Disclaimer: ¡Ya son míos! ¡Ya son míos! — Eso gritaré cuando Takahashi-sensei me regale a los personajes.

Advertencia: Pueden haber alguno errores ortógraficos que se me hayan pasado por alto, disculpen. q-q

¡I'M BACK!

Oh sí queridas, he regresado...

Disfruten el capítulo nuevo


Su boca se abrió de miedo y trató de gritar, pero de nuevo, su voz no salió, el miedo aún corría como una corriente de río desbocado, por cada parte y espacio de su ser, paralizando su cuerpo en su lugar, por completo.

Se fijó entonces en Kikyo y notó que ella seguía ahí, dormida, pero estaba muy cerca del agujero.

Volvió a hacer el intento de hablarle, pero las palabras se atascaron en su garganta.

Sin más remedio y lleno de temor, se asomó con cuidado al hueco y se asombró al notar la espesura de su oscuridad, parecía infinita y etérea, temía que sí caía en él, eso sería todo lo que hiciera, caer infinitamente por un espacio olvidado.

Pero eso no era todo; porque de la oscuridad, emanaba chispas y centellas, parecidos a los choques eléctricos de reiki en sus cadenas, pero la diferencia con estas, era que provenían de un agujero negro y eran verdes.

— ¿Jigoku*…? — Shippo atemorizado, sólo podía pensar en que eso era un paso para el infierno.

¿Así era como castigaban a los prisioneros en Occidente?

¿Qué era eso?

Su cara se arrugó al escuchar pequeñas voces venir del hueco.

¿Qué demonios…?

¿Había alguien ahí dentro?

¿Entonces eso sí era un castigo?

¿Era ese su final?

Se agachó y se acercó más a la orilla de ese horado oscuro y tenebroso, un escalofrío le recorrió la espalda, haciéndole temblar, y no era para menos, esa cosa frente a él, era terrorífica.

Las voces incrementaron, cada vez menos inconfundibles, más precisas, certeras, pero a la vez más difusas y vagas, eran un embrollo que hacían su cabeza doler.

Por instantes, un pitido agudo e intenso se instalaba en sus sensibles orejas, haciendo su cabeza comenzó a doler a causa del irritante sonido.

Hasta que una voz clara, se escuchó desde lo que parecía ser el fondo del agujero.

— ¿Qué…? — Susurró Shippo a la oscuridad.

— Shippo… — Su miedo se acrecentó al no reconocer esa voz, estaba distorsionada y con eco. —. Shippo no…— El resto de las palabras se volvieron borrosas.

Shippo se confundió más al escuchar los susurros sin sentido.

— Yo… no entiendo, ¿qué está...pasando? — Preguntó a la nada temeroso.

— Shippo… — Shippo se acercó más al agujero, tratando de escuchar la voz del fondo.

Pero un dolor intenso se instaló en su cabeza, acompañado de las voces y el incesante pitido de antes, y sabía que era a causa del hueco, cerró los ojos con fuerza y rezó porque aquella pesadilla terminara de una vez.

— Por favor, basta, basta. No quiero escuchar más, no entiendo nada. Por favor, para, para. — Sollozó incomprensible.

— Shippo…

— Por favor, ya detente. — Volvió a pedir al escuchar todavía los inexplicables y absurdos susurros, se cubrió las orejas con ambas manos, pero era en vano, las voces perforaban sus manos, allanándose en sus orejas, penetrando su cabeza, confundiendo sus pensamientos.

— No olvides… Shippo…

—. Basta… por favor. — Imploró en un suave clamor, pero la respuesta lo golpeó con un característico grito.

— ¡Shippo! — Le gritó la voz de Sango desde el fondo del hueco.

— ¿¡Qué!? ¡Sango! ¡Sango! ¡SANGO!

(***)

— ¿Es todo lo que dirás? — Se cruzó de piernas.

— Hmph.

Tōga suspiró.

Su hijo tal vez había cambiado varios aspectos de su vid e incluso de su persona, pero tal parece que la arrogancia de pensar que puede con todo él solo, no se ha desvanecido ni un poco.

Ambos se quedaron en silencio, uno frente al otro.

Ver a su hijo ocupar el lugar que alguna vez él y su padre ocuparon, lo hizo sentir complacido.

— Entonces, ¿por qué razón me dices todo esto?

— Sabes bien porqué.

Tōga Taishō frunció el ceño; sin embargo, lo pensó muy bien antes de volver a responder.

— No te preocupes por las represalias. — Sesshōmaru lo observó indiferente, pero esperando su respuesta.

— No lo hago.

Tōga se encogió de hombros.

— En ese caso, haz lo que tengas que hacer, si con esto harás estallar la guerra, no te preocupes, haré lo que me pides.

— No te he pedido nada, padre.

Una sonrisa ladina apareció en el rostro de Tōga.

— No hace falta que lo hagas, sé perfectamente lo que quieres.

— Bien. — Sesshōmaru asintió indiferente.

Pero Tōga Taishō conocía a la perfección a su primogénito, por lo que supo interpretar ese simple asentimiento en un agradecimiento porque después de todo, eso era.

(***)

— Todo está listo, podemos proceder sin ninguna intervención. — Anunció la vieja sacerdotisa. —. ¿Sabes qué decir? — Rin entendió la pregunta oculta.

— Uhm. — Asintió. —. Solo quiero que esto termine de una vez. — Midoriko entendió la preocupación de la joven princesa, les llevó suficientes horas planear todo esto, debían hacerlo de manera impecable; mayormente porque nunca terminas de conocer a las personas.

Kagome podía dar fé y legalidad de ello.

Después de acordar los detalles y elaborar un plan para descubrir el traidor que tanto problemas les había estado dando, decidieron que lo mejor sería actuar como si nada importante hubiera ocurrido durante la misión, y tratar de no alertar al enemigo.

Ryu, Ryo, Shiro e Ikki junto con Reiji y Haku, se reunieron cerca de la entrada principal donde la princesa Rin anunciaría la misión de hace unas horas.

Los soldados vestían sus vestimentas casuales; que se constituían de manera simple en un hakama negro, haori blanco y las tradicionales medias tabi acompañadas del calzado geta, y siempre portando el solemne emblema de Occidente en la espalda de los guerreros.

Por su parte, Reiji y Haku se vistieron con sus ropas formales, incluyendo sus armaduras de combate, la única diferencia, era que las armaduras ya no portaban las insignias que representaran su origen o cargo, y eso era algo que los soldados no dejaban de comentar.

Kirara y Manae llegaron a los pocos minutos al jardín.

— Pensé que no llegarías a tiempo, neko. — Reiji la tomó de la cintura con una delicadeza impropia y la atrajo hacía él, la quería lo más cerca posible.

Kirara se sonrojó a causa del apodo del general, odiaba que le dijera así o bueno…, eso le decía ella. Manae bufó y rodó los ojos con fastidio.

Reiji había cambiado mucho desde su visita al laberinto, ya no la alejaba, ni la rechazaba como antes, es como si hubiese visto algo que lo hiciera cambiar de parecer de un momento a otro.

— No me digas así. — Musitó.

— Pero, eres una nekomata, ¿no? Yo sólo abrevié la palabra, mi preciosa neko. — Le susurró sólo para que ella escuchara, Kirara dio un respingo en su lugar, pero no se alejó, al contrario, se acercó más a él y escondió su enrojecido rostro en su pecho.

— C-cállate.

Reiji sonrió para sí y la estrechó entre sus brazos con suma delicadeza.

Haku por su parte tan sólo los observaba, terminó por suspirar agotado y decidió alejarse de la pareja a su lado por un momento.

No había podido descansar bien desde hace mucho tiempo, o más bien… desde su visita al laberinto, algo cambió luego de eso.

Y no sólo en él, en Reiji y posiblemente en la anciana miko. Todos se volvieron diferentes ese día, todos tenían cosas que hacer, cosas que decir, cosas que meditar.

Pues apenas él salió del laberinto, sintió como si una pesada carga se hubiera instalado en sus hombros desde ese momento, se encontraba dividido en mente y sentimiento.

¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

El dios Inari le había encomendado acabar con el actual gobernante del Este, ¿qué pasaría si él fallaba? ¿Le encomendará la tarea a otro kitsune Kyuubi? ¿Castigaría a todos los Zorros por su culpa? ¿Castigaría a su hermana pequeña por su error? Eso era lo que le preocupaba en caso de fallar.

Pero, ¿y sí lo lograba? ¿qué pasaría con el Este? ¿quién regirá? ¿quién los gobernará? ¿quién los guiará? ¿podía siquiera hacerlo? ¿Traicionar a Rafu?

No, no podía hacerlo.

Pero tampoco podía fallarle a su Dios, simplemente no podía.

Quiérase o no, él fue elegido por una razón, era su deber, pero tampoco quería guiar a su pueblo a la perdición sin un gobernante.

¿Qué era lo correcto por hacer? ¿Cuál sería la decisión correcta a tomar?

Y mientras Haku se cuestionaba hasta su propia existencia, Kōga por su lado no podía evitar sentirse tranquilo, calmado, insólitamente imperturbable, lo cual no era algo frecuente en su vida o en él, la tranquilidad era algo con lo que no contaba desde hace algunos años.

Y el estar tranquilo, lo hacía sentir extraño.

El Lord Ookami revisaba neuroticamente que todo estuviese en perfecto orden.

Kōga buscó con la mirada a su hermana pequeña, pero no dio con ella por ningún lado, el patio se estaba llenando de soldados y miembros del Castillo, pero aún así, no era difícil buscar a alguien con las características de Kagome.

Volvió su atención a la joven princesa y se alegró bastante de verla reír junto a la maestra de su hermana, los últimos días ella había estado hundida en una depresión y tristeza profunda, que temió que la pobre fuese a morir de la pena.

Cierto hecho le provocaba rabia al recordar que ese deprimente estado se debió al híbrido.

— Si a quien buscas es a la sacerdotisa a la que siempre estás pegado, no se encuentra aquí, deberías saberlo. — Kōga torció su boca con hastío al escuchar a la controladora de tiempo.

Kōga se giró con la intención de recriminarle su arrogante comportamiento, pero apenas lo hizo y en un segundo, olvidó el por qué sintió rabia hacia InuYasha e incluso la hartura por su grosera contestación.

Por un segundo, su mente se quedó en blanco.

Manae vestía un yukata largo y estrecho de mangas cortas, el tradicional traje consistía de una pieza color rosa pálido, con líneas verticales negras rodeando las orillas de las mangas, el estampado era de la flor local lycoris radiata, sólo que en lugar de roja, era de un rosa más fuerte que el yukata y destacaban con la palidez del mismo y el obi del mismo tono.

Kōga jamás llegó a imaginar que el color rosa le sentaría también a alguien como Manae, su cabello caoba y sus ojos castaños, realmente destacan con lo rosa de su traje, además de que su cabello lo traía atado en un desprolijo moño que soltaba varios mechones y aún así, se miraba hermosa.

El Lord Ookami tragó grueso al notar su línea de pensamientos con respecto a la que hasta hace poco era una aliada de Naraku.

Manae lo observó indiferente y se señaló;

— ¿Qué tanto me ves, lobo? — Agitó su mano varias veces, tratando de restarle importancia. —. La nekomata insistió en vestirnos… así. — Se señaló con cierta contrariedad y ligeramente sonrosada.

Kōga se sobre esforzó por no decir algo que resultará incómodo o fuera de lugar.

— No te ves mal para ser una extensión de Naraku.

E inevitablemente, falló.

Las mejillas de la controladora del tiempo adquirieron un tono rosa más fuerte y el Ookami no supo cómo interpretar esta acción.

Así que antes de que ambos pudieran avergonzarse y reaccionar, la voz de Yuu los interrumpió en el preciso momento.

Y ambos suspiraron por lo bajo aliviados.

— Presten atención todos. — El silencio reinó ante la implícita orden del General Yuu. —. Hime Rin-sama, tiene algo que anunciar.

Rin dio un paso al frente, tomó aire y bajo la atenta mirada, anunció:

— Como muchos sabrán, — Comenzó con voz clara y fuerte. —. Antes del alba, se realizó una expedición furtiva…

Mientras Rin explicaba ciertos detalles, Manae aprovechó para acercarse al licántropo y susurrarle, —. ¿Qué se supone que dirá?

Kōga se descolocó por un segundo ante la cercanía de Manae; no obstante, la pregunta era la correcta a hacer en ese momento.

— Lo que sucedió en la expedición.

— … — Manae retiró su vista de la jade del licántropo y minuciosamente ambos iniciaron una valoración sobre posibles sospechosos.

— … El objetivo principal de la misión, era salvar al segundo hijo de nuestro difunto Lord Inu no Taishō-sama; padre de nuestro Señor Sesshōmaru, al híbrido InuYasha Taishō, con el propósito de sonsacarle información vital con respecto a los movimientos que el hanyou conocido como Naraku, al igual que a sus cómplices. — Los susurros por parte de los soldados hablando sobre como el híbrido traicionó a Lord Sesshōmaru y se alió con el infame Naraku fueron los que más resaltaron. Rin continuo; —. Lamentablemente fallamos. — Los murmullos subieron de tono. —. InuYasha Taishō murió esta mañana durante nuestra expedición.

El cuchicheo se volvió palabras, quejas y hasta acusaciones, los guerreros se escucharon entre aliviados y desconcertados hasta indiferentes y secos.

(***)

Gritó sin remedio y abriendo los ojos de golpe.

— ¡¿Shippo?! ¡¿Qué está sucediendo allá?! ¡Shippo! ¿Estás bien? — El kitsune bajó sus manos al escuchar la voz de la exterminadora más cerca.

— ¿Sango…? ¿Eres… tú?

Las cadenas se arrastraron.

— ¿Conoces a otra Sango?

Shippo se puso de pie en un salto y se fijó en su madre adoptiva, quien apenas estaba despertando debido al ajetreo que él y la exterminadora se tenían, ¿acaso no había escuchado nada?

— Sango…

— Shippo, ¿qué pasa? Estoy aquí. — Le dijo con seria preocupación, pues, se había despertado al escuchar susurros del kitsune, pero se alarmó al escucharlo gritar su nombre.

Shippo bajo la cabeza y el agujero había desaparecido, al igual que las centellas verdes y el molesto pitido, incluso su dolor de cabeza había menguado.

— ¿En serio, estás ahí?

La tajiya no supo interpretar la pregunta, por lo que se limitó a encogerse de hombros y responder. —. ¿Dónde más estaría, Shippo? — Trató de decirle en broma.

«En el fondo de un agujero negro…» — Quiso responder, pero determinó que eso sería una mala opción, no quería preocuparlos, ni que pensaran que había enloquecido.

Tal vez Miroku al final sí tenía razón, tal vez su mente le estaba jugando muy malas pasadas.

— Shippo, ¿estás bien? — La voz de Kikyo lo hizo volver a la realidad, el kitsune la miró, se notaba cansada.

— Sí, yo… — Se calló, preocupando a los adultos humanos.

— ¿Qué pasa, Shippo? — Le incitó a continuar el monje en un tono conciliador.

— Yo… — Se lo pensó antes de responder. —. Me quedé dormido y tuve una pesadilla, perdón, yo… me asusté. — Se encogió de hombros y ladeó la cabeza avergonzado.

Kikyo soltó una pequeña risa que se convirtió en una tos, el kitsune se alarmó y trató de pasarle el pocillo con agua, pero ella alargó su brazo y lo tomó por su cuenta. —. Sigues siendo un pequeño después de todo, no te apenes por ello. — Le dijo Kikyo luego de beber agua para refrescar su garganta que la sentía rasposa.

— ¿Quién lo diría? El pequeño Shippo aún tiene pesadillas. — Se mofó Miroku.

El kitsune miró mal la pared.

— Excelencia… — Le advirtió su esposa.

— Cierra la boca, monje depravado. — Shippo se fue a sentar nuevamente a su lugar. —. Simplemente me asusté, porque se sintió muy real.

— ¿Quieres decirme, qué soñaste? — Le pidió Kikyo.

Shippo lo pensó por un segundo, podía decirle y así sentirse menos alarmado, pero mirándola bien, Kikyo se miraba demasiado extenuada, no quería sumarle más preocupaciones.

— Sólo soñé que todos salían de aquí y me dejaban atrás. — Mintió sin titubeo, se dio una palmada mentalmente por lo bien que rápido que había inventado una mentira.

— Sabes que eso nunca sucederá. — Le afirmó la sacerdotisa con ternura.

— Lo sé. — Asintió. —. Lamento haberlos preocupado.

Kikyo negó con la cabeza.

— Tranquilo hijo, no tienes de qué preocuparte, es normal con este encierro.

Shippo asintió y se dispuso a comer lo de la bandeja de comida, la sacerdotisa lo imitó.

Mientras comía, Shippo no podía sacarse de la cabeza lo que había sucedido, claramente no había sido un sueño, sus ojos no estaban cerrados, él había visto el agujero, había escuchado la voz de Sango gritarle, podía jurar que eso había sido real.

Pero hasta que no supiera lo que era, no le diría nada a los demás, además… Las palabras que había escuchado de la otra Sango, habían calado más profundo en él.

¿Por qué Sango? ¿Cómo ella estaba en el calabozo a su lado, y de igual manera en el fondo de aquel agujero? ¿Dos Sango? ¿Eso… era posible?

¿Qué es lo que no debe olvidar?

¿Qué?

¿Qué rayos está sucediendo con él?

En serio, ¿había enloquecido?

— ¿Escuchan eso?

Los chicos arrugan el rostro tratando de escuchar lo que Miroku decía oír.

— Yo no escucho nada. — Dijo Sango.

— ¿Shippo…?

El kitsune afinó su audición y tras recibir ciertos pitidos como el anterior, pero menos molesto, logró escuchar varias voces congregadas algo lejos de donde ellos se encontraban encerrados.

— Lo escucho.

— ¿Qué cosa? — Sango miró a su esposo quien trataba de escuchar más que simples murmullos, pero sólo era una humana.

Todos en silencio, esperaron la respuesta del kitsune, pero él continuaba escuchando el alboroto de afuera y aún no decía una palabra de lo que pasaba.

— ¿Shippo? — Con voz débil y rasposa, Kikyo llamó al pequeño zorro que tanto cariño le tenía.

El kitsune se tensó ante la voz de la sacerdotisa, para luego darse vuelta con extrema lentitud y mirarla directamente a los ojos.

A Shippo se le encogió el corazón al ver su rostro tan pálido y demacrado, sus fríos e indiferentes ojos marrones llenos de preocupación, su cabello largo opaco, sucio y maltratado; no había reflejo de la poderosa mujer a la que Shippo admiraba con tanto ahínco.

Perdido en sus cavilaciones, el kitsune tan sólo logró aumentar la ansiedad de los demás, su sólo silencio indicaba malos augurios.

Miroku y Sango se miraron entre sí, ambos querían saber si Shippo había escuchado algo malo, o algo importante, o lo que sea.

— ¿Shippo…? — Sango quería al joven kitsune, necesitaba asegurarse de que realmente estaba bien, luego de perder a Kohaku, Shippo fue quien llenó ese vacío en su corazón, ese agujero de hermano menor, su esposo sintiendo la ansiedad que emanaba de ella, acarició su mano haciendo que los grilletes suenen contra el suelo.

— Pequeño Shippo, ¿qué es lo que sucede allá afuera? — Tanto Miroku como Sango se preocuparon ante el silencio del kitsune.

— InuYasha… — Habló en voz baja, pero el silencio que los envolvía ante la expectación de lo que sucedía, hizo que su voz se escuchara fuerte y clara. —. Están anunciando la muerte de InuYasha y… — De nuevo calló.

Los presentes, aunque no se podían ver, pensaron que algo peor a la muerte de Inuyasha había sucedido.

— ¡¿Y qué, Shippo?! ¡Habla de una vez!

— ¡Sango! — Le recrimina su esposo ante la dureza de su tono.

— Y también… Dicen que InuYasha y nosotros, somos cómplices de Naraku.

— ¿Qué…?

(***)

— Lo está haciendo bien. — Kagome felicitó desde su lugar, al ver la postura erguida de Rin al iniciar la declaración.

— Hmph. — Fue su monótona respuesta.

Kagome hizo un esfuerzo sobrehumano para no chistar, en su lugar, prefirió mantenerse en el balcón que daba vista a la entrada principal, exactamente donde su hija se encontraba.

— Me parece fascinante lo diestra que puede ser una joven humana de su edad. — Alabó el padre Taishō.

Kagome hinchó su pecho en orgullo, —. Es parte Higurashi, después de todo. — Respondió altanera.

Tōga lejos de sentirse ofendido, le pareció conmovedor que la sacerdotisa le hubiese dado su sangre y apellido.

— Miko Kagome, perdona la pregunta, pero, ¿no puedes quedarte más tiempo? — Preguntó con interés el padre Taishō.

La nombrada se enderezó de golpe, cuadró sus hombros en una línea recta, dando a entender lo incómoda de la pregunta.

Kagome frunció el ceño y apretó su mandíbula con fuerza, odiaba saberse en la posición actual en la que se encontraba.

Había muchas pocas cosas que detestaba en su corta vida y las que más resaltaba era la injusticia y las traiciones.

Cosas tan erróneas, pero tan fáciles de cometer.

Dicen que obrar bien es sencillo si tienes bondad y una buena voluntad, pero eso es mentira, porque no hay nada más fácil en la vida, que pecar.

Y todo el mundo lo hace.

Todos pecan, todos hacen el mal, por lo menos una vez en la vida, una persona ha hecho el mal y quien diga lo contrario, sólo es otro farsante más que deambula por la vida engañandose a sí mismo, sin convicciones ni propósito; sin rumbo alguno.

Confiar en una persona plenamente, para luego ser traicionado, es lo peor que le puede pasar a alguien.

Y aún así, lo hacen.

Sin parar, ni una sola vez.

Ni siquiera ella era la excepción.

Aunque construyera miles de muros a su alrededor, la traición, la decepción y la mentira siempre encontrarán la manera de filtrarse, ¿no?

Porque es así como funciona el mundo, es así como funciona el destino; mediante traiciones, llantos y corazones rotos.

Porque si no hay mal, no hay bien; si no hay bien, no hay mal.

Todo funciona de manera ecuánime para con el universo mismo.

Y a pesar de saber todo eso, sigue sin entender; ¿por qué la traición debe doler tanto? ¿por qué debe volver a confiar? ¿por qué?

— Me temo que mi presencia aquí puede provocar algunos percances, por lo que me iré esta misma noche, apenas terminemos con el ritual de sangre, no quisiera poner a mi hija en peligro. — Y aunque Kagome no lo aceptara en voz alta, había otra razón por la que no quería permanecer en el Oeste.

Y esa razón, tenía nombre y apellido.

Y Tōga Taishō lo sabía.

El silencio que los rodeo a los tres, volviendo el ambiente realmente tenso e incómodo, al menos para el antiguo General Perro que miraba de un lado a otro la competencia visual que ambos se tenían.

Tōga se aseguró por el rabillo de su ojo no perder detalle de su hijo o de alguna posible reacción, pero lo único que obtuvo fue una escueta respuesta:

— De acuerdo, le diré a Jaken que prepare los caballos con los implementos necesarios para su viaje al Norte.

El General ahora observaba a la sacerdotisa con mucha atención, esperando alguna emoción de enojo, rabia o indignación, pero al igual que su orgulloso hijo, su respuesta fue simple, concisa y muy cortés:

— Se lo agradezco mucho, Lord Sesshōmaru. Lord Tōga-sama.

Inclinó la cabeza ante el General Perro, pero él levantó la mano y negó con la cabeza mientras le decía; —. Sacerdotisa Kagome, por favor, sin formalidades, después de todo, eres la madre de mi adorada nieta.

Kagome sonrió y aceptó gustosa la sugerencia del Taishō mayor.

— Espero volver a verte pronto, señorita Kagome.

La implícita invitación hizo que los hombros de la sacerdotisa se cuadraran y su espalda se enderezará.

— Estaré de vuelta para la ceremonia de emparejamiento de Rin, porque eso es lo que se decidió, ¿no es correcto?. — De reojo le lanzó una significativa mirada de ojos y labios cerrados a Sesshōmaru antes de responder. —. Shitsureishimasu* — Kagome reverenció a Sesshōmaru antes de retirarse del despacho y dejar sólos a los patriarcas Taishō.


Jigoku*: Infierno

Shitsureishimasu*: Con permiso


AGRADECIMIENTOS SINCEROS A TODAS LAS PRECIOSURAS QUE DEJARON RW Y LE AGREGARON L AHISTORIA A FAV'S:

NOS VEMOS EN 5-8 DÍAS: O SEA, EL PRÓXIMO JUEVES O VIERNES, BAI BAI LAS AMO!

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°Yami96

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