El día y la noche pasaban con rapidez cuando no podías llevar la cuenta de las horas.
Clarisse suponía que ya habían pasado tres días pero Theo le aseguraba que eran más, aunque nadie podía estar realmente seguro.
Las pociones habían resultado exitosas. Se preocuparon de realizar los filtros que tardarían menos tiempo en prepararse y que sirvieran de manera eficaz y rápida.
"Creo que se nos acabó el Bezoar." dijo Theo, buscando entre los frascos de la estantería.
Clarisse respondió, mientras ponía pequeñas gotas de Jarabe de Eléboro en su Filtro de Paz. "No importa, ya tenemos el suficiente zumo para los cinco."
Theo asintió, tomando ahora pequeños frascos para rellenarlos con una Poción sanadora de heridas.
Estaban muy concentrados en su trabajo. A Clarisse le preocupaba que alguna de las Pociones no hubiera quedado perfecta, pero no tenían la manera de probarlas por lo que debían suplicar que estas estuvieran bien preparadas.
Su concentración se esfumó cuando Blaise se posó bajo el marco de la puerta, mirándolos sin expresión. "Llegó."
Al instante, Clarisse y Theo dejaron sus labores, caminando junto con Blaise hasta la sala principal.
Ella había estado con la preocupación al borde. Buscaron todas las maneras posibles para enviarle una carta a Narcissa, haciendo las preguntas que estaban carcomiendo sus mentes desde que llegaron a aquel lugar.
"¿Y bien?" habló Marcus, mirando por el hueco de la ventana. "¿Qué es lo que dice?"
Draco miraba el pergamino. Sus ojos recorrían cada línea y terminó frunciendo su ceño cuando las letras habían acabado.
"¿Draco?"
"Nada." murmuró él, bajando la carta mientras pasaba una mano por su cabello. "No dice nada."
"¿Cómo es posible?" dijo Clarisse, acercándose a él para tomar el papel en sus manos.
Draco cedió fácilmente, sentándose en el sillón más cercano mientras seguía meditando.
Los chicos tomaron asiento, mirando con preocupación a Clarisse, quien se aclaró la garganta para leer en voz alta.
Cariño;
Tienes muchas preguntas, y lo entiendo, pero las respuestas son más peligrosas de lo que crees. Enviar esta carta fue un acto impulsivo y no debieron hacerlo, pero ahora el mar está tranquilo, las cosas al parecer están cesando.
La verdadera libertad, consiste en dominar la Aparición.
N.M
Al bajar el pergamino, entendió la expresión de Draco. La carta era confusa, esperanzadora, pero inservible.
«...dominar la Aparición...»
El traslador.
"Debemos irnos." dijo Clarisse, girándose hacia la puerta. "Ella quiere que nos vayamos."
Blaise se puso en pie, acercándose a ella para tomar la carta. "¿Estás segura?"
"Lee." respondió ella con obviedad. "Aparición. La libertad es la Aparición, debemos aparecernos en la mansión."
Draco se puso de pie, tomando el collar con el que habían llegado al lugar. La cadena que Narcissa les había ofrecido el día de la fiesta.
"Mi madre está con los Mortífagos, supongo que no habrá peligro ya..."
"Confío en Narcissa," respondió Marcus. "Si ella dice que es así, sólo debemos volver."
Todos asintieron, comenzando a prepararse para la partida.
Clarisse corrió a la habitación de Pociones, tomando un pequeño bolso el cual hechizó para poder poner todos los frascos dentro. No tenían pertenencias por lo que el bolso y su varita era todo lo que necesitaba para irse.
Llegó nuevamente a la sala donde Marcus y Blaise esperaban con impaciencia que Draco y Theo bajaran.
"¿Qué es eso?" preguntó el moreno con curiosidad, tirando de la bolsa para mirar.
"Sólo pociones," respondió ella. "por si algo sucede."
Marcus resopló, poniendo los ojos en blanco. "¿Tan poca fe nos tienes Liss?"
Ella sonrió, omitiendo el sarcasmo tras sus palabras. "Tranquilo, si tantas ganas tienes de morir, podemos simplemente dejarte."
Blaise rió por lo bajo mientras Marcus empuñaba sus manos. Draco y Theodore no tardaron en llegar a la sala, trayendo en sus manos un par de libros que habían encontrado en el piso superior.
Ella también notó que Draco traía en sus manos la pequeña caja de anillos que había visto hace un par de noches en el calabozo. A Clarisse no le pasó desapercibido el hecho de que Malfoy intentara esconderla, pero no puso atención en ello, al fin y al cabo el lugar era de su familia, tal cuál los objetos que allí estuvieran.
"Bien. Esto es tal como ese día." dijo Malfoy, alzando su mano mientras la cadena caía entre sus dedos. "La tomaremos juntos."
Todos asintieron al unísono. Sus manos se juntaron en una pila, tomando la cadena de plata para que al instante, el lugar se desvaneciera.
Ésta vez, la Aparición fue rápida, y casi sin síntomas. Clarisse detectó un leve mareo que cesó en el instante en que tocó el frío piso de mármol, dando cuenta así, que ya estaban en la Mansión Malfoy.
El lugar estaba tan oscuro como siempre, pero hoy reinaba el silencio absoluto.
"¿Por qué no hay nadie aquí?" preguntó Blaise, dando un paso insonoro.
Clarisse miró a su alrededor. Ni una señal de Mortífagos u otra persona. Su vista recayó en el gran salón, notando que todo estaba en perfectas condiciones. No le parecía extraño que los Malfoy hubieran arreglado el lugar al instante luego del ataque. Ellos tenían dinero para hacerlo, no era algo de lo que preocuparse.
"Esto es extraño..." murmuró Draco, comenzando a caminar por el pasillo. "Vayan a sus habitaciones, buscaré a mi madre."
Marcus rió, sacando de su bolsillo la varita para enredarla en sus dedos. "¿Ahora Malfoy nos manda?"
"Es mi mansión Marcus, puedo hacer lo que me da la gana."
"No es tu puta mansión Draco, y no creas que haré caso a lo que sea que salga de tu boca, no eres quien para -"
"Salazar." suspiró Clarisse fastidiada. "Si no cierras tu boca Marcus, mi cabeza explotará."
Una risa falsa salió de la boca de Draco a lo que ella se dio la vuelta, fulminandolo con la mirada. "Eso también va para ti Draco."
Él la ignoró, subiendo las largas escaleras alfombradas. Clarisse se dio media vuelta, viendo como Theo le enviaba una mirada satisfactoria a lo que ella sonrió nerviosa.
"Bien, creo que iré a mi habitación." dijo ella, adentrándose en las escaleras. "Ustedes deberían hacer lo mismo."
"Liss, te quiero mucho y sé que lo sabes pero, no te haré caso." respondió Blaise, girando en un pie hacia la cocina. "Vamos Theo, tengo hambre."
Clarisse le lanzó una mirada severa a su amigo, a lo que él se encogió de hombros sonriendo tiernamente. "La comida es mi cosa favorita en el mundo Liss." respondió Nott, viendo cómo Clarisse fruncía el ceño. "Pero tu eres la segunda."
Y con un guiño de ojo, desaparecieron juntos.
Clarisse suspiró, viendo a Marcus apoyado contra la pared mirar toda la escena. "Bien, que sigue ¿follar con Theo?"
"No responderé tus estúpidos comentarios Lestrange, ya te dije que me estás cansando."
"Vamos, admitelo, Theo te gusta." siguió molestando él, acercándose a la escalera para mirarla. "El tierno y bondadoso Theo sólo quiere follarse a la linda e inocente Clarisse."
Ella apretó sus dedos contra la bolsa en sus manos, emitiendo un pequeño gruñido. "Sólo lo dices porque tu enorme ego se ve magullado por mí nulo deseo sexual hacia ti."
La sonrisa de Marcus se borró lentamente de su rostro, curva do sus labios en una sola línea. "Es un poco difícil creerlo saliendo de la boca de una ofrecida como tú."
"¿¡Ofrecida!?" rió Clarisse, abriendo la boca en una o silenciosa.
"Es lo que dije," repitió él. "¿te acostaste hace no mucho tiempo con Malfoy?"
"¿Y eso que tiene que ver?" preguntó ella, alzando una ceja.
Clarisse poco a poco perdía la paciencia. Recordaba el primer día que lo vio, asegurando que era uno de los más amistosos y amables del grupo. Hoy se daba cuenta que definitivamente las cosas no eran así.
Su estúpida personalidad y su gran ignorancia sólo hacían ver lo irracional que podia llegar a ser, y Marcus podría entregar más. Él lo sabía, pero en cambio, prefería actuar de manera autónoma sólo haciéndose ver más humillante.
"Tiene que ver con que al poco tiempo te frotabas sobre mi regazo, Liss." recordó Marcus, cruzandose de brazos. "¿jugar a dos pares no te vuelve una ofrecida?"
Ella suspiró, mordiendo su labio con delicadeza. "Disfrutar de mi sexualidad y satisfacción personal, definitivamente no me vuelve una ofrecida Marcus, y no seguiré perdiendo mi tiempo con alguien que apenas sabe medir sus palabras."
Con rapidez, subió las escaleras, corriendo por el pasillo hasta llegar a la última puerta.
El olor a jazmín invadió su cuerpo, sintiéndose al fin más liberada. Dejó la bolsa de Pociones sobre el pequeño tocador, para luego, reordenar y analizar todo lo que habían preparado.
Miró de reojo su atuendo en el espejo y sin pensarlo dos veces, buscó una toalla, ropa limpia, y se adentró en el baño de la habitación. Añoraba darse una buena ducha luego de haber estado día a día lavando su cuerpo con agua helada y a una velocidad impresionante.
Abrió la llave de la ducha y dejó correr el agua, viendo así como poco a poco el vapor brotaba desde las gotas. Se desvistió en un segundo, tirando su vestido a un lado mientras quitaba sus zapatos. Cepillo su cabello enmarañado, antes de finalmente entrar bajo el chorro caliente de agua.
Su cuerpo comenzó a relajarse, abrazando el calor que le otorgaba el líquido recorriendo su cuerpo. El agua limpiando cada centímetro de su piel.
Miró hacia un lado y tomó la pequeña botella de shampoo, vaciando el contenido en sus manos antes de comenzar a masajear su cabello. Cerró los ojos con fuerza mientras dejaba la espuma recorrer su cuerpo. Frotó sus brazos, su cuello, su pecho -
La puerta de baño se cerró de golpe, y Clarisse abrió los ojos, sin importarle que el agua aún golpeaba su cara.
"Podrías haberme llamado..." susurró Draco, apoyándose en el lavabo.
"¿¡Qué haces aquí!?" bufó ella, tapando su pecho entre sus brazos. "¡Sal ahora mismo!"
"Mm... ¿estás segura?" preguntó él, lamiendo la comisura de sus labios.
Sus manos subieron a su camisa, desabrochando lentamente cada botón, revelando su torso desnudo.
Clarisse bajo la mirada, viendo caer por su cuerpo aún los restos de la espuma. Una punzada en su estómago la hizo vibrar cuando alzó nuevamente la vista para centrarse en Draco, quien ya tiraba de sus pantalones a un lado, quedando solo en boxers frente a ella.
"Draco..." susurró, perdiendo todos los estribos de su cuerpo.
"Dime que no quieres que lo haga Clarisse." dijo en tono amenazante mientras bajaba su bóxer.
Su núcleo se tensó cuando la erección prominente de Draco saltó a la vista, golpeando su abdomen. El calor comenzó a recorrer su cuerpo y sentía que el agua estaba más caliente de lo normal. Intentó hablar, pero era imposible.
"Joder, Clarisse si no respondes te follaré contra esa puta pared y no pararé aunque lo ruegues."
Estaba nerviosa y a punto de estallar, pero ya había puesto en su lugar a Draco. Ella le advirtió que si jugaba, ella también lo haría y no podía dejarse ver débil ahora.
Control era todo lo que quería en ese momento.
"No contestaras." dijo Malfoy, irrumpiendo sus pensamientos. "De todas formas, nunca había follado en una ducha."
Clarisse jadeo cuando Draco se sumergió en el chorro de agua, dejando su cuerpo casi pegado al de ella. Una vibra la hizo perder el equilibrio cuando sintió su pene pegarse a su vientre, frotándose entre las gotas tibias de agua.
Draco no esperó más, y una de sus manos tomó su cintura mientras la otra tiró de su muslo, elevando su pierna hasta su cadera.
Clarisse enterró sus uñas en los hombros de él, ayudándose a mantener el equilibrio en un solo pie. Sentía que en cualquier momento podía caer pero Draco la afirmaba con fuerza contra su torso alineando su polla a la entrada ya húmeda de ella.
"Mierda Clarisse, siempre estás tan caliente."
La mano que sostenía su cintura ahora bajó a su longitud, bombeandola antes de introducir la punta entre sus pliegues. Sintió los anillos enterrarse en el muslo que sujetaba su cadera y bajó la cabeza sintiendo el agua rodear su rostro.
Draco la miró, jadeando. "Quiero oírte gemir ¿si?"
Clarisse jadeo cuando se introdujo lentamente en ella. "H-hazlo bien si quieres oírme."
Escuchó un grueso gruñir desde el fondo de su garganta, viendo su mano subir hasta enterrarse en su cuello, apretandolo con rudeza. "¿Crees que no soy capaz de hacerte gritar?"
"Creo..." murmuró ella, apenas pudiendo respirar bajo el agua. "que estás hablando demasiado, y demostrando muy poco, Malfoy."
"Te voy a..."
Un fuerte rodar contra sus caderas la hizo sollozar. Las embestidas que comenzó a darle era fuertes y violentas y por la forma en que estaban posicionados no le sorprendería caer en cualquier momento. La única pierna que la sostenía comenzaba a temblar con desesperación, mientras la otra se veía fuertemente magullada por la mano de Draco quien utilizaba su muslo como impulso para seguir chocando contra ella.
"Vamos, gime Clarisse. Sé que quieres hacerlo."
Ella sacudió la cabeza, apretando los labios para no darle el poder de satisfacerlo tan fácilmente. Comenzó a notar la ira en sus golpes. Sus jadeos mortíferos cayendo sobre su hombro. La empujaba con tanta fuerza que ella poco a poco desvanecía, pero no podía ceder aún.
Un giro rápido la hizo chocar su espalda contra la fría cerámica blanca. Su pierna restante se elevó, quedando así enrollada en las caderas de Draco.
Él paró por un segundo, sin salir de ella. Clarisse no pudo evitar admirarlo.
Su cabello mojado cayendo por su rostro, las gotas deslizándose por su mandíbula para caer sobre su pecho, donde recorrerían un largo camino hasta su abdomen. Era simplemente perfecto. Sus ojos cerrados, su boca deslizando gemidos mientras sus dientes se apretaban.
Ella quería besarlo.
Ella quería saber cual era el sabor de aquellos gruesos labios. ¿Sabrían a menta igual que el olor de su ropa? ¿O sería algo más dulce y suave? Si su lengua maravillaba su piel, ¿cómo se sentiría en su boca?
"Vas a gritar, Clarisse." murmuró en su cuello cuando nuevamente comenzó a embestirla, pegando su espalda contra la humedad pared. "Y joder, si gritaras."
Clarisse pegó su cabeza al muro, cerrando los ojos mientras sollozoba, mezclando sus lágrimas con las gotas de la ducha. El choque de sus cuerpo sonaba en un tiempo rápido y conciso, y podía sentir como se formaba el dolor en el interior de sus muslos.
Draco, quien se apoyaba en la pared con una mano, bajó sus dedos hacia el centro de Clarisse, comenzando a frotar con brutalidad su clitoris, admirando la unión de sus cuerpos. Ella arqueo la espalda, ya no aguantando más la hinchazón de su punto.
"Dios... Draco, no..."
Al oír sus palabras, los dedos aceleraron, haciendo un pequeño sonido entre la humedad de sus cuerpos.
"Quiero que mires." gruñó él. "Quiero que mires como mi polla llena tu apretado coño Clarisse."
Ella abrió los ojos, su mirada nublada bajó por el torso de Draco hasta llegar al su vagina, viendo su longitud entrar y salir de ella, palpitante y duro. La oleada la hizo temblar, sintiendo que poco a poco su clímax comenzaba a llegar.
"¿Te vas a correr para mí?" pregunto el entre jadeos.
Ella negó, suspirando pesadamente. "Yo... mierda - yo me correré para mí Draco."
"Joder, cómo te gusta hacerme enfadar." murmuró Draco, comenzando a besar el hueco de su cuello.
Clarisse mordió su labio, ahora, dejando los gemidos fluir por placer propio. Sus piernas se apretaron con fuerza contra él, empezando a mover sus caderas con frenetismo, sintiendo el orgasmo llenarla por completo.
"Oh... yo ya..." su respiración se cortó. Su interior contrayendose hasta apretar el miembro dentro de ella.
Draco suspiró tenso. Su cuerpo duro ahora temblando. Él tomó sus caderas y la bajó, saliendo de su interior para dejarla en pie. Clarisse apenas podía sentir sus piernas. Aún se tambaleaba, apoyando el peso de su cuerpo en la cerámica.
Él no la soltó, enterrando los dedos en sus costillas para pegarla a él antes de comenzar a bombear su polla sobre el vientre de ella.
"Me hubiera encantado llenarte..." murmuró. "pero no pienso cargar un bebé luego."
Clarisse frunció el ceño, sacudiendo la cabeza para ignorar la idea que Draco plantó en su mente. Pequeños niños rubios con rizos. Era estúpido pensar en hijos ahora menos cuando se trataba de Draco Malfoy.
Ignoró sus palabras, tomándolas como una burla más de entre tantas.
Bajó su mirada a la punta que, apoyada contra su ombligo, comenzaba a chorrear el líquido blanco, haciendo que Draco emitiera un gélido y grueso gemido, tirando de su cabeza hacia atrás mientras frotaba su pene contra la piel de Clarisse.
"Draco." habló ella, separándose de su cuerpo para limpiarse bajo la ducha. "¿Esto fue otro polvo y nada más?"
Su expresión cambió, volviendo al tono frío y sombrío de siempre. Sin mirar, salió de la ducha, tomando una de las toallas que hacían sobre el lavabo.
Clarisse resopló. Dándole la espalda para comenzar a poner jabón en su cuerpo.
«¿Realmente creí que podría ser diferente esta vez?»
El crujir de la puerta al abrirse la hizo sentir humillada, a pesar de hacer todo el esfuerzo por mantenerse rígida. La pregunta que salió de su boca definitivamente no debió ser, pero ella estaba lo bastante confundida para necesitar una respuesta.
Frotó su cuerpo con fuerza, queriendo sentirse nuevamente limpia, cuando la voz de Draco,la hizo estallar.
"Definitivamente es más que eso."
•~᯽~•
Clarisse bajó las escaleras. Sintió murmullos en la cocina por lo que supuso que Theo y Blaise aún estaban allí.
Antes de entrar, dio un pequeño vistazo, ahora más detallado, al salón. Se veía exactamente igual a la última vez que había estado allí. No habían vidrios rotos, objetos desaparecidos y algo que indujera que había pasado.
Contando que la Mansión estaba repleta de Mortífagos, cualquier ataque menor podría ser frustrado por ellos. Contaban con alto poder. La magia oscura suele ser más poderosa.
Siguió caminando con delicadeza, arreglando su blusa antes de entrar a la cocina.
"Liss," la llamó Zabini, palmeando el taburete a su lado. "encontramos pastel."
Clarisse sonrió, sentándose a su lado. "No tengo hambre Blaise, muchas gracias."
"Cariño..." murmuró Theo severamente. "no te he visto comer desde que llegamos a esa cabaña. Si mueres de hambre viviré con la culpa de haber tenido la posibilidad de evitarlo."
"Theo, no moriré." respondió ella con una sonrisa. "No aún, al menos."
Marcus y Draco aparecieron en el lugar, ambos con un rostro de enfado. Ella se revolvió en su asiento, bajando la mirada hacia sus manos apoyadas en el mesón.
"Te duchaste, Liss." dijo Marcus, alzando la ceja hacia ella.
Ella puso los ojos en blanco, raspando con su uña un pequeño orificio en el mármol. "Si, Marcus, me duche."
"Y Draco, ¿también te duchaste?"
El rubio no respondió, en cambio, se dio la vuelta para tomar un vaso de agua. Marcus parecía divertido. Pero tras su gracia se escondía la ira.
"Entonces, en pocas cuentas, ustedes se ducharon jun -"
Clarisse golpeó la mesa, haciendo crujir la mesa. "Marcus, si comenzarás con tus -"
Repentinamente, el toc de unos tacones se esparció desde los calabozos, dejando ver a Narcissa, sudorosa, despistada y pálida.
Apenas alzó su cabeza, sus ojos se abrieron como platos, quedando casi inmóvil al verlos. "Q-qué están..." el hilo de voz se cortó, y ella avanzó con rapidez hacia los cinco chicos. "¿Por qué están aquí?"
"Recibimos su carta señora Malfoy." respondió Theo, sacando el pergamino que él había guardado. "Creímos que -"
"Yo no envié esto." interrumpió, pasando sus dedos por la letra de tinta. "Yo - yo no escribí esta carta."
Draco se tensó, avanzando con cuidado hacia la mujer. "Es tu letra madre. Tu firma. ¿cómo puede alguien haber calcado tus siglas a la perfección?"
Los ojos de Narcissa sobrevolaron por sus rostros y Clarisse vio sus sentimientos esconderse tras las dos motas brillantes que poco a poco se nublaban en lágrimas.
Preocupación, algo de tristeza y hasta culpa.
"Narcissa que está pasando..." susurró Clarisse, tomando su mano con fuerza.
La mujer negó con la cabeza lentamente, ahora, mirando al vacío. "Ustedes deben irse, no es bueno que estén aquí."
Sus manos temblorosas se sacudieron, pidiendo que todos se pusieran en pie. Estaba en shock y apenas podía hablar. Su boca abría y cerraba con temor.
Ellos estaban confundidos, pero no se atrevían a preguntar, la expresión de la mujer los había dejado lo bastante asustados.
"¡Oh, pero si esta aquí!"
La voz aguda de una mujer hizo eco desde el mismo punto en que Narcissa había aparecido. Una mata de pelo ceñudo y enredado con rizos negros culminó desde la oscuridad.
"Marcus." siguió diciendo, esta vez con disgusto. "Creí que eras lo suficientemente inteligente para no escapar."
"¿Qué dices?" preguntó él, por primera vez demostrandose frágil.
La mujer sonrió, dejando ver sus dientes amarillentos y rotos, marcas negras entre ellos. "El Señor Oscuro los espera, sobre a todo a ti... pequeña niñita."
