¡Hola hola lectores!
He estado tan desaparecida, lo siento tanto, mis obligaciones me tienen muy atareada. En compensación traigo para ustedes una actualización de 7.338 palabras, cuando habitualmente mis capítulos llegan en promedio a las 5.000. De hecho al principio de este fanfic hay algunos con 2.800 palabras jdnjdjf asi que es un gran regalo y requirió grandes cantidades de mi imaginación.
Muchas gracias por todos sus reviews en el capítulo anterior, y es que hemos sobrepasado los 200 comentarios!, nunca pensé que llegaría tan lejos sjnfdsj. Eternamente agradecida de Candy01234, ELF-CLOUD, darkness1617, inukag22, Naty U., Aida Koizumi y Amelie030.
Si eres una nueva personita que ha llegado aquí por casualidad, no olvides guardar la historia o agregarla a favoritos si es que te ha gustado, de ese modo recibirás notificaciones cuando actualice.
Asi que espero que les guste y sin mas relleno aquí va.
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Capítulo 45.- Un juego de pistas.
(Perspectiva de Inuyasha)
Kagome se estiró unos segundos por sobre mi para encender la pequeña lampara del velador a mi lado.
– Bien… cuéntame de que iba tu sueño.
– Kikyo. – no tuve que decir nada más y supe que ella podía comprenderme.
Me abrazó con cariño y apoyo su cabeza sobre mi pecho.
– ¿te sientes culpable por lo que hiciste?
– La verdad es que conscientemente no, pero mis sueños parecen darme señales contrarias.
– ¿sueños?, eso significa que soñaste antes con ella…
– Un par de veces, pero siempre es lo mismo, me mira de frente y me dice que la he traicionado. Que yo la transformé para luego asesinarla.
– Debe ser difícil para ti, pero la verdad es que cuando la transformaste tu la amabas y querías pasar tu vida con ella, para mi luce como un paso lógico a seguir. No podrías haberlo sabido.
– Lo sé, es sólo que se siente extraño… pasé un año entero de mi vida buscándola y siguiendo pistas que me condujeron a nada. Ya no recuerdo cuantas ciudades recorrí o cuántas horas de mi vida estuve en ello. Abandoné gran parte de las labores de mi empresa, porque sólo me interesaba encontrarla. Y cuando por fin apareció de vuelta en mi vida contra todo pronóstico, parecía ser una persona completamente distinta. Pasé del amor al odio con ella, pero realmente no quería hacerle daño ¿sabes? Porque en algún lugar de mi mente mantenía los buenos recuerdos, fui muy feliz a su lado. Y de pronto todo se fue a la mierda cuando la vi herirte… y sólo sentí rabia y ganas de despedazarla.
– Lo siento tanto… yo sé que ella fue importante para ti, cuando apareciste en el galpón debí usar mas mis sentidos… podría haber sentido tu aroma y correr hacia ti, pero corrí en dirección contraria por miedo y sólo le facilité las cosas.
– Ella fue importante… pero no tienes idea de como se sintió ver como te apuñalaba gatita, pensé que te perdía para siempre y sólo quería vengarte. Me han herido de muchas maneras a lo largo de mi vida, sin embargo verte caer inconsciente y sentir tu corazón perder su fuerza fue un dolor horrible para mi. Tengo este instinto de protegerte ante cualquier cosa de manera constante y sé que muchas veces puede parecer molesto, pero no quiero volver a pasar por eso nunca más… yo no podría soportarlo. Tu eres todo para mi… lo eres todo. – musité contra sus cabellos. Hubiera deseado que mi voz no se quebrara, de pronto me sentía tan vulnerable y roto… mi vida se iría a la mierda sin Kag a mi lado porque la amaba, y el solo pensar en perderla me destrozaba.
– ¿Qué es lo que te asusta amor? Siempre me tendrás a tu lado.
– Eso pensé hace cuatro años cuando todo era perfecto y de pronto todo salió mal y te hice daño y te alejaste de mi… con Kikyo todo parecía hermoso y otra vez de pronto todo se tornó oscuro y luego se alejó de mi y terminé con su vida… y yo… yo no quiero hacerte daño, pero pareciera que todo sale mal a mi alrededor, es como si conocerme le hubiera jodido la vida a ella.
– Fueron una seguidilla de malas decisiones por parte de ella. Inuyasha… tu solo confiaste y la amaste con el alma. Por favor borra esa idea de que tu provocaste su propio desastre.
– ¿y si algo te pasa a mi lado?
– Entonces lo solucionaremos juntos, sea lo que sea. – se subió a horcajadas sobre mi y se mantuvo pegada a mi pecho mientras acariciaba mi rostro con ternura. – Todos tenemos malas y buenas historias. La vida no esta diseñada para salir bien todo el tiempo y te aseguro que en la eternidad que nos queda por delante habrá momentos difíciles, habrá discusiones, habrá momentos tristes, y otros donde quizás me enferme o me hiera y no puedas evitarlo… – me tensé de sólo pensarlo. – …Pero también los habrá hermosos y alegres. Cada vez que he estado en peligro has estado para mi y estoy segura de que incluso en mil años seguirá siendo asi.
Me acerqué para besarla con cariño. Kagome tenía razón, habría dificultades, pero las enfrentaríamos juntos, tal y como lo estábamos haciendo ahora.
– Tuve tanto miedo de perderte. – la abracé con fuerza a mi pecho y sentí su corazón latir junto al mío.
– Estoy aquí contigo gracias a ti, no vas a perderme. Y con respecto a Kikyo… tu no eres culpable de nada, hiciste lo que tenías que hacer para salvarnos, esa imagen nunca se borrará de tu memoria, pero estoy segura de que aprenderás a vivir con ella con el tiempo, cuando veas a tu hija crecer y hacer su vida, todo gracias a que tu tomaste la decisión correcta en el momento justo, a pesar de lo difícil que era para ti.
No fui capaz de decir nada más, pero asentí mientras me cobijaba en ese abrazo. Medité la opción de pedirle matrimonio ahí mismo y tuve el impulso de vomitar la propuesta, pero estaba tan cansado de pedir las cosas importantes en la cama… las dos veces que le había pedido que fuera mi novia habían sido justamente asi.
No esperaba que los recuerdos de aquel día se borraran pronto de mi memoria, probablemente nunca lo harían… Pero intentaría convencerme de que yo no le había debido nada a Kikyo y que todo lo que había hecho había sido por Kag, la persona que me apoyaba sin condiciones y me brindaba de su amor incondicional.
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(Perspectiva de Kagome)
Me levanté temprano como nunca antes un día domingo. Inuyasha permaneció dormido y decidí dejarle descansar, después de todo las pesadillas no lo habían dejado dormir durante la noche.
Me di el tiempo de disfrutar el baño y secar mi cabello. Aun así después de todo ese tiempo empleado para cuando terminé él seguía en la misma posición relajada bajo las mantas.
Salí para darle desayuno a Aki, quien me movió la cola luego de estirarse fuera de su cama. Cuando volví a la habitación contigua me acerqué a Inu con deliberada lentitud en un intento de no despertarlo y me acomodé frente a él a escasos centímetros de su rostro, cuando de pronto abrió los ojos y yo emití un grito ahogado por el susto.
– Buenos días. – exclamé sintiendo mi corazón latir a mil por hora.
– Buenos días. Siento haberte asustado.
– No te preocupes… ¿has dormido un poco mejor luego de nuestra charla?
– Bastante, muchas gracias, necesitaba conversarlo con alguien.
– Sabes que puedes contar conmigo. – me acerque para besar su nariz y él sonrió mientras la arrugaba en respuesta.
– Por lo que veo estas listas para que vayamos al centro comercial.
– Sip, estaba un poco ansiosa la verdad. Decorar la pieza de Moroha es algo que quiero hacer contigo.
– Me ducharé rápido y vamos.
Bajé las escaleras esperando encontrar comida en el refrigerador, pero no había nada… cierto, Inuyasha lo había mencionado la noche anterior. El apareció en las escaleras unos minutos después completamente vestido y con una sonrisa.
– No hay comida, debemos ver eso hoy también. – se acercó y me agarró por la cintura para besarme con cariño.
– Volveremos con todo lo que necesitamos… Creo que por ahora será mejor buscar un desayuno en el centro comercial. ¿estas lista para probar tu nuevo auto?
– Estoy un poco asustada la verdad.
– No pasa nada, cuando aprendas te darás cuenta de que es mas fácil de lo que crees.
Le entregué las llaves del auto en sus manos y sonreí mientras caminaba al garaje. Aki nos miró triste por unos instantes.
– Volveremos en un par de horas, lo prometo. – musitó Inuyasha – Te traeremos un juguete.
El can ladró como si hubiera comprendido y se recostó en el sofá.
Me subí en el asiento de copiloto y escribí una lista de cosas por comprar en mi celular mientras Inuyasha encendía el motor y abría la puerta del garaje para sacar el auto.
– Entonces… primera lección de manejo: siempre debes manejar a la defensiva. – exclamó y yo lo miré de reojo.
– ¿asustada?
– No, asustada no, pero si atenta a todo lo que esté a tu alrededor. Ejemplo… esos niños de allí. – me indicó con un gesto sin dejar de mirar al frente – Están jugando con una pequeña pelota… ¿Qué podría suceder?
– Ehm… ¿podrían golpearnos con la pelota? – Inuyasha emitió una risa suave.
– Bueno, si, podrían golpearnos, pero mas importante que eso, en cualquier momento la pelota podría rebotar hasta la calle y los niños no considerarían mirar si es que viene un auto… asi que en ese caso tendrías que estar preparada para frenar.
– Aaah, entiendo.
– También siempre puedes encontrarte con conductores imprudentes… pero eso, a la defensiva ¿entendido?
– Entendido. – sonreí.
– Buena chica. Este auto es bastante pequeño, asi que no tendrás problemas para estacionar o doblar. Además, es automático, asi que solo tienes dos pedales: uno para acelerar y otro para frenar y no utilizas palanca de cambio.
– Vaya… has considerado todo para simplificarme la vida.
– Por supuesto.
– Eres el mejor. – aproveché el semáforo en rojo para robarle un beso casto y el me sonrió en respuesta.
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Llegamos al centro comercial quince minutos después y apenas entramos a la tienda gigante de muebles y cosas de bebé sentí el pánico invadirme y es que en realidad no tenía idea de que cosas se tenían que comprar aparte de la cuna o un coche. Miré a Inuyasha a mi lado quien lucía igual de confundido que yo.
– Bien… siendo honesta no se que mierda comprar… asi que me parece una buena idea recorrer la tienda completa y familiarizarnos con ella.
– Te sigo.
Comenzamos por la zona de las cunas. Habían tantos diseños que no supe por cual decidirme. Por suerte una vendedora se nos acercó justo en el momento indicado.
– Hola, ¿puedo ayudarlos en algo? – me sonrió cariñosa por unos instantes y luego desvió la mirada completamente a Inuyasha con una sonrisa aún más amplia. Okey ahora mismo quería que se fuera.
– Ehm… somos papás primerizos y no tenemos idea de nada, sería ideal que nos recomendaras la mejor cuna según tus conocimientos. – Inuyasha contestó por mi y yo me mantuve mirándola con ojos asesinos.
– Ah, entiendo… bueno para recién nacidos lo mejor que existe en el mercado es esta cuna que ven aquí. – musitó mientras nos indicaba una de las tantas en venta. Al mirarla con atención noté que era de color blanco y tenía un dosel en la parte de la cabecera. – Además de su hermoso diseño es bastante cómoda y funciona como mecedora en caso de necesitarlo.
Miré a Inuyasha a mi lado.
– ¿Qué opinas? Me encantaría tener los primeros días a nuestra bebé mas cerca en nuestro cuarto, después podríamos cambiar la cuna a la habitación contigua.
– Me parece perfecto. – asintió a la vendedora y esta la anotó en la lista de compras.
– También necesitaremos un coche. – musité
– Síganme por aquí.
Nos mantuvimos en eso por al menos una hora, pero compramos todo lo necesario, incluyendo cuna, coche, un móvil con peluches adorables, algunas prendas de ropa y un espanta cucos precioso. Además compramos mercadería suficiente para sobrevivir en nuestro nuevo hogar y el juguete que le habíamos prometido a Aki.
Al finalizar el día de compras y terminar de llenar el auto con todas las bolsas y cajas, Inuyasha extendió una de sus manos hacia mi, entregándome las llaves.
– Bien, todo tuyo. – tomé las llaves dubitativa y me puse frente al volante sin saber que hacer. – Primero… introduce las llaves y enciende el motor. – obedecí de inmediato y el ruido me indicó que lo había logrado. – Genial… ahora, presiona suavemente el acelerador.
– ¿Qué significa suavemente para ti? Es bastante subjetivo.
– Que no lo presiones a fondo o el auto se te disparará hacia adelante a toda velocidad. – Lo miré con pánico por unos segundos antes de obligarme a confiar en él. Aún con miedo cargué mi pie sobre el pedal y sorprendentemente el auto comenzó a avanzar.
– Bien, quiero que manejes con cuidado recorriendo todo este estacionamiento, pronto te acostumbraras a las dimensiones del auto.
Mientras me mantuve manejando en recto todo pareció ir bien, obviando el hecho de que iba demasiado lento, pero Inuyasha no dijo nada al respecto.
– Aquí tienes que girar… no gires el volante completamente, sólo un poco. – hice caso y para mi asombro giré sin problemas. – super, ¿ves que es sencillo? Ahora quiero que aumentes un poco la velocidad. En Tokio no podrás moverte a 5 kilómetros por hora. – me reí nerviosa ante su comentario.
Apreté el acelerador levemente y cuando el auto aumentó su rapidez de pronto entré en pánico y apreté el freno a tope, provocando que yo e Inuyasha nos moviéramos bruscamente hacia adelante.
– Ups... ¡Lo siento!
– No no, está bien, el freno también se aprieta suave, a menos que algo se te cruce por delante y no quieras chocarlo.
– Okey… en resumen, todo se hace suavemente a menos que esté persiguiendo a alguien o evitando atropellar algo.
– Exacto.
Me mantuve en práctica por al menos una hora y para el final iba a una velocidad bastante decente y era capaz de girar sin problema.
– Bien, detente aquí. – frené suave y el auto se detuvo sin violencia. – ¡fantástico! Ahora lección numero dos: estacionar. Este centro comercial te demarca los estacionamientos asi que es ideal para aprender.
Inuyasha me explicó como hacerlo al menos unas tres veces y cuando creí comprenderlo lo suficiente lo intenté. Estacionar de frente fue fácil, sin embargo hacerlo entrando con la parte posterior del auto fue mucho más complejo, aunque lo logré después de varios intentos. Por suerte no habían autos anexos que pudiera chocar.
Paré el motor y lo miré sonriente esperando mis felicitaciones.
– ¿y bien? ¿Qué opinas?
– Lo has hecho bastante mejor que yo en mi primera lección de manejo. – me lancé a sus brazos y lo besé.
– Eres el mejor profesor para esto, muchas gracias.
– Esto te deja con bastante ventaja para entrar al curso de manejo oficial. Creo que dentro de tres semanas podrías tener tu licencia sin problemas.
– ¿Y no puedes sólo enseñarme tu?
– No puedo sacarte a las calles sin una licencia a menos que el auto diga que eres practicante y vayas con un profesor que se haga responsable por ti. Eso es justamente lo que te falta aprender. Mantener distancia con otros autos y manejarte en las pistas de ciudad, considerando semáforos y señales del transito.
– Entiendo… bueh, puedo hacerlo.
– Se que si… en tres semanas podrás recorrer la ciudad por ti misma.
Le entregué las llaves y nos bajamos para cambiar de asiento.
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Cumplimos con la promesa que le habíamos hecho a Aki llegando un par de horas después y el cachorro nos recibió contento, lancé el pequeño hueso de goma que le habíamos comprado y para cuando lo atajó no volvió a soltarlo más.
Me encargué de acomodar la comida en la alacena y en el refrigerador mientras Inu subía la cuna y las cosas para el bebé.
Nos entretuvimos durante la tarde decorando la habitación de Moroha. Al final del día la cuna quedó armada temporalmente allí, con la idea de que cuando naciera la cambiaríamos de lugar a nuestra habitación.
– Me encanta como ha quedado. – dos de las cuatro paredes estaban pintadas en un tono rosa claro y las restantes en blanco. La decoración con cuadros y pequeños peluches coloridos hizo que mis ansias de tenerla entre mis brazos aumentaran. Además de la cuna, Inuyasha había comprado con anterioridad un sofá y ambos estaban acomodados uno al lado del otro, con la intención de que cuando tuviera que alimentar a Moroha, pudiera sentarme allí.
Me enternecí al notar que el peluche de shiba Inu que le había regalado estaba sentado en el sofá.
Inuyasha me abrazó por la espalda y besó la cima de mis cabellos con delicadeza.
– Me alegro de haber dejado esta habitación para que la decoráramos juntos… ha quedado muy bonita y acogedora.
Me giré para tomar su rostro entre mis manos y besarlo. Entreabrí mis labios cuando sentí su lengua acariciar mis labios rogando por una entrada y suspiré cuando me abrazó por la cintura.
Ambos nos quedamos dormidos apenas entramos en la cama, el día había sido agotador.
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Abril, 2018.
3 semanas después
(Perspectiva de Inuyasha)
Troné mis dedos antes de beber un sorbo de whisky mientras Miroku sacaba mas hielo de su refrigerador.
– ¿Cómo han estado las cosas con Kag? – preguntó.
– Perfectas, sólo me gustaría poder pasar mas tiempo del día con ella, el trabajo me consume de lunes a viernes.
– Hmm… pero te estás viniendo a las cuatro… algo es algo.
– El tema es que nunca será suficiente para mi, preferiría pasar todo el día junto a ella.
– Bueno, te comprendo totalmente en tu faceta aprehensiva. ¿Dónde esta ahora?
– En sus clases de manejo, sale a las seis
– ¿has pensado como pedirle matrimonio al final?
– No… pero estuve trabajando el último mes en el diseño de su anillo y ya está listo.
– ¡Por fin!, déjame verlo.
Saqué de mi chaquetón la pequeña cajita de terciopelo azul marino y la abrí frente a un expectante Miroku. Dentro de ella relució un recatado anillo de oro blanco, en estilo solitario. La circunferencia que rodearía su dedo estaba diseñada de tal forma que parecía una fina enredadera con hojas pequeñas… La piedra central era un zafiro circular de un centímetro de diámetro, el que estaba acompañado por dos diminutos diamantes incrustados en el metal, uno a cada lado.
– Amigo, este anillo esta precioso, incluso yo aceptaría casarme contigo sin ningún problema. – ambos nos reímos ante su broma. – Asumo que el zafiro es por el color favorito de Kag. – yo asentí.
– El zafiro representa a Kagome, los dos diamantes que lo acompañan nos representan a Moroha y a mí.
Miroku sonrió.
– Es delicado y discreto, creo que va completamente con el estilo de Kag.
– Yep. Mi padre me recomendó regalarle uno con un diamante central gigante, pero sé que a ella le gustan los anillos finos y con piedras ni tan grandes ni en gran cantidad. Ahora sólo necesito con urgencia idear una forma de pedírselo.
– Bueno, la verdad no se me ha ocurrido nada. – exclamó sincero mientras se sentaba frente a mi en la encimera.
Guardó silencio mientras pensaba en algo hasta que de pronto me miró sonriente y triunfante.
– Quizás podrías hacer un juego de pistas.
– ¿pistas?
– Sip… dejar pequeñas pistas en distintos lugares de la ciudad para que pueda encontrarte en un punto final donde le pidas matrimonio. – medité la idea y realmente no parecía mala.
– Podría designar lugares importantes para los dos por los que ella tuviera que pasar, antes de encontrarse conmigo.
– Bien, designemos los lugares juntos. Según yo el primero debería ser…
– Donde nos conocimos.
– Exacto.
– Puedo solicitar el permiso en la universidad para adornar el sector. Ahí dejaré una pista que la guíe a… el café donde tuvimos nuestra primera cita después de reencontrarnos tras tres años separados.
– Suena bien, después de todo es el lugar donde todo comenzó otra vez.
– Y puedo dejar su café favorito de regalo, para que no me odie por hacerla ir de un lugar a otro. – Miroku se rió.
– Perfecto. ¿Tercera estación?
– Podría reservar un salón de eventos en uno de los mejores hoteles que conozco, cenar para luego al final de la noche pedírselo.
– ¿ves que no ha sido complejo? Suena bastante bien para mi.
– Obtendrá su licencia en un par de días asi que viene perfecto para el momento. Podrá moverse de estación en estación sin ningún problema.
– Entonces ¿Qué día lo harás? – luego de hablar se llevó el vaso con alcohol a la boca.
– Tiene que ser un fin de semana… podría ser el sábado de esta semana, asi me aseguro que su universidad esté vacía y de no estar trabajando, obviamente.
– Listo, decretado, no puedes arrepentirte.
– Nunca me arrepentiría, mi vida ya está unida a la de ella, el matrimonio es solo el paso formal.
Miré la hora en mi reloj y comprobé que faltaban pocos minutos para que Kag llegara. Bebí el último sorbo de whisky que quedaba en el vaso de cristal y me puse de pie.
– Bien, tengo que irme. Necesito pedirte un favor.
– Lo que quieras.
– Bueno, aparte de que tendrás que ayudarme con la preparación de la propuesta si o si. ¿Guarda el anillo aquí por esta noche? Mañana me lo pasas en la oficina y lo guardaré en el escritorio de allá, pero no quiero que Kag vaya a encontrarlo por error en nuestra casa.
– Obvio, arruinaría todo. No te preocupes, lo guardaré yo por hoy y te lo entrego mañana.
– Perfecto, eres el mejor amigo existente.
– Lo sé.
– ¿a todo esto Sango dónde está?
– Fue a visitar a su madre por el día, debe estar por llegar también.
Literalmente caminé 20 pasos para llegar a casa y cuando entré en ella Aki me tacleó, ya se me había hecho habitual esa clase de recibimiento.
– "Te extraño, ¿Cuánto te falta para llegar?" – esperé por su respuesta unos segundos.
– "Me pasé a ver un paciente a domicilio, llego en 15 minutos"
Me preocupé de inmediato. Kag aun no obtenía la licencia y el auto estaba en el garaje asi que asumí que se había movilizado o en taxi o en transporte público, situaciones que habia querido evitar, al menos cuando el sol ya se había escondido.
– "Voy por ti, dame la dirección"
– "No es necesario"
– "Para mi lo es, no me quedaré sentado aquí" Podía apostar a que en ese mismo momento estaba suspirando hastiada.
– "Diagonal oriente, numeración 1166"
– "Salgo ahora"
Subí a Aki a mi auto y puse el gps en el teléfono. Llegué al lugar unos 20 minutos después y esperé pacientemente a que Kag saliera. La casa era bastante bonita, con un jardín floreado y una cerca blanca. Esperé por unos minutos a que su silueta apareciera y sonreí como idiota cuando la vi.
Kagome había vuelto a su pelo azabache que yo tanto amaba y sumida en la oscuridad de la noche e iluminada sólo por la luna llegaba a verse incluso azulino. Sus bucles rebotaron de forma graciosa mientras caminaba a paso rápido al auto. Abrí la puerta para ella sin bajarme y cuando estuvo sentada a mi lado me sonrió. Pude notar que su traje clínico venía lleno de pelos.
– Hola mi amor.
– Hola ¿Qué tal te ha ido?
– Bien, lamento no haberte avisado antes… surgió como urgencia y no podía ignorarla.
– Lo sé… sólo que mientras no tengas tu licencia no me gusta que estés movilizándote de noche.
– Hablando de eso… – abrió su bolso buscando algo y cuando lo encontró lo extendió hacia mi con una sonrisa – Me han entregado mi licencia de conducir hoy.
– ¿qué? ¿no se suponía que sería en tres días?
– Mi profesor me ha felicitado hoy y si bien estaba planificada para tres días… puede que haya usado mi control mental para apurar el trámite. – hizo una mueca de culpa y yo me reí.
– Yo habría hecho lo mismo… – miré la foto en la pequeña tarjetita y volví a hablar – Sales muy linda.
– Gracias. Asi que nunca mas taxi, nunca mas transporte publico. Nunca mas Inu preocupado. – se estiró para besarme y acariciar mi mejilla.
– Te equivocas en lo ultimo. – musite entre besos. – Siempre estaré preocupado por ti.
Me miró fijo antes de volver a besarme, esta vez con hambre y se separó unos minutos después cuando el aire comenzó a escasear. Sus mejillas sonrosadas mientras miraba mis labios de pronto lograron encenderme. Dios…¿Cómo lo hacía? Ni siquiera tenía que esforzarse para despertar mi deseo.
Me giré para encender el motor y concentrarme en el camino de vuelta a casa.
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El resto de la semana fue preparar la propuesta de matrimonio junto a Miroku. La primera estación era el patio de la universidad donde habíamos pasado varios años estudiando. Solicité los permisos correspondientes y sorpresivamente no tuve mayores problemas al ser alumno egresado.
– Asi que va a pedirle matrimonio a su novia. – la directora de la facultad me miró con ilusión; ahora que lo meditaba en general las mujeres tenían la misma reacción al hablar de compromiso.
– Asi es, este es el lugar donde la conocí, asi que constituye parte importante de mi propuesta.
– ¿y ella debe buscar algo aquí?
– Este sobre. – exclamé mientras se lo extendía – Debe ser entregado a ella ese día… Mi mejor amigo se encargará de ello.
– Comprendo, bueno, como institución nos encargaremos de que salga perfecto y no haya interrupciones, usted fue un alumno de excelencia durante su años de estudio, asi que considere esto como un favor.
– Muchas gracias.
Me estacioné frente a la segunda estación: la cafetería de nuestro reencuentro. Dejé como orden entregarle otro sobre junto a un café de caramelo.
Para la última estación me preocupé de rentar un salón de eventos en uno de los mejores hoteles de Japón. Pretendía llenarlo de peonías y darle una cena que no olvidara nunca. Ahora dentro de todo ello y si ella me daba el sí, la suite del último piso también estaba reservada para nosotros. Miroku me miró con incredulidad luego de verme cerrar el trato con el gerente del hotel.
– Me impresiona lo mucho que puedes comprar con tu dinero. Literalmente has reservado la sala de eventos con dos días de anticipación sin ningún problema.
– En realidad… más que dinero ha sido un favor cobrado que le debían a mi padre. En algún momento las empresas Taisho invirtieron en este hotel y fue lo que les permitió pasar de tres a cinco estrellas, cambiando toda la fachada y la infraestructura que les ha traido tantos clientes y buena fama durante años. Es por eso que me lo han entregado de inmediato.
– Ah bueno…si lo pones de esa manera.
– ¿crees que si le pido ayuda a Sango con algo puedo guardar el secreto?
– Es mas cercana a Kag como amiga, pero ella sabrá que contarle significaría arruinar la sorpresa mas importante de su vida, asi que créeme, guardará el secreto.
– Genial. Necesito que me ayude a elegir un vestido semi formal. Tengo entendido que ella diseñó el vestido azul que llevaba Kag en su boda.
– Si… la verdad conoce muy bien los gustos de su mejor amiga.
– Eso es justo lo que necesito. – musité mientras marcaba el número.
Sango me contestó a los segundos después.
– ¿Pasa algo?
– No no, primera pregunta, contéstame si o no. ¿estas con Kagome ahora?
– No, ella tenia que atender unos pacientes en la consulta de su casa. ¿debería correr a decirle que me has llamado en modo sospechoso?
– No, escucha, estoy con tu marido ahora, me está ayudando a planificar una sorpresa para Kag.
– ¿Qué clase de sorpresa?
– Voy a pedirle matrimonio, pero necesito que guardes el secreto. – recibí un chillido emocionado de Sango desde el otro lado.
– Por supuesto que si, no quiero arruinar la sorpresa. ¿Qué necesitas de mi?
– Que me ayudes a conseguir un vestido bonito y elegante para Kag, no de gala, pero si para un cóctel.
– Hmm… hoy no tengo mayores planes asi que puedo ir hoy mismo a comprarlo.
– Genial, cuando lo encuentres dime cuanto cuesta y yo te deposito el dinero.
– Trato, saldré ahora mismo, antes de que Kag termine sus consultas.
Me cortó de inmediato luego de eso.
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El día sábado llegó más rápido de lo que esperaba y me levanté temprano para servirle desayuno en la cama. Kagome me sonrió cuando llegué con una bandeja llena de comida.
– ¿y esto? – preguntó mientras se sentaba.
– ¿No puedo llevarle desayuno a la cama a la mujer mas linda del mundo? – ella me sonrió. – Buenos días gatita.
– Buenos días. – me senté a su lado luego de dejar la bandeja frente a ella. Se estiró levemente para besarme y yo sentí mi corazón aumentar sus latidos como si aún siguiera siendo un adolescente enamoradizo.
Mientras la veía comer los nervios y la ansiedad me mataban por dentro. ¿Qué pasaba si Kag me decía que no? ¿Nuestra relación se volvería incómoda? ¿podríamos siquiera seguir juntos?
– ¿pasa algo? – su voz me sacó de golpe de mis pensamientos.
– ¿Ah?... no, me gusta admirarte mientras comes tan feliz. – una risa suave sonó mientras se llevaba otro bocadito a la boca.
– Ahora que tengo menos nauseas la vida es incluso mas linda. Pero come algo también, no me hagas sentir un dinosaurio que se come todo por favor. – me reí y tomé uno de los vasos con jugo natural, para luego comer una de las galletitas.
El día anterior Sango había llegado a mi oficina con el vestido de Kag y debía admitir que no me había equivocado en pedirle ayuda. La tela del vestido era en un color azul petróleo oscuro, iba bastante ajustado en la parte del pecho con un escote en "V" y justo bajo él la tela comenzaba a caer suelta, de modo que la pancita se disimulaba más. Era un vestido corto y el equilibrio perfecto entre formal e informal.
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*flash back*
– Es perfecto. – musité mientras le sonreía a mi amiga. – Pero me complica llegar con esta enorme caja a casa.
– Me lo llevaré a la mía. Además, te tengo otra solución para un problema en el que no has pensado.
– ¿Cuál problema? – me tensé.
– Kagome mañana estará todo el día en casa, lo que significa que no podrías ordenar todo para comenzar el juego de pistas. – mierda, no había pensado en eso. – He conseguido que una amiga que vive mas menos lejos llame a Kag para solicitarle una consulta a domicilio por un control sano para su gato.
– ¿Kag ya lo sabe?
– Ajá, mañana debería partir cerca de las 5 de la tarde a atender a su paciente.
– Perfecto, me has salvado de un error brutal, gracias.
– No hay de qué.
*fin de flash back*
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– Podríamos ver una película después de almuerzo. – exclamé mientras esperaba que me dijera que no. Kag me miró con ojos sorprendidos y luego un poco culpables.
– Ah… lo siento, hoy no puedo, tengo que ir a ver a un paciente a unos 30 minutos de aquí… debería llegar cerca de las 7, por si te interesa hacerlo a esa hora.
– No tengo nada que hacer durante el día, asi que te espero. – Le di un pequeño beso corto en los labios y me levanté de la cama para ducharme mientras Kag seguía comiendo.
Para cuando se despidió con un abrazo y un beso en mis labios, esperé a que saliera en su auto y miré a Aki a mi lado.
– Bien, hora de ordenar todo aquí.
Miroku y Sango llegaron unos minutos después a ayudarme. Me duché por segunda vez en el día y me vestí con una camisa blanca y pantalones formales. Busqué una chaqueta negra a juego y al mirarme al espejo noté que otra vez volvía a lucir como un novio. Luego de unos minutos de trabajo express la sala de estar relucía en limpieza, con una caja blanca envuelta con un lazo rojo y un sobre justo al lado.
– Bien Sango, tu te encargarás de vigilar desde tu casa y avisarme cuando Kag salga en dirección a la primera estación. ¿vale?
– Vale. – se acercó para arreglar las solapas de mi chaqueta y me sonrió. – Expeles nerviosismo, todo saldrá bien, Miroku y yo te ayudaremos para ello.
Miroku me sonrió y extendió en sus manos la cajita de terciopelo con el anillo. La abrí y admiré el brillo azulino y blanco por unos segundos.
– Todo tuyo, no la cagues.
– Intentaré no hacerlo. – su risa ronca me dio ánimos.
– Voy a la universidad para entregarle el sobre a Kag. Tu deberías ir al hotel ya.
– Totalmente de acuerdo.
Para cuando llegué al salón de eventos esperaba que mi novia hubiera llegado a casa. El lugar estaba lleno de peonías en color rosa con una mesa para dos en el centro. Del techo caían pequeñas luces colgantes que parecían luciérnagas en un jardín.
– ¿Es de su agrado señor? – preguntó el gerente a mi lado.
– Todo bien, muchas gracias.
Me senté mientras esperaba… en teoría Kag debía llegar por lo menos en una hora más. Sin embargo, los nervios no me abandonaron en ningún momento.
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(Perspectiva de Kagome)
La gran cantidad de autos para el atardecer significaron casi una hora de viaje de vuelta a casa. Me alegré de ser una youkai mientras mantenía fija mi vista en la autopista, si fuera humana estaba segura de que estaría cansadísima y no podría ver la película con Inuyasha. Sonreí al pensar que él me esperaba en casa.
Para cuando llegué y prendí las luces me sumí en el silencio del lugar. Frente a mi destacó una caja con un rosetón gigante en rojo. Un sobre estaba a su lado, pensé que era mejor leerlo antes de ver lo que estaba dentro.
Una carta en caligrafía elegante apareció y comencé a leer.
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Buenas noches gatita:
Ahora que estás de vuelta en casa debo decirte que he decidido hacer un pequeño cambio de planes. No habrá película si no un pequeño juego para nosotros.
Te preguntarás el por qué. Bueno, la verdad es que, si lo notas, ambos hemos conseguido bastantes metas juntos; tenemos una casa hermosa, una familia próxima a consolidarse y estás cumpliendo tu sueño de ser la mejor "dogtora" de perritos y gatitos, esta vez a mi lado y no a 3 horas de distancia, lo que me hace inmensamente feliz. A pesar de ello no nos hemos dado el tiempo de celebrarlo como corresponde y creo que es tiempo de hacerlo.
He dejado para ti algunas pistas que deberás seguir para llegar a mi lado, donde ahora mismo estoy esperándote. Tendrás que hacer dos paradas mas antes de encontrarme. Será entretenido, lo prometo.
El primer lugar al que debes ir es justamente donde todo ha comenzado hace cuatro años, a que puedes recordar la primera vez que nuestras miradas chocaron.
Lo que hay dentro de la caja es lo que he comprado para que uses. Espero que sea de tu gusto.
Pd: He llevado a Aki con mis padres, asi que no te preocupes por ello, de seguro ahora mismo debe estar corriendo en el jardin.
Te amo
Inuyasha.
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Me quedé ahí sonriendo embobada por unos segundos antes de abrir la caja. Un vestido en azul petróleo oscuro apareció frente a mí. Tomé la caja y corrí a ducharme, no quería hacerlo esperar mas de la cuenta.
Me miré en el espejo y sonreí a mi reflejo. El color hacía lucir mi piel aún mas blanca y el escote apretado resaltaba mis ahora aun mas grandes pechos. Agradecí internamente que el vestido cayera suelto por sobre mi pancita, de ese modo disimulaba bastante la "sandía" que llevaba adosada a mi cuerpo. Estaba segura de que nadie podría saber que estaba embarazada si me veía de este modo.
Delineé mis ojos rápidamente en mi clásico delineado de gato y sequé mi cabello antes de salir, las pequeñas ondas al final de cada mechón se formaron sin problemas.
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Me subí al auto con un destino claro: Mi universidad. Inuyasha tenía razón, aún podía recordar el encuentro de nuestras miradas esa primera vez. ¿Quién iba a pensar que llegaríamos tan lejos juntos?
Estacioné frente a la facultad e intenté recordar el lugar específico del patio en el que lo había visto en aquella fiesta improvisada. Cuando lo encontré Miroku me sonrió y me entregó otro sobre.
– El vestido te ha quedado genial.
– Gracias… asumo que tú sabías de todo esto.
– Ajá, he ayudado a organizarlo. Inuyasha espera por ti, asi que lee el sobre pronto.
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Todo comienza un viernes por la noche.
Asumo que has adivinado sin mayores problemas para llegar aquí, asi que ¡yay! Dentro del sobre hay otro pequeño regalo que hará juego con tu vestido.
El segundo lugar al que debes ir es justamente donde todo volvió a empezar después de tres años separados, coincidentemente el nombre del lugar significa "deseo" si lo traduces al español y lo que mas deseaba en ese entonces era volver a estar a tu lado.
Estás un paso mas cerca de encontrarme.
Te amo
Inuyasha.
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Busqué dentro del sobre y una cadena fina de oro blanco relució. El colgante tenía lo que parecía ser un pequeño zafiro en el centro, rodeado por 6 pequeños diamantes que le daban el aspecto de flor.
Miré a Miroku sin palabras y con mis ojos levemente vidriosos. La verdad si me ponía a pensar en mis parejas anteriores, nadie se había dado el tiempo de hacer algo tan significativo como esto, y no lo decía por los regalos, que de seguro habían sido costosos, si no por las palabras y las memorias que él se había encargado de traer de vuelta a mí.
– No llores pequeña, deberías estar contenta ¿no? – me miró preocupado mientras me abrazaba.
– Lo estoy, es sólo que me emociona cada detalle que él tiene conmigo. En general mis relaciones fueron siempre entregar mas de lo que recibí y no en cuanto a cosas materiales, si no a cariño… Por primera vez me siento realmente amada por alguien.
– Siendo el mejor amigo de Inuyasha por unos 500 años, créeme cuando te digo que te ama con el alma. Me alegro de que te encontrara a ti como compañera, eres el complemento perfecto que apareció para él después de muchos siglos de soledad. Sin embargo contigo es totalmente vulnerable, asi que cuídale ¿vale?
– Que no te quepa duda de ello. – extendí la pequeña cadena hacia él. - ¿Me ayudas?
Me sonrió y me giré llevando mi pelo hacia un costado para darle visión. El collar quedaba perfectamente adosado al perímetro de mi cuello.
– Me voy, deséame suerte.
– Suerte, aunque no la necesitas. – revolvió mis cabellos como si fuera una niña pequeña y caminé a paso rápido de vuelta a mi auto.
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Si había comprendido bien… la tercera pista debería estar en la cafetería "Nozomu". Para cuando llegué uno de los meseros me sonrió y me habló.
– Asumo que tu eres Kagome.
– Sip.
– Tengo algo para ti.
Extendió hacia mi otro sobre y sonreí mientras lo abría.
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"El café es más dulce contigo"
Te he hecho ir de un lado a otro y de seguro debes estar cansada. Para tu fortuna (y la mía) estás a sólo un viaje de encontrarte conmigo.
El siguiente lugar es nuevo, pero pretendo que forme parte de nuestros recuerdos más preciados. La dirección es Avenida Ritz 0902. Estoy ansioso por verte, asi que no pierdas tiempo.
Pd: Para compensarte un poquito por los trayectos he dejado encargado un café de caramelo para ti, tu favorito.
Te amo
Inuyasha.
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Manejé ansiosa y expectante mientras bebía mi café de caramelo. Llegué a la dirección luego de unos 40 minutos y pude notar que correspondía a uno de los hoteles más lujosos de Japón: el Ritz Carlton.
Caminé dubitativa hacia la entrada. Quien me abrió la puerta me sonrió.
– ¿Necesita hospedarse?
– Ah no, me dejaron indicaciones para llegar aquí, Inuyasha Taisho me ha dado la dirección. – me sonrió en respuesta.
– El señor Taisho la está esperando. Acompáñeme por favor. – asentí y caminé tras él.
Sentí mi corazón latir con fuerza y rapidez como si de pronto mi vida fuera a cambiar. Relájate Kagome, es sólo una celebración.
Para cuando entré en el salón de eventos éste estaba repleto de peonías en su interior y me maravillé en la mezcla de color rosa y verde, iluminado tenuemente por pequeñas luces colgantes que me recordaban a las luciérnagas. De pronto me sentí en un cuento de hadas.
Enfoqué mi mirada en el centro e Inuyasha me miró sonriente mientras extendía su mano a mí, invitándome a acercarme.
No lo dudé y cuando el mayordomo cerró la puerta tras de mi me acerqué a una fuerza desmedida para llegar a su lado. Me colgué de su cuello con los brazos y lo besé con todo el amor que pude encontrar dentro de mi corazón.
– ¿Qué es todo esto?
– Una celebración… he querido sorprenderte, ¿ha funcionado?
– Con creces. – se rio suave y volvió a besarme para luego mirarme de la cabeza a los pies.
– Te ves preciosa, perfecta, como siempre.
– Tu te ves aún mejor.
– Mientes.
Se acercó para tirar una de las sillas hacia atrás e invitarme a sentarme. Él se sentó frente a mi y extendió sus manos hacía una de las mías por sobre la mesa.
– Me encantaría poder ofrecerte algo de beber con alcohol, pero creo que no será posible.
– Lo sé…
– Mientras esperamos por la comida, quiero decirte algunas cosas. Iba a hacerlo mas tarde, pero necesito hacerlo ahora – me tensé de inmediato y lo miré con preocupación.
– ¿Cosas buenas o malas?
– Buenas, no te preocupes de más. – me sonrió para brindarme ánimos y yo asentí.
– De forma recurrente pienso en el momento en el que te conocí. – musitó mientras me miraba fijo y yo me hundía en el dorado de sus ojos. – Cuando mis ojos se toparon con los tuyos de pronto sentí como si hubiera despertado de un letargo después de años permaneciendo en modo automático. Me sonreíste y supe desde ese instante que no podría sacarte de mi cabeza. La mezcla del chocolate de tus ojos y tu aroma a vainilla y fresas me atrapó en un instante. Sé que hemos pasado por muchas cosas, sé que me porté mal contigo y te fallé en una oportunidad. A pesar de ello y de que nos separamos por un tiempo, jamás desistí en mi idea de pasar la eternidad junto a ti y cuando te vi caminar por el pasillo de la iglesia en la boda de Sango y Miroku mis convicciones al respecto se hicieron aún más fuertes. Quiero que sepas que yo… yo quiero entregarte todo para que seas feliz, quiero que despiertes cada mañana a mi lado sabiendo que puedes contar conmigo, que siempre me tendrás, por que no importa cuanto tiempo pase, cada día será una oportunidad de amarte aún más de lo que ya te amo. Tu y yo hemos sido unidos por el destino, yo nací para conocerte y tu naciste para conocerme.
Sentí mis ojos llenarse de lagrimas rebeldes a punto de desbordarse y él me sonrió mientras se ponía de pie para llegar a mi lado. Acarició mi mejilla y limpió un par de gotas salinas que no pude evitar.
– Te amo mucho Kagome, ahora y siempre… Es por eso que… – sentí su corazón latir con fuerza y sentí sus manos temblar por unos instantes sobre mi rostro. – Yo, Inuyasha Taisho… – Llevó una de sus manos a su bolsillo y sacó una pequeña cajita de terciopelo azul. Lo miré confundida y sentí como si mi corazón se hubiera detenido por unos instantes. – Te pido aquí y ahora que por favor te cases conmigo, porque mi corazón te pertenece.
Eso ha sido todo por hooooy, espero queden conformes y les encante el cap :3 ¿Qué les ha parecido la propuesta de Inu? mientras lo escribía lo he amado demasiado :c sdjnfjf
Actualizaré este fin de semana! un abrazo virtual.
Frani.
