Clarisse era arrastrada por Bellatrix por el corredor mientas se sacudía intentado liberarse de sus manos que le hacían daño al apretar sus muñecas. Había dicho que Voldemort la esperaba, justamente a ella.

Estaban en un pasillo desconocido, apenas pequeños focos de luz iluminando la eternidad. Podía oír murmullos tras las puertas por las que pasaban, y supuso que eran los Mortífagos. Ellos no podían dejar al Señor Oscuro solo.

Intentaba mentalizarse. Ella estaba de su lado, lo apoyaría a pesar de todo. Quizá sólo necesitaba conocer que tipo de personas se estaban reclutando sin su permiso.

La lealtad debía se concedida.

Bellatrix la tiró contra la puerta, riendo al oírla sollozar a la vez que abría. Clarisse jadeo, siendo empujada al interior de la sala.

"Mi Señor, disculpe la tardanza." murmuró Bellatrix, dejando caer a Clarisse en el suelo. "La mocosa es algo luchadora."

"Vete."

El sólo tono de su voz la hizo estremecer de temor, haciendo que sus brazos perdieran la fuerza. Un fuerte sollozo la hizo voltear, viendo un bulto color negro aferrado a la esquina de la sala.

Bellatrix dio una pequeña reverencia, casi notoria, y salió de la sala, dejándola en un mar de horror y sofoque. No quería levantar la mirada. Nunca había visto al Señor Oscuro y tampoco planeaba hacerlo. No sabía cómo actuar ni mucho menos que decir, y por la sola reacción de su cuerpo a la voz áspera de él, sabía que nada bueno podría pasar.

"Los White..." murmuró Voldemort, dando pasos lentos hacia ella. "cada día decepcionandome más."

Clarisse se mantuvo cabizbaja. Sus rodillas se apretaron contra su cuerpo y sus manos temblaban sin disimulo.

"Cuando será el día en que aprendas, Elizabeth, que mientras más te niegues, peor serán las consecuencias."

Sus ojos se abrieron como plato cuando se dio cuenta que era su madre quien estaba tirada en el suelo. Su cabello tapaba su rostro pero podía sentir los pequeños jadeos que la hacían saltar en su lugar.

"Clarisse White..." la llamó, tintineando la varita entre sus dedos. "Te encantará saber lo mucho que tu madre daría por ti..."

Todo lo que ella había pensando hasta el momento, se esfumó, y cada palabra que salía de la boca de Voldemort era dolor para Clarisse.

"¿Quieres que le cuente Elizabeth?" preguntó él, mirándola con frialdad.

La mujer comenzó a incorporarse, dejando ver su rostro pálido. Las bolsas bajó sus ojos eras oscuras y sus mejillas estaban mojadas, haciendo que mechones de su cabello se pegaran a su rostro.

"Debes estar agradecida, Clarisse." siguió diciendo en un tono bajo y tenebroso. "Tu querida madre hizo todo por salvarte. Incluso traicionarme. ¿Crees que el traslador fue una coincidencia?"

Imágenes de su madre, tratándolo mal, insultándola y comportándose ajena a ella. ¿Había sido para protegerla? ¿O simplemente fue un acto en pro personal? También pensó en aquella noche. Narcissa entregándoles el collar de plata. ¿Aquello había sido idea de su madre? ¿Ella sabía que esto pasaría?"

"Tengo un propósito..." murmuró Voldemort, enroscando la varita en sus dedos. Clarisse pudo ver que aquella era la varita de su madre. "Ustedes tiene fuerza. Cinco jóvenes hijos de Mortífagos en plenitud, que podrían servirme fielmente. ¿No es eso una maravilla?"

Clarisse lo había pronosticado.

Ellos se convertirían en sus servidores. La marca estaría en sus brazos desde hoy. Todo lo que había pensado era en eso, y ahora, cuando estaba a punto de ocurrir, no podía sentirse más asustada.

"Aunque contigo tengo otros planes." dijo él, caminando con lentitud hacia un pequeño pedestal cercano. "Tienes poder Clarisse, puedo sentirlo correr por tu sangre. Eres una joven fuerte pero aún no logras llenarte por completo."

Ella comenzó a respirar desesperadamente. Podía ver a su madre seguir sollozando mientras intentaba volver a ponerse en pie, pero le era imposible. Podía ver sangre correr por el lado posterior de su oreja. Un hilo color rojo caía por su cuello.

"¿Aún intentas demostrar lo que eres no?" le preguntó, tomando un pequeño objeto entre sus manos. "Eso es algo que tenemos en común Clarisse. "

Ella, con la poca fuerza que su cuerpo le permitía, se inclinó. Entre los rugosos dedos de Voldemort halló un collar. Una piedra color lila en un armazón de plata. Lo reconoció.

"Había pensado ponerles mi marca pero... creo que eres diferente." repuso, acercándose a ella con sigilo. "Creo que puedes hacer mucho más por mí."

Clarisse comenzó a sentirse mareada. Sus manos a penas la sostenían y el piso estaba impregnando la frialdad en sus piernas que hormigueaban sin sentido. No podía entender que podría ser más servicial que un Mortífago. No conocía más tipos de servidores e intentaba sacar conclusiones que solo le eran erráticas.

Sintió un peso muerto moverse y su madre jadeo. "No puede hacerle eso mi señor... ella no será capaz -"

"¿Cuestionas mis decisiones Elizabeth?"

La mujer se cohibió, bajando la mirada lentamente. "Es una niña..." susurró. "No podrá..."

Voldemort la ignoró por completo y se inclinó hacia Clarisse. "¿Te sientes repugnada por tu madre? ¿No te ha hecho ella la vida imposible."

Ella sintió su labio temblar y temía responder, pero en cierta parte él tenía razón. Su vida había sido algo tortuosa y aún así el dolor de ver a su madre en ese estado era horrible.

"Conmigo tendrás grandeza," prosiguió. "serás fuerte y tendrás más poder que cualquier otro. No sin antes ayudarme primero."

La desgarradora voz de su madre la hizo temblar y su cuerpo se apretó contra sí. "¡No!"

Un jadeo salió de la boca de Voldemort antes que se girara para apuntarla con su varita. "¡Crucio!"

Los gritos llenaron el vacío del lugar y Clarisse se arrastró hacia la pared más cercana, apretando sus palmas contra sus oídos para contrarrestar el dolor en sus tímpanos. Cerró los ojos con fuerza no queriendo ver la imágen que sucedida frente a ella.

Luego de lo que fueron extensos segundos los gritos pararon. Ella podía sentir las lágrimas caer por su rostro y se negaba a abrir los ojos. Sintió los pasos del hombre acercarse a ella y se acurrucó entre sus piernas, intentando volverse invisible a sus ojos.

"Desde ahora Clarisse, tendrás mi vida en tus manos."

Ella sintió una presión recorrer su cuerpo. Comenzó a ponerse de pie, pero no por acto propio. Un tipo de energía pesada recorría su cuerpo y ella no podía detenerla. De pronto se vio de pie, inmóvil. Su garganta se secó cuando vio a Voldemort levitar con su varita el collar, que poco a poco flotaba hacia ella.

"La Piedra de los Gaunt ha sido una reliquia por años..." murmuró él, moviendo su varita con sutileza. "generación por generación hasta llegar a mis manos."

Clarisse hacia todo el esfuerzo por corromper la magia que utilizaba contra ella, pero era imposible, y la desesperación que le provocaba ver el collar rodear su cuello sólo la estaba matando aún más.

Voldemort sonrió cuando el click del broche sonó, sellándose por completo. "Ahora es tú obligación mantener esta piedra a salvo."

Repentinamente un ardor en su pecho la hizo jadear cuando la piedra tocó su piel. La magia de su cuerpo se desvaneció, pero en segundos, una nueva ola la azotó. Esta vez era aún más fuerte. Sintió sus mejillas calentarse y sus ojos le dieron una vista nublada. Miró al hombre frente a ella, absorbiendo su cuerpo.

Él la estaba controlando.

Sabía que aquello no era un Imperius. Recordaba haber leído sobre ello. Al recibir una maldición como esta tu cuerpo cae en un estado de trance donde todos los sentidos desaparecen.

Esto era todo lo contrario. Jamás se había sentido como ahora y supo que todo se debía a la piedra. Llevaba consigo la vida de Voldemort. ¿Qué significaba eso?

"Veremos que tan poderosa eres Clarisse, cuando tu ser interior le gane a tus pensamientos."

No vio el momento en que sus pies comenzaron a caminar hacia su madre, quién yacía recostada, inmóvil, y retraída. Su mano se enterró en su bolsillo, enroscando los dedos en su varita. El tibio calor de las lágrimas humedeciendo su rostro. Su mano se alzó, apuntando al cuerpo de la mujer que la había intentado salvar.

Su corazón se rompió. Mientras las palabra Crucio, salía con total normalidad de sus labios.

Gritos.

Sus oídos se taparon y apenas oía un aullido mientras veía revolverse la túnica en el suelo. Su cabello pegó contra su frente por la brisa de la maldición y sus ojos estaban abiertos pero ella ya no veía nada.

Cuando el poder dejó su cuerpo, la varita cayó de sus dedos, resonando en el mármol a la vez que ella caía de rodillas frente a su madre, llorando y arrastrándose hacia su cuerpo. No podía creer lo que acababa de hacer. El dolor que acababa de provocar. Podía creer llevar a cabo maldiciones por obligación contra otras personas, pero hacerlo con su familia era algo que la dejaría marcada para siempre.

El grito de Voldemort la hizo apretar su cuerpo al de la mujer, que ahora, apenas respiraba.

"Bellatrix" llamó Voldemort a lo que ella pudo oír el chirrido de la puerta. "Quiero que traigas a todos aquí ahora mismo."

Clarisse alzó su mano, corriendo el cabello de su madre para admirar su rostro. Sus ojos estaban cerrados y su boca entre abierta. Comenzó a susurrar palabras que ni siquiera ella podía entender. Su mente estaba shockeada y pensar en un plan le sería imposible."

Luego de unos minutos la puerta volvió a abrirse y Clarisse se volteo, mirando a sus amigos entre sollozos.

Su mirada chocó con la de Theo, que al primer segundo en que la vio, sintió el impulso de correr hacia ella, pero la mano de Dolohov lo hizo frenar, arrastrándose a su puesto nuevamente.

"Oh, adelante..." hablaba Voldemort con gracia. "la señorita White y yo conversábamos sobre el honor de ser parte de este gran triunfo."

Ella pudo admirar las expresiones de cada uno.

Theo temblaba, cabizbajo, como si no quisiera creer que aquello estaba sucediendo. Marcus miraba con seriedad a Bellatrix quien no paraba de sonreír antes las palabras del Señor Tenebroso. Blaise movía de manera descontrolada su pie, y sus manos estaban tras su espalda mientras su ceño se fruncía mirando hacia el vacío. Y Draco...

Draco no lo había quitado un ojo de encima desde que entró a la sala. Podía ver tras el gris, la tristeza y desesperación. Él tenía miedo. Tanto miedo como los demás.

"Deberían sentirse afortunados de estar aquí hoy." les dijo Voldemort, acercándose a ellos con la varita predispuesta. "Este día podría ser el más importante de sus vidas."

Clarisse seguía reclinada en el suelo, moviendo su mano sobre el cabello de su madre, esperando recibir algún movimiento de su parte.

"Han demostrado ser jóvenes valientes y eso merece la muestra de mi gratitud." sus pies pararon frente a Theo, y enterró sus uñas en la barbilla de él, haciéndolo levantar la mirada. "Es por eso que creo que están listos para dar un paso más grande."

Bellatrix rió con felicidad, apoyando su lengua entre sus quebradizos dientes.

"Sujétenlos."

En segundos, los Mortífagos que acompañaban tomaron de rehenes a cada uno de los chicos, quienes hicieron un esfuerzo vano en soltarse. Clarisse sabía que no se negarían. Sus destinos estaban escritos y las cosas debían ser así. La negación solo era sinónimo de muerte.

"Alcen sus brazos en símbolo de lealtad." siseó Voldemort, tomando el brazo de Theodore quién cerró sus ojos con fuerza. "La Marca es el signo más preciado que podrían llevar sobre su cuerpo."

Clarisse vio como el hombre enterraba la punta de la varita en el brazo de Theo, susurrando palabras ininteligibles mientras una mancha color negra comenzaba a florecer sobre la piel de Nott. Él jadeo, apretando la mandíbula mientras se sacudía en los brazos de Dolohov.

Apenas terminó, avanzó contra Marcus, tirando su brazo para realizar la misma acción.

Clarisse no quería ver. No aguantaba las expresiones de sus amigos y no podía imaginar su dolor ahora mismo.

Sin pensarlo, apoyó dos de sus dedos en el cuello de su madre, buscando pulsaciones. Pero nada. Por más que recorriera su cuello no podía encontrar el latir de su corazón. Puso su mano cerca de sus labios, esperando sentir una bocanada de aire, pero era en vano.

"¡Marcus!" escuchó rechistar a Bellatrix. "Dale las gracias a nuestro Señor."

De reojo vio a Lestrange. Sus hombros caídos y sus ojos fijos en la serpiente que recorría su brazo. "M-muchas gracias mi Señor..."

"Bien." dijo él, inhalando mientras su pecho se alzaba. "Es todo, váyanse de aquí."

"Pero mi Señor..." susurró Bellatrix, abriendo sus ojos como plato. "falta la chica..."

"¡Fenrir!" gritó él, haciendo que el Mortífago corriera a su lado.

Greyback se inclinó, mostrando respeto. "¿Si mi Señor?"

"Trae a la señorita White aquí."

En dos pasos, Fenrir tomó por los hombros a Clarisse, levantándola con fuerza para arrastrarla junto a los demás. Ella no hizo esfuerzo alguno por escapar. Su honor ya había sido declarado.

Cuando llegó junto a Voldemort, éste la miró, pasando uno de sus sucios y pálidos dedos por la mejilla de ella. "Verás Bellatrix, ella no necesita la marca." murmuró. "Ella vale más que eso -"

Clarisse tragó saliva, girando su rostro para encontrarse con el de Draco. Su ceño estaba fruncido y sus ojos perdieron el brillo. El terror seguía habitando en él y podría creer que hacía todo lo posible para no zafarse de los brazos de Mulciber y tirarse contra ella.

Con un chispar de sus dedos, Voldemort ordenó. "Llévenselos."

Bellatrix se quejó, mirando a Clarisse con furia. "Pero Señor -"

"¡Que se larguen!"