Nuevos Harry Potter pronto serán descubiertos por el Telescopio Espacial JK Rowling, y serán estudiados por White Squirrel y otros autores.

Notas de la traductora: Mis muy estimados lectores, aquí les dejo el penúltimo capítulo de esta épica llamada el Animago Accidental. La secuela ya está en proceso de traducción, aunque antes de esa, una pequeña historia intermedia que toma lugar dentro del mismo mundo del Animago Accidental y que da contexto a lo que espera a Harry en adelante. Espero que hayan disfrutado de esta historia y nos vemos en el gran final la próxima semana.


Capítulo 111

El campo de quidditch estaba en caos con gritos y los sonidos de pasos corriendo llenando el aire alrededor de él mientras la familia de Harry bajaba para descubrir qué le había pasado. Estaba claramente herido, teniendo problemas para caminar y con cortadas y rasguños en todos lados, y en cuanto llegaron a él, se colapsó en los brazos de su hermana. Harry se sostuvo de Hermione con tanta fuerza que se preocupó de estarla lastimando, pero el mundo daba vueltas a su alrededor, y la oscuridad parecía estar infiltrando su visión, y sentía que se desmayaría si se soltaba.

Dumbledore estuvo a su lado al instante–. ¡Harry! Harry, por favor mírame –dijo. Harry tuvo dificultad levantando la mirada mientras sus padres… sus otros padres lo tomaban e intentaban ayudarlo a permanecer en pie. Sintió el toque gentil de la Legilimancia de Dumbledore, y no lo resistió. Estaba muy cansado para resistirlo o para pensar con claridad. Estaba muy seguro de que Dumbledore solo obtuvo flashes de imágenes, pero fue aparentemente suficiente.

–¡Dumbledore! Dios mío, Dumbledore, ¿qué pasó? –gritó una voz detrás del director. Era el Ministro Fudge–. ¡Diggory está tendido ahí…! Y Potter… no puede… no puede haber dicho...

–Estoy seguro de que Harry no estaría equivocado sobre esto, Cornelius –dijo Dumbledore–. Necesitará ser llevado a la enfermería al instante. Gracias, Sr. Granger. Yo me encargaré. Mobilicorpus.

Harry se sintió flotar sobre un colchón de aire, sin fuerza para moverse solo, pero era algo cercano a la comodidad, y el mundo dejó de dar tantas vueltas mientras Dumbledore se apresuraba a llevarlo al castillo con su familia corriendo detrás de él, así que supuso que era una mejora.

No fue hasta que fue colocado en una cama de hospital que registró por completo que se había transformado de regreso a humano, a pesar de sus gritos a la audiencia. No había pensado antes que destransformarse daría a la luz su habilidad, pero su enemigo lo sabía ahora, así que no importaba.

Madame Pomfrey, naturalmente, estuvo encima de él al instante, ahuyentando a su familia lo suficiente atrás para que no la molestaran mientras intentaba diagnosticar lo que le había pasado esta vez. Había estado cerca del laberinto en caso de que uno de los campeones fuera lastimado, así que había escuchado la advertencia de Harry y sabía que sería malo, pero solo podía adivinar qué tan malo. Temblando como estaba, intentó permanecer profesional–. ¿Qué te hizo, Potter? –preguntó.

–Imperdonables –tosió Harry. El dolor regresaba peor que antes, agravado por el cansancio y por la reducción en su nivel de adrenalina. Parecía que morir no había ayudado.

–Dios mío, ¿Cruciatus? –dijo, buscando una poción.

Harry negó con su cabeza un poco y se estremeció–. Todas… las tres –dijo.

–¡¿QUÉ?! –exclamó su familia. Incluso Dumbledore lucía sorprendido.

–Quieres decir… la… ¿la maldición asesina? –dijo Sirius.

–¿De nuevo? –aclaró Remus.

Harry intentó forzar una sonrisa–: No quiero ir en ese carro.

–¡Oh, Harry! –Hermione se soltó a llorar e intentó abrazarlo, pero Madame Pomfrey la empujó atrás y le dio algunas pociones.

–Necesitarás reparación de nervios, Potter –dijo–. Esta funciona en los nervios periféricos, pero es lenta porque es una maldición muy oscura. Solo funciona porque el daño a los nervios es un efecto secundario y no el efecto planeado. Anda. Eso. –Dumbledore se acercó a la cama, pero también lo hizo retroceder–. Albus, necesita descansar mientras la poción trabaja –dijo–. Si tienes algo que preguntarle que no pueda esperar unas horas, hazlo ahora, y hazlo rápido.

–Muy bien, Poppy. Harry, ¿sabes a dónde te llevó el traslador?

–Un… un cementerio –dijo–. Tenía… la tumba de su padre.

–Little Hangleton, entonces, aunque dudo que se hubiera quedado. ¿Asumo que regresó por completo? Un cuerpo nuevo, humano.

–Sí… tal vez… lucía como si fuera mitad serpiente, pero cerca a humano.

–Lo suficiente cerca. ¿Viste cómo lo hizo, Harry?

–Un ritual. Esa mujer… la mujer extranjera de mi visión… es algo como una… sacerdotisa azteca. Ella hizo el ritual. Ella… mató a un unicornio para hacerlo… –Se sintió desmayarse–. Tomó mi sangre...

–¿Tomó tu sangre para el ritual? –preguntó Dumbledore con urgencia.

–Sí. Oh, e hizo algo para hacer a Voldemort inmune al fuego o algo así. –Se dobló y comenzó a toser. Madame Pomfrey lo ayudó con un vaso de agua.

–¡¿Inmune al fuego?! –dijo Sirius–. ¡Como si no fuera lo suficiente malo antes!

Dumbledore guardó estas piezas de información para después–. Casi termino, Harry –le aseguró–. ¿Viste a algún mortífago? ¿Y cuántos viste?

–A… una docena o dos, creo. Ya estaban ahí.

–Entonces Voldemort ya está reconstruyendo sus fuerzas –dijo para sí mismo–. Eso no es bueno.

–Entonces es bueno que ya hayamos restablecido la Orden también, Albus –dijo Remus.

–Sí, debería. Pero si David Monroe puede traicionarnos, no sé en quien podamos confiar.

–No fue Monroe –dijo Harry con voz rasposa, haciendo a un lado la mano de Madame Pomfrey.

Dumbledore se giró a verlo–. ¿Qué dijiste?

–No fue David Monroe. –Intentó sentarse, pero falló–. Ah… ¡Fue Barty Crouch Junior! Como pensábamos. Estaba usando multijugos.

–No. Eso es imposible –dijo Remus–. Aparecía como David Monroe en el mapa.

–Cambió su nombre legalmente en el mundo muggle –dijo Harry–. Me contó toda la historia. Ha estado entrando todo el año de ese modo.

Sirius y Remus se miraron horrorizados. ¿Incluso el mapa del merodeador no podía ser confiado ahora? ¿Qué harían? Mientras ellos y Dumbledore digerían esto, Madame Pomfrey le dio una poción final.

–Suficiente, Potter. Necesitas descansar. Bebe esto. Poción para dormir sin sueños. Pueden resolver el resto cuando despiertes.

Harry bebió la poción y se hundió casi de inmediato en la dichosa inconsciencia.


Cuando se despertó después, se sentía notablemente mejor… esto a pesar del hecho de que se sentía como si estuviera recuperándose de una terrible gripe… se sentía adolorido por todos lados, y tenía un menguante dolor de cabeza. Con el horrocrux derrotado, se sentía más ligero en una manera en la que nunca se había sentido antes. También notó que estaba en forma felina de nuevo. Eso era algo preocupante. No se había transformado mientras dormía desde el incidente con la menta gatuna cuando tenía siete años. Pero se sintió más descansado de ese modo. Como Sirius había aprendido en Azkaban y él había aprendido cuando era niño, el acostarse como animal y dejar que ese lado tomara cargo por un tiempo hacía maravillas bajo las circunstancias correctas. Parpadeó lentamente, estiró sus músculos tensos, y maulló, lo cual trajo a Madame Pomfrey a su lado. Ella sacudió la cabeza–. Aún no puedo creerlo. Más joven que tu padre. ¿Podrías cambiar de regreso, Potter? Necesito revisarte, y soy una medibruja, no una veterinaria.

Con practicada habilidad, Harry rodó y se destransformó para estar acostado en su espalda. Madame Pomfrey agitó su varita sobre él–. ¿Cómo te sientes ahora?

–Ya no me siento como si fuera a morir –dijo Harry–. ¿Eso es bueno?

–Eso esperaría. La poción para dormir sin sueños no duró tanto como normalmente lo hace. Eso es por las secuelas de la maldición Cruciatus, me temo. Mm, te ves lo suficiente bien para estar despierto por ahora, pero puede que te arrepientas en unos minutos. Tienes una multitud de personas esperándote, y tengo el mal presentimiento de que no van a aceptar un no como respuesta. –Hizo una mueca–. Escuché habla de una orden judicial.

Harry gruñó–. Será mejor que los deje entrar. Voy a tener que hablar con ellos tarde o temprano.

Pomfrey suspiró–. De acuerdo, entonces, pero bebe estas primero. –Colocó más pociones en la mesita de noche–. Y háblame si es demasiado para ti. Vas a necesitar más recuperación que esto.

–Sí, madame.

Harry miró a su alrededor mientras ella iba a la puerta. Estaba casi oscuro afuera. Podía adivinar que era cerca de la medianoche. Hogwarts estaba tan al norte que casi no oscurecía por completo en junio, así que era la única hora que podía ser. Dudaba que alguien más estaría durmiendo esa noche.

La puerta de la enfermería se abrió, y Harry escuchó voces discutiendo al instante.

–No tenías que salir de la cama por esto, Amelia. –Ese era el Ministro Fudge, estaba seguro.

–¿Quién dice que estaba en cama? Estaba escuchando la prueba en la red mágica, y al minuto que escuché el nombre de Quien-Tú-Sabes, vine a investigar por mí misma.

–El chico fue torturado –dijo Fudge–. Terriblemente trágico, pero no pueden estar seguros de nada que salga de su mente confundida.

–Creo que descubrirás que la mente de Harry es bastante perspicaz, incluso bajo tal estrés. –Ese fue Dumbledore.

–Además, Albus me ha estado advirtiendo del peligro durante el último año –agregó Amelia Bones–. Lo correcto es que lo investigue por mí misma. Ahora, Embajador Grayson, ¿cuál es su interés en este caso?

–Si el Sr. Potter confirma algunos hechos, creo que puedo identificar el tipo de daga que mató al joven Diggory –dijo el mago australiano.

–¿Oh? –Bones sonaba sorprendida–. Muy bien; vamos, entonces.

–A Harry no le va a gustar ser acosado de este modo –dijo la voz de su mamá… Emma. Vaya, eso iba a ser confuso por un tiempo–. ¿No podemos dejarlo por un tiempo? Necesita descansar.

–Lo haremos si es necesario, Sra. Granger –dijo Dumbledore–. Sin embargo, aún es importante que escuchemos la historia completa de él tan pronto como podamos. Si está dispuesto ahora, podrá recuperarse con más calma después. –Se acercó a la cama–, Harry, es bueno verte despierto. Lamentamos interrumpir tu descanso, pero...

–Lo escuché, profesor –respondió él.

–Por supuesto. –Agitó su varita y conjuró ocho sillas en un círculo alrededor de la cama de Harry… muchos más visitantes de los que Madame Pomfrey permitiría normalmente. En un lado se sentaron Dan, Emma, Hermione, y Sirius… su familia legal, por supuesto… y al otro estaban Dumbledore, Fudge, Madame Bones, y el profesor Grayson. Fawkes estaba en el hombro de Dumbledore, canturreando.

–¿Cómo estás, dijo? –preguntó Dan.

–He estado mejor –dijo él.

–Lord Potter –dijo Bones–. ¿Asumo que las introducciones no son necesarias?

Él negó con su cabeza–. No, madame.

–Bien. Ahora, dijiste que cuando fueron llevados por el traslador, ¿viste a Quién-Tú-Sabes regresar a la vida?

–Así es –dijo Harry–. Ha regresado.

–¡Prepóstero! –intervino Fudge–. ¿Quién-Tú-Sabes de regreso? ¡Es imposible! ¡Está muerto!

–No está muerto, Ministro. ¡Lo vi! –explotó Harry.

Para su sorpresa, Fudge sonrió un poco–. Ahora, sé que ha pasado por mucho, Lord Potter –dijo–, y quizás cree que vio a alguien...

–¡Fue él! ¡Yo debería saberlo! ¡Me lanzó un Crucio tres malditas veces! –Intentó levantarse un poco, pero sus brazos se rindieron, y cayó con pesadez. Estaba temblando de nuevo.

–Deberíamos dejar esto hasta la mañana, director –insistió Emma.

–Perdón, Sra. Granger –dijo Fudge en lo que probablemente se suponía que era un tono amistoso–, pero en verdad necesitamos solucionar esto. Su hijo ya ha incitado el pánico...

–¡Dije la verdad! –exclamó Harry.

–Harry, Cornelius, por favor cálmense –dijo Dumbledore, y Fawkes dejó salir unas cuantas y relajantes notas largas. Harry se sintió más tranquilo al escucharlas, y algo más de tensión dejó sus músculos.

–Ministro Fudge –habló Grayson–. Si el Sr. Potter coopera, creo que puedo identificar a una de las personas involucradas en los eventos de esta noche. ¿Esa sería evidencia suficiente para usted?

–¿Puede, Embajador? –dijo Fudge sorprendido–. Bueno, yo… ciertamente lo consideraría. De acuerdo, entonces. Veamos.

Grayson mostró una de sus manos. Sobre esta flotaba la demasiado familiar daga de piedra. Harry se estremeció cuando la vio. Al ver su angustia, Hermione decidió actuar. Sabiendo que su secreto había sido revelado, se movió de su asiento al borde de su cama y comenzó a acariciarlo detrás de las orejas. Fudge lució perplejo por la acción, pero los otros adultos parecieron reconocerlo. Dumbledore se rio un poco, y Madame Bones mostró una sonrisa. Harry intentó empujarse para levantarse y estar más cerca de su hermana, pero sin mucho éxito.

–Harry, sólo descansa –dijo Emma.

–Lo tengo, mamá –le dijo Hermione. Elevó su otra mano y convocó dos almohadas de camas cercanas, las cuales usó para elevar a Harry un poco.

Harry ahora podía ver bien al grupo, aunque se confundió por la "evidencia" de Grayson. Voldemort no era el dueño de la daga. ¿Cómo ayudaría eso? Pero Grayson habló de nuevo–: Sr. Potter, sospecho que sabe que esta es la daga que fue descubierta en el cuerpo del Sr. Diggory.

Harry asintió débilmente, luchando contra las lágrimas.

–¿Puede describir a la persona que lo hizo?

Él asintió de nuevo–. Era… latina… creo que mexicana –dijo–. Alta… cabello negro… eh, edad media, creo. Estaba… estaba vestida como una sacerdotisa azteca o algo… una gran corona de plumas verdes y todo.

–Eso es más cercano a las vestiduras de la realeza azteca, creo, pero no es importante. ¿Vio su varita?

–¿Su…? No, no usó una varita… estaba lanzando hechizos con una daga… como esa, pero más grande.

–Eso pensé. ¿Ven el mango? –dijo al grupo. La navaja era negra, pero el mango era blanco hueso–. Es hueso de dragón. La usa en lugar de una varita. ¿Notó algo más que fuera inusual en ella, Sr. Potter?

Grayson obviamente sabía quién era la mujer, pero Harry le dijo lo último para estar seguro–. Sí. También era una animaga. Se transformó en… bueno, un gato grande. Estoy seguro de que era un jaguar.

–¿Fuiste atacado también por un jaguar? –exclamó Hermione.

–Sí. Ella, eh, es una cazadora natural… Estuvo cerca.

–Pues, eso lo deja claro, Ministro –dijo Grayson–. Esta daga pertenece a una mujer llamada Meztli Ocelotl, pero es mejor conocida como La Pantera… y la Señora Oscura de Veracruz. Es conocida por la CIM, pero no han tomado acción contra ella porque raramente opera fuera de México. Se considera a sí misma como la descendiente natural de las Tradiciones Aztecas, y no es aversa al sacrificio humano y otros rituales oscuros… incluso inventando rituales nuevos. No me sorprendería que fuera capaz de traer a su Lord Voldemort de regreso a la vida.

Madame Bones estaba tomando notas con frenesí, pero Fudge, aunque comenzaba a sudar, aún estaba en negación–. De acuerdo, Embajador, pero sólo porque una bruja oscura extranjera está en estos rumbos no quiere decir que Quien-Usted-Sabe está de regreso.

–Eso no importa mucho… –dijo Grayson.

–¿Qué? ¿Qué quiere decir? ¿No importa? ¡Claro que importa!

–No, no importa, Ministro, ¡porque es tan mala como él!

A este punto, Sirius cayó de su asiento. Los Granger soltaron un grito ahogado. Incluso Harry estaba sorprendido. Pudo ver que la mujer significaba problemas, pero todos en Gran Bretaña hablaban de Voldemort como si fuera el mago más malvado de la historia, excepto quizás por Grindelwald. La idea de que había escapado no solo a uno, sino a dos de los usuarios de magia más peligrosos en el mundo era abrumadora.

Una Amelia Bones temblorosa lo miró y dijo–, Lord Potter, creo que necesitamos escuchar la historia completa.

–Yo… no… –tartamudeó Harry.

–No tienes que hacerlo ahora, Harry –le susurró Emma.

–Sra. Granger, si en verdad es necesario, puede esperar –dijo Dumbledore–, pero no por mucho, me temo. Harry, has demostrado gran valentía enfrentando lo que hiciste esta noche. Y si pudiera aliviar tu dolor emocional dejándote dormir como Madame Pomfrey lo ha hecho por el físico, lo haría. Pero sólo retrasaría lo inevitable, y mientras tanto, debemos saber la verdad, y es cada vez más urgente. Así que debo pedirte una vez más que nos digas exactamente qué pasó desde el momento en que la proyección fue interrumpida en el laberinto.

–Y Cornelius –agregó con tono de advertencia–, estoy seguro de que será muy difícil para Harry, así que debo pedirte que escuches con paciencia y guardes tu juicio hasta que haya terminado.

–Oh, de acuerdo, entonces, Albus –gruñó él, aunque lucía más pálido que antes–. Bien, Lord Potter, díganos lo que ocurrió.

Harry aún no estaba seguro de querer hacerlo, pero en ese momento, Fawkes voló para colocarse en la cabecera de su cama y cantó de nuevo, esta vez una melodía cálida e inspiradora que pareció darle fuerza. Y así, tomando un gran respiro, comenzó a hablar. Les dijo sobre el duelo que había interrumpido entre Viktor y Fleur y su sospecha de que Viktor había estado bajo una maldición Imperio. Les dijo sobre como Cedric lo había salvado de la acromántula y habían decidido que tomarían la copa juntos a pesar de la advertencia de Harry. Les dijo lo rápido que La Pantera podía lanzar una navaja. Cuando llegó a la parte del ritual, Dumbledore lo detuvo–. Todos aquí sabemos Oclumancia –dijo–. Ministro, creo que por lo menos conoce lo básico. No pediré por un juramento, pero creo que todos estamos de acuerdo que los detalles de este ritual no deben dejar este cuarto.

Todos aceptaron rápidamente, aunque con Fudge rodando sus ojos. Harry describió cada componente en el ritual con tanto detalle cómo pudo recordar, ya que detalles exactos eran muy importantes para esas cosas. Todos con conocimiento avanzado sobre la magia se arquearon por asco cuando dijo como La Pantera había matado a un unicornio para comenzar el ritual… uno de los actos más atroces que existían en el mundo mágico. Sintieron asco de nuevo cuando describió al mortífago anteriormente conocido como Barty Crouch Junior sacrificando una mano.

–¿Sabe lo que pasó con Monroe, profesor? –preguntó cuando llegó a esa parte–. El Monroe original, quiero decir.

–Los aurores lo están buscando en este momento, Harry –dijo Dumbledore–. Guardo la esperanza de que lo encontraremos con vida. Sospecho que Voldemort no quería que su regreso fuera anunciado tan públicamente, así que debió hacer planes para que el Director Monroe regresara a trabajar sin ser notado.

–¡Albus! –protestó Fudge–. Barty Crouch no puede estar vivo. ¡Murió en Azkaban hace doce años!

–¡Le digo que lo vi! –dijo Harry.

–Ya estábamos considerando la posibilidad de que estaba vivo e involucrado, Cornelius –dijo Dumbledore–. El verano pasado, Harry tuvo una visión de Voldemort que involucraba a la elfina de Barty Crouch.

–¡¿Visiones ahora?! ¡Como si esto no fuera ya una locura!

Ejem, eso sí nos deja la pregunta, Lord Potter –dijo Bones–, si era Crouch Jr., como dice, ¿cómo pudo escapar de Azkaban?

–Eh… pues, Voldemort dijo algo sobre ser un prisionero en su propio hogar. No lo sé.

–¿En su propio hogar? ¿Creen que Barty Senior estuvo involucrado? –dijo Fudge–. Era un ciudadano respetable...

–Disculpe –interrumpió Sirius–. ¡Me envió a la cárcel sin juicio!

–Debemos considerar la posibilidad, Cornelius –dijo Dumbledore en acuerdo–. Piénsalo. Tú y Barty Crouch Sr. fueron jefes de departamento al mismo tiempo. ¿Hablaron? ¿Recuerdas algo inusual sobre las circunstancias de la muerte de su hijo?

–No, nada… nada excepto… bueno, el momento fue algo extraño, supongo, pero eso no tiene que significar nada.

–¿Extraño cómo? –presionó Dumbledore.

–Es sólo, recuerdo cuando murió el hijo del viejo Barty. Fue la noche después de la última vez en que él y su esposa lo visitaron. Pero como dije, no significa nada. Probablemente sólo pidió a los aurores que le notificaran cuando Junior estuviera en su lecho de muerte.

–¿Fue dentro de doce horas de la visita?

–¿Doce horas? Eh, creo que lo fue. ¿Por qué?

Algo conectó en la mente de Bones–: Doce horas es el máximo tiempo que dura la poción multijugos. Y no se revierte después de la muerte. ¿El Director de Aplicación de la Ley Mágica reemplazando a un prisionero bajo multijugos? Definitivamente estaría bajo su control. ¿Y la mujer del viejo Barty fue vista en público después de eso? Sé que estaba enferma en fase terminal y murió poco después.

–Amelia, ¿escuchas lo que estás diciendo? ¿El estricto y recto Barty Crouch reemplazando a su hijo con su propia esposa en Azkaban?

Pero antes de que ella pudiera responder, Harry habló–: Debió hacerlo, Ministro. Lo vi en el cementerio. Y Artemis Crouch también estaba ahí. Fue uno de los hombres lobo que atacó Hogwarts el año pasado.

–Y la prima enajenada de Barty Junior –señaló Sirius.

–No tan enajenada. Los vi besándose –dijo Harry.

–¡Asco!

–Pero Artemis Crouch está muerta… muerta en… Azkaban –dijo Fudge incómodo.

–¿Podrían haber usado el mismo truco? –preguntó Harry–. ¿Hay alguien desaparecido con quien pudieran haberla reemplazado?

–Bertha Jorkins aún no ha sido encontrada –dijo Bones, palideciendo.

Sirius gruñó–: ¿La misma Bertha Jorkins que sabía todo sobre el torneo cuando estaba siendo planeado?

En ese punto, Madame Bones soltó varias maldiciones y rápidamente consideró sus opciones.

–Cualquier evidencia en los cuerpos se ha ido, pero definitivamente pondré nuevas medidas de seguridad en Azkaban –dijo–. Si tenemos suerte, por lo menos encontraremos a Monroe con vida, y él podrá confirmar algo. Por favor continúe, Lord Potter –dijo antes de que Fudge pudiera interrumpir.

Harry comenzó de nuevo. Los magos palidecieron cuando Harry dijo que La Pantera tomó su sangre para el ritual, y su declaración de que el usar el caparazón de un escreguto como caldero había hecho a Voldemort resistente al fuego debió parecer excesivo para ellos. De cualquier modo, continuó describiendo el "duelo", sin omitir las partes en las que se había burlado de Voldemort en su cara.

–Harry, eres un idiota –dijo Hermione.

–Sí, lo sé. En mi defensa, no estaba esperando salir con vida.

Sirius se rio, pero incluso él estaba debidamente incómodo. Dumbledore sólo suspiró con resignación. Madame Bones parecía dividida entre reprenderlo y admirarlo.

–Ignorando últimas palabras mal aconsejadas –dijo Bones–, ¿cómo salió con vida?

–No lo hice, madame. –Describió como escapó sólo para ser perseguido por La Pantera en forma de jaguar mientras intentaba regresar a la copa–. Ya casi estaba ahí, pero no fui lo suficiente rápido. Voldemort me golpeó con la maldición asesina.

Se detuvo y observó las reacciones en el cuarto. Su familia estaba tensa, escuchando con atención. Dumbledore lucía anticipante. Incluso Fudge parecía en conflicto… dividido entre querer creerle y estar atrapado en el drama de la historia. Aunque parecía que la maldición asesina era un paso demasiado lejos para él.

–¿La maldición asesina? –dijo–. ¿De nuevo? ¡No seas ridículo! Incluso tú… –se detuvo al ver sentir la mirada dura de Dumbledore–. ¿Y qué pasó después, si moriste?

–Me puse mejor –dijo Harry.

–¿Te pusiste mejor? ¡No puedes decir que te pusiste mejor! ¿Ves lo ridículo que es esto, Albus? ¿Cómo podría haber sobrevivido de nuevo? ¿Qué pasó en verdad?

–Ministro, lo que pasó en ese momento… –Harry miró a su familia–... es privado. No es algo que necesite saber. Basta decir, me puse mejor, di un gran salto antes de que Voldemort pudiera reaccionar, y aterricé en la copa. Nos trajo a Cedric y a mí de regreso a Hogwarts, y el resto lo saben.

–Gracias, Lord Potter –dijo Bones–. Esto es muy útil. Ministro, necesitaremos tomar acción al instante.

–Oh, vamos, no crees en esto, ¿verdad, Amelia?

–Suena bastante convincente para mí, Cornelius. Harry Potter no tiene razón para mentir. Alguien ha estado manipulando los eventos todo el año. Tenemos la evidencia física de esa daga. Y aún si de algún modo solo es esta mujer Pantera, suena a que aún tenemos un gran problema.

–Sabes de las actividades que han pasado este año –le recordó Dumbledore–. El terror en la Copa Mundial. Rumores de actividad mortífaga por todo el país. Viste como David Monroe, uno de los magos más anti-mortífagos en el país, estaba siendo controlado, o ahora parece, suplantado. No puedes negar las señales.

Fudge se puso de pie y enderezó su túnica–. Tienes razón, Amelia –dijo–. Alguien ha estado manipulando los eventos todo el año. Pero no puedo evitar notar que la fuente de la mayor parte de este testimonio es un hombre y sus aliados cercanos… un hombre que nunca quiso el torneo aquí en primer lugar. Y un hombre que ganaría mucho persuadiendo al público a su lado… ganaría de desestabilizar todo por lo que hemos trabajado los últimos trece años. –Dijo mirando a Dumbledore.

–¡¿Cómo te atreves?! –Sirius se puso de pie y se puso enfrente de la cara del Ministro–. ¿Albus Dumbledore trabajando contra Gran Bretaña? ¿Contra el Ministerio? Es la locura más grande que he escuchado de ti, Fudge, y he escuchado muchas.

–A un lado, Lord Black –dijo Fudge–. Sé de qué lado está también. No sé qué intentas lograr, Dumbledore… si quieres el asiento del Ministro o si finalmente has perdido tus cabales. Ciertamente, es un plan elaborado que involucra a muchas personas. Pero no puedo creer que Quien-Tú-Sabes ha regresado. Simplemente no es posible. –Se giró para irse en una rabieta.

–¡Cornelius, no puedes creer eso! –dijo Bones.

–Gracias por tu ayuda, Amelia, pero no requiero más por hoy. –Continuó caminando a la puerta.

–Cornelius… –llamó Dumbledore.

No escuchó y continuó caminando. Pero cuando llegó al marco, se detuvo de golpe. Se congeló con sorpresa, e intentó moverse de nuevo, pero descubrió que estaba siendo sostenido por el cuello de su túnica como un perro al final de su cadena. Otro empujón o dos, y se giró con gran sorpresa para ver a Harry Potter, con su brazo extendido hacia él, su mano vacía, pero temblando por el esfuerzo de mantenerlo en su lugar.

Un leve movimiento de los dedos del Niño Que Vivió, y Fudge se descubrió siendo jalado por el cuello. Había escuchado de la habilidad del chico para la magia sin varita, pero nunca imaginó que lograría esto mientras estaba en cama recuperándose de haber sido expuesto a maldiciones. Se tambaleó unos pasos, y después unos más, hasta que estuvieron frente a frente de nuevo.

Harry sabía que no debería hacer bromas bajo las circunstancias, pero esta probablemente era la única oportunidad en la que podría usar esta línea–. Su falta de fe resulta molesta –dijo en voz profunda.

Entonces, cuando finalmente liberó su encantamiento convocador se estiró para tomar la túnica del hombre con su mano–. Cornelius Oswald Fudge –dijo, intentando poner tanta autoridad en su voz como pudo–. ¿Se da cuenta que Albus Dumbledore ha sido ofrecido el puesto de Ministro de Magia no menos de siete veces, la primera en 1939? ¡Si quisiera tomar control del mundo mágico de Gran Bretaña, lo hubiera hecho cuando usted estaba en pañales!

Fudge estaba sudando ahora. La familia de Harry se sorprendió de que tuviera tanta fuerza aún, y Amelia Bones, quien había tenido menos contacto con él, estaba asombrada. Esto podría ser legendario, dependiendo de cómo terminara–. Pues… verás… él… –tartamudeó Fudge.

–¿Y si Dumbledore está loco, cómo se explica a usted mismo? –continuó Harry–. ¿No ha dependido de los consejos de Dumbledore durante la mayor parte de su término? ¿No ha dudado de su sabiduría hasta hoy, verdad?

–Bueno, no exactamente, pero...

–Y si Dumbledore está loco o hambriento de poder, ¿cómo explica a Edward Grayson, quien ha testificado a nuestro favor? Es un Gran Hechicero, un héroe de guerra, y ya ha sido el respetado líder de su país. ¿Qué interés tiene él aquí?

–Mire, Lord Potter, esto es bastante irregular...

–No más irregular que el que usted cuestione a Dumbledore, Ministro. Voldemort ha regresado, le guste o no.

–¡Quién-Usted-Sabe está muerto! –insistió.

–¿Entonces porque aún tiene miedo de decir su maldito nombre?

Fudge se tambaleó. Harry dejó su túnica y se colapsó en la cama. Quizás finalmente había encontrado la manera de dejar que Fudge lo cuestionara después de todo, pero no le dio tiempo de racionalizarlo y buscar una salida de nuevo–. Cedric está muerto, Ministro –dijo–. Fue asesinado en un plan tan increíblemente complicado que solo Voldemort se tomaría la molestia. ¿Por qué actuaría La Pantera sola, o incluso estaría aquí por sí sola? Y suena a que es lo suficiente peligrosa como es. Pero todo fue para que Voldemort pudiera pasar mi seguridad una vez, y eso fue suficiente para que regresara. No puede ignorar eso.

Tomó un gran respiro y cambió de táctica–. Por cierto, Ministro, ¿sabía que el tatarabuelo de Hermione fue Hector Fawley, ¿el Ministro de Magia al comienzo de la guerra contra Grindelwald?

–¿Eh? Eh… no, no lo sabía –dijo Fudge, claramente confundido.

–No me sorprende. No es algo que a los Fawley les gusta mencionar mucho. Verá, Hector Fawley ignoró la amenaza de Grindelwald hasta que fue muy tarde para prevenir la guerra, y lo corrieron del puesto en favor de alguien más equipado para luchar. Hoy en día, Hector Fawley solo es recordado por dejar que Grindelwald se le escapara… injusto, ya que fue al final de un término largo y próspero.

Fudge no dijo nada, pero podía ver con claridad a dónde iba esto.

–Puede elegir creer la evidencia enfrente de usted y ser bien recordado, Ministro. Incluso si falla, será recordado como un hombre que hizo lo que pudo y no retrocedió cuando las cosas se pusieron difíciles. O puede ignorarlo. Pero marca mis palabras, Fudge; si dejas pasar esto, serás recordado como un peor Ministro que Hector Fawley.

Fudge palideció más mientras su intento de racionalizar sus miedos caía a pedazos. En verdad tenía evidencia sólida de que, por lo menos, una bruja oscura muy peligrosa estaba operando en Gran Bretaña. Mientras tanto, podría actuar contra Dumbledore y Potter en la prensa, pero ya tenían a Bones y peor, a un dignatario extranjero desinteresado, y aún tenía a un chico muerto en sus manos.

Y peor de todo, Potter ya había gritado la noticia a toda la audiencia al mismo tiempo que había revelado una habilidad nueva que las personas tomarían como una muestra de poder. No lo olvidarían pronto.

Y por mucho que no quería admitirlo, incluso su mente política no podía encontrar una manera de escapar del argumento de Potter. ¿Por qué una bruja oscura de México, de todos los lugares, estaría aquí a menos que alguien más la hubiera traído?

–No puede estar de regreso –murmuró para sí mismo–. No puede… hemos tenido paz por trece años.

–El no querer que sea cierto no lo hace, Ministro –dijo Grayson.

–Demonios… demonios… –Fudge miró a Harry como si estuviera buscando a un salvador. Harry pensó que quizás comenzaría a llorar–. ¿Qué hago? –rogó–. ¿Qué hago?

Harry no iba a dejar que ninguna noción de que él era el salvador tomara raíz–. Creo que eso es para que usted y Madame Bones y el profesor Dumbledore lo discutan, Ministro –dijo.

–Creo poder ofrecer algunas ideas, Cornelius –dijo Dumbledore en acuerdo.

–Oh, cierto, cierto. Sí. Necesitaremos… hacer algo.

–Vamos, Cornelius, Albus –dijo Bones–. Tenemos mucho trabajo que hacer.

–Por supuesto, Amelia. Sólo necesitaré de otro minuto con el joven Harry. Edward, ¿si no te molesta?

Grayson y Bones se fueron, encaminando a Fudge, aunque Bones se detuvo en la puerta y dijo–, Oh, y Lord Potter, el profesor Dumbledore me contó sobre sus circunstancias únicas, y admito que tengo que aceptar su lógica… así que tiene treinta días para registrarse como animago o pagar una multa de mil galeones.

Harry tragó saliva–. Sí, madame.

Dumbledore lucía más viejo y cansado que como los Granger lo habían visto mientras se giraba para hablar con ellos. Sabían que la amenaza venía por años, pero había sido abstracta hasta ahora… algo que podían dejar fuera de su mente la mayoría del tiempo. Ahora, era demasiado real. Pero por todo eso, Dumbledore sonrió a Harry–. Gracias por eso, Harry –dijo–. Admito que temía que el profesor Fudge probaría ser completamente irresoluble. Incluso yo me sorprendí de que pudiste convencerlo.

–Yo también, cachorro –dijo Sirius en acuerdo–. Ese fue un buen truco de poderoso mago antiguo.

–Sólo una convocación sin varita –corrigió.

–Pues, fuera lo que fuera, fue impresionante. Y creo que todos vamos a deberte bastante por no tener que luchar contra Fudge también.

–No hay problema. Profesor, necesito decirle...

Pero Dumbledore elevó una mano y lo interrumpió–: Harry, te diré lo mismo que Madame Pomfrey me dijo hace unas horas: si hay algo urgente que no pueda esperar hasta la mañana, dilo rápido. Podremos lidiar con el resto después.

Harry abrió su boca, pero titubeó. Quería contarles todo… todo sobre su reunión con sus padres en ese Lugar. Quería buscar a Luna y contarle junto a su familia lo que le habían dicho. Pero sintió pesadez y dolor sobrellevándolo de nuevo. Había actuado de más sosteniendo a Fudge de ese modo, y podía ver a Madame Pomfrey acercarse con otra poción para dormir sin sueños. Sería mejor, sabía, hacer esto en la mañana, cuando estuviera bien descansado y podía recordar con claridad.

–Eh… sólo una cosa, profesor –dijo–. La serpiente de Voldemort… es otro horrocrux. Pensé que debía saberlo.

–Ah, sí –asintió–. Descansa ahora, Harry.

–Sí, señor… Pero tengo mucho que contarle en la mañana… y diga a Remus y Luna que vengan también.


–¿Por qué no murió? –siseó Voldemort cuando se reunieron en la mansión Ryddle–. ¡Pantera! ¡Dijiste que el ritual cancelaría la protección de su madre! ¿Qué pasó?

–Estoy en eso, Voldemort –gruñó La Pantera. No estaba más feliz que él de que su presa se le hubiera escapado–. El ritual funcionó exactamente como debía. Recuperaste tu cuerpo, a prueba de fuego, y fuiste capaz de tocar a Potter. Debió ser algo más.

–¿Algo más como qué? No vas a decir que fallé.

–No, vi la maldición dar en el blanco. Pude olerlo. Potter estaba muerto… y después se levantó.

–¿Pero cómo? Él no puede tener un horrocrux.

–No seas ridículo. Ningún niño como él puede hacer un horrocrux… Mm, está el hecho de que usé su sangre… pero eso no debería haber hecho algo por su cuenta. Si tuviera otra conexión contigo, quizás… ¿Has sentido alguna conexión extraña con Potter antes?

Voldemort lo pensó, y se dio cuenta, para su sorpresa, que sí–. Cuando estuve en Hogwarts, poseyendo al tonto de Quirrell –dijo–, Potter a veces tenía dolores de cabeza en mi presencia, incluso cuando yo no estaba usando Legilimancia.

–¿Dolores de cabeza? –La Pantera apuntó las orejas–. Su cabeza le dolió cuando lo tocaste esta noche. ¿Quisiste hacer eso?

Los brillantes ojos rojos se entrecerraron–. No. No me dolió a mí, pero aún lo lastimé. Aunque eso no explica porque no pude matarlo.

–No, no lo hace. Si el ritual hubiera fallado, hubiera sido lo contrario. Grrr, necesitaré realizar más hechizos de diagnóstico.

–Muy bien. Procede.

La Pantera agitó su daga sobre él de varias maneras, lanzando hechizos más profundos que los que había usado para diseñar el ritual… hechizos que, por lo que Voldemort podían ver… analizaban la condición de su magia, su cuerpo, y su alma en maneras que apenas había estudiado en el pasado. Todo parecía ir normal al principio, pero entonces, debió encontrar algo sorprendente porque se detuvo y comenzó a gritar–. ¡¿Siete?! ¡Siete planos de fractura! –dijo–. ¡Me dijiste que sólo habías hecho seis horrocruxes, no siete!

–¿De qué estás hablando, mujer? Sólo hice seis horrocruxes.

–No de acuerdo con mi hechizo. Tu alma está desgarrada en siete lugares, y eso quiere decir siete horrocruxes. Ocho piezas. ¡Eso es increíblemente inestable! Te dije que hacer ese último horrocrux era una mala idea. Esto es exactamente por lo que yo solo hice uno. ¡Tienes suerte de que no destrozaste lo que queda de tu alma y perdiste todo tu sentido de ser! ¿Y entonces dónde estarías? Atrapado en el fragmento con el pedazo más grande...

–¡Basta! –bramó Voldemort, apuntando su varita a ella–. ¡Esto es imposible! Hice cinco horrocruxes antes de que mi cuerpo fuera destruido. Tenía planeado hacer el sexto con Potter, pero fallé, y el sexto es ahora Nagini.

–Espera, ¿con Potter? –dijo ella–. ¿Comenzaste el ritual antes de ir a matarlo cuando era un niño?

–Claro que sí.

La Pantera respondió con una serie de maldiciones en náhuatl antes de calmarse lo suficiente para explicar: ¡Idiota! ¿Has estudiado magia oscura? ¡Es la intención de asesinar lo que divide el alma para el ritual! El sacrificio solo le da poder. Cuando tu maldición asesina fue reflejada y te golpeó, le dio el suficiente poder para completar el ritual y separar el pedazo de alma, la cual se pegó a Potter.

–¡¿Qué?! –siseó Voldemort.

–Es por lo que no pudiste matar a Potter –dijo ella–. Tenía dos almas en él. ¡Destruiste tu propio horrocrux!

Un momento después, La Pantera se arrepintió por primera vez de hacer a Voldemort inmune al fuego, cuando la temperatura se elevó hasta un calor infernal en segundos.

–Oh-oh –dijo ella.

Se desapareció a un lugar muy muy lejos un momento antes de que un grito desgarrador saliera de la garganta de Voldemort y el cuarto fuera envuelto en llamas.