El sonido de la puerta al abrirse y cerrarse de golpe en la madrugada despertó a Maddie de su profundo y largo sueño en el sofá del salón de casa de los Woodward. En un principio creyó que había sido Gustus pero cuando se incorporó asomándose un poco solo pudo reconocer los calcetines de Ilian subir presurosamente cada escalón y su espalda y oscuro pelo perdiéndose escaleras arriba.

Maddie se llevo las manos a la cara y bostezo justo antes de mirar el reloj colgado en la pared. Las cuatro y diez de la madrugada y mañana ella y Aden tenían clase.

Emitiendo un pequeño sonido de lamento y exasperación, volvió a dejarse caer sobre el sofa demasiado cansada para subir las escaleras que la separaban de su confortable cama en su habitación.

Con suerte aún podría dormir un par de horas más lista para comenzar un nuevo día por lo que se acurrucó de nuevo y hundió la cara en el almohadón del sofá no queriendo ahora mismo saber nada del resto del mundo salvo que sus mejores y más preciados sueños la esperaban.

Aden que dormía hacía ya bastante rato boca abajo en su cama se movió al oír la puerta del baño abrirse y ver la luz del pasillo encendida. Supuso que alguno de sus hermanos mayores había llegado o que Maddie se había cansado de ver la televisión y había decidido subir preparándose para meterse en la cama y dormir arriba.

Gustus estaba claro que no era, porque era mucho más ruidoso que ninguno de ellos y siempre por el ruido que hacía se sabía.

Realmente no sabía porque aún le permitían vivir dentro de aquella casa.

Bueno si, técnicamente era su padre y su tutor legal por lo que para cualquier cosa debía convivir bajo el mismo techo que ellos o Servicios Sociales muy probablemente les llevaría y les separaría a todos. Al menos a él y a Maddie que solo tenían quince años, y a Ontari que tenía diecisiete.

Ilian con diecinueve quedaba ya fuera de aquella ecuación y Lexa con veinte y Luna con veintitrés por mucho que lo solicitasen nunca conseguirían obtener su custodia sin la firma de sus padres y sin la aprobación de un juez.

Eso por no contar que sus ingresos eran insuficientes para mantenerles a todos en teoría y que Luna se encontraba en el hospital desde hacía ya casi ocho meses en los cuales no había podido despertar.

Por otra parte, Lexa no atravesaba su mejor momento y no había sido la misma desde que todo aquello paso. Era mejor tener a Gustus allí de comodín, que ir a una casa de acogida rodeados de extraños o a un Centro a la espera de que les encontrasen una casa en la que les quisiesen y todos sabían de antemano que aquello nunca había salido bien.

Alguna que otra vez ellos habían pasado por sitios así a la espera de que apareciese Gustus un par de semanas más tarde cuando eran demasiado pequeños, y la experiencia no fue nada agradable.

Genial, ahora se había desvelado.

Aden suspiro y de mala gana se quitó la manta sacando los pies de la cama para bajarlos al frío suelo y tomándose unos segundos para frotarse los ojos con algo de pereza y sueño se levantó encaminándose vagamente hacia la puerta de su habitación saliendo por ella para ir al pasillo donde se encontraba el baño.

Aden llamó con los nudillos en la blanca puerta y apoyó la cabeza de esta cerrando los ojos comenzando a bostezar aletargadamente.

—Maddie, tengo que mear —dijo elevando un poco la voz tras llamar con los nudillos sin abrir sus ojos apoyado de la puerta—. Anda sal de ahí, y déjame entrar.

El sonido de la cadena hizo que abriese sus ojos y se separase un poco de la puerta cuando esta tras unos segundos se abrió, e Ilian con la mirada esquiva y los ojos algo enrojecidos salió del baño.

—Maddie está abajo, soy yo —dijo quedamente pasando por su lado para dejarlo entrar—. Todo tuyo, colega.

Aden que vio como Ilian se dirigía hacia la puerta de su habitación se le quedo mirando frunciendo ligeramente el ceño ya que le pareció extraño verle así.

—¿Va todo bien?

Ilian que trago se atrevió a levantar la mirada dándole una pequeña sonrisa carente de importancia.

—Todo bien, me voy a la cama, estoy muerto.

Aden que le creyó se dispuso a entrar al baño pero se detuvo a mirarle.

—No fuiste hoy al taller.

—Oh si, es que me entretuve en casa de Octavia —repuso Ilian con un leve gesto devolviendole la mirada al abrir la puerta de su habitación queriendo entrar y meterse en la cama lo antes posible—. Le lleve las cosas para Kayle y olvide avisaros.

—Esa chica que está tan buena, la morena, Raven —comentó Aden bajo el marco de la puerta del baño mirándole—. Ha dicho que tranquilo, que te mejores de la gripe y que te cubriría con Sinclair.

Ilian que se le quedo viendo asintió al escucharle poniendo buena cara a su hermano pequeño.

—Genial.

—Parece buena tía —le sonrió un poco Aden con un gesto quedo—. Deberías invitarla a salir alguna vez.

Ilian que apoyó la mano del marco de la puerta encendiendo la luz de su habitación para comprobar que Gustus no estuviese ocupando su cama volvió la cabeza fugazmente para mirarle forzando una cansada sonrisa.

—Si, quizás lo haga.

Aden que le sonrió contento de que aceptase su idea hizo un gesto dándole las buenas noches.

—Bueno, yo tengo que... —haciendo como que tenía que entrar a orinar—. Que descanses.

—Hasta mañana —se despidió Ilian entrando después en su habitación.

Cerro la puerta tras de si y se dejo caer contra ella necesitando respirar hondo por momentos.

Estaba... ni siquiera sabía como se encontraba ahora mismo, había sido una estupidez irse así dejando a Octavia con la palabra en la boca y sin una explicación pero en el fondo quizás era lo mejor.

Quizás por una vez hubiese actuado correctamente y aquello era lo mejor que podía hacer por ella, alejarse, olvidarse de lo que alguna vez había sentido y lo que sentía por ella.

El estomago se le encogió al pensarlo fríamente, quizás Aden tenía razón, quizás fijándose en otra chica pudiese sacársela de la cabeza, quizás así no le resultaría tan duro olvidarse de ella.

Quizás era eso lo que tenía que hacer y Raven era una gran chica, la conocía tan solo desde hacía algunos meses pero era guapa, era divertida, genuina y encantadora y además compartían la mecánica en común y lo más importante el afan de independencia.

¿Debería acaso fijarse en ella? ¿invitarla a tomar algo como había sugerido su hermano pequeño?

No, eso... eso era egoísta, eso sería casi como utilizarla y él no hacía esas cosas. Si estaba con una chica era porque le apetecía a ambos, porque iban a lo que iban los dos o por interés mutuo, nunca por conveniencia o por utilidad.

A diferencia de muchos, él no podía funcionar así. Él necesitaba sentir algo, algo más que le condujese a una atracción, a una conversación, a un beso, al sexo... con Octavia sentía todo aquello y más, pero le había dejado bien claro que aunque se encontrasen de aquella forma, aunque se viesen a escondidas, él nunca la tendría. No completamente, no como a él le gustaría.

Si, lo más sensato era forzarse a olvidarse de ella y tratarla como a una hermana más.

El mundo entero se lo pedía a gritos, su sensatez se lo gritaba y posiblemente a ella también, las chicas eran mucho más listas e intuitivas para ese tipo de cosas y dudaba que Octavia fuese una excepción.

Quizás lo mejor sería darse por vencido y no complicarse aún más la existencia, bastantes problemas tenía encima con los que lidiar como para añadir uno más a la mezcla y más aún, uno como el que era aquel.

Ilian dejo resbalar su espalda por la puerta hasta quedar sentado en el suelo, y apoyó sus brazos de las rodillas flexionadas hacia el techo echando ligeramente la cabeza hacia atrás necesitando cerrar los ojos y relajarse un poco, suspirando.

¿Por qué las cosas tenían que ser siempre tan complicadas para él? ¿por qué?...

Continuara...