Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

55. Cuarto año: Planes fallidos

El mes de Diciembre avanzó frío y lento, con la impaciencia de que terminara el trimestre y llegaran las vacaciones. En los pasillos solo se escuchaban conversaciones relacionadas a la navidad, desde donde pretendían pasar las vacaciones y los malos tiempos, hasta que la fiesta que iba a dar Slughorn y como Harry Potter aún no invitaba a nadie a para que lo acompañara y cabe destacar que las chicas estaban dispuestas a hacer todo por ser la pareja del Elegido.

Por otro lado, Zabini por fin había conseguido que Arise aceptara acompañarlo, aunque esa misma tarde el moreno había descubierto lo que era un hermano celoso. Cesir le había mandado a Blaise una carta explosiva, marca Sortilegios Weasley, que además de amenazarlo por si se le ocurría sobrepasarse con su hermana, lo había dejado sin cejas.

—Eres un caso perdido —le dijo Theodore a Zabini, mientras intentaba arreglar las cejas de su amigo con los hechizos que acaban de aprender en Transformaciones.

—Creo que esa le ha quedado más clara —comentó Daphne de forma burlona, mirando a su novio y la ceja amarilla de Blaise.

—No es mi culpa, no soy experto —se defendió el chico—. Madame Pomfrey haría mejor trabajo que yo —añadió, mientras le cambiaba el color a la ceja, ahora a uno azul muy oscuro, que bien podía pasar con negro, pero aún así era azul.

—No pienso salir a los pasillos sin cejas —renegó el chico.

—Eso te pasa por meterte con una chica que tiene un hermano celoso —molestó Draco, soltando una carcajada cuando Theo en lugar de cambiarle el color de la ceja, le terminó por desaparecer las pestañas de un ojo y al aparecerlas de nuevo eran color rosa y risadas.

—Yo de ti no me reía tanto, que esto le puede dar ideas a Daphne —dijo Zabini, dedicándole una mirada asesina a Malfoy a pesar de lo ridículo de su aspecto.

—¡Ey, yo no dije nada! —se apresuró a decir el rubio al notar la maliciosa mirada de su cuñada, quien rió sonoramente, al igual que los otros dos chicos, al ver la expresión que había hecho el príncipe de las serpientes.

—Mientras no le hagas nada a Astoria, no te pasará nada —añadió la mayor de las Greengrass, sonriendo como malicia.

—Primero muerto —respondió con seriedad, tomando por sorpresa a los que llegaron a escuchar.

Un pequeño silencio se formó por unos segundos, al menos hasta que Blaise se quejó porque Thedore le picó el ojo cuando intentaba regresar las pestañas a la normalidad. Aunque parecía que con cada movimiento de varita el moreno quedaba peor.

—Ve con Madame Pomfrey ahora que puedes o terminaremos llevándote ciego —advirtió Daphne, ganándose una mala mirada por parte de su novio.

—Creo que le haré caso, hermano, así como vamos terminaré peor —aceptó el moreno, tomando su bufanda para ponérsela como si fuera un turbante y cubrirse la cara., no quería que nadie lo viera así como andaba.

Así pues, mientras Zabini se daba a la noble tarea de atravesar Hogwarts sin que nadie lo notara, tres chicas de cuarto se dirigían a la sala común de Slytherin después de salir de su clase de Defensas Contra las Artes Oscuras.

—No puedo creer que lo castigara —se quejó la pelirroja del grupo, haciendo un puchero que enfatizaba su inconformidad ante lo que acaba de pasar.

—A mí no me sorprende tanto, al menos no recordando que yo era su blanco favorito durante primer y segundo año —le respondió la castaña.

—Además como que últimamente anda de muy mal genio, ¿no lo han notado? —comentó la rubia, mientras las tres bajaban a las mazmorras.

—Ya, pero Leo no tenía la culpa de no saber —insistió Paige—. Con la educación que hemos tenido en esa materia, deberían de darse por bien servidos que sepamos como crear un escudo de protección.

—Astoria si parecía saber de lo que hablaban —dijo Geraldine, mirando de reojo a la chica, quien arrugó su naricita.

—Sí, bueno, digamos que es una larga historia —se apresuró a decir la aludida, ya que no quería sacar a flote el tema del ED del que solo le sabía Paige.

—Renacuajos —dijo la otra chica para que el muro de piedra se abriera y las dejara pasar. Las tres serpientes entraron al lugar, tan acogedor y tranquilo como siempre, donde apenas el silencio era quebrado los murmullos y el crujir de la madera en el fuego.

—¿Ya regresó el cejas de pavoreal? —preguntó una voz burlona desde una de las butacas de cuero negro. No había que preguntar quien era.

—¿Quién es el cejas de pavoreal? —respondió Astoria, dejando caer sus cosas a un lado de su hermana mayor, quien desdeñosamente le dio un empujocito a los libros de la chica, como si estos le fuera a hacer algo.

—Blaise tuvo un pequeño incidente —confesó Draco, palmeando su regreso para que su novia se sentara con él. Astoria, ni lenta, ni perezosa, se sentó a su lado, acurrucándose un poco contra él.

—¿Incidente? —intervino Paige, dejando también sus cosas donde las había dejado su amiga, ignorando por completo la mirada desdeñosa de Daphne.

—Digamos que se consiguió una cita un tanto problemática —contestó Theodore, rascándose la cabeza.

—¿Qué le hicieron? —insistió la pelirroja, pero antes de obtener otra respuesta, cierto prefecto de quinto año salió de los dormitorios y apareció en la sala.

—¿Donde está Leo? —preguntó Cole, dedicándole una mirada fugaz al grupo, mientras atravesaba la sala común a largos pasos.

—Lo castigaron —le informó Geraldine, siguiendo con la mirada al chico, quien no se detuvo a saludar.

—Cuando aparezca díganle que lo veo en la biblioteca —concluyó, para después salir del lugar.

—Que raro —murmuró Astoria para sí misma, parpadeando un par de veces con incomprensión.

—¿Qué? —preguntó Malfoy con cierto reproche.

—Nada —respondió la castaña, no se le antojaba comenzar una discusión—. Iré a bañarme —añadió, para enseguida levantarse, tomar sus cosas y correr al dormitorio de las chicas. Era mejor decir, ahí corrió que ahí murió y con el humor que traía últimamente Draco, era mejor no provocarlo.

Paige y Geraldine miraron al rubio y luego siguieron a Astoria, no fuera la de malas que la mordida del príncipe de Slytherin les tocara a ellas. El rubio las observó alejarse y bufó de mala gana. No le gustaba quedarse con la palabra en la boca, pero por otro lado era mejor eso que pelear.

—Iré a buscar a Crabbe y Goyle —anunció Draco, para enseguida irse de la sala común en busca de sus compinches de siempre.

No tardó mucho en encontrarlos, pues sabía que debían de estar como siempre en la cocina, comiendo todo lo que los elfos les daban.

—¿Pasa algo, Draco? —preguntó Vincent con la boca llena de pastel.

—Dejen de tragar que tenemos cosas que hacer —les regañó, arrugando el entrecejo ante tanta glotonería.

Los aludidos refunfuñaron, dejando a regañadientes los platos con pastel, pero llevándose unos pastelillos en los bolsillos.

Salieron de la cocina y caminaron rumbo a donde siempre, pero antes de siquiera llegar al primer piso, apareció Snape.

—Ahora entiendo porque no fueron a la clase —dijo el profesor, con su porte serio de siempre y los parpados ligeramente caídos.

—Nosotros... —balbuceó Gregory, intentando ocultar uno de los pastelillos que había decidido comer durante el camino.

—Y además de todo, robando en la cocina —añadió Snape, sonriendo de forma retorcida—. Creo que una semana de castigo les caerá bien a los dos, todas las tardes se encargaran de limpiar los calderos de la clase de pociones —dijo como sentencia para los dos alumnos corpulentos.

—¡Usted no puede hacer eso! —intervino Malfoy, visiblemente molesto.

—Claro que puedo, Draco —respondió tranquilamente el hombre—. Que no se te olvide que soy un profesor y el jefe de Slytherin —declaró.

El aludido chasqueó la lengua de forma despectiva y se contuvo de decir unas cuantas palabrotas que le cruzaron por la cabeza.

Severus sonrió y siguió su camino con las manos entrelazadas en su espalda.

O-O-O

Astoria terminó de arreglarse y suspiró, dejándose caer en la cama con algo de cansancio. Escuchando las voces de sus amigas que aún se estaban peinando.

—No puedo creer que de verdad no quieras ir a la fiesta de Slughorn —comentó Geraldine, mientras ataba su rubio cabello en un moño alto.

—No es que no quiera ir, es que no voy si no va Draco —sentenció la castaña, algo exasperada pues la misma platica había salido a relucir muchas veces durante esos días. Y al parecer, entre más próxima estaba la fecha, más frecuente se hablaba de lo mismo.

—No entiendo porque Draco no quiere ir, cualquiera estaría feliz de ser invitado —insistió la rubia.

—No es la gran cosa esa fiesta, ¿sabes? —defendió Astoria a su novio.

—Claro que lo es, mi padre hablaba mucho de Slughorn y decía que sus cenas y fiestas eran las mejores —argumentó la chica.

—Bueno, Astoria tampoco ha ido a muchas las cenas por estar con Draco —intervino Paige, terminando de alaciar su cabello con la poción de siempre—. Nuestra amiga tiene muy claras sus prioridades y al principio de esa lista está el nombre de su prometido —añadió.

—Gracias por argumentar a mi favor, pero igual no se me antoja ir —sentenció la susodicha, levantándose de la cama y bostezando.

—Justo acabas de decir que "no es porque no quieras" —dijo Geraldine, sonriendo de medio lado.

—Me da curiosidad ir, pero si no va a ir Draco, no tengo intenciones de andarme como alma en pena entre gente rara —declaró con un tono exasperado y dando por terminada la conversación, se encaminó fuera de los dormitorios de las chicas.

Astoria se interinó de nuevo a la sala común, mirando como ahí seguía su hermana que ahora jugaba ajedrez mágico con Theodore. Además que Blaise también estaba ahí, tan normal como siempre, sin rastro de las pestañas de pluma de las que había hablando Draco.

—Tu novio salió a buscar a Vincent y a Gregory —informó Daphne, comiéndose una pieza de su novio.

—Que informativa —se burló un poco la pequeña Greengrass, pasando de largo por la sala para salir de ahí.

—¡Oh! Que bueno que ya estés normal, Blaise —dijo de pasada Paige, corriendo detrás de su amiga castaña.

—¿Eh?... Gracias —intentó decir el moreno pero sus palabras no fueron escuchadas más que por Geraldine quien no le puso atención.

—¿Nunca te planteaste la idea de que le gusta a Paige? —preguntó la hermana mayor de Astoria, dejando que Theo pensara en el movimiento que iba a hacer.

—Supongo, pero igual no creo que... bueno tú sabes —contestó Zabini, encogiéndose de hombros.

—¿Por qué no? Si Draco anda con Astoria, ¿por qué no podrías andar tú con Paige? —interrogó Nott, poniendo en jaque a Daphne.

—Me refería más bien que en algún momento pensé que si le podía gustar, pero que no creo que sea así —rectificó Blaise.

Daphne y Theo se miraron por un instante, pero ninguno dijo nada más del tema, hasta que el castaño hizo otra movida de ajedrez que terminó el juego.

—Jaque Mate —sentenció Theodore, sonriendo ante el puchero de la rubia Greengrass.

O-O-O

Astoria, seguida de Paige y Geraldine, tomó rumbo a la biblioteca en vista de que Draco se la pasaría de nuevo desaparecido, haciendo sabrá Merlín que cosa, en compañía de sus compinches de siempre.

Sin embargo, antes de salir de las mazmorras, el príncipe de Slytherin apareció maldiciendo y con un visible humor de los mil demonios.

—¿Pero quién diantres se cree Severus? —gruñó el rubio, sin reparar en la presencia de las chicas.

—¿Desde cuando es "Severus" en lugar de "Profesor Snape"? —interrogó la Greengrass, arrugando el entrecejo y llamando la atención de Draco, quien la volteó a ver de mala manera, como si ella tuviera la culpa de lo que le acaba de pasar.

—Desde que está empeñado en hacerme la vida difícil —respondió enojado y continuó sin camino sin prestarle más atención a su prometida.

Astoria abrió primero la boca, como si fuera a decir algo, pero nada salío. Luego resopló, chasqueó la lengua y se quedó con una clara mueca de indignación muy difícil de disimular. La actitud de Draco no le había caído para nada en gracia, porque una cosa era que el rubio anduviera molesto y desquitándose con todo mundo, pero tratarla a ella de esa manera no era aceptable bajo ninguna razón.

—Tranquila, Astoria, tú misma has dicho que en estos días ha estado de mal humor —intentó calmarla Paige, pero Astoria ya había hecho puños sus manos.

—Sí, Astoria, al rato se le pasa el mal humor —intervino también Geraldine.

—No se le va a pasar nada —masculló la Greengrass con coraje—. Yo lo pondré peor —sentenció antes de tomar rumbo hacia donde se había ido Draco.

Astoria tenía unas cuantas que decirte o mejor dicho, gritarle, al príncipe de las serpientes. La pequeña Greengrass entró de nuevo a la sala común y pasó de largo hacia los dormitorios de los chicos. No sabía exactamente cual era la habitación donde dormía el rubio, pero tampoco necesitaba indicaciones para encontrarla, ella sólita podía y así fue.

Encontró una puerta que tenía una placa plateada que decía «Sexto Año» y abrió sin pensar, topándose con Draco, Gregory y Vincent, quienes se exaltaron por la repentina intromisión femenina.

—¿Pero que pasa contigo, Astoria? ¿Qué haces aquí? —preguntó el rubio, exasperado.

—Quiero hablar contigo —declaró ella con seriedad.

Draco arrugó el entrecejo y después de meditar unos segundos, les hizo una seña a Crabbe y Goyle para que salieran del lugar y los dejaran a solas.

—Bien, ¿de que quieres hablar? —preguntó Draco cuando la puerta se cerró detrás de los dos chicos robustos.

Los ojos verdes de la menor se clavaron en él, peor la boca de la niña siguió muda, no era capaz de formular ni media palabra a pesar de lo molesta que estaba. El rubio suspiró ante la actitud de Astoria y se acercó a ella para acariciar la tersa mejilla de su princesa. Sus orbes grises mantuvieron el contacto fijo con las esmeraldas, hasta que ella desvió la mirada, fijándola en el piso.

—No tenías porque desquitarte conmigo por lo que sea que te salió mal —murmuró la Greengrass, algo molesta.

—Nunca me he desquitado contigo, hermosa —se defendió.

—Claro que sí, con tu actitud y mal humor —insistió ella—. Parece que de repente ya no le tienes amor o respeto a nada ni a nadie, ni siquiera a tu padrino —dijo irritada—. Sea lo que sea que está pasando, te está desquiciando y me estás volviendo loco de paso.

—Astoria, ya hemos hablado de esto varias veces, no insista en saber lo que hago —dijo el rubio, poniéndose a la defensiva y apartándose de repente de ella.

—Pues, aunque no te guste, tengo derecho a saberlo, necesito entender porque mi novio está mal —argumentó, con desesperación ante la renuente negativa de Draco—. ¡Quiero ayudar! ¡Quiero hacer algo para que dejes de estar mal! —chilló.

—¡Entiende que nadie me puede ayudar! —gritó Malfoy—. ¡No quiero ayuda de nadie, esto es algo que me concierne solo a mí!

—¡Y ahí vas de nuevo con esa maldita actitud! —le reprochó Astoria.

—Esta maldita actitud no saldría a flote si dejaras el tema por la paz —espetó Draco, molesto.

—Y yo dejaré el tema en paz cuando me digas la verdad —insistió ella.

El rubio resopló molesto, llevándose la cabeza pues le comenzaba a doler, pero antes de decir algo o quejarse por el dolor de cabeza, un dolor peor y más intenso se instaló en su brazo izquierdo. Astoria lo miró algo preocupada, ignorando el hecho de que era la marca tenebrosa la que quemaba y producía dolor a su novio.

Malfoy sabía que no podía salir de Hogwarts en esos momentos solo porque sí y que el Señor Tenebroso ya le había dicho en persona que si estaba dentro de Hogwarts no tenía porque asistir al llamado, pues su prioridad era estar en colegio para matar a Dumbledore. Pero aún con todo eso, nadie le quitaba el dolor del brazo que entre más se resistía, más le ardía y se volvía insoportable.

La pequeña castaña se quiso acercar al notar como la expresión de dolor se enfatizaba en Draco, pero él la alejó de un manotazo.

—Solo déjame solo, ¿quieres? —le dijo con voz ronca—. No quiero discutir, solo quiero descansar.

—Draco, por favor, estás mal, déjame ayudarte —insistió ella.

—¡Que me dejes en paz! ¡Ya! —gruñó, aunque no estaba seguro de si se lo decía a Astoria o a su señor, porque necesitaba que el llamado cesara.

—Draco... —susurró ella, pero él ya no la escuchó, porque se fue a meter al baño y cerró la puerta de golpe, en vista de que Astoria no pretendía irse y él no aguantaba más el ardor—. ¿Draco? ¡Draco! —volvió a llamar la castaña, acercándose a la puerta para patearla—. ¡Ábreme!

El rubio no contestó, solo hechizó la cerradura para que su prometida no fuera a abrir y se quitó por fin la camisa. Miró su brazo izquierdo, notando como la serpiente se movía sobre su piel, quemándole como si le estuvieran pasado la mecha de una vela. Abrió el grifo del agua helada y puso su mano debajo del chorro, sintiendo un poco de alivio, aunque el dolor no disminuía mucho. Sabía que su método era estúpido, pero era lo mejor que se le ocurría en esos momentos.

Mientras, Astoria permaneció a fuera, muerta de la angustia por su novio, con la cabeza pegada a la puerta del baño. No entendía lo que pasaba, pero cuando escuchó el correr del agua, asumió que Draco se estaba bañando para que se le pasara el dolor de cabeza. La pequeña suspiró con resignación y decidió sentarse en la cama a esperar a que él saliera. Fuera como fuera, estaba empeñada en hablar con Draco y saber la verdad.

La niña recorrió con la vista el lugar, reconociendo que para ser el dormitorio de los chicos estaba muy ordenado. Aunque en una cama había varios envoltorios de dulces y seguramente ese era de Vincent o Gregory. La cama de Nott la reconoció enseguida al ver la foto de Daphne sobre la mesa de noche. Entonces sonrió y con algo de curiosidad observó la mesa de noche que pensaba que era la de Draco, pero ahí no había ninguna foto suya, solo un despertador y un libro de hechizos que parecía nuevo. Arrugó la nariz e hizo nota mental de que tenía que regalarle una foto a Draco de ella.

Astoria se acomodó mejor en la cama y volvió a suspirar, para luego mirar la otra mesa de noche que al parecer era la de Blaise. Ahí estaba el libro de Runas Antiguas y una botella de cerveza de mantequilla a medio tomar. Casi sin querer, sus ojos se deslizaron hacia el baúl de Zabini y la voz de Paige sonó clara en su cabeza, instalándola a que buscara si era verdad que el chico tenía el diario de Pansy Parkinson.

Sin embargo, cuando la pequeña Greengrass se comenzaba a armar de valor, la puerta del baño se abrió.

—¿Aún sigues aquí? —preguntó Draco con voz cansada y lucía ligeramente más pálido que cuando había entrado al baño.

—Quería estar segura de que estabas bien —dijo ella, mordiéndose el labio inferior al ver lo demacrado que lucía su prometido en esos momentos.

—No era necesario —murmuró él, sentándose en su cama, a un lado de Astoria—. Solo quiero dormir un poco —pidió, cerrando los ojos.

—Mi amor, me preocupas —susurró la niña con voz afligida, tomando entre sus manos la mano de Draco con suavidad, intentando transmitirle un poco de apoyo y solidaridad.

Él abrió los ojos y volteó a verla, pero no dijo nada. Sentía que toda la energía se le había ido por el suelo por el dolor de la marca tenebrosa, no entendía cómo era que los demás mortífagos soportaban aquello. Incluso por unos instantes llegó a compadecer a Sanpe, quien al igual que él permanecía en el colegio a pesar del llamado.

Astoria le intentó sonreír y acarició mimosamente el rostro del rubio. No dejaba de estar molesta con Draco por todo lo que le ocultaba, pero al mismo tiempo lo único que deseaba era el bienestar de su príncipe y se le partía el corazón al verlo así, sin poder hacer nada por él.

La Greengrass se acercó de poco a poco a él y al ver que Malfoy no se alejaba, lo besó. Draco no se negó al beso, al contrario, lo aceptó y la abrazó, recostándose de poco a poco sobre las almohadas de la cama, para estar más cómodo. Se besaron con lentitud, nada apasionado, solo una íntima caricia de sus labios.

Tan sumergidos y entregados estaban al contacto, que no notaron cuando alguien entró a la habitación.

—¡Merlín! ¡Draco, Astoria! ¿Qué creen que hacen? —les gritó Theodore algo exaltado, cerrando la puerta detrás de él.

Los aludidos se sorprendieron y se separaron de golpe, tanto así que Astoria se cayó de la cama por la brusquedad del movimiento.

—¡Au! —chilló la pequeña Greengrass, sobándose la espalda baja por haber caído sentada al suelo.

—¿Estás bien, mi amor? —preguntó el rubio, alarmado y levantándose de golpe para ver si la niña estaba bien.

—Sí, solo fue un pequeño golpe —aclaró ella, poniéndose de pie y sonriendo.

—¿Pero que manera de entrar es esa? —reprochó Draco, mirando de mala manera a su amigo.

—Dense por bien servidos los dos que he sido yo el que ha entrado y no alguien más —respondió el castaño—. ¿Están locos o qué? ¿Quieren que Daphne los mate? ¿Como se les ocurre besarse en la cama y con la puerta sin seguro? ¿Saben lo mal que se puede mal interpretar?

—Ya, Theo, no hacíamos nada malo —dijo Astoria—. Daphne no tiene porque saberlo —añadió con cierta suplica.

—Tú no deberías de estar aquí —le regañó Nott a la niña.

—Vino a hablar conmigo, ya cálmate, Theo, de verdad que no hacíamos nada —reafirmó el rubio Malfoy.

—Claro que calmo —resopló el aludido—. Aunque la gente generalmente habla con la boca, pero usando palabras, no mezclando su saliva —añadió con cierto tono de regaño.

Astoria y Draco sonrieron un poco y luego rieron por la cara de molestia e indignación que había puesto Nott ante la falta de seriedad de sus amigos.

O-O-O

Por suerte, Theodore no mencionó nada de lo que había visto, pues si Daphne se hubiera enterado hubiera matado a su hermana y cuñado. Por otro lado, Astoria no pudo ocultar del todo lo que había pasado en los dormitorios de los chicos, pues aunque Geraldine se había conformado con un simple «Al final no resolvimos nada», Paige no desistió de saber más detalles de lo que había ocurrido.

—Tuviste la oportunidad perfecta para revisar el baúl de Blaise para ver si era verdad que tenía el diario de Pansy —le reclamó la pelirroja a su amiga cuando por fin la convenció de que le diera más información.

Las dos chicas se encontraban hablando en voz baja en la biblioteca, mientras pretendían hacer la tarea de Historia de la Magia.

—Ya te dije que sí lo pensé, pero que Draco salió del baño antes de que pudiera abrir el baúl —argumentó la castaña.

—¿Y estaba vestido? —preguntó Rowle algo morbosa, solo para molestar a Astoria.

—¡Que sí! —respondió con las mejillas tintadas y rodando los ojos.

—Insisto que era una gran oportunidad —volvió a decir Paige.

—Te digo que no es tan fácil como crees —insistió la pequeña Greengrass—. Tendrías que entrar cuando el lugar estuviera solo y con la seguridad de que nadie va a llegar, pues aunque Draco se hubiera tardado más en el baño, seguro que Theodore me hubiera descubierto con la nariz metida en las cosas de Zabini.

La pelirroja arrugó la nariz y guardó silencio unos minutos en los que ambas se dedicaron solo a escribir lo que estaba en un gran libro viejo titulado «Las caza y Quema de Brujas en Gran Bretaña».

—¡Lo tengo! —gritó repentinamente Paige, haciendo sobresaltar a Astoria.

—¿Qué tienes? —preguntó algo molesta la castaña que por culpa del susto había perforado el pergamino de su redacción.

—La forma de que el cuarto de los chicos esté solo y poder entrar sin miedo —dijo la otra niña—. Durante la fiesta de Slughorn, Malfoy va a estar ocupado haciendo sabrá Merlín que cosa, junto Crabbe y Goyle, mientras que Zabini no va a estar...

—Pero Theodore no tiene pales para salir —la interrumpió Astoria.

—No si convences a tu hermana para que lo saque —se apresuró a decir la pelirroja.

—Estás mal, Daphne no va a aceptar a hacer nada si no le cuento en que andamos metidos —le rectificó la castaña.

—Le puedes inventar algo —dijo la otra, sin darle importancia.

—Se nota que no tienes hermanas, me conoce demasiado bien, ¿sabes? Aún con todas nuestras diferencias, Daphne sabe cuando le miento, por eso yo evito las preguntas comprometedoras en lugar de decir mentiras. Porque soy tan buena mentirosa como jugadora de Quidditch.

—Bueno, entonces le podemos decir la verdad, finalmente tu hermana ya no es amiga de Pansy ¿o sí? —argumentó Paige.

—La verdad es que no me gusta para nada esta idea, porque al final puede que ni siquiera sea cierto y si Blaise se entera se va a molestar —dijo la Greengrass.

—O me ayudas con esto o vas a la fiesta de navidad de Slughorn —le retó Rowle a su amiga.

—Creo que comienzo a pensar que ir a la fiesta de Slughorn no suena tan mal —contestó de mala gana.

—¡Eso es! —exclamó de nuevo la pelirroja, volviendo a sobresaltar a Astoria por el repentino grito—. Si vas con Nott a la fiesta, tendríamos a todos los chicos ocupados y sin involucrar a nadie más, yo entro, busco y salgo sin que nadie se entere —explicó como si fuera muy lógico lo que estaba diciendo.

—Tú quieres que dos rubios se pongan de acuerdo para matarme, ¿verdad? —respondió la castaña, con cara seria y escéptica—. Daphne y Draco me comerían viva con el simple hecho de plantear esa idea...

—No, porque Draco no quiere ir a la fiesta. Tú tienes que ir porque no cualquiera forma parte del Club de Slughorn, así que es un honor y un compromiso que no puedes tirar a la ligera —comenzó a decir Paige, sin importarle que su amiga la mirara de mala manera—. Así que, ¿quién mejor que Nott para acompañarte y vigilar que no te pase nada malo? Él que es el novio de tu hermana y amigo de tu novio —sentenció.

—Estás loca, no pienso ni siquiera plantear esa idea —declaró Astoria con convicción...

Sin embargo, la noche de la fiesta, a las ocho en punto, Astoria estaba lista en la sala común. La pequeña Greengrass estaba arreglada con el cabello rizado y lleno de pequeños broches como una diadema de diamantes. Llevaba un vestido azul largo muy propio para la noche, además de llevar puesto el collar que Draco le había reglado para su cumpleaños.

—¡Wow! Hermanita, parece que vas a ser coronada como la nueva reina muggle de Inglaterra —bromeó Daphne para molestar a la pequeña castaña, quien arrugó la nariz de mala manera. No le hacía ninguna gracia ir a la fiesta y mucho menos estar vestida como una muñeca de porcelana.

—Tranquila, Astoria, te ves bien —le tranquilizó Theodore, quien llevaba puesto su traje negro de gala.

Al final Paige se había salido con la suya, hablando de más y convenciendo a todos de que eso de ir a la fiesta con Theo era idea de Astoria.

Daphne se había mostrado molesta en un principio, pero cuando el idiota de Derrick había dicho que él podía acompañar a la pequeña Greengrass encantado de la vida, la rubia consideró que era mejor que Theo se hiciera cargo de su hermana menor, no fuera a ser que algún depravado de la fiesta se quisiera propasar con ella.

Por su parte, Draco también había coincidido con que si era tan importante que Astoria fuera a la dichosa fiesta, lo mejor era que fuera en compañía de alguien conocido que la pudiera cuidar, solo por si las dudas. Ya que, aunque Vincent y Gregory estuvieran castigados, él se negaba a asistir de cualquier forma con Slughorn.

Así pues, Astoria y Theo se dirigieron a la fiesta de navidad juntos. Zabini ya se había ido para buscar a Arise; Crabbe y Gregory estaban castigados desde las siete y Paige solo esperaba que Draco saliera de escena para irse a meter al cuarto de los chicos.

O-O-O

—¿Donde es la fiesta? —preguntó Theodore cuando salieron de la sala común.

—En el despacho de Slughorn, así que no tendremos que ir tan lejos —contestó la Greengrass sin mucho animo.

Él asistió con la cabeza y ya no dijo nada, solo caminó a un lado de la niña, rumbo al dichoso lugar. Con forme se acercaban al despacho, las risas, la música y las conversaciones se escuchaban con más intensidad.

Cuando los Slytherin entraron al despacho, Astoria no pudo evitar pensar que el lugar era mucho más amplio que cuando había ido ahí para hablar con el profesor Snape. El lugar estaba adornado con colgaduras de color verde esmeralda, carmesí y dorado. La habitación tenía un ambiente demasiado cargado y estaba atestada con gente por todos lados. Además de que, al contrario de lo que hubiera pensado cualquier Slytherin, el lugar estaba iluminado por una luz rojiza.

Lo único que le pareció lindo a la princesa de las serpientes, era que en el techo aleteaban hadas de verdad que, vistas desde abajo, parecían relucientes motas de luz que danzaban sobre sus cabezas. Fuera de eso, todo lucia muy normal, magos ancianos que fumaban pipas y conversaban, elfos que andaban por ahí con charolas de platas llenas de comida y los pocos alumnos que lucían algo aburridos.

—Como que todavía no llega Blaise —comentó Theo, recorriendo el lugar con sus ojos azules.

—Si fue por Arise hasta la torre de Ravenclaw, seguro no tarda en llegar —respondió Astoria, encogiéndose de hombros.

—¡Astoria, querida! Al parecer decidiste venir al final —saludó Slughorn, al notar a la recién llegada—. Aunque parece que el joven Malfoy no te ha acompañado —comentó, mientras miraba a Theodore.

—Estaba algo ocupado —dijo el castaño, sonriendo de medio lado, pues recordaba perfectamente que el robusto hombre se mostraba renuente con él y Draco por ser hijos de mortífagos. Así que Nott asumía que para fines prácticos el profesor de pociones no estaba complacido con la pareja de la Greengrass.

—Me imagino, me imagino —dijo el hombre, sin darle mucha importancia —. Ven Astoria, hay gente que a lo mejor conozcas del ministerio — añadió, tomando a la niña por el brazo y llevándosela lejos de Theodore quien solo resopló y los siguió a distancia, pues si estaba ahí era para cuidar a su pequeña cuñada.

Horace Slughorn se encargó de presentar a Astoria con algunos peces gordos que andaban por ahí, a otros ya los conocía o al menos ellos decían conocer a los Greengrass. La verdad, al cabo de quince minutos, la castaña solo quería salir corriendo del lugar. La fiesta estaba lejos de ser agradable como hubieran pensado, a no ser que alguien considerara divertido hablar con una bruja de más de cincuenta años sobre la historia completa de "El corazón del mar."

—Yo conocí a la dueña del lugar, Stephanie Bellabin era una cazadora de tesoros, muy buena, fue una lastima que muriera en el Amazonas con esa tonta idea de encontrar El Dorado... —le decía la bruja a Astoria, quien tenía una cara de estarse muriendo de aburrimiento.

Para suerte de la castaña, Theo la rescató diciendo que Eldred Worple quería saludarla. Era mentira, pero al menos pudieron alejarse un poco hacia el rincón más silencioso que encontraron en el lugar.

—Como que Blaise ya se tardó mucho, ¿no? —dijo la chica, con una clara necesidad de ver una cara conocida y agradable. Pues hace rato que había reconocido a las gemelas Carrow, pero no se llevaba para nada bien con ellas, ni siquiera les hablaba durante las reuniones. También había visto a Hermione con Cormac, pero tampoco les hablaba y ni Ginny, ni Harry parecían andar por ahí tampoco.

—Esta fiesta sonaba mejor de lo que en realidad es —murmuró Nott, tomando un poco de cerveza de mantequilla.

—Bueno, ya estamos aquí, algo interesante debemos de encontrar o nos escapamos antes de que alguien quiere volver a contarme la historia de mi collar —le respondió Astoria, haciendo una mueca, pues comenzaba a arrepentirse de haberse puesto "El corazón del mar."

Theodore rió por lo bajo y negó con la cabeza, mientras observaba a ver si había alguien con quien valiera la pena platicar.

—Por las barbas de Merlín, ¿esos no son Kirley Duke y Orsino Thruston de Las Brujas de Macbeth? —preguntó el chico, mirando a los dos integrantes.

—Parece que sí, Daphne se volverá loca cuando se entere —comentó la niña, sonriendo un poco.

—Cierto, a Daphne la gustan —dijo él para si mismo, de forma pensativa—. Dame un segundo, necesito hablar con ellos —declaró alejándose y dejando a Astoria casi con la palabra en la boca. La menor de las Greengrass rió por lo bajo, pero a pesar de quedarse sola, le pareció entre divertido y tierno que Theo decidiera entablar conversación con dos tipos que se podrían denominar como "extraños", solo para conseguir algún autógrafo o algo para Daphne.

La castaña suspiró y tomando una copa de hidromiel, se dedicó a observar a los presentes. No había nadie con quien realmente se le antojara hablar y se estaba aburriendo en grande, aunque no pudo evitar reír un poco cuando notó a distancia como Hermione se escabullía de su pareja cubriendose la cabeza con una charola que le había quitado a un elfo.

Blaise seguía sin aparecer y en la cabeza de Astoria se formularon dos hipótesis, o el chico había decidido tener su propia fiesta "privada" con Arise o la Ravenclaw lo había dejado plantado y había regresado a la sala común de Slytherin o peor aún a los dormitorios. La verdad, esperaba que fuera la primera o seguro Paige se iba a meter en problemas con su plan de encontrar el diario de Pansy en la habitación de los chicos.

—Hola, Astoria —saludó repentinamente una voz conocida, sacando a la chica de sus pensamientos.

—Hola, Luna, ¿qué haces? —respondió la aludida, mirando a la rubia con cierta sorpresa.

—Harry me invitó, ha sido muy amable de su parte —comentó la chica, sonriendo como siempre.

Astoria le regresó la sonrisa. Honestamente no se había dado cuenta en que momento Harry y Luna habían llegado a la fiesta, pero al menos se sentía complacida de por fin tener alguien agradable con quien charlar. Hablar con Luna era de las cosas que más echaba de menos desde que se había acabado el ED.

—¿Y donde está él? —preguntó la Greengrass, buscando al famoso "Elegido" entre los presentes.

—Ahí, justo con el profesor Slughorn, la profesora Trelawney y el profesor Snape —le contestó la Ravenclaw, apuntando hacia donde estaba el chico de cabello oscuro con sus eternas gafas redondas.

Astoria estaba a punto de decir algo, pero la copa de hidromiel se le fue de las manos al ver como Argus Filch iba hacia los profesores, arrastrando a Draco Malfoy por una oreja. ¡A su Draco!

—Lo mato —murmuró la Greengrass, siguiendo con sus ojos al conserje y al rubio.

Tan impactada estaba la Slytherin, que apenas y notó cuando Luna la tomó de la mano para llevarla más cercas, hasta pararse detrás de Harry y poder escuchar mejor lo que estaba ocurriendo.

—Profesor Slughorn — llamó Filch con su jadeante voz llena de emoción al haber descubierto a un alumno haciendo algo inapropiado—. He descubierto a este chico merodeando por un pasillo de los pisos superiores. Dice que venía a su fiesta pero que se ha extraviado. ¿Es verdad que está invitado? —preguntó.

Astoria miró severamente al rubio, pero Malfoy ni siquiera reparó en ella, solo se soltó de un tirón y miró de mala manera al metiche conserje.

—¡Está bien, no me han invitado! —reconoció Draco a regañadientes—. Quería colarme. ¿Satisfecho? —gruñó.

—¡No, no estoy nada satisfecho! —repuso Filch, aunque su afirmación no concordaba con su expresión triunfante—. ¡Te has metido en un buen lío, te lo garantizo! ¿Acaso no dijo el director que estaba prohibido pasearse por el castillo de noche, a menos que tuvierais un permiso especial? ¿Eh, eh? —le echó en cara.

—No pasa nada, Argus —lo apaciguó Slughorn agitando una mano—. Es Navidad, y querer entrar en una fiesta no es ningún crimen. Por esta vez no lo castigaremos. Puedes quedarte, Draco.

La súbita decepción de Filch era predecible, el maldito pretendía castigar de mala manera Draco, sin embargo Astoria notó como Malfoy ponía también cara de decepción ante la respuesta del profesor. Pero eso no fue lo que más llamó la atención de la niña, lo que de verdad la dejó ausente por unos instantes fue notar como Snape miraba a Draco con enojo y preocupación.

Astoria se mordió el labio inferior, Snape sabía algo. Quizás él sabía "ese algo" que Draco estaba ocultando tan recelosamente. Sin embargo, antes de que la chica se hiciera algunas hipótesis, escuchó a Malfoy dándole las gracias a Slughorn por su generosidad, y cuando miró de nuevo Snape, este ya había vuelto a adoptar una expresión inescrutable.

—No tienes que agradecerme nada —dijo Slughorn restándole importancia a lo ocurrido—. Ahora que lo pienso, creo que sí conocí a tu abuelo...

—Él siempre hablaba muy bien de usted, señor —repuso Malfoy, audaz como buen Slytherin—. Aseguraba que usted preparaba las pociones mejor que nadie.

—Lo voy a matar —masculló la Greengrass, sin dejar de mirar y escuchar al rubio que seguía actuando como si ella no estuviera a menos de dos metros de él.

—¿Dijiste algo? —le preguntó Luna, mirándola con sus salones ojos.

La pregunta exaltó un poco a Astoria, quien al no haber sido notada ni por Harry, había tenido la extraña sensación de ser invisible por unos segundos.

—Nada —murmuró, sin apartar los ojos de la escena, con un semblante muy digno, como diciendo "si no me notas, no te vuelvo a dirigir la palabra."

Aunque para su desgracia, Draco siguió sin reparar en ella.

—Me gustaría hablar un momento contigo, Draco —intervino repentinamente Snape.

—¿Ahora, Severus? —dijo Slughorn hipando un poco, posiblemente por las copas—. Estamos celebrando la Navidad, no seas demasiado duro con...

—Soy el jefe de su casa y yo decidiré lo duro o lo blando que he de ser con él —lo cortó otro profesor con aspereza—. Sígueme, Draco —ordenó.

El rubio se largó sin siquiera notar a Astoria, siguiendo a Snape quien iba con cara de pocos amigos.

—Vuelvo enseguida, Luna —informó de repente Harry, volteando a ver a su pareja y notando por fin la presencia de Astoria—. Oh, hola, Astoria —saludó de manera atropellada, pero dio igual, pues la aludida apenas y le hizo una seña con la mano—. Disculpen, tengo que ir... al lavabo.

—Muy bien —repuso la rubia alegremente, mientras que Astoria siguió como si estuviera ausente.

—¿Ese que se acaba de ir con Snape no era Draco? —preguntó Theodore apareciendo de la nada detrás de ella.

—Sí, era Draco Malfoy —contestó Luna sonriente y extendiéndole la mano al chico—. Luna Lovegood —se presentó.

—Theodore Nott —contestó él, algo extrañado y aceptando la mano de la rubia para luego volver a centrarse en su cuñada—. Astoria, ¿qué hacia Draco aquí?

—No lo sé, pero ahorita lo averiguo —sentenció la niña, alejándose a zancadas del lugar, escabulléndose entre la gente de una manera tan zagas que Theo no la pudo detener como hubiera querido.

La niña salió de la fiesta y observó los pasillos de lado a lado, no se veía rastro de Draco o Sanpe, pero estaba decidida a encontrarlos y pedir explicaciones, porque ese jueguito que estaban jugando, no le estaba cayendo para nada en gracia.

Comenzó a caminar por el corredor, acercándose a las puertas para ver si escuchaba algo ahí adentro. Sin embargo, apenas dando unos pasos, topó contra alguna cosa que al parecer era invisible, pues solamente sitió el golpe.

—Maldición —escuchó que dijo alguien, pero al no ver nada, la castaña no pudo evitar sentir algo de miedo.

No es que fuera miedosa o que le tuviera pánico a los fantasmas, no, nada de eso, si hasta charlaba de vez en vez con unos. Pero ahí de plano no veía nada de nada y cuando extendió sus manos para intentar atrapar "algo", lo único que consiguió fue irse de narices contra el suelo.

—¡Me lleva! —chilló Astoria, justo en el momento en el que Malfoy salía por la puerta que estaba a un lado de ella.

—¿Pero que haces ahí tirada? —la regañó Draco y la niña no pudo evitar verlo con reproche pensando que era un cínico.

—¡Vete al demonio! —le gritó molesta y aguantando las lagrimas que amenazaban con salir por culpa del fuerte golpe que se había llevado.

—¿Qué? —preguntó el rubio sin entender, solo observando como la niña se iba corriendo del lugar mientras maldecía en francés.

Sí, en francés, y para que Astoria se pusiera a maldecir en otro idioma, significaba que no estaba molesta, si no furiosa. Lo cual no era para menos, tomando en cuenta que la pequeña Greengrass solo había ido a esa fiesta porque Paige quería encontrar el dichoso diario de Pansy, la fiesta estaba aburrida, luego aparecía Draco sin ninguna explicación aparente, la ignoraba y cuando iba a buscarlo se golpeaba prácticamente con nada, terminando con la nariz llena de sangre.

Así que la princesa de Slytherin tenía todo el derecho de ir maldiciendo, llena de coraje.

—¡Fils de chienne, ce qui se passe seulement à moi parce que je suis une fille stupide qui faire tout ce que les autres veut! —entró diciendo a la sala común de Slytherin, donde los presentes, incluyendo a su hermana, voltearon a verla con sorpresa.

—¡Por los calzones de Merlín, Astoria! ¿Qué te pasó? —preguntó Daphne al ver que la nariz de su hermana estaba roja y goteaba sangre.

—¡Quelque chose d'invisible qui se trouvait dans la salle m'a fait tomber! —masculló nuevamente en francés, dedicándole una mirada de odio a los curiosos que la miraban con atención—. ¡Ne soyez pas curieux et prendre soin de vos affaires! —les gritó molesta.

—¡Astoria! Habla en nuestro idioma por favor —pidió la rubia Greengrass, en el preciso instante en que Draco entraba a la sala común—. ¿Qué le pasó a mi hermana? —exigió saber, sacando su varita para amenazar a su cuñado.

—Eso mismo quiero saber yo —informó Malfoy, mirando fijamente a las dos hermanas.

—¡Tú, grandisimo tonto, te apareces a mitad de la reunión sin razón a aparente! ¡Además de que me ignoras y te largas! —le reprochó la castaña, haciendo una mueca cuando sin querer probó su propia sangre.

—¿Tú estabas en la fiesta de Slughorn? —preguntó Daphne, ingenua—. ¿Y donde está Theo? —cuestionó, cayendo en cuenta de que ahí no estaba su novio.

—Es una larga historia y no sé donde está Nott —respondió el rubio.

—Seguro se quedó en la fiesta —informó la pequeña Greengrass, sin darle mayor importancia al asunto—. Y con su permiso me voy a dormir, porque no me interesa que mi vida sea del dominio publico —espetó, volviendo a dedicar una mala mirada a los demás Slytherin presentes. Y es que si las miradas mataran, seguro que más de un entrometido hubiera caído muerto ante el brillo furioso de los ojos verdes.

Draco resopló y se apretó el puente de la nariz, ahora si le comenzaba a doler la cabeza.

—Ve por Theodore —exigió Daphne y si bien el rubio pretendía mandarla al demonio, cuando observó como los ojos azules de su cuñada brillaban igual de furiosos que los de su novio, se limitó a chasquear la lengua y salir de la sala común maldiciendo por lo bajo.

Esa maldita noche no le había salido nada bien, y cuando decía nada, se refería exactamente a NADA. El armario evanescente seguía descompuesto, lo había atrapado cuando apenas estaba saliendo, el idiota de Filch que lo llevó a la fiesta de Slughorn, el metido de Snape que lo sacó de la fiesta y lo interrogó, aparte de que había terminado pelando con Astoria solo porque sí y su cuñada lo quería matar por eso.

—Maldita noche —gruñó el rubio antes de volver a entrar a la fiesta de navidad.

O-O-O

Astoria entró a los dormitorios de las chicas, notando que Paige y Geraldine seguían despiertas y estaban sentadas en su cama, platicando.

—Es que me llevó el demonio, justamente cuando estaba sosteniendo sus boxers es que apareció... —narraba Paige en voz baja, tan roja como su cabello.

—¡Morgana! ¿Qué te paso, Astoria? —interrumpió la rubia, notando la presencia de la Greengrass.

—Lo resumiré diciendo que nada salió de acuerdo a mis planes y según escucho, lo tuyo tampoco salió bien, ¿verdad? —preguntó Astoria mirando a Paige.

—No —admitió Rowle soltando un suspiro—. Zabini apareció mientras revisaba su baúl, pues al parecer su tonta aguilucha lo dejó plantado —confesó.

—Sí, bueno, algo así me imaginé cuando no lo vi llegar a la fiesta —comentó Astoria, comenzándose a quitar las cosas, para luego abrir el baúl y guardar especialmente las goyas en un cofre que estaba protegido con magia.

—Me morí de vergüenza cuando lo vi entrar y él se me quedó mirando —prosiguió hablando la pelirroja—. Y es que no se enojo. No, para nada, al contrario se puso de bromista diciendo que si quería algo de su ropa interior él me la hubiera dado gustoso —dijo con un fuerte sonrojo y apretando los puños.

—Es que solo a ti se te ocurre meterte al cuarto de los chicos para hurgar en sus cosas —la reprendió Geraldine.

—Al menos te fue de chiste —terció Astoria, sacando su pijama del baúl—. No solo me la pasé fatal en la dichosa fiesta, sino que Filch apareció llevando a Draco de la oreja porque lo había encontrado "merodeado" por ahí —enfatizó haciendo las comillas con las manos— y luego Snape se lo llevó. Salí a buscarlos y me topé con algo que me tiró al suelo —añadió volviéndose a poner furiosa de solo recordar su mala suerte.

—¿Con que te topaste que te sacó sangre de la nariz? —preguntó la rubia, mirando expectante a la chica.

—Con algo invisible y lo que me sacó sangre fue el piso cuando me fui de boca —confesó molesta y se puso más molesta aún cuando sus amigas se rieron un poco ante su último comentario—. ¡No es gracioso! —chilló, provocando que una de las chicas que ya dormía se despertara.

—¡Ya cállense y duérmanse! —les grito a las tres chicas.

—¡Arg! ¡Aller à l'enfer! —le gritó Astoria de mala forma, metiéndose al baño y cerrando la puerta tan fuerte que las presentes pensaron que se iba a romper.

—¿Habla francés? —preguntó Geraldine con ingenuidad, mirando en dirección hacia donde Astoria se acaba de meter.

—Sí y cuando lo hace es porque está furiosa —le informó Paige, suspirando con cansancio y resignación.

Aquel día ningún plan había salido bien, por el contrario, todo había terminado hasta peor de como había estado en la mañana. Al final no tenían el dichoso diario de Pansy, Blaise ahora creía que ella estaba enamorada de él y por lo visto Astoria había tenido problemas con Draco también.

¿Qué a caso nunca les iba a salir algo bien? Eso ya parecía chiste malo, donde uno se ríe por no llorar.