Ellos arreglaron sus maletas.

Severus había accedido a que volvieran a Hogwarts por medio de Polvos Flú, ya que entendía la situación y estaba al tanto de los acontecimientos sucedidos desde entonces.

Pero Clarisse no quería volver. Ella sólo quería volver a su casa, hundirse en su cama y enrollarse bajo las suaves sábanas blancas.

Añoraba los días en que su vida era algo más normal. Cuando se levantaba de su cama para salir al gran jardín de su hogar, mirando las flores que se esparcian por la tierra fértil.

Extrañaba cuando Hogwarts brillaba. Esos días en los que era feliz al salir de su cuarto, caminando con Pansy por los pasillos para ir a clases. Los banquetes y las charlas.

Todo eso se esfumó desde que decidió apoyar la causa.

Hacer lo que debía hacer...

La piedra estaba afectandola más de lo que podía creer, y eso que tan sólo llevaba horas con ella. Había un sentimiento de rencor hacia sí misma. Estaba rompiéndose por dentro, pedazo a pedazo, y nadie lo podía notar.

Nadie más que ella.

"¿Estás lista?" le preguntó Theo, tomando su bolso mientras llegaban a la chimenea.

Ella miró atrás, aunque no debía, y sus ojos chocaron con los de Narcissa, que aún seguían bañados en lágrimas luego de todo lo que había salido de su boca.

La mujer estaba arrepentida, e igual de rota que ella.

Y Clarisse lo entendía. La vida podía ser difícil cuando se vivía en una mentira...

Flashback

"Necesito que me lo digas..." suplicó ella, su labio temblando. "no puedo irme sin saber que está ocurriendo, merezco una explicación."

"Cielo, a veces es mejor no saberlo todo..." murmuró Narcissa, acercándose a ella mientras rozaba su mejilla con sus dedos.

Ella sintió una lagrima rodar por su rostro antes de hablar, casi sin energía. "Te lo suplico... Cissy eres la única que puede ayudarme ahora. Eres... La única que sabe todo."

Narcissa suspiró, dejando que Clarisse notara la nublez de sus ojos. Sus dedos temblaban y su pecho saltaba acorde a su respiración, intentando mantener la calma.

Finalmente, con un pequeño gesto de su cabeza, ella aceptó, sentándose en un pequeño taburete de gamuza color negro.

"No tenemos conocimiento de qué sucedió ese día..." comenzó ella. "el ataque fue frustrado al instante, claro, pero no era seguro que estuvieran aquí."

"¿Fue por el ataque?" preguntó Clarisse, inclinándose para tomar asiento junto a ella. "O fue por - por el Señor Tenebroso."

El labio de Narcissa tembló mientras buscaba respuestas. "Tu madre sabía muchas cosas cariño... entre ello, sabía que los tomarían como Mortífagos luego de la fiesta, y... ella entró en pánico." paró un segundo para tomar aire. "Quizás ella nunca lo demostró, pero se preocupaba por ti..."

Clarisse no podía entenderlo. Aún había demasiado vacío que rellenar y la información era llana. Pero debía hacerse cargo de lo más importante primero.

"¿Por qué la piedra?" susurró. "¿Por qué soy yo la que tiene que llevar la piedra?"

El rostro de la mujer se desfiguro, y Clarisse se sintió choqueada al poder ver tanto dolor en un solo gesto. Estaba asustada, tanto como ella, y se le hacía imposible pensar en ese momento.

"Cissy..." repitió, al ver que ella se había esfumado de la realidad. "dímelo -"

"Clarisse es -"

"Soy fuerte." espetó ella, su garganta quebrandose. "Sea lo que sea podré superarlo pero necesito que me lo digas, es mí vida la que estoy poniendo a prueba aquí, merezco saber porque razones podría morir."

Muerte.

Clarisse no sabía por qué asumía que podría morir, pero viendo la situación en que se encontraban, debía ponerse en todos los casos posibles.

"Cielo no digas eso..." murmuró Narcissa, sacando un pequeño pañuelo para limpiar sus mejillas.

"Es algo que podría suceder." respondió ella. "No sabemos qué nos depara el futuro... y por esa misma razón, al menos debo saber que ocurre en mi presente."

Narcissa la miró, en completo silencio. Una última respiración antes de hablar. "Los Gaunt..." dijo ella. "La familia por parte de materna del Señor Oscuro. Merope era una mujer que rompió los ideales de su familia al casarse con un Muggle, y fue peor cuando de aquel nefasto amor nació el que podría ser el alma más oscura que jamás haya visto."

Clarisse intentaba abrir su mente, imaginando un pequeño libro donde anotaba cada una de las palabras de Narcissa, esperando recordarlas para luego conectar las piezas.

"Tom Riddle fue un chico que pocos notaron en ese entonces." prosiguió. "Pero lo que muchos no sabían era que había más... Tom no fue el único hijo que esa noche salió de las entrañas de Merope." las palabras de Narcissa cada vez se debilitaban más. "Elizabeth Riddle nació pocos minutos después que Tom, y fue quien le costó la vida a su madre."

En ese momento el mundo de Clarisse dio un vuelco.

Elizabeth Gaunt era su madre.

"Tom y Elizabeth llegaron a un orfanato del cual, sólo uno de ellos tuvo buen final. Elizabeth fue adoptada por una buena familia... tus abuelos. Ellos le dieron una buena vida a tu madre, acunandola en su brazos. A lo años casó con un hombre de bien y tuvo una hija."

Ella no lo notó pero sus ojos ahogaron en lágrimas. Apenas conocía la mitad de su vida, y esa mitad no eran más que falsas imágenes.

"Eres la única heredera Gaunt." profezo Narcissa. "Eres la que tiene el cúmulo de poder en sus manos."

Fin Flashback

Estaba perturbada. No podía deducir más mentiras en su vida.

Ahora resultaba ser una Gaunt. La última Gaunt existente y la con mayor poder.

Por eso la eligió.

Ella no podía soportarlo. Era demasiado difícil pensar que ahora el riesgo estaba en sus manos. Si Voldemort se debilitaba, podrían culparla a ella. ¿Por qué?

La clave era fácil.

Tom Riddle odiaba a Elizabeth Gaunt.

Ahora Clarisse absorberia todas las consecuencias de años de sentimientos oscuros.

"Liss, ¿segura que estás bien?" volvió a preguntar Theo, tomando el Polvo Flú.

Ella fingió una sonrisa a la vez que asentía. "Si, no te preocupes, sólo quiero llegar al castillo y lanzarme sobre mi cama."

Con una pequeña y frágil caricia, entraron en la chimenea, al tiempo que Marcus, Blaise, y Draco llegaban a la sala.

"Tenemos que vernos en Hogwarts." dijo Lestrange, dejando su bolso en el suelo. "Vayan a la Sala de Menesteres apenas toquen tierra y esperen allí."

"¿Sala de Menesteres?" preguntó ella. "¿Por qué deberíamos ir allí?"

Draco se acercó, una mano en su bolsillo mientras la otra tiraba del cuello de su camisa. "Armario Evanescente." respondió. "Creemos que podría servir nuevamente."

"Pero deben haberlo quitado." dijo Theo. "Saben que lo utilizaron cuando entraron los Mortífagos a matar a... Dumbledore."

"Es cierto." interrumpió Zabini. "Deben haberlo quitado, o serían realmente estúpidos."

"Aun así," agregó Marcus. "tenemos posibilidades."

"Bien, entonces nos iremos." terminó Theo, tomando la muñeca de Clarisse.

Ellos se acercaron, mientras Nott tomaba un puñado de Polvos. Ella aún no estaba concentrada, y su alma se vio aún más perdida cuando lo último que vio fue los ojos mercurio que la fulminaron en cuanto desaparecio del lugar.

Y luego, la oficina de Snape. Oscura y vacía.

"Ven Liss, vamos a dejar tus cosas." murmuró Theo rápidamente, tomando su mano para sacarla de allí.

Ella caminó, sus pies enredandose entre sí. Theo la tomaba con suavidad, deslizándose por los pasillos vacíos hasta llegar a las mazmorras.

En un giro de su cabezs divisó el pasillo que daba a la torre de Gryffindor, y se sorprendió al ver el aspecto en que se encontraba todo el lugar.

Vio un par de leones caminando con bandejas repletas de comida claramente robada de las cocinas. Había escombros en el pasillos y grandes trozos de tela cubriendo la entrada al paso de las escaleras.

Avanzaron, pasando por fuera de la sala de Pociones, hasta llegar a la puerta de la sala común.

"Sangre Pura." siseo Theo, haciendo que la puerta despojara su llave.

Juntos subieron las escaleras y entraron al cuarto de Clarisse, dejando sus bolsos sobre el suelo. Ella iba a tomar el pomo de la puerta para dirigirse al instante a la Sala de Menesteres, cuando Theo la frenó, tirando de su brazo hacia el.

"Liss... ¿qué dijo ella?"

Su rostro estaba pálido y un color café sombrío vivía bajo sus ojos.

"Nada importante Theo, vamos."

"No." espetó él, apretando su mano. "Dime qué fue lo que dijo."

Clarisse suspiró, ladeando su cabeza. "Ella sólo dijo que... la noche en que escapamos, era la noche en que él nos marcaría."

"¿Preguntaste por tu madre?" dijo él, esta vez abriendo la puerta.

"Ella... no lo sabe." sollozo. "No sabe en qué estado está."

Theo no dudo y apretó entre sus brazos a Clarisse, besando su cabello con sutileza. "Ella está bien. Lo está..."

"No quiero pensar en eso ahora," murmuró ella en su pecho. "No ahora..."

"Bien... vamos."

Y nuevamente el camino.

Cuando estuvieron ya en el pasillo de la sala, Clarisse pudo ver como el gran muro comenzaba a conjurar una gigantesca puerta de madera antigua. Ella había leído sobre la sala en algún libro. Se mostraba a las personas que realmente la necesitaban. De reojo vio a Theo, conectando su mirada contra las piedras que desaparecían.

Había visto a Draco entrar allí. Él cerraba sus ojos e inspiraba cada vez que se paraba frente a la pared, haciendo que esta hiciera lo mismo que con Nott.

Theo tiró de la gran manilla de hierro, haciendo que la puerta emitiera un chirrido que resonó a lo largo del corredor.

Ella quedó con la boca abierta al ver tantos objetos frente a ella. Muebles, libros, y decoraciones antiguas predominaban cada rincón de la enorme sala.

Caminó entre los estantes, mirando cada ejemplar que yacía perfectamente ordenando uno tras otro. Había un arpa mucho más grande que ella y uno de sus dedos tocó la fina cuerda, emitiendo un sonido grave que se desvaneció en el aire.

La puerta nuevamente se abrió, y lo primero que sus ojos vieron fue a Draco.

"¿Encontraron algo?" preguntó Zabini, dirigiéndose a Theo.

El se encogió de hombros, mirando de un lado a otro. "Draco debe ayudarnos," respondió él. "solo él conoce el aspecto del armazon."

"Si, claro, ya voy." gruñó, caminando hacia Clarisse.

Ella trago saliva, fingiendo no notarlo hasta que su mano rodeo su cintura, girandola hacia él mientras pegaba su cuerpo contra el estante.

"¿Cómo te encuentras?" preguntó, haciendo círculos con su pulgar sobre la tela de su camiseta.

Clarisse inspiró, sintiendo su pecho saltar. "Bien, no te preocupes..." susurró. "¿Y tú?"

Una sonrisa se formó en sus labios mientra los humedecia. "Eso no importa ahora."

"¡Draco joder, ayúdanos ya!"

Clarisse sonrió mientras él ponía los ojos en blanco, apretando su piel con fuerza. "Tú y yo tenemos cosas que hablar," dijo, separándose de ella. "muchas cosas que hablar..."

Su cuerpo se estremeció cuando la dejó, caminando entre los estantes para desaparecer.

Ella también quería hablar. Lo necesitaba. Le había dicho pocas palabras pero que tenían un sin fin de significados que ahora, no tenían respuesta.

Ésto.

¿Qué era ésto para él?, pero más importante, ¿qué era ésto para ella?

Nunca pensó que Draco fuera algo. Él se lo dijo en un comienzo. Le gustaba jugar y nada más. Pero a veces lo juegos son una perdición, y ellos ya habían caído.

Una leve reflexión de su cuerpo antes de volver a ellos, extendiéndose por el camino hasta encontrarlos mirando una mesa llena de pequeñas joyas.

"Horrocruxes." dijo Marcus, tomando una diadema que sobre la cabecilla, escondía una enorme piedra azul. "Son lo que mantienen al Señor Oscuro vivo."

"¿Horrocruxes?" preguntó Blaise, tirando de un pequeño collar. "¿Qué se supone que son?"

"Objetos nada más." aclaró Draco, mirando la piedra sobre el cuello de Clarisse. "Pequeños objetos que guardan un gran significado."

"Mi madre me comentó sobre ésta diadema." siguió diciendo Marcus. "Me dijo que debía estar escondida."

Horrocrux, ella los conocía. ¿Cómo no lo pensó antes?

"Leí sobre ellos..." dijo casi sin aliento. "Son... objetos donde guardas parte de tu alma. Son... muy complejos y frágiles."

"¿Quieres decir que el Señor Tenebroso guardó su alma en esto?" preguntó Theo, señalando la diadema.

Sus manos temblaron al momento en que las subió, sintiendo la piedra quemar sus dedos. "No es sólo uno... deben haber más."

Reliquia de los Gaunt

Eres la única heredera

Ahora tienes mi vida en tus manos

"Lo encontré."

Clarisse volteó su rostro al mismo tiempo que los demás, viendo a Marcus destapar un enorme armario color negro de madera gastada. El hierro estaba oxidado y el polvo caía desde los cielos.

"Increíble..." murmuró Draco, acercándose a él. "creí que se lo llevarían después de lo que sucedió."

"Está claro que Snape lo tramaba." agregó Zabini. "Él siempre ha estado de nuestro lado, no entiendo por qué actúa así con nosotros."

"Apariencia quizá." respondió ella, admirando la figura del objeto. "Nunca confiaré en Snape."

Habían sido tantas veces que lo vio cercano a Dumbledore, que su máscara se doblegaba ante sus propios ojos.

"Debemos probarlo." sugirió Marcus, abriendo las puertas del Armario. "Ésto es oro, ¿lo entienden?"

"Es probable..." murmuró Theo. "Pero, ¿sigue llevándolos al mismo lugar?"

Draco frunció el ceño, cruzando sus brazos mientras apoyaba su cuerpo sobre la madera. "¿A qué te refieres?"

"¿A dónde dirigía el armario cuando lo utilizaron?"

"Borgin Burkes." respondió él.

"Entonces... ¿sigue estando ahí?" profirió Nott, alzando una ceja.

"Yo... no lo sé." dijo Draco, mirando el suelo mientras sacudía su cabeza.

Clarisse mordió su labio, acercándose al grupo cuando dijo. "Nosotros iremos."

Draco alzó la mirada y sus ojos la quemaron, haciéndola vacilar por un segundo.

"¿Qué?" espetó Marcus, apretando los dientes.

"Draco y yo iremos a Borgim Burkes mañana - " repitió.

Theo y Marcus se revolvieron a la vez. "Clarisse no -"

"- y no escucharé sus estúpidas quejas de que no puedo hacerlo, porque lo haré de igual manera."

Blaise sonrió por lo bajo, mirando hacia otro lado mientras Marcus y Theo irradiaban molestia.

"No es seguro que vayas tú Liss, porque -"

"Ustedes no tienen el derecho de decir que es y que no es seguro para mi. Puedo cuidarme sola, no necesito de ustedes. Además deberían aprender a respetar que no por ser una chica no puedo cumplir las mismas tareas que ustedes."

Marcus apretó los puños, tragando saliva mientras su cuellos se marcaba. "White..."

"Draco." interrumpió ella, mirándolo con superioridad. "Mañana, nueve en punto, sin falta."