Sus pies golpearon con el suelo.
La sensación fue exactamente la misma de la primera Aparición que realizó. Pero esta vez, fue con algo de ayuda.
"Esto es un -"
"Si, un traslador." interrumpió Draco, tirando del collar para ponerlo en su bolsillo.
Clarisse miró a su alrededor.
Se encontraban en un lugar abandonado. Ella no sabría reconocer si eso era una casa, una cabaña, o estaban en otro lugar de la mansión.
Las ventanas estaban cubiertas con trozos de madera, y muchas de ellas estaban rotas o quebradizas. Habían escaleras que llevaban a un segundo y tercer piso, además de haber una sala de estar, una pequeña cocina y un pequeño subterráneo.
"¡Qué fue lo que sucedió!" exclamó Theo, sacudiendo sus manos con nerviosismo. "Ellos - allí pasó algo, ¿vieron a Narcissa?"
"Sólo escuché algo como, gritos y, estruendos." respondió Clarisse, anudando su vestido para acortarlo y permitirse mayor movilidad. "Debemos irnos, ahora."
Marcus asintió, sacando la varita del bolsillo de su traje. "Bien, nos alinearemos, debemos ser rápidos, no sabemos que está pasando afuera."
Ella y Lestrange caminaron hasta la que parecía ser la puerta de entrada. Clarisse apoyó sus dedos en el pomo y giro, apretando aún su libro en los dedos de su otra mano.
No fue sorpresa para los demás notar que estaba cerrado, por lo que Marcus actuó, apuntando el cerrojo con su varita.
"Alohomora."
Un piqueteo sin fuerza y un destello salió de la varita.
Draco empujó a Marcus, poniéndose ahora él frente a la puerta. Susurró un hechizo que Clarisse no logró entender y la respuesta fue exactamente la misma.
Nada.
"Chicos..." murmuró Theo desde una ventana dentro de la sala de estar. "Creo que no tenemos magia aquí."
"¿Sí? Gracias por el aviso Nott, no lo había notado." respondió Marcus, dando zancadas hasta la sala.
Zabini rodoo los ojos, acercándose a Clarisse para susurrarle. "¿Alguna idea?"
"Ni una sola."
Ellos avanzaron hasta la sala, pero Clarisse siguió el camino, llegando hasta Theo para asomarse por un pequeño huevo entre las gruesas tablas de madera.
"Estamos en mitad de la nada." murmuró ella. "¿Tienes alguna idea de dónde estamos Draco?"
Él, que se había sentado en uno de los sofá cercanos a la chimenea, se negó, atrapando su labio entre sus dedos mientras pensaba.
"Sólo puedo ver nieve y... árboles," informó Nott, suspirando. "deben ser..."
"Deben ser como las una de la madrugada." dijo Zabini, fingiendo mirar la hora en su muñeca vacía. "La fiesta debe seguir."
"Zabini" espetó Draco, comenzando a molestarse. "¿Crees que es divertido estar aquí?"
"No, pero al menos intento lidiar con la situación quitando esos gestos infelices de sus caras."
"Está bien Blaise," se introdujo Clarisse, pasando la mano por su frente al sentir su cabeza puntear. "pero no es el momento. Ahora, debemos crear un plan o algo por el estilo ¿no?"
"Bien, creo que de todas maneras es peligroso volver," dijo Theo, acercándose mientras todos formaban un círculo en la sala. "si Narcissa nos hizo escapar fue por algo ¿no?"
"Nott tiene razón." respondió Zabini, cambiando de personalidad en segundos mientras pupulaba hasta el asiento. "Nunca había visto a Narcissa así, ella se veía -"
"Desesperada." siguió Clarisse, tirando de su espalda hasta quedar apoyada en la pared. "Todo fue extraño y confuso."
Draco subió el tobillo sobre su rodilla, reclinado su cuerpo en el asiento. "Conozco a mi madre. Si hizo ésto es porque allí hubo verdadero peligro. Lo mejor será quedarnos aquí. Sé que de una u otra forma se comunicará con nosotros."
"¿Quedarnos?" resoplo Marcus, lanzando una sonrisa sarcástica. "¿Pretendes que nos encerremos como cobardes en esta asquerosa cabaña?"
"Marcus -"
"¿Para qué mierda hemos estado practicando tanto entonces?" siguió quejando. Su cuerpo abalanzandose entre los demás. "¿Dónde quedó el espíritu de querer aportar?"
Los brazos de Zabini lo rodearon, dándole pequeños golpes en la espalda. "Amigo, basta. Estamos ebrios, ya deja de hablar estupideces y ve a dormir."
"Es que -"
"Marcus," lo llamó suavemente Clarisse, formando un tono liso y cálido. "Blaise tiene razón, todos deberíamos descansar y conversar mañana."
Theo correspondió, asintiendo mientras Zabini empujaba a Marcus para sacarlo de la sala, pero él se dio la vuelta antes de poder desaparecer.
"¿Puedes dormir conmigo?"
Su tono de voz fue tenue y sus ojos estaban vacíos, como si las palabras fueran reales.
Lo eran.
Pero el sentimiento podría fácilmente fingirse.
Ella lo miró, y automáticamente se fijó en la expresión de Draco, frunciendo el ceño, sus gesto exasperante, como si él también esperara una respuesta de su parte.
Clarisse tomó aire, dejando que su pecho se alzara. "Iré enseguida Marcus."
El chico sonrió, dejándose al fin llevar por Blaise.
Theodore no fue capaz de mirarla, pasando por su lado para ir en la misma dirección que los dos últimos. La sala quedó vacía, dejando los dos cuerpos deseosos de sí a solas.
Se acercó a la chimenea, mirando con disgusto la capa de suciedad sobre ella, y dejó su libro, apoyándolo contra un espejo oxidado y roto.
"Bien," dijo ella, aclarando su garganta. "buenas noches."
Draco alzó su cabeza, tensando su mano antes de responder fría y calculadamente. "Buenas noches."
Ella avanzó rápidamente, fijando su concentración en cada pisada que realizaba, oyendo el crujir de la madera bajo sus tacones.
Dobló en dirección a la escalera para dar con el segundo piso, cuando una sala, en el fondo del pasillo, llamó su atención.
Ella miró al cielo, intentando captar algún movimiento por parte de sus amigos. Pero cuando estuvo segura de que nadie estaba allí, caminó al cuarto, apoyando una de sus manos en la pared empapelada para mantener la postura.
Al empujar la puerta entre abierta, sus ojos brillaron con cientos de frascos con distintas pociones. Habían ingredientes de todo tipo y algunos cuantos viales vacíos.
Clarisse sonrió, sintiendo que al menos tenían algo de ayuda. Podrían practicar algunas pociones y revisar los métodos que su libro prometía, serviría en casos como estos.
Cuando avanzó a los frascos pudo registrar varios nombres conocidos para ella. No entendía por qué pero podía sentir que, de alguna manera, Narcissa los había enviado allí teniendo motivos.
Quizá estaba todo planeado.
Miró por una pequeña ventanilla en la esquina superior de la habitación y un rayo de luz la iluminó.
La Luna, en todo su esplendor, rebozaba sobre el cielo nocturno.
Clarisse sintió el cansancio en su cuerpo y dejó el cuarto, anotando mentalmente que al día siguiente tendría que decírselo a los chicos.
Cuando estaba nuevamente por subir la escalera, otro lugar volvió a llamar su atención.
El subterráneo.
Clarisse lo meditó.
El sueño se apoderaba de su cuerpo, pero por un lado no quería ir con Marcus. No tenía las ganas de lidiar con él como tampoco se sentía con la fuerza de negarse en el momento.
Bajar al subterráneo y averiguar que cosas nuevas podría encontrar, superaba su deseo de descansar plácidamente.
Sus tacones se arrastraron por la madera, llevándola a la pequeña escalera que separaba los pisos.
La luz era casi nula pero los destellos de las ventanas le ayudaban mínimamente a no caer. Apoyó sus manos en la fría baranda mientras a pasó delicado, llegaba al fondo del lugar.
No podía divisar todo pero los brillantes filos metálicos sólo le decían una cosa.
Aquella también era una zona de tortura.
Lo supo cuando vio látigos colgando de las paredes. Dagas oxidadas y cuchillos afilados. Él lugar era una copia perfecta de las mazmorras de la mansión. La única diferencia que podría notar allí, era que predominaban las armas.
No habían estructuras gigantescas, ni mesas, ni ningún artefacto. Sólo tenían armas, que por muy pequeñas que fueran, podían cometer alto nivel de daño.
Sus ojos recayeron en una piedra.
Una piedra color lila incrustada en lo que parecía, un armazón de plata circular. Estaba dentro de un cubo de vidrio, protegida y resguardada por una fina capa de rayos que parecían haber sido hechizados.
Siguió admirando la habitación, pasando a una de las paredes donde varios broches permitían mantener colgados cintas de cuero gastadas.
Se perturbó cuando notó que varias de ellas tenían sangre seca, pero lo ignoró, dedicándose a admirar ahora, un enorme mazo de doble punta.
Sus dedos recorrieron los picos, enterrando la punta en uno de sus dedos.
El dolor la estremeció, pero una sensación de extrañeza recorrió su cuerpo.
Volvió a pinchar su dedos y sonrió, para luego volver a fruncir el ceño.
¿Aquello le gustaba?
«No, es una estupidez»
Cabizbaja, regresó al centro del cuarto, notando una soga colgar desde el techo. Estaba astillada y cortada. Con verla notó que el lugar ya no era utilizado. Los artefactos oxidado, las telarañas en las esquinas inferiores, los cueros dañados.
Aquel lugar ya no era utilizado, y estaba abandonado hace un largo tiempo.
Su cerebro comenzó a trabajar, uniendo piezas e ideas.
Quizá con el mazo podrían romper las ventanas. O también utilizar las dagas para cortar delicadamente las maderas.
Todo era un revoloteo de ideas que tendría que conjurar en el momento en que su mente tomara un descanso.
Estaba a punto de salir cuando otro objeto llamó su atención.
Intentó controlar su curiosidad por un segundo pero sabía que cualquier cosa, lo que fuera, podría ayudar en algo a escapar de aquel lugar.
Pero esto, era diferente.
Una caja. Pequeña y delicada de terciopelo verde.
Dentro, dos anillos entrelazados. Cada uno con una serpiente en su exterior.
Eran realmente bellos y se veían impecables.
El vidrio que los resguardaba era grueso y estaba sellado por completo, pero de todas formas, intentó abrir el broche que la separaba de las joyas.
Sus dedos se enredaron en él, tirando, girando, deslizando -
"¿Así que viniste al calabozo también?"
La voz que se desplomó por las sombras la hizo jadear, alejándose del vidrio para dar pasos en retroceso lo más rápido posible.
"Draco yo -"
"¿Te gustó lo de la última vez White?" preguntó, respirando con tanta lentitud, que Clarisse se sintió desesperada en su lugar.
"Yo solo vine a -"
"¿Acaso quieres repetirlo?"
Ella tragó saliva, comenzado a arrastras sus palmas por la seda de su vestido.
Sin darse cuenta chocó con la pared tras ella, ahogándose en la necesidad de salir corriendo en el mismo instante.
"No deberías estar aquí Draco."
"Tengo todo el derecho de estar en mí cabaña." murmuró él, arrastrando sus lujosos zapatos.
"¿Tú cabaña?"
"Si White. Ésta cabaña le pertenece a mi familia. Está así porque - pues no hemos venido en años pero, eso no quita que siga siendo nuestra."
Clarisse miró nuevamente la sala por sobre el hombro de Malfoy.
«¿Acaso acostumbran torturar gente en todos lados?»
Porque no había motivos para tener un calabozo en su cabaña.
"Entonces por qué dijiste que no sabías..."
"Porque necesitaba cerrar sus bocas por un puto segundo." bufó, ahora a tan solo centímetros de ella. "Porque fuera hay demasiado peligro, y no se si logre protegerte."
Su respiración de atasco cuando la mano de Malfoy rodeo su cintura, esta vez, de manera sincera pero pasional.
"Te hice una pregunta hace un rato White." le recordó, acercando sus labios al lóbulo de su oreja. Haciéndola jadear por el solo tacto. "¿Quieres repetir lo de aquella noche, Clarisse?"
