Otro capitulo mas, espero les guste..=D
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Follow the Advices..!
-Te quedarás en el Instituto hoy?- preguntó Magnus, mientras ayudaba a Alec a terminar de empacar su mochila.
-Yo creo que si- respondió el ojiazul, colgándose la mochila al hombro. La noche anterior se había quedado a dormir en Idris. Su padre lo había despertado para que comiera con él y con Michael antes de regresar a Nueva York cerca de las diez de la mañana.
-Dos noches seguidas sin dormir en casa, me siento esposa mal atendida de reality show- dijo Magnus soltando un dramático suspiro. Alec lo miró preocupado.
-Magnus, lo lamento mucho, yo...
-Solo bromeo, cariño- rió el Brujo, tomándolo por los hombros- me siento orgulloso de ti. Eres muy valiente, Alec.
-Tan valiente que te pedí que me dejaras en la entrada del Instituto para no poder huir?- preguntó el menor con una media sonrisa.
-Todos necesitamos un empujoncito- rió Magnus- vamos.
Después de un callado viaje en metro y una parada en una licorería, llegaron a la entrada del Instituto. Magnus observó al chico, mirando el imponente edificio con nerviosismo. Cambiaba el peso de su cuerpo de un pie a otro y su respiración era rápida. El Brujo le dio espacio, no lo presionaría. Alec soltó un suspiro y se giró hacia el ojos de gato.
-Qui... quieres pasar?- preguntó Alec nerviosamente.
-Alec- dijo el Brujo, mirándolo con las cejas alzadas.
-Solo... me preguntabas si querías un café?- dijo el ojiazul, bajando la mirada.
-Llevas cervezas- señaló Magnus, Alec aferró la bolsa en sus manos.
-Es... solo... yo...
-Alexander- Magnus puso sus manos sobre los hombros de su novio- tranquilo, todo irá bien.
-Pero y si...
-Todo va a salir bien- repitió Magnus firmemente- es tu Parabatai. Eres una de las personas más importantes en su vida.
-Solo quiero terminar con esto pronto- dijo el Nefilim en voz baja.
-Eso dependerá de tu Parabatai- le dijo Magnus con una sonrisa traviesa- ya sabes cómo le encanta hacer drama por todo.
-Por qué me gusta estar rodeado de personas dramáticas?- dijo Alec soltando un suspiro.
-Me estás llamando dramático?!- saltó Magnus poniendo una mano en su pecho, indignado y viéndose dramáticamente falso, Alec no pudo evitar soltar una carcajada. El Brujo sonrió al ver que había logrado relajarlo un poco.
-Te amo- dijo Alec, mirándolo con cariño. Magnus sonrió tiernamente y se acerco para besarlo.
-Yo también te amo- le dijo al separarse- ahora ve, ya basta de evasivas.
-Bien- dijo Alec, suspirando, se giró hacia el Instituto y entró lentamente. Magnus esperó hasta que el chico entró al edificio antes de girarse en busca de un bar. Si bien Alec era el que tenía que mejorar y el que más se esforzaba por lograrlo, el trabajo de Magnus no era nada fácil. Magnus amaba a su novio, y haría hasta lo imposible para apoyarlo y ayudarlo, pero eso no significaba que él no se cansara. Tenía que estar tranquilo y ser fuerte siempre para Alec. La paciencia nunca había sido su fuerte, y con Alec la necesitaba al 1000%.
Soltó un suspiro mientras recordaba la primera vez que había visto a Alec, la primera vez que habían hablado, la primera vez que lo había tocado. Desde un principio, el Nefilim le había dicho claramente que quería ser solo amigos, tal vez esa había sido su advertencia, "Mantén la distancia, Brujo, no sabes en lo que te metes". Y en efecto, para cuando Magnus se había dado cuenta en la calidad de problema que se había atascado, ya era demasiado tarde. Ya estaba perdidamente enamorado de Alec.
Dio con un pequeño bar en el Upper Eastside que se veía bastante fino. Entró y se sentó en la orilla de la barra, ordenando un martini y quedó perdido en sus pensamientos nuevamente. Recordó el momento en que se había enterado de lo que le había pasado a Alec y se estremeció. En ese momento no había pensado en nada más que hacer feliz a ese pobre y roto Nefilim. Había decidido hacer todo lo que estuviera a su alcance para que Alec mejorara y fuera feliz.
-Aquí tiene, joven- dijo el hombre detrás de la barra, entregando dos martinis a Magnus.
-Yo solo ordené uno- le dijo el Brujo rápidamente.
-Se lo envían de aquella mesa- respondió el mesero, señalando una mesa al final del local. El Brujo se giró y vio a un hombre muy guapo y vestido en traje alzar su propio martini en su dirección a modo de saludo. Era un hombre de unos treinta y muchos, sexy y confiado. Seguramente veía en Magnus una potencial joven pareja de una noche. El Brujo suspiró recordando viejos tiempos y no pudo evitar sonreír. No sonreía por todas esas noches de locura que había vivido antes de conocer a Alec. Sino porque se dio cuenta que todas las noches y fiestas locas que había tenido en su vida, no se comparaban a pasar un solo minuto con Alec. Magnus le sonrió al hombre, pero levantó su mano izquierda, poniendo un rápido hechizo para que uno de sus anillos luciera como un anillo de bodas, y lo señaló claramente. El hombre hizo una mueca y asintió entendiendo el mensaje. El celular de Magnus vibró en ese momento, distrayéndolo.
"Jace no está" fue el corto mensaje que el ojiazul le había enviado. Magnus soltó una risita.
"Espéralo en su habitación" respondió rápidamente, antes de que Alec pudiera huir.
"Tal vez es una señal, una señal de que no tengo por qué decirle nada" decía la respuesta.
"Alexander, quédate esperándolo" esperó respuesta pero esta no llegó, así que envió un segundo mensaje, "No me hagas llamar a tu hermana para que te acorrale ahí".
"Aquí estoy esperando" fue la respuesta inmediata.
"Bien, quédate tranquilo. Ya verás que todo sale bien y seguro te sentirás mejor" escribió el Brujo. Pero la única respuesta que obtuvo fue un emoticón de una mano con el pulgar hacia arriba, él respondió con un emoticón de un beso. No obtuvo respuesta, pero pudo imaginar a Alec sonrojándose al ver la carita.
Sonrió sin poder evitarlo, su ojiazul era completamente adorable y cedía a muchos de sus caprichos. Alec siempre se esforzaba por hacer las cosas que a él le gustaban, ir a fiestas, de compras, ver los programas de televisión que se le hacían ridículos. El chico de verdad quería hacerlo feliz, tanto como Magnus lo quería para él. Suspiró profundamente antes de darle un trago a su bebida. Apoyar a Alec no era fácil, pero estaba dispuesto a eso y más por su Nefilim.
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Jace caminó lentamente hacia su habitación. Esa noche había sido dura. Había salido junto con John de caza, una noche de rubios. Y para su rubia suerte habían dado con el nido de una muy malhumorada mamá demonio con un nido repleto de babosas larvas. No había sido nada bonito acabar con tanta baba. Soltó un suspiro pensando en ducharse y meterse en la cama, pero su Parabatai tenía otros planes. Al abrir la puerta de su habitación, Jace se encontró con Alec, sentado en su cama mirando la pantalla de su celular.
-Hola- saludó el rubio, deteniéndose en la entrada, extrañado.
-Hola- respondió Alec, dando una pequeña patada a la bolsa al pie de la cama. Jace se dio cuenta que era una bolsa de licorería.
-Cerveza?- preguntó, mirando a su Parabatai. Alec simplemente alzó las cejas. El rubio tuvo un sentimiento de Deja Vu al recordar la última vez que Alec le había invitado cervezas, solo ellos dos solos- a donde vamos?
-A bailar break dance- sonrió Alec, Jace soltó una risita y dejó su cinturón de armas en el suelo junto a la puerta.
-Solo deja me quito lo baboso del cuerpo- le dijo el menor, yendo rápidamente hacia el baño.
-Unos tres días?- bromeó Alec. Un guante baboso salió disparado en su dirección y logró esquivarla, riendo.
Después de un baño rápido, Jace se vistió nuevamente y ambos salieron de la habitación. Caminaron en silencio por las calles de la ciudad hasta llegar al edificio abandonado frente al East River. Alec caminó con cuidado, hacía mucho que no se paraba en se lugar. Llegaron al mismo balcón en el que habían estado la vez pasada y Jace se lanzó al suelo, sentándose con los pies colgando hacia el vacío. Alec puso la cerveza entre ellos y se sentó igual que su Parabatai.
-Debiste traer más cerveza- se quejó Jace tomando la lata que le tendía Alec- tengo ganas de beber.
-Bien- Alec escribió rápidamente en su celular, y a los pocos segundos una llamarada azul dejó detrás de ellos una hielera repleta de cerveza fría.
-Vaya, a esto yo llamo eficiencia- dijo Jace, examinando el contenido- crees que...
-Si le mandas un mensaje de texto pidiéndole algo a Magnus te va a convertir en lagartija- interrumpió Alec.
-Sí, eso pensé- dijo Jace asintiendo. Ambos dieron un trago a su cerveza- entonces, a que se debe el honor a que bebas alcohol?
-Quería... quería hablar contigo- dijo Alec, bajando la mirada. Jace se sorprendió, pero guardó la compostura.
-Bien, siempre estoy para escucharte, ya sabes- le dijo Jace con seguridad. Alec se mordió el labio antes de soltar un suspiro.
-Llevo semanas... erm... llevo un par de semanas asistiendo a unas reuniones- comenzó a explicar Alec, sin saber muy bien por dónde empezar.
-Reuniones?- preguntó Jace, confundido.
-Sí, son... son reuniones de ayuda, para chicos como yo- respondió Alec- quiero decir, que sufrieron lo mismo que yo.
-Oh- fue todo lo que dijo Jace, sorprendiéndose en verdad.
-Se llama RANA, Red de Ayuda a Niños Abusados- siguió el ojiazul con la explicación- asisto una vez por semana, solo a escuchar y, ya sabes, a tomar uno que otro consejo de chicos que pasaron por lo que yo y también están intentando superarlo.
-Vaya, eso... eso es genial, Alec- dijo Jace, en verdad sorprendido porque su hermano al fin había aceptado ayuda profesional.
-Me ha ayudado, en verdad que si- dijo el mayor con una pequeña sonrisa- tengo una libreta que me ayuda a desahogar mis ideas. Conocía un chico, Shou.
-Chu?- preguntó Jace, haciendo sonido de estornudo.
-Shou- lo corrigió Alec, mirándolo con ojos entrecerrados- es un chico que pasó por lo mismo, y también es gay. Y es tan lindo, Jace, es alegre y cariñoso. Es todo lo contrario a mí. No entiendo cómo puede sonreír tanto a pesar de lo que sufrió. Pensé que yo no podría nunca ser cariñoso debido a que no tolero el contacto físico, pero Shou me muestra que es diferente, tal vez pueda cambiar y ser alegre también si sigo asistiendo a las reuniones como él.
-Siendo honestos, Alec, tu nunca fuiste alegre ni cariñoso. Más bien nerd y mandón- dijo Jace, recordando sus días en el Instituto, atormentando a un serio Alec obligándolo a romper las reglas. El ojiazul le soltó un manotazo.
-Cállate, estaba demasiado ocupado salvando tu trasero todo el tiempo como para ser alegre- lo culpó con una sonrisa. Jace soltó una risita y terminó su primera cerveza.
-Entonces, seguirás yendo a las reuniones?- le preguntó el rubio mientras le tendía una segunda cerveza también a él.
-Sí, me han dado muchos consejos que seguir- respondió el mayor, dándole un trago a su cerveza.
-Es por eso que decidiste hablar conmigo hoy?- preguntó Jace, mirándolo. Alec se estremeció, ya llegaba el momento que había intentado evitar por tanto tiempo.
-La reunión pasada, escuché a una chica decir algo que me hizo recordar...- comenzó Alec, bebió toda su cerveza de golpe para tomar un poco de valor- y hablé con Shou al respecto, piensa que me... que me ayudará si te...
-Alec- dijo Jace suavemente, tomando la mano de su Parabatai. Hasta ese momento, el ojiazul no se había dado cuenta que había comenzado a temblar- está bien, puedes decirme lo que sea.
Alec respiró profundamente y tomó otra cerveza. Eso resultaba mas difícil de lo que pensaba. Se pateó mentalmente, regañándose. Jace ya sabía que era gay, había sabido lo que le había pasado en Islandia desde el principio, sabía que amaba a Magnus, por qué algo tan insignificante como confesar un encaprichamiento infantil le causaba tanto problema. Oh si, era porque esa había sido la principal razón de toda su tortura.
-Cuando vivíamos en el Instituto en Idris, cuando tenía trece años, un poco después de nuestra ceremonia Parabatai, de hecho. Comencé a darme cuenta... de que era diferente- comenzó a hablar Alec con cuidado.
-Diferente?- Jace sabía que Alec siempre necesitaba esos pequeños empujoncitos para hablar, una pregunta o una palabra de aliento lo ayudaban a soltarse.
-Comencé a... a notar que mis gustos eran diferentes- aclaró el ojiazul, sin mirarlo.
-Que te gustaban los chicos- dijo Jace, ayudándolo. Alec se estremeció y asintió con la cabeza.
-No... no solo los chicos en general- siguió Alec, comenzando a hacer un poco más grande un agujero en la rodilla de su pantalón, nervioso.
-Como?- preguntó el rubio, sin entender. El ojiazul soltó un suspiro entrecortado y miró a Jace.
-Me... me gustaba alguien y... yo...- por qué era tan difícil decírselo a Jace? El rubio lo miraba fijamente, poniéndole toda la atención. Suspiró nuevamente, cerrando los ojos para calmarse- me... me gustabas, Jace- soltó en voz baja, sin atreverse a mirar a su Parabatai- fuiste el primer chico en el que me fijé y... fue por eso que me di cuenta que no me gustaban las chicas- Jace lo miraba, inexpresivo y en silencio- fue... fue por eso... Valentine se dio cuenta y... convenció a mis padres de enviarme a Islandia.
-Te enviaron a Islandia porque Valentine vio que yo te gustaba?- preguntó Jace, sintiendo que el pecho se le comprimía con una sensación de culpa que no tenía sentido.
-Valentine no se lo dijo a mis padres, él... él usó a Oliver para... quiero decir...
-Ese idiota planeó todo para ponerte en evidencia ante Maryse y Robert?!- saltó Jace, toda la culpa siendo reemplazada por una furia incontenible.
-Jace, eso no importa ya, no le voy a dedicar ni un pensamiento mas al idiota de Oliver nunca más. Y Valentine será idiota, pero al final se arrepintió de lo que había causado y me brindó ayuda- le dijo Alec firmemente- no quiero decir que lo perdone, pero no tiene caso seguir con rencor hacia él- explicó el ojiazul- el punto es que en ese tiempo tu me gustabas y... siento que a partir de eso toda mi vida se volvió un torbellino y mis sentimientos se volvieron confusos.
-Alec, yo lo...
-No! Jace no fue tu culpa! Nunca nada ha sido tu culpa- se apresuró a decir Alec al ver que el menor estaba por disculparse- tu nunca hiciste nada para gustarme, fui yo... yo fui el que tomó la decisión de que me gustaras. Es por eso que siempre pensé que lo que me había pasado era mi culpa.
-No fue tu culpa, Alec- le dijo firmemente el rubio.
-Lo sé, ahora lo sé- le dijo el ojiazul- sé que mis sentimientos no eran malos, que no estaba cometiendo un error, que... era algo normal y que no merecía que me pasara nada de lo que me pasó.
-Todo eso te lo hizo entender tu nuevo amigo Ashú?- preguntó Jace, sintiendo una punzada de envidia hacia el nuevo amigo de Alec.
-Las reuniones me han servido- explicó el mayor- todos los que pasaron por situaciones similares a la mía, cuentan sus experiencias, y estas me han hecho entender... me han enseñado que pudo haberle pasado a cualquier otro- Jace sintió que la envidia desaparecía. No tenía sentido molestarse cuando había dado como resultado ese gran avance positivo en Alec- solo... solo quería decírtelo por que... creo que mereces saberlo. Creo que es lo correcto. Y porque Shou me convenció de que los secretos no eran buenos cuando intentamos recuperarnos de... bueno ya sabes...
Jace miró a su Parabatai fijamente, pensando en las palabras que había dicho y en lo mucho que le habría costado decírselas. Se quedaron en silencio un par de minutos. Un par de lagrimas silenciosas bajaban por las mejillas de Alec. Podía sentir la penetrante mirada del rubio en él, pero no se atrevía a mirarlo. Jace suspiró profundamente y estiro una mano, limpiando suavemente una lagrima de la mejilla de Alec, sorprendiéndolo y haciendo que lo mirara.
-Lo sabía- Alec abrió los ojos como platos ante las palabras de su Parabatai.
-Qué?- preguntó el ojiazul, incrédulo.
-Lo sabía, Alec- repitió el rubio, mirándolo a los ojos.
-Sa... sabías que... que me gustabas?- preguntó Alec, algo asustado.
-Tal vez no en un principio, pero cuando descubrí tu relación con Oliver puse todas las piezas en su lugar- explicó Jace- podía ver el modo en que me mirabas cuando pensabas que no te estaba viendo.
-Lo sabías y... nunca dijiste nada?- preguntó el mayor, mirando fijamente a su Parabatai.
-Que iba a decir? Y a quien?- preguntó Jace, encogiéndose de hombros- siempre que tenía un buen chisme, tú eras la única persona a la que se lo contaba- dijo como broma, pero Alec no rió, estaba demasiado sorprendido- Alec, siempre pensé lo mismo, mi sexualidad no es mejor o peor que la tuya, ser gay está bien. Pero también sabía que la sociedad era la que estaba mal, y nunca lastimaría a mi Parabatai exponiéndolo de esa manera.
-Lo sé, pero...
-Admito que hubo un tiempo en el que estuve a punto de gritarte en la cara- siguió el rubio, sin dejarlo interrumpir- hubo un par de meses, un poco después de que empecé a darme cuenta de tus miradas. Siempre que te descubría mirándome, pegabas un brinco, como si te hubiera atrapado haciendo algo malo. Luego comenzaste a evitarme.
-Intentaba...
-Sé lo que intentabas hacer, Alec- le dijo el menor- pero yo no podía soportarlo. Estuve cerca de confrontarte en varias ocasiones. Soy egoísta, no podría sobrevivir sin mi hermano, mi Parabatai. Quería dejarte en claro que no podrías deshacerte de mi. Soy como un parasito.
-Más bien como un simbionte- dijo el ojiazul.
-Un qué?- preguntó Jace, confundido.
-Simbiontes son organismos que tienen una relación mutuamente beneficiosa- explicó Alec rápidamente. El rubio lo miró con confusión.
-Por el Ángel, pero que nerd eres- le dijo el menor, Alec soltó un manotazo en su dirección.
-Mejor dejémoslo en Parabatai- dijo el ojiazul, Jace asintió, dándole otro trago a su cerveza.
-Escucha, no puedo ni siquiera empezar a entender lo difícil que fue para ti. Es injusto que yo pudiera desarrollar y expresar mi sexualidad libremente, sin sentir miedo o ansiedad por ello, y tu no pudiste hacerlo- dijo Jace, sorprendiendo a Alec con sus palabras- yo te gustaba entonces. No me importa, Alec. Nada de esto cambia el cómo me siento por ti. Lo importante que eres en mi vida- los ojos de Alec se llenaron de lagrimas una vez más. Ambos quedaron en silencio, abriendo otra cerveza. Ninguno habló por un par de largos minutos.
-Muchas gracias, Jace- dijo Alec sin mirarlo, sonrojándose un poco- gracias por escucharme y entenderme.
-Somos Parabatai, siempre estaremos aquí el uno para el otro- le dijo el rubio, dándole un par de palmadas en la espalda.
-Lo sé- sonrió Alec, mirándolo. Jace respondió con otra sonrisa.
-Lo que yo quiero saber es por qué tenemos que estar el uno para el otro en un lugar tan tétrico?- preguntó Jace, señalando el edificio abandonado- quiero decir, a estas horas no hay nadie en Central Park, o a la orilla del rio. Es mas cómodo y bonito para hablar.
-Hay una hermosa vista de Queens aquí- defendió el ojiazul, soltando una risita.
-Como diste con este lugar, de todos modos?- preguntó Jace, empinándose su cerveza. La sonrisa de Alec decayó y el rubio se arrepintió de haber preguntado. Quedaron en silencio unos segundos, hasta que Alec habló nuevamente.
-Un día... el día que asistimos a Pandemónium por primera vez, lo recuerdas?- preguntó Alec, mirando a su Parabatai.
-Que si lo recuerdo? Te fuiste en mitad de la fiesta!- se quejó Jace, recordando que Alec se había ido al Instituto temprano. Lo había dejado pasar ya que era la primera vez que su Parabatai estaba en un club, tantas personas pegándose unas con las otras en el reducido espacio, lo entendió.
-Esa noche tuve una pesadilla y vine aquí por primera vez- explicó el mayor, dándole un trago a su cerveza. Jace sintió que se le revolvía el estomago.
-Alec, lo lamento, no debí presionarte a salir, yo...
-No fue eso- lo interrumpió el ojiazul- me la estaba pasando bien con ustedes. A pesar de que tenía la obligación de cuidarlos en su embriaguez- le explicó, Jace lo miró fijamente- esa noche, un chico desde la barra no dejaba de mirarme.
-No me di cuenta- dijo Jace, preocupándose rápidamente- que pasó? Te hizo algo?
-No, Jace, el Mundano simplemente me miraba y me sonreía- respondió Alec- estaba coqueteando conmigo y yo estaba aterrado de... de sentirme emocionado porque...- suspiró y Jace le tomó la mano para darle a entender que lo entendía- intenté ignorarlo, pero a cada momento mi mirada iba hacia él. Y entonces, mientras yo lo miraba y él me guiñaba un ojo, tu saltaste encima mío- siguió el ojiazul. Jace no recordaba los detalles de esa noche, pero aparentemente había sido importante para Alec- me asusté tanto, temía que notaras lo emocionado que estaba porque un chico me... entré en pánico y fue cuando salí de ahí.
-Dijiste que irías al baño y nunca volviste- dijo Jace.
-Estaba tan asustado, pensaba que te habías dado cuenta- continuó Alec- intenté calmarme, ignorarlo y dormir. Pero no pude, tuve una pesadilla y... las dagas no me ayudaron. No me había fijado en chicos en tanto tiempo, estaba volviendo a cometer el error que me había llevado a Islandia.
-Alec...
-Salí del Instituto en la madrugada y me encontré con este edificio viejo- siguió Alec, sin dejar que Jace lo interrumpiera- todo era tan silencioso y pacifico. Llegue hasta acá arriba y contemplé la ciudad. Me paré a la orilla del balcón, pensando seriamente en saltar- confesó Alec, mirando hacia abajo, eran cerca de seis pisos de altura. Jace sintió que una mano congelada apretaba su corazón. Quiso tomar a Alec y alejarlo de ese lugar, protegerlo. Aferró la lata de cerveza en su mano, obligándose a calmarse mientras escuchaba las palabras del mayor- no lo hice, quiero decir, es obvio que no. Solo encendí fuego y vi las llamas danzar. Y luego... esto...
-Dijiste que alguien te quemo accidentalmente con un cigarrillo en Pandemónium!- saltó Jace cuando Alec le mostro la cicatriz en su mano izquierda. Recordaba al ojiazul bajar a desayunar al día siguiente con una venda en la mano, cubriendo una pequeña quemadura en el dorso de su mano.
-Puse una de mis dagas al fuego hasta que quedó al rojo vivo- explicó Alec, Jace sintió que su corazón le dolía- tenía que intentar otra cosa, las cortaduras no me ayudaron esa noche.
-Pero que...
-No lo volví a hacer- lo interrumpió Alec- era mucho más complicado esconder una quemadura que un corte.
-Por el Ángel, Alec- murmuró Jace, cerrando los ojos con dolor.
-Jace, te juro que nunca volveré a hacer nada como eso- le dijo Alec seriamente, girándose un poco para mirar de frente a su Parabatai. Jace lo miró fijamente- jamás volveré a lastimarme yo mismo.
-Créeme, no te dejaré hacerlo así tenga que encadenarme a ti- sentenció Jace. El ojiazul lo miró, sonriendo.
Se quedaron en ese lugar, hablando de todo un poco. Alec sentía como si un enorme peso se le hubiese quitado de encima. No había pensado que confesarle algo tan simple a Jace lo ayudara tanto. Se alegraba tanto de haber logrado sacarlo, de que su Parabatai fuera tan comprensivo, de que todo saliera bien, justo como Magnus había prometido. Miró a su alrededor, viendo el viejo edificio que se alzaba detrás. Tantas noches solitarias, tantos recuerdos dolorosos. Suspiró mientras tomaba la nueva cerveza que le tendía Jace, jurándose a si mismo nunca regresar a ese lugar.
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Alec entró en el departamento arrastrando los pies. Resulta que la hielera repleta de cerveza que les había enviado Magnus estaba hechizada. Por más que tomaran cervezas de ella, estas no se terminaban, así que no se habían dado cuenta de la cantidad de alcohol que bebían. Terminaron bebiendo hasta el amanecer. Lo bueno era que a esas horas el metro ya estaba funcionando, así que pudo llegar a Brooklyn sin problemas. Soltó un gemido de dolor al sentir su cabeza punzarle. No había dormido para nada y estaba seguro que aun seguía ebrio.
-En donde esta?- preguntó una voz detrás de él, sorprendiéndolo. Había olvidado por completo que Jace lo había seguido.
-Erm...
-La poción! Vamos, Alec, me estoy muriendo- se quejó el rubio, poniendo una mano sobre su cabeza.
-Oh, sí, cierto- ahora recordaba que le había dicho a su Parabatai que Magnus bebía pociones para quitarse la resaca. Se dirigió a la cocina, a la alacena de pociones de Magnus. Escuchó un golpe sordo y miró hacia la sala, donde Jace había caído boca abajo sobre uno de los sillones. Suspiró y abrió la alacena, encendiendo la luz, pero antes de poder entrar, un escalofrío lo recorrió. Recordó su anterior experiencia en esa pequeña alacena y cerró la puerta rápidamente. Tal vez era mejor pedirle la poción a Magnus.
-Aleeeeeec, me muero. Te quedas sin Parabatai- se quejó Jace con voz amortiguada, su rostro estaba enterrado en los cojines.
-Ya voy- murmuró el ojiazul, caminando tambaleante hacia la habitación. Debían ser cuando mucho las 7 de la mañana, Magnus estaba más que muerto a esas horas. Abrió la puerta sin cuidado y vio el bulto que formaba el cuerpo de Magnus bajo las mantas de la cama. Respiró profundamente antes de ir hacia la cama y recostarse al lado de su novio, abrazándolo fuertemente por encima de las mantas- Mags...
-Mmm...- fue toda la respuesta que obtuvo. Alec sacudió al Brujo suavemente, pero eso solo apreció arrullarlo mas, así que aumentó la fuerza a la sacudida.
-Magnus- lo llamó, pero el Subterráneo solo se acurrucó mas junto a él. Alec soltó un suspiro y sacudió bruscamente el cuerpo de su novio- Magnus!
-No...- murmuró el Brujo sin mostrar seña de querer despertar. Alec bufó y miró el bronceado rostro. Se acercó a él y lo besó en los labios. Magnus se removió, pero Alec no se separó, se quedó pegando sus labios a los de Magnus, mirándolo para detectar cualquier señal de vida. A los pocos segundos, los ojos de gato se entre abrieron y Alec sonrió, había logrado despertar a su bello durmiente- cariño?
-Hola- dijo Alec, sonriendo ante la adormilada voz de su novio.
-Por Lilith, hueles a bar de Queens a las 4 de la mañana- rió Magnus cuando el aliento de Alec le golpeó el rostro.
-Tu culpa- murmuró el Nefilim, moviéndose para abrazarlo contra su pecho.
-Qué hora es?- preguntó Magnus acurrucándose nuevamente.
-Las siete- respondió el chico soltando un suspiro. Magnus levantó la mirada, indignado.
-Alexander, como te atreves...
-Mi cabeza me está matando, Magnus- interrumpió la queja del Brujo.
-Aaww, mi pobre ángel tiene resaca?- preguntó el ojos de gato, acariciándole el cabello.
-Creo que sigo ebrio- corrigió el ojiazul y Magnus soltó una risita, abrazándolo cariñosamente.
-Alec!- escucharon un grito lastimero a lo lejos.
-Y eso?- preguntó Magnus, levantando un poco la cabeza.
-Jace está en la sala- respondió Alec sin abrir los ojos.
-Que hace Jace en mi sala?- preguntó el Brujo, confundido.
-Somos Parabatai, si mi cabeza me duele, entonces a él también- explicó Alec acomodándose mejor sobre la almohada.
-Y el que compitieran a ver a quien le daba coma etílico mas rápido anoche no tiene nada que ver?- preguntó Magnus, enderezándose para ir por las pociones.
-Nos diste una hielera con cervezas interminables- lo culpó el Nefilim y Magnus rodó los ojos.
-No es mi culpa que no se controlen- aclaró el Brujo, poniéndose de pie y yendo hacia la alacena de pociones. En el camino vio a Jace, boca abajo en el sillón de tres plazas, completamente inmóvil y con Presidente Miau sentado sobre su cabeza. Negó soltando una risa, había sido buena idea enviarles esa hielera. Escuchó a Alec correr al baño rápidamente y después al pobre chico vomitar, tal vez no había sido tan buena idea. Tomó dos frasquitos de pociones y le llevó una a Jace- anda Herondale, revive.
-Nunca, jamás volveré a beber alcohol aparecido por ti- se quejó Jace, tomando el frasco y empinándoselo como pudo, aun recostado en el sillón y con Presidente en su cabeza. Magnus rió y fue hacia la habitación, Alec ya regresaba del baño, sosteniendo su cabeza entre sus manos y gimiendo lastimeramente.
-Oh, mi pobre Nefilim estúpido que no sabe beber- dijo Magnus con voz chiqueona, tendiéndole la poción a Alec.
-Ya no vuelvo a beber, nunca- juró Alec, tomando el frasquito y bebiendo el contenido rápidamente. Magnus soltó una risita y se lanzó a la cama nuevamente.
-Tranquilo, cariño, la poción te hará sentir mejor- le dijo abriendo los brazos como invitación para que se recostara junto a él, Alec obedeció rápidamente.
-No dormí nada- se quejó el ojiazul, abrazándolo y cerrando los ojos.
-Y a mí me despertaste de madrugada, así que vuelvo a dormir- ambos se acurrucaron en la cama, abrazándose- por cierto, todo fue bien?
-Sip, me siento mucho mejor- respondió Alec, soltando un suspiro contento.
-Me alegro- dijo Magnus, abrazándose al chico y cerrando los ojos para dormir.
-Buenas no... erm... días- murmuró Alec, cerrando los ojos también. Magnus soltó una risita, ocultando el rostro en el pecho de su novio. Sonrió inconscientemente al toparse con el inusual aroma a alcohol combinado con el sándalo, pero no le molestaba. Suspiró y se acomodó para dormir, lo cual no pudo hacer. Un enorme peso cayó sobre los dos, sobresaltando a Magnus y despertando a Alec.
-Oye!- se quejó el Brujo, moviéndose para quitarse el cuerpo de encima. Jace se había lanzado a la cama sin cuidado alguno. Magnus gruñó, molesto y se puso de pie- que demonios te...
Un par de ronquidos le indicaron que ambos Nefilim estaban completamente dormidos ahora. Los miró incrédulo y estuvo a punto de chasquear los dedos y enviar a Jace directito a la cama de Jocelyn y Luke, pero Presidente Miau llegó en ese momento, volviendo a tomar su lugar sobre la cabeza de Jace. El Brujo soltó un suspiro, mirando a los Parabatai dormir. Ese día, Alec había hecho un gran avance al hablar con Jace, suponía que su vinculo estaba más unido que nunca, cedería a Alec solo esa vez. Después de hacer una nota mental sobre pensar en su venganza contra el rubio, salió de la habitación y se dirigió a la habitación de invitados.
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Dos semanas después de haber hablado con Jace, Alec se sentía sumamente bien. La plática le había servido de mucho, saber que Jace no lo culpaba, que no se sentía incomodo con él, era la mejor respuesta que podría haber obtenido. Su Parabatai lo había alentado a seguir asistiendo a las reuniones, a seguir hablando, seguir tratando de superarse. Y así lo había hecho. Asistía cada semana a las reuniones de RANA y salía con Shou a comer o por un café. Se sentía mucho mejor y tomaba pequeños tips que le ayudaban a pensar cada vez menos y menos en esos horribles días en Islandia.
Magnus, por otro lado, comenzaba a frustrarse de verdad. Alec se notaba mucho más relajado ahora que estaba abierto a recibir ayuda. Sin embargo, no importaba cuantos tips le diera Linda o cuantas platicas tuviera con Shou, Alec seguía terco en no querer intentar tener sexo. Magnus había intentado explicarle en varias ocasiones que no lo lastimaba, pero el chico simplemente se cerraba a toda explicación y se negaba a intentarlo. No se había rendido a convencerlo, eso nunca. Pero... tenía que armarse de paciencia.
Ese había sido un día de lo más tranquilo. El ojiazul había tenido día libre de sus labores en el Instituto, y Magnus se había dedicado a hacer pociones, así que estuvieron todo el día en casa. El Brujo había preparado chocolate caliente en uno de sus calderos, y le había quedado demasiado delicioso. Sospechaba que era debido a que había puesto accidentalmente un ingrediente de alguna de las pociones en el chocolate. No volvería a preparar tres pociones y chocolate caliente al mismo tiempo. Pero sabía bien, así que no se preocupó. Sirvió dos tazas de chocolate caliente y añadió un par de malvaviscos pequeños a cada uno. Sonrió feliz y fue hacia el balcón, donde Alec llevaba sentado desde la tarde.
-Cariño, no tienes frio acá afuera?- preguntó Magnus saliendo al balcón.
-Miau- respondió Presidente Miau, estaba acurrucado sobre una manta en la mesa.
-No te pregunté a ti, ladrón- le dijo Magnus. Presidente había robado esa manta de la sala. El gato lo miró como diciendo "Lo mío es mío y lo tuyo también es mío"- mimado- soltó Magnus antes de dirigirse nuevamente hacia su novio, pero su reflejo en los enormes cristales lo distrajeron- no me había dado cuenta de que los nuevos cristales me hacen lucir más delgado- dijo Magnus mirando su reflejo en los nuevos ventanales espejo que había puesto en el balcón- hola, guapo- se dijo a sí mismo- que te parece mi barba, amor? Aun no está justo como quiero, pero va creciendo, que tal?
-Miau- fue toda la respuesta que obtuvo, y por parte del gato.
-Pero que grosero- se quejó Magnus, mirándolo con ojos entrecerrados- debí adoptar a Shou y echarte a la calle.
-Miau- respondió el gato, bostezando y volviendo a dormir, sabiendo perfectamente que Magnus nunca lo cambiaría por otra mascota. El Brujo rodó los ojos y se giró hacia su novio.
-Hice chocolate caliente- dijo alegremente, levantando las dos tazas en sus manos, orgulloso, pero Alec no lo notó- cariño?
-Eh?- Alec lo miró como si acabara de darse cuenta que había llegado junto a él. Magnus se dio cuenta entonces que el chico sostenía su libreta en las manos.
-Oh, lo siento, no sabía que...
-No, no estoy escribiendo- dijo el ojiazul rápidamente.
-Todo bien?- preguntó el Subterráneo, acercándose lentamente.
-Si... recuerdas lo que dijeron en la reunión pasada? Lo que dijo Linda?- preguntó Alec, mirando la portada de la libreta.
-Linda dice muchas cosas- le dijo Magnus, poniendo la taza de Alec junto a él.
-Sobre lo de quemar las hojas- explicó Alec, hojeando su libreta.
-Si, dijo que no era necesario, pero si quieres intentarlo está bien- dijo Magnus, sentándose al lado de Alec.
-Que funciona, como para cerrar ese ciclo- murmuró el menor.
-Quemar una de las hojas puede ayudarte, es como si quemaras un recuerdo- le dijo Magnus suavemente.
-Estuve pensando, que hoja me gustaría quemar- dijo Alec, buscando la pagina que quería.
-Y ya tienes una?- preguntó el Subterráneo, dando un trago a su chocolate.
-Si- fue todo lo que respondió el menor, observando la hoja indicada fijamente.
-Quieres quemarla?- le preguntó Magnus después de unos momentos de silencio.
-Supongo...- murmuró Alec sin estar muy seguro.
-Alec, no es solo lanzarla al fuego- le dijo Magnus al ver que el chico no estaba convencido- tienes que pensar que esto en verdad te va a ayudar. Sé que quemar la hoja de papel es solo simbólico, pero no tiene que serlo en tu cabeza.
-No puedo quemar el recuerdo en mi cabeza de verdad- dijo Alec, dudando que quemar una página le ayudara.
-No, pero puedes intentar superarlo de esta manera- le dijo Magnus suavemente- todo lo que has mejorado ha sido gracias a ti.
-Tú...
-Yo solo estoy aquí para apoyarte, Alec- lo interrumpió- yo no puedo hacer que los recuerdos se vayan, no puedo quitarte el dolor, eso lo haces tú. Yo, al igual que la hoja al fuego, solo te ayudo en lo que puedo.
Alec se quedó en silencio, pensando en las palabras de su novio. Magnus tenía razón, no había receta secreta para poder superar sus problemas, él tenía que hacerlo. Pero no tenía porque hacerlo solo. Miró al Brujo y asintió con la cabeza. Magnus entendió, chasqueó los dedos y una pequeña y moderna hoguera apareció frente a ellos. Alec soltó un profundo suspiro antes de arrancar la hoja de la libreta. En esa hoja había escrito como se había sentido cuando Aldergold había tomado la primera foto durante el "tratamiento". Había estado tan asustado, en ese momento supo que Aldergold podía usarlas en su contra si se atrevía a decir algo una vez que saliera de esa prisión.
-La primera vez que Aldergold llevó una cámara a mi habitación- comenzó a hablar Alec, sorprendiendo al Brujo- estaba tan avergonzado. Temí que le mostrara las fotos a mis padres, o peor, a mis hermanos y a Jace. Dijo que era para mantener un record del... tratamiento.
Magnus observó en silencio a Alec mirar fijamente la llama frente a ellos mientras aferraba la hoja en su mano, arrugándola sin darse cuenta. Se quedaron en silencio un par de minutos, el Subterráneo no quería presionarlo. Después de un rato de arrugar y desarrugar la hoja, Alec soltó un suspiro y lanzó la hoja al fuego, observando cómo se consumía rápidamente. Magnus tomó la pálida mano de su novio entre las suyas, apretándola para dale apoyo. Alec entrelazó sus dedos con los de Magnus, agradeciéndole en silencio.
Se quedaron así un buen rato, incluso después de que la hoja quedara hecha solo cenizas. El Brujo no podía dejar de pensar en lo que había dicho Alec. Aldergold le había tomado fotografías. Sintió una enorme furia crecer en su pecho, respiró profundamente para calmarse. Ese hombre enfermo había torturado a Alec en todo modo que a su retorcido cerebro se le había ocurrido. No quería ni pensar en lo que contenían esas fotos, todo el sufrimiento de Alec había quedado capturado en imagen. Sintió que se le revolvía el estomago al pensarlo. Su corazón dio un salto al horrorizarse ante la posibilidad de que alguien pudiera ver esas terribles cosas. Miró a su novio, preocupado, y habló lentamente.
-Alec, esas fotos...
-Las destruí- respondió Alec sin dejar que Magnus terminara la pregunta. El Brujo respiró aliviado- hace meses, Jace me ayudó.
-Eso es bueno- le dijo el Subterráneo, acariciando su mano.
-Las recuperé cuando enfrenté a Aldergold con mis dagas- explicó Alec, se notaba un poco más tranquilo- el idiota regresó a Reikiavik por ellas.
-Era un desgraciado- murmuró Magnus sin poder contenerse, Alec le dio un apretón a su mano.
-Ya no está, y las fotos tampoco, es lo importante- dijo el ojiazul en voz baja.
-Y tampoco esa hoja- le dijo el Brujo- como te sientes?
-La verdad? Siento como si me quitaron un poco de peso de encima- respondió el chico con una pequeña sonrisa. Magnus sonrió también.
-Lo ves? Oh, me alegro tanto- dijo el Brujo, abrazando a su novio fuertemente. Alec lo abrazó también , sin dejar de sonreír. Se quedaron frente al fuego otro rato, disfrutando el calor que emitía. Terminaron sus chocolates y Alec bostezó sonoramente, Magnus miró la hora y bufó.
-Creo que es mejor que vayamos a dormir- dijo el Brujo, mirando que eran las once de la noche.
-Usualmente no duermes sino hasta media noche- le dijo Alec, mirándolo con una ceja alzada.
-Mañana tengo trabajo temprano- se quejó Magnus, poniéndose de pie perezosamente.
-Temprano es...
-A las 9 de la madrugada, Alexander!- Alec contuvo la risa a duras penas- calla! La cita es hasta el Bronx, así que tengo que salir de aquí al menos a las 8.
-O puedes hacer un portal e irte a las 9- propuso el Nefilim, poniéndose de pie y siguiendo a su novio dentro del departamento.
-Oh no, no puedo hacer un portal a esas horas, estaré demasiado dormido, terminaría yéndome a Kazajistán o algo así- dijo Magnus, negando con la cabeza. Alec soltó una risita.
-Y en el metro si podrás?- le preguntó, tendría que cambiar de línea dos veces si quería llegar al Bronx.
-Pensé que me llevarías- pidió Magnus, mirando con ojos de gatito bajo la lluvia, abrazándolo por el cuello.
-Acompañarte a una cita de trabajo?- preguntó Alec, sorprendido.
-No precisamente, la línea que te deja al Instituto me lleva directo al Bronx- explicó el Brujo- serás mi guía despierto.
-De acuerdo, te llevaré- rió Alec, podría ir a desayunar con su familia.
-Gracias- sonrió Magnus uniendo sus labios en un beso.
-Mmm...- murmuró Alec, separándose.
-Que sucede?- preguntó Magnus al sentir que Alec se alejaba de él.
-Raspas- fue la respuesta del menor, tocando su labio superior.
-Piensas igual que Presidente Miau?- preguntó alzando una ceja- no te gusta mi barba?
-Nunca te dejas barba- dijo Alec encogiéndose de hombros. Magnus se dio cuenta de la evasiva a su pregunta.
-Pues lucir desaliñado está de moda- dijo el Brujo mirándose en el espejo más cercano, acariciando los vellos en su rostro.
-Magnus, estoy seguro que ni cuando naciste lucias desaliñado- le dijo Alec alzando una ceja.
-Bueno, sí, es verdad- dijo el Subterráneo altaneramente, dándose una vuelta para que su novio lo admirara- pero yo siempre mantengo la mente abierta a otras opciones.
-No deberías lucir desaliñado para el trabajo- le dijo Alec fingiendo seriedad.
-Bah, mientras mi magia sirva a nadie le importa como luzco- dijo Magnus quitándole importancia con un movimiento de la mano.
-Y aun así todos los días tardas dos horas maquillan...
-Podríamos intentarlo juntos!- lo interrumpió rápidamente, colgándosele del cuello- que dices? Nos dejamos barba?
-Yo me rasuro todo el tiempo para no rasparte el rostro, soy considerado- respondió Alec con una pequeña sonrisa.
-Oh, pero te ves sexy con barba- aseguró el Brujo, besando la quijada de su novio- no me importaría que te la dejaras.
-Aja, quiero ver si piensas lo mismo cuando te raspe aquí- dijo Alec poniendo su mano sobre la entrepierna de Magnus. El Brujo no pudo evitar soltar una carcajada.
-Hagamos una prueba, si mi barba te raspa ahí entonces me rasuro- dijo Magnus yendo hacia la habitación y tirando de la mano de Alec para que lo siguiera.
-Por qué yo soy el conejillo de indias?- preguntó el ojiazul con falso lamento.
-Porque yo soy el que tiene barba ahora- dijo el Subterráneo, subiendo a la cama.
-A mi me sale para mañana- aseguró Alec rápidamente.
-Y quieres esperar hasta mañana?- preguntó Magnus sacándose la camisa de un tirón. El Nefilim miró el bronceado cuerpo de su novio y se le hizo agua la boca.
-No- fue toda su respuesta antes de lanzarse por los labios el Brujo. Magnus cayó tendido sobre las almohadas y Alec se acomodó sobre él, besándolo profundamente.
-Ropa- susurró Magnus y Alec asintió rápidamente. El Brujo siempre le avisaba cuando estaba por quitarle la ropa con un chasquido. Ambos quedaron desnudos después de un tronido de dedos por parte del Subterráneo, y este enredó sus piernas al rededor de la cintura de su novio. Alec ya estaba acostumbrado a que su ropa desapareciera, agradecía que Magnus le avisara, pero aunque no lo hiciera estaría bien. Ya había avanzado bastante en su recuperación y podía hacer casi todo con Magnus en la cama. Abrazó fuertemente a su novio mientras profundizaba el beso, sintiéndose como si hubiera logrado dar un enorme salto al frente ese día.
Magnus abrió los ojos en medio del beso. Alec estaba relajado y el quemar la hoja lo había ayudado en verdad, tal vez podrían dar otro paso hacia adelante, tal vez con la buena experiencia de ese día se diera cuenta de que en realidad lo que hacían era bueno. Levantó las caderas y se restregó contra la entrepierna de Alec. El chico soltó un sonoro gemido y se pegó aun mas a él, Magnus lo tomó como una buena señal. Escabulló una de sus manos entre ellos para poder prepararse. El ojiazul no le prestaba mucha atención a su mano, estaba ocupado poniendo fricción sobre sus miembros juntos. Un par de movimientos después y estuvo listo, chasqueó los dedos de su mano libre mientras levantaba las caderas un poco más. Alec sintió que su miembro se cubría con una capa de lubricante, y entonces reaccionó.
-Magnus...- murmuró Alec, separándose poco a poco. Bajó la mirada y vio los dedos de Magnus en su entrada- que...
-Pensé que tal vez podríamos...
-Intentarlo?- lo interrumpió Alec, moviéndose hasta quedar sentado junto al Brujo. Magnus retiró sus dedos y también se enderezó- creí que habíamos quedado de acuerdo en no volver a hacerlo.
-No estábamos de acuerdo, Alec- dijo Magnus firmemente- el que solo te niegues no quiere decir que yo lo acepte.
-Magnus, podemos hacer muchas otras cosas que no requieran...
-Podríamos intentar esto también- interrumpió esta vez el Brujo- es algo natural, Alexander, no es nada malo.
-No, no quiero lastimarte- dijo el ojiazul, terco.
-Yo tampoco quiero lastimarte, Alec- le dijo Magnus.
-A mi?- se confundió el ojiazul.
-No quiero lastimarte presionándote a hacer algo que tú no quieres- aclaró el Brujo, mirándolo fijamente. Alec se sorprendió- no quiero presionarte, pero yo de verdad deseo esto- explicó en voz baja - quiero hacer el amor con mi novio- dijo Magnus suavemente, mirando directamente a los ojos azules.
Alec lo miró fijamente, el Brujo soltó un suspiro y chasqueó sus dedos para poner el cobertor de cama sobre él antes de girarse y darle la espalda a Alec para dormir. El ojiazul se quedó sentado, sin moverse, mirando la espalda de Magnus. Sabía que Magnus siempre lo apoyaba, que siempre pensaba en cómo le afectaría algo antes de hacerlo o decirlo. Pero, que no lo presionara a hacer algo que no quería, a pesar de lo mucho que Magnus lo deseaba? Pegó sus rodillas al pecho y las abrazó suavemente, las palabras del Brujo resonaban en su cabeza.
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Ya era hora que Magnus metiera algo de presión, no creen..? Como creen que le siente esto a Alec...?
