Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES 18.


Capítulo revisado por la editora Karla Ragnard

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Capítulo 45:

Seguir los sueños

Estaba sin poder mover un solo músculo para hablar. Iba a llorar.

Lo miré, se veía nervioso, como si dudara si era correcto lo que estaba pidiendo, sosteniendo el cartel con sus manos temblorosas y una sonrisa consciente de la locura que estaba haciendo, una locura hermosa en la que todos estaban participando.

—Edward —musité.

Solo sentí una brisa que golpeó mi rostro y cuerpo mientras buscaba la forma de expresarlo todo, siempre mirando sus ojos verdes ante los míos. Imaginé mi vida a su lado y solo pude traducirlo en paz, felicidad y dicha.

—Sí —respondí, como si fuera la primera vez que lo decía, olvidando que ya llevábamos nuestro tiempo intentando… vivir esto—. Quiero ser tu esposa y estar contigo toda nuestra vida.

Sonrió mientras esbozaba una sonrisa de oreja a oreja, iluminándose con mayor intensidad.

—No puedo decirte que no, es inconcebible —musité, mirándolo levantarse.

—Te amo —fue lo único que respondió antes de tomarme con bestialidad desde las caderas y besarme de manera apasionada ante los ojos de todos nuestros seres queridos.

Nos abrazamos en medio de nuestro beso, viviendo nuestra alegría para dejar atrás todo eso que nos martirizó por tanto tiempo. Solo escuchaba los gritos de júbilo y la felicidad de quienes nos querían, compartiendo nuestro momento de forma intensa, como tanto nos gustaba. Al separarnos, él besó mi frente y continuó por mi rostro, sacándome una nueva sonrisa en medio del regocijo colectivo.

—Te amo —le dije también, suspirando de dicha.

Por Dios, todavía tenía el corazón enloquecido debido a su propuesta. Ahora la idea de casarnos se hacía más real, ¡porque además había citado al juez!

—El diez de enero. —Me reí, acariciando su barba incipiente.

Tomó una de mis manos y me dio besos esporádicos, dulces y contradictorios con su aspecto siempre tan rudo.

—Era la fecha perfecta. Nunca la olvidaremos.

Me mordí el labio inferior.

—Jamás —afirmé—. Solo queda un mes.

—Lo sé.

Nuestros seres queridos se acercaron a felicitarnos, pero la verdad era que nos fundimos en el cariño de nuestros hijos, que en cuanto pudieron corrieron a nuestro encuentro. Edward los tomó a ambos en sus brazos y los besó de forma repetida en sus mejillas, sacándoles carcajadas.

—¡Mamá! —gritaron ambos cuando él los bajó para que vinieran a abrazarme.

Los retuve en mi pecho y ahí me quedé, disfrutando de su felicidad. Claro que ellos estaban dichosos de que papá y mamá pudieran cumplir este paso más en su relación, aunque no lo entendieran como nosotros los adultos.

—¡Una boda! —exclamaba Agatha, hundiendo su rostro en mi vientre—. ¿Puedo ir contigo ese día, mami?

Me reí.

—Fred y tú serán los invitados principales, nunca lo dudes —afirmé, acariciando los rostros de ambos.

Los dos se abrazaron y se rieron, contentos por lo que estaba ocurriendo.

—Estoy feliz de escuchar esta noticia —dijo mamá, que venía con los padres de Edward.

Los abrazamos también, con la alegría de compartir, de hacerlos parte de esto. Y así siguió el transcurso de los saludos, hasta que llegué a mi mejor amiga Rosalie. En ella me detuve, recordando lo que Edward me dijo en aquella ocasión.

—Gracias —le susurré al oído.

Me miró sin entender.

—Por buscarlo.

Bajó los hombros.

—Bella…

—Gracias. De verdad.

Sonrió.

—Sentía que se los debía, aunque lo que hice no es suficiente.

La hice callar con un abrazo más apretado, a lo que ella respondió de la misma manera. Sentí su vientre abombado, pero por primera vez experimenté alegría sana, sin la envidia que a ratos me corroía, preguntándome por qué ella podía seguir su embarazo y yo no. Ahora ya no había nada de eso, y realmente me hacía feliz alejarme de todos esos sentimientos.

Al separarnos, vi a Emmett y a Edward en la misma sintonía. Cuando nos miramos los cuatro, las sonrisas de perdón ya estaban en nuestros rostros. No hacía falta decirlo ni crear un diálogo al respecto, ya había perdón y sinceridad en cada expresión de nosotros, esperando recordarnos que éramos amigos y los amigos eran una familia.

—Estoy muy feliz por ustedes —aseguró Emmett, mientras sostenía a su novia Rose de la mano.

Edward y yo nos abrazamos, alejados del rencor y de eso que iba a matarnos. Ellos también lo merecían, de verdad.

—Está tan lindo —exclamé, acariciando su vientre.

—Será un pequeño adorable, ¿no crees? —dijo Edward, besándome los cabellos.

—¿Pequeño? —chillé con el ceño fruncido.

Los tres se miraron culpables, mientras yo seguía contemplándolos en busca de respuesta.

—¿Ya sabías qué iba a ser? —le pregunté a Edward.

—Lo siento. Emmett me lo dijo, pero fue accidental.

—Me siento muy ofendida —afirmé, cruzada de brazos.

—¡Lo siento! —Rose me dio otro abrazo.

Finalmente le sonreí y ella a mí.

—Estoy muy feliz de que estés viviendo tu verdadera historia de amor con un hombre que te ama de la misma forma que tú.

Rose, desde muy joven, soñaba con vivir una historia así, donde la amaran hasta los huesos. Haber conocido a Royce pudo ser un camino como tal, pero él no era una persona que supiera querer, en lo más mínimo. Toda una vida pasó invisibilizada, viviendo como un mueble dentro de una casa perfecta, sin posibilidad de hacer realidad sus sueños. Mi chica fresa se merecía felicidad.

—Y nosotros estaríamos felices de que ustedes sean los padrinos de nuestro hijo —afirmó ella.

Edward y yo nos miramos a los ojos ante la sorpresa de la noticia.

—¿De verdad? —preguntó él.

—¡Claro que sí! —respondió Emmett—. ¿Qué dicen?

Nos reímos al mismo tiempo.

—¿Están de broma? ¿Cómo se les ocurre preguntar? ¡Por supuesto que sí! —dije.

Sí, definitivamente me habían dado el mejor regalo para uno de los mejores días de mi vida.

—Pero qué adulto estás, Bebé Grandote —le dijo Nana Cullen, llegando a felicitarnos.

Nos dio un abrazo apretado mientras nos echaba el humo de su cigarrillo, seguido por su esposo, que parecía comenzar a querernos como si fuese nuestro abuelo. Hasta se veía tan o más emocionado que Nana que, siempre buscando ser dura, se aguantaba las lágrimas mientras apretaba los labios.

—Oh, Dios, siempre soñé con verte feliz con una mujer como Bella —dijo ella, estrechando las mejillas de su nieto, que a pesar de su mueca de dolor, le sonreía—. Siempre lo imaginé. Sufriste tanto, cariño, tanto que era un sueño verte así de feliz.

A medida que la oía, sentía un nudo en la garganta. La mirada de Nana estaba dichosa de orgullo, porque lo que más quería era que su nieto fuera feliz. ¿Lo era? Sí, tal como yo, y esa sería nuestra meta desde ahora en adelante.

—Cuando la conocí supe que lo sería —susurró Edward, acariciando los cabellos canos de Nana—. Es la mejor mujer que pudo poner la vida en mi camino.

Negué, sonrojada ante sus palabras, y él escondió mi rostro en su pecho, besándome de esa manera cariñosa que lo identificaba.

—Gracias por todo, tesoro —me dijo Nana, tomándome la barbilla—. Eres fantástica.

Le sonreí.

Finalmente nos encontramos con mis otros dos mejores amigos, que estaban francamente felices de todo lo que nos estaba ocurriendo. Entre ellos se molestaban, especialmente por estar solteros… aunque Victoria parecía soñadora desde su lugar.

—Entre Tetas Falsas y tú, soy oficialmente la soltera del grupo —señaló ella, mientras Rose le mostraba su dedo medio.

—¿La soltera? Eres la divorciada, primor, ¿recuerdas que estuviste casada conmigo? —molestó James.

—Por desgracia —respondió ella.

James hizo una falsa mueca ofendida, dispuesto a responder; sin embargo, la llegada de Jonas, justo detrás de él, le provocó un grito ensordecedor, pero delicado a la vez. Al verse, ambos sonrieron, aunque mi mejor amigo parecía más avergonzado que nunca, algo poco común en él.

—Hola —saludó Jonas, apretando los labios a los segundos.

—¡Hola! —volvió a chillar James.

Edward, Victoria y yo nos sonreímos. Iba a decirle a mi mejor amiga que les diéramos un espacio, pero noté que se estaba mirando con Félix, quien se había acercado para felicitarnos. Aquello no pasó desapercibido para mí, menos aún que llevaran un brazalete idéntico el uno con el otro.

—Oye…

Mis palabras quedaron en el olvido cuando Félix se disculpó luego de su felicitación y se marchó, seguido de Victoria. Edward no lo había notado.

—Estoy muy feliz por ustedes —aseguró Jonas luego de darnos un abrazo como el de todos los demás.

Había certeza y sinceridad absoluta en sus palabras. Lo agradecía enormemente.

—Creo que es momento de que el amor toque a la puerta de todos, ¿no? —añadió, dándole una pequeña sonrisa más a James.

Mi mejor amigo hizo una mueca y luego miró al suelo con los ojos brillantes.

—Estoy divagando —dijo luego de carraspear—. ¿Puedo hablar un momento con la futura esposa de mi mejor amigo?

Asentí, por supuesto que sí. Edward me instó a ir, pues imaginaba que comprendía las razones. Jonas me tendió su mano y yo la acepté, yéndome con él. Nos alejamos unos metros y nos quedamos cerca de los árboles, donde nadie podría escucharnos.

—Quería un momento a solas contigo para decir muchas cosas, pero ahora solo tengo unas cuantas palabras que resumen todo lo que siento. —Me miró con cariño—. Gracias por hacerlo feliz.

Sonreí.

—En su momento tuve sentimientos muy fuertes y Edward fue lo bastante claro, pero generoso, al darme el espacio y las palabras correctas para no dañarme. Se ve rudo, duro y gruñón, pero vaya que es un buen hombre. Nunca fue novedad que las chicas se volvieran locas por él, pero ninguna era lo suficientemente correcta para su corazón. Cuando llegaste tú, creo que el mundo encajó en todos los sentidos. —Me miró a los ojos—. Pero ¿sabes lo que es más importante? Que tú encontraste a un hombre impresionante. Vaya, no te mentiré que en algún momento de mi vida quise ser tú, sin embargo, a este paso, lo que más deseo es que sea feliz como lo es contigo. Chica, bienvenida a la familia, somos algo toscos y rudos, pero tenemos un inmenso corazón, y por ti damos la vida, somos un equipo.

—Oh, Jonas —gemí, poniéndome una mano en el pecho—. Todo lo que dices…

—Es verdad. No estaría tan satisfecho si no se pertenecieran y se amaran como lo hacen.

Nos quedamos en silencio, uno cómodo, dulce y perfecto, saboreábamos sus palabras de una forma madura, esperando seguir aprendiendo.

—¿Crees que James me acepte un café uno de estos días? —preguntó de pronto.

Mi corazón saltó con mayor alegría.

—¿Un café? ¿Qué planeas? ¿Una charla de negocios?

Pestañeó, asombrado con mis palabras.

—¡Invítalo a salir a beber unas copas! —exclamé—. ¡A James le encanta beberse unos cocteles dulces en un bar con música pop! Lo harías tan feliz… A no ser que eso no conecte contigo —dije como quien no quiere la cosa.

—No, claro que me encantaría, haría cualquier cosa… —Se sonrojó cuando notó el camino que llevaban sus palabras, pero a mí solo me hizo sonreír—. Su lugar favorito estaría bien. ¿Sería muy loco si lo espero en mi motocicleta…? Quizá le parece demasiado peligroso…

Le hice callar.

—Hazlo. Le va a encantar —respondí.

—Excelente. Gracias, Bella.

—Para lo que quieras. Solo pregúntame.

Me guiñó un ojo y me apuntó hacia algo que había detrás de mí. Cuando me giré, vi a Edward, que me esperaba con los brazos cruzados y una ceja alzada.

Dios mío, no podía creer que ese hombre tatuado y guapísimo iba a ser mi esposo. Parecía el sueño hecho realidad de una escritora: encontrar a su protagonista ideal ante sus ojos.

Corrí, sin que me importara nada más, hacia sus brazos y él no tardó en recibirme, llenándome el rostro de besos. Mirarnos fue suficiente para transmitirnos todo, no necesitábamos palabras, nada, solo nuestros gestos.

—Quiero pedirte algo —susurró luego de unos minutos acurrucados el uno con el otro.

Alcé mi mirada, curiosa.

—Es algo importante —añadió.

—Pareces empecinado en la idea.

Sonrió.

—Realmente lo estoy.

—Cuéntame.

—Puede que te parezca que estoy haciendo demasiado, te conozco muy bien —afirmó mientras besaba mis hombros y mi cuello—. Pero nunca es suficiente para mí.

Reí.

—Oh, vamos, ¿qué planeas?

—Quiero pedirte que me permitas sorprenderte para el día de nuestra boda.

Pestañeé.

—¿Cómo?

—Para nuestra luna de miel, quiero hacer algo especial para ti.

Ay, Dios mío, ¿cómo esperaba que mi corazón sobreviviera a sus palabras y gestos?

—Quiero que sea una aventura magnífica entre tú y yo. ¿Me lo permites? —me preguntó al oído.

Mi cabeza comenzaba a imaginarse mil cosas a la vez, pero estaba segura de que nada de eso iba a suceder, porque Edward siempre tenía un as bajo la manga.

—Yo también quiero sorprenderte, no es justo —dije.

Carcajeó.

—Pues yo estoy seguro de que lo harás, siempre lo haces.

Le besé la mejilla y luego los labios, ansiosa por el gran día. Solo sería en un mes y la ansiedad me consumía por completo.

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Me desperté entre besos y caricias, lo que sin duda me hizo sonreír en medio de mi disfrute. Hacía mucho frío y ya nevaba, por lo que estar entre sus brazos se sentía mucho mejor. Su piel desnuda junto a la mía incendiaba bajo la cama.

—No puedo creer que afuera haya siete grados bajo cero y se sienta tan bien contigo —susurré, besando sus antebrazos tatuados.

Tomó mi mano y miró mi anillo, acariciando todo el dorso de mi piel hasta mis hombros.

—Buenos días, cariño —me dijo al oído.

Suspiré.

—Buenos días. —Me di la vuelta y acabé sobre su pecho amplio, solo con mi trasero cubierto por los edredones—. Ya solo quedan veinte días.

Acarició mi cabello y me quitó algunos mechones del rostro mientras me contemplaba a los ojos.

—Todavía puedes arrepentirte —añadí, causándole una carcajada.

—Quizá deba aprovechar mis últimos días de soltería.

Entrecerré mis ojos, haciéndole sonreír con más intensidad.

—Después no te quejes si salgo con el stripper de aquella noche en la despedida de soltera de tu abuela —le dije.

—Hey —gruñó, furioso de celos y diversión conjunta.

Me robó los labios con uno de sus besos mojados y divinos, por lo que cerré mis ojos al instante.

—En realidad, quiero que mi stripper seas tú —jugueteé.

—Soy capaz de darte una despedida de soltera como nunca lo imaginarías —me dijo una vez al oído.

La sola idea hacía que mi estómago vibrase.

—¡Papi! ¡Mami! —chillaron nuestros becerros, cortando el momento de improviso.

Edward comenzaba a tener una erección mientras yo jugaba con él debajo de las sábanas.

—¿Por qué hacen esto justo ahora? —me preguntó, continuando con sus besos, ahora en mi cuello.

Maldita sea, Edward tenía la barba crecida y el roce de esta con mi piel me volvía loca.

—Ellos quieren algo —gemí, excitada ante cómo su erección crecía cerca de mi intimidad.

Oh, vamos, era un tramposo. Cuánto le gustaba hacerme sufrir.

—Ah, mierda, si no los amara como los amo, les pondría un bozal —insistió, sacudiéndose el cabello con frustración.

Verlo despeinado fue incluso peor para mí. Seguimos besándonos hasta que los llamados de Agatha y Fred fueron insostenibles. Edward intentó ocultarse detrás de la puerta para acomodarse la erección, mientras yo abría, acomodándome con una de sus camisetas y un pantalón corto.

—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! —repetían incansablemente mientras me apuntaban escaleras abajo con sus diminutos dedos índices.

—¿Qué? ¿Qué ocurre? —inquirí, comenzando a preocuparme.

No entendía qué ocurría.

—¡Precioso y Preciosa! —chillaron.

—Ay, Dios mío, ¿qué pasó con ellos? —exclamé, corriendo escaleras abajo.

—¿Qué? ¿Qué les ocurrió? —Edward se asomó y corrió junto a mí.

Agatha y Fred me indicaron que siguiera el camino hacia la sala, donde estaban sus camas, cerca de la chimenea y el árbol de navidad. En cuanto llegué, los vi a ambos acurrucados, protegiendo algo diminuto entre sus cuerpos. Me quedé de piedra cuando vi que eso diminuto eran tres pequeños cachorros de un extraño color, una mezcla perfecta entre Precioso y Preciosa.

Válgame.

Edward chocó con mi espalda, asombrado con lo que también veía.

—¡¡Preciosa tuvo perritos, mami!! —insistió Fred.

Sí, eran sus cachorros sin duda, los mismos que hizo con Precioso. Estaba tan impactada que no movía ni un músculo. Luego miré a Edward, pidiéndole explicaciones.

—Te juro que los adopté esterilizados —afirmó muy en serio.

—¿Me estás tomando el pelo? ¿Y esto qué es?

Se puso una mano en la frente, pensando en lo que estaba ocurriendo.

—Esos tipos me mintieron.

Me eché a reír.

—¡Pues claro que sí! Querían deshacerse de los perros cuanto antes.

Edward bufó y se agachó ante el espectáculo junto a nuestros pequeños, que emitían sonidos de ternura a la vez que se acercaban lentamente a ellos. Preciosa alzó la mirada y los empujó con suavidad, como instándolos a conocer a sus pequeños. Finalmente me uní a ellos y me agaché, disfrutando de la vista más sorpresiva de todas.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —inquirí—. No podemos tener cinco perros aquí.

—¿Por qué no?

Suspiré.

—Ed…

—Tenemos una casa en el fondo del bosque, se verían bien los cinco ahí, ¿no crees?

De imaginarlo sonreí.

—Una vez que nos casemos creo que es un buen lugar para permanecer juntos —me dijo—. Es un espacio grande y ellos se sentirán muy bien.

—Me has convencido —susurré, besando su mejilla.

Fred y Agatha le dieron caricias a Precioso y a Preciosa, aunque especialmente a esta última, que estaba bastante exhausta. Edward fue a por agua y comida para rellenar sus platos, pero también a buscar algo de ropa extra para ellos y los nuevos integrantes de la familia. Mientras Edward acomodaba a los cachorros en la manta de felpa, él acurrucó a los tres, que tenían los mismos colores pero mezclados de diferente manera. Uno era rubio, pero idéntico a Precioso, otro tenía una mezcla de rubio y cobre, como ambos, y las orejas de su madre, mientras que el último tenía el cabello rubio y una pequeña mancha cobriza en su ojo… idéntico a su padre.

—¿No crees que son hermosos? —me preguntó Edward, embobado con los tres.

Él brillaba cuando se trataba de bebés, no importaba la especie de la cual se tratase. Imaginarlo con un hijo más, uno mío y suyo…

Negué y me avoqué a nosotros. Todo debía ir con calma.

—Prométeme algo —dije.

—Claro —respondió él, dejando a los cachorros con sus padres.

—Esterilízalos —pedí, causándole una sonrisa.

Finalmente, nuestros pequeños se quedaron un buen rato acurrucados con ellos, disfrutando de la tierna escena. Estaban felices con la sorpresa, sobre todo porque nadie se había dado cuenta de que ese aumento de peso de Preciosa se debía a que esperaba a tres retoños de Precioso… Ese travieso…

Por Dios, ¡nos habían engañado!

Luego del acontecimiento del día, recibí la llamada de mi ginecólogo para comenzar mi nueva terapia anticonceptiva luego del aborto que sufrí tiempo atrás, así que me alisté para ir con Edward, que no dudó ni un minuto en acompañarme. Agatha y Fred vinieron con nosotros, pero prometieron quedarse tranquilos en la sala de espera.

—No lo sé, Bells —insistió mi Bestia mientras daba besos cortos en mi mano.

—¿Qué no sabes? —pregunté.

—Esto. —Miró hacia los rincones, esperando que los pequeños no fueran a escucharnos—. No me gusta la idea de que tengas que ser tú quien se tome esos medicamentos, el asunto es de ambos. El preservativo es suficiente…

—Oh, vamos, Edward, si tengo que tomar un medicamento para sentirte acabar dentro de mí, lo hago a ojos cerrados —le respondí con suma sinceridad.

Quedó boquiabierto y luego alzó una ceja, mirándome de forma pícara.

—Isabella Swan, pase a la consulta, por favor —dijo el ginecólogo.

Lo conocía hacía años, así que no era novedad mi visita. Me felicitó por tratar mi sexualidad de manera responsable, y aunque estaba de acuerdo con Edward en mantenerme alejada de las drogas anticonceptivas, respetó mi decisión.

A ratos pensaba en ello, en que protegerme iba a disminuir todavía más la posibilidad de que fuéramos padres nuevamente. Desde que perdimos a Tommy, era una situación que costaba mucho resolver, dolía, angustiaba y sí, me deprimía muchísimo, y a Edward ni hablar. Pero necesitábamos descansar, permitir que nuestros cuerpos dejaran a un lado la ansiedad de aquella idea que tanto nos mantuvo ilusionados por aquellos lindos instantes en que existió. Sí, posiblemente no iba a suceder, quién sabía, pero ahora necesitábamos paz y permitirnos un momento siendo una pequeña familia con dos hijos y… cinco perros.

—Son muy jóvenes aún. Tú tienes casi treinta y un años y Edward cumplirá treinta y seis, todavía tienen mucho tiempo para disfrutar de sus pequeños y luego ver qué sucede con el destino —dijo el médico con una sonrisa empática.

Edward tenía mi mano entrelazada con la suya y me acariciaba el dorso con el pulgar.

—Descansar les hará bien luego de ese largo proceso, especialmente a nivel mental, más estrés ante el deseo imperante de volver a intentarlo… Creo que por un tiempo es bueno dejarlo a un lado, aunque sea por un instante. Nada mejor que vivir su romance con intensidad, lo merecen —añadió.

Edward besó mi sien y yo suspiré, esperando que este tiempo alejada de la idea funcionara para sanar un poco nuestros corazones. Pero incluso así estaba tranquila, porque nos merecíamos eso y más.

—Voy a recetarte esto por un tiempo para ver cómo vas, sin embargo, creo que para la próxima vez deberíamos probar con un dispositivo intrauterino —añadió mientras escribía la receta.

Luego de aquello, salí un poco más tranquila de la consulta. Edward, por su lado, se veía tranquilo también. Cuando estuvimos frente a nuestros pequeños, nuestras miradas concordaron en que, a pesar de todo, ellos nos seguían necesitando y, por el momento, nosotros mismos también.

—Mami, ¿estás bien? —me preguntó Fred, que siempre ponía sus manos en mis mejillas.

Asentí y le besé los cabellos.

Agatha se hundió en mi vientre, acompañándome también. Sin embargo, yo busqué la mano de Edward, esperando reconfortarlo de simplemente recordar lo que vivimos en su momento, por lo que él me besó el dorso y con sus ojos brillantes sonrió, diciéndome que estaba bien.

—Creo que es un buen momento para ir a comer algo y luego jugar en el parque, ¿no creen? —Edward captó la atención de todos, así que inmediatamente sonreímos.

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Me había comido dos hamburguesas gigantes junto a Edward, mientras Agatha y Fred habían disfrutado más de los juguetes que traían sus cajas que de la comida en sí. Mientras Agatha había decidido elegir el cochecito con forma de oso a control remoto, Fred prefirió la muñequita rosa de brillante vestido. Él se veía muy feliz, sin importarle que otros pequeños le preguntaran, lamentablemente, por qué usaba juguetes de niñas.

—Nunca se acabará, ¿verdad? —susurré.

—No, pero estamos nosotros para seguir diciéndole y recalcándole que él puede jugar con lo que quiera.

Sonreí.

Iba a decir algo, sin embargo, recibió una llamada que lo hizo dar un salto corto en la silla. Dejé que los pequeños siguieran jugando y lo miré, a la espera de saber qué ocurría.

—Claro, me parece perfecto. —Su voz era un susurro—. Le comentaré de inmediato a mi esposa, digo… Sí, nos casaremos muy pronto. Claro, tenemos un abogado para eso, es excelente. Sí, lo tengo claro y es algo que debemos hacer. Muchas gracias.

Cuando cortó, se quedó un rato mirando el móvil hasta que finalmente lo hizo conmigo, que estaba comiéndome las uñas por saber qué era lo que estaba sucediendo.

—Es alguien que conozco de servicios sociales —señaló—. Por la adopción de Agatha y Fred.

—Oh… ¿Y qué te dijeron? —exclamé, también saltando de mi silla.

—Con Agatha es más sencillo, su madre, digo, la biológica, no está y jamás ha tenido apoyo de la familia de ella, por lo que a pesar de los reparos que tengamos de parte de ellos, no ganarán y tú…

—Podré ser su madre ante la ley —respondí por él.

Edward asintió y yo sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas al instante.

—Dios mío, ¡eso es fantástico! —chillé.

Asintió, mirándome tan emocionado como yo.

—¿Y Fred? —inquirí.

Bajó la cabeza.

—Bueno… Él tiene un padre que gentilmente lo reconoció como suyo.

—Sí —susurré—. Jasper… Sí… Jasper lo reconoció como suyo de forma desinteresada y… ¿Qué ocurre?

—James me lo había comentado en una ocasión, debemos ir a juicio.

Se me apretaba el vientre al escuchar eso.

—La única manera de que podamos hacerlo por la vía libre es que Jasper renuncie a su paternidad y sé que eso es imposible. Tendremos que ir a juicio.

Me mordí el labio inferior y lo abracé.

—Y si estamos casados, visualmente se percibe mejor —agregó.

Tomé sus mejillas con suavidad.

—Es algo que debemos hacer, pero yo tengo que hablar con Jasper al respecto, se lo debo y es mi responsabilidad.

—No permitiré que estés sola en eso.

Suspiré y lo abracé.

—Sé que, por un lado, Jasper fue una buena persona en reconocer a mi hijo, pero…

—Pero ha hecho cosas que no corresponden y Fred ya no se siente cómodo con él.

—Y tú eres su padre, su padre biológico y… quien lo ha amado por quién es.

Besó mi frente.

—James nos representará.

—Es un excelente abogado.

—Lo sé.

—Tendremos que hacerlo. Hablaré con Jasper mañana y pediré que nos reunamos.

Asintió y continuó abrazándome.

Antes de que pudiéramos seguir procesando la situación en la que nos encontrábamos, noté que Fred le intentaba quitar su juguete a una nena que lo quería para ella, parecía una pelea de pequeños, pero cuando noté que había adultos implicados, salté de mi silla y fui tras ellos, iracunda y dispuesta a defender a mi cachorro a como diera lugar.

—Pero es mío —insistía Fred, mientras Agatha le ayudaba a tirar de él.

—¡No! —le rebatía la otra pequeña—. ¡Es un juega de niñas y yo soy una niña!

Los adultos responsables, que asumía que eran sus padres, se reían de lo que estaba sucediendo, y en medio del alboroto, podía escuchar que decían con claridad que no entendían por qué los maricones comenzaban a aparecer tan chicos.

No supe de qué manera tomé fuerzas, me agarré a Fred entre mis brazos y lo sostuve de un solo movimiento junto a mí, alejándolo de esas asquerosas personas. Agatha, por su lado, fue tomada por su padre, que también había escuchado tamaña bazofia.

—¿Qué han dicho? —espeté, escondiendo a mi hijo para que no viera lo que pasaba.

—Hey, no es para tanto, son niños —dijo el padre, mientras la mujer seguía riéndose.

—¡No me interesa si son niños o no! Han insultado a mi hijo y no lo han respetado, ¿quién demonios se creen ustedes para decidir qué juguete es de él o no? —chillé, explotando.

—Relájate. Los juguetes son juguetes, además, aprende a criar a tu hijo antes de que se desvíe como ya lo parece —asomó la tipa.

Di un paso adelante, saliéndome de mis cabales.

—¡No parí a mi hijo luego de sufrir de la manera en que lo hice para que por personas como tú se sienta fuera de lugar! —insistí, más colérica de lo que podía soportar. Edward me sujetó para que no diera un paso más, pero no me contuve—. ¡Tampoco luché para que sobreviviera en la incubadora y le recalqué tantas veces que su venida al mundo era por una razón y que luego de todo este tiempo de alentarlo a tener confianza, vengas tú y tu apestosa familia a insultarlo de esa manera! ¡Así que aleja tu asquerosa cara y la de toda tu familia de mi vista o juro por Dios que voy a sacar cada uno de tus cabellos a patadas! ¡Y el juguete es de mi hijo, algo que nadie puede impedirle, maldita imbécil! —espeté.

Todos ellos se quedaron en silencio y se alejaron de nosotros, dejándonos al fin en paz. Así que bajé a Fred y le tomé las mejillas para que me mirara.

—Siempre serás feliz, me encargaré de eso toda mi vida —aseguré—. También tu papá lo hará. No hay nada más que quiera en este mundo, solo que seas feliz, al igual que tu hermana. Nadie… Escúchame bien. Nadie va a impedir que seas quien seas, y la única persona que decidirá eso eres tú. ¡Y si tienes que hacer lo que hice para defenderte, hazlo! Pasaste mucho tiempo con tu vida en mis manos, sin saber si ibas a sobrevivir, no puedo permitir que tu camino no sea lleno de dicha y felicidad, ¿de acuerdo?

Él asintió y me abrazó, apretándome muy fuerte.

Agatha echó los brazos hacia mí mientras su papá seguía sosteniéndola, por lo que remarqué lo mismo en ella. Con mamá ninguno sufriría más y sabía que Edward tampoco iba a permitir aquello.

—Ahora vayan a jugar y no tomen en cuenta a nadie más que quiera dañarles —dije, dándole unas palmadas en sus espaldas.

Cuando se alejaron, Edward me tomó la cintura y me dio media vuelta para juntar su nariz junto a la mía.

—¡Oh! —fue lo único que pude decir mientras ponía mis manos en sus hombros.

—No sabes lo sexy que me pareciste cuando enfrentaste a esos imbéciles —susurró, rozando mis labios—. Recordarte me pone muchísimo.

Me reí.

—¿Te ponen las mujeres valientes y fuertes?

—Yo diría que sí, pero realmente quién me pone eres tú.

Lo abracé y nos besamos, disfrutando de nuestros días antes de la boda.

Ya quedaba menos para el gran día y no cabía en mi felicidad.

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Boté el aire de a poco y miré un rato a los cachorros para relajarme.

—Todo estará perfecto —susurró Sophie, nuestra niñera, la principal testigo de mi historia de amor con Edward.

—Gracias, Sophie. Mantenlos lejos, sé que será un escándalo en cuanto le comentemos lo que sucederá.

Asintió y buscó a mis hijos, que estaban jugando con los perros.

Cuando Edward vino a mi lado junto a James, que acababa de llegar de su trabajo, me sentí más nerviosa. No quería discusiones, tampoco que fuera a haber una pelea a niveles estratosféricos, solo quería que mi hijo pudiera vivir con el hombre que le había dado parte de la vida y que Jasper lo entendiera, solo que era… una utopía.

Edward me dio un beso cariñoso y James se alistó en la mesa, a la espera de que Jasper se presentara. Finalmente, él llegó, claramente sin saber qué era lo que iba a suceder.

—Hola —saludó con seriedad—. Imagino que esto es para que regule el dinero que le debo a Fred, ¿no?

Apreté los labios, sintiendo rabia ante la manera en que lo decía. ¿Ya a este punto qué importaba?

—Siéntate, por favor —dijo James, enseñándole la silla que había frente a nosotros.

—Bella, no necesitas hacer esto. Sé que he faltado al dinero y que no quieres que mi hijo vaya a casa de mis padres, como siempre. Sabes que no puedo pagar en este momento, la persona que te acompaña —miró a Edward con evidente odio, como si quisiera saltarle a la garganta—, se apropió de mi negocio y me dejó sin un dólar.

Edward apretó el puño sobre la mesa.

—Lo compré porque no eras capaz de sostenerlo —respondió—. ¿Vas a hablar de eso en estos momentos? ¿No vas a preguntar cómo está?

Tragó.

—Él no quiere verme por lo que ustedes…

—No te atrevas, Jasper —interrumpí—. Tú no lo has llamado, no quieres verlo…

—Porque no me permiten…

—¡Tus padres por poco me golpean delante de él y me quitaron mi casa! ¿Cómo planeas que permita que Fred vaya contigo si estarán ellos?

Se quedó en silencio y yo tragué el nudo de rabia que tenía en la garganta. Pero, aun así, tomé una bocanada de aire, dispuesta a decírselo.

—En realidad, ni siquiera es eso lo que quiero hablar contigo —dije, sosteniendo mi mirada con la suya.

Frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—Quiero comunicarte que Edward reconocerá a Fred como su hijo —respondí.

El rostro de Jasper cambió de color e inmediatamente miró a Edward, dispuesto a golpearlo con todas sus fuerzas.


Buenos días, les traigo un nuevo capítulo. ¿Qué piensan de todo lo acontecido? Van a casarse y queda muy poco para eso, ¡el amor entre estos dos está al alza! Pero... ¿Qué va a suceder con Jasper? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlasAgradezco los comentarios de Elizabethpm, SeguidoradeChile, brenda naser, ale173, Mime Herondale, caritofornasier, viridianaconticruz, Pam Malfoy Black, Gladys Nilda, Freedom2604, Pamela2310, AnabellaCS, Stella mino, Mss Brightside, Bitah, BreezeCullenSwan, Anita4261, EloRicardes, miriancullen32, sollpz1305, dana masen cullen, joselin cullen, patymdn, Liz Vidal, Yoliki, natuchis2011b, patymdn, JMMA, PanchiiM, krisr0405, Wenday, PielKnela, Jeli, lauritacullenswan, Dominic Muoz Leiva, LadyRedScarlet, DanitLuna, Pameva, rosycanul10, MariaL8, maribel hernandez cullen, NaNYs SANZ, Lore562, ELIZABETH, Sther Evans, Noriitha, cavendano13, alejandra1987, NarMaVeg, Tereyasha Mooz, Elmi, Valevalverde57, calia19, Pancardo, Kamile Pattz-Cullen, Brenda Cullenn, Ana Karina, sool21, shinygirl12, Coni, barbya95, ari kimi, chiquimore06, Ady denice, Eriika0705, Liliana Macias, Valentina Paez, jackierys, diana0426a, anlucullen, kathlenayala, Melany, Ana Cullen Lutz, MasenSwan, Diana, ariyasy, joabruno, ELLIana11, Ana, Adriu, CCar, Rero96, Adrianacarrera, KRISS95, Elizabeth Marie Cullen, Bell Cullen Hall, Lu40, Jocelyn, NoeLiia, MissDeadlyNightShade, catableu, ROMINA19, Belli swan dwyer, Jade HSos, Tata XOXO, CazaDragones, CeciMachin, morenita88, Celina fic, esme575, Ivette marmolejo, BellsCullen8, miop, Fer Yanez, Smedina, rjnavajas, twilightter, beakis, MarieCullen28, Toy Princes, valem00, Cecy Dilo, ClaryFlynn98, saraipineda44, Vero Morales, gesykag, debynoe12, bbluelilas, Reva4, CelyJoe, llucena928, carlita16, LizMaratzza, Fallen Dark Angel 07, EloRicardes, Leah De Call, MakarenaL, Santa, Mari-bella-Cullen-Swan, valentinadelafuente, Ragnard, liduvina, jhanulita, almacullenmasen, ConiLizzy, AndreaSL, aliciagonzakezsalazar, Mentafrescaa, Twilightsecretlove, GabySS501, Claribel Cabrera, alyssag19, Salve-el-atun, Valeeecu, Bobby Nat, jupy, Gibel, somas, Flor Santana, ibeth garcia, Aidee Bells, luisita, Mariana, Beastyle, Naara Selene, Karensiux, Veronica, kaja0507, Mar91, Yesenia Tovar, Natimendoza98, Mayraargo25, Fleur50 y Guest, espero volver a leerlas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea del impacto que tiene su cariño, entusiasmo y palabras, de verdad graciasRecuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado y si no tienen cuenta solo deben poner su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se veráPueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Baisers Ardents - Escritora", en dónde pueden encontrar a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo deben responder las preguntas y podrán ingresar

Cariños para todas

Baisers!