A primera hora del día siguiente, había llegado un grupo de gente para trabajar con Lena y su grúa. Kara no había parado de quejarse. Lena solo dejaba que fueran los trabajadores y a Alex los que podían tocar su máquina. Es decir, todos, menos Kara.

- Por favor, ¿qué es lo peor que podría pasar? - se quejó la rubia.

- Que rompieras la máquina. O peor, que mataras a alguien. Además, eres más útil enganchando las rocas. - respondió Lena algo enfadada.

- Pero es muy aburrido.

- Kara, eres la única en kilómetros a la redonda que puede hacer eso. Sube arriba y haz tu trabajo. - gruñó Lena alejándose de ella.

- Vaya, está de buen humor hoy. - rio Alex junto a Kara cuando la Luthor no las podía oír.

- Qué me vas a contar. - suspiró Kara.

- Algo habrás hecho ya. - bromeó Alex.

- Déjame en paz, Alex. Vete a hacer tu trabajo. - respondió Kara enfadándose de golpe.

Al mediodía prácticamente habían conseguido retirar todas las rocas más grandes, pero, debajo, volvía a haber más escombros pequeños que tenían que quitar a mano.

- Esto no se acaba nunca. - murmuró Kara. - ¿Alguien ve el altar? - preguntó elevando la voz para que todos la oyeran. Nadie le contestó.

Kara ya se volvía a ver pasando lo que quedaba de día moviendo escombros con Alex. Estaba agotada. Pero para sorpresa de las tres mujeres, los trabajadores de la grúa escalaron las runas y se pusieron a trabajar con ellas.

Ni Kara ni Alex se iban a quejar de la ayuda extra.

Al anochecer habían conseguido quitar un piso de runas. Un bulto resaltaba entre el montón, pero era muy tarde ya para continuar excavando.

Como el día anterior, los trabajadores las siguieron hasta el palacio donde Sam les dio algo de comida y algunas monedas.

Sam y Alex se fueron a los baños mientras Kara subió directa hasta su habitación sin esperar a Lena. La morena subió furiosa detrás de ella.

Kara y Lena apenas habían cruzado un par de palabras en todo el día.

Kara cerró dando un portazo. Lena la siguió abriendo de nuevo la puerta y también cerrándola con fuerza.

- ¿Se puede saber qué te pasa? - le recriminó Lena.

- Eso te lo tendría que preguntar yo. - le contestó con el mismo tono Kara.

- Mira, hasta ahora he intentado tener paciencia. Pero estoy harta.

- No sé de qué me hablas.

- ¿Qué de que te hablo? De que Alex, Sam, Lex, yo, todos somos conscientes de lo mal que estás.

- Yo ya estoy bien. - aseguró Kara.

- No, no lo estás.

- ¿Qué quieres que te diga, Lena? Tratándome así solo me das la razón.

- ¿La razón de qué Kara? ¿De qué eres un monstruo? - le preguntó Lena alterada. No podía ser que Kara siguiera así. Pero la rubia tenía la vista fijada en el suelo sin intención de contestarle. - Mira, Kara. Haz lo que quieras. No puedo más. Solo quiero ayudarte y no haces más que rechazarme.

Eso fue todo lo que Kara supo de Lena en lo que quedaba de ese día. Y, al día siguiente, no apareció para controlar la grúa. Alex le comentó que Lena le había dicho que se podían apañar sin ella y que tenía cosas que hacer.

La sorpresa que Alex y Kara tuvieron ese día fue que cuando llegaron a las runas había una veintena de personas esperándolas.

- Buenos días, ¿sucede algo? - preguntó Kara con algo de miedo al grupo cuando estuvieron delante de ellos.

- Nos han dicho que aquí hay trabajo. - contestó un hombre señalando las runas.

- Bueno… - dijo Kara mirando a Alex. - De momento no es algo que dependa de nosotras. La gobernadora tiene que estar de acuerdo.

- Hagamos una cosa, Kara. - la cortó Alex. - Vuelve a palacio rápido y habla con Sam. Mientras tanto, vamos a preparar todo para empezar a trabajar. Les voy contado lo que estamos haciendo.

- Voy. - asintió Kara empezando a correr hacia palacio.

Cruzó calles a la carrera levantando murmullos a su paso. No paró hasta que no estuvo en frente de la puerta de Sam. La golpeó y entró sin esperar respuesta del interior.

Dentro se encontró a Sam sentada en su silla hablando con una Lena con los ojos llorosos que rápidamente le dio la espalda para que no la viera Kara.

- ¿Sucede algo? - preguntó Sam con el ceño fruncido.

- Ha llegado un grupo de gente a las runas pidiendo trabajo. - dijo Kara recuperando el aliento.

- Era algo que podía ocurrir. - suspiró Sam. - No podemos permitírnoslo, Kara. Primero es este grupo de gente y luego es media Gimina. Por algo no habíamos empezado a trabajar en reconstruirlo. Nos faltan recursos.

- Quizá la Corona puede ayudar. - propuso Kara. - Con Kal, redujimos los costes que se iban a… bueno se malgastaban. Sumado a lo que han recaudado de los traidores. Quizá la Corona tiene suficiente para gastar aquí.

- No seré yo la que te diga que no, pero eso creo que depende de Kal y está un poco lejos de aquí para tomar esta decisión ahora mismo. - le respondió Sam.

- Suelo tener la sensación de que la gente se olvida que soy la segunda al mando de Thera. - respondió seria sentándose en una de las sillas que había en frente de Sam. - Creo que tengo el suficiente poder para poder decidir si la Corona va a hacer esto o no. Solo tendré que acordar con Kal cuánto viene y cómo viene. ¿Crees que puedes soportar unos días pagando tú los costes? Después te lo devolveremos todo.

Sam estuvo unos instantes en silencio pensando. Finalmente, suspiró y asintió.

- Está bien. Pero más te vale cumplirlo.

- Me aseguraré de ello. - dijo Kara relajándose en la silla. - ¿Te parece bien si acordamos todo para los próximos días cuando volvamos esta noche? Tengo que volver a trabajar. He dejado a Alex sola.

- Está bien. Cuando sepas cuanta gente está trabajando hoy, mándame a alguien para que pueda preparar los pagos. Te aviso que esto se tiene que aprobar en una reunión de los gremios. Ellos también van a formar parte de las negociaciones. - la advirtió Sam.

- De acuerdo. - se despidió Kara antes de irse cerrando la puerta.

Sam y Lena volvieron a quedarse solas en el despacho.

- ¿Crees que ha visto que estaba llorando? - preguntó la Luthor.

- Lo ha visto perfectamente, Lena. ¿Quieres continuar hablando del tema? - le preguntó preocupada Sam.

- No merece la pena. Prefiero centrarme en otras cosas. Tengo una idea para solucionar nuestro problema si esto tira para delante.

- Dime.

- Para la fiesta, podemos intentar despejar la mayor parte de la superficie del edificio y celebrarlo todo allí. Hace un poco de frío para estar al aire libre, pero ayudará a animar a la gente. Una vez pasen las fiestas, lo reconstruimos. La gente empieza a volver a tener trabajo, reduce la desesperación y Edge pierde poder. Eres la primera interesada en que pase eso.

- Si Kara no cumple su palabra, va dar igual eso. Habré tirado el dinero que la ciudad que necesita para otras cosas.

*/*/*/*

Ese mismo día habían encontrado el altar en la zona de Alex. Por lo que Alex también había ganado esa apuesta y la rubia le debía un favor. Habían estado trabajando en el pasillo para sacar el enorme trozo de roca.

El altar era una especie de banco de metro y medio de altura de mármol banco. Evidentemente el incendio que tenía que destruirlo no le había causado daños graves. Algunas esquinas estaban rotas por los impactos de las runas al caerle encima. También había una gran grieta que amenazaba con romperlo por la mitad. Por lo que el resto de trabajadores le dijo a Kara, los grabados que lo decoraban eran imágenes de Nezia y diferentes símbolos que la representaban. También había una especie de cuenco excavado en el centro del banco del que salía un canal también excavado que recorría la superficie del altar hasta una pared. Desde allí bajaba hasta el suelo. Apartando un poco de escombros se veía que el canal continuaba por el suelo.

Kara no iba a negar que era bonito, pero no podía evitar pensar en lo que iba a costar sacarlo de allí sin romperlo más. Eso iban a tener que hablarlo con Lena para ver si tenía alguna idea.

Por otro lado, la rubia también recibió la fantástica noticia de que Sam había convocado la reunión con los gremios para esa misma tarde, así que tuvo que asistir a la reunión justo nada más llegar de trabajar. No pudo ni quitarse la runa y el sudor de encima para escuchar a Edge.

La reunión consistió en Sam exponiendo la propuesta de Kara y Edge quejándose de que la Corona podía mover negocios en Gimina, pero los gremios en el sur, no y otras cosas por el estilo. Al final, acordaron que eso lo negociarían Lex y Kal una vez pasara el invierno y que los gastos para reconstruir Gimina los negociarían Kara y Sam. Edge no parecía muy contento, pero no tuvo más remedio que aceptar cuando el resto de líderes estuvieron de acuerdo con el plan.

Por fin, Kara pudo subir a su habitación deseando meterse en la tina que Ela le preparaba cada noche.

Apenas acababa de entrar que Sam entró detrás de ella.

- Sam, por favor, ahora bajo para acordar gastos y eso. Déjame que me limpie primero. - lloriqueó.

- No estoy aquí por eso. ¿Vas a hablar con Lena o vas a seguir ignorándola? - le preguntó enfadada Sam. Kara se la quedó mirando sin saber exactamente qué responder. - Bien, Kara, acabas de perder el poco respeto que tenía hacia ti como persona. Pero tenemos trabajo que hacer. Me gustaría poder dormir esta noche, así que no te entretengas mucho. Te estaremos esperando.

*/*/*/*

Afortunadamente la reunión no duró mucho. Consiguieron irse a dormir a mitad de la madrugada. Reconstruirían la bodega y el resto de casas, negocios y templos que Kara había quemado.

Lena no había intentado hablar con ella en toda la noche, lo mismo que había hecho Kara.

Y así pasaron los días siguientes. Kara no hacía el esfuerzo por hablar con Lena y Lena tampoco hacía el esfuerzo de hablar con Kara.

Se convocó otra reunión con los gremios que no fue mal. Al final todos accedieron al plan definitivo, pero tuvieron que escuchar quejas por parte de Edge. Prácticamente se quejaba lo mismo de cada reunión.

*/*/*/*

Kara estaba sentada de nuevo delante del ventanal de su habitación. Era de noche de nuevo y estaba sola. Miraba con dolor todo el trabajo que todavía les quedaba por hacer. ¿Y qué si lo estaban reconstruyendo? Eso no quitaba el dolor que había causado.

Un recuerdo cruza la mente de la rubia. Vio y oyó a un niño llorando desconsolado porque acababan de arrestar a su padre. El nudo en su pecho volvió a asfixiarla con fuerza.

Kara dio un trago largo de la jarra de vino que había subido hasta su habitación. Se le estaba a punto de acabar. Tendría que ir otra vez abajo a buscar más.

*/*/*/*

La limpieza de las runas avanzó de forma mucho más rápida ahora que contaban con muchos más trabajadores.

Para cuando llegó la celebración de las fiestas, se había liberado el suficiente espacio para la gente y que fuera seguro.

La ceremonia avanzó sin muchos contratiempos. Básicamente consistió en un primer ritual más dedicado a la diosa Nezia. Habían vertido el mosto de la cosecha de aquel año sobre el altar. Concretamente lo habían vertido en el cuenco desde donde recorrió el canal que se extendía por el suelo. El canal del suelo se dividía en cinco canales más pequeños que llegaban hasta unas pequeñas hogueras donde se quemaba el mosto. Decían que era el sacrificio de la cosecha y que de esta manera hacían llegar el líquido a los dioses.

Kara y Alex estuvieron presentes durante toda la ceremonia. Su hermana se colocó a primera línea junto con Lex, Sam y Lena. Al final, su hermana rezaba a Nezia igual que rezaba a Rao. Ella prefirió quedarse en una segunda línea. No quería ofender a nadie.

Pasada esta parte, se colocaron diferentes sillas y bancos repartidos por todas partes. También se colocaron grandes jarras llenas de las cuales se servía todo el mundo. Cuando se acabó la primera ronda, volvieron a rellenarlas. Ese día estrenaban el vino de la cosecha anterior y que beberían hasta la próxima ceremonia.

No se puede decir que Kara estuviera excesivamente cómoda al inicio de la fiesta. Se tuvo que sentar con las otras tres y Lex. No participaba mucho en la conversación. Parecía que las otras cuatro personas le recriminaban su actitud. Además, también tenía que soportar alguna mirada de rencor de la gente de la ciudad.

No muy lejos de donde estaba, vio a Ela tomando el vino junto a su familia y se acercó a ella para saludarla. Pudo percibir como el resto de integrantes del grupo se tensaban cuando la vieron llegar. Todos, excepto Ela.

- Buenas noches a todos. - los saludó Kara con media sonrisa tímida y algo nerviosa. Era la primera vez que recordaba mezclarse ella sola con norteños de a pie.

- Buenas noches, majestad. - respondió la mujer mayor amablemente.

- Bueno, solo venía para darte las gracias. - sonrió Kara. - Sin tus consejos, esto no habría sido posible.

- Majestad, solo le dije la verdad.

- Fue más que suficiente. Tu guía ha sido lo que nos ha llevado hasta aquí.

- Hemos oído que se empezaran a reconstruir nuestros hogares. - intervino un hombre sentado en el mismo banco de Ela de unos cuarenta años.

- Es cierto y también los negocios. Aunque es más un empezaréis a reconstruirlos. Alex y yo estamos aquí para echar una mano. No vamos a obligaros a hacer nada, pero faltará gente para todas las obras. Así que, si estáis interesados en trabajar, se os pagará.

- Supongo que un carpintero os irá bien, ¿no? - bromeó el hombre.

- Nos iría perfecto. - asintió Kara con una sonrisa.

La kryptoniana acabó sentándose con la familia de Ela y charlando con ellos. Al final acabaron llevándose bien. Para cuando se dio cuenta, estaba rodeada con gente de diferentes familias hablando de todo y nada, de las obras que habría, cuales eran sus planes y otras cosas.

Al acabarse la segunda ronda de jarras, entraron un grupo de músicos que empezaron a tocar música animada. Algunos empezaron a bailar, otros lo intentaban. Alex se acercó a ella.

- Siento tener que robaros a la princesa, pero tiene una apuesta que cumplir. - intervino Alex cortando la conversación.

- ¿De qué hablas? - preguntó Kara confundida.

- Tienes que cantar. - le recordó su hermana.

- No. - se negó la rubia moviendo su cabeza de un lado para otro en estado de pánico.

- Sí.

- Hiciste trampas.

- Ya dijimos que no contaban como trampas si no estaba especificado en las normas.

- Eso no es justo.

- Kara, hiciste un juramento sobre este lugar. No pretenderás ofender a Nezia, ¿no? - se burló Alex.

La rubia podía notar las miradas de todos sobre ella.

- Está bien. - gruñó la rubia y se levantó de su sitio. - Pero esto es chantaje.

Kara siguió a Alex hasta donde estaban los músicos tocando.

- Alex, ¿qué voy a cantar? No sé ninguna canción. - preguntó Kara alarmada.

- ¿Recuerdas la canción del mar y el pescador?

- Sí, claro. No parabas de cantarla cuando éramos pequeñas.

- Perfecto, es una canción tradicional de Thera. De hecho, está dedicada a Eram, diosa del mar. Vas a triunfar. - la felicitó Alex golpeándole la espalda suavemente.

- ¿Me enseñaste una canción dedicada a los antiguos dioses? - preguntó Kara ofendida.

- No seas dramática. ¿Y lo bien que nos viene ahora? - reía Alex.

Los músicos pararon de tocar cuando Alex se les acercó. Les susurró algo al oído y miraron sorprendidos hacia Kara. Asintieron. Alex indico a Kara que se pusiera al lado de los músicos. Llamó la atención de todos que se quedaron callados mirando en su dirección.

- Señoras, señores, a la princesa Kara le gustaría cantar nuestra querida canción "Madre, quiero ser pescador". Es una canción que cantábamos de pequeñas, así que le tenemos cierto cariño. ¿Verdad, Kara?

Kara solo asintió mirando el suelo. Empezaba a notar como le subían los colores a la cara.

La música empezó a sonar. Ella se enganchó al ritmo cantando. Al principio, alternaba la mirada entre Alex y los músicos por miedo a hacerlo mal y por vergüenza. Alex asentía dándole ánimos. Para el estribillo, se atrevió a mirar a su audiencia y se encontró con más de una boca abierta.

Madre, quiero ser pescador.

Protégeme, dulce madre.

Cuida de mí, por favor,

como lo hiciste con mi padre.

Continuó cantando hasta que la música se terminó. Un silencio invadió en toda la sala. Kara, que, para esas alturas de la vida, estaba muerta de vergüenza y completamente sonrojada, se marchó de allí casi corriendo. Iba a matar a Alex por esto.

Recorrió toda Gimina escopeteada hasta su habitación y se enterró bajo las sábanas. Se planteó si alguien la echaría de menos si no aparecía por las obras durante la próxima semana.

Oyó como su puerta se abría y se cerraba de nuevo. Ella seguía sin salir de debajo de sus sábanas.

- Alex, si vienes a regodearte, ahórratelo. - se quejó desde su escondite.

- No sabía que podías cantar. - escuchó la voz de Lena decirle.

Kara pegó un bote de su cama hasta ponerse en pie de nuevo al oírla.

- No es algo que suela hacer. -admitió balanceando su equilibrio de un pie a otro nerviosa.

- Lo haces muy bien. - le contestó una evidentemente muy ebria Lena.

- Creía que estabas enfadada conmigo. - dijo Kara con el ceño fruncido.

- Lo frustrante es que no me puedo enfadar conmigo. ¿Qué me has hecho, Kara? - dijo la morena antes de echarse a llorar.

Se acercó a ella tocándole el hombro. Lena solo la apartó.

- No. No lo hagas. Me haces daño, Kara. No paras de hacerme daño. ¿Por qué? ¿Tanto rencor me guardas? ¿Es por eso que me apartas?

- No es rencor, Lena. Te prometo que no. ¿Por qué no hablamos mañana mejor? - le rogó Kara intentándola consolar.

- Me vas a volver a ignorar como siempre. - respondió la morena alejándose unos pasos marcha atrás.

- Lena, te lo prometo. Mañana hablamos. - dijo Kara acercándose a ella otra vez.

- Está bien. - asintió la morena con la mirada perdida. - Me vuelvo a mi habitación. No quiero dormir contigo. - murmuró Lena.

- Claro. - asintió Kara con media sonrisa.

Lena se dio rápido media vuelta, pero se tambaleó. Kara tuvo que sujetarla para que no cayera.

- Creo que vas a necesitar ayuda para no matarte.

- No hace falta. - respondió Lena intentándose zafar, pero Kara era más fuerte y no la soltó. - Yo era una niña cuando subía y bajaba estas escaleras a ciegas.

- Seguro, pero no creo que lo hayas intentado nunca borracha. Vamos.

- No. - dijo Lena intentándose liberarse otra vez.

- Lena, por favor. Si te caes por las escaleras, me van a culpar a mí. Suficiente tengo ya.

Lena solo bufó y se dejó ayudar por la rubia. Salieron juntas de la habitación con Kara agarrando su cintura y pegándola a su lado para que mantuviera el equilibrio. Era incómodo bajar esas escaleras estrechas en esa posición, pero llegaron sanas y salvo hasta abajo. La dejó en el piso de las habitaciones y se volvió a la suya.

Desde allí todavía oía la música de la fiesta. De hecho, podía ver grupos de gente paseándose por las calles de Gimina cantando, bailando y bebiendo. Para ellos, parecía que la noche era joven todavía. Para ella, era hora de irse a dormir.

*/*/*/*

Como era de esperar, Kara era la única despierta la mañana siguiente. Todos debieron estar de fiesta hasta el amanecer. Desayunó sola y aburrida en la cocina del palacio. La noche anterior, Sam le había dicho que ese día no habría nadie en condiciones para trabajar.

Sin nada que hacer, decidió vengarse de Alex. Cogió un cubo lleno de agua bien fría y subió, haciendo casi malabares, hasta el cuarto de su hermana. Entró en silencio. Se preparó para lanzar el agua desde los pies de la cama. Y se detuvo. La cama estaba vacía.

¿Dónde estaba su hermana?

Bajó de nuevo las escaleras confundida y preocupada. ¿Le habría pasado algo? Llegó de nuevo al pasillo de las habitaciones.

Definitivamente, no le había pasado nada a Alex. Por lo menos, no le había pasado nada malo. Se la encontró saliendo de la habitación de Sam con la ropa mal puesta y a hurtadillas. Todavía no se había dado cuenta de que Kara estaba allí.

Kara sintió la rabia arder en su interior.

Se acercó a ella por la espalda y le echó el cubo encima. Alex de un salto se separó de ella.

- No es lo que parece. - respondió Alex asustada.

- Eso díselo a Kelly. - sentenció Kara lanzando el cubo con fuerza contra el suelo.

*/*/*/*

Era media tarde y Kara no paraba de dar vueltas en su habitación. ¿Cómo había podido hacer eso su hermana? ¿A Kelly?

¿Kara iba a contárselo a Kelly? ¿Cómo debía hacerlo? ¿Cuándo?

- ¿Podemos hablar? - dijo Alex entrando con la cabeza gacha en su habitación y cerrando la puerta detrás de ella.

- ¿Cómo has podido, Alex? - respondió Kara furiosa.

- Fue un error. No volverá a pasar. - aseguró la mayor.

- Ya, seguro… - se burló Kara. - En los próximos meses que pasemos aquí encerradas, ¿no va a volver a pasar?

- No, estoy con Kelly y quiero serle fiel.

- Gran trabajo. - respondió Kara cruzándose de brazos no creyéndose una sola palabra.

- No volverá a pasar, te lo prometo. - dijo la mayor acercándose a su hermana.

- De todas formas, me da igual. - respondió Kara encogiéndose de hombros. - Voy a contárselo a Kelly.

- No lo harás. -negó Alex con la cabeza.

- Por supuesto que sí.

- Me debes un favor. Vas a guardar el secreto.

- Esto no es un favor, Alex. - gruñó Kara.

- ¿Y qué es? Kara, eres mi hermana. Haz esto por mí. Esta noche va a ser un secreto entre tú y yo. Si vuelvo a repetirlo, puedes contárselo. Pero si esto se convierte, que lo es, en una cosa de una sola noche, no saldrá de aquí. - rogó Alex desesperada.

- ¿Sam sabe eso? - preguntó Kara levantando una ceja.

- Sí. - asintió Alex.

- De acuerdo, pero es la última vez que hago algo así, Alex.

Alex asintió relajando los hombros. Bajó la mirada suspirando. Kara aprovechó y golpeó su cara con fuerza con el puño. La mayor cayó al suelo directa.

- Esto es por Kelly. - escupió la rubia.

Kara salió de su habitación sin esperar una respuesta de Alex. A medio camino de las escaleras de caracol se encontró con Lena que subía.

- ¿Dónde vas? - preguntó Kara todavía alterada.

- Iba a verte. Quedamos en hablar hoy. - respondió Lena seria.

- No creo que sea un buen momento. - bufó Kara cruzándose de brazos.

- Ajá. Me esperaba esa respuesta. - dijo decepcionada Lena dando media vuelta. - Adiós, Kara.

Genial, acababa de pagar con Lena su enfadado con Alex.

Kara corrió hasta ponerse a su altura y la atrapó del brazo.

- Espera. No es lo que piensas. - le respondió Kara. - Vamos a hablar, pero aquí, no. - le pidió.

- Tenía que hacer una ronda por la ciudad para revisar los edificios a reconstruir. - propuso Lena.

- Te acompaño.

Lena asintió y volvió a bajar las escaleras seguida de Kara. Pasaron por el despacho de Sam a buscar unos papeles y salieron a la calle.

Gimina parecía una ciudad fantasma.

- Veo que la noche fue dura. - comentó Kara.

- No ha sido una buena Ditrina si al día siguiente Gimina no está así. Diría que la de este año ha sido un éxito. - rio Lena.

- Eso díselo a Alex y Sam. ¿Lo sabes? - le preguntó Kara y Lena asintió como respuesta. - ¿Lo apruebas?

- No, Kara. Seremos más abiertos con el tema del sexo y las relaciones, pero eso no significa que aceptemos lo que han hecho. Alex ha engañado a Kelly. Ha estado mal.

Kara solo asintió y dirigió su mirada al cielo gris y a las torres de la ciudad.

Empezaron a andar por las calles de la ciudad en silencio. Lena miraba la lista que llevaba en sus manos e iba anotando cosas. Kara solo iba andando a su lado.

- Siento haberme metido en tu habitación de esa manera. - rompió el silencio Lena.

- Tranquila. El vino nunca es buen consejero. - dijo Kara quitándole hierro al asunto. - Supongo que no se podía estirar más la situación.

- Supongo. - respondió la otra encogiéndose de hombros y concentrada en los documentos. Se detuvo delante de un edificio y empezó a tomar notas.

- ¿Qué querías decirme ayer? - preguntó Kara con curiosidad.

- No lo sé, Kara. - suspiró Lena. - Solo sé que estoy harta de tener que ignorarte por el palacio.

- Lo sé. Es mi culpa. - aceptó Kara triste.

Se quedaron en silencio. Lena se la quedó mirando con una ceja levantada unos segundos. Luego volvió a centrar su atención en los papeles.

- ¿Y qué quieres hacer? - preguntó sin mirarla.

- No quiero arrastrarte conmigo, Lena. No te lo mereces.

- Kara, te repito que eso es algo que yo tengo que decidir. - respondió seria mirándola esta vez. Suspiró. - Si he estado así contigo estos días es porque estoy cansada de verte mal y que no me dejes ayudarte. Es la segunda vez que me pides perdón por lo mismo.

- ¿Y qué quieres que le haga yo? Es que no puedo cambiar nada y me agobia verte a ti intentándolo tanto. Necesito espacio para volver a ordenar mi mente.

Lena bufó negando con la cabeza. Se echó a andar de nuevo sin esperar a la otra.

- Por lo menos, podrías luchar por salir de la mierda en la que estás hundida.

- Eres tú la que ha decidido estar con alguien como yo. - insistió Kara poniéndose a su altura. - Si tanto te duele estar así a mi lado, no lo estés, Lena.

- ¿No quieres estar conmigo? - le preguntó directamente sorprendida.

- Claro que quiero, Lena.

La morena estuvo unos instantes pensando mientras andaban por la ciudad.

- Está bien. Haremos una cosa. - dijo haciendo una pausa intentando ordenar sus pensamientos. Quería ayudarla como fuera. No le importaba si tenía que hacer algún sacrificio. - Tú y yo vamos a seguir juntas y te voy a dar más espacio del que te estaba dando hasta ahora. Pero a cambio tú tienes que hacer el esfuerzo por mejorar.

Kara la miró escéptica parando su marcha. Lena se paró al cabo de unos pasos mirándola interrogante.

- No sabes si voy a lograrlo, Lena. Hay cosas que he hecho que no van a cambiar.

- Me voy a arriesgar.

Kara suspiró derrotada. No iba a quitarle esa idea a Lena de la cabeza. ¿Qué no veía que aquello no llevaba a ninguna parte? Un monstruo inútil como ella no tenía derecho a ser feliz.

- Como veas, Lena. No te voy a presionar a hacer algo que te puede hacer daño. - suspiró Kara.

Lena se acercó hasta ella y la agarró de la mano.

- ¿Podré ir a tu habitación esta noche? - le pidió la morena con media sonrisa.

Kara se echó a reír.

- Está bien. Nos vemos esta noche en mi habitación.

Las dos volvieron a echarse a andar por las calles de la ciudad cogidas de la mano.

- Por cierto, ¿así que sabes cantar? - le preguntó divertida Lena.

- No me lo recuerdes, por favor. - se quejó Kara.

*/*/*/*

Resultó que la noche de Ditrina y su concierto había hecho que la gente de Gimina la viera con mejores ojos.

Habían montado una especie de taberna en una zona libre de runas de la bodega cada día al anochecer. Después de la jornada de trabajo, Kara, Alex y otros trabajadores se quedaban allí a charlar. Kara tenía la sensación que cada día era mejor bienvenida.

Con el paso de los días, se hicieron diferentes equipos que se dedicaron a diferentes edificios. Kara continuó trabajando en la bodega, mientras Alex se dedicaba a otros edificios. La relación de las hermanas seguía tensa.

En cambio, con Lena todo iba bien. La morena no pedía más de lo que Kara estaba dispuesta a dar y parecía que estaba cómoda con ello. A veces dormían juntas, a veces no. Dependía de si les apetecía y si estaban a gusto. La Luthor tampoco volvió a insistir en hablar sobre su estado de ánimo. Kara agradeció el cambio. Sentía que así se arriesgaba menos a hacerle daño a Lena.

Después de trabajar ocho días seguidos antes de Ditrina, decretaron que hubiera días de descanso periódicos que la gente aprovechaba para pasear por Gimina o celebrar cenas en las plazas donde asistía media ciudad y cosas por el estilo. Kara no entendía cómo la gente podía pasar tanto rato en el exterior con el frío que hacía.

En uno de esos días libres, Lena le propuso ir a un pequeño lugar que a Kara le iba a gustar.

La rubia tenía sus dudas. Hasta ese punto, no sacando las cosas del dormitorio y estaba yendo todo muy bien. Pero Lena le aseguró que no había nada más detrás de esa excursión. Solo era para airearse. Pero en realidad era un plan de la morena. Su relación se había vuelto fría y distante. Solo se veían para tener sexo en la habitación de cualquiera de las dos y ya está. Ni una cena, ni un paseo, absolutamente nada. Había notado como Kara se había acostumbrado muchísimo a eso. Sentía que cada vez había más distancia entre ellas y planeó aquello para poder pasar tiempo a solas con ella fuera de su dormitorio.

Salieron a caballo apenas estaba amaneciendo dirección a las montañas. Kara recordaba parcialmente el lugar de haber pasado meses atrás de camino al escondite de los Luthor.

- ¿Me intentas secuestrar otra vez, Luthor? - bromeó Kara.

- Vaya, me has pillado. - rio Lena.

- ¿Dónde vamos? - preguntó la rubia por cuarta vez desde que habían salido de la ciudad.

- Es una sorpresa. Está en las montañas. - dijo divertida la morena.

- En las montañas está en refugio de los Luthor, Lena.

- Tranquila, princesa. Mi madre es quien está allí ahora. No tengo ningún interés en verla.

- ¿Qué hace allí? - preguntó Kara sorprendida. Es decir, estaba segura que el palacio de Sam era mil veces más cómodo que aquel lugar en ruinas.

- Dice que no está de acuerdo con la alianza. Creo que está montando una guerrilla o algo así. Lex lo tiene controlado. Corta cualquier suministro que vaya en esa dirección.

- ¿Seguro? - preguntó Kara ahora preocupada.

- Como mucho tiene tres o cuatro personas más allí con ella. No hay peligro. - aseguró Lena tranquila.

Llegaron hasta la entrada de un bosque y se internaron en él con los caballos. No llevaban mucho tiempo por allí cuando ante ellas apareció una pequeña fuente natural humeante que había generado un pequeño lago.

- ¿Y esto? - peguntó Kara sorprendida.

- Aguas termales. - explicó Lena desmontándose del caballo. - El agua sale caliente de la tierra. Vamos, desnúdate.

Acto seguido, la Luthor empezó a quitarse su ropa y a dejarla con cuidado sobre el caballo para que no se ensuciara.

- ¿Es aquí donde me querías llevar? - preguntó Kara desconfiada.

- Sí. - contestó Lena que ya no tenía ropa y estaba entrando en el pequeño lago.

Kara se lo pensó dos veces. Tenía mucho frío con la ropa puesta como para quitársela.

- Estarás mejor aquí dentro, te lo prometo. - le dijo Lena guiñándole un ojo.

La rubia valoró seriamente si aquello era verdad. El agua humeaba y Lena no mostraba signos de frío. Quizá estaba algo caliente eso. Pero la Luthor también se había bañado en ríos fríos en pleno invierno. ¿Debería fiarse?

Lena la miraba divertida desde el agua con una ceja levantada.

- Si no vas a entrar, voy a tener que divertirme yo sola, Kara.

Eso era un argumento difícil de rebatir. Finalmente, Kara se desnudó también y entró en el agua rápido. Estaba caliente, muy caliente. Hasta dolía un poco. Era un alivio.

Lena se le acercó, rodeó su cabeza con los brazos y dejó un beso en los labios de la rubia. Kara la rodeó por la cintura y la apretó contra su cuerpo.

- ¿Qué te parece? - le preguntó Lena.

- Que podríamos canalizarla para que fuera directa a Gimina. - propuso Kara.

Lena rio como respuesta.

- No te queda invierno por delante…

- Ni me lo recuerdes. - lloriqueó Kara.

- ¿El año pasado también te quejaste tanto? - preguntó Lena con curiosidad mientras acariciaba la mandíbula de la rubia.

- La situación era un pelín diferente.

- ¿Así? - dijo Lena dejando otro beso en los labios de la rubia. Empezó a bajar dirigiendo sus besos al cuello de la rubia que solo suspiró.

*/*/*/*

- No ha estado nada mal, ¿cierto? - rio Lena.

Ambas estaban sentadas en la roca dentro del agua agitada, una al lado de la otra.

- Es un descanso no estar pensando en que tu hermano puede cruzar la puerta en cualquier momento.

- ¿Piensas en mi hermano mientras lo hacemos? - preguntó Lena horrorizada.

- No. ¡Qué asco! - contestó Kara con repulsión.

Lena rio y se giró para mirar a la rubia.

- ¿Tienes prisa por volver a Gimina? - le preguntó la morena.

- No, ¿por qué?

- Porque he traído comida, así que podemos estar aquí hasta el anochecer.

- No te voy a decir que no. - suspiró Kara relajándose por completo en el agua. - Estoy destrozada después de tantos días trabajando. - se quejó.

- La vida de princesa. Unas semanas trabajando y no puedes ni levantarte de la cama. - bromeó Lena.

- Es muy fácil hablar desde un despacho. A ver cuando te veo levantando piedras. - siguió quejándose Kara mientras se le escapaba la risa.

- Yo tengo trabajo gestionando todo el caos que has montado.

- Sam seguro que se puede encargar. - dijo Kara incorporándose un poco e inclinándose sobre la otra.

- Necesita mi ayuda. - aseguró la morena.

- Yo también necesito tu ayuda ahora. - respondió Kara colocándose encima de Lena y besándola.

*/*/*/*

- Dichosos los ojos. - dijo Alex cuando vio entrar a Kara y Lena a la sala de los sofás. - ¿Dónde estabais?

- En el paraíso. - contestó Kara dejándose caer sobre el sofá con una sonrisa.

Alex miró a Lena levantando una ceja pidiéndole una explicación.

- En unas aguas termales. - respondió la morena encogiéndose de hombros. Se sentó al lado de la rubia y dejó caer su cuerpo hasta apoyarse en un costado de Kara.

- Sam me contó que había unas por aquí. – asintió Alex. - Me dijo de ir antes de que… bueno el caso es que no vamos a ir ya. - murmuraba la Danvers mirando el suelo fijamente.

- Adiós a mi paraíso. - se quejó Kara.

- Kara… - rogó Alex.

- No, Alex. Me voy a dormir. - dijo Kara levantándose para irse y dejando a las dos morenas solas.

Lena miraba a Alex con media sonrisa triste.

- ¿Cómo va con Sam? - le preguntó.

- Bien. - asintió la Danvers dejándose caer contra el respaldo de su sofá. - Ambas sabemos que no estuvo bien lo que pasó y mantenemos una relación cordial. O todo lo cordial dentro de las circunstancias.

*/*/*/*

- Lena, ¿te vas a dormir? - le preguntó Sam casi cuando estaba entrando en su habitación.

- Eso tenía previsto. ¿Me necesitas para algo? - le preguntó preocupada.

- Solo quiero hablar un poco. ¿Puedo pasar? - le preguntó Sam poniéndose a su lado.

- Claro. ¿Qué pasa? - dijo Lena abriendo la puerta para que entraran las dos. Después la cerró de nuevo.

- Nada, bueno… sé que has pasado el día con Kara. ¿Todo bien? - dijo Sam preocupada.

- ¿Tendría que ir mal?

- Me refiero a que, si estás bien, Lena. - insistió Sam.

- Estoy bien. No te preocupes por mí. - dijo Lena intentando tranquilizarla.

- Claro que me preocupo. No estás bien con lo que sea que tenéis Kara y tú ahora.

- No pasa nada, Sam. Hoy por ejemplo Kara ha parecido ir a mejor. Todo se va a solucionar, ya lo verás. Solo necesita algo de tiempo para asimilar todo esto.

- ¿Y si no lo hace nunca, Lena? ¿Vas a seguir torturándote con esto? Te duele que te aparte así. Quizá no vale la pena que continuéis juntas.

*/*/*/*

Faltaban un par o tres de semanas para solsticio de invierno. Un mes y medio más o menos para volver a la capital. Kara no sabía que iba a hacer Lena. La morena se estaba planteando en quedarse un tiempo más en Gimina hasta que las obras estuvieran acabadas. Además, Lex iba a ir a la capital y un Luthor tenía que quedarse en el norte.

Habían pasado unas semanas desde su escapada a las aguas termales. Al final, habían convertido en una rutina ir a hacer excursiones por los alrededores de Gimina los días de descanso. Sí, las cosas habían mejorado un poco, pero Lena se daba cuenta que Kara muchas veces seguía estando en su mundo e intentando disimular que estaba deprimida. Lena la había pillado más de una observando la ciudad triste desde su habitación. Y seguía sin dejar ayudarse. Ya no sabía que más hacer.

Además, Kara seguía sin hablar con Alex. La Danvers no intentó acercarse más a ella. La rubia suponía que se conocían suficiente como para saber que ese enfado no se iba a ir tan rápido.

Kara y Lena estaban cenando en la habitación de la primera sobre la cama esa noche.

- Y dime, tengo curiosidad. ¿Cómo conocías esa canción? - le preguntó la morena.

- Alex me la solía cantar cuando pasábamos tiempo cerca del mar. - contestó Kara encogiéndose de hombros. Se llevó un bocado a la boca. - Cuando crecimos, dejó de hacerlo, pero se me quedó grabada en la memoria. Siempre que la recuerdo me viene a la mente el mar de noche con la luna iluminándolo.

- ¿Cuánto llevas lejos del mar?

- Dos meses, ¿no? ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? - preguntó Kara confundida. Realmente había perdido la noción del tiempo.

- Eso más o menos. ¿Cuánto es tu récord?

- Mi anterior récord fue contigo. Espera. Tú me separas del mar. - la acusó bromeando Kara.

- No me voy a quejar por estar lejos de esa masa azul de agua. - rio Lena.

- ¡Oye! - se hizo la ofendida Kara.

- Tampoco te estarías bañando con lo poco que soportas el frío. - la acusó Lena.

- No, pero podría pasear por la arena, disfrutar de la brisa… - suspiró Kara con morriña.

- Si quieres te soplo yo. - bromeó Lena tirándose encima de Kara mientras soplaba. Kara la intentó agarrar y separarla de ella. Lena casi estaba encima de los platos de comida.

- No ¡Para, Lena! Que tiras la comida. - intentó avisarla la rubia, pero era demasiado tarde. - Ya se ha ensuciado la cama. - se quejó Kara viendo las sábanas manchadas.

- Qué pena. Ahora solo tendremos una cama para las dos. - bromeó Lena.

- Qué graciosa. Tengo sueño. ¿Cómo voy a dormir en esta cama? - lloriqueó Kara.

- Baja a mi habitación. - propuso Lena.

- ¿Y estar pared con pared con tu hermano? No, gracias. - lo rechazó Kara sin dudarlo.

- ¿Tienes miedo? - preguntó divertida Lena.

- No. - negó Kara.

- Tienes miedo. - afirmó esta vez Lena.

- No. - volvió a negarlo.

- Te da miedo mi hermano. - rio Lena.

- No, es solo respeto. - se defendió Kara.

- Vamos, yo no le he faltado el respeto a tu hermana y nos ha oído tener sexo varias veces. - reía Lena.

- No, Lena. - lloriqueó Kara. - ¿Por qué me lo recuerdas?

- Fue gracioso. - continuaba riendo Lena.

- ¿Gracioso? ¿Sabes qué? Vamos a pasar la noche en tu habitación. - aceptó Kara.

- Eso quería oír. - asintió Lena contenta.

*/*/*/*

Lena entraba feliz en el despacho de Lex la mañana siguiente.

- Buenos días, hermanito.

- ¿Lo habéis hecho aposta? - gruñó Lex con unas ojeras que le llegaban hasta la mitad de las mejillas.

- Era por si todavía te quedaban dudas sobre si estaría dispuesta al matrimonio con el daxamita. - contestó Lena encogiéndose de hombros.

- Había otras maneras. - suspiró Lex echándose hacia atrás en su silla. - En fin, vamos a cosas más importantes. ¿Alguna novedad con los prisioneros? Los gremios me están apretando mucho.

- El último grupo llegará en una semana. - explicó Lena sentándose en otra silla.

- Perfecto. Esta tarde tienes que presentar el estado de las obras. Van a presionarte. Ese Edge no se cansa. - se quejó Lex. - Ahora quiere venir conmigo a la capital en representación de los gremios.

- ¿Vas a dejarle?

- No lo sé, Lena. Crece su poder en la ciudad y en el norte.

- ¿Todo esto que hemos montado no lo ha frenado?

- No, como mucho lo ha ralentizado. Pero es difícil detenerlo. Prácticamente actúa como el líder de todos los gremios. Al final, vamos a tener que aceptar que será alguien a tener en cuenta en futuras decisiones.

- Ya veremos, seguiremos trabajando en ello con Sam. ¿Algo más?

- No, Lena puedes irte. - la despidió Lex.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- ¿Qué quieres? - bufó Lex.

- ¿Cuándo nos presentarás formalmente a Eve? Estás un poco mayorcito para ir escondiéndote. Es gracioso. - rio Lena.

- Cuando sea el momento. Ahora, vete Lena. Tengo faena que no se va a hacer sola.

- Claro. Nos vemos luego. - se despidió la morena yéndose de la habitación.

*/*/*/*

Kara se movía por los pasillos del palacio tranquilamente cuando recibió un puñetazo en la cara. Cayó directa al suelo. Cuando se recuperó del golpe, se encontró con Alex con cara de dolor sacudiendo su mano de arriba a abajo.

- ¿Qué haces? - preguntó confundida.

- Esto es por ignorarme durante semanas. - respondió Alex.

- ¿Era necesario? - se quejó Kara mientras se tocaba la zona dolorida del golpe.

- Kara, sé que estuvo mal lo que hice. Llevo desde esa noche atormentada por los remordimientos. - dijo derrotada Alex.

- Más faltaría. - respondió seria Kara levantándose. Pasó de largo a su hermana y siguió con su camino.

- Kara, por favor. - suplicó Alex poniéndose en frente de la rubia de nuevo.

- ¿Qué quieres? - respondió Kara cansada de aguantarla.

- ¿Cuánto hace que no entrenas?

- Mucho. ¿Por qué? - respondió Kara cruzándose de brazos.

- ¿Quieres entrenar? - le propuso Alex.

Cuando Lena subió a la habitación de Kara se encontró a las dos hermanas a golpes. Cada puñetazo más fuerte que el anterior. Asustada corrió para ponerse en medio y separarlas, pero Kara la empujó lejos. Solo pudo quedarse a un lado a la suficiente distancia para estar a salvo.

- ¿Qué hacéis? - preguntó alarmada.

- Entrenando. - respondió Alex después de darle un puñetazo a Kara en las costillas.

- Sí, claro. - respondió Lena de brazos cruzados.

- Terapia de hermanas. - dijo Kara después de soltar una patada en el estómago de Alex.

- ¿Y es necesario mataros? - preguntó Lena ya enfadada con las dos salvajes que había en frente de ella.

- Lena, esa es la terapia de hermanas. - añadió Alex después de esquivar un golpe de la rubia y lanzando otro.

- Como veías. Yo me voy a cenar abajo. - dijo Lena antes de irse.

Kara y Alex continuaron como si nada hubiera pasado.

Al cabo de un rato, Ela subió con la cena para dos.

- Señoritas, ¿qué sucede? Seguro que lo pueden solucionar como personas civilizadas. - dijo la mujer intentando separarlas.

Cuando Kara vio que la mujer se les echaba encima, empujó a Alex lejos para dejar distancia entre las dos. Su hermana la miró confundida hasta que vio a Ela entre las dos. Las dos pararon para no hacer daño a la mujer sin querer.

- Tranquila, Ela. Solo estábamos entrenando amistosamente. - respondió tranquila Kara mientras recuperaba el aliento. Fue hasta su cama y se sentó a los pies de esta.

- Esos golpes no tenían nada de amistoso, majestad. - la riñó Ela. - Por los dioses, están las dos cubiertas de sangre. - dijo horrorizada.

- Quizá tienes razón. - rio Kara mirándose la ropa manchada de rojo.

- ¿No cenará hoy con la señorita Lena? - le preguntó Ela volviendo a la mesa donde había dejado una bandeja con los platos de la cena.

- Creo que ha salido huyendo cuando nos ha visto. - respondió Alex riéndose.

- Normal. - contestó la mujer. Se las quedó mirando y se dirigió hacia las dos. - Bajen ahora mismo a curarse esos cortes. - ordenó empujándolas hasta la puerta.

- Está bien, está bien. - rio Kara junto a Alex.

Kara y Alex bajaron charlando animadamente hasta el comedor donde estaban Sam, Lena y Lex cenando.

- Buenas noches. - saludaron las dos. - Que aproveche.

Lex y Sam las miraban con las bocas abiertas, mientras Lena ni levantó la mirada de su plato.

- ¡Por los dioses! ¿Qué ha pasado? - se alarmó Sam.

- Tranquila, Sam. - dijo Lena concentrada en su comida. - Esa es su terapia entre hermanas.

- Y nosotros éramos los salvajes… - murmuró Lex negando con la cabeza.

- Señoritas, deberían ir a curarse. - apareció Ela detrás de las dos hermanas. Las agarró del brazo y las arrastró hasta llegar a la cocina. - Usted, siéntese en ese banco y usted, en esa silla. - les ordenó. - Solo faltaría que se pegarán más. Voy a buscar el material.

- Tranquila, Ela. Ya lo he traído yo. - dijo Lena entrando en la sala. - Toma, encárgate de Alex. Yo me encargaré de Kara.

Cada una cogió una silla y la colocaron delante de las hermanas. Cuando Lena iba a sentarse, Kara puso una mano sobre la silla.

- Quizá es mejor que tú cures a Alex. - propuso Kara. - Prefiero que me cure Ela.

Lena la miró confundida, pero no dijo nada más. ¿De verdad Kara era tan incapaz de aceptar su ayuda que ya no la dejaba ni curarla? Eso se pasaba de la raya. Se fue hasta Ela y cambiaron posiciones.

No eran heridas graves así que no tardaron en tenerlas curadas. Alex y Kara fueron a comerse la cena que Ela había llevado a la habitación de la rubia. Lena volvió con su hermano y Sam.

Kara se sentó en la cama con su comida, mientras su hermana se puso en la mesa. Cada una se concentró en su plato.

- Aquí es donde te metías por las noches. - dedujo Alex señalando la comida.

- Normalmente me quedo hasta tarde con los chicos en la taberna o como quieras llamar a eso. Hoy me has encontrado por casualidad. - respondió Kara encogiéndose de hombros. - Por cierto, ¿cómo lleváis la taberna? Hace mucho frío por la noche.

- Queda poco. ¿Sabes? Tiene prioridad reconstruir una manzana entera de casas antes que una taberna. ¿Cómo lo hiciste para quemar todo eso? - preguntó Alex distraída.

- Eso no fue cosa mía. - murmuró Kara después de tragar la comida. - Fue donde murió James.

- Vaya, lo siento. - respondió Alex triste quedándose en silencio. - Me refería a que cenas aquí a solas con Lena. - aclaró Alex.

- A veces, supongo que se ha convertido en una costumbre. - respondió Kara frunciendo el ceño.

Al cabo de un rato, se oyeron unos golpes en la puerta. Lena sacó la cabeza por allí.

- Solo venía a ver si habías vuelto a vuestra terapia. - explicó Lena.

- No, tranquila. De hecho, me voy a ir a dormir. - respondió Alex que ya se había acabado la comida. - Buenas noches, Lena, Kara.

- Buenas noches. - contestaron las dos a la vez.

Alex se fue cerrando la puerta detrás de ella y dejando a las dos solas.

- ¿Todo bien? - preguntó Lena.

- Sí, claro. Ya nos conoces. Solo necesitábamos darnos unos golpes. - dijo Kara encogiéndose de hombros.

- Lo más normal del mundo. Bueno, yo también tengo sueño. Buenas noches, Kara. - dijo Lena dando media vuelta.

- Lena, espera. ¿Te quedas a dormir? - dijo rápido Kara desde la cama de donde no se había levantado todavía.

- Claro… pero, Kara, estoy cansada. No estoy como para… - contestó Lena mirando a la rubia de nuevo.

- No es eso. - la interrumpió Kara. - Bueno, es una pena descartarlo. - bromeó. Hubo unos instantes en los que se quedó en silencio.

- Me voy a dormir, Kara. Buenas noches. Qué descanses. - respondió Lena con el corazón dolorido todavía por el gesto de antes de la otra. Dio media vuelta de nuevo y abrió la puerta.

- ¿No te quedas a dormir? - se quejó la rubia.

- No.

- ¿Por qué? - le preguntó confundida Kara.

- ¿Por qué quieres que me quede a dormir? - respondió Lena dando un portazo y girarse para mirarla dolida. - Te he dicho que no me apetece acostarme contigo. ¿Para qué más me quieres?

- No entiendo que está pasando.

- ¡¿Cómo puedes ser tan cínica?! - explotó Lena. Kara la miraba confundida sin entender nada. - ¿De verdad me estás diciendo esto Kara? Es decir, primero me pides perdón por distanciarte, pero continuas igual. Me enfado. Vuelves a pedirme perdón, pero nada cambia, incluso va a peor. ¿Quieres que te explique qué me pasa?

Kara solo se encogió de hombros con dolor. No tenía intención de responderle nada más.

- Buenas noches. - se despidió Lena.

La rubia suspiró cuando volvió a estar a solas. Se giró y tomó su posición habitual en frente de la ventana. Era mejor así.