Seto envolvió la copia del testamento y la guardó dentro de su abrigo. Notó enseguida como Rouxx Anne se disponía a retirarse del despacho de Crawford junto con él.
El juez del condado se despedía de la viuda con cierta prisa. Parecía quererlos fuera de su vista pronto, y Kaiba estaba cada vez más intrigado.
— Bueno, podemos retirarnos — dijo la viuda de Devlin. Eso no era bueno, por lo que se decidió a jugar la única carta que hasta el momento tenía.
— No creo que sea una buena idea que te hospedes en el castillo — aclaró, al tiempo que Rouxx Anne no le despegaba la mirada. Había algo en ella que lo hacía sentir nervioso; por eso detestaba a esa mujer.
— ¿Por qué no? — le consultó la viuda sin dejarle entrever emociones.
Crawford prestó atención a la conversación por primera vez.
— Lamentablemente Tea contrajo una enfermedad sumamente contagiosa— aclaró.
— No sabía nada — murmuró Crawford—. Mi esposa planeaba invitarla a casa junto con Yami para presentarles a nuestro hijo.
— No va a poder ser. Lo mejor será que te hospedes en otro lugar —le dijo Seto a la mujer de su primo, quien permaneció en silencio unos segundos que parecieron eternos.
— ¿Cómo es que tú no te has contagiado? — preguntó de pronto.
— Porque... la mantenemos aislada en una torre del castillo — se excusó el mayor de los Condes.
— Si está aislada no correré peligro, al igual que tú— concluyó la mujer morena.
Seto no lograba discernir si ella no le creía o simplemente estaba siendo práctica con la situación.
— No es inteligente exponerse de esa forma, Condesa— intervino Crawford, sin dudas preocupado por su propia interacción con ella.
— No es lo más prudente, ya que mi hermana a veces sale del cuarto sonámbula. Tomamos todas las precauciones pero aún así hay riesgos — dijo Seto.
Al notar que Rouxx Anne no le daba la razón, continuó:
— Tal vez el señor Crawford pueda hospedarte en su mansión.
— Por supuesto, sería un honor— exclamó el juez.
Quizás no era lo mejor, porque estando juntos Crawford y Rouxx Anne tenían más tiempo de complotar en su contra. Pero su prioridad era alejarla de Beeston, después se encargaría del resto de los problemas.
— Me parece bien — sentenció la mujer, logrando que Seto exhalara aliviado—. Salud a Tea de mi parte, por favor. Espero que se recupere pronto, ya hemos perdido demasiados seres queridos.
Kaiba asintió, a pesar de que su primo no contaba como un ser querido en realidad. Se retiró de la habitación satisfecho, aunque eso duraría poco. Tendría que investigar el maldito testamento.
— En mi mansión va a estar mejor que en el Castillo, Condesa — le aseguró Crawford—. Para ser sincero, los sirvientes del Conde dejan mucho que desear.
— ¿Puedo hacerle una consulta?
— Por supuesto, dijo Crawford aproximándose.
— ¿Quién atiende a los Condes de Chester?
— Los atiende el doctor Shaadi. También atiende a mi familia y a las familias más destacadas del condado.
— ¿Es bueno? — le consultó la viuda.
— Es el mejor, sin lugar a dudas— le aclaró el juez.
— ¿Y cuál es el peor?
— ¿El peor? — preguntó Crawford extrañado.
— Sí. ¿Cuál es el peor doctor de Chester?
— No tenemos... Shaadi es el único doctor en Cheshire.
Rouxx Anne asintió.
— Entonces no es el mejor; es el único.
Crawford se quedó sin respuesta, por lo que la viuda cambió el foco de la conversación.
— Me gustaría hablar con ese doctor... saber qué enfermedad tiene Tea. ¿Podrá encargarse de eso?
— ¿Eh? Ah, sí. Claro. Me contactaré con Shaadi hoy mismo.
— Perfecto.
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Si tras enterarse de la cláusula de la herencia y apenas haber logrado alejar del Castillo a Rouxx Anne, Kaiba creía que su día no podía ser peor, estaba muy equivocado.
Ni bien cruzó la enorme muralla de Beeston, su mirada se cruzó con un par de ojos verdes que eran lo último que esperaba ver. Esos ojos pertenecían a un caballo negro azabache que por algún motivo desconocido estaba en el centro de su jardín, siendo admirado por su familia, sirvientes y otras personas que se veía obligado a tolerar.
Se acercó al animal lentamente. Aparte de tener un dolor intolerable en todo el cuerpo, fue recordando como parte de ese dolor se debía a un animal de idénticas características.
— ¿Qué significa esto? — le increpó a Yami, que era quien sostenía las riendas del animal.
— Es mi nuevo caballo de competencias.
— Yami lo utilizará en el torneo — intervino Mokuba con excesivo entusiasmo.
— Claro que no. Vas a deshacerte ya mismo de ese animal.
Yami lo observó extrañado, no lograba entender qué tenía Kaiba contra un animal que apenas acababa de ver.
— No pienso deshacerme de él, con el trabajo que me dió encontrarlo. Es más veloz que Galeón, más fuerte e incluso más inteligente. Es ideal para competir.
Seto tomó a Yami por el cuello de su ropa, buscando que sus amenazas tuvieran mayor efecto.
— Esa bestia casi me mata — murmuró entre dientes—. Si no te deshaces en este preciso momento de él yo mismo lo rebanaré a pedazos.
— Ya suéltalo, Seto — intervino Mokuba. — Raven no es ninguna bestia, es muy dócil.
— Dícelo a mi espalda— respondió l mayor con sarcasmo.
— Técnicamente fue tu propio caballo el que se asustó y te tiró... — Mokuba fue bajando la voz al ver la mirada que su hermano mayor le estaba dirigiendo. Acto seguido, se escondió detrás de Tea.
— De acuerdo— Kaiba soltó a Yami y se frotó las manos — , yo me encargaré de matarlo— y se dirigió al establo.
— No puedes — murmuró la mujer albina cuando pasó a su lado.
Aquello era lo último que le faltaba, que esa chica saliera ahora con que no debía matar animales u otra sandez similar.
— ¿Qué quieres decir con qué no puedo? Explícate — le recriminó.
Para su sorpresa, la muchacha no se amilanó ante su tono de voz. Parecía seria, y eso era más irritante.
— Deja de hablarle de esa forma — le increpó su hermana.
— ¡Tú deberías estar descansando, así que cállate! ¿A qué te refieres con que no puedo matarlo?
La albina apartó la vista del animal y miró fijamente los ojos azules del mayor de los hermanos.
— Ya está muerto.
