No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Isabella ingresó más números en la hoja de cálculo de su ordenador. Su investigación había aportado datos consistentes y mostró dos fuertes tendencias de comportamiento entre las groupies. Ella no tenía duda de que esta investigación iba a salvar toda su carrera. Y si no lo hacía, no era el fin del mundo. Isabella había comenzado a trabajar en una propuesta para un libro de no ficción que garantizaba ser un bestseller.
―Espero que estés sonriendo de esa manera porque estás pensando en mí. ― Dijo Edward.
Ella levantó la mirada de la pantalla de su ordenador. No lo había oído entrar al bus. Él le besó la mejilla y se deslizó en la cabina al otro lado de ella. Su sonrisa destelló.
―Siempre estoy pensando en ti. ― Hubo un ruido en la parte delantera del bus mientras Garrett entraba.
―Isabella. ― dijo él, ―Mira lo que conseguí.
―¿Chupetas de cereza? ― Preguntó ella.
―Camarón fresco. Uno de los roadies los compró. ¿Harías camarones rebozados? ― Él dejó la bolsa en la mesa y le dio una mirada de cachorrito. Él sabía que ella no se podía resistir. ―Por favor.
Ella sonrió y asintió.
―Después de que termine de ingresar esta información. ― Ella comenzó a digitar en la siguiente fila de números.
―Te refieres a después de que yo terminé de entrar en ti. ― dijo Edward.
Isabella levantó la mirada de la pantalla de su ordenador. Edward le dio esa mirada que no podía resistir. Esa mirada de desnúdate inmediatamente. Ella guardo la información y cerró el laptop, colocando la pila de papeles sobre el ordenador.
―Lo siento, Garrett. Edward gana.
―Pero estoy muriéndome de hambre.
―Terminaremos en una o dos horas. ― dijo Edward.
―O cuatro. ― dijo Isabella.
―O cuatro. ― Edward salió de la cabina y extendió la mano hacia Isabella.
―¿Cuatro horas? Moriré para ese momento. ― Él tomó el asiento desocupado de Edward y miró con atención la bolsa con olor a pescado.
―Estoy segura que puedes encontrar algo para comer en el refrigerador. ― Isabella salió de la cabina, tomó la mano de Edward y miró de nuevo a Garrett. ―¿Qué hacían antes de que yo me uniera al tour?
―Escasamente vivíamos. ― dijo Garrett. ― Nos ahogábamos en nuestra propia porquería. Mal alimentados. Huesudos y anémicos. ― Él extendió la mano hacia ella, con su cabeza colapsando sobre la mesa mientras se hacía el muerto.
―Pobres bebecitos. ― Ella se echó a reír.
―Eres demasiado buena para nosotros. ― Edward la llevó hacia la habitación.
―Me gusta cuidar de ustedes. Todos han comenzado a ser importantes para mí en el último mes.
―¿Incluso Emmett? ― Ella se rió.
―Sí, incluso Emmett.
―Tú también eres importante para nosotros. ― dijo él. ―No puedo recordar la última vez que nos sentimos tan…establecidos. ― ¿Establecidos? Ugh.
―Soy una latosa, ¿verdad? ― Edward la llevó por la puerta de la habitación y la tiró contra su cuerpo, besándola con voracidad. Él cerró la puerta de una patada.
―No eres una latosa. ― murmuró él. ―Eres maravillosa. Como dije, demasiado buena para nosotros. ― Ella le besó la comisura de la boca.
―Tus mentiras son buenas para mi ego.
―Nunca te he mentido. ― susurró él, sus labios recorrieron suavemente la piel de su mejilla y su oído. Edward llevó el lóbulo a su boca, presionándolo contra sus dientes superiores con la lengua. Isabella contuvo la respiración. Olvidó todo excepto a él.
Las manos de Edward se movieron hacia los botones de su blusa, liberándolos uno al tiempo mientras su lengua acariciaba el sensible lugar detrás de la oreja de Isabella. Los dedos de ella se curvaron en su ducho pecho mientras se balanceaba contra él.
Él le bajó la blusa por los hombros y llevó la boca a su clavícula, besándole la piel con suavidad. Con tanta suavidad que a ella le dieron ganas de llorar.
―¿Edward?― susurró ella.
―¿Hmm? ― Él levantó la cabeza y la miró fijamente.
―Estás siendo muy tierno.
―¿No te gusta?
―No dije eso. Sólo me preguntaba que trajo esa ternura tan de repente.
―Benjamin necesita música para el bajo. Tengo que disminuir el ritmo un poco. ― Él sonrió. Ella puso las manos en su rostro y se levantó en puntillas para besarle los labios.
―¿Sólo de eso se trata? Pensé que a lo mejor tenías algo que decirme.
―¿Cómo qué? ― Él frunció el ceño. Tragó saliva para calmarse.
―Como que has estado pensando en algo pervertido y me imagino que será mejor que me prepares antes de caiga en la trampa.
―Crees que sólo pienso en sexo. ― Él suspiró y sacudió la cabeza levemente. ―Algunas veces creo que esto es imposible.
El corazón de Isabella latió dolorosamente en su pecho. Desde que habían regresado de Kansas City, él había estado actuando extrañamente. Como si quisiera romper con ella o algo parecido. Y después de haber sido tan rudamente introducido en el pasado de Isabella, ¿Quién podía culparlo? Pero eso no era algo que ella pudiera cambiar. Jeremy había dejado un gran impacto en su vida sin importar que a Edward le gustara o no.
―No sé qué quieres de mí, Edward.
―Sí, lo sabes. Es por eso que te asustas cuando soy cariñoso contigo. ― De manera que esto no tenía que ver con su pasado. Tenía que ver con su futuro.
―No estoy asustada. ― Pero sí lo estaba. Estaba aterrorizada. Sobre todo porque no podía imaginarse su futuro sin Edward.
―¿Puedes dejarme ser cariñoso sin convertirlo en una broma?
―No estoy bromeando.
―¿En serio? ― Él arqueó una ceja.
―Me quedaré callada.
―Sólo deja de pensar tanto y siente. ― dijo él. ―Y no me refiero a tu cuerpo. Sé que me sientes con tu cuerpo. Me refiero aquí. ― Él le puso tres dedos en el pecho sobre su corazón. ―No creo que hayas escuchado lo que está ocurriendo aquí.
―Yo lo he… ― Edward le cubrió la boca con los dedos.
―Shhh. ― Algo había cambiado en él. Ella podía verlo en sus ojos. Él parecía…desesperado.
―Edw…
―Shhh.
―Pero…
―Shhh.
Ella asintió. Él le apartó los dedos de la boca. Ella se mordió el labio. Edward la miró fijamente, obviamente luchando con sus palabras. Ella esperó a que él dijera algo, pero en cambio él bajó la cabeza y la besó. Sus sentimientos de desesperación también se reflejaron en sus besos.
―Tan sólo ámame, Isabella. ― susurró contra sus labios. ― Por favor.
―¿Qué dijiste? ― Ella volteó la cabeza para romper el beso. Él miró por encima de su cabeza, tragando saliva varias veces.
―Hazme el amor, Isabella. Por favor. ― Eso no era lo que había dicho, pero ella podía aceptar sus modificadas palabras. No podía aceptar su petición original. La expresión de su rostro mientras él luchaba por ocultar sus emociones le hizo doler el corazón.
―Cariñosamente. Eso es lo que necesitas, ¿verdad? ― Ella le tocó el rostro y él la miró. Él asintió levemente. Ella también asintió con las lágrimas ardiéndole en los ojos. Hubiera dado cualquier cosa por haber conocido a Edward antes que a Jeremy. Entonces no sería tan malditamente difícil revelar lo que ocultaba en su corazón y aceptar lo que estaba en él.
Se desvistieron el uno al otro lentamente hasta que quedaron de frente desnudos, los dos excitados y serenos. Las manos de Isabella se deslizaron sobre la cálida piel del pecho de Edward. Sus labios siguieron sus caricias.
―Esta es la parte en la que me cargas en tus brazos y me llevas la cama. ― dijo él.
―Oye, estoy tratando de ser seria. ― Ella se echó a reír.
―¿Quién dijo que yo no estaba hablando en serio?― Él sonrió y luego jadeó cuando ella lo agarró de la cintura y lo levantó varios centímetros del suelo. Ella dio un par de pasos y lo arrojó en la cama. Él se echó a reír, cubriéndose los ojos con las manos. Su risa calentó el corazón de Isabella. Esa era una de las muchas cosas que amaba… erm, que le gustaba de este hombre.
―Lo siento, casi lo echo a perder. Necesito ejercitarme más. Tengo bíceps enclenques. ― Ella subió a la cama junto a él, instándolo para que se acercara al cabecero. ―Y esta es la parte en donde froto pétalos de rosas sobre tu piel, ¿verdad?
―Creo que no tenemos pétalos de rosas.
―Cierra los ojos. ― Ella se soltó el cabello. Él cerró los ojos. Isabella se inclinó sobre él y acarició con su grueso cabello el vientre de Edward. ― Imagina que esto es un pétalo de una rosa.
―Me gusta saber lo que es realmente. Envuélvelo alrededor de mi polla.
―Estamos siendo cariñosos, Edward, ¿lo recuerdas?
―¿Eso no es cariñoso?
―El ser cariñoso no involucra tu polla y especialmente no involucra envolver mi cabello alrededor de ella.
―¡Estás bromeando! ― Los ojos de Edward se abrieron de par en par. Ella le cubrió los labios con los dedos.
―Shhh. Cierra los ojos. ― Él dudó por un momento y luego obedeció.
―Voy a tocar cada centímetro tuyo. ― susurró ella. ―Y voy a besar cada centímetro. ― El agarró su polla semi-dura y la acarició de la base hasta la punta.
―¿Todos los veinticinco centímetros? Dame un minuto. Todavía no está lista.
―Ahora, ¿quién está haciendo bromas? ― Ella se echó a reír.
―Lo siento, me comportaré. ― Él le guiñó un ojo.
El toque de Isabella tan ligero como una pluma comenzó con su mano izquierda. Los moretones se habían desvanecido y la inflamación había bajado, pero ella nunca olvidaría esa aterradora espera de los resultados de los Rayos X. Había estado convencida de que él nunca volvería a tocar la guitarra y que eso sería su culpa.
Ella paso los dedos sobre la palma de su mano, por los gruesos callos de sus dedos y por el dorso de su mano. Los dedos de Edward se curvaron involuntariamente. Involucrando sus labios esta vez, ella le besó la palma mientras movía cariñosamente el toque por su muñeca y subía por el antebrazo. Ella le chupó el dedo anular y él gimió. Por el rabillo del ojo, ella vio la polla de Edward contraerse en respuesta. Le sacó el dedo de la boca e hizo lo suyo besándole la muñeca.
Extendiendo el brazo, ella continuó acariciándolo mientras le besada el interior del antebrazo hasta la parte interna de su codo. Sus dedos encontraron los suaves vellos que rodeaban su tetilla. Ella jugó con los vellos, su dedo del medio rozó su tetilla mientras le chupaba la parte interna del codo.
Isabella amaba tocarlo, experimentar su cuerpo en cámara lenta, pero ansiaba su embriagador toque. Ella levantó su cuerpo para que su pecho quedara posicionado en su mano. Él lo apretó suavemente.
Su pezón se tensó contra la palma de su mano, deseando una atención más rigorosa. Cuando él relajó su agarre, ella subió por su brazo de nuevo, besando su duro bícep hacia su hombro, arrastrando su endurecido pezón obre la parte interna de su antebrazo. Su vientre apretó por la necesidad. El ser cariñosa con él era todo un estímulo para ella.
Isabella le deslizó la mano por el pecho mientras su boca encontraba su garganta.
―Edward. ― murmuró, sus besos comenzaron a hacerse menos suaves y más excitantes mientras ella se hacía camino desde su cuello hasta su oído. Ella le metió la lengua en el oído y el cuerpo de Edward se estremeció.
―Te estás excitando, ¿cariño? ― Él se rió entre dientes.
―Tú me haces esto, Edward. Sólo tú. ― Ella le besó el duro ángulo de su pómulo y encontró su boca. Isabella se movió para que sus manos estuvieran entre sus muslos. Él no movió los dedos para tocarla, aunque tenía que sentir su calidez, su humedad, su necesidad. ―Tócame. ― Jadeó en su boca.
Cuando él no lo hizo, ella se apartó de su boca y le llevó las manos entre sus piernas, guiando sus dedos al interior de su cuerpo. Ella balanceó las caderas contra su mano, enterrando sus dedos profundamente.
―No eres muy buena con esto de la ternura, ¿verdad? ― Ella lo miró y se encogió. Había perdido su intención por la excitación.
―Lo siento.
―No voy a pretender que no me gusta que hayas introducido mis dedos en tu interior. Es algo ardiente. ― Él movió la mano levemente y Isabella se estremeció. Edward apartó su mano. ―Termina lo que estabas haciendo. Te follare fuertemente cuando termines. Eso es lo que quieres, ¿verdad?
―Sí, fuerte. Rápido. Suave. Lento. Lo quiero todo mientras eso involucre tu ignorada polla. ― Pero no podía ignorarla más. Se dio vuelta y se deslizó por su cuerpo vientre contra vientre de arriba abajo. Ella tomó su eje en la mano lamió su cabeza.
―Mmmmm ― murmuró Edward.
Él le agarró las caderas y levantó la cabeza para acariciarle el clítoris. Ella jadeó y se lo llevó a la boca. La lengua de Edward se pasaba por su núcleo vacío, embelesada por la sensación hasta que no pudo concentrarse en nada más.
Tenía que tenerlo. Necesitaba lo que él le daba. Lo que nunca se cansaría de obtener. Él. Isabella liberó su polla y se deslizó en él, sentándose a horcajadas sobre sus caderas. Ella no se dio vuelta para mirarlo, pero guió su cuerpo hacía atrás, llevándolo hasta lo profundo de su interior.
Zorra, susurró la voz de Jeremy en sus pensamientos.
Ella dudó. Edward jadeó y movió las caderas para adentrarse más. Sus dedos corrían por el centro de su espalda y ella se arqueaba hacía atrás, su largo cabello le caía sobre el pecho.
Te gusta eso, ¿verdad, zorra?
―Sí. ― susurró ella. ―Se siente bien.
Edward se movió y ella lo miró por encima del hombro para encontrarlo apoyado sobre los hombros, mirando en dónde se unían sus cuerpos. Ella sonrió y se inclinó para masajearle los testículos suavemente. Ella lo montó lentamente, tratando de recordar que él quería que fuera cariñosa.
Él deslizó un dedo en su trasero y ella jadeó, haciendo una paisa mientras él lo metía y lo sacaba varias veces.
―Oh ― jadeó ella.
―¿Te gusta?
―Sí.
Sucia zorra.
Ella se frotó el oído contra el hombro, esperando silenciar las constantes críticas de Jeremy. Edward retiró el dedo y ella escucho abrirse el cajón de la mesita de al lado, seguido por el zumbido de un vibrador.
Él puso una mano en la espalda de Isabella para ayudarla a levantarse un poco y luego deslizó un delgado vibrador en su trasero. Ella se estremeció.
―Ah… ― jadeó él, con la cabeza cayendo sobre la cama. ― Puedo sentirlo en tu interior, vibrando contra mi polla. ― Ella lo miró por encima del hombro. Él se estaba mordiendo el labio con la cabeza hacia atrás en un abandono sexual.
―¿Se siente bien?
―Oh sí. ― jadeó él. Su vientre se apretó mientras arqueaba la espalda por el éxtasis. ―Móntame, cariño. Oh Dios, no te quedes quieta.
―Quiero mirar tu rostro. ― La polla de Edward salió del cuerpo de Isabella mientras ella se daba vuelta para mirarlo. Él agarró sus caderas con impaciencia y ella lo tomó en su interior de nuevo. El vibrador la volvía loca. Ella lo montó rápido, frotando su polla con el vibrador en cada penetración.
Se sentía maravilloso, pero el ver la respuesta de Edward era más estimulante. Él se agarró a las sábanas, retorciéndose en cada movimiento.
Edward la agarró de las caderas para aquietarla.
―Dios, cariño. Tenemos que sacar eso o voy a explotar. Inmediatamente. ― Ella le agarró las muñecas y las puso a ambos lados de su cabeza. Isabella comenzó a levantarse y a caer sobre él de nuevo, moviéndose rápidamente para llevarlo al precipicio.
Ella gritó cuando un orgasmo la sacudió inesperadamente.
―Oh, wow. ― jadeó ella.
Ella le soltó la muñeca a Edward y presionó sus dedos contra su clítoris tratando de calmarse para que pudiera terminar con él. Lo montó aún más rápido, hasta que él gritó su nombre cada vez que sus cuerpos se unían. Un musculo en su mejilla comenzó a temblar, siempre le temblaba cuando estaba cerca.
―Ya casi, cariño. Sólo déjate llevar. ― No había nada más sexy que ver a este hombre venirse y aunque lo había visto docenas de veces, nunca se cansaba de ello.
Él también es una zorra. Dijo la voz de Jeremy.
Sí, lo era. Y no lo querría de otra manera.
La cabeza de Edward se echó hacia atrás, sus ojos se cerraron y sus labios se entreabrieron. Él jadeó. Su rostro se contorsiono por el éxtasis y luego todo su cuerpo se puso rígido. Él se estremeció, gritando con voz ronca mientras sus dedos se enroscaban en las sábanas debajo de él.
Perfecto. Este hombre era perfecto. Perfecto para ella. Y lo amaba.
Ella lo amaba.
¿Cómo podría no amarlo?
Necesitaba decírselo.
Necesitaba decirlo. Te amo, Edward. Su corazón se detuvo y luego se aceleró. Tal vez podría encontrar el valor para decírselo mañana.
O el próximo año.
El cuerpo de Edward se relajó, pero él comenzó a temblar incontrolablemente. Él levantó agarrándola de las caderas.
―Eso es demasiado. ― susurró. ―No puedo soportarlo.
―Pensé que te gustaba. ― Ella se rió y sacó el vibrador de su cuerpo.
―A mí me gustó mucho. ― Él tomó una hoja y anotó una línea de acordes. ― Benjamin estará complacido con nuestras travesuras. ― Él arrojó el papel a un lado y la acercó a su cuerpo.
―No tan complacida como yo lo estoy.
―Dios, eso fue fantástico, ¿verdad? ― Ella asintió. Él la besó cariñosamente, acariciándole el brazo desnudo.
―Ahora tengo sueño. ― murmuró.
―Toma una siesta. Estaré aquí cuando despiertes. Trataremos de ser cariñosos de nuevo. ― Ella sonrió.
―Con el tiempo lo haré bien, aunque podría tomarme unos cien intentos. ― Él rió entre dientes soñoliento y apretó el cuerpo de Isabella contra el suyo.
―La práctica hace la perfección cariño. ― Ella se quedó allí escuchándolo respirar mientras ella parpadeaba lánguidamente.
―Te amo, Isabella. ― susurró él, justo antes de quedarse dormido. ―Realmente…te…amo… ― Ella contuvo la respiración. ¿La amaba? De alguna manera, lo sabía, pero hasta que él lo dijo con palabras no se había sentido real.
A Isabella casi se le sale el corazón, ella lo miró dormir por varis minutos. Le tocó el rostro cariñosamente y le besó la mejilla. Tal vez podría decirlo mientras estaba dormido. Ella trató de dejar salir las palabras por primera vez.
―Yo también te amo. ― susurró.
Él abrió los ojos.
¿Estaba despierto? ¡Mierda! ¡Mierda! Ahora ya no había vuelta atrás.
―¿Acabas de decir que me amas?― La sonrisa de Edward se extendió de oreja a oreja. Él se veía tan vertiginoso como una de sus fans.
Ella abrió la boca para negarlo, pero en cambio asintió.
―Creo que había estado esperando a que me lo dijeras, ― susurró ella, ―y también tenía miedo de decirlo primero.
―¿Estabas esperando a que yo te lo dijera?
―Tal vez, no lo sé. Me acabo de dar cuenta… ― Él se echó a reír y la besó cariñosamente con lágrimas en sus ojos.
―Tenía miedo de que al decirte te alejara de mí.
―Hace diez minutos, probablemente lo hubieras hecho. Pero era en ese momento. Esto es ahora. ― Él la abrazó.
―Ah Isabella, creo que te he amado desde que tomé mi primer respiro. ― Él frotó los labios contra su frente.
Ella trató tragarse la emoción, pero no sirvió de nada. Su garganta se le cerró.
―Siento que me haya tomado tanto tiempo reconocerlo. ― dijo sin aliento. ―Y decirlo.
―Si te verdad lo sientes, lo dirías de nuevo. ― Él le tomó las mejillas y se echó hacia atrás para mirarla a los ojos. El pulgar su le rozó el labio inferior. Ella tomó una respiración profunda.
―Te amo, Edward. Master Cullen. Edward…Te amo. ― Isabella cerró fuertemente los ojos y luego los abrió de nuevo, su corazón palpitaba fuertemente en su pecho. ― Te amo tanto que me aterroriza. ― Él se inclinó para besarla profundamente.
―No tengas miedo, Bells. Te amo más de lo que jamás podría poner en palabras, pero no te decepcionaré. Lo prometo. Este amor, nuestro amor, es para siempre. ― ¿Por siempre con Edward? Sí, ella podría ser capaz de manejar eso. Isabella sonrió con sus miedos disipándose. Confiaba en este hombre con su corazón. Completamente. ― Ya sabes, ― dijo él, ― estaremos en Nevada para un show la próxima semana. ¿Quieres ir a las Vegas y casarte conmigo?
Mirando a los ojos de su futuro, ella sonrió. Las alas de las mariposas revoloteaban alrededor de su vivaz corazón.
―Pensé que nunca lo preguntarías.
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Ay! Que cosa tan hermosa! Chicas! Deben decirme qué opinan! No olviden pasarse a mi grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'. No olviden dejar un comentario.
¡Nos leemos pronto!
