Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


.

CHAPTER LVI: Contigo.

.

Ochako sentía que las yemas de sus dedos ardían al sostener la cajita en donde descansaba la prueba de embarazo. Cerró los ojos y aspiró profundo. Lo siguiente fue sentir las manos de Camie sobre sus hombros, apretándolos despacio en un intento por brindarle ánimos. Ochako abrió sus ojos para hallar a los de su amiga junto a una pequeña sonrisa.

Desde el momento en el que fue consciente que tuvo un retraso con su periodo menstrual, que su agotamiento era mayor al normal y las náuseas matutinas la hacían levantarse antes que el despertador, supo que algo no andaba bien con ella.

Unos días antes de mudarse a Meraki's Place había enviado un mensaje a Camie para comentarle su situación. Al ser farmacéutica y alguien con mucha experiencia en el ámbito de salud, necesitaba hablar con ella primeramente antes de apresurarse a sacar conclusiones apresuradas.

Puedo ir a verte en tu horario de descanso ―dijo Camie tras la línea―. De todas formas, es mi día libre y si no te sientes del todo segura, te llevaré una prueba de embarazo.

―¿Podrías? ―Preguntó Ochako con alivio en su voz, observando a su alrededor a que nadie más ingresara al área de vestidores―. En verdad, te lo agradecería, Camie.

No tienes qué, linda ―respondió―. Estaré allí en veinte.

Y tal como se lo había dicho, Utsushimi Camie ingresó a la Pastelería Sadaharu Aoki buscando a la repostera en cuestión. Ochako la hizo pasar y fueron al área de servicio para que pudiese disponer de forma privada de la prueba de embarazo que le había proveído su amiga. Ochako estuvo un buen rato observándolo sin saber qué hacer y Camie lo notó.

―¿Sabes cómo hacerlo? Puedo ayudarte si…

―No ―frenó Ochako entonces. La miró con pena―. No es eso.

―¿Entonces? ―Ochako dejó escapar un suspiro llevándose ambas manos al rostro―. Ochako…

―No sé si quiera saber aún la respuesta ―respondió. Camie tomó su mano permitiendo verla en forma―. ¿Y si sale positivo y Katsuki no quiere tenerlo? Hicimos muchos planes y yo no quiero que se sienta en la obligación de…

―Ochako, detente ―dijo Camie interrumpiéndola―. No tienes que hacer esto ahora si no te sientes lista, pero en algún momento deberás afrontar a la incertidumbre. Si no quieres ser madre, hay métodos para interrumpirlo, nadie te obligará a tenerlo si no quieres pero si decides aceptarlo y temes por Tsuki… ―Camie sonrió para tomar el rostro de su amiga entre sus manos―. Él te ama más que a nadie y quiere un futuro a tu lado. Te lo ha dicho en muchas ocasiones, ¿no es verdad? ―Ochako asintió.

En ese momento, la castaña se sintió valiente gracias a las palabras de su amiga. No utilizó la prueba en esa ocasión y guardó la cajita en un rincón seguro de su armario, en donde sabía, nadie lo encontraría, ni siquiera Katsuki.

Pero entonces, los malestares continuaron y su primera noche en el departamento que meses atrás compartió con Katsuki, fue la alarma definitiva. Su novio ya no pasaba por alto su agotamiento evidente, sus senos mucho más hinchados y pezones sensibles junto a las náuseas y vómitos.

Su mayor preocupación no eran los síntomas, era notar que a cada comentario relacionado con tener hijos, Katsuki se mostraba evasivo y su incomodidad era casi palpable.

―No es por nada, pero somos la mejor pareja ―dijo Katsuki haciéndola reír, ambos observando su reflejo, vestidos de gala y con ese brillo en los ojos cada vez que se observaban mutuamente. Estaban por marcharse a la cena navideña en su futuro restaurante.

―Lo sé ―respondió su novia abrazándolo. No lo pensó mucho para soltar nuevamente lo que necesitaba decir para confirmar que Katsuki no estaba listo para formar una familia con ella―. Con Eri lucimos aún mejor.

Y allí estaba, nuevamente sintió cómo todo el cuerpo de su novio se tensaba al momento de escucharle decir esas cosas. Estaba aterrada, lo miró enseguida.

―Katsuki, ¿qué sucede? ―preguntó―. ¿Te incomoda lo que dije?

Bakugo peinó su cabello como solía hacer cada vez que estaba nervioso, cuando no sabía qué hacer o decir, cuando se sentía preso de la ansiedad. La tristeza la ahogaba al ver esa reacción en su novio pero no podía culparlo.

―Ochako, no es la primera vez que mencionas sobre tener a alguien más entre nosotros. ―Fueron las palabras de Katsuki y como respuesta, las mejillas de Ochako se colorearon, su mirada bajó al suelo pensando en cómo iniciar esa conversación―. Y con éstos malestares que estás teniendo… ¿Quieres decirme algo?

Uraraka aspiró profundo para alejarse del cuerpo de Bakugo, caminó hasta llegar a la cama y tomó asiento al borde de ésta; su novio no tardó en imitarla hasta situarse junto a ella, lo siguiente fue sentir cómo sus grandes manos tomaron las propias y una vez que levantó sus ojos castaños a los rojizos de Katsuki, soltó el aire que había contenido dentro suyo como si su vida se desvanecía en aquel suspiro.

―Es… Es una posibilidad que yo, bueno… ―No podía seguir postergando más el asunto. No podía seguir negando el hecho de que debía ser sincera consigo misma y con su pareja. Se mordió los labios para finalizar―. Tengo dos semanas de retraso.

Bakugo la observó un momento en silencio sin soltar sus manos pero en esos segundos, Uraraka sintió que el rubio frente a ella estaba en piloto automático. No podía seguir mintiéndose; Camie tenía razón solo con algo: Katsuki la amaba pero no podía forzarlo a algo que, claramente, aún no estaba listo.

Alejó sus manos de las del hombre y se puso de pie, alisando el vestido con ellas, pensó en sus siguientes palabras pero sus pies fueron más veloces al dirigirla a su armario. No había mucho por hacer más que buscar la caja con la prueba de embarazo y darle fin a la incertidumbre que casi la hizo enloquecer en esos días.

―Ochako, yo…

―Tengo una prueba de embarazo sin usar ―interrumpió la mujer sin mirarlo, estaba ocupada buscándola―. Puede ser solo el estrés, como te lo había dicho.

―¿Y si no lo es? ―Preguntó Katsuki dejando la cama para caminar hacia ella. Ochako dio un respingo al sentir las manos de su novio posándose en sus hombros.

―Si no lo es… ―Ella volteó a mirarlo con una pequeña sonrisa en los labios―. No te obligaré a nada. Eres libre de alejarte si quieres.

―¿Qué mierda acabas de decir? ―Preguntó Bakugo con amargura en su voz. Ochako bajó la vista al test entre sus dedos.

―Solo digo la verdad, Katsuki ―respondió―. No quiero atarte a nada.

―¿Eso piensas de mí? ―Volvió a preguntar el rubio sin dejar de mirarla con molestia―. ¿Piensas que te dejaría por eso? ¿Qué tan miserable crees que soy?

―¡Yo no dije que lo fueras! ―Respondió dolida pero al ver los ojos de Katsuki supo que fue ella quien lo lastimó―. Katsuki, sólo no quiero que estés conmigo por compromiso.

―¡Con una mierda, Ochako…! ―Bakugo se alejó de ella con molestia―. No puedo creer que este tiempo a tu lado, me sigas viendo como el insensible hijo de puta con el que empezaste a vivir.

Ochako tenía un nudo en la garganta al escuchar sus palabras, apretó con fuerza el test entre sus dedos para dejar la habitación. Ochako fue a la cocina para servirse un vaso de agua conteniendo las lágrimas que arañaban su interior, rogando por salir. Se bebió gran parte del vaso de una tirada, ahogando sus ganas de llorar en esos momentos.

Volteó a sus espaldas al escuchar cómo la puerta del cuarto de Eri se cerraba para verla caminar hacia ella con su nuevo vestido. Ochako sonrió a la niña.

―Vaya, ese vestido te queda hermoso, Eri-chan ―dijo y la niña sonrió ampliamente.

La niña detuvo sus pasos al ver su rostro y su sonrisa desapareció entonces.

―¿Por qué luces triste? ―Susurró Eri y Ochako recordó a la niña con la que chocó por la calle. Sus ojos se llenaron de lágrimas―. Uraraka-san…

―Lo siento, es solo que…

―Eri ―la voz de Katsuki causó que ambas voltearan a verlo saliendo de la habitación que compartía con Ochako―. Ve a la sala, te pondré la televisión mientras Ochako termina de prepararse.

La niña dudó un momento al mirar de vuelta a la castaña pero ella asintió, dándole luz verde a que acatara las palabras del hombre. Katsuki la guio a la sala para prender la televisión y hacerla sentar en el sofá, buscando un canal para niños que llamara su atención. Entre tanto, Ochako tomó el test para dirigir al baño para proceder a las instrucciones que acarreaba la prueba de embarazo.

Cerró la puerta del baño, bajó su ropa interior y subió su falda para sentarse en el inodoro y de ese modo, permitirse espacio entre sus piernas para poder humedecer el área absorbente con su orina. Siguió las instrucciones de la caja y una vez finalizada la recolección de muestra, volvió a colocar la tapa al test y lo dejó reposar sobre la mesada del lavabo de manos.

Lavó sus manos, se arregló el vestido y comenzó a contabilizar el tiempo que implicaba recibir una respuesta por parte del test. Escuchó un par de golpes en la puerta que le alertaron. Ochako le abrió la puerta y Katsuki ingresó al cuarto de baño en silencio, cerrando tras de sí la puerta.

―¿Ya lo has hecho? ―Preguntó el rubio y su novia asintió, señalando el test de embarazo en la mesada del lavabo―. ¿Cuánto tiempo debemos esperar?

―Tres minutos ―respondió. Katsuki asintió.

Hubo un momento de silencio entre ambos en el que ninguno sabía muy bien qué decir, pero tampoco querían dejar las cosas de ese modo. Ochako suspiró.

―Si te pregunté qué haríamos en caso de que… No sea el estrés, no lo dije como si fuese algo malo. ―Katsuki no la miraba, tenía la atención puesta en el suelo, una de sus manos se revolvía sus rubios cabellos tratando de calmarse. Estaba nervioso, ella igual.

―Katsuki, lo siento. ―La voz de la mujer lo hizo mirarla y sentirse observada por los tristes ojos de su novio, solo la hicieron encogerse en su sitio―. De verdad, lo lamento, es solo que… ―Ochako tomó asiento sobre la tapa del excusado―. Cuando se hablaba de niños te ponías extraño y yo…

Bakugo se acercó a Uraraka y arrodillándose ante ella, apretó la piel de sus rodillas visibles bajo su falda.

―Quiero hijos contigo, Ochako ―susurró Katsuki―. Quiero tantos como podamos. Es solo que no creí que pasaría tan pronto.

Los ojos de Ochako se humedecieron y él sonrió para acercarse a ella, la mujer lo abrazó y hundió su rostro en su cuello, exhaló un suspiro al sentir el calor de los brazos del hombre rodeándola.

―Quiero una familia a tu lado, Katsuki ―sollozó la mujer―. Pero no quería presionarte ni que te sientas obligado a nada…

―Carajo, Cara de ángel, quiero todo contigo ―respondió acariciando su espalda, intentando calmarla―. Ahora o dentro de cinco años, seguiré queriendo lo mismo mientras sea contigo.

Ochako besó sus labios con cariño, con ganas y él sólo podía abrazarla más y más. Sentir los besos húmedos y salados de Ochako lo hacía sonreír entre besos, sus manos acariciaban su espalda y ella sólo podía atraerlo más y más a sí.

―Ochako ―susurró Katsuki deteniendo el beso―, no podemos continuar… No sé cuánto tiempo una niña de once años puede seguir entretenida con la televisión.

La castaña rio por lo bajo para asentir. Katsuki limpió sus mejillas con sus dedos y dándole un último beso en los labios para ponerse de pie.

―¿Crees que ya es tiempo? ―Inquirió Bakugo.

―Eso creo ―respondió tomando su móvil para corroborar que el tiempo se había cumplido. Ella lo miró―. Es hora.

Katsuki asintió. Ochako apretó la mano del hombre y con la que tenía libre, tomó el test para observar el resultado. Ochako contuvo el aliento, intentó sonreír pero había algo que se lo impedía. La mano de Katsuki apretando la suya llamó su atención, él formuló una pequeña sonrisa apenada y ella solo pudo asentir.

―Ochako…

―Estoy bien ―respondió la castaña guardando el test en su caja. Se acomodó mejor el vestido y fue al espejo para observar su reflejo―. Me pondré un poco de maquillaje. No quiero que me vean así.

Katsuki dudó en soltar su mano pero ella insistió con una sonrisa y un "estoy bien" que no sonaba tan creíble.


Cuando la cena navideña finalizó y cada quien debía marcharse a sus respectivos hogares, Eri no dejaba de apretar la mano de Ochako cuando comprendió que debía volver a la gigantesca y fría mansión de su tía. Uraraka bajó hasta la altura de la niña, acomodó un mechón plateado tras su oreja para mirarla con cariño.

―Toga-san es un poco difícil, lo sé. ―Uraraka sonrió para mirar a lo lejos a la mujer hablando con Katsuki―. Pero también sé que ella te necesita en estos momentos.

―¿Me necesita? ―Preguntó Eri a lo que Ochako asintió.

―Cuando tenemos mucha soledad en nuestro interior, solemos ser difíciles pero llegaste a nuestras vidas por una razón, Eri-chan ―dijo la castaña mirándola―. Es la primera navidad sin mi padre, pero me alegra que haya sido mi primera navidad contigo.

Eri abrazó a la mujer tomándola por sorpresa pero no tardó en rodearla con sus brazos. Se sentía tan cálida y frágil que Ochako sólo podía abrazarla y desear no soltarla nunca.

―Ésta es mi primera navidad feliz ―susurró la niña para separarse de ella.

El pecho de Ochako adoleció al escucharla decir esas cosas. Deseaba protegerla de todo, pero sabía que en esos momentos, ella debía volver con Toga. Besó la frente de la niña para sonreír y poniéndose de pie, tomó su mano.

―Creo que también lo es para Toga-san ―respondió Ochako y Eri miró a su tía observándola con una pequeña sonrisa―. ¿Me prometes que la cuidarás?

Eri asintió enseguida y Ochako sonrió para caminar con ella hacia donde Himiko se encontraba. Eri fue hasta su tía para tomar su mano, sorprendiéndola.

Toga recordaba cómo se sentía el tacto de su sobrina tomando su mano al observar su palma abierta. El 25 de diciembre había llegado y la halló sentada en su sofá de cuero portando un cómodo camisón frente a su televisor. Miró al árbol navideño pequeño que había conseguido por insistencia de Ochako y a la estrella brillando en su punta. Sonrió para llevarse a los labios su gran taza de café.

Escuchó la puerta del cuarto de Eri cerrándose así que volteó a mirarla avanzar con su conjunto de pijamas violáceas hacia donde ella se encontraba. Toga le dedicó una pequeña sonrisa que la niña le dedicó de igual modo.

―Feliz Navidad ―dijo Himiko al tenerla cerca suyo.

―Feliz Navidad ―respondió la niña en un hilo de voz.

Recordó las palabras de Katsuki dadas el día anterior. ¿Y si ésta es una oportunidad de sanarte a ti misma? Dime, ¿no te parece justo darte a ti y a ella una mano para hacer bien las cosas?

Dio un sorbo más a su café para ponerse de pie y caminar hacia el árbol navideño teniendo la atenta mirada de la niña encima suyo. Toga volteó a verla.

―¿No quieres ver tus regalos? ―Preguntó y los ojos de Eri enseñaron sorpresa, se apresuró a caminar hacia ella para ver que su tía tenía razón, había tres cajas envueltas en papel de regalo de distintos tamaños con una tarjeta en cada una de ellas, en donde el nombre Toga Eri yacía escrita.

Eri dudó un momento en tomar uno de ellos al leer su nombre pero Himiko, sentándose en el suelo, tomó su mano para acercarla.

―De ahora en más, eres una Toga, niña ―respondió―. No soy cariñosa como Ochako porque nunca planee ser madre pero eres mi responsabilidad a partir de ahora. Eres mi familia a partir de ahora.

Eri sonrió a su tía para sentarse a su lado y abrazarla. Himiko no supo cómo reaccionar en primera instancia pero posó una mano sobre la cabeza de la niña para comenzar. Eri rio por lo bajo para separarse y mirarla con una sonrisa.

―Himiko-san es graciosa ―respondió Eri, consiguiendo que las mejillas de Toga se sonrojaran.

―¡Hey, no soy graciosa! ―Pero Eri siguió riendo―. Como sea, revisa tus regalos antes de que cambie de opinión y llame a Santa de vuelta.

Eri dejó de reír enseguida para tomar uno de sus regalos y comenzar a abrirlos con genuina emoción en su rostro. Toga se limitaba a beber de su taza sin dejar de observar a la niña frente a ella, pensando en las palabras que Katsuki le había dicho.

Era una oportunidad para sanarse a sí misma y darle un verdadero hogar a la niña que ella alguna vez fue.

Su teléfono comenzó a sonar con la llegada de un mensaje, no tardó en ponerse de pie dejando a Eri seguir con sus regalos para ella tomar su móvil y revisar quién podía ser, imaginándose que quizá sea Ochako preguntando por Eri. Para su desgracia, no fue así.

Necesitamos hablar.

Toga quedó pálida en su sitio al leer que el destinatario era un número desconocido. Sus entrañas se removieron al imaginar que el asunto con La Liga aún no había acabado. Volteó a sus espaldas para ver a Eri gritando de emoción al ver una muñeca con bello vestido rojo.

―¡Himiko-san, mira lo que Santa me trajo! ―Dijo la niña con emoción. Toga apretó con fuerza su móvil entre sus manos.

No. No iba a dejar que nada le pasara a su familia.

Volvió a guardar su teléfono su cartera, ignorándolo. Caminó hacia Eri para continuar a su lado. Ella había pagado el precio justo para que dejaran de molestarla y sin importar cuánto ruido hiciera su móvil, ella no volvería a ser chantajeada por nadie más.

Acarició la cabeza de la niña y ésta sonrió a ella.

―¿Qué sucede? ―Preguntó Eri al verla.

―… ―Toga volvió a mirar a sus espaldas observando su cartera en donde seguía vibrando, anunciando la llegada de una llamada. Volvió su atención a su sobrina―. No es nada. ¿Ya has revisado tus otros regalos?

―¿También son para mí? ―Preguntó emocionada y Toga asintió sencillamente.

Eri se puso a desenvolver los demás regalos sin poder parar de sonreír, mientras Toga intentaba hallar una forma de cómo resolver lo que sea que estaba pasando sin que algo le afecte a Eri.


Iida Tenya solía pasar casi todas las festividades trabajando porque desde niño, había admirado el compromiso que su padre tenía con la policía, su hermano siguió el mismo camino y él, por igual, esperaba siempre estar al servicio de la ciudadanía dando su tiempo en los días que más trabajo solía haber.

Pero ese año había llamado la atención de sus compañeros y colegas por haber solicitado días libres en Navidad. Era extraño, normalmente, era el primero en poner su nombre en las fichas de turnos para festividades pero muchas cosas habían cambiado en él desde que conoció a Utsushimi Camie.

Sintió el cabello rubio de su novia acariciando sus mejillas, bajando hasta la comisura de sus labios hasta concentrarse en su mentón. Escuchó la risita de Camie y de a poco, los ojos del Sargento de la unidad de Shibuya fue abriendo los ojos hallando a su novia sonriéndole. La imagen era magnífica, Camie en su desnudez acariciando su cabello, mirándolo con ese cariño y sensualidad que solo hallaba en sus ojos.

―Feliz navidad, Sargento ―susurró la rubia para besar sus labios.

Tenya la atrajo hacia sí para voltearla y dejarla debajo de su cuerpo, acentuando el candor de los besos. Camie podía calentarlo con solo un beso y despertar con ella desnuda junto a él, solo incrementaba su lívido.

―¿Por qué no traes un moño puesto? ―Preguntó Tenya besando el cuello de su novia, haciéndola reír―. Eres el regalo que siempre había querido.

―Eres un cursi, Ten ―reía Camie para abrazarlo.

―Soy cursi, Camie ―respondió y ella lo atrajo hacia sus labios para besarlo dulcemente―. Es raro no trabajar en Navidad.

―De nada ―dijo la rubia―. Tuve que obligarte para que dejaras a un lado tu trabajo por un día para pasarlo con nuestros amigos y poder disfrutar contigo nuestra primera navidad.

―Primera de muchas ―corrigió y ella asintió.

Los besos continuaron hasta subir la temperatura en ambos cuerpos, dándose el regalo de navidad entre ellos. El sudor empapando sus cuerpos desnudos, sus gemidos y ruegos rasgando las paredes y el deseo por ambos creciendo a medida que el orgasmo iba llegando en ambos. Se besaron y rieron con la respiración desbocada, anhelándose teniéndose allí pero deseando más.

El aroma a café inundó la casa cuando Camie puso la cafetera en funcionamiento. Tenya salía del baño ya aseado y con su pijama para acercarse a su novia que llevaba un camisón semi-transparente.

―Eso huele bien ―susurró Tenya conra su cuello.

―Espera a que prepare el verdadero desayuno ―comentó con gracia.

El teléfono de Iida comenzó a sonar en la mesa comedor llamando la atención de ambos, el hombre fue a tomarlo bostezando en el trayecto, aún no estaba acostumbrado a dormir tanto. Colocó sus lentes para ver el número y hallar el nombre de Toga Himiko en la pantalla lo hizo enarcar una ceja.

―¿Quién es? ―Preguntó Camie al notar su mutismo.

―Toga-san ―respondió―. Al parecer es algo urgente, me ha dejado tres llamadas.

―Contesta entonces.

Tenya asintió para tomar la llamada de la empresaria gastronómica.

―Toga-san, Feliz Nav… ―Sus palabras fueron interrumpidas cuando la voz de la mujer comenzó a escucharse con cierta urgencia. Camie miró a su novio con extrañeza y más aún al ver cómo la expresión relajada de éste fue endureciéndose a medida que escuchaba a Toga hablar―. Entiendo. ¿Puede acudir a la comisaría? Estaré allí en 10 minutos.

Iida finalizó la llamada y fue a su cuarto para cambiarse con presura. Camie lo siguió.

―¿Qué pasó? ¿A dónde vas? ―Preguntó la rubia.

―A la comisaría ―respondió y antes de que Camie insistiera en que tenía un día libre, Tenya la miró con seriedad―. Hará una declaración sobre el caso de su hermano. Dijo que es urgente y que posiblemente, esté en peligro.


El 25 de diciembre, muchas personas recibieron regalos y abrazos, café o chocolate caliente en una bonita taza alegórica a la fecha, besos en las mejillas, en la frente o en los labios. Era esa fecha en el año que nos ponía más cariñosos que de costumbre o quizá era el exceso de color rojo en las habitaciones que alteraba la calma.

El 25 de diciembre, Yaoyorozu Momo pasó el día en la casa de su abuelo y por insistencia suya, lo hizo decorar su vivienda tradicional con algunas serpentinas de colores festivos y un bonito árbol navideño de 15 cm., mientras lo escuchaba repetir "tonterías occidentales" más de una vez.

Ella fue quien entregó regalos y abrazos a su abuelo, lo vio sonrojar de la sorpresa al recibir un regalo envuelto en una gran caja roja y también repetir por décima quinta vez "tonterías occidentales" como todo abuelo cascarrabias, intentando fingir que no se alegraba de tener a su nieta regalándole un sweater para él.

Pero llegado las ocho y media del día, también recibió una llamada que no esperaba. Toga Himiko figuraba en su pantalla y un nudo en la garganta se acentuó en la azabache antes de contestar. Fue breve pero a pesar de todo, escuchar su "Feliz Navidad" la hizo sonreír por lo bajo.

Lamento todo lo sucedido, Yaomomo ―dijo la rubia tras la línea―. Ojalá pudiese cambiar las cosas pero ambas sabemos que tiendo a sabotear todas mis relaciones. ―Una risa triste escuchó Momo y estrujó su abrigo.

La llamada no duró más que eso y la mujer se preguntó a qué se debía aquel regalo por parte de Himiko; por mucho que se dijera que no era necesario darle muchas vueltas, ella seguía pensando que algo no estaba bien.

El 25 de diciembre, Todoroki Shoto se encontraba con su madre, sirviéndole otra taza de chocolate caliente mientras veían películas viejas navideñas como Rei acostumbraba. Shoto sonrió a su madre al verla riendo como si fuese la primera vez que veía sus películas. Bajó la vista a su taza con forma de cabeza de reno que su madre le había regalado por Navidad y negó para sí mismo, llevándose a sus labios el borde éste saboreando café negro.

El 25 de diciembre había acordado con Deku que ambos pasarían con sus familias y cenarían algo en el departamento juntos. Se habían entregado bonitos regalos en la mañana y el sexo matutino no había faltado para iniciar bien el día.

Pero el 25 de diciembre, Shoto no solo recibió regalos y un buen orgasmo por parte de su novio; también recibió una llamada para nada esperada por parte de Toga Himiko.

Dejó su taza en la mesa ratona y sonrió a su madre para tranquilizarla, se alejó lo suficiente para tomar la llamada de la socia comercial de su (ex) jefe sin saber qué esperar con ello.

―¿Toga? ―Preguntó.

¡Feliz navidad! ―Dijo y Shoto guardó silencio un momento sin saber por qué estaba escuchándola decir eso. Himiko suspiró―. Escucha, sé que no es momento de hablar de trabajo pero te tengo uno. Te enviaré un mail con los detalles.

―¿De qué va esto? ―Preguntó sin estar muy convencido.

Es posible que haya hecho una tontería y necesito respaldo legal ―respondió la mujer ya sin paciencia―. Katsuki tenía razón; nunca es tarde para hacer bien las cosas.

Sin nada más que agregar, Toga finalizó su llamada con el abogado. Tardó cerca de dos minutos para que su alerta de mensajes en su correo figurara en su pantalla, enseñándole el mensaje de Toga. Sus ojos se abrieron con sorpresa al leerlo.

―Mierda…

―¿Shoto? ―Preguntó su madre y el hombre guardó su móvil en su bolsillo―. ¿Ya vienes?

El hombre asintió a su madre para caminar hacia ella, mientras pensaba en el mensaje y llamada de Toga. Dejó escapar un suspiro.

El 25 de diciembre Uraraka Ochako se había despertado pasadas las ocho de la mañana con el aroma de café y tostadas reinando sus sentidos. Se sintió sola en la cama y comprobó que Katsuki no estaba a su lado. Bajó sus pies de la cama y colocándose las grandes pantuflas rosas que su novio le había regalado por Navidad, dejó la habitación. Se limpió los ojos con sus dedos, espabilando de a poco.

Bakugo escuchó sus pasos, volteó a verla con una pequeña sonrisa que ella correspondió al acercarse a él, abrazándolo por la espalda.

―¿Qué haces despierto tan temprano? ―Preguntó la mujer y Katsuki rio por lo bajo.

―¿Temprano? Para ti, quizá, cara redonda ―respondió volteándose a verla. Acercó sus labios a la frente descubierta de Ochako y la besó dulcemente―. Feliz Navidad.

Ochako sonrió y jaló de su camiseta para atraerla hacia ella, besando sus labios de forma demandante. Katsuki la abrazó y la levantó hasta que las piernas de la mujer rodearon su cintura.

―Feliz Navidad para ti también, señor madrugador ―respondió y Katsuki rio, volviéndola a besar―. ¿Qué huele tan bien?

―Tu desayuno, claro está. ―Ochako bajó al suelo y se llevó una tostada francesa a la boca para dar un gran mordisco, llenándose los labios con migas.

Katsuki solo la observaba entretenido de verla comer como si fuese aún una niña. Bajó la vista por el cuerpo de su novia, llevaba puesto un camisón semi-trasparente que le había regalado por Navidad junto a sus pantuflas peludas de color rosa que sabía que quería desde hace tiempo. No pudo evitar notar que los pechos de Ochako estaban un poco más grandes de lo que recordaba y su instinto fue más rápido que sus modales, dirigiendo sus manos a la parte baja de sus senos sintiéndolos tan tibios.

Ochako se sonrojó y rio por lo bajo.

―¿Qué sucede? ―Preguntó Ochako―. ¿Quieres que te de vuelta otro regalo de navidad?

Katsuki rio pero no dejó de sentir sus pechos. Acercó sus dedos a los pezones casi visibles bajo la tela del camisón y Ochako se alejó de él, cubriéndose sus pechos. Él la miró con curiosidad.

―Están muy sensibles ―respondió ella sencillamente y Katsuki asintió.

―También están más grandes. ―El rubio se acercó a ella, tomó su rostro entre sus manos―. ¿Y si el test de embarazo se equivocó? ―Preguntó pero Ochako dejó escapar un suspiro cansino, apartando la mirada de la de su novio―. Ochako, podríamos hacerte un análisis de sangre, son más confiables.

―Katsuki ―frenó Ochako, mirándolo con inquietud―. Yo… No quiero volver a ilusionarme con esto y que me digan que no.

―Si ese es el caso, podemos seguir intentándolo ―respondió con una sonrisa ladina que la hizo reír―. Podríamos retomarlo, quizá ésta vez funcione.

―¿Oh, eso crees? ―Preguntó Ochako sonriendo, atrayéndolo a ella―. Si es así, señor madrugador, hazme un hijo.

―Tus deseos son… ―El sonido del timbre del departamento los hizo voltear a ver la puerta principal, ambos compartieron una mirada sin saber a quíen podrían esperar tan temprano―. Tu madre dijo que quería almorzar con nosotros.

―Pero aún es muy temprano para eso ―respondió Ochako viendo alejarse a su novio para abrir a la puerta.

Katsuki estaba sorprendido y Ochako fue a ver qué lo tenía de ese modo, pero al ver a Toga Himiko y a Eri al pie de la puerta, comprendió su sorpresa.

El 25 de diciembre Ochako había recibido más que una propuesta para tener un hijo y lo podía ver en los ojos de Himiko intentando ocultar cuál aterrada estaba.

―Toga-san ―dijo Ochako―. ¿No quieres pasar?

―Sólo vine a dejarles a Eri ―respondió deprisa y antes de que las preguntas iniciaran, la rubia añadió―. Debo hablar contigo, Katsuki.

Ochako comprendió que lo mejor para todos era que solo hablarara con Bakugo así que asintió a las palabras de Toga y mirando a la niña frente a ella, le dedicó una sonrisa junto a su mano extendida, con la promesa de un delicioso desayuno y películas navideñas. Eri no tardó en aceptar la invitación y tanto ella como Ochako fueron a la sala dejándolos solos.

Himiko miró a Katsuki y éste cerró la puerta tras de él para hablar mejor en el pasillo.

―Tenías razón ―inició Toga―. Sí tuve algo que ver con lo que le sucedió a Kai y ahora estoy pagando las consecuencias.

―¿Qué demonios, Toga? ―Preguntó molesto.

―Antes de que digas nada, ya estaba harta de él y necesitaba ponerle un freno a toda su locura ―respondió enseguida. Toga aspiró profundo―. Pero me involucré con personas muy peligrosas y Eri no está segura conmigo.

―¿Qué sucede con Ochako y conmigo entonces? ―Katsuki no disimulaba su enfado y Himiko lo sabía, sabía que había cruzado la línea con lo razonable a lo desquiciado pero ya no podía hacer mucho más que seguir adelante―. ¿Qué harás ahora?

―Ustedes están bien, no se preocupen por eso ―respondió―. Iida me espera en la estación de policía para dar mi declaración y que me brinden protección.

Bakugo aspiró profundo para suspirar, peinándose el cabello hacia atrás, intentando serenarse. Entonces, vio la mano extendida de Toga y no supo qué esperar; dirigió su propia mano a la ajena y entonces, Himiko apretó su mano.

―Si algo me pasa, Katsuki ―Bakugo frunció su entrecejo al escucharla decir esas cosas―, dime que cuidarán de Eri. Todoroki tiene todas mis declaraciones con respecto a la tutela de Eri.

―Toga…

―Por favor ―pidió la rubia. Katsuki nunca la había visto tan asustada y rogando. Apretó su mano para asentir―. Gracias.

El 25 de diciembre, Toga Himiko hizo entrega de muchas cosas a muchas personas; una disculpa, un trabajo y una niña. Se marchó del Meraki's Place con la consciencia casi tranquila porque si en algo era buena, era en organizar todo para que siguiera el trayecto que ella deseaba.

El 25 de diciembre, Toga Himiko fue a la estación de policía de Shibuya en donde la aguardaban tanto Iida Tenya como Sero Hanta para tomar su declaración. No tardó mucho en llegar y una vez allí, la hicieron pasar a una de las salas de interrogación para ser abordada como deberían.

Pero su oficial aún no llegaba y estar sola en la fría sala de interrogación, estaba alterándola más de lo que debería. Aspiró profundo y trató de serenarse. Estaba segura que la única forma de solucionar el problema era afrontándolo, algo que casi nunca había hecho. Siempre que un problema relativamente grande se presentaba, ella huía, ponía excusas o actuaba de la forma más cruel posible y se hacía a un lado.

Lo hizo con su padre. Lo hizo con Momo. Lo hizo con Towers. Lo hacía siempre que podía.

Pero ver a Eri tan lastimada, tan dolida le recordó cuán frágil era ella también, que a pesar de sus años, Himiko seguía siendo una niña de once años asustada y lastimada y que lo mejor que podía hacer por su sobrina y por ella misma, era darle fin a todo el desastre que había causado.

La puerta de la sala se abrió entonces llamando su atención, volteó a la entrada para hablar con Iida pero al reconocer que no era ni Tenya ni Hanta, sus manos se volvieron puños. Llevaba uniforme policial pero no recordaba haberlo visto nunca.

―¿Dónde está el Sargento Iida? ―Preguntó la rubia poniéndose de pie.

―Vendrá en un rato ―respondió―. Yo tomaré su declaración, Toga-san.

―Preferiría que Iida lo haga. ―Toga se apartó de la mesa para caminar hacia la salida pero la figura del hombre interponiéndose en su escape la hizo detenerse―. Quítese. Necesito hablar con el verdadero oficial a cargo.

La mano del hombre tomó su pequeña muñeca y la hizo girarse hasta echarla de regreso a la mesa de interrogación que contaba la sala. Ella lo miró molesta pero al reconocer que el hombre no era un verdadero oficial, sudó frío.

―La Liga dice "Feliz Navidad".

.