¡Hola lectores!
Lamento publicar tantos días después, pero he encontrado trabajo y con lo de la tesis he estado corriendo de un lado para otro, y entre entregarles un capitulo mediocre y uno hecho con cariño y dedicación... me quedo con la última opción.
El cap anterior obtuvo 4 reviews!, muchas gracias a inukag22, ELF-CLOUD, candy01234, darkness1617
He comenzado a adelantar en la escritura de mi próximo fanfic, ya que la verdad el final de este no está escrito en su totalidad, pero no pasará de los 50 capítulos totales, de hecho quiero terminarlo en máximo 3 actualizaciones más.
Les agradezco de corazón el que sigan apareciendo followers y gente que añade mi historia a favoritos, es el incentivo que me ha motivado a no abandonar la escritura.
Un abrazo y no les relleno más :3.
'
Capítulo 46 .- Encuentro inesperado.
(Perspectiva de Kagome)
– Te pido aquí y ahora que por favor te cases conmigo, porque mi corazón te pertenece.
Lo vi abrir la cajita mientras se arrodillaba frente a mi y un anillo de oro blanco relució dentro de ella. Mentiría si dijera que había visto anillo mas lindo que ese en mi vida. El zafiro azulino oscuro destacaba sobre el metal en compañía de dos pequeños diamantes que emitían destellos al reflejar la luz de las lámparas colgantes del lugar. No pude evitar las lágrimas mientras mi cuerpo temblaba y el dorado de sus ojos me quemaba por dentro.
– Creo que estoy soñando. – musité mientras llevaba una de mis manos a pellizcarme, él me detuvo de inmediato.
– No gatita, esto es real. – llevo mi mano a su rostro y me sonrió. – Puedes tocarme ¿ves?
– ¿De verdad quieres casarte conmigo? – sentí mi mentón temblar mientras intentaba mantener mi voz firme. Mi autoestima había mejorado bastante con los años, sin embargo, aun asi Inuyasha para mi lucía como la clase de hombre que jamás había esperado que pusiera su atención en mi. Definitivamente esto debía ser demasiada suerte.
– Por supuesto que si. Sé que nuestras vidas ya están unidas, pero quiero comprometerme contigo, quiero vivir esta experiencia a tu lado.
Me lancé a sus brazos con ímpetu y estuvimos a punto de caer hacia atrás con la fuerza de mi impulso. Tomé su rostro entre mis manos y entrecerré mis ojos mientras me acercaba a sus labios. El toque inicial provocó escalofríos en mi y sólo aumentaron cuando sentí sus manos abrazarme por la espalda baja. Lamí sus labios con delicadeza y el suspiro que emitió antes de entreabrirlos para dejarme pasar resonó en mis oídos. Sus labios se movieron contra los míos mientras me aferraba de sus cabellos. Me separé sólo lo suficiente para permitirme respirar cuando la falta de aire se me hizo insoportable. Apoyó su frente contra la mía y besó mi nariz antes de hablar.
– Espero que ese beso haya sido un si… – Su aliento tibio hizo cosquillas sobre mi piel.
– Definitivamente es un si…
– ¿Si qué? – preguntó antes de morder suavemente mi labio inferior.
– Si quiero casarme contigo, Inuyasha Taisho. – Me sonrió y sus ojos se entrecerraron con el gesto, ocultando por unos segundos gran parte de sus ojos. Se impulsó para ponerse de pie sin dejar de sujetarme por la cintura. Apenas estuvimos de pie me abrazó y enterró su rostro en mi cuello.
– Soy tan feliz a tu lado. – se separó un poco para sacar el anillo de la caja y me miró esperando a que extendiera mi mano. Con total delicadeza deslizó el anillo por mi dedo anular izquierdo y me sorprendió el calce perfecto de aquella enredadera de oro blanco alrededor de mi piel. Inuyasha llevó mi mano a sus labios y la besó con cariño.
– El anillo es precioso. – musité mientras lo miraba con atención.
– También es un diseño único en el mundo. Por supuesto que el zafiro te representa a ti y los dos diamantes a su lado…
– A Moroha y a ti. – él asintió – Te amo, eres el mejor.
La cena que Inuyasha había preparado para nosotros era comida italiana, con el pasar de los años había comprobado que realmente estaba entre sus favoritas, y por suerte entre las mías también. Nos mantuvimos riéndonos durante varias horas en una sobremesa agradable llena de recuerdos gratos entre los dos.
– ¿Tienes prevista alguna fecha para casarnos? – pregunté con curiosidad.
– Es algo que planeaba conversar contigo, para mi la fecha no importa, mañana mismo podría hacerlo si tu quisieras, pero estoy seguro de que preferirás meterte en un vestido de novia cuando ya no estés embarazada.
– Me conoces demasiado. – me sonrió y yo tomé su mano por sobre la mesa. – No me malentiendas, estoy ansiosa por casarme contigo, pero también quiero estar perfecta para ti, encontrar un vestido que me haga lucir bien con esta pequeña sandía adorable será complejo, además quiero poder beber y bailar en la fiesta junto a ti.
– También lo había pensado. En teoría tu tendrás a Moroha en 3 meses más, es decir julio. Podría ser a fines de este año o a comienzos del otro.
– Sip, para entonces mi cuerpo habrá vuelto a la normalidad y eso nos da varios meses de planificación para que todo sea perfecto. – me miró fijo por unos instantes y sentí su corazón latir con fuerza.
– Te amo mucho gatita.
– Te amo más.
Para cuando terminamos el postre yo sentí que mi estómago ya no aguantaría mas comida.
– Bien… ¿nos vamos a casa? Tengo ciertas ideas de como podríamos continuar la celebración – mi voz sonó coqueta y su risa suave y sensual resonó en mis oídos.
– ¿ah sí? Verás… tuve estas mismas ideas de una celebración más íntima junto a ti… asi que he reservado la suite del hotel. – lo miré sorprendida por unos instantes.
– Vaya… siempre piensas en todo.
– Por supuesto.
– Ambos subimos el ascensor manteniendo cierta distancia en su interior, sé que podría sonar estúpido, pero después de mi insinuante propuesta de pronto sentía como si recién estuviera conociendo al demonio a mi lado. Me permití recordar nuestros encuentros sexuales previos en un intento de alivianar mis nervios y sentí mi corazón comenzar a latir aún mas fuerte mientras mas calor sentía en mis mejillas.
– ¿Pasa algo? – preguntó desde su lado del ascensor.
– N-no… no te preocupes.
Cuando las puertas se abrieron y él me sonrió para que lo siguiera sentí mis piernas flaquear… De pronto Inuyasha volvía a lucir como el tipo sexy e inalcanzable y no me creí capaz de conquistarlo o encenderlo.
Lo vi pasar la tarjeta para abrir la puerta de nuestra habitación y cuando estuvo abierta se hizo a un lado para dejarme pasar. Avancé a paso dubitativo y me permití observar el lugar.
La habitación era gigante, es más, lucía como un departamento de planta completa. No sólo había una recámara, que por cierto tenía una cama con un dosel que le daba un aspecto sensual y lujoso al mismo tiempo, si no que también habia un comedor, una sala de estar y un balcón enorme
– Wow… - no tuve mas palabras para decir.
– ¿te gusta?
– Es hermosa. – me giré con mucho esfuerzo para mirarlo y no colapsar en nervios. – muchas gracias, por todo, esta noche en definitiva ocupará un lugar dentro de mis recuerdos más preciados.
Se acercó a mi en un movimiento rápido y acarició mi mejilla con delicadeza mientras enfocaba su mirada en la mía. Sentí como lentamente me hundía en el dorado.
– Siempre fue esa la idea… - sus ojos bajaron un poco hacia mis labios y se relamió los suyos en instinto. – Pero te juro gatita… que esto está recién comenzando.
Inuyasha enredó una de sus manos en mi cabello mientras con las garras de la otra trazaba un camino desde mi cuello hasta mi cintura, quedándose en ese lugar para atraerme mas a su cuerpo. Lo vi entrecerrar los ojos mientras acercaba su rostro al mío y mi corazón aumentó su velocidad mientras menos centímetros habían entre nosotros. Dios… que mala noche para volver a sentirme tan nerviosa como una chica con cero experiencia, pensé.
Sus labios se posaron sobre los míos y lamió con sensualidad parte del espacio entre ellos, incitándome a separarlos para dejarle pasar.
Cuando entreabrí mi boca y su lengua se enredó con la mía lo disfruté como si fuera el primer beso entre los dos, con la sensación de mariposas en el estómago y mis latidos retumbando en mi pecho con una fuerza abismal. El beso poco a poco aumentó su sensualidad y de pronto en un movimiento rápido me acorraló contra la pared más cercana.
Soltó mi boca por unos segundos solo para dejar pequeños besos por el resto de mi rostro, mientras una de sus manos se apoyaba de forma disimulada sobre uno de mis pechos. Dio un pequeño apretón y jadeé contra sus labios. Pude ver sus ojos cambiar a anaranjado justo antes de cerrarlos para volver a besarme. Sus labios se movieron hambrientos contra los míos sin perder la delicadeza que lo caracterizaba conmigo.
Poco a poco gracias a sus caricias me permití liberar un poco de mi ansiedad y seguirle el juego. Me aferré a su cuello cruzándo mis brazos por detrás de él, atrayéndolo lo mas que pude a mi, mordí su labio inferior y un gemido ronco salió de su garganta; al menos me entregaba señales de que le gustaba lo que hacía, incluso si los nervios me carcomían por dentro.
Me sujetó por los muslos para tomarme en brazos y yo me aferré con mis piernas a su cintura. Bajo su boca a mi cuello y la cercanía con mi marca mandó señales suficientes para hacerme colapsar otra vez. Comencé a sentirme mareada entre lo rápido de mis latidos y lo mucho que estaba hiperventilando.
– Inuyasha… - musité bajito, con cero ganas de detenerlo.
– ¿Hmm? – sus labios cálidos contra mi piel no detuvieron sus besos.
– ¿Dame un segundo?... estoy colapsando un poco en nervios.
Se alejó de mi cuello para mirarme y sujetó con suavidad mi rostro entre sus manos. Bajé las piernas de su cintura y me apoyé con todo mi peso contra la pared.
– Si… te ves un poco pálida ¿quieres sentarte un segundo? – preguntó preocupado.
– Si… lo siento. – me sonrió y me levantó en brazos para llevarme al sofá, me dejó ahí tendida y desapareció por unos instantes para volver con un vaso de agua.
– Bebe un poco de agua, te hará bien. – me senté e intenté respirar un poco mas calmada.
– No se por qué me ha pasado esto, lo siento, de pronto me he sentido como si nunca hubiera tenido sexo contigo y he colapsado con todas las sensaciones que me llegaron de golpe.
Sentí tu corazón acelerado, pero pensé que era algo normal… el mío está igual. – tomó una de mis manos para llevarla a su pecho y me concentré todo lo que pude en sentir sus latidos. Me sorprendí cuando noté que aún ahora, cuando yo me había encargado de matar todo el momento, su corazón latía a toda velocidad… y en todo mi nerviosismo sólo había sido consciente del mío.
– ¿también estás nervioso? – bien, eso si me sorprendía un poco.
– Suena estúpido, considerando todas las veces que hemos estado juntos y mi pasado como mujeriego... – me reí ante su comentario. – …Pero me siento un adolescente inexperto.
– La verdad ibas bastante bien hasta ahora… – se rió.
– No tienes idea de lo mucho que he estado pensando cada movimiento a seguir mientras te besaba…
Me recargué en su hombro cuando se sentó a mi lado y lo abracé. Todo esto de estar comprometidos había traído demasiadas sensaciones a ambos.
– Quiero tocarte y que disfrutes de mi tanto como yo disfruto de ti. – musitó justo antes de besar la cima de mi cabeza. – He tenido miedo de decepcionarte.
– Yo igual… pero si lo pensamos, la verdad tenemos una buena afinidad con todo esto ¿sabes?, incluso nuestra primera vez juntos fue fantástica. El nerviosismo de comprometerse de pronto nos ha hecho olvidar aquello.
Tomó mi rostro entre sus manos y me miró con ternura.
– Si seguimos provocando estos nervios en el otro, parece ser buena señal, y es que a pesar del tiempo que llevamos juntos y lo enserio que va nuestra relación… no hemos caído en la rutina.
– Es cierto. – le sonreí con cariño y dejé de mirarle para apoyarme en su pecho. – Quizás solo hemos pensado demasiado… y esta clase de cosas no deben pensarse, si no sentirse.
– Como lo hemos hecho el resto de las veces…
– Exacto. De pronto cuando te vi a mi lado en el ascensor, volví a verte como la clase de chico inalcanzable para alguien como yo…
– Pero gatita… literalmente acabo de pedirte matrimonio hace un par de horas.
– Lo sé. – llevé mis manos a mi rostro – Es que todo esto sigue pareciendo un sueño para mi…
– A ver Kag, ven aquí. – palmeó sus piernas para invitarme a sentarme sobre ellas y cuando lo hice me abrazó contra su pecho mientras me acunaba. Realmente era bastante pequeña a su lado y en esta clase de situaciones me daba cuenta de ello, sus brazos se sentían como una fortaleza a mi alrededor. – Primero que todo, no quiero oírte decir nunca más que soy inalcanzable para ti. Para mi eres todo, única y perfecta en todos los sentidos posibles. Pasé tres años extrañándote a pesar de que nuestra relación había durado sólo 3 meses, para que veas mas menos la magnitud de lo mucho que has significado desde siempre para mi. Segundo… yo fui quien te buscó la primera vez en la fiesta, y cuando me diste mal tu número incluso fui a verte nuevamente para que me lo dieras bien, porque por ningún motivo quería perder la oportunidad de conocerte más. ¿eso suena para ti como alguien inalcanzable?
– No…
– Me tuviste desde el primer instante y ni siquiera yo me enteré, para cuando me di cuenta ya era demasiado tarde y estaba completamente enamorado de ti. – me acurruqué contra su pecho y su corazón, ahora mas calmado logró relajarme.
– Te amo mucho… Nunca tuve una relación como esta, siempre entregué mas, siempre amé mas, es por eso que luce como un sueño para mi. – apoyé una de mis manos en su mejilla y me separé de su pecho para mirarlo. – No podrías imaginar lo feliz que me haces y lo mucho que significas para mi. Gracias por no darte por vencido conmigo.
– Gracias por aceptarme de vuelta.
Se acercó lentamente a mi rostro y cuando su boca se posó sobre la mía me sentí en el lugar correcto. La calidez de su beso y sus brazos a mi alrededor disiparon todas mis inseguridades. Me atreví a abrazarlo por el cuello y lamer de comisura a comisura sus labios en un intento de demostrar que estaba lista y que mis nervios no me traicionarían otra vez; él sonrió ante ello y me abrazó con mas fuerza mientras yo intentaba ahondar todo lo que fuera posible ese beso.
Sentí su lengua entrar en mi boca y enredarse con la mía. Un suspiro abandonó mi garganta cuando sus manos apretaron con firmeza mis caderas para acomodarme sobre él. Quedé a horcajadas sobre su cuerpo y seguí besándolo mientras él movía sus manos suavemente por mi trasero. Debía admitir que aún sentía las mariposas en el estómago revolotear con fuerza, pero al menos mis latidos permanecieron a un ritmo compatible con la vida.
Llevó sus manos a mi espalda buscando el cierre del vestido y lo bajó lentamente mientras sus dedos rozaban mi piel. A la vez me permití restregarme contra él y cuando su entrepierna rozó con la mía ambos jadeamos entre besos. Separó su boca de la mía y la llevó a mi cuello, donde depositó pequeños besos húmedos y suaves mordiscos sensuales sin realmente perforar mi piel. Mis escalofríos aumentaron mientras mas se acercaba a mi marca, donde lamió con deliberada lentitud y yo en efecto me aferré a sus brazos intentando aguantar el torbellino de sensaciones que me provocaba.
El vestido descendió por mis hombros y él aprovechó el momento para acariciar mis pechos por sobre el sujetador, a la vez que enterraba sus colmillos justo en la zona violácea de mi cuello. El gemido alto que abandonó mi boca me hizo enrojecer en vergüenza por unos instantes hasta que sus caricias y las endorfinas liberadas por su mordida volvieron a relajarme. Se mantuvo ahí por unos minutos y supe que estaba satisfecho cuando lamió la zona para cerrar los cortes. Lo sentí seguir bajando con sus besos hasta mi seno izquierdo mientras con una de sus manos buscaba el broche delantero, el que desabrochó sin mayores inconvenientes en apenas unos segundos.
– Todavía sigue sorprendiéndome tu habilidad innata con los broches de sujetadores. – sentí la vibración de su risa contra la piel de mi pecho.
Envolvió con su boca mi pezón, que ya demandaba atención y aferré mis manos a sus cabellos, en un intento de mantener sus caricias en el lugar. Sus manos sobre mis caderas me incitaron a seguir moviéndome para aumentar la fricción entre su miembro y mi entrada, y aún con la ropa como obstáculo la sensación electrizante aumentó cada vez mas recorriendo todo mi cuerpo desde mi abdomen bajo.
Separó su espalda del sofá para quitar su chaqueta y yo lo ayudé relativamente desesperada a quitar su camisa. Mis dedos torpes y arrebatados intentando desabrochar cada uno de los botones tardaron demasiado, asi que opté por tironearla y éstos rebotaron en algún lugar de la habitación. Inuyasha rió y se separó de mi pecho para tomar mi rostro entre sus manos.
– Alguien está ansiosa… – sonreí coqueta mientras bajaba para lamer sus labios y depositar un beso corto.
– Te hago responsable de ello.
Luego de aquello las caricias fueron mas rudas y hambrientas entre los dos. Sus manos recorrieron mi espalda mientras yo intentaba desabrochar su pantalón. Di un apretón suave a su miembro entre mis manos cuando logré liberarlo de la ropa y lo masajeé de arriba hacia abajo mientras él gemía ronco bajo mi cuerpo.
– Ka… go… me – mi nombre salió entrecortado de sus labios por la respiración agitada y los jadeos.
Llevé mis manos a su pecho y el se acomodó en mi entrada. Me penetró lentamente y sólo pude jadear mientras mis paredes se acomodan a su tamaño. Llevó sus manos a mi trasero y me movió de arriba a abajo en un ritmo suave y constante, mientras yo me aferraba como podía abrazándome a su cuerpo y enterrando mis garras en su espalda.
– Me encanta sentirte. – musité en mis pensamientos debido a que los gemidos no me dejaban hablar de forma coherente y entendible.
– Me encantas más.
Bajé a su cuello y lamí el trayecto de su yugular disfrutando de los jadeos que logré arrancar de su garganta. Sus latidos aumentaron cuando me moví de forma circular sobre su miembro y sentí mis ojos arder. Me miró fijo mientras sus ojos cambiaban a rojo al igual que los míos y aumentó la velocidad de sus embestidas mientras sus garras rasgaban parte de la piel de mi espalda para luego enterrarse sobre mis caderas. Dios… amaba a este Inuyasha que no se controlaba.
Tomé su rostro entre mis manos y me acerqué para besarle sin detener el vaivén de mi cuerpo sobre el suyo. Su lengua se enredó con la mía y el beso se hizo cada vez mas hambriento mientras él bajaba una de sus manos para acariciar aquel pequeño botón que me hacía delirar en placer.
Bajé a su pecho para depositar besos cortos, sentí gruñidos roncos mientras más aumentaba la velocidad y desesperación de sus embestidas sin dejar de lado su labor de acariciar de forma rítmica mi clítoris. El calor se extendió desde mi abdomen bajo al resto de mi cuerpo y mi respiración se hizo cada vez mas entrecortada.
– Inu… – gemí cuando jaló de mi cabello hacia atrás. – …me voy…
Obtuve otro gruñido como respuesta y cuando estuve a punto de alcanzar el clímax sentí sus colmillos perforar nuevamente mi marca. Me ahogué con gusto en las sensaciones del orgasmo mientras el eco de mis gemidos y gritos resonaba en mis oídos; sin embargo, Inuyasha no se detuvo y cuando abrí mis ojos pude ver que sus ojos continuaban rojos, lo que a pesar del cansancio volvió a excitarme. En un movimiento rápido guie mis colmillos a su marca.
– Córrete por mi. – pensé y lo mordí con todas mis fuerzas.
Había visto a Inuyasha alcanzar el orgasmo varias, infinitas veces. Pero nunca lo había escuchado gruñir asi de alto. Sólo con ese estímulo de verlo disfrutar volví a sentir el clásico cosquilleo placentero y él enterró sus garras en mi espalda mientras intentaba aferrarse a mi y los espasmos de ambos no cesaban. Agh, en definitiva, nos complementábamos de manera perfecta.
Mi garganta comenzó a arder por todos los jadeos y me recosté en su pecho, mientras sentía su corazón cada vez relajarse más.
– Eso ha sido… distinto. – musitó mientras me abrazaba y su mano acariciaba suavemente mi espalda.
– Sólo nos preocupamos de sentir y todo ha salido perfecto.
Peinó mis cabellos con delicadeza y me permití disfrutar de ello. El cansancio se hizo cada vez mas fuerte y ni siquiera tuve fuerzas para moverme del sofá a la cama.
– Te amo… – susurré bajito. Su aroma me envolvió y ya no quise salir de allí.
– Oh gatita, yo te amo más.
Su respiración se acompasó antes que la mía al caer dormido y yo lo seguí minutos después.
(Perspectuva de Inuyasha)
Desperté a mitad de la noche bastante desorientado. Esperé tener a Kagome abrazada aún a mi cuerpo sin embargo no la encontré.
En todo el pánico y trauma de mis experiencias pasadas, me puse de pie, acomodé mis pantalones y la busqué desesperado; había bastado una sola mala experiencia en el pasado donde mi prometida había huido para preocuparme en demasía.
Sentí arcadas provenir desde el baño de la suite e intenté abrir la puerta.
– ¿Kag? ¿estás bien? – Sólo obtuve arcadas como respuesta. Que mala idea cerrar la puerta del baño con llave. – ¿puedes abrirme por favor? Intento controlarme para no tirar la puerta de una patada.
– Dame un segundo, no la tires. – Esperé obediente, hasta que luego de unos segundos que se me hicieron eternos, ella abrió. Me preocupé cuando la vi mas pálida que de costumbre.
– Oh oh… ¿las nauseas han vuelto?
– Creo que si… he dejado de tomar los medicamentos que me dio Haru, pensando que ya no volverían… grave error, empezaré otra vez desde mañana.
– ¿Quieres que te lleve al médico?
– No, no es necesario, se irán en un momento. – se lavó los dientes y me sonrió. - ¿volvamos a dormir?
La miré dudando si realmente era buena idea, cuando no obtuvo respuesta sólo caminó hacia la cama. La abracé por la espalda y ella se acurrucó mas a mi cuerpo. No pude dormir hasta que ella lo hizo y aun así me quedé unos minutos más despierto, por si es que ella volvía a sentirse mal. El olor a vainilla y fresas me envolvió y caí rendido.
'
Cuando desperté con la luz de día y sentí a Kagome aún a mi lado sonreí feliz, después de todos mis miedos, ella no había huido, ella había decidido realmente permanecer junto a mi.
Mi teléfono sonó y me estiré un poco para alcanzarlo.
– ¿Sí?
– Asumo que si desapareciste toda la noche es porque te dijeron que si. – la voz de Miroku fingía enojo, me reí.
– Lo siento, debí avisarte como iba todo, pero si, todo ha salido perfecto. – exclamé en un susurro intentando no despertar a Kag.
– ¡YAAAAY! – alejé el teléfono de mi oído, de seguro iba a continuar gritando. – ¡AHORA LOS DOS ESTAREMOS CASADOS! – Oí un pequeño ruido y la voz masculina cambió por una femenina, un poco mas chillona.
– ¡DEBES DEJARNOS PLANEAR LA BODA, DEBES HACERNOS TESTIGOS! Estoy tan feliiiiiz por ustedes, ¡hay que salir a celebrar! – Sango gritó.
Kagome se movió incómoda, señal que yo consideraba clásica cuando estaba a punto de despertar.
– Si si, lo hablamos después, no quiero despertar a Kag, gracias por todo.
– ¡mándale saludos a Kag! – fue lo último que alcancé a oír.
Quise aprovechar el momento todo lo que pude, sin otras preocupaciones mas que dormir con la mujer que amaba, asi que la abracé por la espalda y me relajé acariciando su vientre.
'
Abril 2018, 2 semanas después.
(Perspectiva de Kagome)
Permanecí recostada en la camilla mientras Haru movía el transductor sobre mi abdomen.
– Me he enterado por ahí de que te has comprometido… – musitó mientras miraba la pantalla.
– Ajá. – me miró la mano con el anillo y sonrió.
– ¿Tienen prevista una fecha para casarse?
– A fines de este año idealmente.
– Después de que esta pequeña revoltosa nazca.
– Por supuesto, no quiero ir por ahí en el altar como un balón con patas. – se rió y yo acaricié mi pancita por los lados.
– Te comentaré un poco lo que voy viendo ¿vale?, Moroha ha crecido bastante este último mes en comparación a lo que vi de ella cuando te fuiste de aquí. Aún no ha cambiado su posición, su cabeza sigue aquí arriba ¿ves? Para el próximo mes deberíamos encontrarla hacia abajo, de eso depende si es que te hacemos cesárea o si puedes tener un parto normal.
Ahora que empezábamos a hablar de parto me asusté. Había olvidado completamente el como Moroha tenía que salir de mi cuerpo.
– ¿puedes estimar una fecha?
– No mas allá de la segunda semana de julio. Me programaré para entonces, dejaré esa semana sólo para ti. – sonreí agradecida, en definitiva Haru era de por si la mejor doctora que conocía, mi confianza en ella era gigante.
– Genial, muchas gracias. – secó el gel de mi abdomen y bajó mi camiseta.
– Estamos listas por hoy y tenemos control en un mes más. – se puso de pie y miró a su alrededor - ¿sabes? Creo que he extrañado a Inuyasha hoy.
– Ja, yo igual, pero tenía reuniones importantes que no podía postergar, asi que en vez de cambiar la hora y cambiar tu agenda, preferí venir sola, aunque ahora pasaré a verlo a la oficina.
– Entiendo, bueno, el trabajo es demandante a veces.
– Ajá, pero no me molesta, literalmente ha estado pegado a mi desde que comenzó todo esto hace casi 7 meses, y si bien amo su preocupación, esto es como un respiro para mi. – Haru se rió.
– Después de todo lo que has pasado, solo te queda aguantarlo asi de aprehensivo.
– Totalmente asumido. – me bajé de la camilla y busqué mi bolso – Bueno Haru, me voy, tengo que atender un paciente más hoy.
– Ve con cuidado, nos vemos pronto. – me abrazó y yo caminé a la salida de la mansión.
Los padres de Inuyasha se habían ido de viaje por unos días, asi que no habíamos tenido oportunidad de celebrar nuestro compromiso en familia, les habíamos prometido esperarlos. Asi que sin nadie mas a quien saludar, me despedí del mayordomo y me subí a mi auto.
Mi próxima consulta era en 30 minutos asi que intenté moverme rápido.
'
Revisé la anamnesis de mi paciente mientras me estacionaba afuera del domicilio, un perro de 3 años llamado "Máximo" que al parecer solo necesitaba un control y vacunas. Bajé del auto y caminé hacia la puerta para tocar el timbre.
Cuando me abrieron la puerta sonreí de forma inmediata, hasta que noté quien era el dueño…
– Hola Kag. – Hojo me miró sonriente y a pesar de que se hizo a un lado para dejarme pasar me quedé congelada en la entrada.
– ¡Hola! Tanto tiempo, ehm… La persona que me agendó la hora era una chica.
– Si, era mi novia, Kim, pero está trabajando a esta hora y era impostergable, asi que me he quedado yo.
– Ah, entiendo. – no quise preguntar si todo esto había estado planeado por él, intenté no ser paranoica.
– Ha pasado demasiado tiempo, pasa, Máximo está creo en la cocina.
Caminé dubitativa en cada paso que di, pero me relajé pronto; había convivido con Hojo durante 4 años, no es como si hubiera sido un psicópata capaz de raptarme, además había pasado tiempo suficiente como para dejar nuestros problemas de lado. El momento se me hizo mas ameno cuando Máximo, un pastor alemán que me llegaba a la cintura, apareció moviendo su cola.
– ¡Hola Máximo! – extendí mi mano hacia él y la olisqueo por unos segundos para luego lamerla. – Bien… cuéntame… ¿Cómo ha estado de salud las últimas semanas? – musité sin mirar a mi ex, que estaba a unos metros de mi.
– Bastante bien, no ha estado enfermo ni nada.
– Genial. – abrí mi bolso y saqué mi fonendo para comenzar a examinarlo.
Mientras lo auscultaba sentí la mirada de Hojo fija sobre mí, intenté ignorarlo.
– ¿Qué ha sido de tu vida Kag? – agh aquí vamos… pensé.
– Trabajar mucho. – pretendía evitar el resto de los temas de conversación, estaba segura de que mi pancita le había dado indicios suficientes de todo.
– Me imagino, supe que te habías ido de Tokio hace unos años.
– ¿Cómo supiste eso?
– Fui a verte a tu departamento, el conserje me lo dijo.
– Ah… si. – bien, no planeaba preguntarle por qué había ido a verme. – Estaba un poco hastiada de todo por aquí y me fui a trabajar a un lugar más apartado del ruido.
– Oh comprendo eso totalmente. ¿Y hace cuanto volviste?
– Hace algunos meses.
El silencio incómodo se mantuvo por unos segundos.
– ¿Te has quedado con Inuyasha a fin de cuentas? – quité el fonendo de mis oídos y lo miré con atención. – Disculpa por preguntarlo asi de golpe, es que tu pancita me ha matado de curiosidad. – me reí.
– Podría ser una sandía bajo mi ropa sabes. – se rió y me miró esperando una respuesta. – Si, estamos juntos.
– ¿Él es el papá?
– Si, de hecho, voy a casarme dentro de algunos meses.
– Vaya… – no dijo nada más y yo me concentré en terminar de vacunar al perro frente a mi, que había resultado ser un paciente ideal.
– Bien… Máximo está listo. – Hojo me sonrió y se acercó para acariciar a su mascota.
– Muchas gracias Kag, ni se ha quejado con los pinchazos, se nota que eres buena en esto. – sonreí ante su cumplido y comencé a guardar mis cosas.
Me puse de pie y extendí mi mano de forma amistosa para despedirme.
– No hay de que, avísame si necesitas algo. – Hojo miró mi mano y pareció no comprender mi gesto por unos segundos. En un movimiento rápido se acercó y me abrazó.
– Se me hace tan extraño parecer simples desconocidos después de cuatro años juntos… – musitó y yo me quede ahí sin siquiera ser capaz de devolverle el abrazo. – Fui por ti hace cuatro años en un último intento de arreglar las cosas entre los dos y cuando me enteré de que te habías ido fue triste, pero me convencí de superarte…
– Hojo… – lo interrumpí, no me gustaba la dirección de esta conversación.
– No espera, tengo algo bueno que decir, lo prometo. – suspiré y guardé silencio. – Nunca dejaré de sentirme el mayor de los idiotas por haberte alejado de mi lado, y ahora que te veo tan preciosa como siempre y radiante con tu embarazo, la verdad me imaginé por unos instantes que hubiera pasado si esta historia hubiera sido nuestra y no de ti e Inuyasha. Fuiste el amor de mi vida y me enteré demasiado tarde, o simplemente te conocí en el momento en que seguía siendo un jodido inmaduro. – se alejó de mi y me sonrió. – De verdad espero que seas muy feliz y lamento todos los errores, todas las malas palabras, no las merecías, sólo espero que Inuyasha sea un buen tipo para ti.
– Ambos éramos inmaduros, pero piénsalo de este modo, nuestra historia nos sirvió para aprender de ella, ambos hemos encontrado a dos personas fantásticas para amar, asi que no te preocupes, te perdono y de algún modo estoy agradecida contigo, de no ser por ti no lo hubiera conocido a él y mi vida aún seguiría sin tener sentido.
Me miró fijo y extendió su mano para acariciar mi mejilla, yo me hice hacia atrás instintivamente, había un límite de contacto entre los dos y me encargaría de mantenerlo.
– Me alegro de haber aclarado las cosas después de tanto tiempo, te amé mucho y es triste cuando se termina tan mal. – musité, palmeé su hombro y sonreí. – También espero que seas feliz con tu chica.
Di una última sonrisa cordial y me despedí con un movimiento de manos antes de subir al auto.
Ahora que estaba sola sentía el aroma de Hojo impregnado en mi y me provocó cierto rechazo, esto iba a requerir explicaciones frente a cierta personita…
Encendí el motor y fui en dirección a la empresa Taisho.
'
Apenas crucé la puerta de vidrio principal Miroku me sonrió y se puso de pie para abrazarme.
– Te ves tan grande con tu traje clínico… – me reí.
– Soy una persona adulta a veces.
La puerta de la oficina de Inu se abrió y apareció sonriendo. Se acercó a mi a paso "humano", manteniendo la compostura frente al resto de los trabajadores humanos.
– Hola gatita, ¿Cómo te ha ido? – Tomó mi mentón y yo me pare en puntillas para besarlo.
Lo vi tensarse, pude adivinar que probablemente ya había sentido el aroma de Hojo, sin embargo no dijo nada.
– Bien… he ido a una consulta a domicilio después de la ecografía, a que no adivinas quien era el dueño. – por supuesto que adivinaría, pero no quería que pensara que intentaba ocultarlo.
– Hojo. – musitó serio.
– Ajá, tenia que poner las vacunas anuales de su mascota. – Miroku nos miró a ambos un poco incómodo, Inuyasha me sonrió, pero con todo lo que lo conocía, podía apostar a que era una sonrisa fingida.
– Ya veo… – me mantuvo abrazada por la cintura con uno de sus brazos en un gesto posesivo. – ¿Almorzamos juntos? He comprado sushi, está listo para comer en mi oficina.
Asentí y ambos caminamos de la mano. Cuando me senté en la silla frente a su escritorio comenzó a abrir los recipientes de comida y me entregó unos palitos sin mirarme.
– La ecografía ha mostrado que todo esta bien…
– ¿Sí? – preguntó sin interés.
– Estás molesto. – musité.
– Hmm. – fue lo único que obtuve como respuesta.
– ¿Es por lo de Hojo?
– Su aroma opaca el tuyo por completo, sólo me parece raro que se haya impregnado tanto en ti, si trataste sólo con el perro.
– Ah si, debe ser porque me abrazó. – me miró y sus ojos dorados parecieron cambiar levemente a anaranjado.
– ¿Perdón Kag, pero en qué contexto?
– Mencionó que había ido a buscarme a mi departamento hace 4 años y le habían dicho que me había cambiado de ciudad y luego, en resumen, dijo algo sobre que yo era el amor de su vida, pero que no lo descubrió a tiempo y me pidió perdón por ser un idiota.
– No quiero el resumen, quiero la historia completa. – lo miré sorprendida perdiendo un poco la paciencia ¿Qué era esta escena de celos?
– A ver Inuyasha, ¿Estás desconfiando de mi?
– Confío en ti, no en él.
– Si confías en mi sabrás entonces que si se hubiera insinuado o hubiera intentado algo yo lo hubiera detenido ¿no?
– No te negaste a su abrazo. – bien, ese comentario acababa de romper mi paciencia en pequeños trocitos.
– Me abrazó y me pilló desprevenida, me ha pedido disculpas, me ha preguntado por ti y le he dicho que nos vamos a casar, y le di las gracias por ser el hilo conductor para conocerte. No quiero guardar rencores con nadie, mucho menos ahora que tengo una vida bonita formada contigo.
– Hmm…
Okey, no estaba de ánimos para soportar un almuerzo incómodo por falta de confianza. Me puse de pie y me apoyé en su escritorio.
– Entiendo que seas desconfiado por lo mierda que fue tu ex, pero yo soy Kagome, no Kikyo. Si no confías en mi ni siquiera debiste pedirme matrimonio ¿Acaso te he dado algún motivo para desconfiar de mi en todo este tiempo? – Inuyasha guardó silencio y no me miró, eso me dolió y mi pecho se apretó.
Sentí mi corazón latir rápido preparándose para huir, las manos se me adormecieron y caminé a paso rápido a la puerta.
– Por cierto, tu hija, Moroha, está bien, ha crecido bastante. Haru me ha dicho que debería posicionarse los próximos meses y me ha dado fecha de parto para la segunda semana de julio, lo menciono sólo por si te interesa saberlo, ya que al parecer Hojo ha sido un tema mas relevante. – Exclamé sarcástica.
Tiré con fuerza de la puerta para abrirla y caminé a paso rápido. Miroku me miró preocupado, sin embargo no dijo nada.
– ¿Sango está en casa? – pregunté sin mirarlo.
– Si.
– Bien.
Un rincón de mi corazón esperaba que Inuyasha me siguiera, me agarrara de la mano y me pidiera disculpas, rogándome que me quedara con él. Sin embargo incluso estando ya arriba de mi auto tampoco apareció. Sentí mis ojos nublarse por las lágrimas, pero respiré hondo en un intento de no liberarlas.
Encendí el motor y salí de allí.
'
(Perspectiva de Inuyasha)
Miré los pocillos de comida sin tocar sobre mi escritorio, de pronto me sentí un idiota. Miroku entró unos segundos después de que Kag se fue.
– Bien, por el sushi sin tocar asumo que algo ha salido como la mierda.
– Ajá, ¿Quieres sushi? – musité llevando una de las tantas piezas de comida a mi boca, intentando fingir que no me afectaba.
– Sip. – tomó los palitos que Kag había dejado y se acomodó en la silla. – ¿Hiciste una escena de celos bestial?
– Algo asi.
– ¿Se lo merecía Kag?
– No, es sólo que… no he podido desquitarme con el idiota de su ex, asi que he decidido que era una perfecta idea desquitarme con ella ¿genial no? – musité sarcástico, Miroku hizo una mueca.
– Tienes que confiar realmente en ella para casarte, supongo que lo sabes.
– Confío en ella, es sólo que… me siento tan vulnerable amándola de este modo, yo no soy así, nunca he sido asi de inseguro, nunca he sido asi de celoso. Me aterra perderla.
– Entiendo que Kikyo te haya destruido la confianza en el género femenino, pero Kag es la persona mas honesta que he conocido y te ama amigo, ella también es vulnerable frente a ti, sin embargo voluntariamente se ha quedado a tu lado, aun cuando tenia la oportunidad de elegir a cualquier otro chico.
Apreté mi cabeza con fuerza, de pronto la jaqueca se hizo insoportable.
– Él le ha dicho que era el amor de su vida.
– Y probablemente el imbécil no esté mintiendo, ambos sabemos como la buscó incluso cuando ya estaba contigo, pero ¿tu marca ha dolido siquiera un segundo?
– No…
– ¿Y eso no te demuestra acaso que ella no tenía otras intenciones? Nunca planeó traicionarte, deja de ser un idiota y ve por ella, o espera a que se calme y habla las cosas mas tarde. Los ex son parte de la historia, no puedes eliminarlos, ella aceptó tu pasado con Kikyo, incluso tuvo que soportar que la raptara y la apuñalara y aún asi está aquí. Es tu turno de superar a Hojo y darte cuenta de que vales mil veces mas que él, siempre y cuando dejes los celos de lado.
Lo miré de reojo mientras aceptaba mi error en silencio, no necesitaba que Miroku se enterara de ello. Luego de comerse la mitad de la comida se puso de pie, palmeó mi hombro y salió. Quise aguantar con todas mis fuerzas las ganas de hablarle a Kag, sin embargo no puedo evitarlo.
Lamento haber sido un idiota, sé que estás molesta… solo contéstame si estas bien por favor.
'
(Perspectiva de Kagome)
Toqué el timbre varias veces en un intento de disipar mi rabia, Sango abrió a los segundos después.
– ¡Kag! – me abrazó y me soltó de inmediato. – ¿Qué te tiene tan molesta? Expeles rabia por los poros. – la miré sin contestar y sólo se hizo a un lado para dejarme pasar.
Me senté en el sofá y me apoyé completamente en el respaldo antes de comenzar a hablar.
– ¿Recuerdas a mi ex idiota del que te hablé? ¿Hojo?
– Ah si… algo.
– He tenido que atender a su perro hoy.
– Mierda. – No dijo ninguna otra palabra.
– No no, la verdad no fue tan incómodo, para mi es tema superado, me ha pedido perdón por el daño, me ha deseado que sea feliz y me ha abrazado.
– Hmm ¿Eso es bueno no?
– Pude cerrar un ciclo de odio, asi que si, estaba genial, hasta que Inuyasha decidió hacer una escena de celos por el aroma impregnado en mi ropa.
– Ah… ahora entiendo tu enojo… pero sabes lo posesivo que es tu prometido, lo sabes desde hace años.
– Eso no me molesta… me molesta que no confíe en mi, después de todo lo que hemos pasado juntos. Y hoy… hoy tuve el control de mi embarazo y luego de sus celos ni siquiera se ha interesado en ello. – apoyé las manos sobre mis piernas apretando mis puños con fuerza para evitar llorar, dios… este bebé me tenia con las emociones al máximo.
– Lamento haber sido un idiota, sé que estás molesta… solo contéstame si estas bien por favor. – Escuchar su voz me molestó aún mas, sobre todo por el hecho de que ese simple mensaje hiciera latir mi corazón mas rápido. Decidí ignorarlo.
– Amiga… Inuyasha se desvive por ti y por Moroha, ha sido un idiota, pero quiero que intentes comprenderlo un poco… ¿No te enojabas cuando él tenia impregnado el aroma de Mika en su cuerpo?
– Hmm…
No quise seguir hablando del tema, no quería darle la razón en algo que me desagradaba. Mientras Sango se dedicó a ordenar un poco su casa, me quedé ahí sentada mientras hacía girar el anillo de compromiso en mi dedo, literalmente acabábamos de comprometernos hace dos semanas y ya estábamos teniendo problemas.
Lo saqué por un instante para admirarlo de cerca y distinguí en su cara interior unas letras grabadas.
– "tibi aeternum" – Estaba segura de que era latín, aunque no sabía que significaba. Me quedé dormida en el sofá después de un tazón de té de lavanda que mi amiga me había preparado con el objetivo de calmarme… había funcionado.
'
Para cuando desperté el aroma de Inuyasha me envolvió, abrí los ojos sin comprender nada y me di cuenta de que mi cabeza estaba apoyada en sus piernas mientras él acariciaba mis cabellos, me sonrió apenas enfoqué la vista en él.
– ¿Qué haces aquí? – pregunté.
– Sango me ha dicho donde estabas y quería conversar algunas cosas contigo.
– No tengo ganas de conversar.
– Bien, entonces esperaré aquí pacientemente a que las tengas. – su voz sonó decidida y yo me levanté de golpe de sus piernas.
– Bien, entonces me voy a casa. – Él se levantó rápido mientras yo caminaba a la puerta.
– ¡Sango nos vamos, muchas gracias por llamarme! – gritó Inuyasha.
– ¡Bien! Hablamos. – gritó Sango desde algún lugar de la casa.
Con todo mi enojo di varios portazos al llegar. Aki me miró extrañado, al igual que Inuyasha.
– Bien, sería genial si no destruyeras la casa gatita.
– Has sido un idiota. – lo ignoré.
– Lo sé. – musitó tranquilo.
– ¿Y es injusto sabes? Porque yo he tenido que aguantar a tu ex loca y a tu pretendiente loca por años Inuyasha, ¡años!
– Y eso ha quedado en el pasado.
– ¡Al igual que Hojo!
– ¡Lo sé!, pero compréndeme un poco, ¡su aroma está asfixiándome en estos momentos!
– ¡¿Y acaso crees que yo lo disfruto?! – caminé a paso rápido hacia la lavadora mientras iba quitando las prendas de ropa con enojo, las tiré dentro y encendí la máquina.
– Ya te he pedido perdón… ya no quiero discutir, no importa que tan enojada estés, yo no puedo pasar demasiado tiempo ignorándote o fingiendo enojo, sólo quiero estar bien contigo. – se acercó a mi y me miró con dolor. – ¿Por favor?
– No volverás a desconfiar de mí.
– No he desconfiado de ti, si no de él, pero entiendo tu punto… si tu dices que puedes cuidarte de insinuaciones de otros idiotas entonces confío en ti.
– Bien. De todas formas sigo molesta, iré a darme un baño.
Inuyasha suspiró, pero asintió.
Mientras estaba sumergida en el agua de la bañera tomé mi teléfono para buscar el significado de la frase grabada en el anillo. "Tibi aeternum" aparecía en internet traducido como "tu por siempre" o "eternidad a tu lado", me quedé pensando en aquello mientras mi enojo se disipaba; si Inuyasha hubiera llegado con el aroma de otra mujer impregnado, estaba segura de que habría reaccionado aún peor.
Salí después de una hora, me metí en la cama a su lado y suspiré, ¿de qué me servía el orgullo en estos momentos?
– Lo siento por ser tan orgullosa… Supongo que puedo comprender parte de tu reacción al notar el aroma del idiota de mi ex sobre mí. – Sólo hubo silencio como respuesta.
Me giré hacia el lado contrario, de pronto la noche se sintió fría sin sus abrazos. Cuando me había resignado a ello sus brazos protectores me envolvieron por la espalda y sus labios se posaron sobre mi marca dejando un beso cálido.
– ¿"tibi aeternum"? – pregunté haciendo alusión a la frase del anillo.
– Esperé a que lo descubrieras por ti misma. – Me giré para verlo de frente, lo besé lentamente y me acurruqué en su pecho. No fue necesario decir nada, el ambiente cariñoso y personal entre los dos fue suficiente.
