Capítulo 44
Nota: de nuevo, nos encontramos frente a un capítulo que escribí de corrido en estado de delirio. No lo releí, no sé lo que hice, no está veteado, nada. Solo espero que el día que termine todo este interminable fic tenga energías para editarlo porque muchos capítulos, entre ellos este, deben ser un asco. Por otro lado… prepárense para algunas emociones fuertes.
Tras una incalculable cantidad de horas y atención, el regalo de Eren estuvo terminado. Levi lo revisó cuidadosamente y comprobó que, dentro de todo, no estaba desprolijo. Había dudado bastante sobre lo que pondría dentro y no le fue fácil encontrar un sitio donde imprimir en pleno 24 de diciembre, pero por fin había llegado a un resultado decente. ¿Entendería Eren lo que esto significaba para él? Podía parecerle una tontería. O podía considerar que se había excedido. ¿No hacía demasiado poco tiempo que se conocían? El lado razonable de Levi le decía que Eren no era el tipo de persona que se da cuenta de que es pronto para alguna cosa. Al contrario, su problema era sin dudas el entusiasmo, el modo en que se tiraba de cabeza en lo que fuera. Pero Levi también tenía un lado no razonable y, para esa parte de él, cualquier cosa que hiciera podía estar mal y podía traerle problemas. Suspiró, agotado de sí mismo. Decidió dejar el regalo así. Lo envolvió con cuidado y lo guardó en un cajón de su mesa de luz.
Luego hizo las compras de todo lo que necesitaría para esa noche. Una vez que tuvo todo, se abocó a cocinar, con música de Gershwin de fondo.
Mientras cortaba la fruta, por momentos se le cruzaba por la mente el pedido de Kiyomi de la dirección de Hange. ¿Qué estaría planeando esa vieja? ¿Saldría con algún martes 13? No tenía muchas ganas de lidiar con nada, en verdad. El último tiempo estaba resultando muy intenso. Podía hacer una larga lista de cosas que había contado por primera o segunda vez en su vida, en los últimos días. Las conversaciones con Eren eran cada vez más profundas y tocaban de más cerca su corazón. Estar con él era como quedar atrapado en un terremoto: todas las placas tectónicas de su memoria, de sus certezas, de sus habilidades se movían y dudaban. ¡Había tantas cosas en el fondo de él que aún no había enfrentado! Su plan había sido tan solo ocultarlas en el fondo de sí hasta olvidarlas. Pero ahora comprendía que tener una pareja, tener un verdadero vínculo con alguien, era también remover todo en nuestro interior, reaprender, desafiarse y que por lo tanto en el amor no hay tal cosa como olvidarse por completo de un problema. Todas nuestras cicatrices cuentan una historia que la persona que nos ama querrá saber.
¿La persona que nos ama? ¿Así definía a Eren? Qué palabras fuertes, vaya. La sonrisa que se formó en su rostro no duró tanto: hablar de amor siempre traía también aquel otro recuerdo…
Sus oídos ya habían escuchado ese claro "Te amo, Levi". Lo habían escuchado muchas veces y, ¡dios!, qué bien se había sentido. Tener por un momento la ilusión de que él, sí, él, Levi, podía ser amado, podía ser valorado por quien era… suponer que no era aburrido, que no era feo, ¡creer por unos meses que alguien importante para él tenía deseos de dedicarle su tiempo…! Su autoestima había llegado hasta los cielos, por aquella época. Se consideraba capaz de tantas cosas, ¡tan fuerte y luminoso!
Sin embargo, el universo nos lleva hasta lo más alto solo para dejarnos caer. Y nunca había salido del pozo al que arribó su cuerpo destrozado. Construyó allí su hogar, su cotidianeidad: en una soledad total, en el silencio. En ese lugar de quietud y rutina, estaba seguro. Sí, seguro… aunque, Hange tenía razón. Esa seguridad no lo hacía feliz. Todos esos años… ¿cómo habría sido esa oscuridad si hubiera estado iluminada por Eren? Ese pensamiento le dio un poco de rabia. Se había perdido de una cantidad exorbitante de cosas. La mayor parte de su vida era digna de ser olvidada. Recién ahora volvía a sentir deseos de planear, de tener un proyecto y llegar a algún sitio más allá de aquel al que lo llevaría la costumbre.
Y todo esto… ¿solo por estar enamorado? No le gustaba pensar eso. Se daba cuenta de que, después de todo, él sí era una persona afectiva y tener pareja, contra todas sus predicciones, sí era algo relevante en su vida. Pero Eren no solo significaba eso, no solo traía el placer de tener un vínculo amoroso, lo cual de todos modos ya era mucho. La cuestión era que Eren, también… le hacía sentirse valioso. Y eso era lo que lo cambiaba todo.
Cuando finalizó con la entrada y la ensalada de frutas, comprendió que acababa de alcanzar una conclusión fundamental. Aunque la complejidad de estos meses le resultaba un poco estresante, la realidad era también que le había abierto nuevos canales en su cerebro, le había posibilitado nuevas sinapsis nerviosas, ¡algo! No se creía capaz de una reflexión como esta unos años atrás.
Se dio un baño y se arregló. Le envió a Eren una foto de todo lo que había cocinado, con cierto orgullo.
"Aquí pedimos un catering", le respondió el muchacho al poco rato, "pero estoy 100% de que nada de esto va a saber tan bien como lo que hayas hecho vos". Adjuntó una imagen de una serie de bandejas repletas de comida sofisticada y a todas luces cara. Evidentemente, los Jäger tenían un estilo de vida distinto del de Levi. Era agradable, de hecho, que para Eren eso no fuera problemático. Levi sonrió de solo anticipar las diferencias entre la elegante y tranquila mesa de la familia de su novio y la cena por completo caótica a la que estaba por asistir.
Al llegar a la casa de los padres de Hange, le abrió Sasha, una de las primas jóvenes de Hange que había llegado desde Corrientes a Buenos Aires el año anterior para empezar sus estudios universitarios, por lo cual ahora se alojaba con su hermana mayor, Violeta, quien había viajado algunos años antes. Levi no la conocía personalmente, pero las historias que le contaba su amiga y su fuerte acento del interior alcanzaban para reconocerla.
—Vos debés de ser el amigo de Han, ¿no? Violeta me habló de vos.
—El mismo. Vos sos… ¿Sasha!
—¡Sí! ¿Qué trajiste de rico?
Tuvo que pasar por su aprobación antes de poder entrar en la casa, donde los padres de Hange le dieron un abrazo, como a un hijo. En tantos años de amistad, no le habían faltado ocasiones de compartir con ellos y, a pesar de su parquedad y su bajo perfil, podía decirse que se llevaban bien. Dejó las bandeja y la fuente en la cocina, tras lo cual prosiguió saludando: primero a Hange y a Moblit, que había venido temprano para ayudar como buen yerno, luego a diversos tíos a los que recordaba vagamente, a los abuelos maternos, después a los primos más pequeños (Gabi, Falco, Udo y Sofía, según dedujo por los nombres con que se gritaban de una esquina a la otra mientras corrían por todo el comedor) y finalmente a Violeta, a quien tenía un poco más presente porque, en el 2009 y el 2012, cuando en el documento de identidad de la muchacha aún figuraba como "Javier", había participado con él y con Hange de las manifestaciones a favor de la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género.
—¿No notás algo, Levi? —le preguntó ella, entusiasmada.
—Mmm… ¿estás… distinta? —arriesgó una respuesta ambigua.
Hange le dio una palmada en la nuca a modo de reto.
—Por fin se pudo operar, enano, felicitala, por favor.
—La voy a felicitar cuando se reciba de esa ingeniería que está haciendo.
—Aun me faltan dos años más, Levi —explicó Violeta—. Estoy tardando pero te juro que tengo el mejor promedio.
—Más te vale.
Se ubicaron en la larga mesa que Moblit y Hange armaron con varios caballetes y largas tablas, de modo de ocupar casi todo el patio. En el pequeño resquicio que quedaba, los niños seguían corriendo de un lado para otro. A Levi lo dejaban en una esquina lejana, ya que todos sabían que no era muy sociable que digamos. En general, solo hablaba con Hange, Moblit, Violeta y un poco con los padres de su amiga. Por lo tanto, se sentía cómodo y su único momento de tensión fue cuando, cerca de las 21.30, tocaron el timbre estando ya todos los invitados sentados. Hange fue a ver y se encontró con que era un empleado de Glovo… ¿qué podía traer si no era el envío de Kiyomi?
Resultó que había preparado de forma casera dos cajas de wagashis navideños para que Levi compartiera con la familia de su amiga. Aunque eran para comer con el postre, Hange no se aguantó a abrir las cajas en la mesa y mostrárselas a los demás, que se asombraron mucho y reclamaron a Levi que por qué no invitaba a su tía las próximas fiestas. En efecto, los wagashis eran muy elegantes y bonitos, excepto algunos que Levi reconoció rápidamente que los habría hecho Mikasa, que no era muy dada a la decoración y las cosas delicadas. Se rio para sus adentros y, tras ofrecerse a llevar las cajas a la cocina para saborearlas después, robó el wagashi más chueco de todos, el que más evidentemente había sido tocado por el estilo inconfundible de su prima y lo contempló con detenimiento. Era un pequeño hombre de nieve deforme que llevaba algo que podría considerarse una bufandita roja. Recordó algunas tardes de su adolescencia, cuando Kiyomi intentó enseñarle el modo tan sofisticado de adornar un wagashi… Mikasa y él devoraban todos los que salían mal, para que no los viera el tío Koji al regresar del trabajo, de modo que a menudo terminaban con indigestión de tantos que tenían que comerse. ¿Cuántos se habría comido Mikasa esta vez, para que quedaran tantos en buen estado como los que entraron en estas dos cajas? Aunque le habían pedido la dirección a Hange a último momento, sin dudas habrían planeado esto con mucho tiempo de anticipación, porque no era algo fácil de preparar. Ah… no importaba la distancia que él tratara de poner con la tía Kiyomi. Al final, ella seguía teniendo estos grandes gestos con él que, aunque a veces lo asustaban o confundían, después de todo no podía más que agradecer.
Sobre todo, agradecía que realmente hubiera enviado comida como había dicho y que no se hubiera aparecido de la nada o algo por el estilo.
El resto de la cena transcurrió con tranquilidad —dentro de lo que era posible con aquellos niños ruidosos que tenía Hange por primos— y cuando se hicieron las 12 y salieron todos a la calle a ver los fuegos artificiales, para que Hange y Moblit pusieran los regalos debajo del árbol sin que los más pequeños lo notaran, Levi se escabulló para llamar a Eren. Por un momento pareció que la señal se había ido pero luego consiguió llamarlo.
—Feliz Navidad, Eren… —murmuró, sorprendiéndose a sí mismo al descubrir que estaba en verdad emocionado.
—¡Feliz Navidad, mi capitán! ¡Y feliz cumpleaños! Me encantaría estar ahí con vos, ¡me muero por besarte! Para fin de año tenemos que organizar algo, ¡yo quiero darte un beso apenas empiece el año nuevo! ¡Te quiero mucho!
—…yo también, Eren.
Estaba tan afectado, que tenía apenas un hilo de voz. Quizás por eso, al notar que la señal se entrecortaba, decidió terminar la llamada y dejar la continuación para después. Nunca le había dado demasiada importancia a la Navidad, pero de pronto tener alguien importante con quien quería estar (además de su madre, a la que planeaba llamar después de la repartija de regalos entre los niños) le cambiaba la perspectiva. Estaba conmovido y no sabía bien qué hacer con eso.
Por suerte, el griterío infantil avisando que ya había venido Papá Noel lo distrajo y le permitió recomponerse. Ayudó a Hange y Moblit a traer los postres a la mesa mientras los demás intercambiaban regalos. Sasha se alejó del arbolito discretamente apenas vio que había más comida.
—Qué ricos son estos cosos chinos que te mandaron, Levi —masculló, con la boca llena.
—No te comas muchos que solo hay dos para cada uno, eh —le advirtió Hange.
—Ojalá hubieran mandado más.
—Pero mirá el detenimiento con que los hicieron —intervino Violeta—. Les debe de haber llevado un siglo cada uno. Se re portaron haciendo esto. Fue tu tía, Levi, ¿no?
—Así es.
—Debe de quererte mucho.
—Eso parece…
—Mandale una foto a tu mamá, Levi —agregó Hange, sosteniendo el anteúltimo wagashi—. Ella allá en Alemania seguro extraña estas delicatesen de tu tía…
—Tenés razón… a ver…
Finalmente, acabó por hacer una videollamada con su madre, mostrarle los wagashi y presentarle a la mitad de la familia de Hange. Fue una situación inesperadamente cálida que lo integró mucho al grupo, de modo que a pesar de su cansancio a las 2 de la mañana aún se encontraba allí tomando sidra y comiendo maní con chocolate.
Esa era la situación cuando Gabi, la única niña que aún estaba despierta, soltó un grito.
—¡Sonó el timbre! ¡Debe de ser Papá Noel que se olvidó algún regalo!
Levi observó a Hange con aprensión.
—Habíamos quedado en que nada de sorpresas, ¿no? ¿No trajiste a Eren o algo así, verdad?
—No, no… no sé quién es. Ni si es para vos.
El padre de su amiga se levantó y, con una expresión preocupada, se dirigió hacia la ventana de la cocina, desde la que se veía la vereda. Era raro recibir una visita en la madrugada y en plena Navidad. Al rato regresó.
—Sí es para Levi… un señor. Dice que es pariente.
—Serán ladrones… no tengo ningún señor pariente —declaró Levi.
—Bueno… se te parecía un poco, la verdad. Yo le creí que era pariente.
El rostro de Levi cambió bruscamente de color. Empalideció y se le revolvió el estómago. No era posible. Nadie podía venir por él. Como todos lo miraban, esperando su reacción, trató de disimular lo más posible y se dirigió a la puerta principal. Esta daba a un pasillo que terminaba en una reja, por lo que podría hablar desde allí con el desconocido sin exponerse a un gran peligro. Hasta último momento, tuvo la esperanza de que fueran ladrones con la peor coartada de la historia.
Pero no lo eran. Apenas abrió la puerta, los rasgos japoneses del hombre que lo contemplaba con expresión compungida desde el otro lado le hicieron comprender que sus peores sospechas debían de ser ciertas.
—Disculpe, pero debe de haberse equivocado de dirección —dijo, en un último intento por desarmar esa situación inverosímil.
—Levi, yo… no tenés por qué reconocerme, pero soy…
El fuerte acento delataba los años vividos en el exterior. Levi se mordió un labio y juntó fuerzas para interrumpirlo.
—Satoshi. Sos Satoshi.
—Sí.
—¿Y qué hacés acá? Deberías estar en Burzaco.
—Estaba en Burzaco.
—¿Te trajo la tía?
—No… Agarré prestado el auto de Koji. Supongo que sabes que a veces Kiyomi… toma un poco demás.
—Así que te aprovechaste de su estado para que te diera esta dirección, ¿es eso? ¿Viniste hasta acá en secreto, como un criminal?
No hizo ningún amague de abrir la reja. Hablaban a prudente distancia.
—No, Levi… lo que quiero decir es que… terminó por decirme algo que sino no me hubiera dicho. Quiero dejar en claro que ella respeta mucho tu intimidad, no me cuenta lo que… lo que pensás de mí. Pero con alcohol… me contó algo… —El hombre suspiró; parecía estar esforzándose mucho en hilvanar las palabras—. Me contó que le dijiste… bueno, que no querías venir a verme porque yo no te había buscado. Yo, al contrario… siempre pensé que no daba que te buscara, que habría sido como una invasión de tu espacio personal, no sé… pero en cuanto la escuché decir eso… agarré el auto. Inmediatamente agarré el auto. Necesito hablar con vos.
Levi apretó los dientes. Se acordaba perfectamente de esa conversación con Kiyomi y ya la estaba lamentando.
—Yo no necesito hablar con vos.
En ese momento, Hange se asomó por la puerta.
—Ey, Le… ¿estás bien? ¿Necesitás ayuda? ¿Quién es ese señor?
Sin voltearse, Levi respondió.
—No te preocupes. El señor ya se va. Abrite el ananá fizz que en diez minutos voy.
—Bueno… cualquier cosa, pegá un grito y venimos todos a rescatarte, eh.
Cuando volvieron a estar solos, Satoshi tenía un velo de esperanza en los ojos.
—¿Esto quiere decir que me concedés 10 minutos? —Ante el gruñido de Levi, continuó—: Podemos ir al auto y charlar sentados. Diez minutos me alcanzan.
Reluctante, Levi acabó por sacar la llave. Satoshi se apartó, para que pudiera abrir la reja y pasar a su lado sin tener contacto. Se subieron al auto y, uno junto al otro, permanecieron en silencio. Satoshi le dedicaba miradas furtivas, mientras enredaba sus dedos entre sí, incómodo. Al final, fue Levi quien empezó.
—En casa de tía Kiyomi vi la foto de tus hijos. Parecen sanos. Felicitaciones.
El padre cerró el puño.
—Le—Levi… hijo…
—No te atrevas a usar esa palabra conmigo.
—Por favor. Dejame contarte.
—¿Contarme qué? ¿Cómo nos abandonaste a mi mamá y a mí?
El hombre se hundió en el asiento.
—Yo quería tenerte —murmuró, en un hilo de voz.
—¿Qué? No te escuché.
—Que yo quería tenerte. Amaba a tu mamá.
—No se notó.
El hombre suspiró.
—Cuando… cuando mi mamá se enteró… Me pegó. Dijo que se avergonzaba de mí. Que no entendía qué había hecho tan mal para merecer semejante hijo.
—Listo, tu mami te reta y eso es suficiente para que abandones a tu bebé, perfecto, entiendo.
Eso hirió el orgullo de Satoshi, que de pronto reaccionó.
—¡No! ¡Escuchame! Tenía 17 años… me encerraron en mi habitación. Con llave, quiero decir. ¿Qué iba a hacer? ¿Patear la puerta de mi propia habitación? Me dejaron salir al día siguiente, cuando ya habían echado a Kuchel… ni siquiera me dijeron qué hablaron con ella. Me llevaron directamente al aeropuerto, así como estaba, y me hicieron subir a un avión. En Japón me retuvo mi abuela hasta que me pudo casar por una agencia. Yo pensaba… pensaba que la habían hecho abortar. Y no sabía cómo volver a comunicarme con ella, nosotros hablábamos ahí en la tintorería, nos veíamos todos los días, pero no tenía su teléfono, nada. Aparte, ¿qué le iba a decir? Yo era un cobarde… no supe de tu existencia hasta que no murió mi mamá. Ahí Kiyomi se animó a llamarme y decírmelo. Desde entonces, todos los años me manda fotos tuyas, me cuenta tus novedades.
—¿Desde que murió tu mamá? Eso fue… ¿eso fue cuando la tía me vino a conocer, no?
—Sí…
—O sea, desde que tengo 14 años. Desde que tengo 14 años sabés que existo y me visitás por primera vez cuando cumplo 36. Y ni me dijiste feliz cumpleaños.
El hombre se quedó callado por un momento.
—No importa lo que diga, ¿no? Nada de lo que me pasó o lo que sentí justifica lo que te hice vivir a vos.
—No. No tenés idea de lo que me hiciste vivir. A mí y a mi mamá. Sos un cobarde.
Levi se giró apenas hacia él, lo suficiente para distinguir por el rabillo del ojo que el hombre lloraba en silencio. Entonces, se enfureció.
—¡No llores! ¡No sos la víctima acá! ¡No es justo que llores! ¡No es justo que me quieras hacer sentir culpable por no querer ser tu hijo!
—Eso es lo último que querría, hacerte sentir mal… lloro… porque tenés razón. Porque soy un cobarde. Y no soporto vivir conmigo mismo. Siempre hice lo que mi mamá quería de mí… siempre. No tengo derecho a llamarme hombre. Mucho menos a que me consideres tu padre. Ojalá hubiera una manera de compensarte, de resarcirte… no sé.
—No hay.
El hombre asintió. Levi, después de apretar los dientes por un largo rato, exhaló el aire con fuerza.
—No sabía… lo de que te pegaban. Y que te encerraron —dijo, al fin—. La tía sí me contó que… bueno, que los viejos te obligaron a irte a Japón, que vos no querías. Yo le decía que no le creía, que te escapabas porque me odiabas, porque yo era un bebé feo, ja. Pero en el fondo… sabía que su versión era probable. Lo que pasa es que… no está bueno, ¿entendés? Que mi vida sea una mierda porque antes la tuya también lo fue. No hay victimarios, solo víctimas. No tengo… no tengo con quién enojarme. Toda la infancia me sentí una basura, una cosa que vos habías dejado tirada… y ahora resulta que te tengo que compadecer. Es una mierda.
—En eso… en eso estamos de acuerdo.
—¿De qué me sirve que estemos de acuerdo? ¿Me querés decir de qué me sirve?
Satoshi apretó los párpados, juntando fuerzas.
—Levi, yo pienso que… pienso que todavía puedo demostrarte que no sos "una basura", como dijiste. Puedo demostrarte que yo… que yo te amo, aunque te cueste creerme ahora. Y aunque ya tengas 36 años, aunque… ah. Pienso que aunque no puedo compensarte por todo el daño que te hice, por lo menos podría dejar de hacerte daño desde ahora. Y por eso me gustaría que me permitieras… bueno. Que me permitieras ser tu papá.
Agotado, furioso, triste o tal vez conmovido, tal vez absurdamente feliz en medio de un enojo desbordante, Levi se dejó caer hacia adelante y apoyó la frente en el vidrio del auto. Durante un rato, solo respiró profundo. Su cabeza era un lío. Habría querido abrazarse a su mamá, a Hange, a Eren… pedirles consejo. Pero esto lo tenía que resolver él. Solo él sabía si era capaz o no de ser el hijo de ese hombre.
—Yo… necesito pensarlo. Son más de las dos de la mañana, es Navidad y… no es el momento. Quiero regresar con Hange. Volvete a Burzaco, por favor, antes de que Koji descubra que le robaste el auto.
—Ya que lo vayas a pensar me honra, Levi. De verdad. Sea cual sea tu decisión, yo la voy a respetar. Pero necesito que sepas que yo estoy dispuesto a lo que sea necesario para hacerte bien.
—Lo que es necesario ahora es que te vayas —afirmó Levi, mientras abría la puerta del auto.
—Sí. Estaré esperando tu señal… para saber cuándo podríamos volver a hablar. Mi pasaje de vuelta a Japón tiene fecha del 3 de enero. Pero si vos me lo pedís, yo lo cambio.
—No cambies nada, viejo… andate con la tía y descansá, vos también debés de estar un poco borracho para haberte animado a todo esto. En estos días hablamos.
—No estoy borracho.
—Lo que digas…
Cuando Levi regresó a la casa, Hange no pudo evitar notar que sus ojos estaban enrojecidos.
Notas: AAAAHHHHH ¡Diablos! Qué difícil fue todo esto… ¡perdón! Me demoré un siglo en actualizar y esto no logré escribirlo ni con la mitad de la seriedad que quería, había mil cosas para desarrollar, me hubiera gustado trabajar el modo en que se expresa Satoshi, encontrar alguna marca japonesa en su manera de hablar, pero bueno, si le seguía dando vueltas nunca lo iba a publicar. Encima tampoco pude revisar los capítulos viejos así que seguro hay más de una incoherencia. Me disculpo por todo. Encima cada vez que trabajaba sobre este puto diálogo me ponía a llorar xD En fin… ojalá algo de los sentimientos que me generó a mí les llegue a ustedes. Por favor, cuéntenme sus impresiones. Con este capítulo navideño, damos cierre al 2020 de "35 y solito". Probablemente, retomaré las actualizaciones en febrero o en marzo. Lo iré avisando en mi página de Facebook. En ese entonces, retomaré también los videos en vivo, si lo desean. Por ahora, con las fiestas y todas las tareas que tengo acumuladas, no podré hacer mucho más por este fic. ¡Espero me tengan un poco más de paciencia! Ya estamos en el tramo final. No sé si quedan exactos 6 capítulos, como prometí en un principio, pero más o menos. Les deseo felices fiestas y les agradezco infinito por acompañarme hasta aquí. ¡Les dejo un fuerte abrazo!
