Pasada casi una hora y media después en la oscuridad del bosque bajo un cielo lleno de brillantes estrellas y bajo la pálida luz de la luna que empezaba a descender, Clarke y Lexa seguían sin moverse de donde se encontraban.
La única diferencia es que Clarke ahora estaba sentada en el suelo y que Lexa estaba recostada sobre la dura y fría tierra con la cabeza apoyada en su regazo y las lágrimas recorriendo su vencido y devastado rostro en el más absoluto silencio.
Clarke hacía rato que había dejado de hablar y acariciaba su brazo en silencio como si con sus caricias quisiese arrancarle todo aquel dolor y llevárselo consigo para que se desprendiese de este.
El eco de la música de fondo y el lejano bullicio del gentío al igual que los ásperos derrapes que hacían vibrar la montaña eran lo único que llenaba aquel aciago y melancólico silencio.
Lexa temblaba como un pequeño pajarillo que se hubiese caído de un árbol y anhelase la protección que una mano amiga y amorosa le pudiese ofrecer, apenas sentía los dedos de Clarke, cálidos y ligeros sobre su piel ni el suave aliento de su respiración o el tacto de sus labios cuando esta se inclinaba sobre su pelo ofreciéndole el más mínimo de los roces.
Permanecieron en silencio varios minutos más, Lexa con la mirada perdida en algún punto tenebroso de la más absoluta oscuridad que el bosque les ofrecía con la mano apoyada en el muslo de Clarke junto a su cara.
—Intente... —murmuro Lexa en un tono apenas audible y rasgado que hizo que Clarke dudase de si la había oído hablar o no.
La rubia policía que disfrutaba contemplando su rostro desde hacía mucho más rato del que quisiese aparentar, llevo la mano suavemente a su mejilla apartándole el pelo con delicadeza que humedamente se pegaba al hermoso contorno de su cara por las lágrimas.
—¿Has... has dicho algo? —le murmuró Clarke inclinándose ligeramente más hacia delante pretendiendo oírla insegura de si había hablado o no.
Lexa que sintió una pesada lagrima desprenderse de su ojo y recorrer la curva de su cara en silencio cerro lentamente sus ojos sin apenas voz.
—...intente quitarme la vida... —murmuró Lexa tan lentamente y tan bajito que a Clarke le costó escucharla y cuando entendió lo que ella le estaba contando su rostro palideció súbitamente—. ...al cumplir los trece años...—los ojos de Lexa se entreabrieron llenos de lentas lagrimas que nublaron su vista y su voz apagada y apenas audible solo murmuró—. ...nadie nunca lo supo...
Otra lenta lágrima resbalo de su ojo y se deslizó por la tersa piel de su cara hasta ir a parar a su nariz en un surco imperfecto, y Lexa ni siquiera pareció ser consciente de ello mientras rememoraba casi para si lo ocurrido sin moverse apenas.
—No creí...en ese momento no creí que... fuese a importarle a alguien... en realidad...—Clarke sintió como el estomago se le encogía y como la voz se le atoraba en la garganta incapaz de decirle lo más mínimo mientras escuchaba.
Lexa hizo una larga pausa mientras a su mente acudían imágenes algo borrosas sobre aquel fatídico día pero aún así continuó sintiendo el ahora ya involuntario movimiento de los dedos de la rubia acariciando su brazo.
—Recuerdo que... ese día no... no paso nada especial...—la voz de Lexa se perdió un instante al igual que su aciaga memoria y Clarke intentó no imaginarla haciendo una cosa así—. Solo salí de clase y... y me dirigí a casa para... ducharme y quizás comer algo...—murmuró Lexa sin apenas inmutarse con la cabeza apoyada sobre el muslo de Clarke y la mirada perdida en las oscuridad entre los árboles totalmente inmersa en aquella confidencia—. Pero... cuando llegue, me... di cuenta de que estaba sola... no había agua, porque... por supuesto Gustus no iba a pagarla... y ni siquiera había comprado comida...
Clarke sintió que el pecho le dolía y que un atroz vacío se instauraba en su lugar haciendo su cuerpo temblar ligeramente de cierta rabia e impotencia.
—Me quede allí de pie... completamente sola... en silencio... y permanecí así muchos... demasiados minutos...—musitó lacónicamente Lexa compartiendo con ella algo que no había compartido ni siquiera con su hermana o con Octavia sintiendo que de verdad podía confiar de algún modo en ella, necesitando contar lo que paso de verdad—. Fuera podía... oír perros, y... y algunos coches atravesar la calle... recuerdo que había música sonando en alguna casa cercana, retumbando desde lejos por todo el lugar...
Clarke perfectamente podía imaginarse la escena pues el barrio que Lexa describía no distaba mucho del que ella había encontrado al ir a vivir bajo el techo de los Woodward.
—En... algún momento, supongo que debí moverme... —rememoró ella sintiendo como otra lagrima resbalaba por el rabillo de su ojo y lentamente se deslizaba hasta acabar en el oscuro pantalón de Clarke—. No fue un gesto consciente... —admitió Lexa cerrando los ojos por un instante antes de deslizar la yema de tres de sus dedos bajo su ojo para retirarse las lágrimas—. Juro que no...
Clarke que trago lentamente apartó la mirada de ella hacia los árboles demasiado conmocionada como para que la emoción no se le subiese a sus azules y claros ojos.
—Pero algo... algo me condujo hasta la cocina y... muy sigilosamente como si... Luna me pudiese oír abrí el cajón de los cubiertos...
Esta vez fue la mejilla de Clarke la que fue sorprendida por una lágrima que la rubia apartó con la yema de su dedo con disimulo al tiempo que intentaba asimilar toda aquella información que Lexa le confesaba.
—Saque... no recuerdo bien... me parece que fue un cuchillo con la hoja pequeña y... permanecí mirándolo en silencio...—trató de recordar Lexa costandole bastante recordar bien los detalles teniendo que cerrar lentamente sus ojos con las mejillas totalmente empapadas, calientes y pálidas—. Yo sabía... lo sabía que... un cuchillo no era algo con lo que jugar, que... que era peligroso... —se dijo a si misma como intentando convencerse de ello, como si Clarke ni siquiera estuviese allí—. Luna me lo había advertido una y mil veces...
—Lexa, no tienes que...—se atrevió a murmurar Clarke para que no se sintiese obligada a continuar si no era eso lo que deseaba hacer aunque en el fondo Clarke rezaba por no conocer más detalles acerca de ese suceso. Se sentía absolutamente devastada al imaginarse a una pequeña Lexa pasando aquel trance en su lugar pero Lexa no la escuchaba apenas, demasiado inmersa en sus recuerdos, en sus introspecciones.
—Fue entonces cuando... toda clase de pensamientos me invadieron... mi... mi madre llegando del hospital con Maddie y con Aden... ella saliendo por la puerta, dejándonos... Gustus demasiado borracho para asimilarlo... ellos llorando... Luna llorando... —se dijo con la voz quebrada mientras sus ojos se volvían a llenar lentamente de lágrimas—. Ilian preguntando cuando regresaría... Ontari dormida junto a la puerta esperándola ver llegar...
Aquello estaba siendo demasiado para Clarke, la cual ahora se sentía realmente horrible por haber entrado así en su vida con más mentiras que verdades, con más decepción y dolor del que pudiese merecer Lexa que le ofreciesen.
—No recuerdo como ocurrió exactamente pero... lo que si recuerdo es el dolor... —murmuró Lexa mientras dos lágrimas resbalaban por sus curvas pestañas alcanzando la suave piel de sus mejillas—. Mis... manos... temblaban y... y cuando mire hacia abajo tenía... yo... tenía clavado el cuchillo en... en el estomago... y mi camiseta azul se... se había...
Clarke que tembló al oírla se llevo el dorso de la mano bajo la nariz intentando reprimir las lágrimas que luchaban por escapar de sus ojos.
—...empezaba a... a empaparse con mi sangre... el temblor fue a más y el dolor comenzó a... a volverse insoportable... —una nueva pausa hizo que Lexa exhalase suave y entrecortadamente antes de atreverse a levantar sus anegados ojos buscando los de Clarke con una amarga y tristísima sonrisa—. Supongo que fui una autentica cobarde al... al no quedarme allí hasta el final...
Clarke que apenas podía articular palabra movió su cabeza lentamente negando, intentando mantener el tipo y hacer un amago de sonrisa que pudiese devolverle sin llegar a conseguirlo.
—Cuando Luna llego a casa y me encontró, todos creyeron que... que había tropezado y me lo había clavado por accidente, ella... jamás se lo conté... —aquellos ojos verdes y felinos que enfrentaban los de Clarke sinceramente en su vida fueron los ojos más tristes y a su vez los más hermosos que la rubia había tenido el placer de contemplar en toda su vida—. A mi madre ya no le importaba, se había ido y mi padre... él dudo que hubiese hecho algo de haber sabido la verdad...
Clarke que llevo la mano a su rostro acariciando su húmeda mejilla para apartarle con el dorso algunas pesadas lágrimas apenas encontró voz para expresar todo cuanto quería transmitirle en aquellos momentos.
—Lo... lo siento, Lexa —musito a duras penas con un hilillo de voz entrecortado viéndola a los ojos cargados de pura indulgencia, sinceridad y comprensión—. No sabes cuanto siento que tu vida haya sido así. Lo siento tantísimo...
Lexa que ni siquiera sabía bien porque le había contado aquellas cosas tan intimas, tan personales, y privadas tan solo sacudió su cabeza imperceptiblemente no queriendo que por nada del mundo la compadeciese, y bajo la mirada a la fría y yerma tierra del suelo donde seguía recostada sin más palabras que encontrar.
—¿Podríamos solo...? —pidió Lexa sin apenas voz sintiéndose más cerca de Clarke de lo que se había sentido cerca de nadie en toda su vida y tiempo atrás—. ¿Podríamos quedarnos aquí juntas solo un poco más?
—Todo el tiempo que quieras —reconoció Clarke que no se movería de allí hasta que Lexa se sintiese con fuerzas de regresar a casa junto a ella e inclinándose poso sus labios sobre el pelo de Lexa antes de rodearla con su brazo en ademán protector—. El que necesites, ¿vale?
No, de ningún modo iba a obligarla a hacer nada que no quisiese hacer ni a forzarla a hablar de lo que le había ocurrido a Luna, ni lo que pasaba por su cabeza en aquellos instantes tan dolorosos y duros para ella.
Clarke no podía dejar de imaginar como iban a ponerse sus jefes cuando les dijese que quería apartarse de aquel caso pero aquello era algo que necesitaba hacer ahora mismo sin dudar.
Seguir con aquello estaba destrozándola por dentro y la sensación de culpa y de irrealidad estaban comenzando a devastarla por dentro.
Era demasiado para ella, demasiado... y todo ello lo había provocado su estrecha cercanía con Lexa, nada más que su impuesta y veraz realidad.
No, no podía seguir con aquello.
No podía continuar.
Continuara...
