Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER LV: Cena Navideña.
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La cálida habitación revestida en tonos rojizos y dorados estaba envuelta en un dulce aroma a galletas, pasteles y chocolate caliente, desbordando en ella una gran sonrisa. Uraraka Ochako solía pasar la noche de la víspera navideña acurrucada en el sofá de su pequeña sala comedor, admirando el arbolito navideño como si lo único que importara fuese él con todos sus adornos, brillos y su estrella reluciendo en su punta.
―Chako bebé, deberías ir a la cama ya ―la voz de su padre la hizo voltear a verlo con súplica en sus ojos, haciéndolo sonreír. Kiyoshi fue a ella para sentarse a su lado y abrazarla, haciéndola reír―. Vamos, ¿o acaso planeas tenderle una trampa a Santa?
―Quiero verlo ―dijo Ochako con su aniñada voz mirando a su padre―. Quiero decirle que fui yo quien puso la estrella en lo alto.
―Pero si él lo sabe ―respondió Kiyoshi, sonrió al ver la expresión de genuina sorpresa en su hija―. Él lo sabe todo, ¿lo recuerdas?
―Pero, ¿y si no lo hace? ¿Si ya está viejo y olvida darme el mejor regalo? ―Volvió a preguntar la niña de ocho años.
Kiyoshi la levantó en sus brazos y mirándola a los ojos, dijo.
―En ese caso, yo le diré que has sido tú. ―Ochako sonrió.
―Como si fueras su amigo, papá.
―Lo soy, lo digo de verdad ―respondió―. De hecho, sé que se tardará un poco en llegar a casa, ¿sabes por qué? ―Ochako negó―. Porque aún hay una niña traviesa que no está en su cama.
Ochako se sonrojó con pena para asentir a las palabras de su padre. Kiyoshi besó su frente y aún en sus brazos, llevó a su hija a su habitación para acostarla en su cama, acomodar su almohada y su cálida cobija. Volvió a besar su frente para despedirse.
―Papá ―susurró Ochako antes de que su padre se marchara del cuarto. Kiyoshi volteó a verla, curioso―. No te quedes dormido, ¿bien? ―Su padre sonrió para asentir―. Oh, y dile que fui muy buena éste año.
―¿Otra cosa más? ―Preguntó Kiyoshi sin borrar la sonrisa de sus labios. Ochako negó para acurrucarse en su cama para cerrar los ojos―. Descansa, Chako bebé.
Su recuerdo terminó esfumándose en el aire al instante en el que el sonido de los casilleros dentro del área de servicio. Ochako negó para sí misma al recomponerse de aquel recuerdo doloroso, volvió a observar la fotografía de su padre en la puerta de su casillero abierto junto a otras fotografías que traía consigo, incluyendo la de su madre, la de Katsuki y sus amigas. Sonrió con tristeza, era momento de retirar todas sus pertenencias para marcharse.
Fue sacando sus cosas y las iba guardando en una caja de cartón que le habían dado. No había escuchado los pasos de su jefa acercándose, no hasta sentir su mano tocando su espalda. Volteó a ver a Sosaki Shino con una sonrisa que Ochako correspondió.
―Tu novio llegó a buscarte junto a una niña ―dijo la mujer y Ochako amplió su sonrisa al pensar en Eri―. Además, quería saber si necesitas ayuda con tus cosas.
―En realidad, sólo tengo ésta caja. De verdad, gracias ―respondió la mujer.
―Bien, antes de que te vayas, quería entregarte esto. ―Shino extendió un volante de la pastelería. Ochako la miró con sorpresa y su jefa sonrió―. Sabemos de tu nuevo emprendimiento con tu novio, me parece un paso muy valiente y estoy orgullosa de ti. Por ese motivo, quisiera que tengas en cuenta a la pastelería para trabajar en conjunto, en caso que necesiten un respaldo. Significas mucho para la familia de la pastelería Sadaharu.
―Sosaki-san, por supuesto, los tendré presente ―respondió emocionada Ochako tomando el papel en mano.
―Bien, no hagas esperar a Bakugo-san. ―Ochako asintió para despedirse con una reverencia a su ex-jefa, agradeciéndole su tiempo con ella.
Ochako dejó la sala de vestidores para encaminarse hacia el área de venta, ya no quedaba ningún cliente, solo los empleados limpiando las mesas y el resto del área. Ochako vio a Katsuki comprando los últimos pies de limón que tenían en el exhibidor junto a Eri que veía todo con ojos brillantes.
―Katsuki ―llamó Ochako, el hombre volteó a verla y ella besó su mejilla como saludo―. Gracias por venir.
―La niña también quería venir ―respondió el hombre mirando a Eri con las mejillas sonrojadas. Ochako sonrió y se agachó hasta quedar a su altura.
―Dime, ¿te gustaría un postre? ―Eri asintió en silencio.
―Al parecer tenemos algo en común con los pies de limón ―respondió Katsuki―. Por cierto, Mina te envió un vestido junto a algo para Eri. Dice que es un adelanto de cumpleaños.
Ochako sonrió y Eri no pudo evitar mirarlos al escuchar su nombre. Terminaron de comprar las cosas dulces que, tanto Ochako como Eri deseaban para marcharse de Chiyoda en dirección a Minato y durante todo el trayecto, Katsuki no dejaba de sostener la mano de Ochako, algo que ella adoraba de sobremanera, sentirse querida de ese modo, sin decir nada, solo sentirse.
Tras quince minutos de recorrido en vehículo, llegaron al complejo de departamentos Meraki's Place, siendo recibidos por Shuzenji Chiyo. La mirada de la mujer halló a la niña que iba de la mano de Ochako y sonrió al ver a la pareja tan cómoda con ella.
―Así que ésta es la niña que está viviendo con ustedes ―habló la mujer mayor.
―Se quedará hasta navidad, vieja ―respondió Katsuki inmediatamente, Chiyo sonrió con diversión.
―Pues podrías ir practicando, Bakugo-san. La imagen de padre no te sienta mal. ―Las mejillas de Katsuki se encendieron con el comentario, terminando por lanzar maldiciones para apresurar el paso hacia el elevador.
Ochako frunció sus labios al ver que su novio se mostraba reacio a hablar del tema. Sintió cierto malestar y las nauseas regresaron. Chiyo notó su semblante.
―¿Te encuentras bien, Uraraka? ―Ochako asintió sencillamente pero para el ojo de la enfermera no era del todo cierto―. Te noto un poco agotada y baja de peso. ¿Estás comiendo bien?
―Sí, sólo es el estrés supongo ―respondió la mujer―. Debo irme, tenemos una cena.
―Oh, claro. Disfruten la velada. ―Shuzenji dijo con una sonrisa amistosa, volteándose para ir hacia donde su departamento quedaba, pero Ochako sentía que necesitaba decir algo más.
―Chiyo-san ―llamó Ochako, la mujer detuvo sus pasos para mirarla―. ¿Le gustaría un pie de frutas para compartir mañana?
La mujer mayor sonrió.
―Por supuesto. Ya extrañaba tus postres, linda. ―Ochako asintió para caminar con Eri de la mano hacia el elevador. Katsuki la aguardaba allí.
―¿Qué tanto te dijo la vieja? ―Preguntó.
―Le prepararé un pie de frutas para mañana ―respondió Ochako sencillamente.
―¿Y eso?
―Quisiera pasar la tarde con ella, solo eso. ―Ochako le dedicó una sonrisa pequeña―. No le he preparado nada desde que volvimos, además es Navidad.
Katsuki no lo dijo pero le alegraba ver un poco más entusiasmada a Ochako con respecto a la festividad que, anteriormente, era una de sus favoritas.
Subieron al piso que les correspondía, ingresaron a su departamento en particular y lo primero que hizo Ochako fue ir al baño para encerrarse en el cuarto. Katsuki no supo a qué venía eso hasta que la escuchó vomitar nuevamente; compartió una mirada con la niña, ninguno lucía muy seguro de lo que Ochako podría tener.
―Ten ―dijo Katsuki tendiéndole una bolsa de papel a la niña―. Mina te compró un vestido para ésta noche. Ve a tu cuarto y póntelo para volver a la casa Bakugo.
Eri asintió con una sonrisa, tomó la bolsa en mano y corrió a su cuarto dejando a Katsuki solo en la sala. Escuchar cómo Ochako volvía a vomitar en cantidad lo estaba preocupando de sobremanera, caminó hacia la puerta del cuarto de baño para golpear la puerta.
―Ochako, ¿necesitas algo? ―Preguntó pero estuvo un buen rato sin recibir respuesta más que el sonido de la mujer echándolo todo por el inodoro―. Mierda, Ochako… Cancelaré la cena, así puedes…
―No… ―escuchó en un hilo de voz. Lo siguiente fue el sonido del agua corriendo del escusado y luego el grifo de la ducha. Katsuki no lo dudó más, abrió la puerta del baño y vio a su novia sosteniéndose por la mampara del duchero.
Cerró la puerta tras suyo para ir hacia Ochako y sostenerla.
―No lo canceles ―dijo deprisa Ochako mirándolo con su rostro pálido y la frente perlada por el esfuerzo de vomitar.
―Pero no luces bien, no quiero que te expongas más ―habló Katsuki. Ochako negó.
―Hoy comimos un pastel en el trabajo para despedirme, quizá me cayó mal pero no es nada, te lo prometo. ―La mujer estaba al borde de suplicarle y verla tan motivada no le dejaba opción más que suspirar.
―De acuerdo pero no comerás nada que pueda empeorar tu estómago, ¿de acuerdo? ―Ochako sonrió y él la ayudó a desvestirse.
Luego de terminar de asearse, dejó el baño para Katsuki y de ese modo, fue a su cuarto para vestirse. Halló la bolsa de papel que Mina le había preparado con un vestido para ella de su tienda. Los ojos avellanos de Ochako centellaron maravillados al tomar el vestido entre sus manos y extenderlo.
No esperó mucho tiempo para ponérselo. Era un vestido de raso color rosa viejo con el escote tipo princesa, sin mangas y una falda acampanada. Fue al espejo de cuerpo completo para mirar su figura y darse cuenta que su amiga conocía sus gustos a la perfección.
Katsuki no tardó en ingresar al cuarto con una toalla amarrada a su cintura y hallarla con el vestido nuevo. Cuando los ojos rubíes del hombre la vieron en ese vestido no dejaron de recorrerla, admirándola en silencio.
―¿Qué opinas? ―Preguntó Ochako con una sonrisa radiante.
―Que desearía que estuviésemos solos para cogerte con el vestido puesto ―respondió. Ochako echó a reír para ir a él y besarlo―. Lo digo en serio, no me beses de ese modo si no puedo levantar tu falda.
―No lo digas muy fuerte, Eri puede escucharnos ―dijo divertida la mujer para volver a besarlo.
Katsuki se alejó de su novia para ir a por ropa limpia, tomó una camisa roja y unos pantalones de vestir negros. Ochako fue a por sus tacones altos y caminó hacia él para mirar su reflejo en el espejo. Se veían tan bien juntos y ambos lo sabían.
―No es por nada, pero somos la mejor pareja ―dijo Katsuki haciéndola reír.
―Lo sé ―respondió su novia abrazándolo―. Con Eri lucimos aún mejor.
Al momento de decirlo, sintió cómo el cuerpo de Katsuki se tensaba, fue imposible no notarlo. Ella lo miró con urgencia y halló cierta consternación en los orbes del hombre.
―Katsuki, ¿qué sucede? ―preguntó―. ¿Te incomoda lo que dije?
Bakugo se llevó una mano al cabello, peinándoselo, era una forma que tenía de externalizar su ansiedad al no saber cómo expresarlo en palabras. Ochako tenía razón, algo estaba mal con Katsuki.
―Ochako, no es la primera vez que mencionas sobre tener a alguien más entre nosotros ―dijo. Las mejillas de Ochako se encendieron y bajó la mirada al suelo―. Y con éstos malestares que estás teniendo… ¿Quieres decirme algo?
Ochako se alejó de Katsuki para sentarse al borde de la cama, tenía las manos hechas puños. Bakugo caminó hacia ella, se sentó a su lado y tomó una de sus manos. Hallar calidez en los ojos del hombre la hizo soltar un suspiro.
―Es… Es una posibilidad que yo, bueno… ―Ochako se mordió los labios con pena―. Tengo dos semanas de retraso.
Las manecillas del gran reloj del salón principal dentro de la Casa Bakugo se ubicaron en las nueve y media de la noche, las mesas, platos y cubiertos se hallaban bien dispuestos en la larga mesa que contaba el sitio revestido en tonos rojizos y dorados, con un árbol navideño considerablemente grande ubicado en una de las esquinas del lugar que lindaba con el antiguo solario.
Las luces y candelabros realzaban el ambiente hogareño del salón principal al igual que el aroma a comida deliciosa y el sonido que los villancicos sonando en la estéreo que ambientaba todo el lugar.
Los allegados más importantes de Bakugo y Uraraka se ubicaban en las sillas, sus amigos, sus madres pero aún no había avistamiento de los organizadores principales de la cena navideña.
Chieko tomó su copa de vino en mano y se lo llevó a los labios observando todo a su alrededor, preguntándose nuevamente en donde se encontraba su hija y su novio junto a la pequeña Eri.
Lo siguiente, fue sentir la mano de Mitsuki sobre su hombro, llamando su atención. Halló en la mujer rubia una sonrisa comprensiva, al parecer podía entrever su preocupación.
―Piensas demasiado ―dijo la mujer con gracia―. Puedo escuchar tus pensamientos hasta aquí.
―¿No te parece extraño que aún no lleguen? ―Preguntó sin contener la ansiedad escapándose a través de su expresión.
―Ya están grandes. De seguro sólo los detuvo el tráfico; es un día ajetreado después de todo.
―Eso es verdad. ―Una tercera voz se entrometió en la conversación de las dos mujeres; el oficial de policía, Iida Tenya portaba ropas particulares y un semblante igual de inquietante que el que traía encima Uraraka Chieko―. Es una fecha muy agitada; la estación policial está abarrotada con denuncias de accidentes, así que, de seguro sólo están atascados en el tráfico.
―Oficial, dijo que no hablaría de trabajo ésta noche ―dijo Camie frunciendo su ceño y acercándose al oído de su novio, añadió―. Tampoco hables de accidentes. Sólo añades más tensión al ambiente.
―Oh. No me refería que le habrá sucedido algo a Bakugo ni a Uraraka. Estoy seguro que están sanos y salvos y… ―La mano de Camie apretando su muslo por debajo de la mesa le dejó en claro que debía dejar de hablar. Iida tomó su copa de vino para dar un sorbo largo.
―Están bien, no tienen que preocuparse ―dijo Camie con una sonrisa nerviosa.
Los comensales asintieron a las palabras de la mujer. Mina y Eijiro compartieron una mirada para levantarse de la mesa, llamando la atención de Tsuyu, Tokoyami, Denki, Kyoka y Momo. Deku y Shoto lucían expectantes al igual que Inko, Mitsuki y Chieko.
―Llamaré a Ochako ―fue la respuesta de Mina ante su repentina marcha del salón y todos parecían estar más tranquilos de ese modo.
Fue hacia la entrada principal seguida por su novio al mismo tiempo en el que marcaba el número de su mejor amiga escuchando un par de pitidos antes de que la voz de Ochako fuese escuchada.
―¡Chako! Qué alivio, ¿están bien? ―Inquirió la pelirrosada mujer sin interesarle escucharse preocupada. Lo estaba.
―Sí, estamos llegando. No te preocupes. ―Y a pesar de decirlo, Mina sintió que las palabras de su amiga no eran del todo transparentes.
Finalizó la llamada para mirar a Eijiro.
―¿Qué te dijo?
―Que están llegando ―respondió la mujer.
―Eso suena bien, ¿por qué sigues preocupada? ―Inquirió el hombre.
Mina suspiró profundo.
―Porque Ochako es pésima mintiendo.
Las grandes puertas del lugar se abrieron de par en par causando estragos en Mina y Eijiro, pero a pesar de esperar que se tratara de Katsuki y Ochako, la persona que llegó estaba muy lejos de lucir como alguno de ellos.
La sonrisa de Toga Himiko se vislumbró mucho más vivaz que lo que recordaba Mina.
―Himiko ―nombró Mina, no se guardó la sorpresa para sí y sentirlo, hizo que Toga riera por lo bajo. Destilaba alcohol en su aliento y sus movimientos lucían mucho más libres de los que pertenecían a alguien sobrio―. Ochako dijo que no llegarías hasta Navidad.
―Jo, jo, jo… ―Respondió Himiko imitando la risa de Santa Claus―. También me alegra verlos. ¿Me guardaron un lugar?
―No pero hay lugar para ti también ―respondió Eijiro inocentemente. Mina lo miró sin saber muy bien qué decir pero terminaron acompañándola al gran salón en donde los demás invitados se hallaban.
Cuando Momo vio a Himiko ingresar al sitio se acomodó mejor en su sitio. Toga frunció sus labios pero avanzó con pasos dispersos hacia la mesa, saludando a todos como si los conociera más que haberlos visto en el funeral del padre de su ex-repostera. Sin embargo, la confianza en sus pasos acabó cuando reconoció al oficial que seguía el caso del incendio en el barrio Shibuya.
Iida Tenya se puso de pie para saludarla con la cordialidad que poseía intacta en su sonrisa formal y porte robótico.
―Toga-san, me sorprende verla aquí ―habló Iida.
―Sí, bueno, mi viaje se acortó para mi alivio ―respondió tomando asiento en el lugar libre hallado junto a Todoroki Shoto y frente al oficial.
―No pudimos contactarla para darle la noticia ―continuó hablando Tenya. Himiko recibió con gusto el vino blanco que uno de los mozos le sirvió en su copa―. El causante del incendio del departamento de su hermano fue llevado a la justicia.
Toga dio un sorbo profundo hasta casi atorarse.
―Lo sé, no tenía buena recepción en donde estaba hospedada ―respondió Himiko―, pero he podido dar con esa noticia. Supongo que ahora puedo brindar con un poco más de entusiasmo.
Tenya asintió para levantar su copa hacia la suya y sonreír amigablemente. Y durante la breve conversación, Momo no dejaba de observar a Himiko con cautela. La rubia lo sintió, sintió los profundos y oscuros ojos de su ex-novia sobre sí; no se negó a una mirada a la azabache para levantar su copa hacia ella.
―Qué coincidencia hallarte aquí, Yaoyorozu ―habló Himiko.
―Lo mismo digo, Toga-san. ―Respondió a su vez pero con mayor cuidado en la pronunciación de sus palabras―. Escuché que tenías un viaje de negocios.
―Supongo que ambas pudimos eludir algunas responsabilidades para estar aquí. ―Respondió la rubia formulando una sonrisa un poco menos amable―. Como sea, ¿dónde están los dueños de casa? Me muero de hambre.
―No tardarán en llegar, espero ―respondió Shoto dando un sorbo largo a su copa. La tensión se hacía un poco más evidente con la llegada de Toga y la conversación con Yaomomo; no debían indagar mucho en ambas para saber que el ambiente estaba extraño gracias a ambas.
El sonido de la puerta principal abriéndose consiguió que más de un comensal buscara con la vista a los que llegaban, rogando porque ninguna visita imprevista se diera de nuevo y para su suerte, los rostros esperados de la noche ingresaron a la sala. Los empleados del lugar quitaron los abrigos en Katsuki, Ochako y Eri y las sonrisas en los invitados se llenaron de alivio al verlos acercarse.
Ochako fue primeramente hacia su madre para saludarla y abrazarla con ganas, pasando luego a sus amigas. Katsuki avanzó junto a Eri a la mesa y cuando los rubíes ojos de la niña hallaron los dorados de su tía, sus pasos se detuvieron abruptamente. Katsuki no pasó por alto aquel detalle.
―Toga ―dijo Katsuki sorprendido―. Creí que no llegarías hasta navidad.
La rubia soltó una risa seca para dar otro sorbo a su copa ya casi vacía.
―Vaya, al parecer nadie se alegra de verme. ―Miró a su sobrina―. ¿Y qué hay de ti? ¿Disfrutando de tus padres adoptivos?
Katsuki frunció su entrecejo al escuchar sus palabras, sintiendo cómo la niña apretaba con más fuerza sus dedos entre su pequeña mano. Ochako notó la incomodidad de Eri ante la imagen de su tía.
―De hecho, me alegra verte, Toga-san ―respondió Ochako de pronto, intentando apaciguar las aguas en el lugar―. Navidad es eso, después de todo: pasar en familia, ¿no es verdad, Eri-chan?
La atención de Eri pasó a la castaña y asintió en silencio.
―Bien, ya que estamos todos, ¿por qué no empezamos a comer? ―Dijo Camie con entusiasmo. El ambiente parecía mejorar y nadie se animaba a ir en contra del hambre generalizado por la espera infinita.
Cada quien fue a su sitio, Eri tomó asiento junto Ochako y se sirivió un poco de pasta en su plato, al igual que Katsuki aunque con un aderezo picante. Cada quien se sirivió lo que los meseros acercaron a la mesa, las conversaciones al igual que el vino fueron en aumento, las risas y el sonido de platos hacían competencia entre cuál sonaba con mayor fuerza.
Eri comía gustosa de su plato y hablaba animadamente con Ochako; Toga no podía dejar de observar aquella imagen, apreciando cómo la niña que le entregaron, cargada de miedo y un mutismo impenetrable, comía y hablaba con mucha más libertad y fluidez, como si fuese otra niña.
Se imaginó a sí misma a esa edad y se preguntó si ella también, de haber encontrado personas cálidas como Ochako y Katsuki, hubiese sido distinta.
Una lágrima silenciosa bajó por su mejilla y no lo notó hasta sentir que las miradas de todos estaban puestas sobre ella. Todos incluyendo a Eri, dejaron de comer para fijarse en ella. Toga se llevó una mano a sus mejillas para limpiárselas y comprobar que sí, estaban húmedas. No dudó en levantarse para apartarse de allí.
Ochako se puso de pie pero Katsuki se lo impidió tomando su mano en respuesta.
―Iré a verla ―dijo el rubio. Ochako asintió para dejarlo marchar.
La mujer observó la espalda de su novio alejándose del gran salón conteniendo el aliento hasta que desapareció a través de la puerta. Regresó su atención a la mesa y teniendo la vista de todos sus invitados, sonrió apenada.
―Chako, ¿las cosas están bien? ―Preguntó Mina entonces―. Cuando hablamos por teléfono no te oías muy bien.
Recordarlo la agotaba así que sólo asintió a su amiga para seguir comiendo, intentando, de ese modo, darles a entender que ella solo quería pasar un buen momento sin que la atención fuese puesta sobre ella. Sintió entonces la pequeña mano de Eri tomando su mano, Ochako la miró y halló en los grandes ojos de la niña un brillo distinto.
Bakugo llegó hasta la entrada de la Casa para ver a Toga bajando los escalones, apresuró su paso para tomarla del brazo y detener su marcha pero verla tan rota la hizo encogerse de hombros.
―Ella no tiene nada que hacer conmigo, Katsuki ―habló la rubia en un hilo de voz―. No puedo hacerme cargo de Eri, ella es…
―No ―interrumpió Katsuki antes de que ella continuara―. No digas cosas que no son, Toga. Sabemos que es su hija pero ella no es Chisaki.
―Pero me recuerda a mí, ¿entiendes? ―Explotó la mujer, se llevó ambas manos al rostro y comenzó a negar con fuerza―. Ella necesita gente como ustedes, no un desastre como yo. La veo y sólo puedo verme a mí a su edad…
Katsuki dejó escapar un suspiro, peinándose el cabello.
―Ella también necesita a una familia. Su verdadera familia ―respondió el hombre―. De hecho, ella necesita muchas cosas ahora que ha dejado el sufrimiento atrás pero tú también la necesitas. ―Toga lo miró sin comprender a qué se refería―. ¿Y si ésta es una oportunidad de sanarte a ti misma? Dime, ¿no te parece justo darte a ti y a ella una mano para hacer bien las cosas?
―No podré hacerlo sola ―susurró Toga. Las manos de Katsuki fueron a sus hombros llamando su atención.
―No lo harás ―respondió y una sonrisa se escapó de los labios de Katsuki―. Ochako y yo nos encariñamos con ella, cuentas con nosotros.
Toga lo miró con cierta gracia.
―Creí que sólo tocaríamos temas de negocios ―dijo Toga, Bakugo se encogió de hombros.
―Yo también ―respondió comenzando a caminar de regreso a la entrada de la casa, volteó a mirarla―. Pero tenemos una niña que espera recibir regalos por navidad. No piensas dejarla con las ganas, ¿o sí?
Toga rio por lo bajo para suspirar.
―De acuerdo pero si algo sale mal, te culparé a ti.
―Tenemos a Ochako.
―Buen punto, le echaremos la culpa a ella. ―Ambos rieron. Toga detuvo sus pasos antes de continuar y miró a Bakugo con una pequeña sonrisa―. De verdad, gracias. Ella... ―Guardó silencio para negar―. ¿Crees que le gusten las muñecas?
―Pregúntaselo ―dijo Katsuki―. Tienes que perder el miedo a Eri y ella se abrirá a ti.
Toga dejó escapar un suspiro.
―¿Quién diría que Bakugo Katsuki tendría un lado paternal?
―Cállate.
