OS. 57 La quinta etapa del duelo

POV NARRADOR

-Me hartaste... no peor... me pusiste de malas-

-Astr... ouch- se quejó el jinete apenas pudiéndose levantar –no es tan grave-

-¿Enserio?- le reprochó Astrid ayudándolo a levantar –Hipo con la gracia de los dioses no te fracturaste algo-

-Ah esa tendencia a exagerarlo todo, la próxima voy a venir solo- la ojiazul se detuvo y frunció el ceño mirándolo con una molestia casi mortal

-Hipo... NO HABRÁ PRÓXIMA ¿está claro?- lo amenazó Astrid haciendo que el castaño pusiera los ojos en blanco pero antes de poder decir una palabra en su defensa una muy enojada Astrid lo interrumpió –no estoy bromeando Haddock, si hay una próxima yo te mato antes de que el propio sistema de vuelo lo haga-

Así era, sin información ni presencia de los nuevos Cazadores de Dragones, atascado en su nuevo invento y con relativa paz en la Orilla del Dragón, a un inquieto e ingenioso jinete le sobraba bastante tiempo libre, tiempo que utilizó para mejorar y perfeccionar su sistema de vuelo, y aunque había hecho algunos avances, la mayoría de sus intentos terminaron catastróficamente mal y en una muy posible muerte para el castaño.

Cuando regresaron a la Casa Club, sin sorprender a nadie, Patán peleaba con Colmillo y Patapez terminaba de preparar el almuerzo. Hipo por su parte trataba de convencer a la ojiazul que dejara de mirarlo enojada, sentado sobre la mesa abrazando a la rubia intentaba hacerla reír.

-Hipo tenemos un problema- dijo enojado Brutacio al entrar –con permiso rubia- decía mientras empujaba a Astrid a un lado para ver de frente al castaño -Esto no puede seguir así-

-¿De qué demonios me estás hablando?-

-La comida de Gallina... desapareció de nuevo- le reclamó histérico mientras le mostraba el costal vacío del alimento de su mascota

-Chicos ya hicieron sus averiguaciones, prácticamente nos interrogaron a todos... no sé cómo pueda resolver eso- les dijo calmadamente Hipo

-Aaaa- dijo Brutilda al entrar -¿Hipo no sabe cómo resolver algo?...-

-Bueno no soy experto en este tipo de crisis- se defendió el castaño

-Aaaa- reiteró Britulda -¿Hipo no es experto en algo?... hermano me estoy sintiendo extraña-

-Lo sé... es un sentimiento je ne sais quoi... no sé cómo sentirme al respecto- completó su hermano totalmente en shock

-La última vez lo habían guardado en los establos- les dijo con hartazgo Patán -¿ya revisaron ahí?-

-YAAAA... YA REVISAMOS EN CADA ESCONDITE QUE TENÍAMOS- se lamentó Brutacio

-¿No crees que quepa la posibilidad de simplemente Gallina está comiendo de más?- le preguntó Astrid disponiéndose a sentar a desayunar

-Es posible- decía Brutacio rascándose su barbilla con una mueca pensativa –Gallina tu y yo, tenemos que hablar- le decía a su mascota mientras se sentaba en su lugar para almorzar también

-De todos modos, Gallina no se puede quedar sin su alimento mucho tiempo, nuestra comida no es saludable para ella- dijo resignado el castaño –mañana vamos a comprar un poco... pero por Thor, guárdenla en su lugar-

Acordada la hora y fecha de salida, al día siguiente después del almuerzo, el día transcurrió con completa normalidad, sin mucha motivación, ni opciones, los gemelos y Patán participaron en el entrenamiento de ese día, aterrizaje preciso. Después claro, cada quien se hizo cargo de sus deberes, las rondas de vigilancia la limpieza del lugar y por supuesto, tomar un descanso bien merecido.

-Vamos amigo...- dijo en un susurro Hipo mientras se aseguraba que la rubia no estuviera cerca y se equipaba con su sistema de vuelo –la calibración estaba mal, estoy completamente seguro de que esta vez tendremos éxito-

POV HIPO

-Mierda, mierda, mierda- me quejaba a cada paso, creo, solo creo que la calibración sigue un poquito muy mal –necesito curarme esto- le susurré a Chimuelo pasando por la Casa Club cuando escuché las risas de todos, estoy muriendo de hambre y aunque suena muy tentador, no sé muy bien cómo podría explicarle esto a Astrid y salir vivo -¿y si le digo que me secuestraron?... no sería la primera vez- dije resignado al acercarme al lugar, estaba hambriento y necesitaba que Patapez suturara algunas heridas y de todos modos, en algún momento tendría que verla, no es como que todas las heridas vayan a desaparecer mañana.

Tomé valor y entre caminando, en silencio tratando de fingir que aún me quedaba algo de dignidad caminé callado forzando a todos mis músculos a caminar con normalidad, escuchaba a los gemelos y a Patán rumorear entre sí, negué con la cabeza cuando Patapez se levantó angustiado y se volvió a sentar, con un rostro calmo que escondía la agonía de siquiera tomar el plato, me serví y sin mirar a los ojos a Astrid me senté.

-Hofferson- la salude tomando aire y reteniendo una mueca de dolor que sentí al acomodarme en mi asiento, ella no me respondió, de hecho, ni siquiera me volteo a ver.

-Eeeeentonces... ¿vamos a hablar de lo que te pasó?- preguntó Patapez después de un rato de cenar en silencio

-Bueno, yo... caí de Chimuelo, ya saben una mala pirueta, no me sostuve bien... y al suelo- les decía tallando mi cuello viendo con el rabillo del ojo el inexpresivo rostro de mi ojiazul.

-Hubiera dado cada pertenencia que tengo... hasta a Colmillo por ver eso- me decía Patán casi llorando de risa, como siempre, se siente bien el apoyo familiar –COLMILLO- se quejó con su dragón cuando este ofendido le dio un colazo.

-Irónico, el tipo esquiva flechas en el aire sin problemas, y en un vuelo nocturno se cae del dragón...- dijo Brutacio

-La vida es una flor que se embellece con la ironía hermano bruto- decía Brutilda, yo solo negaba con los ojos en blanco, a estas alturas ya estoy acostumbrado a escuchar a estos dos.

-Deberíamos curarte amigo, son demasiadas heridas- me dijo preocupado Patapez -¿seguro que estas bien?... no es normal que tu caigas de Chimuelo-

-¿Qué?... ah sí... yo estaba distraído- continué con mi mentira

-Desde aquí veo una que requiere sutura, vayamos a curarte esto antes de que se te infecte- asentí y víctima de mi costumbre besé la mejilla de Astrid antes de seguir a Patapez, pero ella simplemente permaneció inexpresiva

-¿Todo bien?- le pregunté ya preocupado, pero ella simplemente no me respondió, se levantó, tomó sus platos y se fue.

-Uuuuy- escuché a los gemelos y a Patán, puse los ojos en blanco y la seguí

-¿As?...- le hablé acercándome a ella pero ella solo desvió la mirada –oye ya... háblame o mírame al menos- le pedí pero ella solo dejó el tazón que estaba lavando y se dirigió a la salida, al fin me miró señalando el traje de vuelo destrozado que al parecer había escondido muy mal en la mochila de Chimuelo y que claro, ella notó.

La dejé ir, prefiero esperar a que se le pase un poco la molestia.

POV NARRADOR

Después de una sesión tortuosa de curación, Hipo era más vendas, rasguños y moretones que persona, a pesar de la recomendación de Patapez de irse a descansar, él tenía un asunto que arreglar con una muy molesta vikinga.

Colándose en su cabaña y dejando a Chimuelo abajo mientras se acomodaba en su lugar habitual notó que Tormenta no estaba, dio por hecho que esta noche se le había dado la gana dormir en el establo. Pero cuando entró la dragona de hecho hacia vigilancia a la ya dormida rubia.

-Descansa nena- se despidió Hipo en un susurro de Tormenta, por esta noche al parecer no podría solucionar nada. Después de cambiarse y quitar su prótesis se acomodó, abrazó por la espada a la ojiazul, besó su sien y se dispuso a dormir.

Astrid al sentirlo se despertó y comenzó a hacer una pared entre ellos con almohadas y mantas y todo lo que encontró cerca de la cama mientras Hipo ponía los ojos en blanco -¿enserio?- se quejó, pero Astrid no le dirigió una palabra.

-Descansa nena, sé que extrañas a Hipo, yo también... aun no puedo creer que haya muerto- decía en tono melodramático Astrid a su ya dormida dragona

-Me acabo de enterar que morí- le respondió burlón Hipo

-En fin... murió por idiota, no hay mucho que podamos hacer... hasta mañana Tormenta- dijo finalmente para después recostarse de su lado de la muralla y dormir, Hipo aliviado y en gran medida divertido por la reacción de la chica hizo a un lado la almohada que le impedía llegar a su cabeza y se estiró todo lo posible para girarla hacia un beso, suave divertido y en contra de la voluntad de la chica, muy bien recibido

-Un beso desde el Valhalla- le dijo sobre sus labios el castaño al finalizar tal beso, Astrid malhumorada y algo ruborizada colocó de regreso la parte de la muralla y se acomodó de nuevo dándole la espalda, Hipo sonrío victorioso y conforme y se acomodó de su lado de la muralla.

Cuando Hipo despertó, la rubia lógicamente ya no estaba ahí, se levantó, y encontró a su lado un par de vendas limpias, agua tibia y el ungüento, media sonrisa de dibujo en él, no importaba cuanto Astrid estuviera enojada, nunca dejaría de preocuparse por él.

Después de limpiarse las heridas, darse un baño y arreglarse para su día, salió de la cabaña de Astrid con Chimuelo cuando vio a un pálido vikingo acercase hacia el

-Hipo por Thor... Astrid casi me mata del susto- dijo Patapez cuando llegó con el –dijo que habías muerto ¡-

-Está enojada por mi accidente de ayer- le dijo burlón Hipo –y al parecer su resolución ha sido darme por muerto-

-Tiene unas maneras muy extrañas de mostrar su enojo- el castaño asintió afirmativamente.

Después del almuerzo en el que Astrid para nada habló con Hipo o siquiera lo miró, el castaño ya estaba comenzando a sentir el peso de aquel castigo, estaba comenzando a dejar de ser divertido.

-Entonces, los gemelos, Astrid y el fantasma de Hipo van a los mercados del norte y al fin voy a tener un día de descanso de todos ustedes... gracias a Thor- decía Patán mientras se recargaba en Colmillo con los brazos sobre su cabeza viendo al resto empacar para el viaje

-Patapez se queda a cargo Patán- le recordó Hipo mientras Patapez asentía con orgullo

-Ya, pero él no cuenta... - le dijo con descuido el pelinegro –Oye dulzura... ya que Hipo murió... tu y yo... ya sabes deberían...- apenas pudo decir cuando un golpe en el estómago le sacó el aire –darnos otra oportunidad- dijo agudamente dejando escapar el poco aire que le quedaba y se tiraba al suelo producto del dolor causado por la ojiazul.

Sacudiéndose las manos montó en Tormenta –gemelos... hora de irnos- les ordenó solo a los chicos mientras salía volando e Hipo la miraba abandonado ya con pesar.

Todo el viaje Hipo se la pasó tratando de emparejarse con el vuelo de Tormenta o tratar de hablar con Astrid sin éxito, mientras los gemelos simplemente se burlaban de la escena, cuando llegaron, los gemelos tomaron su camino en busca del alimento de su mascota, Astrid por su parte solo comenzó a caminar hacia su verdadero objetivo seguida por Hipo.

-Buenas tardes- saludó sonriente la ojiazul a la anciana de la zona lejana la cual encantada le retribuyó el saludo

-¿El mismo encargo para tu mamá?- la ojiazul asintió en modo aprobatorio y la señora le dio el pequeño costal de hierbas –¿y el jovencito que siempre la acompaña?-

-Murió- dijo en un tono desinteresado, haciendo que la anciana dibujara en su rostro tristeza y sorpresa.

-Ja ja ja ja... a mi amiga le encanta bromear- dijo Hipo entrando en la cabaña –perdón me detuve a saludar a un mercader... un gusto volver a verla señora- le dijo tan encantador como siempre el chico y la anciana respiró aliviada

-Me asustaste muchacha... - decía llevándose una mano al pecho en modo de alivio –siempre es un gusto ver a tan encantadores clientes...- Hipo y Astrid sonrieron ante la amabilidad de la señora

-Deberíamos irnos, unos amigos nos están esperando... gracias, siempre es un gusto saludarla- le dijo más amable de lo normal la ojiazul, porque si algo sabia, era que a las curanderas siempre las quieres como amigas, después de hacer el intercambio justo y despedirse ambos salieron de la cabaña, Astrid escondió en el morral de Tormenta el costal y se dispuso a caminar de regreso al centro del pueblo en silencio.

-As... ya háblame- le pidió el chico en modo de puchero mientras caminaba hacia atrás siguiendo el paso de la chica –oye ya... llega un punto en que deja de ser gracioso- silencio por parte de Astrid –amooor...-

-Oh, este camino, como disfrutaba dar una caminata por aquí antes de que mi prometido muriera- decía dirigiéndose solo a su dragona –lástima que el Furia Nocturna también murió...- le decía mirándolo por el rabillo del ojo y este se escondía atrás de Hipo –pero es que era tan imprudente como su jinete... vamos, ni siquiera sé por qué vine más por este té... no es como que lo vaya a utilizar en un muy buen tiempo-

-Aaaa no Hofferson, no me puedes castigar de nuevo así- le reclamó el chico comprendiendo aquella indirecta

-Quién diría que esconder de nuevo la comida de Gallina para tener un pretexto para venir de nuevo sería la última actividad que hicimos juntos... antes de...- exageraba sus lamentos sin dejar de caminar hacia el centro de los mercados –pero, la vida es así-

-Ya Astrid...- suplicaba Hipo –esto enserio ya no es divertido-

-Vamos por los gemelos, es hora de regresar- le dijo a su dragona

Cuando llegaron a las zonas de comidas y bebidas encontraron a los gemelos viendo entretenidos peleas de fuerza entre los vikingos, un deporte muy popular y entretenido para los amantes de la violencia.

Dispuesta a descansar un rato antes de regresar a casa, Astrid pidió ponche de frutas y se sentó en una de las mesas comunitarias

-Pero que belleza de argolla- le dijo una señora que estaba a su lado que no pudo evitar admirar aquella joya

-Gracias- le respondió sonrojada la ojiazul

-Gretha... tienes que ver esta maravilla- le habló a otra señora que se acercó junto a un grupo de otras 5 señoras residentes de la isla, todas admiraron y felicitaron a la incómoda por tanta atención muchacha, atención que se hizo más grande conforme mujeres mercaderes, expertas en apreciar y valorar la belleza de los objetos comenzaron a acercarse más y más llamando la atención de todos, incluso de un jinete que estaba pensando como resucitar para su prometida.

-Sería encantador conocer al genio detrás de esta maravilla- le decía embobada la primera señora

-Mi prometido murió, su traje de vuelo falló- se lamentó la chica

-DEJA DE DECIRLE A LA GENTE QUE ESTOY MUERTO- se escuchó desde el fondo del lugar llamando la atención y la sorpresa de todos, menos de la rubia que solo suspiró

-A veces aún puedo escuchar su voz-

-ASTRID- le regañó el jinete tratando de pasar entre la multitud atraída por el relato de la chica –con permiso, con permiso, con permiso- decía insistente pasando entre la gente -suficiente- le dijo al llegar a ella

-HIPOOOOO- le reclamó cuando este sin permiso la tomó por la cintura y la cargó sobre su hombro –BAJAMÉEEE-

-Ah... ahora si me ves- le decía sin dejar de caminar entre la gente que ahora le abría paso

-No soy un costal... BÁJAME- le ordenaba Astrid forcejeando –me las vas a pagar-

-Ya estoy muerto de todos modos- le dijo despreocupado

-TORMENTAAAA¡- le gritaba por ayuda

-Tormenta, quieta- le ordenó seguro el chico guiñándole un ojo en complicidad

-Ya Hipo...- le pidió la chica en un tono de puchero cuando ya había pasado un rato y esta se habían cansado de tratar de librarse de él, fue hasta entonces que el accedió a bajarla –odio cuando haces eso-

-Y yo odio que no me dirijas la palabra- le recriminó este –si, volví a probar el traje de vuelo, si casi me mato y si te tengo que ser honesto, muy probablemente lo vuelva a hacer... y sí, soy muy consiente que es una estupidez, pero me conoces Astrid... no soy del tipo que se rinde, si lo hubiera hecho para principio de cuentas nunca le hubiera disparado a Chimuelo... lo siento amigo- dijo al escuchar el gruñido en reclamo del dragón –pero tampoco hubiera vola...- el chico fue brutalmente interrumpido por un beso robado por la rubia, que el indiscutiblemente correspondió envolviendo su cintura con un brazo y el otro sosteniendo su mejilla con las claras intenciones de continuar con un segundo beso cuando este finalizara.

-Solo prométeme tener cuidado... Hipo, no me molesta que lo intentes... estoy extrañamente acostumbrada a tus delirios suicidas, pero odio verte lastimado, ayer por la mañana casi te matas, y en la milésima de segundo que me llevó llegar a ti... fue suficiente para sentir enserio terror, y luego llegaste a la Casa Club, tan herido...-

-Shhhh- le detuvo tranquilo el chico –seré más cuidadoso, lo juro... solo por favor, devuélveme la vida- Astrid dejó escapar una risa divertida mientras recorría el rasguño que tenía en la frente el castaño.

-Es que aún sigo sin poder imaginarme un mundo sin ti-