Ayer, hoy, y mañana, Harry Potter le pertenece a JK Rowling, y esta historia y sus secuelas le pertenecen a White Squirrel.
Notas de la traductora: Este es el capítulo final de El Animago Accidental, pero este final lleva no a una, sino a dos historias nuevas. El mundo del animago accidental es un interludio que introduce a las culturas mágicas alrededor del mundo a través de una serie de one-shots. "Capítulo 1: Quodpot, mamá, y pie de manzana" ya ha sido publicado en mi perfil. Este interludio cuenta con ocho capítulos, a ser publicados diariamente esta semana en anticipación a la publicación del primer capítulo de la secuela, titulada Animago en guerra.
Muchas gracias a todos por su apoyo a esta traducción, y espero continuar recibiendo sus alertas y leyendo sus comentarios. ¡Los veo en el Mundo Animago!
Capítulo 112
Cuando Harry despertó la segunda vez, la luz del sol entraba por la ventana. Aún estaba adolorido, pero se sintió cálido y cómodo donde estaba acostado. Supo al instante que se había transformado en gato porque sintió dedos largos acariciándolo detrás de las orejas. Levantó la mirada y vio a su mamá sentada a su lado con grandes ojeras. No había dormido.
–Buenos días, Harry –dijo ella en voz baja–. ¿Cómo te sientes?
Rodó y cambió a humano, y se alegró de descubrir que podía sentarse solo–. Mejor –dijo–, Físicamente, por lo menos. –Una vez digirió eso, pensó que quizás pasaría mucho tiempo en forma felina para sobrellevarlo todo.
–Lo sentimos, Harry. No deberías pasar por esto. Especialmente no después de todo lo demás que ha pasado. Aún no puedo creerlo. Y se supone que nosotros somos quienes debíamos protegerte...
–Hicieron lo que pudieron, mamá –le aseguró–. Todos lo hicimos. Solo tenemos que… aprender de esto y continuar, creo.
Ella lo abrazó–. Estás creciendo tan rápido, Harry. Demasiado rápido. Deberías poder ser un niño a tu edad.
–Estaré bien, mamá… –dijo él, esperando que fuera cierto–. Estaré bien. Sólo necesito tiempo.
Ahora que estaba despierto, en unos minutos, su familia estuvo reunida en la enfermería… sus padres adoptivos, Hermione, Sirius, y Remus, además de Dumbledore–. Le pedí a la señorita Lovegood que espere un poco –le dijo Dumbledore–. Recuerda que no sabe Oclumancia, así que cualquier cosa que tengas que decir que ella no deba saberlo...
–Cierto… –dijo él, tomando nota mental de que Luna probablemente debería aprender Oclumancia si iban a estar juntos. Tomó un gran respiro. Sería mejor dejar esto de lado primero–. ¿Sabía que era un horrocrux, profesor?
–¡¿QUÉ?! –gritaron los Granger. Lo miraron horrorizados. Después, se giraron para ver a Dumbledore, quien lucía sorprendido.
–Harry, ¿qué… qué… qué estás diciendo? –tartamudeó Emma.
Pero Dumbledore, a pesar de las miradas molestas dirigidas a él, fue más pragmático–: ¿Eras? Harry… estás diciendo… ¿se fue?
–Sí, señor, se fue.
Para su sorpresa, Dumbledore sonrió ampliamente–. No tienes idea de lo aliviado que estoy de escuchar eso –dijo–. Es la mejor noticia que he escuchado en casi un año.
–Dumbledore, qué… ¿de qué se trata esto? –dijo Dan.
Harry explicó–: Cuando Voldemort me golpeó con la maldición asesina, me desperté en… Limbo, creo… el lugar, ustedes saben, en medio. Pensé que estaba muerto, pero… no como tal. Y cuando estuve ahí… conocí a mis padres… conocí a James y Lily.
–¿James y Lily? –susurró Sirius–. ¿Los viste?
–Sí. Nosotros… el tiempo no funciona del mismo modo ahí, así que nosotros, eh, hablamos por un tiempo. Pero había algo más ahí… un tipo de criatura. Mamá y papá me dijeron que era un horrocrux. Cuando Voldemort intentó matarme cuando era un bebé, un pedazo de su alma se separó y se unió a mí. Pero me dijeron que se ha ido, ahora. Ellos… no estaban exactamente seguros de porque, pero cuando me atacó anoche, la maldición asesina lo mató a él en lugar de a mí. La "conexión" que tenía con él… el porqué podía hablar parsel y tenía visiones sobre él… era el horrocrux.
–¿Y se ha ido? –preguntó Dan de nuevo, para estar seguro. Harry asintió. Dan se dirigió a Dumbledore–. ¿Y usted lo sabía? –demandó.
Dumbledore asintió con tristeza–. Por favor comprenda, Sr. Granger, no lo supe con certeza hasta hace poco más de un año, y desde entonces, he estado buscando una manera de remover el horrocrux de manera segura. Verán, normalmente, la única manera de destruir a un horrocrux es destruir el recipiente. Quería encontrar una alternativa antes de decirles. No quería poner esa carga en ti, Harry, después de todo lo demás que se te ha puesto encima.
–Y sí busqué. Busqué en todas las historias antiguas que pude encontrar. Pregunté al profesor Grayson en caso de que él pudiera hacer algo. Sabe cantos de sanación aborígenes de más de diez mil años, pero ninguno fue idóneo. Contacté a rompe maldiciones en Egipto, cabalistas mágicos en Israel, chamanes siberianos expertos en proyección astral, e incluso a la pequeña comunidad mágica jaina en India con su fuerte compromiso contra la violencia. Ninguno de ellos pudo darme un método para remover el horrocrux de manera segura. Espero que me perdones por esto, Harry. Simplemente quería ahorrarte el dolor hasta estar seguro de que no podía ser evitado.
–¿Hizo todo eso? –dijo Harry–. Vaya, mamá dijo que había estado buscando, pero no tenía idea… Yo… le agradezco que hizo tanto por ayudarme, profesor. No estoy seguro de estar de acuerdo con lo que hizo, pero ella me dijo que lo estaba haciendo por mi… Lo perdono, señor.
Dan y Emma miraron a Harry sorprendidos. Era una gran sorpresa para ellos escuchar a su hijo hablar sobre su madre biológica de ese modo… la madre que aparentemente, imposiblemente, había conocido anoche. Fue casi tan sorprendente escucharlo perdonar a Dumbledore tan fácilmente, aunque parecía que el viejo mago había tomado extraordinarios pasos para ayudarlo.
Pero Dan se dirigió a Sirius y Remus–. ¿Ustedes sabían sobre esto? –demandó.
–Lo sospechábamos –admitió Sirius–, pero Albus nunca nos lo dijo con certeza, y no queríamos decirles hasta estar seguros. Les hubiéramos dicho de inmediato si lo supiéramos, pero pensamos que era mejor no hacerlo mientras no fuera el caso.
–Pues, supongo que eso no está tan mal –admitió él.
–Y por lo menos ya no tenemos que preocuparnos de eso –dijo Harry–. Supongo que es bueno que hiciéramos ese diccionario parsel, ¿eh, Mione?
Su hermana rodó sus ojos y sacudió su cabello–. Creo que he sido una mala influencia en ti, Harry.
–No, esa fue Lily –respondió Sirius–. ¿Y qué más hablaste con tus padres? Espero que no todo haya sido sobre estos temas mórbidos.
Harry sonrió–: Descubrí que mamá es una gran fan de Doctor Who como yo.
Los Granger se carcajearon–. ¡Oh, Harry, eso es maravilloso! –dijo Hermione–. Es tan agradable que tengan algo en común.
–Sí, lo sé. Y me dijeron lo orgullosos que están de mí y todo, por supuesto. Y dijeron… –Titubeó al decirlo–. Dijeron que tenía una elección… que podía continuar con ellos si quería… pero dijeron que no debería dejarlo todo por ellos… –Fue interrumpido por una avalancha de abrazos de Hermione y Sirius, seguidos por el resto de su familia.
–Así que… sí, tuvimos una larga charla, y dijeron que supieron todo el tiempo que querría regresar –dijo él–. Pero lo más importante es, me dieron mensajes que querían que trajera de regreso. Y… ¿podría entrar Luna ahora, profesor?
–Claro, Harry. –Señaló a Madame Pomfrey, quien soltó un gran suspiro y dejó entrar a Luna desde donde esperaba en el pasillo. Ella se apresuró al lado de Harry. No corrió como tal, pero sí lucía más apurada que como Harry alguna vez recordara verla… y más preocupada. Harry le mostró una sonrisa animadora, y ella se inclinó para besarlo mientras pasaba sus dos manos por su cabellos.
Sirius esperó hasta contar cinco antes de soltar un silbido, y ambos se separaron sonrojados.
–Es bueno verte despierto de nuevo, Harry –dijo Luna. Se agachó hasta que sus miradas estuvieron al mismo nivel–. Estuve aquí anoche por un tiempo antes del toque de queda, pero Madame Pomfrey dijo que no te despertara. Pero estaba preocupada por ti… cuando vi que fuiste herido en la prueba y que… que Cedric estaba muerto. –Su expresión calmada desapareció por un momento, lo cual Harry sabía que significaba estaba bastante angustiada. La acercó más a él para poder abrazarla.
–Estaré bien –dijo él–. Eventualmente. Recibí varias maldiciones.
–Sé que ese no fue tu único problema, Harry –dijo ella–. Incluso mostraste a todos tu habilidad animaga. Eso fue muy valiente. Puede que cause problemas, pero creo que será agradable que no tengas que ocultarlo. ¿No lo crees? –Luna parpadeó lentamente, como siempre había hecho, pero esta vez, sonrió, y él supo que lo estaba haciendo a propósito. Harry sonrió y se inclinó a ella un poco más. Había terminado sentada en la cama por el abrazo, y colocó su brazo alrededor de su espalda para rascar detrás de sus orejas.
Hermione se rio, pero él la dejó que continuara y pronto comenzó a canturrear para sí mismo.
Luna se rio también–. ¿Estás ronroneando, Harry? –dijo ella.
–Oh, Harry lo ha hecho por años, Luna –dijo Hermione–. Es sólo que las personas no lo notan normalmente.
–Es natural para mí –dijo él–. Me sorprende que nadie haya descubierto a la profesora McGonagall haciéndolo.
–De hecho, nosotros sí –habló Sirius.
–¿En serio?
–Lo recuerdo… –dijo Sirius–. Esa noche fue nuestra mayor pérdida de puntos que no estuvo relacionada con Snape.
Harry los miró y sacudió su cabeza.
Dumbledore podía ver que los Granger se estaban poniendo ansiosos, así que tomó control de la situación–: Harry nos estaba contando lo que pasó anoche, señorita Lovegood, y él pensó que usted debería escucharlo también.
–Eso es muy amable de tu parte, Harry –dijo ella.
–Pues, tenía que decírtelo. Y mereces saberlo. –Rápidamente le dio una versión resumida de la historia que había contado a los oficiales del Ministerio. Dejó de lado los horrocruxes y los detalles del ritual; no sabía cómo Luna reaccionaría a La Pantera matando a un unicornio, y no quería descubrirlo. Por muy estoica que era, pudo sentirla apretando su mano nerviosa en varios puntos, y lo abrazó con fuerza cuando mencionó ser atacado con la maldición Cruciatus.
–Supongo que no leyó los puntos finos del ritual, porque entre lo que hizo y la conexión que tenía con él, la maldición asesina no me mató. Rompió nuestra conexión.
Ella asintió solemne–. ¿Pero casi lo hizo, no? ¿Fuiste al otro lado, no es así?
Harry no se sorprendió de que Luna lo descifrara–. Sí. Desperté en un lugar en medio… y vi a mis padres ahí.
Intentó manejarlo con delicadeza, sabiendo como Luna había perdido a su propia madre, pero ella pareció encantada–: Eres muy afortunado. Es extremadamente raro poder hablar con tus seres queridos en el otro lado antes de fallecer. ¿Hablaste con ellos por un tiempo, no es así?
–Claro que sí. Me dijeron lo que estaba pasando… o lo que pensaban que estaba pasando… y lo orgullosos que estaban de mi. Me han estado observado… claro, lo sabía, pero no lo sabía. Quiero decir… mi papá citó a La princesa prometida. –Se rio un poco.
Los magos se confundieron por eso, pero las quijadas de los Granger cayeron. Ninguno de ellos podía decidir qué decir a eso hasta que Hermione soltó–, ¡INCONCEBIBLE!
Harry, Dan, y Emma se rieron, lo cual solo causó más confusión–. Es una película muggle –dijo Harry a los otros–. Es muy buena. Se la tendremos que mostrar alguna vez. Es exactamente el tipo de película que a papá le hubiera gustado… le gustaría. Y supongo que tengo el gusto de mamá en televisión. Pero bueno, Luna, ellos dijeron que tenía la elección de ir con ellos… pero me dijeron que tenía que regresar. Que tenía demasiado que no podía dejar atrás.
Luna se sonrojó y lo besó en la mejilla–. Me alegra que lo hicieras, Harry –dijo ella.
–Yo también. Pero ellos… me dijeron que tenían cosas que decirles… a todos.
Todos en el cuarto esperaban sin aliento. Sin saber qué más hacer, Harry se lanzó directo y repitió el mensaje que James y Lily le habían dado para Dan, Emma, y Hermione. Poco sorprendente, eso llevó a lágrimas de alegría y abrazos y gracias incoherentes, lo cual fue exacerbado cuando repitió el mensaje de sus padres para Sirius y Remus.
–Así son esos dos –dijo Sirius–. Lily siempre vio lo mejor en las personas, y James se rehusó a hacer que te sintieras mal de ti mismo.
–Pudimos verlo –dijo Emma–. Incluso antes de conocerlos a ustedes, pudimos verlo en Harry. Es tanto como ellos… Siempre hemos intentado ser una familia para él que pudiera vivir a su memoria, pero nunca pensamos que podríamos escuchar que ellos lo dijeran.
–Han sido otorgados un gran regalo –dijo Dumbledore. Incluso él lucía con ojos cristalinos–. Pude verlo fácilmente en su cuidado y dedicación durante los años que James y Lily hubieran aprobado de ustedes como la familia de Harry, pero por supuesto, significa más escucharlo directo de ellos.
Tomó algo de tiempo para que ellos se calmaran lo suficiente para que Luna regresara a Harry. Había esperado con paciencia a un lado, sabiendo que era un momento familiar–. Me sorprende que me incluyeras en esto, Harry –dijo ella–. Parece muy privado, aunque me alegra que lo hicieras.
Harry se preguntó por un momento sobre eso. Nunca hubiera incluido a Cho en un momento como ese, pero Luna pareció comprender la situación a la perfección… o quizás era que lo comprendía a él.
–Pues, te pedí que vinieras en parte porque también tenían un mensaje para ti.
Ya le había dicho eso, pero Luna aún lucía sorprendida, y se sonrojó un poco cuando Sirius sonrió de manera traviesa y dijo–. Oh, ¿qué tenían que decir el Sr. y la Sra. Potter sobre la novia de su pequeño?
–Les agrada –dijo Harry con suficiencia, aunque sabía que Sirius no tendría un problema con eso. Se giró hacia su novia y continuó–, en verdad les agradas, Luna. Papá dijo que eres leal, lista, y graciosa de buena manera, y ellos… esperan que te quedes conmigo. –De repente se sintió algo incómodo, pero lo dejó de lado–. Oh, y papá piensa que deberías teñirte el pelo de rojo, pero yo creo que se ve mejor como es –agregó.
Sirius ladró una carcajada–. Los hombres Potter saben lo que les gusta, ¿eh, Lunático?
Remus rodó sus ojos–: Como aprendimos en insoportable detalle por seis años y medio, sí. Hubiera dicho eso de cualquier chica con la que salieras, sabes.
Luna se rio de sus comentarios–. Quizás lo intente de todos modos. Sería un cambio interesante.
Harry sonrió débilmente. Emma pareció notar su incomodidad porque dio un codazo a Dan para levantarse–. Les daremos un tiempo a solas –dijo–. Luna, el tren se va en una hora. Harry y Hermione usarán el Flu para regresar a casa para que Harry tenga más tiempo para recuperarse.
–Además, todos te atacarán si te ven ahora –dijo Hermione–. Sabes cómo es Hogwarts. Se me lanzaron en avalancha, y ni siquiera estuve ahí contigo. El profesor Dumbledore anunció que te estabas recuperando durante el desayuno, y fue todo.
–De acuerdo. Gracias –dijo Harry–. ¿Pueden pedir a los Diggory y a Cho que vengan antes de que se vayan? Necesito hablar con ellos también.
–Por supuesto –dijo Dan–. Aún deberían estar aquí.
–Genial. Oh, y profesor, mamá y papá también tenían un mensaje para usted.
–¿Sí, Harry? –dijo Dumbledore.
–Papá dijo que había una sala secreta en el séptimo piso al otro lado del tapiz de los trolls bailarines. Me preguntaba si sabía sobre ella.
–Qué interesante. Sí encontré una vez una sala llena de orinales en ese pasillo hace unos días, pero se había ido cuando regresé.
A pesar de las aseguranzas de James, Harry aún se sorprendió de descubrir que la sala era real–. Vaya. Eh, dijo que tenía que caminar enfrente tres veces para abrirla. Y puede convertirse en otros cuartos también.
–Tendré que investigarlo, entonces. ¿Y cuál fue el mensaje de tu madre?
–Eh, ¿podría acercarse un poco más, profesor?
Dumbledore lució confundido, pero supuso que quizás era solo para sus oídos, así que se acercó al lado de la cama y puso su oreja cerca de Harry.
¡SMACK!
Le dio un golpe a Dumbledore en la nuca con tanta fuerza que su sombrero se cayó. Su familia lucía escandalizada, aunque rápidamente se volvieron risitas por parte de Sirius y Remus. Dumbledore convocó su sombrero sin varita y lo puso sobre su cabeza–. Sí, bueno… supongo que me merecía eso –dijo–. Buen día, Harry. Espero que te sientas bien pronto.
El resto se fueron, dejando a Harry solo con Luna (y Madame Pomfrey cerca). Esta era la parte incómoda, pensó mientras la miraba a los ojos. Ella se quedaría con él si se lo pedía… fácilmente… pero ahora que la amenaza era real… No, no iba a cortar con ella para intentar protegerla, pero no podía en buena conciencia dejar que se quedara con él sin darle una salida.
–Voldemort va a perseguirme más ahora, sabes –dijo.
–Lo sé –dijo Luna con fuego en la mirada–. Pero sospecho que estará tras de mi pronto también. El Quisquilloso fue muy vocal en su contra la guerra pasada, y lo seremos de nuevo si yo tengo algo que decir al respecto.
Harry sintió algo cálido en su pecho que amenazó con salirse y llevar lágrimas a sus ojos. No podía creer incluso después de conocerla por tanto tiempo que tenía eso en ella… o tal vez sí. Había aprendido a esperar lo inesperado con Luna. Sonrió y le dio un beso suave–. Lo que sea que hice para merecerte –susurró–, no pudo ser suficiente.
La reunión con el Sr. y la Sra. Diggory y Cho fue la parte más difícil esa mañana… casi más doloroso que los dolores persistentes de la maldición Cruciatus. El Sr. Diggory y Cho estuvieron sollozando todo el tiempo, y aunque la Sra. Diggory estaba más calmada, sus ojos rojos dijeron a Harry que había llorado hasta el agotamiento anoche. Aun así, cuando les explicó lo que había pasado en el laberinto, no lo culparon. Había dado a Cedric tanta advertencia como pudo, y Cedric había elegido enfrentar el peligro, y eso por el bien de Harry. Fue difícil no sentirse culpable de eso, pero ellos no lo hicieron.
–Lo hizo por una buena causa, entonces. Siempre estuvo en su naturaleza el proteger a otros –dijo la Sra. Diggory, sin duda recordando como Cedric había luchado contra Greyback el año pasado–. Y justo cuando había ganado el torneo. Debió estar feliz. El Embajador Grayson dijo que debió sufrir poco con la daga… por terrible que pareció… Hemos agendado el funeral para el martes, Harry. En el cementerio de Ottery St. Catchpole.
–Sí, será… será enterrado… con todos los honores –logró decir el Sr. Diggory–. Fudge lo está organizando… y proveerá de una guardia de aurores.
Probablemente para guardar las apariencias, pensó Harry, pero asintió.
–Esperamos que vengas –dijo la Sra. Diggory–. Los Creevey y los Robins vendrán. Los profesores Dumbledore y Lupin. La mayoría de los que estuvieron involucrados con el torneo. Incluso esa pequeña chica McDonald que estaba con Demelza se ofreció a tocar el violín.
–Debería aceptar –dijo Harry–. Es muy buena.
–Si eso dices, te creemos.
El otro asunto era el oro. Los mil galeones por ganar el torneo hubieran sido divididos entre ellos, pero Harry nunca los quiso, y, aunque Cedric quizás tenía otros planes para ello, rápidamente decidieron que debería ir a la Fundación Cor Humanum, la cual había apoyado a Cedric y los otros hombres lobo durante el año pasado y continuaba haciendo bien bajo el control de Sirius y Remus. Era lo que Harry hubiera hecho de todos modos, así que quedaba bien.
–Hay otra cosa –dijo Harry–. Algo que preferiría que mantuvieran privado. Pueden preguntar más al profesor Dumbledore si quieren saber más, pero en el cementerio, Voldemort me atacó con la maldición asesina.
Los tres soltaron un grito ahogado y Cho tartamudeó–, Quieres decir que sobreviviste… ¿de nuevo?
–Sí, no queremos que se sepa porque fue un error involucrando el ritual, y probablemente no pase de nuevo. Yo ciertamente no voy a intentarlo. Pero bueno, en lugar de morir como debía, terminé en un lugar de tránsito… y vi a Cedric ahí.
–¿L...lo viste? –susurró la Sra. Diggory.
–Cuando estaba pasando, sí. Quería que les dijera que los ama. Y a ti, Cho, dijo que desea que hubieran tenido más tiempo juntos.
Cho sollozó y rodeó a Harry con sus brazos con fuerza. Él se alegró de que Luna no estaba ahí para verlo. Le dio una palmada en la cabeza incómodo–. No es justo… –lloró ella.
–No, no lo es –dijo Harry–. Pero en verdad te quería. Y sé que tú lo querías también. Es terrible, lo que pasó, pero estará bien donde está ahora. Mis padres están con él, y ellos se asegurarán de que esté bien. –No podía imaginar lo que ella estaba pasando. Nunca había perdido a alguien cercano excepto sus padres cuando era muy joven para recordarlo. Creyó que había perdido a Hermione un par de veces, y eso había sido lo suficiente malo. Podía ver que era difícil para ella estar ahí.
–Aún no puedo creer… esa extranjera… ¡No siquiera fue Quien-Tú-Sabes! Ni siquiera fue uno de sus… ¿Sólo fue una bruja que trajo…?
Harry asintió–. De México, supongo. Pero Grayson dijo que ella es tan mala como Voldemort.
Cho se estremeció–. No puedo dejar de verlo… tirado ahí… con la daga, y… y… –De repente, Cho soltó un grito ahogado y se alejó de Harry de golpe. Para su horror, se puso rígida, sus ojos blancos, y por un momento, Harry pensó que había entrado en shock por la angustia, pero entonces, su voz salió con un extraño sonido rasposo:
–Las brujas de Macbeth se reunirán antes de que el verano muera. El Señor Oscuro recupera sus fuerzas, más terrible que nunca antes. El que lo desafió tres veces lo espera frente a una gran montaña para oponerse. Pero antes de que las hojas caigan, las brujas de Macbeth se reunirán de nuevo en su ayuda, y él llamará a aliados nuevos a su lado, y Marte reinará sobre Europa. Las brujas de Macbeth se reunirán antes de que el verano muera.
Se detuvo, y Harry y los Diggory la miraron con sorpresa.
–¿Qué… qué pasó? –dijo ella, mirándolos con confusión–. ¿Alguien dijo algo?
–Pues… –dijo Harry–, eso cambia las cosas.
Harry sabía lo suficiente para decir al Sr. y la Sra. Diggory que llevaran a Cho directo con Dumbledore, pero él, Madame Pomfrey no lo dejó salir hasta después del almuerzo. Sus padres regresaron y le preguntaron si estaba listo para irse, pero él dijo que tenía una cosa más que hacer primero, así que deambuló por el castillo hasta llegar a las mazmorras, y más específicamente, a la oficina de Snape.
–¿Disculpe, profesor Snape? –lo llamó.
Encontró a Snape organizando sus pociones para el fin del año. El hombre le lanzó una mirada de fastidio–. Sí, Potter –dijo–. ¿No has considerado regresar a casa en lugar de continuar agobiándonos con tu presencia?
Harry suprimió su fastidio y dijo–, Necesitaba hablar con usted antes de irme, señor.
Snape elevó una ceja–. ¿Y?
–Eh, ¿el profesor Dumbledore le contó lo que discutimos esta mañana?
–Puedes estar tranquilo de que el director no está en el hábito de divulgar sus conversaciones privadas con sus estudiantes… incluso las tuyas, Potter. Sí mencionó que un horrocrux dentro de ti fue destruido y que estaba muy aliviado por este desarrollo, pero no me dio detalles.
–Oh. Pues, verá, cuando pasó, señor… terminé en.. Limbo, supongo. Y vi a mis padres ahí.
Snape de repente se puso tieso en lo que Harry se dio cuenta después probablemente era un reflejo para evitar tirar sus pociones. Con cuidado dejó los frascos que estaba organizando y se giró para dar su atención completa a Harry–. ¿Viste a Lily? –dijo en voz baja, su expresión inescrutable.
–Sí, profesor. Y a James, pero… sabía que habían sido amigos antes… Ella dijo que tenía un mensaje para el Príncipe Mestizo.
Snape se suponía era un gran Oclumago, pero incluso él traicionó su sorpresa con un gran respiro y abriendo los ojos ampliamente, y necesitó de esfuerzo visible para hablar sin tartamudear, lo cual Harry notó con interés–. Eso es correcto, Potter –dijo él sin elaborar.
–Bien. Ella, eh, quería que le dijera que sabe que aún hay bien en usted, y que lamenta no verlo antes… pero también dijo que necesita dejar de vivir en el pasado porque pasar su vida sintiéndose mal de sí mismo no le queda.
Eso aparentemente fue demasiado para él. Se giró y se inclinó sobre su estación de trabajo. Harry pensó ver un leve temblor en sus hombros, pero quizás lo había imaginado. Esto se estaba volviendo muy privado para él–. Si eso es todo, señor… –dijo, y se dio la vuelta para irse.
–Espera –lo detuvo Snape. Necesitó de un par de respiros profundos para poder tener la fuerza para decir–, Un momento, Potter –y varios más para calmarse lo suficiente para enfrentarlo de nuevo. Harry no podía imaginar de que trataba esto, pero Snape finalmente dijo–, Hay algo que necesitas ver. Esto no debe dejar este cuarto, y especialmente no debe llegar a los oídos de alguien que no sepa Oclumancia.
Harry asintió. Snape sacó su varita, y Harry se puso tenso, listo para sacar la suya. ¿Acaso su mamá había calculado mal? Se tensó aún más cuando Snape cerró la puerta con llave con un movimiento de su varita, pero entonces, dijo–, Expecto Patronum. –Una forma plateada salió de su varita como agua, pero donde Harry había esperado una serpiente o un murciélago o algo similar, se sorprendió cuando tomó la forma de una cierva. Harry nunca había realizado el encantamiento Patronus (quizás debería aprenderlo, pensó), pero había visto a Remus hacerlo, y sabía que una cierva era el Patronus de su madre.
–Gracias por traerme ese mensaje, Harry –dijo Snape–. Significa más para mí de lo que puedo decirte de manera segura. Se que no hemos estado en buenos términos, especialmente este año. Encuentro tus payasadas agotadoras, y no es un secreto que no me agrada tu familia extendida. Sin embargo, quiero que sepas de qué lado estoy, ya que creo que necesitarás saberlo. Esta guerra puede que de varias vueltas inesperadas, y es más que probable que yo esté involucrado. Por lo tanto, quiero que sepas que sin importar lo que parezca que pase, sin importar lo que me veas hacer o escuches de mi… estoy de tu lado.
La cierva plateada desapareció, pero la importancia permaneció. No es que fuera imposible mentir mientras se realizaba el encantamiento Patronus. Ni siquiera que era imposible para un mago o bruja oscuro el realizarlo. Era un hechizo complicado, había explicado Remus. Los malos verdaderos e irremediables no podían realizarlo, con registros diciendo que sus varitas producían efectos secundarios peligrosos e impredecibles si lo forzaban. Pero también se decía que había magos que hacían cosas malas y aún podían realizar un Patronus porque creían verdaderamente que estaban trabajando para el bien común. Lo importante, había dicho Remus, era que era imposible hablar de manera maliciosa mientras se usaba (bajo estimación propia, claro). Si Snape decía que estaba del lado de Harry (¡y había usado su primer nombre!), entonces en verdad lo decía en serio para el beneficio de Harry.
–Gracias, profesor –dijo Harry, y se fue en silencio. Después de ver eso, no tenía el corazón para decirle que se consiguiera una novia y salir corriendo, como había planeado originalmente.
–Bien, aquí estamos –dijo Dan mientras se estacionaba–. ¿Estás seguro de que quieres hacer esto, Harry?
–Sí, papá. Tengo que.
–¿No crees que haya problemas? –revisó Hermione.
–No, tío Vernon siempre fue el violento, y puedo hacer la suficiente magia sin varita para controlarla si intenta algo. Vamos.
Los Granger salieron de su casa y caminaron a la puerta del departamento en Cokeworth. Con magia de su lado, el encontrar donde estaba Petunia Evans (Harry se sorprendió de que su apellido había cambiado) fue alarmantemente fácil. La casa de sus padres había sido vendida hace mucho tiempo, pero estaba viviendo en un departamento barato en la ciudad donde había crecido. Harry se preguntó si Dumbledore podía hacer por ella lo mismo que había hecho por él para hacer que no fuera rastreable mágicamente mientras aún podía ser localizada en el mundo muggle. Puede que lo necesite.
Harry tocó la puerta. Un minuto después, se abrió un poco, y entonces se abrió ampliamente mientras Petunia daba un salto atrás y gritaba horrorizada mientras llevaba una mano a su pecho–. ¡Tú! –gimoteó–. ¡No! ¡No, no puede ser! ¡E...estás muerto!
–¿Muerto? ¿Qué…? Oh. –Harry se dio cuenta de lo que quería decir–. Ojos, tía Petunia. –Señaló a sus lentes para dar énfasis.
Petunia se inclinó con cautela y lo examinó de cerca. Cuando vio el verde brillante, sus ojos casi salieron de sus cuencas–. ¿H...H...Harry? –susurró.
–Sí, soy yo. ¿Puedo entrar?
Su rostro se endureció… no enojada, realmente, pero determinada. Harry podía ver que aún no quería nada que ver con él o la magia en general–. Hubiera creído que no querrías verme de nuevo –dijo ella.
–Honestamente, no… –comenzó.
–Entonces no te molestes. –Comenzó a cerrar la puerta.
–Mi mamá dijo que podías haber encontrado a alguien mejor que Vernon –dijo rápidamente.
Petunia se detuvo y lentamente abrió la puerta de nuevo–. ¿Qué dijiste? –dijo temblando.
–Mi mamá –dijo él–. La vi… la conocí. –Se dio cuenta de que quizás eso no era la mejor cosa que decir, así que agregó–, Y no, eso no es algo que normalmente se pueda hacer con magia, pero terminé involucrado en un ritual de magia oscura improvisado, y… pasó.
Su tía se desplomó y dijo–, Pasen, entonces.
Ahora que Harry la miraba bien, vio que Petunia no se veía bien. Sus nueve años en la cárcel la habían envejecido por lo menos el doble, y aunque aún no tenía cuarenta años, lucía mucho mayor. Siempre delgada y esquelética, ahora parecía enferma y cansada del mundo, y ya no tenía un brillo perspicaz y entrometido en su mirada.
No había lugar para sentar a cinco en el departamento… ni en el salón o en la mesa de la cocina. Los Dursley no hubieran sido atrapados muertos en esa situación cuando Harry vivía con ellos, pero podía adivinar que no estaba recibiendo visitas con frecuencia estos días. Sacó dos sillas de la mesa de la cocina al salón de manera poco decorosa.
–Me dijeron que fuiste adoptado –dijo, señalando a los Granger–. ¿Ellos son…?
–Sí, son mis padres adoptivos, Daniel y Emma Granger –dijo Harry–. Son dentistas. Y ella es mi hermana, Hermione. –Petunia estrechó sus manos mientras elevaba una ceja en dirección a Harry. Adivinó su pregunta y agregó–, Hermione es como mamá. Es una bruja hija de muggles.
Para su sorpresa, su tía no se estremeció al escuchar la palabra, y para su mayor sorpresa, dijo a Hermione–, Tienes mucha suerte, entonces… Por favor, tomen asiento.
Se sentaron y se miraron incómodos. Petunia no parecía encontrar alguna pregunta que realizar, y ninguno de los Granger tenía mucho que decir. Era difícil creer que esta era la misma mujer que había encerrado a un Harry mucho más joven en una alacena. Finalmente, Harry se aclaró su garganta y repitió la versión resumida de lo que le había pasado en el cementerio y después. Su tía palideció tanto cuando dijo que Voldemort había regresado que pensó que se desmayaría.
–No creo que se moleste viniendo tras de ti –le dijo para calmarla–. No después de tantos años. Pero pensé que deberías saberlo, por si acaso. Eh, le pediré al profesor Dumbledore si hay algo que pueda hacer para protegerte, pero sería mejor que no atrajeras mucha atención hacia ti.
–No será mucho problema –murmuró para sí misma–. ¿Pero cómo conociste a Lily?
Se lo dijo, y se sorprendió de nuevo de que su respuesta solo provocó una breve mirada de asombro.
–Me pidió que te dijera que nunca dejó de querer a su hermana de regreso, y que no es muy tarde para que seas una persona mejor.
Petunia se soltó a llorar a ese punto. Los Granger miraron incómodos mientras sollozaba en un pañuelo. Ninguno de ellos quería acercarse a ella, pero no podían hacer otra cosa. Eventualmente, sus lágrimas se calmaron, e intentó hablar de nuevo–. Ellos… ellos… ellos m...me hicieron ir a t...terapia… en la cárcel –dijo mientras secaba sus ojos–. Dijeron que era irracional que te culpara por todo. ¡Ja! –Se rio con amargura–. Pero lo hice. E hicieron que mirara mi vida, e hicieron que me diera cuenta de que estaba celosa de Lily. Y claro, lo estaba. Incluso escribí a Dumbledore y le rogué que me dejara ir a Hogwarts, y cuando dijo que no, me convencí a mí misma de que todos eran unos fenómenos, y Lily era un monstruo, y nunca quise ir.
–Oh, no podía decir a los terapeutas sobre la magia. Yo… consideré decirlo y que me transfirieran a un hospital mental, pero decidí que tu gente lo descubriría eventualmente. Pero les dije que Lily fue a una escuela para dotados, y yo no, y… sí, estaba celosa. Tomó un tiempo, pero comprendí cuanto la había alejado. Y lo mal que los crie a ti y a mi hijo… Y también me mostraron como, aun cuando estaba mal, Vernon me estaba haciendo peor. Fue cuando me divorcié… La última vez que lo vi, sólo se arrepentía de haberte golpeado, no del resto.
Harry estaba asombrado. Su mamá le había dicho que había estado observando a su hermana, pero no se había imaginado que hubiera visto una transformación como esta. Su tía era casi una mujer diferente–. Pues, yo… me alegro de que recibieras la ayuda que necesitabas –dijo. Se sentaron en silencio por varios minutos, sin ninguno sabiendo qué decir.
Finalmente, preguntó–, ¿Cómo está Dudley?
Petunia sonrió–. Dudley está bien –dijo ella–. Está boxeando. Es muy bueno… Me preocupa que termine como su padre; Vernon también era un boxeador en sus días, pero Marge parece haberlo azotado en forma.
Harry se estremeció un poco.
–No literalmente, quiero decir. Ha cambiado un poco, si puedes creerlo.
Harry no podía.
–Estaba preocupada por Dudley… creciendo sin su mami. Y Marge me culpó por todo por mucho tiempo. Pero creo que después del divorcio, perdió esa excusa sobre lo terrible que era su hermano. Creo que debieron agregarle tiempo en la cárcel por pelear en prisión. Pero bueno, ha sido civil hacia mi desde que salí, y me deja visitar. E insiste que Dudley no ha recibido regaños por maltrato a otros en años, así que aún espero que termine mejor que nosotros.
–Pues… yo también lo espero.
Se sentaron un tiempo más e intercambiaron unas cuantas palabras amables forzadas. Petunia realizó las preguntas básicas sobre las vidas de los Granger, pero deliberadamente no hizo preguntas sobre la magia o Hogwarts o la educación y logros de Harry y Hermione. Sus invitados pronto se disculparon, y estuvo feliz de verlos irse.
Aunque, justo cuando se iban, su– Gracias por venir, Harry –sonó bastante sincero.
El funeral de Cedric Diggory tomó lugar la tarde del veintisiete de junio en uno de los campos verdes por el cementerio de Ottery St. Catchpole. El cielo estaba claro, y una cálida brisa veraniega estaba soplando desde el océano, dando a toda la aldea una sensación de calma y paz. Fue bien atendido bajo los estándares de la pequeña comunidad mágica. Las otras tres familias mágicas en la aldea, los Weasley, los Lovegood, y los Fawcett, estaban por supuesto presentes. Luna estaba con Harry, agarrados de la mano, con su familia entera también presente. Los Creevey y los Robins también estaban ahí, así como las familias de Gabriel Truman y Ellen Towler, los prefectos ahora graduados que también fueron mordidos en el ataque de Greyback. Unos cuantos amigos, incluyendo a Neville Longbottom y Natalie McDonald, también fueron en solidaridad. Entonces, estaban los oficiales del Ministerio: Dumbledore, Fudge, Grayson, el verdadero David Monroe, luciendo muy incómodo por todo y con un sanador a su lado, Catriona McCormack, Ludo Bagman, y un escuadrón de aurores.
Y finalmente, además de algunos amigos de la familia, estaban los compañeros campeones de Cedric y Harry: Fleur Delacour y Viktor Krum, quienes estaban determinados a dar una despedida de campeón a Cedric. Madame Maxime también estaba ahí, aunque no Karkaroff, quien había escapado en cuanto Harry gritó el regreso de Voldemort.
–Es terrible ver el torneo terminar así –dijo Viktor a Harry–. Y más terrible ver una amistad terminar así.
–Aún podemos escribirnos –le dijo Harry–. Los tres –agregó para Fleur–. Tengo el presentimiento de que necesitaremos todos los amigos que podamos muy pronto.
–Da. No podemos dejar que los magos oscuros paren nuestra amistad –aceptó él–. Y has hecho un buen comienzo para eso.
–Eso espero.
–Lo has hecho, Harry. Hiciste un buen trabajo uniendo a las escuelas cuando nosotros solo esperábamos competencia, y tu juego, Ricochet, es, ¿cómo se dice? Una idea que llegó en el momento ideal. Creo que lo introduciré en Bulgaria.
–Y nosotros en Francia –dijo Fleur.
Harry sonrió débilmente–. Por lo menos algo bueno salió de esto –dijo–. Pero no es mi juego. Es de Cedric. Él y Cho jugaron el primer partido. Debería ser su legado.
–Da. Es una buena idea. Continúa volando, Harry Potter. Yo espero con ansias la repetición.
Harry estrechó la mano de Viktor–. Yo también, Viktor Krum. Lamento que no podrá ser en 1998. Estoy seguro de que comprendes que, si se avecina una guerra, necesitará toda mi atención. Pero Dios mediante, estaré disponible en el 2002.
Él asintió y continuó–, Sabes, si hubiera sido un torneo justo, Cedric hubiera ganado, tu hubieras terminado en segundo, y Fleur en tercero. Todos ustedes tenían una mejor estrategia que yo incluso antes de atacarlos.
–No, Viktor –lo corrigió Harry–, si hubiera sido un torneo justo, hubiera sido Cedric en primero, Fleur en segundo, tú en tercero, y yo observando feliz desde las gradas.
–Quizás.
La familia de Viktor ya había regresado a Bulgaria, pero la de Fleur había ido con ella, y Monsieur Delacour habló ahora–: No lo culpamos por lo que hizo Monsieur Krum. Es una tragédie en todo caso. Lord Potter, queremos que sepa que tiene nuestro apoyo, por mucho que sea. Nuestra influencia en Francia no es grande, pero buscaremos incrementarla para ayudar a Gran Bretaña. Tengo amigos en el Ministerio Francés.
–Gracias, Monsieur Delacour –dijo Harry–. En verdad lo apreciamos.
–Arreglado o no, tu actuación en el torneo fue muy buena, 'Arry –habló Fleur–. Mostraste habilidad y poder que no había esperado, y no solo por ser animago.
Harry se encogió de hombros incómodo–. Eso no tuvo nada que ver con el torneo. Eso pasa cuando creces con un psicópata detrás de ti. Y nunca hubiera pasado las pruebas si no fuera un animago o un hablante de parsel.
–Mmm, quizás –dijo ella crípticamente.
–'Arry ! 'Arry! –susurró Gabrielle al lado de su hermana. Harry se inclinó para acercarse a ella–. Eso debió dagte mucho miedo. Fue muy valiente que tgajegas a Cedguic de guegueso a sus padgues –dijo ella, y se puso de puntas y lo beso en la mejilla.
Harry se sonrojó profundamente. No había tenido gran elección.
Gabrielle entonces se cruzó de brazos y miró a Luna de arriba a abajo criticándola, lo cual lucía bastante curioso de una niña de ocho años. Finalmente, señaló a Harry y dijo–, Cuídalo bien.
–No te preocupes, Gabrielle. Lo haré –respondió Luna.
Sintiéndose muy confundido, Harry llevó a Luna y a su propia familia a sus asientos. Sin embargo, antes de poder sentarse, hubo una conmoción en la parte de atrás cuando personas comenzaron a voltearse, gritar, y señalar a una figura solitaria llegando desde la colina. Todos los aurores sacaron sus varitas, y Harry de inmediato se puso tenso. El hombre estaba sucio, vestido en harapos. Sus dientes, podían ver, eran puntiagudos, sus ojos amarillos, y tenía pelo de manera poco natural por todos lados. Pero nadie se movió aún, ya que estaba agitando una tela blanca de un lado a otro sobre su cabeza.
–Por la barba de Merlín, es Samuel Lateran –dijo Remus en voz baja.
–¿Quién? –preguntó Hermione.
–Hombre lobo salvaje. Es el alfa… o quien piensan que es el alfa… de lo que queda de la manada de Greyback. No estoy seguro de si está siendo buscado por algo, pero para que esté aquí… debería hablar con él. –Remus se separó y se acercó al hombre salvaje.
–Lupin –dijo con voz rasposa.
–Lateran –lo saludó Remus–. Me sorprende que te muestres en público, especialmente enfrente de aurores.
–¿Por qué te sorprende, Lupin? Escuchamos rumores de que un hombre lobo estaba siendo enterrado con todos los honores del Ministerio. Teníamos que venir a verlo, y si era cierto, dar nuestros respetos. Si los aurores quieren arrestarme, no los detendré, pero mi manada apreciaría que respetaran la tregua. –Mostró la tela blanca de nuevo.
–Los rumores son ciertos –confirmó Remus–. Diggory recibirá todos los honores. No puedo prometer nada sobre los aurores.
–Lo vale por escuchar esta noticia. Diggory ha hecho más por nuestra causa que Greyback nunca lo hizo en toda su vida. Una lástima que tuvo que morir por eso. Claro, tú tampoco te quedas atrás en eso. Y no puedo creer que estoy diciendo eso de un doméstico. Pero incluso yo puedo admitir que la Fundación Cor Humanum está haciendo algo de bien… Quizás eres una mascota, pero no un flojo. –Se rio de manera rasposa. Remus hizo una mueca. ¿Qué los lobos salvajes no recordaban los modales básicos?
–Hablaré con ellos –dijo. Marchó hacia el auror más cercano y, después de una conversación que pareció bastante acalorada, Lateran fue permitido atender al funeral en paz, aunque con un auror vigilándolo a cada lado.
El oficiante era un mago anciano y bajito en túnica negra de sacerdote sencilla. Harry nunca había visto a un mago sacerdote antes, pero era razonable que hubiera por lo menos unos. No sabía si era el sacerdote en la iglesia de los Diggory, o si iban a la iglesia, o quizás la única iglesia para magos estaba en Hogsmeade, pero no importaba mucho. Dio un discurso que fue genérico y afortunadamente corto antes de invitar a hablar a los dolientes.
Fudge fue primero, ya que tenía una función oficial, aunque era una que la mayoría en la audiencia no sabían–. Créanlo o no, no tengo la intención de tomar mucho de su tiempo –dijo, para algo de risa–. Este es un día para amigos y familia. Sí quiero leer un anuncio que el Wizengamot aprobó esta mañana: Cedric Diggory se distinguió mágicamente y en otras habilidades en el Torneo de los Cuatro Magos, logrando obtener el primer lugar. Al llegar al final de la tercera prueba, fue informado de una amenaza creíble al tomar la Copa de los Cuatro Magos por su amigo y compañero campeón, Lord Harry Potter. Al escuchar esta amenaza y ser dado la elección de evitarla o ignorar el peligro y proclamar su victoria única, decidió apoyar a Lord Potter y enfrentar el peligro desconocido juntos. Al hacerlo, fue atacado y asesinado por una sirviente de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado. –Bueno, era mucho esperar que usara el nombre de Voldemort–. Por este acto altruista y valeroso en defensa de un amigo y aliado, el Wizengamot se enorgullece de presentar a Cedric Diggory con la Orden de Merlín, Tercera Clase.
Fudge se acercó al ataúd y colocó la medalla de bronce de la Orden de Merlín sobre la túnica de Cedric. Esto era en parte un acto político… un acto de desafío contra Voldemort, aunque pocos lo dirían en voz alta. En lugar de sentarse, regresó al podio y dijo–, Ahora, quisiera invitar a Lord Potter, si lo desea, a pasar al frente y decir unas palabras.
Harry había esperado que uno de los padres de Cedric hablara después, pero supuso que era razonable ya que su nombre fue mencionado en la citación, así que pasó al frente y miró incómodo a la audiencia. Revisando las notas que había preparado para su discurso, dijo–, No conocía bien a Cedric antes del ataque de Greyback el año pasado. Era un rival de quidditch, y pensé que era un buen volador, pero honestamente, no creí que fuera extraordinario. Después del ataque, aprendí mucho más. Aprendí que valoraba sus principios, era muy listo, y era un duelista brillante. Quería apoyarlo por el ataque, pero cuando lo conocí mejor, me enorgullecí de llamarlo mi amigo, y el verdadero campeón de Hogwarts.
–Quiero que todos sepan que no merecí esa Copa de los Cuatro Magos más que el hombre en la luna. No se suponía que debía estar en el torneo. No quería estar en él. Cedric ganó ese torneo usando su propio poder y a pesar de que Voldemort manipuló las cosas a mi favor. Merecía más que tener que compartir ese honor, y merecía mucho más que ser asesinado solo por estar en el camino.
–Tengo mucho que agradecerle por lo que hizo por sus compañeros hombres lobo, por ayudarnos a diseñar Ricochet, por apoyarme todo el tiempo durante el torneo cuando la atención debería haber estado en él, y por estar conmigo al final… Cedric era valiente, leal, y nunca titubeó en defender lo que creía, y agradezco al Ministro Fudge y al Wizengamot por darle el reconocimiento que se merece.
Se sentó, entonces, y otros se levantaron a hablar, aunque comenzaron a parecer lo mismo después de un tiempo. El Sr. y la Sra. Diggory hablaron sobre lo mucho que amaban a Cedric y lo orgullosos que estaban de él. Dumbledore habló sobre la elección entre lo que estaba bien y lo que era fácil. Cho dijo que atesoraría su recuerdo siempre. Demelza habló sobre lo mucho que admiraba a Cedric por ayudar a los hombres lobo a tener una vida mejor. Samuel Lateran no habló, pero Harry pudo adivinar que compartía el sentimiento.
Finalmente, todos los oradores terminaron, y fue hora del entierro. El oficiante llamó a cuatro portadores de féretros, pero no a los cuatro a los que la mayoría de las personas esperaban. Aunque los padres de Cedric caminaron al frente para pararse a un lado del ataúd, los portadores fueron Dumbledore, Grayson, Harry, y Hermione. Esto había salido por un comentario repentino de Harry, diciendo que no parecía correcto enterrar a Cedric con magia… eso parecía muy fácil… que parecía muy fácil… que para realmente dar tributo a su memoria, deberían hacer el trabajo duro de excavar su tumba a mano. Remus había dicho que esta era la opinión de algunos magos, pero la mayoría sentían que era un tributo menos digno para un mago no usar magia. Sirius, sin embargo, con su rechazo a la cultura sangre pura, estaba interesado por la noción, y habló con los Diggory al respecto. Pensaron que era una idea agradable a pesar de tener el punto de vista opuesta, y después de algo de discusión, se decidió que sería un tributo más puro, y más universal en simbolismo, si el entierro era realizado sin varitas. También era propio porque Cedric había aprendido algo de magia sin varita gracias a las lecciones de Grayson.
Sin embargo, sólo había cuatro usuarios de magia sin varita a la mano que eran lo suficiente fuertes para ayudar con la tarea. Dumbledore y Grayson podrían haberlo hecho fácilmente solos, pero se decidieron por cuatro para que fuera más cercano a la media docena. Dumbledore cerró el ataúd con un movimiento de su varita, y Harry y Hermione tomaron sus lugares a los pies de Cedric, y los cuatro con cuidado elevaron el ataúd al aire.
Natalie McDonald, quien había tocado al comienzo del servicio, ahora tomó su violín de nuevo y comenzó a tocar una rendición lenta y fúnebre de Abide with me, y los portadores levitaron el ataúd hacia una enorme lápida que leía:
CEDRIC WILFRID DIGGORY
1 OCTOBER 1977 — 24 JUNE 1995
Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto.
La mayoría de los ojos que se habían secado se humedecieron de nuevo mientras bajaban el ataúd al suelo. Demelza, al no poder llorar en el hombro de su amiga, se aferró a su madre. Colin y Ginny lucían como si se estaban ayudando el uno al otro para no caer. Cho se colapsó a un lado de la tumba y tuvo que ser ayudada a levantarse por la Sra. Diggory. Natalie continuó tocando, pero las lágrimas cayeron por su rostro. Samuel Lateran incluso se inclinó ante la tumba.
Cuando el ataúd estuvo en el fondo de la tumba, los portadores… aunque en su mayoría fueron Dumbledore y Grayson… comenzaron a mover el montículo de tierra que habían colocado a distancia decente y desilusionado durante el servicio para llenar la tumba. Fue más difícil que toda la magia sin varita que Harry y Hermione habían intentado. La mejor manera que encontraron para enfocarse fue mover sus manos como si estuvieran remando entre melazas para empujar pequeñas pilas de tierra a la tumba. No fue tan rápido como con sus varitas, pero con la ayuda de los profesores, terminaron en minutos. Cuando terminaron, Dumbledore agitó su mano y limpió la tierra suelta mientras Grayson cantaba un hechizo que causó que pasto creciera en la trama fresca y amapolas rojas crecieron alrededor de la lápida.
Natalie tomó el violín de nuevo para el cierre, y los dolientes se fueron en silencio. Habían terminado por el día. No había nada más que hacer. Hoy, enterraron a sus muertos y lloraron su pérdida. Mañana, el trabajo comenzaría de nuevo.
