Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 39
Ichigo
Me apoyo en la puerta del cuarto de Rukia, dejarla es muy duro y si he preferido
seguirle la corriente sabiendo que no está dormida es porque temo que si nos
despedimos acabemos como la última vez.
Estos tres mesen han sido un horror en todos los sentidos. Irme me costó lo indecible.
Tuve que parar más de una vez cuando sentía la imperiosa necesidad de regresar a su
lado, si no lo hacía era porque si me echaba atrás en ese momento, seguirían sufriendo
personas inocentes como Rukia. Y porque necesito acabarlo y cerrar para siempre el
círculo que inició mi padre. Y estoy muy cerca, lo siento. Y no ha sido fácil.
Nada más llegar a uno de los cuarteles secretos, uno de los miembros de la banda
dudó de mí y que mi padre fuera uno de los suyos hace años, pues ellos no saben que
era infiltrado, no me daban crédito suficiente. Acabamos peleándonos y me partió la
ceja, pero la pelea estaba de mi parte, aunque tuviera el hombro mal. Esto hizo que
me respetaran más y aunque estuve varios días hecho una mierda con los dolores,
nadie ha vuelto a meterse conmigo. Lo que ha hecho que sean más descuidados. Me he
ganado su confianza y he estado atento a todo lo que han dicho. Tengo una pista que
creo que es la acertada de dónde puede estar escondido ''Arrancar''. Y cuanto más sé,
más me sorprendo.
Toco con los nudillos la puerta de Kaien. Hablé con él ayer y me dijo que vendría
con Rukia a la ciudad, no le dije dónde estaba instalado, pero sí que estaba cerca y
que se hospedaran en este hotel, donde podría venir sin que nadie me viera. Kaien
pensó que lo mejor era que la dejara en paz hasta que regresara. No le hice caso y no
sé si hubiera sido lo mejor, pues no he podido ignorar la lágrima que se le ha
escapado a Rukia cuando le dije adiós.
Kaien abre. No tiene cara de haber estado durmiendo. Es con el único que tengo
contacto; con él y con Byakuya, pues no hacen preguntas sobre cuándo voy a regresar.
Entro en su cuarto.
Veo alivio en los ojos de mi hermano porque esté bien y le doy una pequeña
palmadita en el hombro.
—Es difícil acabar conmigo, no te preocupes tanto que parecerás más viejo que yo.
—Si vas de súper hombre, entonces es cuando me preocupas. Lo siento por tu ego
pero sólo eres un hombre, por si lo has olvidado.—¿Sólo? Vaya, acabas de hundirme —bromeo.
Kaien sonríe y me fijo en que su sonrisa no llega a sus ojos. No lo está pasando
bien, lo noto más serio que nunca.
—¿Va todo bien, Kaien?
—Sí, perfectamente, la empresa cada vez va mejor y tenemos mejores número que
cuando papá estaba al mando. Todo va genial.
—¿Y tú cómo estás?
—Si la empresa va bien, yo estoy bien. Ahora quien me preocupa eres tú. ¿Va todo
bien?
—Sí. Todo sigue como te comenté. ¿Y el bebé, ha nacido ya?
Kaien encontró, gracias a pagar por ello a su ex mujer, a la mujer que iba a
renunciar a su bebé. No lo va hacer porque Kaien se va a hacer cargo de la educación
y el cuidado del niño. Al parecer era una joven sin recursos, asustada y repudiada por
sus padres. Ahora vive en el pueblo y Kaien le ha buscado trabajo.
—Sí, nació hace una semana y podría haber pasado por nuestro.
Noto resquemor en la voz de mi hermano. Tal vez a nadie se lo confiese, pero él
deseaba tener ese hijo, creer que todo era posible. Ahora me cuesta ver ilusiones en
su mirada. Jackie mató lo que quedaba de los sueños de mi hermano.
—Lo veré cuando regrese.
—Cuídate, Ichigo —asiento.
—Tú también.
Kaien sabe lo justo para no ponerlo en peligro. No me quedo mucho por eso
mismo. Cuando me despido de él, ninguno quiere reconocer lo preocupados que
estamos el uno por otro.
Todo tiene que salir bien... nada puede fallar.
Ahora que siento que tengo lo que siempre he buscado, no puedo perderlo. Rukia.
Y, como ella ha notado, en verdad sí había un deje de despedida en mis palabras pues
temo dar un paso en falso y delatarme, y si lo hago, no dudarán en apretar el gatillo y
matarme.
Como he visto hacer hace no mucho a uno que era de los suyos.
Gwen
Llego a casa de los padres de Ichigo. Es martes y sólo he venido por la insistencia
de Masaki al teléfono, que me pedía que viniera a su casa cenar. Eso sí, sólo me
convenció cuando me dijo que era en familia. Han pasado casi dos semanas desde que
vi a Ichigo y se me está haciendo mucho más insoportable que la vez anterior, pues
noté en su la mirada un adiós que me dio escalofríos. Como si él temiera que algo
puede salir mal. Esto ha hecho que estos días no consiga dormir apenas. Y tal vez
también sea porque no deja de escudriñar el silencio a la espera de que me llegue
alguna evidencia de que Ichigo ha regresado a su casa. Y es que ahora puedo oírlo con
mayor facilidad.
El otro día, cuando llegué a mi casa al abrir la puerta por un instante pensé que me
había equivocado de casa. Pero no, estaba en la mía. Lo que no me cuadraba era esa
trampilla que había a un lado del salón con una escalera plegable. Me acerqué a ella,
sorprendida porque en tan poco tiempo hubiera trasformado mi piso, y sabiendo que
era cosa de Ichigo. En la escalera había un sobre cerrado. Lo abrí y encontré una nota
de Ichigo:
Siempre hallaré el modo de poder estar a tu lado.
Sonreí como una tonta y aunque tuve tentaciones de subir a su casa y ver si estaba,
no lo hice, pues sabía que no sería así y no soportaba estar en su casa, donde hay
tantos recuerdos de los dos. Pero desde entonces tengo la escalera desplegada, a la
espera de que cualquier sonido me alerte de su presencia.
Dejo el coche en el garaje y subo a la planta baja.
—¿Sabes dónde están los señores Kurosaki? —Pregunto a una empleada.
—Estaban en salón hace un momento. Sígame.
Asiento y voy hacia el salón, he venido alguna que otra vez en este tiempo pero me
sigo perdiendo en esta gran casa.
—Es aquí. ¿La acompaño dentro?
—No, ya espero yo aquí si no están —asiente y se marcha.
Entro en el salón y veo al que creo que es Kaien mirando hacia la noche, tras la
ventana. Ando hacia él hasta que un leve cosquilleo de anticipación me recorre la piel
y noto que mi loco corazón late con fuerza. Me fijo mejor en quien tengo delante y,
pese a estar de espaldas, veo las diferencias que antes no he sabido apreciar
pensando que Ichigo no podría ser. Ha vuelto. Siento la necesidad de correr hacia él
pero entonces entran en salón para poner la mesa y recuerdo que a los ojos de todos
ya no estamos juntos. Ichigo se gira y sus ojos se entrelazan con los míos, lo justo para
que vea en los suyos cuanto se alegra de verme.
—Hola, Rukia. ¡Cuánto tiempo! —me fijo en que los trabajadores nos miran sin perder detalle.
—Sí, por mi podría haber sido más. Estábamos muy bien sin ti, la verdad. ¿Sabes
dónde está Yuzu?
—En el cuarto de música. Seguro que encuentras solita el camino.
—Ni que lo dude, detective Kurosaki —le guiño un ojo sin que nadie se dé
cuenta y me marcho sorprendida por mi actuación y por haber sido capaz de no
delatarme ante nadie cuando lo que más ganas tengo es de correr hacia sus brazos.
Encuentro a Yuzu en la sala de música. Al verme cierra la puerta y tira de mí
hacia un pequeño Chester de cuero.
—¿Lo has visto?
—Sí...
—Sabemos que ante los ojos de todos habéis roto. Ichigo no nos ha querido decir
más, sólo que sigue de misión y que es mejor que no sepamos nada. Y que tú y él
estáis juntos pero sólo lo sabemos nosotros —asiento. Yuzu me mira y tira de mi
cadena—. Es precioso. ¿Te lo ha regalado Ichigo?
—Sí, la otra noche...
—¡¿En serio te lo ha pedido?!
—¿Me ha pedido el qué? Sólo me lo dio porque estamos juntos...
—Mi bisabuelo regaló a su novia un collar en forma de corazón porque decía que
no quería seguir las normas sociales para pedirle matrimonio. Su hijo, mi abuelo,
siguió la tradición de sus padres y cuando pidió matrimonio a mi abuela lo hizo con
otro collar con un colgante de corazón y, por si no lo adivinas, mi padre a mi madre le
regaló para pedirle que fuera su esposa una preciosa cadena de oro blanco con un
corazón de cristal.
Cojo la cadena y la muevo entre mis dedos.
—No, Ichigo no me estaba pidiendo matrimonio.
—O sí pero quiere que todo esto acabe antes de decirte lo que significa el collar que
has aceptado llevar.
—Eres una romántica —mientras lo digo, no puedo negar que la posibilidad de que
sea cierto me gusta—. ¿Kaien se lo regaló a Lidia?
—No, le dio un anillo muy lujoso. Por eso salió mal lo suyo.
—O porque vosotros rompéis la tradición. No creo que Ichigo lo hiciera pensando
en eso. Y no quiero darle vueltas. No quiero hacerme daño.
—Te entiendo, y siento haberte contado la historia y que en verdad sólo sea una
coincidencia sin más.
—No, me ha gustado conocerla. Tocan a la puerta y entra Ashido, que nos llama para cenar.
Lo seguimos al salón donde se encuentran los demás excepto Kaien que, una vez más,
se ha quedado trabajando. A este paso se va hacer viejo antes de tiempo por todo el estrés que
acumula sobre los hombros.
Entramos al salón y evito mirar a Ichigo para no delatarme, aunque soy plenamente
consciente de su presencia. Cenar tan cerca pero tan lejos se me hace un suplicio y
estoy desando estar en mi casa para acabar entre sus brazos.
El primero en irse es Ichigo, alegando que tiene trabajo. Yo no tardo mucho más y si
he esperado un poco es para que nuestro teatro funcionara. Llego a mi casa y siento
desilusión al no encontrar a Ichigo en ella.
Miro hacia la escalera plegable, que está desplegada, y el hueco que hay entre su
casa y la mía. Me llega luz de su casa. Me quito la chaqueta y busco mi móvil en el
bolso.
R: Te esperaba en mi casa, Ichigo.
I: Mi cama es más cómoda. Sube, estoy en mi cuarto.
R: Una oferta tentadora, Ichigo, pero tú fuiste quien me dejó tirada, gánatelo un
poco más... :P
I: ¿En serio, Rukia? Tu cama es una tortura para mi espalda.
Sonrío pues mientras contesta escucho sus pasos acercarse.
R: Demuéstrame cuánto te importo.
I: Espero que cuando vaya a tu cama al menos tú estés desnuda dentro de ella.
R: Ya quisieras tú. Hoy solo quiero dormir...
I: ¿Sí? Pues entonces me vuelvo a mi casa. Buenas noches, Rukia.
Me quedo mirando su mensaje y luego escucho pasos alejarse. ¿Será capaz?
Enfadada, subo la escalera y voy a buscarlo. No he dado ni tres paso en casa de
Ichigo cuando éste sale de las sombras y me abraza.
—Siempre acabo saliéndome con la mía.
—Pues hoy, no —trato de alejarme pero Ichigo me besa cogiendo mis muñecas
entre una de sus manos.
Trato de negarme pero sabe cómo convencerme con sus labios. El tiempo que he
estado lejos de él también influye para que me deje llevar. Nos movemos hasta que mi
espalda toca con la pared. Ichigo tira de mi camiseta dejando mis manos libres para
que lo explore. Sigue vestido con los vaqueros y una camiseta. Tiro de ella y paso la
mano por su espalda, notando el contorno de una cicatriz que antes no estaba ahí, un
recordatorio de que donde ha estado es peligroso. La acaricio como si de esta forma
desapareciera su dolor. Ichigo tira de mi ropa hasta hacerla desaparecer. Yo hago lo
mismo mientras vamos hacia el sofá. Caemos sobre él sin saber dónde empieza su
cuerpo y dónde acaba el mío. Lo necesito y él lo sabe, pues acaba de acariciar mi
cálida feminidad con sus dedos, produciéndome una descarga de placer. Los adentra
en mi interior, aumentando mi placer y mi tortura.
—Ichigo... —le suplico, y no se hace mucho de rogar, poseído por esta misma
necesidad de ser uno.
Se introduce en mi interior haciendo que tiemble por ello. Me mira, y la intensidad
de su mirada hace que me recorra un escalofrío que va a morir a mi sexo. Me muevo
sintiendo como mi interior acoge su miembro y como me llena entera. Me muerdo el
labio, Ichigo lo coge entre los suyos al tiempo que se mueve en mi interior. Muerdo de
placer. Siento un intenso calor que quema mi piel. Lo abrazo con fuerza. Su fibroso
cuerpo se funde con el mío, en más de un sentido, mientras nos movemos,
desesperados por encontrar alivio, haciendo que esta dulce tortura estalle entre los
dos.
—¿A dónde vas Rukia? —me pregunta Ichigo, sentado en el sofá, viendo como
recojo mi ropa.
—A mi cama, buenas noches...
—Rukia... —me llama, cuando empiezo a bajar a mi casa con mi ropa. Sonrío para
mí pues sólo es una forma de probarlo. Y por la maldición de Ichigo, lo sabe, pues no
he terminado de bajar cuando él baja tras de mi enfurruñado y me coge en brazos para
caer en mi cama—. Por esta noche te dejaré ganar, pero deberías sentirte mal por
dejar que duerma con medio pie fuera de esta cama.
—Es lo que hay —le digo, acomodándome en su pecho y tapándonos, ignorando sus
quejas—. Buenas noches, Ichigo.
—Si no queda más remedio...
—Siempre puedes irte y dormir solo —lo pico.
—No.
No añade más y me abraza para acomodarnos en mi pequeña cama. Me río cando
protesta una vez más cuando trata de colocarse y se le salen los pies. La verdad es
que la cama no es muy larga. No creo que llegue al metro ochenta por uno treinta de
ancho. Al no ser tan grande hace que el piso no parezca más pequeño, pero midiendo
Ichigo casi el metro noventa y estirado, esta cama es un ridiculez.
Salgo de la cama y siento la atenta mirada de Ichigo.—¿A dónde vas a ahora?
¿Has decidido nuevas cosas que hacerme para pagar el que me fuera?
—Podría, pero no. Voy a una cama más cómoda.
—Pues yo acabo de encontrar la postura, buenas noches.
Nos miramos, retadores. Ichigo sonríe de medio lado y sale de la cama hacia las
escaleras. Lo sigo hasta su cuarto, donde nos acostamos entre besos.
—¿Has regresado para quedarte? —le digo, cuando el sueño no me sobreviene.
—En principio, sí. Tengo indicios para creer que la persona que buscamos vive en
este pueblo —noto en su voz una especie de dolor y no entiendo por qué—. Me han
dado el alta y voy a aprovechar la vuelta para buscarlo. Estoy cerca, Rukia...
—Y si se percata irá contra ti —me recorre un escalofrío cuando Ichigo no lo niega y
me abraza.
—Tendré cuidado.
—Eso no siempre es suficiente —lo abrazo con fuerza, esperando que mi miedo cese
pero no lo hace. Una parte de mí sigue fría aunque lo tenga cerca. Y sé que no se
calentará hasta que Ichigo esté a salvo de verdad.
—Duérmete, Rukia.
—No puedo.
—Inténtalo —asiento. Ichigo acaricia mi cuello y mete los dedos bajo mi cadena, lo
que me hace recordar lo que me dijo Yuzu.
—¿Por qué me regalaste esta cadena?
Ichigo se queda en silencio. Espero con el corazón en un puño, aunque sepa que no
es una propuesta de matrimonio, una parte de mi quiere que así sea. Que Ichigo poco a
poco deje atrás sus convicciones producidas por un mal padre.
—Lo vi y me gustó para ti.
—Ah, el ámbar hace juego con mis ojos —bromeo.
—No, con tus ojos no, con los míos. Y es a mí a quien quiero que recuerdes cuando lo
lleves.
Acaricio el corazón, ya había pensando que el ámbar de este cristal me recordaba a
los bellos ojos de Ichigo.
—Me alegra que me lo regalaras, así si me olvido de ti, sólo tengo que mirarlo.
—¿Si te olvidas de mí? Y yo que pensaba que ocupaba cada uno de tus
pensamientos —bromea y me rio, pues lo ha recitado como si lo acabara de leer un
uno de los libros que le he pasado.
—Ya quisieras tú. No seas tan creído y duérmete —Ichigo se ríe y coge mi cara
entre sus manos para besarme.—No soy perfecto como los hombres de tus libros.
—Eres perfecto para mí, y es lo único que importa.
—Y tú para mi, Rukia, no te imaginas cuánto. Nunca lo olvides —una vez más noto
en su voz el deje de una despedida.
Lo abrazo y trato de aliviar este frío que me congela el alma. Como si fuera el claro
aviso de que algo gordo va a pasar.
