Clarisse había estado gastando su día por completo en buscar pistas sobre aquel apellido.

Había ido a la biblioteca por la mañana, buscando las listas donde se explicaba la historia y orígenes de algunas de las familias más reconocidas en el Mundo Mágico. Pero nada hizo conexión con los Barebone.

Quizá eran nuevos, pensó. Alguna familia que se habría instalado hace no mucho y que recién tenía conocimiento de su poder, como Borgin había explicado.

De igual manera le parecía extraño, y los libros no le ayudaron para nada.

Terminó investigando más sobre los Horrocruxes, sintiendo el peso de la piedra sobre ella. Últimamente había tenido distintos síntomas junto a ella, desde fuertes dolores de cabeza, a mareos constantes. A veces la piel que hacía contacto con el armazón, ardía más de lo debido, y aquello la desesperaba, intentando cortar la cadena de plata, en intentos imposibles.

Sus ojos recorrían las líneas de información, y se abrían más a cada palabra.

La clave de los Horrocrux era matar, fragmentando tu alma en objetos que podrían mantenerte vivo, hasta convertirte en un ser inmortal.

Clarisse sintió un nudo en su cuello. Poco había pensado en ello pero, Voldemort tenía su sangre. Ella pertenecía a su familia.

«...el alma más oscura que haya conocido...» dijo Narcissa.

Ella sollozo, pensando en qué persona había perdido su vida por un ser como Tom Riddle. O en realidad, cuántas...

Nuevamente centró su atención en los libro, ahora, buscando información sobre el Armario Evanescente.

Ya lo había hecho, y poco había encontrado, pero no se rendiría. Ya tenían de su lado que el armario aún estuviera en la Sala de Menesteres, y sólo les quedaba que éste siguiera funcionando. Ahora, debía encontrar la manera de llegar a su hermano.

Sus dedos marcaron un hechizo que no había visto antes, o que quizá, sólo había pasado por alto.

Armonia Nectere Passus podría activar la magia del armario.

"Liss."

Draco se sentó a su lado, rodeando su cintura mientras dejaba un beso en su mejilla.

"Cuántas veces tendré que repetirte que -"

"Debo descansar, lo sé." lo interrumpió ella, cerrando el libro de golpe. "Es sólo que, necesito buscar la manera de llegar a ese armario."

"Y no eres la única." respondió él, comenzando a ordenar los libros sobre la mesa. "Estamos todos en esto Clarisse, no debes llevarte la carga completa de una tarea que nos fue encomendada a los cinco."

Ella torció la boca, rodando el anillo brillante en su dedo.

"¿Fue eso una mueca?" preguntó él, enarcando una ceja. "No me gustan las niñas quejumbrosas."

"Y a mí no me gustas tú."

Cabizbaja, sintió sus labios querer expandirse en una sonrisa. El cuerpo de Draco se inclinó hacia el de ella, tomando con una mano el borde de la silla hasta dejarla más cerca de él. Su respiración chocando en su oído.

"Perdón, no escuché bien ¿podrías repetirlo?" dijo él, en un tono suave y calculado.

Clarisse lo miró, sus pestañas moviéndose delicadamente. "Dije que no me -"

La menta picó sobre sus labios y sonrió al sentir la calidez de su boca junto a la de ella. Estaba comenzando a acostumbrarse al nuevo Draco que a cada segundo del día y en cada oportunidad que se presentaba fundia su boca contra la de ella, con tanto afecto y calor que Clarisse sentía que su mundo giraba cada vez que se acercaba a ella.

Sus lenguas se enredaron una vez más y sintió la mano de Draco apoyándose sobre la piel de su mejilla, acariciandola mientras giraba su cabeza con más deseo, mordiendo sus labios a cada paso.

"Cariñ -" Theo se quedó plantado frente a ellos, y Clarisse se separó de Draco, limpiando con su pulgar sus labios. "Creo que llegué en mal momento."

"No te preocupes Nott." habló Draco, poniéndose de pie. "¿Pasa algo?"

Theodore no le quitaba la vista de encima a Clarisse, quién acomodaba sus libros en una pila. "Es Marcus." dijo él. "Quiere que nos veamos ahora en la Sala de Menesteres."

Ella levantó la vista, y su corazón se sintió apretado cuando vio algo diferente en los ojos de Theo. Él la miraba con disgusto, e incluso con algo de molestia. "Está bien." respondió con voz temblorosa. "Vamos."

Draco tomó la pila de libros, apoyándola en sus costillas mientras tomaba la mano de Clarisse. Ella se ruborizo. No habían hablado nada respecto a ellos con los demás, aunque tampoco era su responsabilidad hacerlo. La relación que mantenía era algo personal.

"¿Y para qué nos quiere Marcus?" preguntó Draco, abriendo las puertas de la biblioteca.

Theo se encogió de hombros, caminando con una superioridad que Clarisse no había visto antes. "No me lo dijo. Él y Zabini sólo dijeron que había cosas que hablar, sobre todo respecto a su salida a Borgin Burkes, cosa de la que ni siquiera nos han comentado."

"Hemo estado algo ocupados Nott." le respondió Draco, apoyando la mano en la cintura de Clarisse cuando un grupo de Hufflepuffs la quedaron viendo.

Theo puso los ojos en blanco, bajando la mirada. "Si, lo noté."

Clarisse quería llamarlo, hablarle, preguntarle que pasaba con él, pero por la forma en que estaba actuando prefirió dejarlo para después. Encontrar un momento en que se encontraran a solas.

El pasillo estaba vacío y la gran entrada ya estaba marcada en el muro de piedra, esperando por ellos.

Theo abrió la puerta, dejando a Clarisse y a Draco pasar antes de él. Ella sintió ruidos provenientes desde el fondo del lugar y se acercó, viendo a Marcus y Blaise conversar en voz baja.

"¿Qué pasa?" preguntó Draco, caminando a su lado. "¿Algún problema con el armario?"

Marcus lo miró, parándose del pequeño sillón en que se encontraba. "¿Qué les dijo Borgin?"

"El segundo armario fue vendido." le dijo Clarisse, pasando su mano por la madera. "Una familia de apellido Barebone, ¿los conoces?"

Marcus curvó los labios hacia abajo, felxionando sus hombros. "No que yo recuerde."

Ella admiró el armario. No lo había podido hacer bien antes ya que no había estado tan cerca para inspeccionarlo. La madera era negra y estaba seca y astilloza. Había notado el fierro oxidado pero los pequeños grumos de fierro quemado estaban dejando sus dedos marcados de un color café oscuro. Debía medir al menos tres metros de alto y los detalles de diseño eran muy minuciosos.

"Entonces, ¿que se supone que haremos?" preguntó Marcus.

Draco suspiró. "No lo sé... si no tenemos conocimiento de la familia -"

"Estamos jodidos." bufó Marcus enfadado.

"¿Esto aún funciona?" preguntó ella, a la vez que volteaba y veía a Draco asentirle sin tomarle atención.

Un gruñido salió de la garganta de Marcus. "Debiste haber hablado con Borgin antes o -"

"¿Crees que es mi puta culpa?" le gritó Draco.

Clarisse miró a los chicos, quienes estaban preocupados de pelear entre sí, antes que prestarle atención a lo que hacía. Sus dedos apretaron la cerradura del armario, abriéndolo lentamente para no emitir sonidos. Estaba vacío. Un agujero en el centro. Ella dio una última mirada antes de entrar, sintiendo la calidez del interior. Con sutileza cerró la puerta, quedando en completa oscuridad.

El grosor de la madera apenas le permitía oír un murmullo fuera, y luego pensó.

Armonia Nectere Passus

No había nada diferente. Los murmullos seguían y la oscuridad la abrumaba. Luego, lo dijo en voz alta.

Armonia Nectere Passus

Armonia Nectere Passus

Armonia Nectere Passus

Sus músculos se apretaron por un segundo y sintió como el armario se sacudía a su alrededor. Ella jadeo, tapándose la boca cuando el movimiento cesó. Creyó que había sido su imaginación. Clarisse se había concentrado tanto que supuso que su cuerpo tuvo una reacción nerviosa.

Con suavidad acercó su oído a la puerta del armario, pero los murmullos habían desaparecido. El silencio era predominante. Con dedos temblorosos tiró el cerrojo, abriendo la puerta precavidamente.

Clarisse sintió náuseas cuando la Sala de Menesteres desapareció, ahora, siendo un lugar completamente distinto y alejado de donde se encontraba.

Habían cortinas oscuras colgando desde pequeñas ventanas. Las paredes eran de un color blanco y se veían sucias. El polvo dispersado en cada esquina. Había un cielo color marrón y se veía roto, con telarañas perfectamente formadas entre sí. Un largo sillón descansaba en el centro de la sala, mientras grandes lámparas de araña colgaban desde el techo. Los muebles eran de un estilo antiguo, pero todos a juego decorados con el mismo diseño.

Ella salió del armario, y de quedó inmóvil cuando uno de sus pies resonó en la madera, emitiendo un delgado sonido.

Intentó prestar la mayor atención posible, centrando su mente en escuchar algún sonido que le permitiera saber que allí no había nadie. Lo único que logró captar fue el tic tac del reloj y los sonidos exteriores.

Clarisse inspiró profundamente y avanzó, caminando por la sala hasta llegar a un pequeño pasillo. Había una escalera en el fondo de manera circular, dando a un segundo y tercer piso. Ella busco cuadros, indicios de rostros que le ayudaran a saber quienes eran los Barebone. Pensó que quizá en algún lugar de la casa habría un estudio. Información que pudiera servirle para saber las razones de la compra de un Armario Evanescente.

Estaba a punto de encaminarse por el pasillo cuando -

"Ps..."

Su cuerpo se congeló. Sus manos temblaron y volteó su cuerpo, encontrando a Draco tras ella, en una posición defensiva, una de sus manos empuñando la varita, lista para atacar.

"¿Qué haces aquí?" preguntó ella en un susurro, sin moverse de su lugar.

Draco tenía un gesto preocupado, mirando cada rincón de la sala. "Lo mismo me pregunto yo." le respondió él. "¿Qué mierda tienes en la cabeza Clarisse?, esto es peligroso."

"En mi cabeza hay menos mierda que en la de ustedes," dijo amenazante. "que sólo se preocupan de pelear y no hacen nada al respecto, ¿y luego te preguntas por qué hago todo el trabajo?"

"Clarisse..." suspiró Draco dando pasos minuciosos hacia ella. "No es el momento de hacer esto."

Ella agitó su cabeza, mirándolo con una ceja enarcada mientras su cabello caía por sobre sus hombros. "Bien, entonces cierra la boca y ayúdame."

Dio un paso hacia adelante cuando su codo se vio apretado, tirando de su cuerpo hacia atrás a lo que hizo un gesto de dolor.

"Mira White." refufuño él. "Te quiero. Joder, te quiero pero, no aguantare que me hables de esa manera. No creas que tienes poder sobre mí."

"Draco..." suspiró ella, mirandolo mientras tiraba la carne de sus labios con sus dientes. "Te quiero. Créeme también te quiero. Pero no creas que tienes control sobre mí." rechisto, acercando su rostro al suyo. "Él único lugar donde te dejaré manipularme es en la cama, fuera de ello, olvida tu dominio."

Ignorando su gesto, Clarisse soltó su codo, caminando con sigilo hacia el pasillo. Estiró su cuello en busca de ratros, pero nada nuevo llamó su atención. Sus pies avanzaron rápidamente y agradeció que desde el punto de interseccion entre la cocina y la sala principal, el piso estuviera completamente alfombrado, disimulando sus pasos.

"Clarisse." la llamó Draco, quien seguía sus pasos. "¿Qué pretendes?"

"Quiero información Draco." respondió ella, llegando a un nuevo pasillo. "La compra de un Armario Evanescente es algo que me llama la atención."

Lo escuchó resoplar, y supuso que al tiempo ponía los ojos en blanco, tal como lo hacía siempre. "No creo que -"

"¡Es una barbaridad!"

La voz gruesa de una mujer flotó por el pasillo, y Clarisse sintió como el aire se atascaba en su garganta. Draco fue ágil. Él le rodeo la cintura con un brazo mientras la empujaba dentro de un cuarto vacío, cerrando la puerta por completo cuando los pasos de instalaron a unos metros de ellos.

"Es una abominación." declaraba la mujer. "La magia es algo horrible que no debería existir. Sólo arruina el mundo."

"Madre," habló una delicada voz. "no puedes decir eso, tío Credence fue -"

"Credence no fue nada." gruñó ella. "Olvídate de la existencia de ese nombre. Fue una deshonra."

Hubo un corto silencio donde Clarisse se aferró al cuerpo de Draco, sintiendo su respiración caer sobre su oído.

"Y el armario..." volvió a decir, la que Clarisse pensó era una chica joven. "que haremos con él."

"Ese armario," dijo la mujer. "es magia pura, y debemos destruirlo."

"¿Por -"

"Amanda deja de hacer preguntas estúpidas." la amenazó. "Estamos haciéndole un favor a la humanidad."

"Bien..."

Clarisse no supo cuántos minutos pasaron pero las voces desaparecieron. No hubo más ruidos ni repiqueteos sobre el suelo y supuso que no había nadie allí.

"¿Tú crees que debamos salir ya?" preguntó ella, girandose hacia Draco.

Él torció el labio, sacudiendo su cabello. "No lo sé... ¿escuchaste todo?"

"Todo." respondió ella al instante. "¿Ellos son Muggles?"

"No creo que sean Magos si es que tanto nos odian." respondió él, moviendo sus hombros. "De todas maneras creo que estamos en un problema."

Clarisse asintió. "Debemos llevarnos el armario de aquí, ¿pero cómo?"

"Prefiero pensar en cómo sacarnos a nosotros primero." dijo él, poniendo la mano en el pomo de la puerta.

Ella aceptó, y cuando la puerta se abrió, ambos se inclinaron, mirando a todos los puntos que su lugar les permitía. Clarisse salió de la habitación, contando cada uno de sus movimientos. La mano de Draco se entralazo a la suya, y juntos avanzaron por el pasillo, con todos sus sentidos analizantes.

Ella sintió el alivio recorrer su cuerpo a medida que estaban más cerca del salón. Estaban a punto, unos cuantos pasos más y -

"Quiénes son." dijo la mujer tras ellos, tomando una pequeña estatua decorativa. "¡Quiénes son!"

Draco apartó a Clarisse, poniéndose frente a ella mientras retrocedía poco a poco. La mujer estaba respirando de manera pesada y una de sus manos se separó del objeto que utilizaba en defensa, bajando lentamente hasta el mueble junto a ella.

Clarisse sentía el cuerpo de Draco retroceder paso a paso y el sonido del mueble abrirse lo hizo sobresaltar.

"Quédese quieta." le ordenó, a lo que la mujer no hizo caso, sacando una daga desde la gabeta.

A Clarisse se le congeló la sangre, y apoyó sus manos en la espalda de Draco, quién seguía inclinándose hacia atrás. Sabia que lanzar hechizos en ese momento era algo peligroso. Ella supuso que se encontraban en el Mundo Muggle y si sus varitas eran captadas allí, estarían en graves problemas.

"Qué hacen aquí." espetó la mujer, dando un salto hacia ellos. "¡Quién los dejó entrar!"

Draco intentó mover su varita cuando la mujer arrasó con el cuchillo, tirando de la madera contra el suelo. Clarisse logró ver como Draco comenzaba a verse pálido, ahora, sintiéndose inseguro sin la magia en sus manos.

"Si no me responden llamaré a la policía." gruñó la mujer. "Les sacaría las entrañas yo misma si pudiera. ¡Respondan!"

Draco trago saliva, tirando de su pie hacia adelante para rodar la varita contra si mientras susurraba. "No digas una sola palabras Clarisse."

Ella lo ignoraba, porque para lo único que tenía ojos en aquel momento, era para el filo de la daga, por donde un hilo de sangre corría.

"¡Respondan!" volvió a gritar la mujer.

"Silencio Clarisse." murmuró Draco, su pie luchando contra el material del piso.

Ella logró reaccionar, cuando la mujer volvió a abalanzarse sobre ellos. Sus dedos tomaron la varita de su bolsillo y gritó.

"¡Accio¡"

La daga voló, como si los dedos de Clarisse fueran un imán, y golpeó su palma, dejando un leve corte sobre su piel, cosa que a ella no le importó, y esperó el tiempo suficiente en que Draco tomaba la varita nuevamente.

"¡Amanda!"

Clarisse vio un brillo diferente en los ojos de la mujer, y repentinamente una ola de viento los golpeó, haciendo sue sus cuerpo volaran contra una de las paredes cercanas. Ella sintió su espalda arder cuando chocó contra el concreto, y un mareo de segundos la hizo perder el conocimiento. Draco, que estaba cerca de ella, intentó alcanzar su varita.

"¡Fluctus!"

El hechizo fue desvanecido a mitad de camino. La mujer unió sus manos, envolviendo una masa invisible que de pronto, hizo estallar en añicos la mesa de vidrio que se encontraba frente a ellos.

Clarisse tomó su varita lo más rápido que pudo. "¡Everte Statum!"

La ola se devolvió, y Clarisse volvió a retorcerse contra la pared, sintiendo el interior de su cuerpo desmoronarse por completo. No entendía que estaba pasando. Aquella mujer ni siquiera tenía una varita. La concentración de su poder estaba dentro de su cuerpo y la emitía con cada uno de sus movimientos.

En el segundo en que notó que estaba fuera de protecciones, Clarisse volvió a gritar. "¡Expulso!"

El cuerpo de la mujer levito, siendo expulsada hacia atrás es una marea de fuerza, dejando el bulto de su cuerpo caer sobre un mueble.

"Draco." dijo ella, poniéndose de pie para correr hacia él. El dolor en sus costillas era fuerte, pero apenas podía sentirlo debido a la preocupación. "Vamos rápido, levántate."

Él reaccionó lentamente, siendo ayudado por Clarisse hasta ponerse de pie. Ella lo empujó hacia el armario, ayudándolo a entrar.

Repentinamente, su cuello se apretó, y las uñas de la mujer se enterraron en su cuello, tirando de ella hacia atrás mientras apoyaba la daga sobre su piel.

"Sal - de ese - armario." dijo ella, marcando cada palabra mientras miraba a Draco.

Él jadeo cuando la vio. Sus ojos llorosos. El filo apretando contra su garganta. Ella podría ser herida en cualquier momento.

"¡Que salgas del armario!" gritó la mujer con fuerza.

Draco respiró lentamente, uno de sus pies bajó y se apoyó en la madera del suelo. El otro, siguiéndolo.

Clarisse sintió un quejido y la voz de la chica dulce apareció en la entrada.

"Mamá -"

"Llama a la policía ahora mismo Amanda." espetó ella. "Esta vez si me creerán."

Clarisse sentía que su tiempo se acababa. No había nada por hacer. Su varita estaba en el suelo. Un solo movimiento y la daga podría cortar su cuello. ¿Cuánta sangre podría caer?, supuso que mucha. ¿Sería una muerte dolorosa?

"Ustedes," dijo la mujer. "son una escoria. Son anormales."

"Tú también tienes magia." le respondió Draco, su cuerpo ya estaba por completo fuera del armario.

La mujer sonrió, su mano moviendo el filo en pequeños movimientos. "Es un lamentable hecho. Hasta yo me repudio por ello."

"Sueltela." le pidió Draco, con tanta calma, que Clarisse creyó que no le importaba lo que sucedía en el momento.

La mujer rió sarcásticamente, apretando aún más el cuello de Clarisse, casi asfixiandola. "¿Por qué querria hacerlo?" preguntó. "Esto es una maravilla."

Draco sonrió, su mano dentro de su bolsillo. "Qué, ¿acaso la matará?"

Ella suspiró. "Es lo que quiero." respondió. "Mientras menos magos, mejor el mundo."

"En realidad," añadió Draco, en su mismo tono. "mientras menos gente como usted, la humanidad podría mejorar."

La mujer no contestó, y él filo del cuchillo se deslizó por el cuello de Clarisse, a lo que ella apretó sus ojos.

"¿Últimas palabras?" preguntó Draco, arqueando una ceja.

La mujer se movió nerviosa y confundida. "¿Crees que estoy jugando?"

"¿Usted cree que yo juego también?"

Clarisse jadeo cuando el cuchillo comenzó a moverse más rápido, y sintió su piel abrirse superficialmente. "Voy a disfrutar esto."

Draco sacó su mano, apuntando a la mujer con su varita. "Yo también."

Ella aflojó con angustia el agarre de Clarisse cuando las palabras brotaron de los labios de Draco.

Avada Kedavra

No hubo tiempo. Clarisse sintió que todo ocurrió de manera rápida, pero su mente la hizo analizar todo en cámara lenta. Vio el rayo de luz pasar por su lado, y las manos de la mujer la soltaron por completo.

Luego, Draco se inclinó contra ella, como si intentara averiguar que realmente estuviera muerta. Pronto Clarisse estaba dentro del Armario. Draco cerraba la puerta mientras apretaba los ojos, murmurando y murmurando las palabras.

Armonia Nectere Passus

Ella sentía el pecho apretado, y cuando mano subió a la altura de su cuello, el color rojo dejó marcado sus dedos. No sentía dolor. No sentía nada. Estaba perdida.

Cuando la puerta volvió a abrirse, la realidad la golpeó. Su alma volvió al cuerpo y pudo pensar. Salió del armario jadeando por aire, sus manos apoyadas en sus rodillas mientras intentaba tranquilizarse.

Marcus, Blaise, Theo. Ellos no estaban.

Clarisse sentía como si hubiera aguantado la respiración por horas, y cuando la mano de Draco tomó su brazo, sus labios se apretaron, sintiendo que al fin estaba a salvo.

"Mierda, Clarisse." murmuró él, mirando todas las partes de su cuerpo. "¿Estás bien? ¿Te duele demasiado?"

"Draco -"

"Podemos ir con Madame Pomfrey a -"

"¡Draco!" espetó ella, tomando su rostro con ambas manos. "Estoy bien... estamos bien."

Ella analizó. Sus ojos recorriendo sus rasgos. Su piel, su nariz, su boca... sobre todo su boca.

"Joder Clarisse yo creí que -" su voz se perdió en un jadeo. "creí que te haría daño."

"Sh..." siseo ella, pegando su frente a la suya. "No pasó nada."

Él apretó sus manos contra sus caderas, tirando de su cuerpo contra el de él. "Si te pasa algo yo... sentiría que muero ¿lo entiendes?"

Y ella no logró contestar cuando él la besó con desesperación. Como si fuera algo que anhelaba hacer. Pudo notar el sentimiento de culpa en su lengua que se pegaba contra la suya, y se sintió triste al pensar en el sentimiento que pudo haberle provocado el hecho de pensar en perderla.

Ella también moriría si lo perdiera a él.

Sus manos bajaron a sus muslos, apretando sus dedos mientras la tomaba, haciendo que ella enrollara sus piernas alrededor de él, quien caminó hasta el sillón más cercano, recostandola contra la tela burdeo y gastada.

"Clarisse..." murmuró en su boca. "necesito tocarte. Mierda, quiero todo de ti en este momento, no puedo pensar en que podría perderte y no recordar la última vez que te tuve en mis brazos."

Ella cruzó sus brazos tras su cuello mientras la rodilla de él hacía un hueco entre sus piernas, acomodandose sobre ella para comenzar a besar la línea de su mandíbula. Ella arqueo la espalda, levantando su pecho para apoyarlo junto al suyo. Buscaba su calor. Sus manos apretando contra su espalda.

"No quiero perderte." le susurró Draco sobre su piel, ahora, descendiendo sus labios hasta su pecho, tirando su chaqueta para exponer su cuerpo.

Ella jadeo cuando una de sus manos entró bajo su camiseta, haciendo círculos sobre su vientre. "Estaré siempre aquí." murmuró, cuando su boca se abrió al sentir sus labios succionar su seno.

Clarisse se sentía en agonía, no queriendo escapar nunca más de sus brazos. Se sentía tan bien el calor de su piel que creyó que jamás podría vivir si no estaba a su lado.

Las palmas de Draco acariciaron cada centímetro de ella, bajando hasta sus pantalones, los cuales desabrocho con suavidad, pero a la vez, con una necesidad imparable de tenerla por completo para él. Clarisse tomó su camisa y comenzó a desabrochar, botón a botón, plasmando la imágen que tenía frente a ella.

Cuando su pantalón estuvo fuera de sus piernas, él enterró los dedos en sus muslos, separandolos aún más mientras su mano subía a su braga.

"Dímelo." le dijo él, a la vez que sus dedos apretaban su clitoris, haciéndola gemir y sisear palabras irreconocibles. "Dime que no me vas a dejar Clarisse, necesito que me lo digas."

Ella tembló. Su voz estaba quebrandose y el dolor en su pecho fue insoportable. Ella frotó su pecho subiendo las manos a su cuello mientras intentaba mirarlo a los ojos.

"Clarisse..." susurró, mordiendo sus labios mientras su mano hacía círculos más duros sobre ella. "Dilo."

"Yo - mierda." sus caderas se alzaron contra su mano, moviéndose ágilmente contra ella. "Nunca te dejaré Draco. Jamás."

Ella jadeo cuando nuevamente la besó. Sus manos introduciéndose bajo la tela para rebosar en su entrada, haciendo que Clarisse sintiera como su piel ardía y su núcleo se tensaba al sentir sus dedos bailar sobre sí. Draco la miraba, como si de un segundo a otro pudiera desaparecer. Estaba desesperado, y Clarisse había visto esos ojos antes. Los mismos ojos de él Draco de sexto año.

El chico que tenía todo el peso en sus manos.

Se prometió a sí misma no querer verlo más.

Con vigor, bajó sus manos al cinturón de su pantalón, y lo miró, intentando hacerle saber por medio de sus gestos que ella lo quería tanto como él podría quererla.

Con prisa Draco tiro de sus bragas, y ella las empujó ayudándose de sus pies, bajando el cierre del pantalón de él para tomar el borde de su bóxer. Había tanto silencio a su alrededor que lo único que podían escuchar eran sus respiraciones exaltadas, el latir de sus corazones y el chisporroteo de su sangre.

Clarisse sintió como él levantaba su camiseta, haciendo a un lado la tela de su sostén para amasar la firmeza de sus senos, jugando con el pulgar sobre sus pezones. Ella bajó la tela de su ropa interior, sacando la longitud frente a ella mientras su mano lo bombeaba, acercandolo a su entrada para frotarlo con su centro.

Él no espero, y en cuanto se hubo lubrica do por completo, se introdujo en su entrada, con una delicadeza que Clarisse no había sentido antes. Draco realmente estaba tomando su tiempo y ella se sentía extasiada. Una de sus manos se apoyó en el respaldo del sillón y la otra acarició su cintura, mirándola con algo más que deseo.

Lentamente comenzó a pujar contra ella, embestidas lentas y suaves que hacían que Clarisse se retorciera bajo su cuerpo. Su abdomen se flexionaba a cada movimiento y sus músculos se tensaban contra ella.

La electricidad la conmovió y sin pensarlo, chocó su cadera contra la suya, percibiendo un suspiro grave por parte de él.

Sentía su espalda baja doblarse en cada embestida y el rubor creció cunado Draco miraba con atención sus senos balancearse frente a él. Clarisse quería más. Amaba su lentitud pero anhelaba tenerlo por completo. Sentir los huesos de su cadera golpear sus muslos.

Con rapidez se apartó de él. Sus manos, que se veían apoyadas sobre sus hombros, lo empujaron, haciéndolo caer sobre el sillón. Ella se apresuró, quedando a horcajadas de él. Su pecho a la altura de su rostro.

Ella volvió a tomar su pene, separando lo más posible sus piernas para introducirlo en ella. Sintió una sacudida cuando su pulgar rodó por la punta y Draco echó su cabeza hacia atrás. La manzana de su cuello marcando el ritmo de su respiración.

Su cadera bajó lentamente alrededor de su grosor y sus labios se separaron, ladeando la cabeza para dejar que su cabello cayera como una cascada tras su espalda. Lo tomó por completo. Piel con piel encajando perfectamente.

Él la miró. Sus ojos cristalizados y brillando bajo la luz de la sala. Ella sintió su mundo caer, dejándola sólo con el rostro que tenía frente a ella.

"No quiero que olvides esto nunca." le murmuró ella. "Te quiero demasiado Draco."

Se inclinó contra sus hombros, besándolo con fuerza y armonía mientras su cintura hacia círculos a su alrededor. Subiendo y bajando sobre él mientras jadeaba en su boca. Sintió las palmas de Draco amasar la piel de su trasero mientras la impulsaba a moverse con más fuerza, rodando su cadera en contra para hacer un choque más fuerte.

Lo vio poner los ojos en blanco, su labios húmedos y rojos deslizando gemidos hacia su boca. Su cuerpo sudando junto al de ella.

Un golpe en el punto más profundo de su interior la hizo retorcerse. Su boca abriéndose en un silencioso placer. La energía recorría sus cuerpos y Clarisse se sentía en el cielo. Volvió a mirar su rostro y sintió su ceño fruncirse. Lágrimas rodando por sus ojos. Su corazón se apretó cuando él habló.

"Eres todo lo que tengo." sollozo, sin dejar moverse. "Eres la primera persona que hace sentir esto Clarisse."

Ella quería hablar y decirle que era igual de importante, pero sus embestidas la mecieron y su mente se evaporó. "Draco voy... - no puedo."

Clarisse sentía que su cuerpo estaba atrapado. Su alma queriendo escapar y girar contra la suya. Ella tampoco había sentido algo así por alguien. Ese fervor que hace que quieras estar siempre con esa persona. El revoloteo en su estómago cada vez que piensa en él. El calor de su piel cada vez que sus dedos hacen contacto con ella.

Todo aquello era nuevo. Sentimientos únicos que habían estado guardados en una gabeta, en el fondo de su interior, esperando ser abierta algún día por la persona indicada.

Y esa persona llegó. La llave de aquel cerrojo en sus manos.

El alzó su cabeza, y sus ojos grises chocaron con los de ella. Estaban brillando y sus pupilas se veían de un negro oscuro y profundo. Lo sintió apretar su cintura, pegando su vientre contra el abdomen de él que se tensaba a cada embestida. El fuego crepitando a su alrededor.

Lo vio venir.

Sus paredes se apretaron alrededor de su polla y sintió como su longitud palpitaba en su interior. El gemido abandonando su boca y los fluidos corriendo por sus muslos. Sintió su orgasmo recorrer cada milímetro de si, prohibiendole respirar cuando su cuerpo se relajaba por completo.

El seguía embistiendola, y sintió el momento en que iba a correrse.

"Draco..."

"No." jadeo él, mordiendo su labio. "No me hagas parar ahora."

Un par de golpes más hasta sentirlo caer. El líquido fluyendo en el punto más oscuro de su interior. Llenando cada esquina hasta bordearla por completo.

Clarisse dejó caer su cabeza sobre su hombro, escuchando el latir de su corazón acelerado. Sus brazos se apretaron contra él, queriendo abrazarlo y no soltarlo.

Draco hizo exactamente lo mismo, acariciando su espalda y enrollando sus mechones de cabello alrededor de sus dedos.

Su mente se desvanecía poco a poco, escuchando sus últimas palabras.

"Te quiero."