Dante despertó con el estómago gruñendo de forma bastante irrespetuosa. El día anterior se había extendido tanto que apenas las señales del casco de realidad virtual se apagaron por completo, Dante cayó dormido en el mismo sitio en que estaba. Ahora su organismo estaba recordandole que necesitaba sustento para funcionar y que pasar un día entero en la misma posición no era algo saludable para sus músculos.
Le tomó un par de intentos poder bajar de la cama sin que sus brazos y piernas gritaran de dolor por el entumecimiento extremo de aquella agotadora jornada de exploración, pero finalmente su voluntad pudo más que las quejas de sus músculos y tras darse unos masajes improvisados pudo ponerse de pie e ir hasta el baño.
La ducha caliente lo relajó aún más y cuando salió del cuarto de baño envuelto en unas toallas en medio de una nube de vapor, el entumecimiento era apenas una molestia.
El asunto de su alimentación era algo más complicado. Era tarde, varios minutos habían pasado del mediodía y su refrigerador estaba completamente vacío. Tomó su Pad de la mesita de luz y buscó el primer delivery de comida que estuviese cerca. Veinte minutos mas tarde un Drone repartidor llegaba a la entrada de su departamente y dejaba en el piso una cajita térmica llena de comida caliente que el jóven olió desde mucho antes que sonase el timbre de la puerta.
Decir que desfallecía de hambre era quedarse corto; Dante devoró el arroz y los camarones casi tan rápido que varias veces tuvo que detenerse para tomar aire. Por suerte había pedido una porción extra-grande, pero aún así vació los recipientes por completo y devoró hasta los pequeños granos de arroz que habían quedado en el mantel. Satisfecho limpió la mesa y tras arrojar todos los residuos a sus respectivos recipientes de reciclaje, se sentó en el sillón a revisar su correspondencia. Había un par de notificaciones del gobierno Colonial con avisos importantes y no se sorprendió en absoluto al ver los dos primeros mensajes y sus remitentes, pero si bien la comida lo había hecho sentirse mucho mejor, dejó el mensaje de Duval para último lugar. Con un rápido movimiento del dedo abrió el mensaje de Karina primero.
Ya he enviado el informe de la misión a Duval. También transmití en forma remota vía Datalink con la Macross las grabaciones de los sensores del caza para su análisis. El Director me ha ordenado descansar por el momento pero me ha asegurado que tendremos una reunión de Debriefing en algún momento de la tarde… así que supongo que la misma orden va para ti.
Nos vemos a la tarde.
Karina O'Higgins.
Dante cerró la ventana con el mensaje y miró a través de la verdadera ventana de su apartamento que daba a la calle. Las cortinas estaban apenas corridas y podía ver por una pequeña rendija las calles vacías de la Colonia. Cada vez había más gente en las vainas y menos en la vida "real".
Abrió otra lata de jugo y mientras bebía lentamente leyó los mensajes que el Gobierno Colonial había enviado a su cuenta. Su estado en la Flota 41 había cambiado y su ID principal ya no mostraba la palabra «VISITANTE» en su estatus ciudadano; en cambio ahora era un verdadero «RESIDENTE» legal.
Aquello volvió a traer a su mente el asunto del Gran Salto. Como siempre, otros habían decidido por él su futuro ¿Acaso aquella aventura de cruzar media galaxia en estado de animación suspendida pero con la consciencia despierta era una buena idea? El gobierno había prometido generosas recompensas a los colonos participantes en aquel emprendimiento, especialmente teniendo en cuenta los riesgos. ¿Pero alguien le había preguntado a Dante su opinión al respecto? Desde que había sido arrojado al interior de aquella nave en Edén había perdido por completo el control de su vida y ahora allí estaba; siendo reconocido como habitante de una Colonia al que él no había solicitado unirse.
Si Nelly estuviera allí probablemente le echaría la culpa al Destino… pero ella era un personaje en un juego, no podía saber lo que sucedía en el mundo real… ¿Verdad?
Una rápida mirada a su historial bancario y un poco de alivio ocultó momentáneamente sus dudas y temores. Alpha Corporation había depositado un adelanto de su sueldo y por primera vez en un año su cuenta volvía a estar en números que no eran rojos. Rápidamente utilizó la interfaz de su cuenta bancaria para pagar una media docena de pequeños préstamos que había pedido mientras duró su periplo por el espacio y una vez que hubo terminado aquello suspiró satisfecho.
Era como empezar de nuevo… sin deudas del pasado, una nueva ciudad, un nuevo trabajo, la perspectiva de un futuro prometedor… ¿Acaso realmente quería sabotear aquella oportunidad? Aunque tal vez ya era tarde para eso. ¿Podría pedir que lo transfirieran en aquel momento, en medio de los preparativos del salto? Algo le decía que aquella ventana se había cerrado definitivamente luego del anuncio del adelanto de las operaciones del Fold de largo alcance.
Dante abrió una ventana con las noticias y reprodujo el discurso del Capitán Simmons sobre el adelantamiento de la fecha de salto. Era evidente que era un hombre que no admitía demoras en sus planes.
Estaba mirando a la IA llamada Aurora mientras respondía las preguntas de los periodistas cuando una llamada entrante apareció en un pequeño recuadro de la ventana que miraba en esos momentos. Dante estaba bebiendo de su lata y usó el dedo pulgar de su mano izquierda para responder la llamada. Cuando el mismo rostro de la rueda de prensa que en ese momento había quedado pausado de fondo apareció en la videollamada, Dante escupió un chorro de jugo que por suerte no enchastró la pantalla de su Pad de puro milagro.
—Buenas tardes Señor Joyner. —dijo la IA llamada Aurora desde la pantalla. —¿Interrumpo algo importante?
El joven se limpió con la manga de su remera y sacudió la cabeza. —No...no hay problema. —afirmó. —Justamente estaba viendo la conferencia de prensa de ayer y me sorprendió ver su llamada. —respondió. —¿El Capitán Simmons necesita algo de mí? —preguntó asombrado.
—No. —respondió con seriedad el avatar que representaba la IA. —Soy yo la que necesita hablar con usted en privado. —dijo.
Dante tragó saliva nervioso. —Estoy… a su servicio. —dijo enderezandose en la silla.
—He recibido el informe de la Teniente O'Higgins esta mañana y me ha resultado muy interesante lo que ha descrito en el. —dijo.
Aquello sorprendió al joven. —¿La Teniente O'Higgins reporta sus actividades directamente a usted? —preguntó confundido. —No lo sabía.
—Por supuesto que no lo sabe. —respondió la IA. —Ni debería saberlo. Mi rango en la flota me permite tener acceso a los informes de cada uno de mis subordinados de forma irrestricta.
—Entiendo. —respondió Dante. —Es que me sorprende que los informes que generamos dentro de Calypso sean de interés en la milicia.
—Le recuerdo que es el ejército quien ha contratado a su empresa. —observó la mujer. —Alpha Corporation es un contratista de esta flota y sus actividades están también bajo nuestra supervisión directa. En el caso de la Teniente O'Higgins, ella cumple sus actividades como apoyo a los contratistas civiles, pero continúa siendo parte de su Escuadrón Designado y debe reportar a su Capitán al cabo de cada misión.
—Comprendo.
—Karina O'Higgins lleva casi un año trabajando con su empresa dentro de la Simulación de Calypso y he estado monitoreando sus actividades con interés, pero especialmente esta última semana ha habido un cambio radical en su comportamiento y en sus reportes que me han visto obligada a indagar un poco más en el asunto.
Dante suspiró. —Espero no haber causado problemas a la Teniente —dijo.
Aurora sonrió desde la pantalla. —No se preocupe señor Joyner. —lo tranquilizó. —Le aseguro que mi interés en la Teniente O'Higgins es meramente con fines de investigación.
—¿Investigación? —preguntó confundido Dante.
—Me imagino que es usted familiar con el concepto de "gamificación" de las actividades sociales. —explicó la IA.
—Por eso es que estoy aquí. —suspiró nuevamente el joven. —Por tomarme un juego como algo demasiado en serio.
—Estoy al tanto de las vicisitudes alrededor de su graduación en la Academia de Oficiales. —observó Aurora.
—Me lo suponía. —respondió el joven masajeandose la sien al imaginar que tan al tanto estaba aquel programa de computadora. —¿Por qué lo que me sucedió allí es relevante? —preguntó en cambio.
—Porque quiero evitar que algo similar suceda en esta flota. —respondió la IA.
—¿Eh?
—La exposición a un entorno virtual realista puede causar que mucha gente intente… "explotar" los aspectos de la simulación en pos de una ganancia personal. —explicó Aurora. —Ya sea en base a aumentar puntaje en forma artificial o a tomar riesgos que en la vida real no tomarían jamás, me interesa abordar la problemática que las fuerzas de esta flota puedan desarrollar una vez que estemos dentro del Salto FOLD.
Dante escuchó con atención y dejó la lata vacía de jugo a un lado. —¿Cree que el personal militar pueda aprovecharse de las reglas de la simulación? —preguntó.
—Eso entre otras cosas. —respondió la IA. —Me interesa investigar los efectos que ese comportamiento pueda generar a largo plazo, especialmente en lo que respecta al desempeño de las tropas.
El joven se rascó la cabeza. —Incluso con el realismo del UniEngine, el hecho que las tropas sepan que están en una simulación crea un estado de conciencia predeterminado al momento de realizar sus tareas. —dijo.
—Exacto. Hasta el momento solo he podido examinar el comportamiento de la Teniente O'Higgins, pero espero comenzar a recabar la información de todo el personal militar de la flota una vez que comience el Salto.
—¿Sabe Karina que…?
—Por supuesto que lo sabe. —respondió Aurora. —No sería ético que utilice información personal sin el consentimiento y aprobación de cada individuo.
—Lo siento… no quise decir que… —comenzó a disculparse Dante.
—Es evidente que usted nunca ha trabajado con una Inteligencia Artificial antes. —observó el avatar de Aurora. —Todo lo que yo haga en esta flota se basa en las reglas y procedimientos de la milicia. —afirmó. —Espero que lo tenga en cuenta, Señor Joyner.
—Si. —respondió el joven al advertir la amenaza en el tono de voz de la IA. —Lo haré.
Una hoja de informe se materializó en las manos de Aurora mientras esta seguía hablando. —Aunque es demasiado pronto para sacar conclusiones (Después de todo solo tengo los reportes de su compañera como material de investigación) me atrevo a decir que el desempeño de la Teniente en la simulación ha superado mis expectativas.
—¿Lo ha hecho? —preguntó asombrado Dante.
—Antes que usted se uniera al equipo de Duval, la Teniente sólo realizaba tareas rutinarias de observación y análisis… tareas para las cuales sus habilidades como piloto de las Fuerzas Especiales eran un verdadero desperdicio, pero esta última semana todo ha cambiado por completo.
Dante tragó saliva al escuchar aquello.
—Las situaciones a las que ambos han estado sometidos en estos días han resultado ser… bastante curiosas. —observó la IA mirando detenidamente a Dante. La simulación de Calypso ha puesto a prueba hasta la última gota de habilidad de la Teniente… y también la suya, Señor Joyner. —dijo.
—La Teniente O'Higgins es quien ha hecho todo el trabajo duro. —respondió Dante. —Si no fuera por ella y sus habilidades jamás habríamos podido sobrevivir a los peligros de Calypso.
El avatar de Aurora asintió y volvió a mirar los informes. —Pero lo más sorprendente. —dijo volviendo a levantar la mirada. —Es este… equipo que usted ha ensamblado dentro de la Simulación.
—¿Que yo…?
—En Calypso lo llaman "Party"— observó la IA. —Pero a fin de cuentas es un equipo de tareas muy bien organizado.
La pantalla del Pad de Dante se ensanchó para acomodar los datos extra que Aurora enviaba en esos momentos. —Estas personas… Diógenes, Silvana, Mirna y... Nelly. Ellos han resultado ser elementos muy valiosos en el desarrollo de sus tareas en Calypso. —dijo mostrando las hojas con el informe de Karina que se desplegaron alrededor de la pantalla.
Dante suspiró. —Me temo que nuestro grupo es el fruto de la casualidad y la improvisación. —reconoció el joven. —Y además tuvimos mucha suerte.
La imagen de la pantalla lo miró de forma extraña. —¿Está insinuando que el éxito de su misión se debió a un RNG?
—¿RNG? —repitió Dante sin comprender.
—Random Number Generator. —recitó la IA en perfecto Inglés —Un Generador de Números Aleatorios.
—Lo siento.—se disculpó el joven. —Hay mucho vocabulario técnico de la simulación que todavía me es desconocido. ¿Supongo que se trata de una especie de lanzador de dados? —preguntó.
—"Dios No Juega a los Dados" —respondió la IA con una sonrisa.
—Si, aunque ciertamente Einstein no dijo esa frase para referirse a una simulación avanzada. —respondió Dante. —Además aparentemente hay varios dioses en Calypso.
Aurora sonrió. —¿Y cual de todos ellos es el que lanza sus dados durante sus misiones, Joyner? —preguntó.
—Teniendo en cuenta todas las cosas que nos han pasado, definitivamente uno que no es bueno haciéndolo. —suspiró el joven.
La IA hizo desaparecer el informe de Karina y volvió a achicar la pantalla. —Ciertamente no se puede descartar por completo al azar en una simulación compleja. —observó. —Aunque preferiría tener datos más certeros a la hora de analizar las situaciones y las reacciones de cada participante. El informe de la Teniente detalla el resultado de la misión de rescate y aparentemente veo que se lograron otros objetivos con respecto a su trabajo en Calypso. ¿Es este grupo llamado "El Enjambre" parte del problema que debe resolver en la simulación, Joyner? —preguntó.
Dante se removió inquieto en el sillón. —Con respecto a eso… —comenzó a decir.
—¿Si?
—Me temo que el Director Duval me impide hacer comentarios al respecto… solo puedo discutir cierta información con él y solo con él.
—Ya veo. —respondió la IA. —¿Está usted al tanto que Duval responde también a mis ordenes, verdad?
«Oh mierda» —pensó Dante comprendiendo de pronto la situación. —Supongo que no es necesario que moleste al Director para pedirle permiso. —dijo en cambio.
La IA sonrió. —¿Lo ve? Se está adaptando perfectamente a trabajar con una Inteligencia Artificial al mando. —dijo con tono conciliador. —Es una verdadera lástima que un hombre como usted haya sido expulsado de la milicia… aquí podríamos aprovechar al máximo sus talentos.
—Gra-gracias. —masculló el joven.
—Volviendo al tema de su misión en el juego… ¿Qué opina usted de la tarea que le ha sido encomendada? ¿Cómo la describiría? —preguntó interesada Aurora.
Dante se cruzó de brazos y dejó el Pad apoyado sobre sus piernas. —Fuí contratado para ayudar a los Administradores del juego a encontrar y prevenir posibles crisis que la simulación desarrolle. —dijo.
—¿Crisis? —preguntó la IA.
—Eventos que atenten contra el bienestar de los jugadores. —explicó Dante. —Por ejemplo; hay un dragón negro muy poderoso cerca de las areas en los que los jugadores mas novatos desarrollan sus personajes… actualmente se encuentra inactivo, pero si ese dragón atacara esa zona, ningún jugador podria aparecer directamente en el juego sin que sea asesinado en el acto por aquella poderosa criatura.
—Comprendo.
—El Uniengine parece crear toda una cadena de eventos como parte de cada "crisis" que aparecen en el mundo, estos eventos son usados por el juego para crear "Quests" que los jugadores tratan de cumplir para ganar experiencia y tesoros, actualmente me encuentro siguiendo una de ellas que creemos tiene el potencial de desatar un cataclismo en la simulación a escala planetaria.
—Escala planetaria. —repitió Aurora. —Me parece algo asombroso que tanto usted como su equipo trabajen dentro de la simulación para resolver el problema. —dijo la IA.
Dante meditó aquello. —No estoy seguro de como funcione el UniEngine. —dijo. —Pero por la forma en que Duval me está preparando para lidiar con la simulación, no creo que ellos puedan predecir lo que prepare el Engine desde fuera.
—¿Cree que Alpha Corporation no posee control sobre la simulación? —preguntó con interés Aurora.
—No… es imposible. Duval me dijo que ellos tienen el código original. —respondió el joven. —Supongo que eso les dá acceso a todo lo que pueda hacer el UniEngine.
—Disponer del código fuente no es lo mismo que disponer de herramientas de monitoreo. —explicó la IA. —¿Está insinuando que hay partes de la simulación que están fuera del control de los Administradores?
—No en lo que respecta al UniEngine en sí. —respondió Dante. —Pero es con respecto a los jugadores que la cosa empieza a complicarse. Al principio mis jefes creían que esta crisis emergente era pura y exclusivamente una amenaza del UniEngine… pero tras la misión de ayer hemos descubierto que un grupo de jugadores está participando activamente en el desarrollo de la crisis.
—¿Los jugadores están colaborando a agravar esta crisis a escala planetaria? —preguntó la IA
—Si es adrede o en forma involuntaria, todavía no lo sabemos con seguridad. —explicó Dante. —Calypso parece incorporar las acciones de los jugadores al desarrollo del mundo de forma que cada acción tenga un sentido en el escenario de fantasía del juego. Tal vez las acciones del Enjambre no hayan sido originalmente parte de la crisis y fué el UniEngine quien interpretó sus actividades y las incorporó a la quest.
—¿Eso es lo que opina usted?
—Es una hipótesis. —respondió Dante. —Aún tengo que reunirme con el Director para hacer un reporte exhaustivo y poder examinar las evidencias que tenemos.
Aurora pareció meditar aquello un instante. —Apreciaría enormemente si pudiera suministrarme una copia de lo que se hable en dicha reunión. —pidió.
—No creo que haya ningún problema en ello. —aseguró Dante. —Le enviaré también una copia de mi informe.
—Muchas gracias por su ayuda, Señor Joyner. —agradeció la IA. —Y espero que podamos continuar trabajando juntos en el futuro.
—Lo mismo digo. —respondió el joven.
—Oh, y una cosa mas. —dijo Aurora de pronto. —Creo que es acertada la estrategia de trabajar desde dentro de la simulación para tener una idea de las variables que afectan al mundo, pero es también importante que usted comprenda como funciona la Simulación a nivel Software. ¿Tiene usted acceso al Compilador?
—¿Compilador? —preguntó Dante.
—Ya veo que no posee el conocimiento necesario… pero no se preocupe. —lo tranquilizó la IA. —Espero que el Señor Duval le dé el apoyo necesario en lo que respecta a comprender las funciones del código del UniEngine. La lógica del código es también un factor importante en como el software procesa la información que afecta al uniEngine, por lo que es igual de importante que usted tenga en cuenta ambos niveles. Por favor siga haciendo un excelente trabajo.
Inmediatamente la comunicación se cortó y Dante quedó sumido en el silencio de su apartamento.
—Mierda. —fué lo primero que dijo tras meditar todo lo que había sucedido. —Eso fué tan… irreal.
Dante tardó varios minutos en comprender el por que de la extraña sensación que sentía al hablar con aquella IA, pero no tardó en reconocerla. Hablar con Aurora era muy similar a hablar con Nelly dentro de Calypso. ¿Era porque ambas entidades no eran humanas? No, definitivamente no había comparación entre esas dos; Nelly era solo un NPC en Calypso pero Aurora era la segunda autoridad de la flota. Esa IA tenía capacidad de mando y eso se traducía en un efecto tangible en el mundo real.
Volvió a tomar el Pad y buscó en la bandeja de entrada el mensaje de Duval. Como lo esperaba era corto y directo al punto;
A partir de las 8AM del día de hoy tienes absolutamente prohibido entrar al juego. Tendremos una reunión con el Staff hoy por la tarde, enviaré a alguien a buscarte antes de que comience. Puedes descansar mientras tanto pero recuerda que tienes absolutamente prohibido entrar a Calypso.
Máximo Duval.
Algo le dijo que su jefe no bromeaba con eso de prohibirle entrar a Calypso… Dante ya había contradecido las órdenes de Duval un par de veces, pero definitivamente no lo desafiara esta vez. Marcó el mensaje como leído para que su Jefe supiera que estaba al tanto y apagó el Pad para tratar de meditar un poco sobre la situación en la que se encontraba… cosa que pudo hacer por poco tiempo. La pantalla del Pad volvió a iluminarse indicando que una nueva llamada entrante esperaba ser respondida. Dante suspiró y volvió a mover los dedos sobre la pantalla del aparato, temiendo ver algún otro rostro inesperado.
Para su alivio el avatar de Diógenes apareció en la ventana emergente.
—Menos mal, temía que fueras Vorax. —dijo activando la comunicación.
El Archivista sonrió desde su ventana. —¿No te bastó con enfrentarte a una fortaleza llena de Gigantes? ¿Ahora vas por el Dragón también?
—El ayudante de mi Jefe dice que una de mis habilidades es pegarme a los enemigos más grandes que me cruzo por el camino.
—Si te refieres a Willy, ya hemos charlado un rato esta mañana. —respondió el jugador. —Le envié mi informe y estaba muy emocionado de leerlo aunque…
—¿Aunque?
—Dice que Duval está hecho una furia por lo que hicimos… será mejor que te prepares para una buena reprimenda.
Dante suspiró imaginandose a lo que se refería el jugador—Recordaré equiparme un casco de acero, gracias por el aviso. —respondió. —¿Dices que ya has escrito un informe? ¿Entonces no te has pasado la mañana durmiendo como yo?
El jugador lo miró extrañado. —Ah… bueno, a diferencia de los que como tú están todavía en el mundo real, los que estamos en las vainas tenemos requerimientos de sueño muy diferentes.
—¿Cómo es eso?
—Dentro de las vainas nuestros cuerpos casi no consumen nutrientes o energía… es solo nuestro cerebro el que realiza toda actividad, es por eso que nosotros podemos descansar por completo con una o dos horas de sueño en vez de las seis o siete que necesitas tú para sentirte "Bien Descansado"
—Comprendo. —respondió Dante. —Supongo que tendré que acostumbrarme a eso también.
—Y disfruta de tus últimas comidas sólidas. —advirtió Diógenes. —Porque aquí dentro solo nos dan lo necesario para que el cerebro continúe funcionando, así que nada de alcohol o comidas picantes.
Dante se puso de pie y caminó por la habitación sosteniendo el Pad mientras miraba la pantalla con el avatar de su amiga mirándolo desde el cristal. —¿Solo para eso llamó? —preguntó.
—No. —respondió Diógenes. —Me imagino que ya sabes lo de la reunión de hoy a la tarde.
—¿A ti también te invitaron?
—Soy parte del equipo. —respondió el Archivista. —Al menos estoy seguro que no han invitado a Silvana ni a Mirna.
—¿Y a Nelly? —preguntó el joven medio en broma, medio en serio.
—Oh, esa Driada ha provocado un revuelo en el Clan Hall de La Orden. —dijo el jugador rascándose la cabeza. —No lo digo de mala manera claro, realmente están todos encantados con ella… pero no te imaginas las caras que ponían cada uno de ellos cuando se logueaban al juego y veían a Nelly y Silvana redecorando el Jardín de la casona.
—¿Redecorando…?
—¿Recuerdas mi torre? Se levanta en una de las alas de la casona, en una especie de terraza del primer nivel y alrededor hay varios canteros de flores… Rita modificó esa parte de la casa y junto con los demás miembros de La Orden crearon una especie de Ermita entre la torre y el edificio rodeada de canteros y hasta una pequeña cascada… Silvana la ha llenado de toda clase de plantas y flores y ahora tenemos un pequeño Santuario de Driadas en el Clan Hall. Es realmente hermoso, deberías venir a verlo.
—Me imagino que Alex no tuvo queja alguna de acoger a Nelly en el Clan.
—Para nada… bueno, estaba realmente confundido ya que aparentemente Nelly no es un NPC que pueda interactuar con el menú de gestión del ClanHall.
—¿Qué quieres decir?
—Los tres NPC's de La Orden se controlan mediante la interfaz de gestión del juego… pero Nelly no aparece en ella, su Status es similar al de nosotros los aventureros, hasta tuvo que firmar el mismo contrato que tu o yo.
—Mierda.
—Técnicamente es indistinguible de un jugador normal, la única diferencia…
—Es que es mortal. —afirmó el joven. —Y no puede salir del juego como nosotros.
—Exacto… ella es permanente en ese mundo, por eso Silvana y los demás han querido asegurarse que esté lo más cómoda posible en la casa.
—¿Y Mirna? ¿Cómo está nuestra gatita espía reformada?
—Al menos sigue igual de callada que siempre. —respondió Diógenes con una sonrisa. —No he podido hablar con ella a solas pero tampoco creí necesario hacerlo. No creo que sea buena idea presionar a la chica.
El joven asintió con la cabeza. —Dejemos que pase un tiempo prudencial, también debemos demostrarle que estamos de su lado.
Diógenes se rascó la barbilla sin dejar de mirar la cámara. —Con respecto a eso… me gustaría hablar contigo en persona. —dijo. —¿Puedes venir a la biblioteca de mi torre?
—No. —respondió el joven ante la sorpresa del jugador. —Duval me ha prohibido entrar a Calypso por hoy… y no pienso desobedecer por nada del mundo.
—Me lo imagino. —respondió el Archivista pensativo, quien de pronto cambió de expresión totalmente. —¿Solo te prohibió entrar a Calypso? —preguntó.
—Esas fueron sus palabras exactas. —respondió Dante.
—Entonces puedes entrar a la simulación comunal sin ningún problema. —aseguró.
—¿La Simulación Comunal? —preguntó Dante. —¿Quieres decir la Colonia simulada que no es parte del juego?
—Exacto
—Jamás he entrado ahí. —respondió el joven estratega. —Cada vez que me pongo el casco aparezco directamente en Calypso.
—Debes tener el hardware configurado para que entre al juego por defecto. —respondió el jugador. —Usa tu Pad para conectarte al dispositivo y mira en las opciones de configuración que debe estar la opción de auto-login activada.
Dante se detuvo junto a la ventana y miró hacia fuera. —¿Es importante lo que me tienes que decir? —preguntó.
—Ya lo verás. —respondió Diógenes. —Cuando entres a la Colonia usa mi contacto para transportarte hasta mi ubicación… conozco un buen lugar donde podremos conversar tranquilos.
—De acuerdo. —respondió el joven tras meditarlo unos momentos. —Te veré en quince minutos.
Diógenes saludó con la mano y cortó la comunicación.
Lo primero que hizo Dante fué ir hasta su cama y sentarse junto al casco de realidad virtual. Activó nuevamente su Pad y buscó la aplicación de conectividad tras lo cual desplegó una lista de dispositivos cercanos a los cual vincularse. Para su sorpresa casi todo en el departamento poseia un puerto de comunicación; desde la mirilla de la puerta para ver quien tocaba el timbre pasando por todas las luces del lugar hasta la heladera, cocina y artefactos del baño. Rápidamente localizó el casco de Realidad Virtual y tras seleccionarlo entró a sus propiedades, donde no tuvo problema alguno en encontrar la opción de entrada automática. Tras cambiarla a "Hub Comunal" apagó el Pad y se colocó el casco en la cabeza.
—Espero no meterme en mas problemas con esto. —dijo mientras se recostaba con cuidado mientras el aparato comenzaba a calibrarse previo a la sesión de juego. —Entrar. —dijo Dante.
Cuando abrió los ojos pensó que había entrado a Calypso y que Duval lo expulsaria al espacio exterior por haberle desobedecido, pero rápidamente comprendió que el enorme edificio de piedra que tenía enfrente era en realidad el ayuntamiento de la ciudad Colonial. Estaba en una plazoleta elevada y al voltearse vió el parque que se extendía frente al edificio y los árboles que rodeaban los canteros y senderos desiertos de gente. Levantó la cabeza pero solo vió el cielo azul, no había señales del techo de metal o las grandes pantallas atmosféricas de la Colonia en el mundo real.
Lo primero que echó de menos fueron sus indicadores de vida y maná, la brújula seguia en el mismo sitio que antes pero vió una serie de iconos nuevos que no existían en Calypso. Abrió el mapa y comprobó que, en efecto, estaba en la Colonia y no en el jugo. El siguiente paso fué localizar a Diógenes. Abrió su lista de contactos y vió solo el de Diógenes disponible (El de Silvana indicaba que la chica estaba dentro de Calypso y que no podía ser contactada directamente, solo podia dejar un mensaje de texto) Los contactos de Duval y Willy figuraban como No Disponibles o Ocupados. Tras hacer un gesto con la mano resaltó el nombre de Diógenes y una rueda con opciones se desplegó desde el texto. Dante eligió la opción de "ir a" y pronto su avatar se teletransportó en medio de una lluvia de pixels multicolores.
Apareció momentos más tarde en otro parque, pero uno mucho más pequeño que el que se veía desde el ayuntamiento. La pequeña plaza formaba una terraza con un pequeño mirador que coronaba una loma aislada y entre algunos árboles pudo ver una parte de la ciudad compuesta por casas residenciales que descendían hacia una bahía de aguas cristalinas. Los edificios de la metrópolis podían verse del otro lado del agua y también parte del puente colgante similar al de la antigua San Francisco.
Frente a él se encontraba un hombre de edad madura de más o menos su misma altura. Dante se cubrió los ojos para protegerse del sol que venía de frente y apenas pudo distinguir los rasgos del desconocido.
—¿Diógenes? —preguntó.
—En realidad me llamo Nathan, pero por tu salud mental será mejor que sigas llamándome Diógenes. —dijo el hombre extendiendo la mano. —Asumo que esta es también tu apariencia real.
Dante estrechó la mano de Diógenes y sacudió la cabeza. —Lo hacía… más bajito. —dijo con una sonrisa.
El hombre vestia jeans azules y una camisa a cuadros de manga larga arremangada por sobre los codos, tenia el cabello negro y largo hasta los hombros, apenas con algunos mechones grises aquí y allá y una barba prolijamente cortada. La sensación que daba aquel hombre era la de ser uno de esos directivos de empresa que intentaban dar una imagen joven y actual en vez de la madurez real. La tez más oscura de su piel le indicó a Dante que en efecto, aquel hombre tenía algo de sangre Zentradi en sus venas. —¿Soy el único que usa su verdadera apariencia en todos lados? —preguntó.
—No, pero no es la norma… generalmente la gente opta por una apariencia que refleja su profesión en Calypso. —respondió el jugador.
Dante caminó hasta la barandilla del mirador y sintió el aire de la bahía sacudir sus cabellos. —La simulación de la Colonia es casi perfecta. —dijo. —Creo que me va a gustar vivir aquí.
—Deberías aprovechar y buscarte un apartamento con una buena vista. —aconsejó Diógenes. —Los mejores sitios cerca de la ciudad ya están ocupados, pero hay espacio de sobra por todos lados y como verás por el asunto de la teletransportación instantánea, las distancias no significan nada aquí dentro.
El joven se protegió los ojos y examinó el paisaje. —Y sin embargo veo líneas de trenes y autobuses.
—Es todo decoración. —explicó el jugador. —Aunque si quieres puedes usar el transporte público y relajarte un poco mientras recorres la ciudad… es todo gratuito y hablando de recorrer… ¿Nos ponemos en marcha?
—¿A dónde vamos? —preguntó Dante dándose la vuelta hacia su amigo.
—No demasiado lejos, podremos conversar mientras caminamos. —dijo señalando colina abajo.
Los dos amigos se pusieron en marcha y descendieron del parque por un camino empedrado. Pronto se encontraron recorriendo las calles vacías del barrio residencial a medida que descendían hacia la bahía.
—Willy está muy preocupado por lo que descubrimos. —explicó Diógenes mientras caminaban. —Cree que no es ninguna casualidad que El Enjambre esté farmeando esa clase de monstruos a escondidas.
—¿Se sabe que es lo que hacen los gigantes con esos bichos? —preguntó el joven estratega.
—Definitivamente no los crían por la Experiencia que dan al morir. —respondió el Archivista. —Aun siendo monstruos de un nivel particularmente alto, para un gigante aplastar una de esas cosas no significa más que unos pocos puntos de ganancia.
—Eso significa que los crían por otro motivo… ¿Alguna clase de material extraído de esos "slimes"?
—Bingo. —respondió Diógenes. —¿Notaste algo en especial en esos bichos?
—¿Aparte del fulgor escarlata? Nada en particular.
—Ese brillo que producen se debe a un tipo de bacteria que crece en su sistema digestivo y, en el caso de la "transformación" del monstruo en Elite, se reproduce exponencialmente.
—¿Bacteria? —preguntó Dante confundido. —¿Calypso también simula la flora intestinal de los monstruos?
—Tal vez sea solo una explicación del "lore" de esos monstruos. —opinó el Archivista. —Como sea, aparentemente lo que esas bacterias producen es grandes cantidades de Cuarzos FOLD.
Dante pensó un momento en ello. —Osea el material que los aventureros recolectan de los monstruos para fabricar esos cristales que recuperan mana… ¿No? —preguntó recordando lo que le había explicado Alex.
—Exacto.
—Teniendo en cuenta lo que ha sucedido últimamente en Calypso con esos cristales, me parece que no es muy difícil imaginarse para qué quieren esos bichos. —dijo el joven. —Los están criando como si fueran ganado.
Diógenes lo miró interesado. —¿Tu crees eso? —preguntó.
—¿Qué otra explicación hay entonces? —se preguntó Dante.
—Bueno. —dijo Diógenes acariciándose la barba. —Para comenzar, los Zentradi no usan magia… y tampoco pueden manipular los extractores de Cuarzos para hacerlo.
—Entonces claramente es una operación conjunta con los personajes "Micrones" del Enjambre. —respondió el joven. —Deben tener jugadores de tamaño normal que realizan la extracción por ellos.
—Supongo que es así. —dijo el Archivista encogiéndose de hombros.
Llegaron a una avenida arbolada y pronto entraron a una zona comercial llena de edificios de oficinas y tiendas de todo tipo. Solo el transporte público recorría las calles vacías e incluso así ver los vehículos circular sin pasajeros era una vista algo deprimente. —Deberían poner NPC's para rellenar la ciudad. —se quejó Dante.
—Muchos lo han pedido… pero creo que en definitiva todo se sentiría un poco más falso y lo que el gobierno quiere es que la gente se sienta lo más cómoda posible para que el cerebro no note la diferencia.
Tras caminar unas cinco cuadras más, Diógenes señaló un edificio con la entrada vidriada. —Es aquí. —dijo.
—¿Una biblioteca? —observó Dante
—En ese aspecto, soy igual que el Diógenes de Calypso. —se sinceró el hombre. —Me gustan las bibliotecas.
Las puertas automáticas se abrieron en cuanto los dos amigos se acercaron a la entrada y vieron que el escritorio de la recepcionista estaba vacío.
—La bibliotecaria aún no ha llegado. —dijo Diógenes.
—¿Podemos entrar igual aunque no haya nadie? —preguntó Dante.
—Claro, de todas formas casi nunca hay nadie. —respondió el Archivista. —Vamos a la sala de lectura.
Atravesaron el salón de recepción y entraron a una enorme habitación llena de estantes con toda clase de libros. Dante se sorprendió al ver que la estancia era no solo increíblemente ancha, sino que parecía ser más alta que el propio edificio.
—Es más grande por dentro que por fuera. —dijo señalando los balcones que asomaban casi a veinte metros de altura.
—No pensarás poner todos los libros de la humanidad en un pequeño edificio en los suburbios. —respondió Diógenes.
Caminaron hasta llegar a un espacio despejado entre los estantes en donde había varias mesas de lectura equipadas con lámparas especiales que no fatigaban los ojos.
—Aquí podremos charlar tranquilos. —dijo el Archivista tomando asiento en un cómodo sillón de terciopelo antiguo. Dante se sentó en uno igual frente a su compañero. —¿Y bien? —preguntó. —¿Qué es lo que querías decirme?
Diógenes se recostó contra el sofá y cruzó las manos sobre su regazo. —¿Sabes lo que sucederá ahora, verdad? —pregunto.
Dante miró al hombre a los ojos. —¿Te refieres a las consecuencias de lo que hicimos ayer?
—Precisamente.
—Todo va a depender de que tan público se hagan los hechos. —respondió el joven. —Tal vez El Enjambre no desee que su pequeña "operación" se haga conocida y decida no divulgar nada del ataque.
El Archivista sacudió la cabeza. —Me temo que los rumores ya han comenzado a circular. —dijo haciendo un gesto con la mano para invocar una pantalla holográfica. —Mira; recopilé un par de post interesantes en los foros y las redes sociales.
Con solo leer los títulos Dante tuvo suficiente. —"Ataque Quirúrgico al Enjambre", "Noche de Terror para los Gigantes", "Un nuevo Horror siembra el Terror entre los Zentradis del Enjambre" —leyó.
—Y especialmente el "Fan-Art" que ya ha empezado a circular por la Red es muy revelador. —señaló Diógenes abriendo una página extra. —Mira.
Se trataba de un dibujo de estilo manga y Dante tuvo que contenerse para no soltar una sonora carcajada en la biblioteca. —Eso.. ¿Eso es?
—Gork. —respondió el hombre con una sonrisa. —¿No es divino?
El artista había representado a la ilusión que cubría al VF-4 en modo Gerwalk de una forma grotesca y sobrenatural, pero era el enorme miembro exquisitamente detallado el que atraía toda la atención sobre el dibujo.
—Si Karina ve esto, va a dispararle al artista con su pistola reglamentaria. —dijo Dante sacudiendo la cabeza.
Diógenes cambió la imagen y esta vez apareció el mismo dibujo pero alguien había colocado una capa semitransparente sobre el mismo y con líneas rojas había delineado los contornos del VF-4 en modo Gerwalk. —Los detectives de la Red han descifrado el misterio con relativa facilidad. —dijo. —Así que El Enjambre ya sabe que los administradores y acaso la milicia están involucrados en el ataque a una de sus bases.
—Es evidencia circunstancial. —observó.
—Pero más que suficiente para que la gente comience a hablar… y no han parado de hacerlo desde la madrugada, te lo aseguro.
—¿Está preocupado? —preguntó Dante mirando al hombre que tenía en frente. —¿Eso es lo que sucede?
Diógenes sacudió la cabeza. —Esto es para mi una parte del juego. —dijo. —Incluso aunque esté "de lado" de los Administradores… para mi sigue siendo solo un juego y una parte fundamental del motivo por el que vine a esta flota.
Dante no comprendió del todo aquello último. —No comprendo… ¿A que se refiere?
—Calypso es la razón por la que yo estoy en la Flota 41. —explicó el Archivista. —¿Sorprendido?
—A decir verdad… si. —reconoció el joven. —Esta es una flota experimental y la clase de salto de larga duración que va a hacerse… No, no lo comprendo realmente. —dijo. —¿Usted está aquí exclusivamente por la simulación? ¿No le interesa la inmigración a un planeta nuevo que colonizar?
—Le sorprenderá saber que no soy el único. —dijo el hombre sonriendo. —Es más… casi con seguridad afirmaría que la mayoría de los habitantes civiles de esta colonia han venido pura y exclusivamente por Calypso y no por el esfuerzo colonizador de la NUNS.
Dante se quedó sin palabras al oír aquello. —Entonces… —comenzó a decir casi para sí. —¿Esta es una Colonia de… "Gamers"? —preguntó.
—En su mayor parte así es… "Gamers" y sus familias. —explicó Diógenes.
—No tiene sentido. —dijo Dante sacudiendo la cabeza. —¿Que empujaria a miles de personas a arriesgar no solo sus vidas, sinó la de sus familias también en esta flota que viaja a lo desconocido?
—Calypso. —respondió Diógenes con una sonrisa. —Calypso es la razón.
—¡Pero es solo un videojuego!
—Un videojuego único en su tipo. —lo corrigió el Archivista. —Y solo hay un lugar en donde la gente puede jugarlo.
Dante se rascó la cabeza. —Es… estúpido. —dijo. —Esto no tiene sentido.
—Mucha gente ha esperado décadas para poder experimentar al legendario UniEngine en un videojuego inmersivo como este. —explicó el jugador. —Incluso muchos han muerto de viejos sin siquiera probar siquiera una "Demo" de lo que este maravilloso programa prometía a los fanáticos de los juegos MMORPG's… y ahora que por fin fué terminado tras tantos años de ser apenas algo más que un rumor, la gente viajó desde todos los puntos de la Galaxia hasta Edén para poder participar de la experiencia única de entrar a Calypso.
—Mierda.
—La Flota 41 es la Flota más "Freak" y "Gamer" de toda la Galaxia conocida. —exclamó Diógenes riendo. —¿Realmente no sabias en donde te estabas metiendo? —preguntó.
—Ni siquiera me lo imaginaba. —reconoció.
—Entonces ya te darás cuenta de lo importante que es Calypso para nosotros. —dijo. —Si puedo aportar mi granito de arena para salvarlo, lo haré incluso sacrificando a mi personaje.
Dante lo miró fijamente. —¿Realmente crees que Calypso esté en peligro? —preguntó.
—Si, lo creo. —respondió el jugador. —Y el UniEngine no es cosa de risa… podrá ser un juego en apariencia, pero la simulación que corre por debajo de nuestros avatares e interfaz es algo muy serio y realista… creo que el peligro es verdadero, pero no alcanzo a predecir sus consecuencias.
—Ni yo. —reconoció Dante. —Pero algo me dice que no estamos viendo el cuadro completo.
Diógenes cerró las ventanas con los chismes y rumores de las redes sociales y se cruzó de brazos. —¿Crees que te escondan información? —preguntó.
—No lo se. —respondió el joven. —El Director Duval no tuvo otra opción que confiar en mí en este asunto… ten en cuenta que literalmente me fueron a buscar hasta La Tierra solo para que pudiese trabajar en este problema, pero al fin y al cabo solo nos conocemos hace menos de una semana, en definitiva, no creo que compartan con un extraño recién llegado a la flota todos los secretos del juego.
—Ya veo. —respondió Diógenes. —No estoy realmente más tranquilo luego de esta conversación, pero al menos ahora estoy seguro que tu motivación para salvar este mundo es verdadera.
Dante lo miró con curiosidad. —¿Qué motivación creías que tenía? —preguntó.
—Temía que te tomaras esto como un simple trabajo.
El joven sacudió la cabeza. —Dudo que al UniEngine se lo pueda derrotar desde fuera. —dijo. —Tendremos que jugar, literalmente, con sus propias reglas para vencerlo.
—¿Y crees que se puede vencer al UniEngine? —preguntó Diógenes.
—Primero y principal… ¿Realmente debemos "vencer" al software? —preguntó Dante. —¿O simplemente debemos capear la tempestad? ¿A que nos enfrentamos realmente?
—Vorax. —dijo el Archivista. —Nadie en Calypso puede enfrentarse a ese Dragón, no todavía al menos.
—Lo se. —respondió Dante. —Pero tal vez sea cuestión de ganar tiempo, tiempo para que los jugadores se preparen para el ataque.
Diógenes meditó aquello con cuidado. —Vorax es lo que se llama un "Raid Épico"—explicó. —Enfrentarse a él requiere de una planificación y manejo de recursos excepcional, no solo para luchar con el Dragón en sí, sinó para agrupar a todos los combatientes y prepararlos de forma adecuada a la batalla.
Dante lo miró asombrado. —¿Quieres decir la logística?
—Así es. —Solo un clan como El Imperio puede transportar a los suficientes guerreros, magos y personajes de soporte para una batalla de esa escala, que dicho sea de paso, no sabemos cuanto tiempo dure.
—Y ellos aún no están listos al parecer. —dijo el joven. —Tal vez Duval pueda suministrarnos información sobre las fuerzas de las que disponen y su verdadera capacidad de combate.
—Y hablando del Rey de Roma…
En ese momento una notificación llegó simultáneamente a la interfaz de mensajería de ambos amigos.
—Es Duval, dice que la reunión ya está programada. —leyó Diógenes rápidamente. —Tenemos un par de horas más para hacer tiempo si quieres.
—Tal vez menos. —respondió Dante. —Dice que enviará un taxi a mi apartamento para recogerme en una hora.
—Ustedes los de "afuera" si que son complicados. —bromeó el hombre. —¿Ya te haz hecho la idea de lo que te espera en la vaina de viaje? —preguntó.
—Aparentemente me meterán a la fuerza en una junto en la oficina de Alpha Corporation. —explicó el joven. —Ya firmé el contrato así que no puedo hacer nada al respecto.
—Creeme que no te gustaría estar fuera de una. —dijo Diógenes. —El Síndrome FOLD le hace cosas horribles a las personas que se atreven a realizar saltos más allá de los márgenes de seguridad establecidos. —dijo golpeándose la sien con uno de sus dedos.
El joven se puso de pie y se cruzó de brazos. —Y aún así todos estos colonos se arriesgan a este… experimento… ¿Por un videojuego? —preguntó no muy convencido aún.
—La ciencia ha demostrado que las personas cuyas mentes se enlazan a conciencias simuladas no son afectadas por el Síndrome FOLD. —respondió el hombre. —Es completamente seguro.
—Ojalá yo tuviera tu optimismo. —dijo Dante encogiéndose de hombros mientras Diógenes también se ponía de pie. —Salgamos a tomar un poco de aire fresco. —dijo señalando el pasillo.
Los dos amigos abandonaron la sala de lecturas y cruzaron las interminables filas llenas de toda clase de volúmenes de todo tipo. Pronto llegaron a la salida que comunicaba con la Recepción.
—Parece que la bibliotecaria ya ha llegado. —observó Diógenes señalando el escritorio de la recepcionista. —Ven, los presentaré… y considera anotarte en la biblioteca como lector registrado, eso le agradará muchísimo.
Diógenes y Dante se acercaron al escritorio y vieron que detrás de él se encontraba una joven de anteojos con el pelo castaño atado en una trenza que en esos momentos consultaba la pantalla holográfica de una computadora.
—Hola Ayumi. —dijo Diógenes saludando con la mano. —Te he traído a un joven lector para que asocies a la biblioteca. —dijo guiñandole un ojo a Dante.
La joven levantó la vista y miró a los dos hombres con interés. —Nathan. —exclamó sorprendida acomodándose los lentes. —No sabia que se encontraba dentro de la biblioteca
De inmediato se puso de pié y esbozando una amplia sonrisa extendió la mano hacia el joven desconocido. —Bienvenido a la Biblioteca Muni-.
La forma en que la joven cortó la frase por la mitad hizo que ambos amigos se miraran confundidos. —¿Ayumi…? —preguntó intranquilo Diógenes. —¿Sucede algo?
La joven había quedado con la mano extendida pero ahora no a modo de saludo, sinó que era el dedo índice el que señalaba a Dante. —Tu. —dijo con una voz extraña.
—Eres… tú.
—¿Y ahora que hice, Diógenes? —preguntó Dante dando un paso atrás.
—¿Di-Diógenes? —Ayumi se volvió hacia el hombre. —¿Tu… tú eres Diógenes de Calypso? —preguntó con un hilo de voz.
—Claro, ese es mi "Nick" en el juego. —respondió nervioso el Archivista. —¿Nunca te lo había dicho…?
Los dos compañeros presenciaron entonces una transformación increíble. La joven bibliotecaria se irguió llena de cólera y en un movimiento casi sobrenatural por la velocidad en que lo realizaba colocó violentamente su pié sobre el escritorio mientras señalaba con el dedo al joven estratega. —¡Eres tú! —gritó. —¡Eres una de las ratas que se escabulló de mis manos en las Catacumbas de Mir!
La forma repentina con la que la joven había cambiado de comportamiento en tan pocos segundos había dejado helados a los dos amigos, pero la mente de Dante no estaba del todo paralizada. Por un instante le pareció ver en aquella exagerada pose de la joven al enorme guerrero vestido con la aparatosa armadura de acero brillante.
—Oh por todos los… ¿DiMarco? —exclamó Dante llevándose las manos a la cabeza. —¿Eres tú?
La joven se llevó ambas manos a la boca al darse cuenta de lo que había hecho. —¡Oh rayos! —exclamó al comprender que había revelado también su identidad.
Lo que siguió fué el minuto de silencio más largo que Dante pudiera recordar. La joven seguía con la boca tapada mirando con los ojos abiertos a los dos hombres que tenía delante.
—Esto… esto es muy vergonzoso. —dijo Dante dando un paso atrás. —Será mejor que nos vayamos…
—¡Y un cuerno! —gritó la joven extendiendo el brazo. —¡Tu no te iras!
Las persianas de la biblioteca descendieron de golpe y la puerta de vidrio se cerró de inmediato. Diógenes miró la entrada cerrada y se volvió hacia la joven. —Ayumi… ¿Recuerdas que aquí podemos teletransportarnos a cualquier lugar que queramos al instante?
El rostro de la joven se puso rojo como un tomate. —¡Eso no importa! —gritó.—¡Les prohibo que se vayan de este lugar! —ordenó.
Dante y Diógenes se miraron confundidos sin saber que hacer mientras Ayumi seguía con una pierna sobre el escritorio y actitud amenazante. Finalmente Dante tuvo suficiente con aquello y cerrando los puños dió un paso adelante. —¿Pero que rayos te sucede? —exclamó furioso. —¿No te alcanza con acosarnos en el juego, también te atreves a insultarme fuera de él? ¿Es una especie de broma de mal gusto?
Ayumi bajó el brazo confundida con la reacción del joven. —¿Eh..? Pero…
—¿Crees que me gusta que un desconocido me llame "rata" frente a mis amigos? ¿Crees que es divertido encerrarnos contra nuestra voluntad? ¡Esto no es un juego! —exclamó el joven visiblemente irritado. —¡Y tu no estas vistiendo una armadura de caballero!
La joven tomó conciencia de donde se encontraba parada y su rostro se sonrojó aún más. Con cuidado se bajó del escritorio y se colocó a un lado del mismo. —Yo… yo lo siento mucho. —dijo inclinándose a la manera japonesa. —Me comporté de forma inadecuada, por favor pido disculpas.
Dante aún estaba furioso por lo que Diógenes colocó una mano en el hombro de su amigo para intentar calmarlo. —Dante, será mejor que tú también te calmes. Ayumi se ha disculpado. ¿Podemos discutir esto como los adultos que somos?
—Pero… —comenzó a decir el joven que guardó silencio de inmediato al ver la mirada fría de su compañero. —¿Entendido? —volvió a preguntar el hombre llamado Nathan.
El joven tragó saliva. —Si. —dijo con un susurro.
—Ayumi. —dijo Diógenes. —Dante es una buena persona, te aseguro que no es necesario que traslademos las rencillas de Calypso a nuestra vida diaria. ¿Escucharias al menos lo que tenemos para decirte? Estoy seguro que todo se va a aclarar si nos permites darte una explicación.
La joven se acomodó los anteojos y miró a los dos hombres todavía indecisa. —Yo… está bien. —dijo suspirando. —Por favor siganme.
Los condujo por una puerta lateral hacia un estudio hermosamente decorado con pisos y techos de maderas preciosas . Las paredes estaban llenas de estantes con libros y una magnífica araña llena de luces colgaba del techo. Frente a una chimenea de mármol blanco se encontraban unos sillones y una pequeña mesita.
—Tomen asiento por favor. —pidió Ayumi. —Serviré un poco de té.
—Muchas gracias por tu amabilidad. —respondió Diógenes mientras Dante guardaba silencio.
La joven hizo aparecer la bandeja con la tetera y las tazas en sus manos mediante un comando de la interfaz de la simulación y tras colocarla sobre la mesita sirvió la infusión en las exquisitas tazas de porcelana. Dante recibió su taza sin decir una palabra, lo que motivó una mirada de reprimenda de su amigo.
—Estoy… sorprendida. —dijo mientras alcanzaba la taza al Archivista. —En todos estos meses que nos conocemos jamás me contó que era jugador de Calypso.
Diógenes tomó la taza y respondió con una ligera inclinación de cabeza. —Yo tampoco creí que tu estabas interesada en Calypso… como el juego no apareció en ninguna de nuestras charlas, realmente nunca se me ocurrió preguntarte si también eras una jugadora. —reconoció mientras la joven tomaba asiento frente a él.
Ayumi tomó un pequeño sorbo de té y depositó la taza en el plato. —No hablo de Calypso en mi trabajo real para mantener a salvo mi identidad. —dijo. —Me imagino que comprendes el por qué.
—El Capitán DiMarco… el segundo personaje mas poderoso e Influyente de todo El Imperio. —dijo Diógenes tras beber un sorbo de té. —Si no te conociera de estos meses que compartimos en la biblioteca, diría que es una fachada increíble… que por supuesto no lo es. ¿Verdad?
—Amo mi trabajo. —respondió la joven. —No es ninguna fachada.
—Lo se, y eso lo hace aún más verdadero. —respondió el Archivista. —Mi personaje en Calypso también frecuenta bibliotecas, es por eso que elegí a Mir como mi ciudad de inicio y es allí donde conocí a Dante hace unos días.
La joven se volvió hacia el Estratega. —No dudo de las palabras del Señor Nathan. —dijo. —Pero no creo en las casualidades. Es claro como el agua que hay una relación entre ese encuentro "casual" y su presencia en este lugar.
—No es mi problema. —respondió el joven que no había tocado su taza. —No tengo intención de involucrarme contigo o con ninguno de los de tu clan.
—¿Ah no? ¿Y qué es lo que has estado haciendo esta última semana? Contando nuestro primer encuentro bajo las cavernas de Jenne, no ha dejado de causar problemas a mi gente y a otros jugadores por todo Calypso desde entonces.
—Yo no recuerdo haber iniciado ninguna confrontación contigo. —respondió Dante visiblemente enojado. —Te pedimos que nos dejaras en paz en las catacumbas de Mir pero no, el orgulloso caballero tuvo que resolver el asunto con su espada.
—Asi es mi personaje. —respondió solemnemente la joven. —Tienes que entender que DiMarco piensa de ese modo en Calypso, no podía dejarlos ir sin conocer el propósito de su presencia en esa ciudad.
La forma en que la joven respondió hizo que Dante la mirara sorprendido.
—No puedes culpar a Ayumi de actuar como actuó, Dante. —lo tranquilizó Diógenes. —Además tienes que reconocer que nuestras acciones aquella noche fueron muy sospechosas.
—Pero eso no le dió derecho a…
—Es como funciona el juego. —respondió la joven. —Y Nathan tiene razón… Es inapropiado de mi parte ser irrespetuosa contigo fuera del juego y me he disculpado por ello, pero no puedo pedir perdón por cosas que mi personaje consideró correcto hacer. Son las reglas de Calypso.
Dante abrió la boca para decir algo pero ninguna palabra salió de entre sus labios. Tomó la taza de té y la bebió toda de un solo trago ante la sonrisa de Diógenes.
—Dante es una buena persona. —volvió a afirmar volviéndose hacia Ayumi. —Creeme que comprende perfectamente tus motivos y no te guarda verdadero rencor.
La joven suspiró. —Sea como sea ahora estoy en una posición verdaderamente comprometida con ustedes dos. —dijo. —Ustedes son los únicos fuera del Imperio que conocen mi verdadera identidad y eso me deja en desventaja, especialmente porque ahora debo negociar con ustedes el precio de su silencio.
—Ayumi, nos conocemos hace poco tiempo, es cierto. —dijo Diógenes terminando de beber su té. —Pero creeme que no soy la clase de persona que pondría un juego por sobre una amistad. —afirmó. —Y a Dante lo conozco aún hace menos tiempo, pero podría apostar una mano a que opina lo mismo, además… tú también conoces nuestra identidad. —dijo con una sonrisa… —Dante ni siquiera usa un avatar diferente en Calypso.
La joven miró a Dante a los ojos. —El Imperio ya conoce las identidades de ustedes dos al menos parcialmente. —dijo. —Tu eres un recién llegado a la Flota 41. —dijo. —Y tu compañera, la asesina de nivel alto… definitivamente es la misma persona que pilotea ese caza variable que muchos han visto por los cielos de Calypso.
Dante miró a la joven pero no respondió, en cambio tomó una masita de un plato y la tragó de un bocado. —Esto no tiene gusto a nada. —dijo.
—Lo tendrá una vez que entres a la vaina. —explicó Diógenes. —Como verás. —dijo volviéndose hacia Ayumi. —Estamos en la misma situación los tres. —afirmó.
La joven bibliotecaria no parecía muy convencida. Dejó la taza en su plato y miró al hombre mayor. —¿Por qué estás trabajando con él? —preguntó. —Si realmente afirmas que es una buena persona ¿Por qué tanto secretismo?
—Porque Dante quiere ayudar a Calypso. —respondió Diógenes.
—El imperio también. —respondió Ayumi. —Nuestro Clan existe para llevar orden al juego, para evitar a los PK's, a los Grieffers, Trolls e indeseables que solo quieren arruinar el juego para todos menos para ellos. Se necesita de una organización fuerte, con valores y reglas estrictas.
—Eso es… un buen punto de vista. —respondió Diógenes. —Ciertamente hay un mérito en el trabajo de vigilancia del Imperio contra los jugadores más caóticos.
—¿Lo ves? Por eso somos los buenos. —aseguró orgullosa la chica.
—Si fueran los buenos no deberían imponer su ideología a espadazos. —la recriminó Dante. —Ni ahogar a los clanes neutrales con impuestos o reglas restrictivas que limiten sus opciones dentro del juego.
Ayumi se puso de pié de golpe. —Las reglas son necesarias. —dijo. —No puedes vivir en una sociedad sin ellas, El Imperio es justo con aquellos que quieren jugar limpio en Calypso y se atienen a las reglas para garantizarlo.
—Si impones tus reglas a la fuerza, no eres el bueno. —respondió el joven.
—Alguien tiene que hacerlo… alguien tiene que asumir el riesgo. —se justificó la joven llevándose una mano al pecho. —Las reglas son para el beneficio de todos. ¿O acaso prefieres el caos y el libre albedrío en Calypso? ¿Que cualquiera pueda matar a cualquiera y no tenga que pagar por ello? —preguntó.
—No digo que no existan opciones… Solo digo que el autoritarismo no es la mejor forma de resolver el problema.
—¿Autori…? ¿Pero cómo te atreves…?
Diógenes se incorporó y se puso rápidamente entre ambos jóvenes. —Será mejor que bajen un cambio ustedes dos. —dijo con firmeza. —Los argumentos de ambos son igual de válidos, no es necesario que recurramos a acusaciones infundadas o a etiquetas predefinidas.
Ayumi volvió a sentarse y una nueva taza de té apareció en su mano. —Hablas de autoritarismo y sin embargo trabajas con los militares. —dijo.
—Si. —dijo Dante. —Pero yo no elegí hacerlo.
Diógenes se volvió hacia su compañero. —Hey Dante… se supone que…
—¿Que no debería decirlo? —preguntó. —Lo se, pero estoy cansado, cansado de ser maltratado dentro y fuera del juego. —se quejó.
La joven lo miró fijamente. —No pueden inmiscuirse con los poderes de Calypso y pretender salir indemne. —dijo volviéndose hacia Diógenes. —¿Por qué los militares están metiéndose en el juego? ¿Y qué hacen los Administradores al respecto? ¿Qué está sucediendo, Nathan?
El hombre suspiró y volvió a tomar asiento. —Es… complicado. —dijo. —Dante no puede hablar por estar bajo contrato con Alpha Corporation y yo he firmado un papel similar. —dijo.
Ayumi lo miró asombrada. —¿Entonces tú también eres…?
—Soy un jugador común y corriente. —explicó el hombre. —Solo estoy ayudando a Dante en su trabajo de proteger a Calypso… desde dentro.
—¿Desde...dentro? —preguntó la joven confundida.
—Como un jugador más. —afirmó el hombre. —Por eso estábamos tratando de mantener un perfil bajo y evitar el conflicto… pero las cosas no salieron del todo bien.
—Destruyeron media montaña en el Salto del Ermitaño. —recordó Ayumi. —Eso no es mantener un "Perfil bajo"
—Como te dije, las cosas no salieron del todo bien. —se disculpó el hombre. —Calypso no nos perdonó a nosotros tampoco y nos ha puesto a prueba duramente en esta misión.
—¿Misión? —preguntó la joven.
—Salvar a Calypso, como ya te he explicado.
—La Profecía. —dijo Ayumi de pronto.—Ustedes están tratando de hacer la misma Quest del NPC de Mir.
Dante levantó la vista y miró a la joven sorprendido.
—Si, El Imperio conoce sobre esa Quest. —respondió la joven leyendo la mente del Estratega. —No pudimos contactarnos con el NPC directamente pero obtuvimos la información por medios secundarios… se trata de una Quest Mundial, posiblemente relacionada a un Raid Épico, algunos de nuestros expertos en Lore creen que podría ser el primer paso para desbloquear el acceso a Vorax.
Los dos amigos se miraron en silencio entre sí.
—Ya veo que ninguno de los dos puede hablar del tema. —observó Ayumi. —Y ese silencio lo confirma, pero no entiendo ¿Por qué los Administradores y los Militares están compitiendo con nosotros? ¿Por qué están jugando el mismo juego?
—Porque son las reglas de Calypso. —dijo Diógenes. —Reglas que hasta Alpha Corporation tiene que seguir.
—Yo… no comprendo.
—Y nosotros menos. —respondió el Archivista. —Pero te aseguro que no estamos compitiendo contra nadie… solo queremos asegurarnos que no se produzca una crisis que arruine el juego para todos.
—Un momento. —dijo Ayumi extendiendo la mano. —¿Hablas de la Quest Mundial? ¿Crees que sea… peligrosa para los jugadores?
—Es lo que queremos averiguar. —dijo Dante.
Ayumi meditó aquello que había escuchado un momento tras lo cual sacudió la cabeza. —Lo que dicen es… difícil de creer. —dijo. —Los administradores jugando junto a los usuarios en forma encubierta… un caza de los militares colaborando con ellos. —de pronto la joven recordó algo. —¿Fueron ustedes los que ayer…?
—Algo así. —dijo Diógenes.
—Atacaron una base del Enjambre. —dijo la joven. —¿Eso fue parte de… tu trabajo? —preguntó mirando a Dante.
—El Enjambre secuestró a dos amigas y las torturaron metiendolas en un pozo con monstruos. —respondió el joven. —No podía dejarlas a merced de esos hijos de puta.
—Oh. —exclamó Ayumi.
—Tuvimos que improvisar su rescate. —explicó Diógenes. —Y… pasaron cosas. —dijo.
Ayumi miró a Dante y por primera vez no había cólera en su mirada. —Esas jugadoras de las que hablas… ¿Estaban contigo en esa party el día que nos encontramos bajo Jenne? —preguntó. —¿La druida y la arquera?
—Si. —respondió Dante.
—La Druida Natural. —exclamó la joven. —El Enjambre la tiene como objetivo hace tiempo. —dijo.
—Dante y yo estamos colaborando con un pequeño Clan de Jenne. —dijo Diógenes. —Y lamentablemente nos cruzamos con el Enjambre durante una investigación en el Bosque Viejo.
—No puedes ser un Administrador y colaborar con un Clan de jugadores. —dijo Ayumi con dureza. —No es algo ético.
—Pero Dante no es un Administrador. —explicó el Archivista. —Es un jugador común y corriente.
—Un jugador corriente no dispone de un caza variable. —lo reprochó la joven. —¿Cómo quieres que tome en serio tus dichos de ser "un jugador más" cuando usas una máquina que podría destruir ejércitos enteros con su armamento moderno?
Diógenes se rascó la cabeza. —Creeme que Dante y su compañera tienen reglas muy estrictas en lo que respecta a donde y como usar esa cosa. —explicó el hombre. —Pero al fin y al cabo tienes razón y es el motivo por el que debíamos mantener un perfil bajo… ahora tu lo sabes y como te darás cuenta, somos nosotros los que realmente estamos en desventaja.
La joven suspiró y se cruzó de brazos. —Lo que faltaba. —dijo. —Un escándalo de Metagaming en Calypso. —¿Qué rayos estaban pensando los Administradores cuando idearon este… plan? —preguntó.
Diógenes se encogió de hombros. —Dante tampoco me lo dice… pero creo que la mejor explicación es que estaban desesperados. —aseguró.
Ayumi lo miró fijamente. —Dime que estás bromeando.
—Soy un pésimo bromista. —reconoció el hombre.
La joven se masajeó las sienes con la mano mientras procesaba todo aquello. —Todo es… tan difícil de creer. —dijo. —Y el sentido común me dice que debería desconfiar de ustedes, pero tras escuchar esto que afirman sobre El Enjambre… al menos estoy dispuesta a escuchar al enemigo de mi enemigo.. ¿Sucede algo? —preguntó al ver como Dante había abierto una pequeña ventana de su interfaz y consultaba algo rápidamente.
—Aprecio la buena voluntad, pero ahora tengo que irme. —dijo Dante incorporándose de pronto. —Mi Jefe enviará a buscarme en un rato y debo estar preparado.
Diógenes se levantó también e hizo una reverencia hacia la joven. —Guardaremos tu identidad en secreto, no debes preocuparte por ello, Ayumi. —aseguró el hombre. —Y con respecto a Dante y a mi, te prometo que no queremos perjudicar al Imperio en nuestra tarea, pero es menester que mantengamos un perfil bajo por el momento.
—El Imperio ya está al tanto de muchas cosas. —aseguró la joven. —Si nuestros caminos vuelven a cruzarse en Calypso…
—Entonces será con DiMarco con quien deberemos entrar en razón. —dijo Dante. —Lo comprendo.
La joven lo miró fijamente. —Si realmente quieren ayudar a Calypso, entonces nuestros personajes llegarán a algún tipo de acuerdo, pero DiMarco odia las intrigas y los secretos, jamás lograrán su confianza si actúan de la misma forma que actuaron bajo las catacumbas de Mir.
—Lo tendremos en cuenta. —aseguró Dante desplegando el mapa en la interfaz para desconectarse de la simulación.
Ayumi asintió y de pronto recordó algo. —Espera. —dijo levantando una mano. —Antes de que se vayan… tengo una pregunta.
—Te responderemos si podemos. —aseguró Diógenes mientras Dante manipulaba las ventanas de su interfaz.
—Esa Asesina… la que luchó conmigo en Mir… ¿Cuál es su nombre? —preguntó.
Dante y Diógenes intercambiaron miradas silenciosas sin saber qué decir. Finalmente Dante se volvió hacia la joven y por primera vez desde que ambos se conocieran, sonrió. —Karina. —dijo. —Se llama Karina.
—Karina. —repitió la joven e inmediatamente hizo una reverencia. —Gracias por confiar en mi. —dijo.
Los dos amigos desaparecieron en una explosión de luz y Ayumi quedó sola en la habitación. Tenía tantas cosas que pensar y tanta información que procesar que al principio no se dió cuenta de la notificación que había aparecido en su interfaz de usuario. Cuando la abrió con un movimiento rápido de la mano y leyó de lo que se trataba, una sonrisa se dibujó en su rostro.
Era la solicitud de Dante para unirse a la Biblioteca.
