Clarisse no había dejado de llorar.
Ella estaba desolada y sintiendo que todo se escapaba de sus manos. Había lanzado una maldición a su madre, y podría jurar que había muerto en sus manos siendo controlada por él.
Por Voldemort.
Ella tenía su vida. ¿Cómo se suponía que cuidaría de su vida si apenas podía con la suya?
Caminó hasta el gran espejo de la habitación y miró su cuello, rodeado de plata con aquella piedra color lila que yacía sobre su pecho. Ella lo tomó entre sus dedos, y apenas las yemas hicieron contacto, la energía recorrió su cuerpo.
Pudo ver sus ojos oscurecer.
Fue un lapso de tiempo tan corto, que Clarisse creyó que sólo había sido una visión.
La puerta sonó en tres suaves golpes y ella soltó la piedra volviendo a mirar su ojos que ahora relucian con total normalidad.
"¿Clarisse?"
Theodore apareció por el hueco de la puerta, esperando que Clarisse lo dejara entrar. Ella cedió, acercándose a la cama cabizbaja, limpiando las lágrimas que aún corrían sin parar por sus mejillas.
La escondite entre sus manos fue en vano, y en cuanto Theo vio su rostro, se acercó a ella. "Mierda, cariño... ven aquí."
Clarisse explotó, porque en su interior aún quedaba demasiado que liberar. Los brazos de Theo la rodearon y ella se acurrucó en el hueco de su cuello, sollozando contra su pecho mientras sus dedos apretaban el cuello de su camiseta.
"Dime que pasó Liss..." susurró él, apoyando su mentón en la cabeza de ella. "qué te hizo..."
Clarisse apenas podía respirar entre sus lágrimas y la sensación de Theo contra ella no le ayudaba. Nunca había sentido que se preocuparan tanto por ella como él lo hacía, y aquello no hacía más que hacerla sentir aún más triste.
No quería perder a Theo tampoco.
"Cariño si no me lo dices será pero..." sus dedos acariaron su cabello mientras ella comenzaba a relajarse. "no está bien que guardes tu dolor, quiero que me lo digas."
La mano de Theo se apoyó en su mandíbula, y con suavidad, tiró de ella para ver el rostro pálido y lo ojos rojizos de Clarisse.
"Me duele verte así Liss, no lo soporto." susurró él.
Clarisse suspiró, y lentamente soltó la camiseta de Theo, llevando su mano al colgante de su cuello. Él siguió sus movimientos, centrándose en la piedra que ahora estaba entre sus dedos.
"Él no me hizo la marca..." murmuró, con su vista fija en los labios de Theo. "pero me dio algo peor."
La piedra vibró en sus dedos, y ella sollozo sólo con el ardor de sus yemas al entrar en contacto con el mineral. Él lo sintió también, y al instante tomó sus manos, bajandolas sobre su regazo mientras seguía admirando el lila brillante.
"Esto es... ¿qué se supone que es?"
Ella movió su cabeza en negatividad. "No lo sé Theo. Pero sé que es peligroso, puedo sentirlo. Mi pecho está apretado y me siento... diferente, no sé que me pasa..."
"Liss, ven aquí, te lo quitaré."
"Es Magia Oscura." dijo ella, reclinandose para evitar que Theo tocara la piedra. "Lo intenté..."
Las manos de Nott temblaron y pudo ver tristeza en su mirada. Él la entendería, de dijo a sí misma.
"¿Él te dijo lo que era?" preguntó, volviendo a acurrucar a Clarisse en sus brazos.
Ella suspiró. "Dijo... él dijo que ahora tenía su vida en mis manos." murmuró. "Y siento - siento su poder en mí Theo. Es algo tan difícil de explicar... él me hizo -"
Su garganta se cerró. La armagura rozó su piel y sentía que las palabras ya no podían salir de su boca. El sólo hecho de decirlas las hacía ver aún más reales, aunque intentaba convencerse a sí misma de que lo que vivía, era lo que siempre tuvo que pasar.
"Qué hizo Liss." dijo Theo. Ella sintió la vibracion de su pecho y tembló. "Dímelo cariño..."
Clarisse se aferró a él con aún más fuerza. Su rostro hundiéndose en su pecho como si aún no fuera suficiente el contacto de sus dedos.
"Me controló." respondió, y él cuerpo de Nott se tensaba. "Yo le lancé una maldición a mi madre Theo, y ni siquiera pude controlarlo."
Sus ojos ardieron y lo cerró, apretando las lágrimas que cayeron gota a gota por su rostro, dejando un camino por sus mejillas.
"Clarisse..." susurró él, sus dedos se enrollar on en su cabello para acariciarlo con suavidad. "quiero que me escuches y grabes esto en tu cabeza ¿si?"
Casi sin fuerzas ella asintió, y Theodore se levantó de la cama, agachadose frente a ella mientras sujetaba sus piernas para no perder la calidez de su cuerpo.
"No estás sola." le dijo. "Ni nunca lo estarás. Nos tienes a todos. Estoy seguro de que Blaise, Draco y hasta Marcus te apoyarán en esto..."
Clarisse no quería. Ella no pensaba contárselos. Ni siquiera había pensado decírselo a Theo. No quería que ellos tuvieran que ponerse en su lugar. La empatia en este momento era lo menos importante para ella.
"Pero voy a dejarte claro Liss, que no te dejaré. Desde ahora estaré a tu lado siempre y prometo que haré todo lo posible por protegerte -"
"Theo no." lo interrumpió ella, limpiando su rostro. "No voy a dejarte entrar en esto. Él me dio esta tarea, y la cumpliré, pero no necesito que alguien esté a mis espaldas, solo me hace sentir más débil y... no quiero que sufras por algo que no tiene que ver contigo."
"¿Que no tiene que ver conmigo?" resoplo, una sonrisa sin sentimiento en sus labios." Clarisse, tiene todo que ver conmigo. Eres mi amiga. Una de las únicas que tengo por así decir. No voy a dejarte sobrellevar esto sola. Voy a estar a tu lado, te guste o no, porque no voy a perderte."
Ella miró sus ojos, y nunca creyó ver algo tan puro y sincero, pero ahí estaba Theo, frente a ella, mostrándole que las personas quizá no eran tan malas como ella creía, y que siempre podría encontrar algo de consuelo en el interior de otro corazón.
El silencio entre los dos había sido tan personal que no notaron cuando la puerta de la habitación se abrió.
Draco la miró, vacío, sus ojos algo rojizos. "Mi madre quiere que volvamos a Hogwarts hoy mismo."
"¿Qué?" preguntó Theo, poniéndose de pie pero sin soltar la mano de Clarisse. "¿Por qué?"
"Ella cree que es lo mejor para nosotros." respondió, fulminando sus dedos entrelazados. "Y pienso lo mismo."
Clarisse se puso de pie, apenas sintiendo su cuerpo al hacerlo. "¿Ella dijo algo de mi madre?" preguntó, apenas mirando a Draco. "¿Ella dijo algo?"
El apretó su mandíbula, y un leve movimiento de su cabeza le hizo saber que no tenía conocimiento de lo que ella preguntaba.
Su corazón se detuvo pensando en eso. No podía haber matado a su madre... ella no podía haberlo hecho.
"Tengo que hablar con Narcissa." dijo, soltando la mano de Theo para correr hacia la puerta.
Sus pies dieron pasos largos y sus brazos la impulsaban, pero al salir, su hombro golpeó contra el de él, y Draco enterró los dedos en su brazo antes de tirar de ella, avanzando por el pasillo y entrando a su dormitorio.
Clarisse estaba tan cegada por sus emociones que las cosas que sucedían a su alrededor no le permitían pensar con claridad, y fue cuando su cuerpo chocó con la pared, que pudo ver su reflejo en los grises ojos de Draco.
"Dejame verlo..." murmuró.
Clarisse frunció el ceño. "¿Qué?"
"El collar, quiero verlo."
Su piel se enfrió. ¿Él lo sabía? ¿Sabía que le darían el collar a ella? Apenas Clarisse vio el dije entre los dedos de Voldemort supo que había visto esa piedra, y así fue. Era el mismo mineral en el armazón de plata que se encontraba en el pequeño calabozo de la cabaña.
"¿Tú lo trajiste?" susurró, casi sin aire. "¿Tú le diste el maldito collar?"
"Clarisse yo -"
"¡Dime la verdad!" gritó, alejándose de él. "¿Sabías que me lo daría? ¿Estabas de acuerdo con eso?"
Él suspiró, pasando los dedos entre sus rizos desarmados. "¿Puedes escucharme... por favor?"
"Son... demasiadas cosas Draco, de verdad." murmuró ella, mientras miraba sus manos temblorosas. "No sabes lo que me hiciste..."
"Yo no te he hecho nada Clarisse, entiéndelo."
"¡Trajiste el collar porque lo sabias!" exclamó ella. "Quizá no eres el que me está obligando a usarlo pero fuiste parte del plan, y no puedo confiar en -"
"¡Cierra la boca maldición!" le gritó él, avanzando hacia ella con ira, a lo que Clarisse respondió, alejándose de él. "Hay una explicación para todo esto."
"Entonces ¿por qué no me la dices?"
"Si me dejaras hablar podría hacerlo."
Clarisse cruzó los brazos sobre su pecho, su respiración en agonía al igual que la de él. Su cuerpo hormigueaba y sentía frío, pero eso era más abrazador que el ardor que la quemaba cuando sentía la magia aterrizar en su piel.
"Bien." respondió. "Cuál es tu explicación."
Draco exhalo, y Clarisse no pudo contener mirar su antebrazo mientras estaba desprevenido. La marca estaba viva e incluso podía verla burbujear.
"Yo... es cierto, yo traje la piedra." confesó. "Pero no tenía idea de que serías tú la que tendría que llevarla."
"¿Entonces?"
"Creí que sería yo..."
Ella notó como su garganta se quebró con las palabras pero aún así la impotencia que sentía era más grande que la compasión.
"Bueno." dijo, parándose de la cama y dando grandes pasos hacia la puerta antes de tomar el pomo. "Supongo que ahora estás feliz de no llevar la carga."
El pasillo estaba vacío y avanzó, centrando su mente en ahora, buscar a Narcissa.
"¿De verdad crees que estoy feliz?" sintió su voz tras ella.
"No sé, ¿tú que crees?" bufó, sin mirar atrás.
Un gruñido salió de su garganta. "¿No lo entiendes?" preguntó. "¿De verdad piensas que estoy feliz de que la persona que quie -"
Clarisse frenó sin darse cuenta. Sus pies pegados sobre la alfombra no le permitían avanzar, y el pasillo pronto se hizo más extenso, las paredes se apretaban y ella sentía como comenzaba a sofocarse.
"...de que estés en esta posición." susurró, arreglando sus palabras.
Su labio tembló. Pero lo reprimió. Trago saliva y aclaró su garganta antes de sentir que el peso de su cuerpo caía, dejándola avanzar nuevamente y con más rapidez hacia las escaleras.
"¡Mierda!"gritó Draco, y pronto sintió los pasos seguirla. "Clarisse deja de caminar."
Y no lo hizo. Sus palabras sólo la hicieron tomar más aliento, alejándose lo más rápido que su mente le permitía.
"¡Joder Clarisse deja de caminar!"
Una presión la hizo detenerse, como si un muro invisible cubriera el resto de su camino. El impacto contra ella la hizo retroceder, antes de quedarse parada. Sin decir una palabra, se volteo, viendo a Draco caminar hasta ella.
Clarisse abrió la boca. Ella iba a gritarle, a decirle lo mucho que lo odiaba en ese momento y lo imbécil que había sido con ella al no contarle sobre la piedra. Quería golpearlo y alejarlo. Descargar su ira, y tristeza sobre su pecho.
Un mareo la hizo tambalear, y el muro había desaparecido. Con rapidez, avanzó un paso.
"Detente ahora, voy a besarte."
Cada palabra, cada sentimiento y hasta su cuerpo se desvaneció al escuchar su voz, y cuando sintió la mano deslizarse por su cintura, se dio cuenta que éste era el comienzo de su fin.
Su cuerpo apretó contra el de él con brusquedad y sus labios se hundieron en una magia que pocas veces había sentido. Él deslizó su lengua contra la de ella y era tan suave que Clarisse se sintió perdida en el deseo de sentir aquel frescor en sus labios.
Ella apretó sus puños sobre su camisa, tirando de él para sentir su pecho apretar contra el suyo, y sintió las manos de Draco apretarla con tanta necesidad como ella. Su pulso se aceleró y sus labios se estumecian, ardiendo sobre los de él. Jamás había sentido tanto como en ese momento.
Jamás había sentido lo que Draco la hacía sentir.
Sus brazos subieron sobre su cuerpo y rodearon su cuello, y él bajó con desesperación sus palmas, deslizandolas por su espalda hasta llegar a la altura de su cadera y tirar hacia ella.
Clarisse hizo el mayor de sus esfuerzos por separarse de él, sintiendo la falta de aire. Draco entendió su lenguaje corporal y alejó su boca de la de ella, pegando su frente para estar lo bastante cerca y no perderla.
"Por qué me haces esto..." le susurró él, su tibio aliento rozando sus labios "Por qué me haces sentir así..."
Clarisse podía oír su respiración, pesada y entrecortada. El revuelo en su estómago era imparable y su interior sólo quería más de él.
"¿Sigues creyendo que estoy feliz Clarisse?" preguntó, su mano rozando sus costillas. "Me siento como un imbécil por no saber cómo actuar contigo..."
"Draco..." susurró, apretando sus labios. "No puedo... no sabes cuanto estoy sufriendo ahora y no creo que lo entiendas."
Las palabras fueron como una maldición para él, que en cuanto las escucho, apretó los ojos, como si quisiera borrar cada línea de su mente. Clarisse se sentía mal por eso, porque lo conocía lo suficiente para saber cuanto le afectaba la verdad, aunque no lo reconociera.
"¿Sabes cuanto he sufrido yo también?" su mano ahora pasó a su cintura y ella bajó la mirada. "Ambos estamos jodidos Clarisse, y no tenemos el control de las cosas. ¿Pero sabes de lo que si podemos tener el control?"
Clarisse alzó la cabeza, sintiendo que la piel de sus labios se rozaba nuevamente, y sólo aguantaba el impulso de volver a abalanzarse contra él.
" Ésto..." siseo, y sus manos la impulsaron contra él. "Ésto que está pasando ahora, está en nuestras manos."
Imágenes de un Draco solitario, aquejumbrado y oscuro pasaron por su mente. Cualquier habría dicho que el chico de tes pálida que vagaba por los pasillos marcando su presencia no tenía ni una pizca de sentimientos.
Quizá, ni siquiera tenía corazón.
Pero Clarisse se dio cuenta que a veces las personas hablan sin saber, y juzgan sin conocer.
Ella lo juzgo, y fue golpeada por la verdad.
"¿Qué quieres Clarisse?" preguntó, un tono suave y enloquecedor. "¿Qué quieres hacer con ésto?"
Ella trago saliva, sus pies inclinándose para alcanzar sus labios. "Sólo quiero que me beses."
