Buenaas! Aqui os traigo otro capítulo recién salido del horno!
Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama
Capítulo 38: Venganza y traición
...
Ran despertó de golpe debido a que escuchó pasos corriendo cerca y pasando de largo.
Abrió los ojos sobresaltada y sin siquiera recordar cuándo fue exactamente que se quedó dormida. Inspeccionó su alrededor y descubrió que se encontraba en una habitación cerrada, sin ventanas y con una pequeña rejilla de ventilación en la parte superior de la pared. El cuarto estaba prácticamente vacío, probablemente a propósito para que no encontrase nada que le ayudase a escapar. Básicamente parecía una habitación que intencionalmente había sido preparada para encerrar a alguien.
Lo siguiente de lo que fue consciente fue que le dolían las manos, fue entonces cuando descubrió es que las tenía atadas al frente y ese fue el detonante que hiciera que todos sus recuerdos aparecieran de pronto en su memoria:
Después de separarse de Genta en el metro la habían obligado a dar un par de vueltas más, cambiando de línea unas tres veces hasta que llegaron a la estación del puerto. Allí le dieron instrucciones de subirse a un coche totalmente negro que la estaba esperando en el aparcamiento, así que recelosa hizo caso y se subió en el asiento trasero, como le indicaron.
Allí fue donde lo conoció.
Lo reconoció al instante, ni siquiera hizo falta que empezase a hablar para saber que lo haría con la misma voz con la que habló por teléfono.
—Buenas tardes, Mouri Ran —dijo con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro.
Era un hombre extranjero de unos cuarenta y tantos años, cabello rubio ceniza y corto, peinado hacia atrás dándose un aire tétrico. Vestía completamente de negro, tal y como lo hacían todos los de la organización, y tenía una mirada seria y calculadora que lo hacía lucir todavía más cruel.
—¿Dónde esta Kazuha-chan? —preguntó Ran, tratando de sonar firme, aunque en verdad la presencia de aquel extranjero imponía bastante.
Sentir la presencia de la placa de detectives que le había dejado Genta en su bolsillo la hacía sentirse tranquila, al igual que el peso de las gafas de pasta sobre su nariz. Sabía que Conan-kun vendría a buscarla, igual que siempre.
—Podrás encontrarte con ella más adelante —respondió el hombre con tono frio—. Como puedes ver no se encuentra en este vehículo —responde, levantando los brazos a su alrededor, como si acabara de decir algo de lo más obvio.
Ran frunció el ceño enfadada, no le hacía ninguna gracia que su secuestrador se pusiera graciosillo, no la ayudaba para nada en tratar de mantener la calma.
El hombre hizo un gesto al chofer que llevaba todo el rato sentado en silencio al volante, y este arrancó el coche y emprendió el camino atravesando el puerto. Ran lanzó una mirada rápida al exterior tratando de orientarse para averiguar a donde se dirigían, pero no conocía la zona y más allá de saber que se estaban adentrando en el puerto poco más podía decir.
La voz del hombre hablando de nuevo le impidió seguir indagando sobre su localización:
—Supongo que tendrás curiosidad por saber quién soy, así que, en primer lugar, déjame presentarme: Mi nombre es Black, creo que tu amigo el detective ya me conoce —volvió a sonreír con astucia— Bueno, yo le dejé conocerme —concreta.
Escuchar ese nombre salir de sus labios hizo que se le erizase el cabello de la nuca. Black, Black Silver, el líder de la organización, incluso ella estaba enterada de eso. Era el hombre que le había mandado la amenaza a través de los vestidos de novia. La mente pensante que había planeado todos los sucesos que habían vivido.
—No puedo decir que sea un placer —se atrevió a decir, haciendo que su interlocutor mostrase una leve arruga de descontento en su semblante. No parecía contento con verla tan "tranquila".
—Mouri-san, me parece que no acaba de entender la situación en la que está. Esto es un secuestro y no estoy pidiendo ninguna recompensa por su vida, ¿no sé si lo entiende?
—¿Estás esperando a Conan-kun? —Lejos de dejarse amedrentar por esa amenaza, la policía hizo acopio de valor y formuló esa pregunta con clara confianza. Como diciendo: "Es inútil, él vendrá a salvarme".
—¿Conan-kun? Ah, es así como se hace llamar ahora. —Se mofó— Bueno, supongo que podría decirse que estoy esperando por él. Ese detective de poca monta.
Ran no entendió muy bien a que se refería con eso, pero poco le importaba. Acababa de confirmarle que su objetivo después de todo sí era Conan-kun.
—¿Entiende ahora? En realidad, no tengo ninguna razón para dejarla viva. Ni a usted ni a su amiga, así que espero que se quede quieta y callada y no me dé ningún motivo para matarlas a ambas.
—¿Entonces por qué no nos has matado aún?
—Todo a su debido tiempo —se limitó a responder y esta vez Ran sí tuvo que admitir que esas palabras la asustaron.
"Todo a su debido tiempo" significaba que sí planeaba matarlas. "No es que no planee matarnos, sino que no planea hacerlo ahora" ese pensamiento la abordó acompañado de un terrible estremecimiento que le cruzo de arriba abajo la columna vertebral, haciendo que un miedo que hacía mucho que no sentía se le calara hasta los huesos. "Ese momento" probablemente era delante de Conan-kun.
Ran apartó la mirada de los ojos sin vida del extranjero, abrumada, y bajó la cabeza, sintiendo como, en contra de su voluntad, la vista se le nublaba por culpa de unas lágrimas que no deseaba derramar. Aquel hombre estaba tratando, por alguna razón, de vengarse de Conan-kun e iba a usarla a ella y a Kazuha-chan para conseguirlo, y ya no sabía qué era lo que el daba más miedo, si morir, ver morir a Kazuha-chan, o pensar en el rostro de Conan-kun presenciando la muerte de ambas.
Que persona tan despiadada.
Por un segundo sintió la tentación de llevarse la mano al bolsillo para apretar fuertemente entre sus dedos la chapa de detective que sentía que la conectaba a Conan-kun, pero se contuvo porque no quería darle pistas a aquel hombre de que cargaba algo como eso. No quería que se lo quitaran, aunque sabía que no funcionaría para pedir ayuda al estar tan alejado del resto de chapas. Era un importante objeto para infundirle valor.
Continuaron en silencio el resto del trayecto hasta que de pronto el coche frenó de golpe, sobresaltándola. Black abandonó el cocho primero y a continuación a través del cristal tintado Ran pudo distinguir como le ordenaba a uno de sus subordinados que la sacara del coche. Amedrentada se dejó conducir sin poner mucha resistencia, fuera los esperaba un barco de mercancía enorme que parecía a punto de partir y al verlo la policía sintió como sus esperanzas se desvanecían poco a poco. ¿Cómo iba a hacer Conan-kun para ir a rescatarla si se encontraba en un carguero en el medio del océano?
Black dio una serie de órdenes en un idioma desconocido y todos sus hombres asintieron y obedecieron de inmediato. Después uno de ellos se acercó a Ran y agarrándola sin cuidado por el brazo tiró de ella hacia la pasarela que subía a la parte superior del barco.
En ese momento se escuchó un fuerte estruendo que resonó por todo el puerto, haciendo incluso temblar la pasarela por la que estaban subiendo. Debido a eso y a que desde hacía un rato que Ran sentía que sus piernas eran gelatina, acabó cayendo al suelo al doblársele las rodillas. El hombre que la arrastraba consigo maldijo algo en su idioma y tiró de ella, haciéndole daño en el brazo al hacerlo. Sin embargo, sus piernas estaban tan dormidas que le resultó imposible siquiera hacer el esfuerzo de moverse.
De pronto una nube de humo negro inundó el puerto, llegando incluso hasta su altura y rodeándolos por completo. Durante los siguientes segundos reinó el caos: había gente gritando "fireee" y corriendo por todas partes, la persona que estaba controlado la enorme grúa que acababa de prender fuego también empezó a entrar en pánico, perdiendo el control sobre esta y provocando que el contenedor que estaba elevando en ese momento callera de nuevo sobre el cemento y reventase al hacerlo.
Los mercenarios que la rodeaban probablemente se pusieron nerviosos debido a eso, así que en lugar de obligarle a pararse, optaron por simplemente levantarla en volandas, cargársela al hombro cuan saco de patatas y sin ninguna contemplación terminar de subir el tramo de pasarela que les quedaba y entrar el interior del navío.
Ya se encontraba bastante mareada debido al ruido y al humo que le había entrado en los pulmones, el viajecito sobre el hombro del mercenario no ayudó para nada y por si fuera poco, una vez se encontraron a cubierto, decidieron que lo mejor era dormirla, así que lo último que recordaba era el asqueroso olor del cloroformo inundarle las fosas nasales.
De vuelta al presente, después de ese fogonazo de memorias que la había traído de vuelta a la normalidad, Ran empezaba a comprender mejor su situación: Estaba encerrada, maniatada, la habían dormido para que no les diera más problemas y probablemente la causa de ello fue el incidente del puerto, totalmente inesperado para ellos y que probablemente no había sido un accidente para nada. Habían sido sus aliados, quienes venían a rescatarla.
Saber eso hizo que se sintiera un poco más segura, aunque el repugnante olor a cloroformo que todavía no desaparecía hacía que se sintiera demasiado mareada como para alegrarse lo suficiente.
Se puso de pie y al hacerlo se dio cuenta de otra cosa: la razón por la que estaba tan mareada podía ser el cloroformo, pero definitivamente no ayudaba que el barco estuviera en movimiento.
Eso significaba que, pese a la explosión y el retraso que eso pudiera significar, el barco había partido de puerto igualmente. ¿Cuánto tiempo llevaría dormida? No tenía reloj ni nada que le permitiese comprobado. Después otra idea le cruzó por la mente: se tanteó la cara y comprobó que en efecto ya no llevaba las gafas de Conan-kun puestas, después se llevó ambas manos al bolsillo y descubrió que le habían quitado también la chapa de detectives. Maldita sea.
Los pasos que la despertaron seguían circulando por el pasillo al otro lado de la puerta que la mantenía encerrada, atolondradamente y de un lado a otro, como si el caos del puerto se hubiera extendido también al interior del barco.
Ran quería pensar que eso podían ser buenas noticias, pero no podía evitar sentirse más asustada al escuchar el alboroto. Le hacía recordar las palabras que le había dicho Black: "todavía no es tiempo", le hacía sentir como si le hubiera dicho "como hagáis un espectáculo no os aseguro que lleguéis vivas hasta el último acto".
Pegó la oreja a la puerta, intentando distinguir algo entendible entre el montón de palabras en inglés que llegaban sesgadas: "Radar", "motor", "ciego". ¿Qué demonios había pasado?
La puerta era de acero, cerrada a cal y canto, así que tratar de entender algo era muy difícil, de la misma forma que sería prácticamente imposible tirarla a bajo, ni siquiera aunque usase su mejor patada de karate. Por no hablar de que, con ambas manos atadas, carecía del equilibrio ni para intentarlo. Lo primero era desatarse.
Sin siquiera bajar la mirada hacia sus manos sabía que las cuerdas que las aprisionaban estaban bastante apretadas porque le dolían bastante, pero después de fijarse descubrió algo nuevo, no es que le dolieran por lo apretado que estuviera, es que tenía algo agarrado con excesiva fuerza entre sus manos.
En un acto desesperado justo antes de quedar inconsciente había cerrado con fuerza ambos nudillos, entrelazando los dedos y ahuecado las palmas de las manos. Era un viejo truco que le había explicado Shinichi había más de diez años: al hacer presión con el nacimiento de los pulgares, conseguía mantener las muñecas un poco más separadas que si mantenía abierta las palmas.
En medio del caos y el miedo, Ran había logrado recordar aquellas lejanas palabras que su amigo de la infancia le había contado como una anécdota y se las había apañado para ponerlo en práctica a la desesperada, y curiosamente su sistema nervioso simpático había obedecido y mantenido esa dolorosa presión entre sus dedos incluso después de perder el conocimiento. No estaba segura de cuanto tiempo había dormido, pero la razón por la que sentía tanto dolor en ambas manos no eran las cuerdas, era la propia presión que su propia mano ejercía contra la otra. Y al abrirlas y relajarlas por primera vez descubrió algo todavía más sorprendente: allí dentro, entre ambas palmas, estaba la chapa de detectives. Sintió verdaderas ganas de llorar de alivio al verla, aunque debido a lo entumecidos que estaban sus dedos una vez los abrió la chapa acabó por escurrírsele y caer al suelo.
Lo siguiente que Ran descubrió maravillada fue que Shinichi tenía razón: al relajar los músculos de las manos, las cuerdas que hasta ahora parecían estar ajustadísimas, pasaron a estar relativamente flojas. No lo suficiente como para que se escurrieran por sí solas de sus manos, pero sí como para permitirle poco a poco sacárselas si las forzaba.
Fue una tarea difícil y en el proceso se abrió varias heridas con la rozadura de las hebras rizadas, pero al final logró satisfactoriamente liberarse. Después se agachó y con cuidado y manos temblorosas recogió su preciada chapa, pasando el dedo pulgar por su superficie con cariño. Aunque no funcionara para nada ahora mismo, sentía que los niños liderados por Conan-kun seguían a su lado con tal de tener eso.
Una vez dejó de escuchar los pasos acelerados al otro lado de la puerta se enderezó e inspeccionó de nuevo la habitación, esta vez con una perspectiva diferente y valorando de verdad sus opciones: ¿qué posibilidades tenía de tirar aquella puerta de metal abajo?
Probablemente, así sin más, ninguna. ¿Pero y si conseguía aflojar las bisagras? Toqueteó la junta de la puerta, comprobando que tenía por lo menos diez tornillos distribuidos en cinco bisagras desde arriba hasta abajo.
Volvió a revisar su indumentaria en busca de algo que le sirviese a medias de destornillador: no llevaba llaves, ni cinturón, ni horquillas y por desgracia le habían quitado su cartera en la que podría tener alguna tarjeta de crédito lo suficientemente fina para meter en la muesca de los tornillos.
Entonces recordó que la chapa de detectives tenía una pequeña antena desplegable. Analizándola encontró rápidamente lo que estaba buscando y con ayuda de los dientes la extendió. Le dolía tener que romperla, pero si le quitaba la bolita del final de la antenita y lo mordisqueaba lo suficiente como para convertir su extremo, que era un cilindro, en un borde plano, puede que pudiera utilizarlo como desatornillador.
Fue una labor difícil, necesitaba ejercer mucha fuerza para conseguir girar aunque fuera un poco cada tornillo y sus manos, llenas de heridas y corteadas, empezaban a resentirse, pero cuando por fin consiguió quitar el primer tornillo se sintió tan triunfal que eso poco le importó.
Iba más o menos por el tercer tornillo cuando escuchó pasos acercarse a donde se encontraba. No eran el mismo tipo de pasos acelerados de antes, pero por si acaso, se detuvo en su labor de desatornillar para evitar que descubriesen que algo raro había con su prisionera.
Sin embargo, para su sorpresa, el picaporte de la puerta empezó a girar. Alguien estaba abriendo la puerta.
Asustada corrió a tirarse al suelo y fingir que estaba dormida, tratando de esconder sus manos y la cuerda para que no notasen que se había soltado y escondiendo rápidamente la chapa de nuevo entre las palmas cerradas. Instintivamente volvió a cerrar las manos como había hecho antes, pese a que le doliese tremendamente hacerlo. Eso era mejor a que la volviesen a atar y esta vez no fuera capaz de soltarse.
La puerta se abrió y el corazón le iba a cien, temiendo que eso la delatase, pero al segundo siguiente todo esa presión y miedo desapareció al instante.
—Ran-chan —escuchó la voz de Kazuha llamarla en un susurro y segundos después sintió como se le tiraba encima para abrazarla.
—¿Kazuha-chan? —preguntó extrañada, levantando la mirada para encontrarse con los ojos llorosos y demacrados de su amiga —¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás aquí?
—Hemos venido a salvarte —explicó.
—¿Hemos? ¿Tú y quién? ¿No se suponía que te habían secuestrado? —Ran no era capaz de entender para nada la situación.
—Sí, pero él me salvo —añadió la chica señalando a alguien a su espada—. Vamos, tenemos que escapar del barco antes de que se den cuenta de que ya no estamos.
Totalmente confundida, Ran levantó la mirada hacia donde señalaba su amiga, esperando encontrarse con que quizá Conan-kun ya había llegado a salvarla y que ya todo estaba solucionado. Sin embargo, el rostro con el que se encontró, pese a ser conocido, fue totalmente inesperado y, si cabe, decepcionante. ¿Qué hacía él en aquel barco? ¿Cómo se había enterado del secuestro? ¿Se lo había contado Conan-kun o le había pedido ayuda? Pero ¿por qué? ¿Por qué a él y no a la policía? ¿Por qué a un civil normal? Espera, ¿eso que sostenía en la mano era un arma? ¿Acaso ese "civil normal" llevaba un arma de fuego en la mano? ¿Qué estaba pasando?
El cerebro de Ran funcionaba a toda velocidad, intentando entender la situación en la que se encontraban y por un segundo recordó algo que Conan-kun le había dicho una vez: "Cuando trabajas en este mundo por tantos años aprendes a no fiarte de nadie. De absolutamente nadie".
Es por eso que Ran, por muy conocida que fuera la persona que tenía delante, por muy bien que lo conociera, por mucho que lo quisiera, reaccionó poniéndose de pie, agarrando a Kazuha y obligándola a ponerse detrás de ella, levantando la guardia y apuntándolo con ojos escrutiñadores y desconfiados antes de decir:
—¿Qué estás haciendo aquí, Sagaru-san?
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Continuará...
En este capítulo quería evitar a toda costa convertir a Ran en una damisela en apuros. Por supuesto que está asustada, como lo estaría todo el mundo en su situación, pero no lo suficiente como para quedarse llorando en una esquina a la espera de ser salvada por el príncipe de brillante armadura. Asustada pero sin rendirse. Esa era la imagen que quería transmitir de Ran con este capítulo.
Mi prioridad era conseguir que se salvase ella sola y estuve a punto de hacerla en verdad tirar abajo esa puerta de una patada (spoiler, lo hubiera conseguido), pero eso habría hecho ruido y necesitaba que de momento mantuvieran la infiltración en secreto, por eso al final decidí hacerlo así: se hubiera salvado solita, pero llegó el drama antes de que lo consiguiese.
¡Y vaya drama! Por si acaso alguien no lo recuerda: Mayama Sagaru es el prometido de Ran, que por fin hace su reaparición! El malvado prometido ataca de nuevo, chan, chan, chan. ¿Pero por qué aparece con Kazuha?
Nos leemos en el próximo capítulo ^^
