Los rayos del sol que se filtraba desde el lago la hicieron despertar.
Clarisse se revolvió en su cama, enrollando las sábanas en su cuerpo para acumular el calor que le hacía falta. No sabía que hora era y tampoco quería saberlo, sólo necesitaba quedarse allí, dormir y descansar su cuerpo.
Sus ojos se cerraron nuevamente, tomando la almohada para tapar su rostro de la cegadora iluminación.
Una molesta dureza se enterró en su pecho e intentó ignorar la piedra, tirando de ella hacia un lado mientras su mente volvía a desvanecerse en los sueños.
"Liss..."
Una mano se deslizó por su espalda desnuda, erizando su piel debajo de las sábanas. Ella suspiró. No necesitaba mirarlo. Aquella voz hacía su cuerpo temblar.
"Te ves hermosa durmiendo..." murmuró Draco, dibujando con sus dedos hasta llegar a su cabello. "pero dijiste nueve de la mañana y me gusta ser puntual."
Clarisse no pudo evitar sonreír, tomando las sábanas a la vez que se daba vuelta para mirarlo.
Lucía brillante. Su cabello peinado y su suéter ceñido al cuerpo. Él sonreía cosa que muy pocas veces logró ver.
"Perdón..." dijo perezosamente. "estoy algo cansada aún."
Inspiró lentamente y sintió la frescura de su aroma. La menta que tanto le gustaba inundó sus pulmones.
Estaba segura que desde hace mucho tiempo había elegido ese, como su olor favorito.
"No creí que le gustara dormir desnuda señorita White." musitó, a la vez que su mano acariciaba su barbilla.
Ella sintió el hervor en su piel, las mejillas calentandose en su interior. "No estoy desnuda..."
"Oh," dijo con gracia. "entonces no te molestará que haga esto."
Sus dedos tomaron el bordado de la tela, tirando de ella levemente, pero Clarisse tuvo la suerte de apretar sus brazos con fuerza, evitando que esta bajara más allá que su pecho.
"¡No haga eso!" exclamó, riendo mientras él también reía.
Ella soñaba con esa sonrisa. El Draco que estaba frente a ella había cambiado, demasiado para ser cierto, pero quería disfrutarlo.
Quería disfrutar ver su gesto despreocupado y sus mejillas marcadas. Su cabello despeinado y las marcas de su cuello. La pequeña felicidad bordeante de sus ojos. Pará ella aquello era mucho decir.
Más cuando flotaba en las memorias de un Draco aturdido. Que vagaba por las noches en los pasillos del castillo mientras tiraba del cuello de su camisa, su ceño fruncido y la desesperación sangrando por sus oídos.
Quería olvidar esas imágenes... sobre todo porque ella nunca pudo hacer nada.
"¿Entonces no estás vestida?" preguntó él, alzando una ceja.
"Ni un poco." respondió ella, mordiendo su labio ligeramente.
Vio asomarse la lujuria en sus ojos. Algo que ella había aprendido a reconocer luego de los meses que pasó con él. Draco Malfoy tenía una forma particular de expresarse, y es que sus gestos siempre eran los mismos.
La oscuridad en sus ojos la atraia de una manera inexplicable, y cuando sus dedos trazaban finos rasgos sobre su piel, sabía que había un dejo de deseo bajo sus yemas.
"No deberías dormir así..." susurró él, recostandose a su lado mientras frotaba sus clavículas. "mucho menos cuando puedo entrar a tu habitación cada vez que quiera."
"De hecho, no deberías." respondió ella, dándole la espalda mientras se acurrucaba. "No te he dado permiso para hacerlo."
"¿Te molesta?" preguntó, inclinándose sobre su cuerpo para mirarla.
Ella apretó sus labios, reprimiendo una sonrisa. "Bastante."
Draco suspiró, apoyando el mentón en su hombro. "Ahora, dilo sin reír."
Clarisse resoplo, sacudiendo su hombro para quitar su peso de encima. "No seas así... lo digo en serio."
"Esta bien White." respondió él, dejando un beso sobre la piel de su cuello. "Vístete, antes que me olvide de todo y te tome ahora mismo, sobre tu cómoda cama."
"Palabras y más palabras..." suspiró Clarisse, sabiendo lo que provocaría. "las palabras se hacen polvo sin no hay hechos."
Ella sintió un gruñir en su garganta. Las más mínima reacción de su parte ante aquella oración. Era una de las reacciones más usuales de Draco.
"¿Qué estás queriendo decir?" preguntó, y Clarisse imaginó cómo sus puños se cerraban.
"Oh, yo no dije nada sobre ti Draco..." murmuró. "si las palabras surgieron efecto en ti, no es mi problema."
Al parecer, Draco estaba comenzando a acostumbrarse a las respuesta de Clarisse. Ella pensaba que si le hubiera hablado de aquella manera antes, él la habría azotado en insultos, pero ahora, no había más que brillo y diversión en sus ojos.
Clarisse se levantó de la cama, enrollando la sábana alrededor de su cuerpo para tapar su piel expuesta.
"¿Podrías por favor esperarme fuera?"
Draco cruzó sus brazos, provocando que la tela de su suéter se arropara en su cuerpo, y sus brazos se contrajeron viéndose más marcados aún.
"¿Algo que no haya visto antes?" dijo, mordiendo la lengua entre sus dientes.
Ella puso los ojos en blanco y dio pasos hacia él, apoyando una de sus manos contra su pecho mientras lo empujaba hacia la puerta. "Sólo espera abajo Malfoy, no me hagas golpearte."
"Desearía que lo hicieras."respondio, tambaleándose mientras retrocedía. "En lo que me golpees esa sábana caerá de tu cuerpo, y no me molestaria para nada ver."
"¡Draco!"
Él comenzó a reír, girando el pomo de la puerta para salir. "Cinco minutos, no más."
•~᯽~•
El día estaba frío. Las ráfagas de viento provocaban que su cabello volara de un lado a otro y los rayos del sol apenas emitían calor.
Se sintió bien salir de aquella atmósfera tensa del castillo. Nadie hablaba y nadie interactuaba. Las casas estaban tan alejadas, que parecía que existía una división entre sí.
Hogwarts ya no era tan mágico como antes.
Los Carrow estaban siendo aún más tiranos que de costumbre, y todos temían encontrarse con ellos. Clarisse agradecía que Alecto nunca haya preguntado por su libro, si no, probablemte estaría siendo torturada en ese mismo instante.
Pero quitando todo lo malo, Hogsmeade estaba tranquilo, aunque las noticias volaban con rapidez tratándose del Mundo Mágico.
Esa misma mañana, durante el desayuno que muy poco apetitoso había sido, Clarisse leyó El Profeta, donde se aseguraba que el Mundo Muggle había sido nuevamente atacado por Mortífagos, quienes habían tomado a varios como rehenes para liquidarlos a las afueras de la ciudad.
Y lo peor es que eso no era todo.
Rita Skeeter escribía planas y planas de información que seguramente no tenía ni la mitad de veracidad. Su padre se lo había dicho en un momento. Los movimientos del Señor Tenebroso eran sigilosos, no podía dejar que sus planes salieran a la luz fácilmente.
Pero quiso borrar todo aquello y poner su atención en lo principal.
El Armario Evanescente y la piedra, parte fundamental del juego.
"Entonces, Horrocruxes." se alentó a decir ella, mientras bajaban por el sendero hasta la pequeña villa. "¿Tú lo sabías?"
Draco negó, mientras refregaba su nariz, que poco a poco tomaba un color rojizo por el frío. "Sólo sabía de la piedra. No tenía idea que habían más."
"Bueno, aún no lo sabemos realmente." dijo ella, acomodando su cabello.
El silencio se desplazó entre los dos, pero fue algo reconfortante y nítido. Nada en comparación a otras ocasiones.
Llegaron hasta las calles de piedea que brillaban debido a la humedad. Sus pasos eran cortos pero numéricos y pronto llegaron hasta las tiendas, mirando la mínima cantidad de personas recorrer una tras otra.
"Nos apareceremos en el callejón." le informó Draco, mientras tomaba su mano para llevarla hasta un camino vacío.
Ella vio sus manos entrelazadas. Su piel blanca y tersa, contra la suya, canela y suave. Era una combinación casi perfecta para sí misma. Se preguntaba si alguien más había tomado su mano mientras pensaba en lo bonito que podría ser poder tener algo más con Malfoy.
No, quizá sólo ella había pensado esas cosas.
Cuando los ladrillos los rodearon, él estiró su brazo, y Clarisse apoyó sus dedos con firmeza sobre la gruesa tela de su abrigo negro, a la vez que todo desaparecía, formando un tornado oscuro que la hizo desvanecer.
Sus ojos se abrieron, aunque ella no notó en que momento se apretaron. El callejón estaba oscuro y vacío. Papeles rodeaban por el suelo y la basura se amontonaba en pequeños montes sobre las veredas.
Un jalón de su brazo la hizo caminar, siguiendo a Draco por el borde del camino, divisando el letrero de Borgin Burkes a unos cuantos metros de ellos.
Habia estado allí antes. Su padre y ella fueron hace muchos años pero no recordaba las razones. Sólo recordaba que la tienda le resultaba extraña pero emocionante, con objetos y artefactos que llamaron su atención en ese entonces.
Sintió la campana de la entrada sonar sobre su cabeza, y Draco tiro de su cuerpo hacia adentro, aleteando con los dedos sobre su cintura mientras la guiaba hasta el mostrador.
"Señor Malfoy..." dijo él con gusto. "hace mucho no lo veía por acá."
"Estamos algo apurados Borgin." le dijo él apoyando su brazo sobre el mostrador.
"¿En qué puedo servirles?" preguntó el hombre, poniendo su mirada en Clarisse.
Ella se sintió incómoda, como algo dentro de ella la hiciera querer escapar de esos ojos tan negros que la fulminaban.
Draco lo notó, y en movimiento estaba al un lado de ella, apretandola contra su cuerpo. "Quiero ver el Armario Evanescente."
Su rostro se puso serio. "Pero -"
"¡Sé que lo tienes!" espetó Draco, y ella se sobresaltó con el sonido de su voz.
"Señor Malfoy, eso será impo..."
De un solo tiro levantó la manga de su abrigo poniendo el antebrazo sobre el mostrador. "¿Sigue siendo imposible?" preguntó.
Borgin me miró, sorprendido. No quitaba la mirada de la oscura marca. Clarisse nisiquiera era capaz de mirarla, giró su cabeza hacia un enorme ataúd que se encontraba apoyado a la pared.
"Si no me ayudas, me preocuparé yo mismo de que el Señor Oscuro haga algo contigo." gruñó Draco, volviendo a tapar su brazo con la gruesa tela.
El hombre apoyó sus dedos sobre la vitrina, haciendo chocar sus dedos contra ella. "El Armario... no está aquí mi Señor."
La sangre de Clarisse se congeló ante las palabras, y más aún ante la sonrisa de satisfacción que esbozó Draco al oír cómo era respetado.
"Entonces sabes dónde está..." siseo él, inclinándose hacia el hombre. "¿Dónde?"
El cabello canoso del hombre brilló bajo la luz blanca del lugar, y sus palabras fueron un susurro. "Una familia llegó hace algunos días a comprarlo... Ellos no dijeron por qué, ni para qué lo querían, incluso es probable que ni siquiera supieran para que sirve."
"¿Cómo no lo sabrían?" rechisto Draco, apretando su puño.
"Aunque no lo crea señor, reconozco cuando un Mago tiene poco conocimiento de poder." le dijo el hombre.
Clarisse notó cómo el cuerpo de Draco se quedaba inmóvil, y por su gesto supo que estaba pensando. Ella se acercó al mostrador, sus ojos brillando.
"¿Recuerda el apellido de la familia?"
Él asintió, dando una mirada baja a Clarisse mientras Draco no le quitaba los ojos de encima. "Barebone."
Ella indujo, en lo más profundo de su mente, pensando en todas las familias que mantenían contacto estrecho con la suya, pero aquel apellido no aparecía en la lista.
Eso le parecía extraño, además de que no conocía a ninguna persona con aquel apellido, ni de Hogwarts, ni de ningún lugar.
"Bien, Borgin." gruñó Draco, tomando la mano de Clarisse. "Fuiste realmente estúpido al vender ese Armario."
"Discúlpenme Señor..." siseo, haciendo una pequeña reverencia.
Draco lo miró con disgusto, jalando el brazo de Clarisse para salir del lugar. Ella sintió el frío golpear su cuerpo, y notó el brusco cambio climático. El sol desaparecio tras grises y oscuras nubes.
"¿Qué haremos ahora?" dijo Clarisse. "No tenemos acceso al armario y ni siquiera recuerdo haber oído sobre esa familia."
"Ya lo solucionaremos." respondió. "¿Quieres ir a Hogsmeade?" preguntó él, sin soltar su mano.
Ella lo notó. Sus dedos entrelazados con los suyos. Sus anillos enfriando sobre su piel. Draco ni siquiera lo había notado, y parecía no incomodarle para nada.
"¿Tú quieres?" preguntó ella, aún mirando sus manos, esperando que él de alguna manera reaccionara y la soltara.
Draco se giró hacia ella, tirando su brazo para acercarla. "Pensaba en ir a Honeydukes por esas paletas que tanto te gustan."
Sus mejillas se ruborizaron y desvió la mirada hacia un grupo de chicos que avanzaban por el callejón Diagon, empujandose y riendo a la vez que también la miraban.
"¡Hey!" dijo Draco, tomando su barbilla hacia él. "¿Qué fue eso?"
"¿Qué fue qué?" preguntó ella, con una mirada inocente.
Draco señaló al grupo de jóvenes con la cabeza, refunfuñando hacia sí mismo. "Esa mirada. Los miraste. ¿Por qué los miraste?"
"Oh, no seas un odioso Draco." rechisto ella, tirando su mano para soltarse. "Siempre encuentras la manera de arruinar todo."
Cuando Clarisse se soltó, cruzó sus brazos sobre su pecho, enterrando la cabeza en su bufanda y comenzando a caminar por el callejón, fingiendo mirar las vitrinas de cada tienda que se cruzaba frente a ella.
No quiso mirar atrás, porque eso sería darle la visibilidad de que en realidad quería correr a sus brazos. Y fue una buena opción no hacerlo, ya que a los pocos segundos Draco estaba corriendo tras de sí, tomando su cintura desde la parte trasera para girarla hacia él.
"Perdón." murmuró.
Ella se quedó inmóvil, sus labios separándose para soltar aire. "¿Qué?"
"Perdón." repitió. "Por comportarme como un idiota..."
"Bueno," rió ella. "deberías disculparte unas cientos de veces más porque no es la única vez que lo haces."
Draco puso los ojos en blanco, tirando de su cintura. "¿Quieres jugar conmigo White?"
"Me encanta jugar." respondió ella, subiendo sus dedos para tirar de los botones de su abrigo. "El problema es que no sabes perder, Malfoy, y no estoy dispuesta a lidiar con niños llorones."
Él suspiró, sus ojos mirando al cielo. "Clarisse, Clarisse... lo estoy intentado, en serio. Pero al parecer te gusta fastidiarme."
"Mm... si, de hecho si." respondió, lamiendo su labio. "Ahora, vamonos porque quiero mis paletas."
Él se acercó al oído de Clarisse, sus labios rozando su lóbulo. "Yo si tengo una paleta que darte..." le susurró.
Ella se revolvió, empujandolo sin esfuerzo. "Eres asqueroso."
Draco se alejó, ubicando su abrigo mientras Clarisse lo admiraba.
Su piel pálida ahora volviéndose rojiza por el frío. Su cabello, humedeciendose debido al frío. Sus labios estaban más rojos de lo normal y sus ojos brillaban con la pureza del hielo que rodeaba las calles.
"¿Lista?" dijo, exponiendo su brazo frente a ella.
"Lista."
Cuando estuvieron ya nuevamente en la pequeña villa, Draco tomó su brazo, dirigiendola al instante y en un paso rápido hasta Honeydukes, a unas cuentas manzanas del sendero a Hogwarts.
La puerta tintineo. La tienda estaba casi vacía, y los estantes se veían repletos de diversos colores que empaquetaban cada dulce. Draco apretó su mano, y dobló exactamente en el pasillo donde la paletas esperaban por ser tomadas.
"Entonces, ¿una caja?" preguntó él, estirando sus manos a la parte superior de uno de los mostradores.
Ella arqueo una ceja. "¿Lo pagarás tú?"
"Por supuesto." respondí, dejando en sus manos la caja. "Debo complacerte. Tengo el suficiente dinero para comprarte paletas por el resto de nuestra vida."
Clarisse se quedó plasmada mirando las Ranas de Chocolate, intentando recordar si alguna vez había visto a Draco comer una. En su mente había alguna conversación donde confesaba que eran su dulce favorito, a pesar de no ser una persona de gustos azucarados.
"¿Quieres Ranas también?" le preguntó él, tomando una de la cajas azules.
Clarisse ladeo la cabeza, negando. "¿A ti te gustan?"
Draco se encogió de hombros, tomando cinco cajas antes de caminar hacia el final del pasillo. Ella lo siguió, mirando superiormente los sin fin de dulces que se encontraban allí. Clarisse no había probado ni la mitad de ellos, pero esperaba hacerlo algún día.
Esperó a Draco, quien luego de pagar por los productos, volvió a tomar su mano, sacándolos de la tienda antes de caminar hacia el castillo.
"Quiero llevarte a un lugar." le dijo, entrando en el sendero.
Clarisse sintió un revoloteo en su estómago. "¿Si? ¿Dónde?"
"No te lo diré hasta que lleguemos." le respondió él, doblando en camino hacia el bosque.
Ella no había estado allí más que para las clases que Hagrid les dio en tercer año, Buckbeak se lanzó sobre Draco, quien se había puesto de mal humor luego que Potter logrará volar de manera extraordinaria.
"¿Recuerdas cuando -"
"Si, lo recuerdo White." irrumpió él, chasqueando la lengua. "También recuerdo que vi tu sonrisa mientras me llevaban con Madame Pomfrey. ¿Te gustó verme sufrir?"
Ella sonrió, balanceando sus brazos unidos mientras se adentraban entre los árboles. "La verdad, te lo merecías."
Él la ignoró, y alzó sus manos al tiempo que ella subía sobre una pequeña piedra. Alzó su mirada y un suspiró salió de sus labios.
Frente a ellos había un gran río cristalino, donde una pequeña cascada dejaba caer piedras sobre sí. El ruido del agua era mágico y todo los sentidos de Clarisse se perdieron entre el piqueteo de las gotas.
"Draco..." dijo ella, sin dejar de ver el paisaje. "Es muy lindo, ¿cómo lo encontraste?"
Él soltó su mano, sentándose a un lado de ella. "Sólo paseaba por aquí y apareció."
"¿Pasear?" preguntó ella, bajandose de la roca para tomar asiento. "¿Paseas sólo por el bosque?"
No podía imaginar a Draco Malfoy dando paseos en soledad. Siempre lo vio rodeado de sus amigos. Ser del tipo de chicos que reflexiona al dar pasos por un sendero de hojas no era de su tipo.
"A veces es bueno concentrarse en uno mismo." respondió, cerrando el tema con un apretón en el muslo de Clarisse.
Ella notó su tono, por lo que decidió no preguntar más, y concentrarse en la colina frente a ellos, repleta de un color verde y blanco vivos. Las nubes opacaban un poco el lugar pero era indescriptible la belleza de la naturaleza.
Clarisse estaba sumida en ello, mirando pequeñas aves volar y cantar en tonos altos, melodías que sonaban suaves y sutiles.
No supo cuánto tiempo pasó hasta que Draco volvió a hablar. "Tengo algo... para ti."
Ella sintió el aire atascarse en sus pulmones. "¿Para mí?"
Él introdujo la mano en su bolsillo, sacando una caja, pequeña y delicada de terciopelo verde. El solo recuerdo la hizo palidecer. Era la misma caja del calabozo, el mismo día que vio la piedra que colgaba sobre su cuello.
Él la abrió, y los anillos relucieron, la capa de plata pulida perfectamente.
"Es... bueno, no quiero que parezca presionarte pero, creí que sería... no lo sé yo -"
"Draco..." susurró ella, admirando las joyas. "son muy lindos."
El tomó uno de ellos, el más delgado, y apoyó la caja sobre su regazo. "Son una reliquia familiar. Eran de mis abuelos."
La mano de Clarisse se vio alzada por su palma, mientras la otra, ponía la pieza en uno de sus dedos, con lentitud y presición.
"Mi madre me dijo que las serpientes representan tu vida." siguió diciendo. "La plata abraza tu alma."
Clarisse admiró la figura, que poco a poco comenzaba a tomar un brillo verde, como si algo naciera en el zigzag del animal.
"Los anillos están conectado por un hechizo."
Ella lo vio sacar el segundo anillo, poniendolo en uno de sus dedos desnudos, encajando a la perfección.
"Si la serpiente de su compañero se desvanece, es porque..." su voz se cortó.
Clarisse trago saliva, acariciando con la yema de sus dedos su nueva adquisición. "Se pierde el alma del otro..." susurró. "Muerte."
"Sí."
El frío caló sus huesos, y sintió su cuerpo congelarse. No podía creer lo que estaba viviendo. Nunca creyó que Draco Malfoy pudiera sentir algo, mucho menos por ella. Habían pasado meses pero era como si apenas se hubieran conocido ayer. Dos personas completamente diferentes, pensó, que en algún punto encontraron sh parecido y se unieron en un mar de profundo querer.
"Draco es -"
No había tiempo.
Sus labios ya estaban junto a los de ella en el segundo en que pronunció su nombre. Su cuerpo estaba siendo aferrado por él, mientras su lengua se abría pasó contra la suya, besándola con fervor, emoción, pasión, y miles de sentimientos que Clarisse intentaba rebuscar en el momento.
Él mordio su labio y ella sonrió con gusto, el ardor formándose sobre su piel. Sus besos eran cálidos y esta vez notó algo diferente. Era un beso con algo más que deseo.
Quizá, aquel beso había sido con amor.
Un último saboreo al mentolado de sus labios antes de separarse por aire. Él pegó su frente a la suya, sonriendo mientras jadeaba, regulando su respiración.
"Dijiste que las palabras se hacían polvo," le susurró, subiendo su mano hasta su mejilla. "así que aquí están mis hechos, Clarisse."
