Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 37.


Algún día, Miroku se casaría con Sango. Siempre lo supo.

La noticia del matrimonio de Sango había sido todo un evento entre las familias. Para empezar, InuYasha había ido un día muy apresurado hasta su departamento a decirle que Miroku le iba a hacer una gran propuesta a su mejor amiga, y que necesitaba de su ayuda.

A propósito de que volvieron a estar solos, InuYasha se limitó a jugar con los rizos de su cabello azabache, muy cerca de ella. La admiró por varios minutos, en silencio y antes de irse, le quiso dar un beso, beso que ella rechazó ladeando el rostro. A cambio, le besó la frente y se fue.

Al día siguiente, en la hora del almuerzo, Miroku le habló de lo que tenía pensado y de que si podía decirle qué número de anillo calzaba en el dedo anular de Tanaca. Kagome accedió emocionadísima, sabía que su mejor amiga sería la mujer más feliz del mundo.

Sin embargo, esos recuerdos los tenía en el templo, así que apenas salieron de trabajar, aprovechando que la joyería abría sus puertas hasta más tarde, pasaron por la casa de los Taishō y retiraron lo pertinente. Por supuesto que Tōga y Midoriko iban a celebrar esa gran noticia, así que también se puso en marcha los preparativos para una pre-cena de compromiso allí, en el templo. La oficial pasó en Yokohama, dos semanas después, junto a las familias de Miroku, Sango, InuYasha y Kagome. Kikyō asistió de la mano de su prometido. Fue una gran noche.

Ella lo acompañó a comprar el anillo más hermoso de toda la jodida tienda. Claro que Sango se merecía el mundo entero, pero por lo pronto, esa joya estaría bien.

Ese día por la mañana habían ido a comprar por fin, el vestido que Sango había apartado en la misma casa modista que Kikyō había elegido. Era un vestido hermoso, strapless, lleno de perlas plateadas en el corsé, con una gran falda llana. La corona del velo que así, a grosos rasgos, la hacían lucir como una verdadera princesa de cuentos de hadas. Para su casamiento aún faltaba más de un mes.

Y ya para la tarde se encontraba allí, ayudando a Kikyō, junto con Sango, Miroku e InuYasha. Estaban encargándose de que cada detalle estuviera como ellos querían. Coordinaban todo el cáterin y, además, los músicos.

—Para nuestra boda quiero que toquen Key, de Ayumi Hamasaki. —Se dirigió a los artistas, que tomaban nota en una tableta electrónica.

Kikyō, que había estado hablando con ellos, se quedó en silencio. No supo cómo sentirse acerca de eso, ¿por qué pedía aquella canción en especial? Ellos tenían otra… bueno, ella había oficializado otra canción para su relación, e irónicamente, de la misma artista.

Dearest.

—Y la canción que bailaremos…

—Que sea esa. —La volvió a interrumpir. Se estaba comportando como un patán, pero ese era el único detalle en el que iba a insistir y quería que se hiciera su voluntad. Miró por el rabillo del ojo a Kagome, que no pareció inmutarse; estaba pidiendo su canción, lo hacía con ira y también con un sentimiento masoquista—. Por favor, es lo único que te pido.

La dejó con los chicos y se fue a sentar. Alrededor, sus amigos y su hermana se movían, colocando las flores extras que Kikyō había elegido. Veían las telas y demás arreglos.

Él observó a Kagome con una tristeza profunda, una que no había sentido en años. O nunca, quizás. ¿Por qué no era ella la novia? Ella ni siquiera lo miraba. Lo había ignorado desde el día después de la cena. Nunca más la volvió a tocar y para ser sinceros, eso estaba muy bien.

Tres días. Tres días faltaban para su boda en la capilla. La civil sería al día siguiente, pero la realmente importante estaba a tres días.

Estaba bien, pero la ansiedad comenzaba a matarlo. Ya no estaba tan seguro. Cada minuto que pasaba se sentía aún más ansioso. Todos parecían felices y felices por él. Pero ni siquiera podía disfrutar de aquella felicidad que le auguraban.

Pensaba en Kikyō y sus padres. Pensaba mucho en ellos. Arribarían esa misma noche desde Inglaterra. No podía fallarles. A nadie.

Kikyō estaba terminando de hablar con los chicos, cuando su celular sonó. Estaba justo camino hacia su prometido.

—Con Kikyō Hishā.

Con Kōga Ikeda. —Rio del otro lado de la línea.

Ella roló los ojos, también sonriendo.

—Lo siento, no vi el reconocedor.

Mañana te casas con InuYasha por el civil. —Comentó con un deje de desconfianza.

—Sí… —le pareció un comentario muy obvio—. Y eres mi testigo.

Justo llamaba para avisarte que asistiré con mi novia.

—No quiero verte en mi casamiento con esa cualquiera. —Rezongó entre dientes, bastante enojada. No soportaba a Yura ni siquiera un poco. Además de que le causaba malestar a su amiga—. Sango va a estar ahí.

Sino puedes soportar a ¡mi novia! —enfatizó—, entonces tampoco iré.

Kikyō suspiró, tomando aire y calmándose.

—Hazlo como quieras, pero ven. —Cortó después de oír la risilla triunfal de su primo.

Inmediatamente volvió a concentrarse en lo que iba a hacer justo antes de la llamada. No podía soportar un momento más aquella actitud de InuYasha. Estaba vacío, perdido, frío y lejano. Cada día estaba peor.

—¿Qué es lo que te pasa, InuYasha? —Lo encaró, sacándolo de su trance—. Llevas días mirando a la nada, distante y desinteresado en esto. Dime, ¿es que no quieres casarte conmigo? —Fue directa y clara. Tenía miedo de la respuesta.

La pregunta tomó por sorpresa a InuYasha. Se quedó en silencio unos segundos, pero se levantó de la silla y la miró fijamente. Advirtió la tristeza y la ira en la mirada de su prometida y no pudo sentirse más miserable.

—Lo siento… —susurró apenas en un hilo de voz—. Estoy muy nervioso, no sé cómo explicarlo, pero por supuesto que quiero casarme contigo. —Estiró la mano en un gesto torpe para acariciarle el rostro, pero ella se apartó.

—Sí que quieres casarte, parece —sus ojos brillaban, pero era por las lágrimas que estaban a punto de salir— pero con otra.


Las risas retumbaron por el departamento. Había música de fondo, pero muy bajita. En la mesa del comedor que estaba frente a la sala, había pastel, un par de globos blancos y varias envolturas, golosinas y bebidas. Tres botellas de vino vacías y algo de desorden. Las luces estaban pagadas, excepto la de la lámpara a lado de uno de los muebles.

—Yo agradezco el trabajo que me diste. —Dejó la copa sobre la mesilla de centro—. Se pasa muy bien en el área de computación.

—Dice Lan que eres muy buena. —Comentó, sintiendo ya el vino subiendo salvajemente a su cabeza.

—Me pude pagar un curso. Tenía dos trabajos. —Se echó para atrás y suspiró—. Hace mucho calor. —Se sacó la blusa instintivamente, sin pensar en nada.

—Sí que hace. —susurró él, extasiado. No supo por qué se sintió tan bien al verla más libre de ropa.

—Oh, lo siento —echó a reír— eres el novio de mi amiga. —Dijo con sarcasmo.

Por supuesto que no podía decir la verdad. Se levantó y también se quitó la falda negra plisada. Y esta vez estaba muy consciente de lo que hacía. Ya no podía ocultar su deseo por él y el vino iba a ser la mejor excusa que pondría por si él la rechazaba.

Quedó solo en ropa interior, roja como sus ojos. Su corazón palpitaba a mil por hora. Era su cumpleaños, por primera vez se sentía libre de hacer lo que quisiera. El vino le había turbado los sentidos, pero no tanto como para no recordar que Yura se había ido a coger con alguno de sus ex clientes a quien hizo compañía alguna vez, dejándola sola con su novio, con la excusa de que iría a visitar a «una prima» —que en realidad era una ex compañera del bar— que estaba enferma. Siempre hacia eso.

Kagura pasaba más tiempo con Kōga que la misma Yura.

Y allí estaban, solos, el mismo día de su cumpleaños.

—¿Qué haces? —se acomodó en el mueble, sintiendo que sudaba. ¿Por qué sudaba tanto? Su piel parecía un horno, su corazón quería salirse del pecho, pero sus ojos dilatados no podían parar de ver la silueta de Kagura. ¿Eso resultaría al final de haber salido tantas veces con ella, siempre con la media compañía de su propia novia? Siempre solos ellos dos.

Siempre.

Kagura no dejaba de verlo fijamente y eso lo abrumaba a tal punto, que sacó la mirada. Se sentía tan avergonzado en aquél momento, que su sonrojo le estaba quemando la cara. La sintió caminar hasta él y con suavidad se sentó a horcajadas en sus piernas. Lo tomó de la barbilla y obligó a mirarla. La parte consciente de su cerebro decía que no, pero todo su cuerpo decía a gritos que sí.

—Es evidente —susurró y le plantó un beso. Un beso apasionado, muy húmedo y ansioso.

Kagura se removía inquieta sobre su cuerpo y aumentaba el ritmo del beso al que Kōga no tardó mucho en reaccionar. Por fin sus manos correspondieron y bailaron al ritmo de la anatomía femenina, que se meneaba como la misma gloria.

—No… —abrió los ojos y balbuceó ente el beso—, no, no —la apartó suavemente, pero con precisión.

—No qué. —Jadeante, lo miró con el ceño fruncido—. Te deseo y tú a mí. Eso se nota.

Si había algo que le gustaba de Kagura, era su manera directa de decir las cosas. Y en ese momento resultaba un detonante sexual que lo iba a hacer explotar de placer.

—Pero no está bien, no podemos… no podemos hacerlo.

La vio sacarse lentamente la parte superior de su conjunto rojo. El brasier simplemente cayó y dejó al desnudo sus hermosos, muy hermosos —a la vista de Kōga—, pechos blancos, como de porcelana. Ella lo seguía mirando directamente y sus ojos rojos parecían brillar con la luz de la lámpara. Parecían fuego, fuego que consumía. Sus ojos rojos eran el mismísimo infierno y él estaba muriéndose por entrar en él.

—¿No quieres?

Tomó la mano delicada y la llevó ahí, donde toda su sangre se había concentrado y palpitaba por ser atendida. Estaba duro como una roca y ni siquiera lo había notado hasta ese instante. Quizá ya lo había estado desde hacía mucho tiempo, pero no estaba consciente.

—Sí que quiero. —La tomó de la nuca y volvieron a besarse, mientras ella le quitaba la camisa con torpeza—. Espera…

—Ah, ahora qué —roló los ojos, loca por hacerle el amor y que dejara de hablar.

—No le diremos nada a Yura.

Kagura sonrió como nunca lo había hecho antes: ¿era además una invitación para que fueran amantes? En sus planes jamás estuvo acostarse con él, pero en ese tiempo que llevaban saliendo y quedándose solos por casualidad, no había podido evitar sentir una atracción casi insana por él. Pero se lo había permitido por el hecho de saber que Yura no lo quería siquiera un ápice y que sólo estaba jugando con él.

Así que sí, sería su perra si él se lo pedía.

—No… no le diremos nada.

Continuará…


Vaya, no esperaba que me hicieran llorar con sus comentarios. Esta última actualización trajo mucho amor consigo, fue hermosa. Muchas gracias a todos por sus comentarios, ha sido maravilloso, y gracias a tanto amor que me han brindado, hoy tendrán sus dos actualizaciones. El capítulo siguiente fue uno de los favoritos y espero que lo disfruten tanto como yo.

Elyk91: esa es mi mayor meta: sorprender a mis lectores. Es muy grato saber que te causó impresión. Gracias por mencionar lo del avance, hace años que no lo hacía. Trataré de hacerlo siempre.

Kagura no es mala, es exactamente como es en el manga/anime. Sí, la boda por la iglesia está muy cerca y viene cargadita. XD

July: Hi, honey! Muchas gracias por tus mensajes largos. Yo tampoco puedo creer qué tanta actualización, pero para qué hacerlos esperar XD Todos odian a Yura, yo la construyo y la amo ;-; sí teatro caerá y será feo. Espero disfrutes el casamiento civil de InuYasha.

AIROT TAISHO: AMOOO ESOS COMENTARIOS TUYOS. Sí, me encanta que siempre me leas temprano. El desenlace no estar cerca, faltan más de 30 capítulos XD Ah, eso de los padres de los chicos lo estoy publicando como una historia aparte;) pues tan fácil no va a ser. Yo amo que me leas.

Laurita Herrera: primero, muchas gracias por comentar la historia de Midoriko, es bueno saber que me están leyendo. Pronto actualizaré. Me alegro de que te haya gustado la propuesta. Yo también quiero que se arruine.

InuKag89: UN HONOR QUE TE HAYAS REGISTRADO PARA LEERME /llora. Tanta alegría me da que me digas estas cosas bonitas sobre mi historia. Que la disfrutes mil. HAHAAHAH me encanta cuando odian/aman a los personajes. Miles de gracias por mencionar sobre que está decentemente escrita, eso es muy importante para mí. Le dedico mucho a este fic. Disfruta tu actualización y bienvenida a Nota.

MindofanficsRyI: ¡Gracias miles por comentar y por promocionarme! Son una gran página. También recomendar a tantas buenas autoras que conozco, no saben lo feliz que nos hacen. Son un amor.

Dav Herreras: Me encantó tu comentario. Yura es un caso perdido. Miroku todavía no reacciona sobre las tonterías que hace. Kōga quería agradar a Yura, pero, como ves, terminó agradandole a Kagura.

Mariam1005: Hola, hermosa, gracias por regresar. Ahora tienes dos capítulos más lol. No te preocupes, es un honor responder a mis lectores. Verás, entra a tu cuenta. Arriba de la página en donde está tu nombre de usuario en color naranja [a lado de logout], pinchas ahí te lleva a tu página manager. En la parte lateral, te salen varias opciones (account, publish, private messaging, etc) pinchas en private messaging y ahí se te despliega Inbox y Outbox, en inbox debe haber (1) y ahí entrar y puedes leer mi mensaje. Debe mi mensaje que diga Gracias por tus reviews en nota.

Espero puedas leer mi respuesta.