Clarisse tomó los siguientes adornos. Parecían hechos de plata, brillando vistosamente, y comenzó a ponerlos sobre la chimenea, alineando de manera perfecta unos con otros.

Los tacones de Narcissa volvieron a resonar y en pocos segundos ella y Draco estaban junto a la chica. Clarisse se dio la vuelta y por necesidad lo miró. Pero él no la miró a ella. Tomó el arreglo que había dejado en el suelo y subió las escaleras, colgando con facilidad el objeto.

"Blaise, eso no va ahí querido." dijo Narcissa, mirándolo con preocupación. "Draco, ayuda a Clarisse con los objetos pesados, vengo enseguida."

Draco asintió y tomó una de las cajas, apuñandola para sacar los adornos, candelabros y muérdagos que se encontraban en ella. Clarisse siguió acomodando unos pequeños ángeles cuando decidió finalmente hablar.

"¿Estás bien?"

Draco frenó. Sus ojos gélidos pegados sobre un pequeño espejo. "Si."

No sabía que responder. Él no le daba las opciones para seguir hablando pero la curiosas de saber cómo se sentía estaba llevándola al borde de la locura y necesitaba saciar su necesidad.

"Draco anoche -"

"Anoche no pasó nada, White." respondió antes de tiempo, golpeando la caja contra la escalera. "Lo de anoche no debió suceder."

Sus dedos se temblaron, soltando una pequeña esfera de color dorado. El sonido del rebote sonó en el mármol pero nadie lo notó.

Ella lo miró, su ceño fruncido chocando contra sus pestañas. "No puedes -"

"Puedo, Clarisse."

En pocas zancadas, él caminaba hacia la salida. Dejándola sola en medio de su vergüenza.

Clarisse miró a su alrededor, preocupándose de que nadie estuviera prestándole atención, y dejó los adornos, caminando en puntilla hasta la puerta, tras Draco.

El pasillo estaba silencioso y sintió sus zapatos en la escalera, subiendo probablemente a su habitación.

Con prisa, avanzó hacia las escaleras, subiendo con rapidez hasta volver a divisar su espalda.

"¡Draco!"

Su voz lo hizo parar, quedándose inmóvil en medio del pasillo, frente a las habitaciones de Theo Y Blaise.

Clarisse caminó, mareada y sintiéndose como en una nube. Su mente hecha polvo prohibiendole pensar mas

más de lo debido.

"No puedes simplemente decir que no sucedió nada." volvió a decir ella, rodeandolo hasta quedar frente a frente. "Las cosas no se borraran de nuestra memoria como si -"

"¿Quieres que te lance un Obliviate? Podría hacerte las cosas más fáciles."

Ella jadeo, sacudiendo la cabeza con ira. "Eres increíble... anoche - anoche fuiste tan... tan bueno y..."

"¿Bueno?" preguntó, sarcásticamente. "¿Crees que fui bueno contigo?"

Ella trago saliva, mordiendo el interior de su mejilla. "No, en ese sentido, si no que -"

"Solo te trate de la manera que trato a todas, White." respondió. "De verdad, tan grande es tu ego para -"

"No tan grande como el tuyo claro..."

Draco bajó la cabeza, lamiendo su labio para reír. "Simplemente olvidalo."

Su hombro chocó contra el de ella, tomando el pomo de la puerta para entrar. Ella no esperó y lo siguió, apretando la puerta con fuerza para evitar que Draco la cerrará en su cara.

Cuando logró entrar cerró de golpe, pegando su espalda a la madera. Draco suspiró con pezades, dando la vuelta y apoyando las manos en sus caderas.

"Clarisse -"

"No, Draco." lo interrumpió ella. "Te diré una última cosa antes de irme y espero - espero te quede clara." su espalda se elevó, dando pequeños pasos hacia él. "Si querías follarme y olvidarte de esto, debiste decírmelo. Si sólo pensabas probarme y ya, debiste decírmelo Draco. No soy un juguete. No soy algo que puedes usar cuando quieres."

"Nunca dije que fueras un juguete."

"Anoche lo parecía Draco." bufó ella. "Anoche parecía un puto juguete colgando de tus cuerdas como marioneta."

Las manos de Draco chocaron en sus clavículas, empujandola contra la dura madera de roble que construía la puerta.

Sus ojos. Sus ojos se deleitaron con el miedo que evaporo la piel de Clarisse y Draco sonrió."Dije que quería que fueras mía por esa noche." le recordó. "Fuera de ello, no quiero nada contigo White."

Clarisse subió sus palmas y enredo sus dedos en las muñecas de él, haciendo esfuerzo en vano por soltarse. "Bien, entonces no te molestara que fuera de ello sea completamente de Marcus ¿no?"

Los labios de Draco se entreabrieron, y vio como su mandíbula se tensaba.

Clarisse lo ignoró, curando sus labios de una manera tan burlesca que sentía que no era ella misma. "Si, Marcus te supera en muchas formas, creo que podría decir que es mejor que tú en -"

La presión en sus hombros desaparecio, y en cambio, el golpe que sintió en la puerta, a un lado de su rostro, que la hizo sobresaltarse, encontrándose cuando un pequeño hueco se formó en la madera, a unos pocos centímetros de donde su cabeza se encontraba.

Devolvió la mirada a Draco, quien sacudía su puño rojizo y astillado en el aire. Su gesto era de dolor pero la rabia lo superaba.

Clarisse apoyó la mano en su pecho, sintiendo la aceleración de su corazón. "Qué haces Draco -"

"Vete."

"Draco yo -"

"¡Vete!"

"Está bien me iré -"

"Y procura que Marcus se enteré de esta mierda. Sé que irás corriendo a contárselo."

Clarisse parpadeó lentamente, sintiendo el dolor de su cuerpo que se había desvanecido por un tiempo. "Yo no le contaría nada Draco."

"Deja de -" su tono se había alzado pero se silencio. Cerró los ojos maldiciendose a sí mismo e intentó tranquilizarse. "No quiero pelear contigo White así que mejor vete antes de que pueda hacer algo peor."

Ahora no se negó. Decidió hacerle caso y giró sobre sus talones para tomar el pomo de la puerta. Pero antes, trago saliva y divisó el ventanal frente a ellos.

"Solo mírate," murmuró. "mírate y trata de convencerte a ti mismo de que realmente lo que dices es cierto." tiró de la puerta, abriendo un pequeño hueco para salir. "Convencete de que ésto, no es nada para ti."

Cuando sus pies estuvieron fuera, una lagrima recorrió su mejilla.

Ella no lo entendía.

No entendía porque estaba llorando como tampoco entendía por qué le importaba tanto. Ella y él simplemente eran dos personas que caminaban por distintos cenderos. Personas que se toparon en una esquina, para no volver a encontrarse jamás.

Ellos no eran nada.

"Liss."

La voz preocupada de Theo llenó su corazón.

"Liss, pero qué -" sus dedos secaron las lágrimas que rodaban sus pómulos y alzó su cabeza para mirarla. "¿Te hizo algo?

"No Theo, él no -"

"No me mientas Liss," dijo, ahora enfadado. "te dije - te dije que si te hacían algo los iba a matar."

"Theodore." rechisto ella, agarrandolo del codo para arrastrarlo a su habitación. "No aquí - no en medio del pasillo."

Llegaron a su habitación, cerrando la puerta de golpe tras sus espaldas y Clarisse empujó a Theo hasta la cama, haciéndolo sentar mientras ella caminába de un lado a otro.

Nott la miraba con preocupación. "¿Tú estás bien?"

"Claro que estoy bien Theo, es solo que -" sus pies se adherian al suelo. "se que me dijiste que no debía dejarlos tratarme así."

"Y no debes." recalcó él, tirando de su cuerpo sobre la cama hasta quedar recostado. "Te estás pasando a llevar a ti misma por dejar que ellos te traten como una mierda Liss, y no es justo."

"¿Justo?"

"Justo para ti." sus dedos se enrollaron en sus rizos, comenzando a trenzar por inercia.

Clarisse suspiró y se sentó en la cama, recostandose a su lado y subiendo las manos a su cabello.

"¿Me contarás que fue lo que pasó?"

Ella negó, enredando sus dedos. "No quieres saberlo."

"Oí un golpe Liss," dijo, volteando su rostro hacia ella. "Él pudo haberte hecho daño."

"Pero no lo hizo."

"Pero pudo."

Ella no quería admitirlo pero Theo tenía razón. Clarisse podía ver rostros y jurar que los conocía cuando no era así. Por más que luchará por acomodar su mente, las verdades pueden esconderse de manera sólida, y llevarla a impresiones totalmente falsas.

"Theo yo..."

"Sólo dilo," pidió él. "cariño, puedes contarme lo que sea, creí que lo sabías."

Ella lo miró. Sus ojos bailando bajo la luz de la nieve. Era tierno. Realmente lo era. Todo de él era mágico.

"Me molesté con Draco."

"¿Por qué?" intentó decir, pareciendo natural y desinteresado.

"Él dijo que yo - que yo fui algo de una sola noche."

Y en un segundo, pudo ver como el rostro de Theodore se desfiguraba. Sus lindos y claros ojos ahora se oscurecían, titilando bajo su ceño fruncido mientras sus mejillas se encendían en un rojo chispeante.

¿Él se había decepcionado?

Porque eso era lo que ella veía. Decepción.

"¿Te acostaste con Draco?"

Clarisse aclaró su garganta picosa y habló. "Fue un error créemelo, él -"

"Dios..." suspiró, apretando los dientes con enfado. "creí que eras lo suficientemente inteligente para no caer en sus juegos."

"¿Perdón?" preguntó ella, sentándose sobre la cama para mirar su rostro por completo. "¿Me estás llamando tonta?"

"Oh, Liss." repitió la acción, dejando su espalda levantarse para quedar frente a frente. "Lo siento yo - yo no quise decir eso."

"No es lo que parecía."

Theodore cerró los ojos apretando sus puños con fuerza. "Clarisse, disculpame, de verdad." repitió él, volviendo su mirada. "Pero yo te lo había advertido. Te dije que él - bueno, que ellos no eran personas correctas."

"Lo sé Theo, y te agradezco demasiado por ser tan preocupado pero - fue un error."

"El punto es que, debes aprender a valorarte Liss, sólo mirate," dijo, mientras la señalaba con sus manos. "Eres una chica magnífica, hermosa e inteligente. No puedes dejarte llevar por unos imbéciles egoístas. Vales más que eso Liss."

Él lo sabía, y ella también.

Sabía que era enfermizo dejarse manipular por un hombre. Era incorrecto y de muy bajo nivel, pero hasta el momento no había podido controlarlo.

El deseo y la necesidad la habían llamado a hacer cosas de las cuales se arrepentía.

Y el problema -

El problema era que lo había transformado en una adicción. En una locura.

Una locura de la cual debía zafarse ya.

Theo la hizo decidir. Ella debía valorarse, y no dejarse pisotear. Ella puede tener el mismo e incluso más poder que cualquier hombre de aquel grupo. Y tendría que demostrarlo de una u otra forma.

Clarisse entrelazo su mano en la de él, acariciando sus nudillos con el pulgar. "Theo... ¿por qué no eres como ellos?"

Nott sonrió, dejando que pequeños hoyuelos se marcarán en su rostro. "¿Eso importa?"

Antes de que pudiera contestar, la puerta sonó, dejando ver a Narcissa tras ella.

Sus ojos mostraron preocupación al ver los ojos rojos de Clarisse, pero mostró respeto al no queré entrometerse en la situación, y sólo habló.

"Clarisse, cariño, sólo quería decirte que en tu habitación dejamos un vestido que tus padres enviaron para esta noche." informó ella. "Puedes ir a verlo si gustas, los invitados comenzarán llegarán en unas horas.

Clarisse inhalo de golpe para ponerle fin a sus sollozos." Muchas gracias Cissy, me arreglaré enseguida."

La mujer asintió y cerró la puerta de manera silenciosa.

Clarisse peinó su cabello rápidamente antes de ponerse en pie. Necesitaba una ducha para relajarse y montones de maquillaje para tapar la pena que sentía por si misma.

"¿Estarás bien?" preguntó Theo, acariciando su brazo suavemente.

"Si Theo, estaré bien."