Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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CHAPTER LVIII: Resiliencia.
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En la noche del veintiseis de diciembre, los dorados orbes de Toga Himiko se abrieron despacio y con dificultad, convirtiéndose en un trabajo impensable el poder ver con claridad el techo blanco que la cubría. De a poco, el sonido y los olores que la envolvían la hicieron ser más consciente de que ella estaba viva y recostada en una camilla de hospital. El aroma desagradable a desinfectante la hizo fruncir su nariz y reacomodarse en la camilla en donde se encontraba acostada pero el sencillo movimiento, la hizo paralizarse al sentir cómo un lacerante dolor atravesó su estómago.
―No deberías de moverte de ese modo ―escuchó Toga y buscó la fuente de la dulce voz. Sus orbes se mostraron sorprendidos al hallar la figura de Yaoyorozu sentada frente a ella con prendas menos formales que sus acostumbrados conjuntos elegantes y un libro en sus manos. La azabache sonrió al percibir la sorpresa de la mujer―. ¿Cómo te sientes?
―Como si me hubiesen apuñalado en una estación policial ―respondió con sequedad y una sonrisa sarcástica en los labios. Momo negó sonriendo un poco con sus palabras. Toga la miró nuevamente―. ¿Qué haces aquí?
―Vine a pasar la noche contigo. ―Las palabras de Momo salieron dulcemente de sus labios, enseñando un poco de color en sus mejillas pero en su rostro podía leerse cierta inquietud―. Cuando me habías llamado ayer para disculparte… ¿Sabías que ésto pasaría? ―Himiko no era tonta, sabía a qué se refería la mujer al decir "ésto".
"Ésto" de recibir una llamada a primera hora en navidad con una disculpa y una despedida. "Ésto" de recibir la noticia de que a su amiga la habían tratado de matar. "Ésto" de haber llegado al hospital y haber rogado por saber el estado de la mujer.
"Ésto" de estar a su lado en esos momentos hasta verla despertar.
Himiko apartó la vista de Momo tratando de acomodarse mejor pero el dolor no desaparecía. La mujer que la visitaba se puso de pie, dejó el libro en su asiento y acudió con manos abiertas al cuerpo de Toga para ayudarla a acomodarse en su camilla. Himiko cerró los ojos al sentir el tacto de Momo, hundiéndose en el aroma que ésta desprendía. Macadamia, pensó Himiko para sí.
―¿Quieres tomar algo? Puedo pedir más agua a la enfermera y que vengan a verte ―dijo Momo pero antes de poder alejarse lo suficiente, Himiko tocó con su láguida mano la ajena―. ¿Toga?
―No tenías que venir ―susurró la rubia con pena―, pero gracias por hacerlo.
Yaoyorozu negó en silencio, se sentó en la camilla de la mujer y tomando su rostro entre sus manos, la miró un momento sin decir nada. Toga apenas tenía color en sus mejillas, la sangre seguía suministrándose a través de una sonda que ingresaba a ella, pero de haber sido distinta la situación, de no haber tenido tanta pérdida de sangre, estaba segura que tener a Momo tan cerca la hubiese hecho sonrojar.
―Pensé en ti después de tu llamada y supe que algo andaba mal. Tú nunca te disculpas, crees de que tienes el derecho de tomarlo todo y dejarlo cuando te aburres pero me llamaste a pedir perdón… ¿Tenías que llegar a sentir que estabas en peligro para ser sincera por primera vez en tu vida? ―La voz de Momo se sentía tan frágil que un nudo se formó en la garganta de Himiko al escucharla hablar. Toga pudo ver cómo los ojos de Yaoyorozu se humedecieron y ella perdió la batalla―. Vine porque te amo, porque no pasó un día sin dejar de hacerlo y la llamada de ayer sólo me dijo que ya no eres la misma de antes.
Toga trató de contener las lágrimas pero fue imposible. Se sentía tan extraña, sus sentimientos dolían, rasgaban su pecho y subían por su garganta, atorándose en ella, impidiendo que pudiese respirar en forma. Volvió a sentirse tan frágil como cuando niña pero a diferencia de antes, ya no se sentía en peligro, no con las cálidas y dulces manos de Momo acariciando sus mejillas.
―Dime que ya no eres la misma que antes… ―Susurró Momo acercando su rostro al de la rubia―. Dime que me quede…
―Yaomomo… ―Susurró Toga y con la poca fuerza que tenía, apretó el cuello de la blusa celeste en la mujer, intentando atraerla hacia sí―. Quédate.
Momo sonrió y besó los labios de Himiko, despacio, dulce y suave. Se sintieron, se reconocieron y se acomodaron en los labios ajenos. Hacía tiempo que no se besaban pero el volver a hacerlo les recordó que no había labios ni sabor que se iguale al de la otra. Momo se acercó un poco más, cuidando de no lastimarla pero la siguió besando y Himiko rodeó con sus débiles brazos el cuello de la mujer que amaba.
―No importa qué suceda, no dejaré que vuelvas a alejarme ―dijo Momo y Himiko asintió, volviéndola a besar.
Uraraka Ochako nació el veintisiete de diciembre a las nueve y cuarto de la mañana en un hospital de Nagoya tras tres horas de trabajo de parto hace veintiseis años. Solía escuchar con gracia las historias de su padre hablando del gran día que ella llegó al mundo en donde la tienda familiar Uraraka tuvo que cerrar para llevar a una muy adolorida Chieko al hospital y que el vehículo de Kiyoshi no había respondido.
Despertaron a todo el barrio, los vecinos subieron a la embarazada con presura en uno de los autos de un hombre que se ofreció a llevarlos y el tráfico no ayudó mucho para llegar tan pronto como deseaban. Fue un momento de mucha incertidumbre, emociones a flor de piel y el llanto y los gritos de Chieko era recordado por todos.
Pero finalmente, Uraraka Ochako había llegado al mundo y con ella, hizo muy feliz a sus padres cuando la pequeña bebé fue cargada en brazos una vez aseada y envuelta en sábanas limpias.
Kiyoshi solía compararla con un mochi rozagante que cargaba como si su vida se fuese en ello.
Ochako sonrió con emoción al sentir las pequeñas manos de Eri cubriendo sus ojos por detras mientras la escuchaba tanto a ella como a su madre, Katsuki y Mitsuki cantarle feliz cumpleaños. Entonces sus sentidos fueron conscientes de que, tras las manos de la niña que cubría sus ojos, había un pastel de fresas que la aguardaba.
Los ojos castaños de Ochako fueron liberados entonces y pudo ser consciente de que, ese año no escucharía las historias de su padre relatando el cómo cruzó toda Chiyoda para llevar a su embarazada esposa al hospital y un poco de tristeza se coló en sus ojos.
―¡Feliz cumpleaños, Ochako! ―Se escuchó de forma unánime y observando a su madre, su novio, su suegra y la niña que llegó a su vida hace apenas unos días, supo que, aunque su padre ya no estuviese con ella, sus cumpleaños estarían cargados de amor y felicidad.
Katsuki depositó un plato con un gran pedazo de pastel para ella y se sentó a su lado, abrazándola por los hombros, Ochako recostó su cabeza en su hombro y no ocultó su sonrisa.
―¿Lo has preparado tú? ―Preguntó ella. Katsuki se encogió de hombros.
―Tuve algo de ayuda ―respondió mirando a Eri, viéndola comer gustosa su porción de pastel junto a Chieko y Mitsuki―. Es un diamante en bruto.
―Jefe, no se emocione queriendo contratar personal nuevo ―dijo con gracia Ochako. Katsuki besó su mejilla.
Ochako dio un probado a su pastel y no se guardó los elogios ante el delicioso sabor que probaba, ésto causó que Katsuki fijara su mirada en Eri, hallando un sonrojo prominente en sus mejillas que sólo iban en aumento al recibir los halagos por parte de todos.
Cuando finalizaron su parte y Ochako terminó de beber su capuccino, llevó los cubiertos y platos sucios al fregadero en donde Katsuki se encontraba lavándolos de a poco. Le dedicó una pequeña sonrisa a su novio para depositar su parte en la bacha.
Ochako observó con cariño cómo Eri disfrutaba de su pedazo de pastel que Mitsuki le sirvió por segunda vez, mientras tanto la rubia como Chieko se entretenían con la niña. Ver a su madre sin aquel semblante de falso bienestar en un intento por acallar el dolor de la ausencia de su padre, la hizo sonreír porque ella también se sentía igual cuando Eri rondaba a su alrededor.
Y un recuerdo se posó sobre ella entonces.
En tu presente se ve una cruz que representan problemas solucionados con bondad y paciencia, también figura una flor que habla de una propuesta de amor o amistad. Y finalmente, tu futuro muestra el número tres, la llegada de alguien más…
Sintió la mojada mano de Katsuki tocando su mejilla, despertándola de sus pensamientos. Volteó a verlo con una sonrisa y él rio por lo bajo.
―Vamos, lavar los platos es más divertido cuando colaboras, Cara Redonda ―dijo el hombre tendiéndole un plato húmedo que ella recibió entre sus manos para ir secándolo con el trapo que tenía.
―¿Y qué es eso de hacerme secar los platos en el día de mi cumpleaños? ―Preguntó con fingida molestia.
―Oh, tranquila ―dijo Katsuki mirándola con una sonrisa ladina―. Tengo algo más divetido que puedes hacer con esas manos cuando nadie esté.
―¡Katsuki! ―Dijo golpeándolo con el trapo que tenía en mano, ambos rieron―. Es mi cumpleaños.
―¿Y no quieres apagar la vela? ―Ochako echó a reír con ganas para volverlo a golpear con su trapo.
Eri se acercó a ellos con más platos sucios de parte suya y de sus madres, Katsuki los tomó y le encargó a la niña que limpiara la mesa y guardara el pastel sobrante en la heladera, Eri asintió enseguida para ponerse a hacer las tareas que le había encargado el hombre. Katsuki se detuvo un momento en mirar a Eri pasando un trapo húmedo a la superficie de la mesa para limpiarla, escuchaba a su madre indicándole cómo debía hacerlo y Chieko guardando el pastel en la heladera. Era una de las mejores escenas que veía en mucho tiempo.
―También me gusta cómo se ve todo. ―Katsuki volteó a mirar a su novia, hallando que la atención de ésta se encontraba en Eri y en las mujeres que la ayudaban con la limpieza de la mesa.
Cuando Eri terminó de acomodar algunas cosas más en la casa, se acercó a Katsuki y a Ochako.
―Mitsuki-san y Chieko-san irán a caminar al parque. ¿Puedo ir con ellas? ―Preguntó la niña y ambos asintieron de inmediato―. Prometo volver pronto para ayudarlos con más cosas.
Ochako sonrió y acercándose a Eri, acarició su mejilla con cariño.
―No te preocupes, disfruta con Mitsuki-san y mi madre, ¿de acuerdo? Veremos qué hacer para más tarde ―respondió.
―¡Quiero hacer más postres! ―Dijo entusiasta la niña y Ochako asintió con una sonrisa.
Eri se marchó entonces con Mitsuki y Chieko del departamento, lucía una enorme sonrisa y caminaba con saltitos que mecían sus plateados cabellos. Tanto Katsuki como Ochako la despidieron en la puerta para cerrarla una vez que la imagen de sus madres como la de la niña, despareció de su vista.
Katsuki fue al sofá de la sala para sentarse y estirar las piernas, estaba aún con el pijamas puesto y no había dormido todo debido a que deseaba preparar el pastel a Ochako. Se despertó mucho antes de lo usual y dispuso la cocina para que el pastel de cumpleaños de su novia viera la luz.
Eri escuchó el ruido de utensilios de cocina y fue a verlo preparar el pastel de cumpleaños para Ochako, no tardó en adherirse a la tarea de cocinar y estuvieron despiertos desde entonces. Le sorprendía que la niña tuviese tanta energía aunque claro, él ya no tenía once años como para seguir en pie con tanta energía en su cuerpo.
Ochako lo vio recostado en el sofá y fue hacia él para sentarse a horcajadas de sus caderas, los brazos de Katsuki rodearon su cintura y sus manos acabaron en sus nalgas. Ochako sonrió para besarlo dulcemente.
―Katsuki ―dijo entre el beso, él sólo respondió con un gruñido sin dejar de sentir los labios de su novia―, ¿recuerdas cuando fui a la casa Bakugo y tu abuela me leyó los pozos de café?
―Carajo, Ángel… Cómo sabes quitarme el lívido mencionando a mi abuela ―respondió mirándola con su ceño fruncido.
Ochako rio y apegó su frente a la de su novio, acariciando su cabello. Cerró los ojos recordando sus palabras una vez más.
En tu presente se ve una cruz que representan problemas solucionados con bondad y paciencia, también figura una flor que habla de una propuesta de amor o amistad. Y finalmente, tu futuro muestra el número tres, la llegada de alguien más…
―No creía tanto en la lectura de la fortuna pero después de escucharla hablar de mi pasado y mi presente, me hizo ser un poco menos escéptica ―dijo abriendo un poco los ojos para verlo―. Y cuando habló de mi futuro mencionando la llegada de alguien más me hizo pensar que quizá se trataba de alguien que pudiese separarnos…
―O un bebé ―respondió el hombre.
―O un bebé ―convino su novia con una sonrisa―. Pero aún estamos lejos de eso.
―Aún no nos hemos puestos serios en el asunto, Ángel ―dijo Katsuki con seriedad―. Iremos a especialistas y lo tendremos. Tendremos tantos como podamos.
―Sí pero, ¿y si Eri es el número tres? ―Preguntó y el rostro de Katsuki enseñó sorpresa―. Sabes, la veo con nosotros, la veo compartiendo con nuestras madres, con nuestros amigos y la siento tan feliz… Como si esperó tanto por tener algo así, una familia así… Sé que Toga pondrá de su parte cuando se recupere pero de verdad, quisiera pertenecer más a la vida de Eri.
Bakugo apretó más el cuerpo de Uraraka contra el suyo, abrazándola más y acomodó su rostro en los pechos de ésta, aspirándolos hasta sentir que no podía estar más protegido y cómodo. Ochako sonrió y lo abrazó.
―Cuando Toga vino a dejarnos a Eri, antes de que todo sucediera tan rápido y ella acabara en el hospital… ―Inició Katsuki buscando las palabras correctas―., ella sentía que algo le sucedería, que estaba en peligro y por ese motivo, decidió dejar a Eri con nosotros.
―Espera… ¿Qué…?
―Toga fue muy clara cuando me dijo "si algo me pasa", dejándonos la responsabilidad completa de Eri. ―Ochako abrió sus ojos con sorpresa, separándose un poco de Katsuki para mirarlo a los ojos.
―¿Por qué no me lo habías dicho antes? ―Preguntó.
―Porque no quería pensar en nada hasta que Toga esté segura ―respondió sin dudarlo―. Todoroki tiene todo el papeleo sobre la tutela de Eri en caso de que Toga ya no pueda encargarse de ella.
Ochako lo observaba en silencio, lo miraba atentamente mientras procesaba todo lo que estaba siendo recibido en ella. Finalmente, Ochako abrazó a Katsuki hundiendo su rostro en su cuello, permaneció un momento allí.
―Sé que Toga se recuperará ―susurró Ochako contra su piel―. Y sé que será una excelente tía para Eri. Pero también sé que nos necesitará para guiar a Eri.
Katsuki asintió y permaneció en aquel reposo, abrazando a su novia, aspirando su aroma y prometiéndose internamente que darían lo mejor de ambos para que Eri pueda crecer en su familia cargada de toda la atención y amor que no recibió antes.
El sonido de los instrumentos al ser trasladados en la van de Ikigai resonaban a medida que iban siendo colocados en su interior. Kaminari y Tokoyami subieron el gran tambor que correspondía a la batería de Kirishima con sumo cuidado de no lastimarlo mientras que Jiro cargaba los estuches de las guitarras en cada mano.
Eijiro juntaba los cables de los micrófonos para guardarlos en sus estuches cuando Mina llegó hasta el estudio de enseyo en donde Ikigai tenía sus reuniones. Ya contaban con mucho más dinero para pagarse un alquiler en donde ensayaban a altas horas sin ser echados por el tiempo en escena.
Cuando el pelirrojo vio a su novia acercarse, le dedicó una de sus radiantes sonrisas y ella fue a abrazarlo y besarlo.
―¿Cómo van los preparativos para el gran concierto de Ikigai en el nuevo restaurante? ―Preguntó Mina mirando a los integrantes de la banda.
―Ensayamos bastante para ésta noche ―respondió Kyoka con una sonrisa.
―Sólo espero que el público no sea un puñado de viejos amargados.
―Público es público, Denki ―respondió Tokoyami―. Finalmente, ayudamos a que el restaurante de Bakugo-san y Uraraka-san tenga la entretención que buscan para su inauguración.
―Sobre eso ―dijo Eijiro mirando a su novia―. ¿Has podido hablar con Todoroki? Necesitamos ir al lugar para montar todo el equipamiento.
―Sí, acabo de llamarlo y me ha dicho que ya está en la casa Bakugo junto con Deku ―respondió con una sonrisa―. Sólo vine a avisarles y ver si necesitaban ayuda con el montaje.
―Toda ayuda es bien recibida ―dijo Jiro.
Mina sonrió entonces para ayudar a su novio en juntar los micrófonos y los amplificadores en sus estuches correspondientes. Eijiro observaba a su novia y sonrió para sí, llamando su atención.
―¿Qué sucede? ―Preguntó ella con una pequeña sonrisa.
―¿Sabes? El 4 de enero será el inicio de la gira ―dijo Eijiro de pronto y Mina asintió a sus palabras porque él ya se lo había dicho previamente―. Deberemos volver a viajar para hacer las grabaciones, los videos y las entrevistas.
―Lo sé, Eiji ―comentó Mina sin saber por qué su novio volvía a repetirle algo que ya habían hablado anteriormente―. Te dije que ya no tendríamos problemas como el de la otra vez. Te apoyaré en todo y…
―Y ésta vez así será ―dijo Eijiro interrumpiéndola―. Porque quisiéramos que vinieras con nosotros.
Mina parpadeó un par de veces sin saber a qué se debía esas palabras, rio por lo bajo creyendo que Eijiro estaba tomándole el pelo pero el pelirrojo no se mostraba inseguro ni tomando el asunto con tintes cómicos. Mina miró a los demás integrantes de Ikigai y observó que todos estaban pendientes de lo que sucedía con su baterista y su novia.
―Yo no… ¿Qué se supone que haría con ustedes? No toco ningún instrumento ―dijo Mina.
―No, pero eres excelente diseñando vestuarios ―respondió Eijiro tomando su móvil para abrir la cuenta de instagram de su novia―. Se lo mostramos a nuestro agente y le gustó el estilo que muestras en tus fotos. Dice que eres un diamante en bruto y estuvo de acuerdo en contratarte como nuestra asesora de imagen en lo que dure la gira, ya sabes, para ver si te gusta el ritmo y si te interesa tomarlo como oficio.
Ashido seguía sin poder emular palabra alguna, procesaba lo dicho por Kirishima y de verdad, nunca pensó que sus fotografías en instagram fuesen su portafolio de trabajo aunque debía admitir que era excelente en el ámbito, solía sugerir atuendo y accesorios para sus amigas y trabajó en tiendas de ropa casi toda su vida.
―¿Qué dices, Mina? ―Preguntó Eijiro.
Mina sonrió con amplitud.
―Que necesitamos hablar del salario y que podría empezar hoy mismo ―respondió mirando a los integrantes de la banda―. Kaminari, te haría falta un sombrero que vaya con esa camisa y un chaleco. Kyoka, adoro tu estilo pero yo utilizaría arneses y medias a red. Tokoyami, ¿qué me dices sobre uso de pantalones menos formales? Ya sabes, jeans rotos y más delineador bajo tus ojos. ―Miró a su novio con una sonrisa―. Eiji, tendrías que hacer tus presentaciones sin camisa.
―No sé ustedes pero siento que tenemos un rotundo sí por parte de nuestra asesora ―dijo Kaminari con una sonrisa―. Oh, hablemos de los arneses para Kyoka. Tengo unos cuantos en casa pero ella odia usarlos cuando, ya sabes, lo hacemos.
―¡Denki!
Camie guio la silla de ruedas de Tenya hacia la salida mientras el médico que lo atendió iba explicándole a la mujer que su novio no debía hacer esfuerzos por, al menos, un mes y que debía llevar una dieta balanceada respetando sus horarios de sueño, nada de estrés y eso significaba nada de trabajo.
Utsushimi Camie estaba feliz al oírlo porque sabía que Tenya se merecía unas vacaciones aunque claro que no en esas condiciones, pero finalmente sería un descanso para él.
―Llámame si necesita algo más o si encuentra alguna anomalía en su herida ―dijo el hombre mirando a Tenya―. De igual manera, lo esperamos cada ocho día para la curación de sus puntos y no olvide lo fundamental…
―¡Descanso! ―Dijo Camie con emoción recibiendo una mirada ceñuda por parte de su novio.
―Exactamente ―respondió el médico y con un asentimiento, se despidió de ambos para alejarse de allí.
Tenya dejó escapar un suspiro cansino. Pasó apenas dos días en el hospital pero ya estaba harto de ello, necesitaba volver al trabajo pero sabía que ni su médico ni Camie se lo permitirían y siendo franco, de entre los dos, sólo una persona le generaba temor.
―Pedí un uber hace un rato, no tardará en llegar ―dijo Camie con una sonrisa―. Te quedarás en mi departamento porque de ese modo, estarás lejos de tus expedientes.
―Pero puedo hacer trabajo de oficina en mi casa, Camie.
―¿Qué fue lo que dijo el médico sobre el estrés? ―Preguntó con el ceño fruncido. Tenya se encogió de hombros, rendido―. Eso pensé.
El vehículo que solicitaron no tardó en llegar a buscarlos, el conductor bajó del móvil para ayudar a Camie a subir a su novio al vehículo y de ese modo, dirigirse al departamento Utsushimi. A partir de ahí, Camie se encargó de poner cómodo a Tenya y éste pudo notar que ella ya había hecho los arreglos correspondientes para que su departamento esté lo suficientemente espaciado para que él pueda sentirse cómodo al andar.
Camie se tomó las molestias de acondicionar su propio dormitorio para que él pueda sentirse cómodo en la cama como en el recorrido a la puerta, compró más verduras y frutas para qué él pudiese cumplir su dieta y el sofá tenía un reposa pies nuevos para que él pudiese acomodarse mejor en éste.
No lo dijo en ese momento pero Camie lo hacía sentir tan seguro que por primera vez, tenía quién lo protegiera.
―Bien, prepararé un almuerzo liviano para ambos ―dijo Camie una vez lo hizo acostar en la cama para hacer descansar su cuerpo―. Quizá con eso baje unos kilos que subí éstos días.
―Estás perfecta como estás, Camie ―respondió su novio. La mujer sonrió y besó sus labios con dulzura―. Pero si quieres acompañarme en mi tortuoso camino de comida baja en grasa, no me opondré a ello.
Camie rio para volver a besarlo y alejarse de él, encaminándose a la salida. Tenya la veía contorneando sus caderas y su cabello rubio ondeando con cada movimiento y sólo podía decir que su novia era perfecta por donde sea que la mires.
―Camie ―soltó entonces Tenya antes de que ella se marchara. La rubia lo miró con curiosidad―. Cásate conmigo.
Las mejillas de la mujer se encendieron de inmediato al escucharlo y por igual, las de Tenya. Ninguno dijo nada hasta que ella se acercó a él para sentarse al borde de la cama sin dejar de mirarlo.
―Disculpa, ¿qué dijiste? ―Preguntó.
―Cásate conmigo ―respondió Iida y Utsushimi parpadeó otro par de veces―. No estoy drogado ni mucho menos estoy hablando sin pensar. Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado y hacerte la mujer más feliz del mundo, así como tú me haces el hombre más feliz del mundo. No tengo un anillo ahora mismo pero te prometo que…
Camie no lo dejó terminar, se abalanzó sobre él para besar sus labios con presura, con torpeza y cariño por igual. Lo beso como nunca antes lo había besado, como si fuese una adolescente que apenas sabía cómo hacerlo, mientras sus latidos se aceleraban como los de una colegiala.
Tenya recibió sus labios y la impulsividad de su novia lo hizo fruncir el ceño al sentir un poco de dolor en su herida pero lo ignoró porque no había sentido a Camie así de entusiasta desde que la conocía. Él la abrazó y la acomodó mejor sobre su pecho para besarla como mejor podía.
―Te amo, Iida Tenya ―susurró Camie contra sus labios―. No necesito un anillo para decirte que sí.
Iida sonrió y volvió a besarla, hundiendo sus dedos en las hebras rubias de su novia y se acomodaron mejor en la cama para que él no sintiera dolor al tenerla sobre su cuerpo. Se miraron como los enamorados que eran y se siguieron besando hasta que el hambre fue más fuerte que ellos.
Ochako tocó un par de veces la puerta de la habitación en donde se encontraba hospitalizada Toga, escuchó voces y risas que por un momento, temió equivocarse de cuarto. La puerta se abrió y con ella, la imagen de Yaoyorozu Momo sorprendió a Ochako. La mujer alta de cabello azabache tenía las mejillas sonrojadas y al reconocerla, se encendieron aún más.
―Yaomomo ―dijo Ochako con sorpresa―. Qué bueno verte aquí.
―Uraraka-chan, feliz cumpleaños ―saludó la alta mujer haciéndola pasar a la habitación, Ochako vio a Toga acostada en su camilla con todos los cables y sondas saliendo de su cuerpo, tenía el rostro un poco sonrojado pero podía notarse que su recuperación era lenta a juzgar por las bolsas bajo los ojos y la debilidad leída en su expresión.
―Hey, Ochako ―saludó Toga, estiró un poco su mano hacia ella pero la castaña se apresuró en acercarse para evitar que se moviera imprudentemente―. ¡Feliz cumpleaños, conejita! ¿Qué haces aquí? ¿Katsuki no vino contigo?
Yaoyorozu le acercó el asiento a la recién llegada para que se ubicara frente a Toga mientras ella tomó asiento en la cama junto a ésta, acomodándose un mechón oscuro tras la oreja como si no supiera cómo explicar por qué yacía tan cerca de la rubia. Ochako podía notar aquella complicidad en la mirada dorada como en la azabache, ella también tenía esas miradas con Katsuki y sabía que ambas se miraban con amor y deseo por igual.
―Katsuki vendrá en un momento ―respondió Ochako―. Llevó a Eri a la casa Bakugo para que vea la instalación de las cocinas. Comenzamos a creer que tiene un instinto nato en la cocina ―comentó sin poder ocultar el brillo en los ojos.
―Vaya, sí que se ha acostumbrado a ustedes dos ―dijo Toga con una pequeña sonrisa, era sincera―. Carajo, esa niña sabe cómo ganarse a la gente sin hacer mucho.
―Eso sin duda ―respondió Ochako―. De todas maneras, quería hablar contigo sobre ella, precisamente…
Toga no necesitó mucho detalle para entender el tinte de aquellas palabras. Himiko dirigió una mirada a su acompañante y Momo lo comprendió de inmediato, se puso de pie y tomando su mano con cariño, añadió.
―Iré a tomar un poco de café ―dijo sencillamente.
―Tráeme a tu vuelta ―respondió Himiko pero Momo levantó una ceja―. ¿Qué? El café de seguro es mucho mejor que éste maldito suero.
―No te confíes ―dijo Momo fingiendo severidad al mirarla con su ceño fruncido. Dio un pequeño asentimiento a Ochako para dejar la habitación. Ambas mujeres la vieron marcharse en silencio.
Ochako volteó a ver a Himiko entonces con una sonrisita pícara que la hizo rodar los ojos en respuesta.
―Así que…
―Así que nada, nos estamos dando una oportunidad ―respondió Toga dejando escapar un suspiro―. Ella se merece más pero hago mi mejor esfuerzo.
―No digas eso, eres un gran partido. ―Ochako tomó su mano con cariño―. Me alegra que se den una oportunidad para estar juntas.
―Sí, bueno… Quizá hasta yo pueda tener un final feliz, ¿quién sabe? ―Ochako asintió enseguida―. Como sea, supongo que Katsuki te puso al tanto de mis intenciones previas a este "accidente" sufrido.
Ochako asintió débilmente bajando la mirada a su mano sosteniendo la de Toga. Veía a Eri en la mañana con tanta emoción en sus ojitos rojizos mientras esperaba que ella probara el pastel que había hecho junto con Katsuki, la recordaba y su pecho se sentía tan cálido porque quería seguir viéndola cada mañana, cada tarde y darle un beso de buenas noches en la frente cada vez que se despedía de ella.
―Sí, Katsuki me explicó tus deseos de pasarnos la tutela en caso de que tú ya no puedas cuidar de Eri ―dijo Ochako―. Cuando me avisó de tu estado tan grave sólo podía pensar en venir aquí y saber cómo estabas, pensé en qué pasaría de Eri y temí por ella porque de verdad quiero que crezca a tu lado, eres su familia finalmente. ―Ochako le dedicó una pequeña sonrisa entonces―. Y sé que serás una excelente tía para ella.
―Al igual que tú ―respondió Himiko correspondiendo a la sonrisa de su amiga―. Escucha, Ochako… Yo saldré de aquí en cuestión de días y no planeo arrebatarte a Eri, créeme, quiero que tanto tú como Katsuki estén a su lado a lo largo de su vida porque sé que ella los necesita.
Ochako apretó dulcemente la mano de Himiko y ambas se miraron con cariño, sabían que podían confiar en la otra para que Eri pudiese crecer rodeada del amor que se merecía.
El teléfono de Ochako comenzó a sonar, se apresuró a tomarlo y sonrió al leer el nombre de su novio en la pantalla. Lo contestó enseguida.
―Katsuki, ¿ya estás por…? ―Las palabras de la mujer quedaron suspendidas en el aire y su expresión fue cambiando a medida que el silencio en sus labios se pronunciaban―. ¿De qué estás hablando…?
―¿Qué sucede? ―Preguntó Himiko enseguida, la expresión de Ochako era de horror y el saberse ignorante de la causa, comenzaba a impacientar a Toga―. ¿Le pasó algo a Eri?
Los ojos de Ochako comenzaron a humedecerse, comenzó a negar para sí misma.
―De acuerdo… Esperaré a Todoroki-kun… ―Susurró Ochako entre sollozosos.
Ochako terminó la llamada y recibió la mirada atónita de Himiko. La castaña contuvo el aliento para poder regresar todas las lágrimas a su lugar y que ninguna se escapara de sus ojos.
―Estás asustándome…
―Alguien entró a robar en la casa Bakugo ―Susurró con dolor la mujer y Toga comprendió por qué Ochako estaba tan alterada―. Katsuki llegó hace un momento y encontró las puertas del recinto rotas, muchos muebles que ya se han instalado están rotos o descompuestos… Dios, aún estamos endeudados con muchas cosas y ahora ésto… ―Ochako se llevó ambas manos a su rostro, quería llorar, quería gritar y maldecir pero sabía que no era el lugar correcto―. Todoroki vendrá a buscarme para ir al lugar, la policía está allí y necesita que vaya.
Toga no disimuló el pánico en su expresión al escuchar todo lo que su amiga estaba relatando, estaba enmudecida y temblaba porque sólo podía pensar que aquel robo fue adrede. La Liga sabía que ella trabajaba con Katsuki y que era accionista en el proyecto de la pareja, así que no había que ser muy lista para suponer que era un mensaje claro de su parte para ella.
―Ochako, lo lamento…
―No es tu culpa ―respondió Uraraka poniéndose de pie para limpiarse el rostro con sus dedos, sobándose su nariz que estaba tan húmeda como sus ojos―. La policía sabrá qué hacer.
―No, tú no entiendes ―insistió Toga―. No creo que haya sido un hecho aislado.
Ochako la miró con preocupación y recordó entonces las palabras de Katsuki hablando del por qué creía que Himiko fue atacada a propósito. Pensaba en el asunto y se negaba a sí misma a creer que Toga podría tener algo que ver. Negó para sí misma, eso no podía ser verdad.
La puerta del cuarto se abrió de pronto y ambas mujeres pegaron un respingo al escucharla, Momo ingresó con una botella de agua en su mano pero al ver el rostro de sus amigas, comenzó a dudar si fue una buena idea llegar.
―¿Qué sucede? ―Preguntó Momo con temor.
―Yo… Debo irme ―dijo sencillamente Ochako.
Toga intentó hablar pero Uraraka dejó el cuarto tan pronto pudo mover las piernas. No podía permanecer mucho más tiempo allí sin saber lo que realmente sucedió, pero las palabras de Himiko retumbaban en su mente. No, no podía ser algo adrede… ¿Verdad?
Todoroki llegó tras unos cinco minutos de que Ochako haya terminado la llamada con su novio y apenas vio al abogado, la castaña no pudo contenerse y terminó abrazándolo, hundiendo su rostro en su pecho. El hombre no era bueno con las demostraciones de cariño que no viniesen de su pareja pero era Ochako de quien hablaba, la sostuvo entre sus brazos y esperó a que ésta pudiese recobrar un poco de fuerza.
―¿Debía pasar precisamente hoy? ―Se lamentó la mujer y el hombre sólo guardó silencio. Ella levantó un poco su rostro para ver el de su amigo―. ¿Katsuki y Eri están bien?
―La están esperando ―respondió sencillamente.
Ochako asintió, se limpió las mejillas húmedas y caminó al lado del alto hombre con heterocromía. No dijeron nada en absoluto, sin embargo, Shoto observaba a Ochako de soslayo cada tanto. Su trayecto no duró demasiado y una vez que Todoroki ingresó su vehículo al área de estacionamiento, Ochako levantó la mirada para observar lo que el parabrisas le enseñaba.
Su aliento se detuvo un momento y su corazón dio un vuelco al ver tantos vehículos estacionados en el sitio, no reconoció ninguno, estaba asustada porque no sabía qué esperar con tantos vehículos. Volteó a mirar a Shoto y éste sólo se encogió de hombros.
―Antes que diga algo, yo le dije que no lo hiciera. ―Ochako no supo qué significaban esas palabras pero apresuró su paso a salir de la cabina, cerró la puerta tras de sí y caminó a ritmo descompasado sin saber si lo correcto era echar a correr o pensar detenidamente.
A medida que se acercaba a la entrada, veía que algunas personas ingresaban al lugar y un poco de música se escuchaba saliendo del interior de la Casa Bakugo. Su miedo se convirtió en ansiedad y no fue saciada hasta que reconoció la figura de Katsuki y Eri en la entrada, ambos con vestimentas ciertamente formales.
Ochako detuvo sus pasos cuando la mano de Katsuki fue extendida en el aire, llamándola a él. Eri, por su parte, trataba de contener su emoción al cubrirse los labios con sus pequeñas manos.
Nunca hubo tal robo.
―¿Qué…?
―No te quedes ahí parada, Cara Redonda ―dijo su novio tomando su mano para hacerla avanzar sobre los escalones que los llevaba a la gran entrada del lugar―. No querrás llegar tarde al trabajo, ¿o sí?
Cuando los pies de Ochako llegaron al umbral de la gran entrada, su corazón dio un vuelco en su pecho al reconocer tantas mesas y sillas adornadas, personas sentadas en ellas y varios mozos recorriendo con platillos en sus bandejas. La música que escuchó desde que llegó era producto de las baladas ochenteras que Ikigai estaba tocando desde un pequeño escenario en donde, anteriormente, se encontraba el solario de la casa.
Sintió las manos de Katsuki acariciando sus hombros y llamando su atención por ende. Ella volteó a mirarlo sin saber muy bien cómo expresar sus emociones chocando unas contra otras.
―Feliz cumpleaños, Ochako ―dijo entonces Katsuki.
Los ojos de Ochako se humedecieron y el rubio echó a reír para rodearla entre sus brazos, ella comenzó a sollozar y golpear su pecho como una niña mientras ahogaba sus hipidos en la elegante camisa de Katsuki.
―¡¿Tienes idea del susto que me has dado, maldito insensible?! ―Dijo molesta mientras seguía golpeando su pecho, Katsuki la abrazó aún más fuerte y besó su cabeza―. Terminé asustando también a Himiko-san por tu culpa… ¡¿En qué estabas pensando?!
―En que un poco de emoción no viene mal de vez en cuando ―respondió alejándose un poco de Ochako para ver su sonrojado y molesto rostro―. Lo siento, quizá exageré un poco con lo del robo pero si quieres culpar a alguien, ahí está el cerebro detrás de la idea.
Ochako volteó a ver a Eri y ésta intentaba no reír. Ochako fue relajándose más aunque seguía hipando en los brazos de Katsuki. El rubio atrajo a Eri para que abrazar a Ochako y ayudara a consolarla. Sin duda un susto de cumpleaños no era el regalo que esperaba pero una vez que pudo reponerse de todas las fuertes emociones vividas en tan sólo unos minutos, Ochako fue consciente de lo que tenía a su alrededor.
La anterior imponente y elegante casa Bakugo se convirtió en un cálido restaurante, en cuyas esquinas descansaban tonos en naranja y arreglos florales lucían las mesas. Podía escuchar el alboroto de las risas y conversaciones entre los comensales, el tronar de los cuchillos y tenedores, el aroma de las especies y el sabor de la vida desbordando en un mordisco.
Ochako apretó la mano de Katsuki y sus ojos encontraron los rojizos ajenos, se acercó a él entonces y sin decir nada, lo besó con emoción.
―Tu padre estará vivo mientras veas la sonrisa de todos los que estén dentro del restaurante ―susurró Katsuki.
Ochako sonrió volviendo a observar el sitio con ojos maravillados.
―Y tu padre igual, Katsuki… Hiciste realidad lo que él tanto quiso.
Mina y Tsuyu se acercaron a ellos para abrazarla y desearle feliz cumpleaños. Ambas estaban al tanto de la pequeña actuación de Katsuki y no se quedaron impunes de la reprimienda por parte de Ochako.
La mujer reconoció a su madre y a Mitsuki sentadas en una mesa para dos, degustando sus platillos muy a gusto mientras hablaban. También pudo reconocer a algunos amigos más como Deku y su madre no muy lejos de allí. Todo estaba tan perfecto.
Katsuki tomó su mano entonces y jaló de ella para llevarla hacia el área de cocina.
―No te quedes ahí mirando como si no hubiese trabajo qué hacer, Cara Redonda ―dijo el hombre abriendo las puertas de la cocina de par en par, enseñándole todo el equipamiento en funcionamiento junto con algunos chefs trabajando.
―Oh, miren a quién tenemos aquí. ―Ochako no disimuló su sorpresa al ver a Monoma Neito cruzarse de brazos junto a Sato Rikido, ambos con sus respectivos uniformes y en sus respectivas áreas―. Llegó por quien lloraban.
―Monoma-san, Sato-san… Tanto tiempo ―dijo Ochako con emoción al ver a sus antiguos compañeros de trabajo―. ¿Acaso trabajarán aquí?
―Bueno, no es el peor trabajo que conseguimos ―dijo Monoma encogiéndose de hombros, recibiendo un pequeño codazo por parte de Sato.
―En realidad, renunciamos a Towers hace unos meses atrás ―respondió Rikido con honestidad―. Ya no era lo mismo, perdió calidad después de que Bakugo renunció y la clientela pudo notar eso.
―Saltamos del bote antes de que se hundiese ―convino Monoma―. Y como Bakugo buscaba personal, nos solidarizamos con ustedes.
Ochako rio para asentir con gracia a sus palabras. El resto del plantel de cocineros se complementaban con algunos rostros conocidos y desconocidos para Ochako, pero si Bakugo Katsuki los terminó contratando, podía confiar en el buen ojo de su socio y novio.
Eri abrió las puertas de la cocina, llamando la atención tanto de Bakugo y Uraraka como de Monoma y Sato. La niña traía una lista de pedidos recientes de algunos clientes.
―Qué tenemos ahí, ¿tan rápido la hicieron? ―Preguntó Monoma con diversión.
Ochako solo rodó los ojos recordando un poco de cómo fue su estadía en Towers junto a Sato y Monoma. Tomó los pedidos que Eri le entregó.
―Bien, Chef, ¿dónde encuentro mi uniforme? ―Preguntó Ochako mirando a Katsuki. El rubio sonrió para hacerle una seña con su pulgar hacia el sector de vestidores.
―No pierdas tiempo, Cara Redonda ―Dijo el hombre al verla caminar hacia los vestidores―. Tenemos casa llena y aún queda deslumbrar a los críticos que confirmaron su asistencia.
Uraraka fue hacia los cambiadores y vio un locker con su nombre escrito en él en cuyo acrílico iba escrito "Jefa de Pastelería: Uraraka Ochako". Las mejillas de la mujer se encendieron al ver todos los detalles bien cuidados que se tomó Katsuki para darle en su cumpleaños. Sin duda, era el mejor regalo que pudo haber recibido nunca.
Abrió la hoja del locker y encontró varias fotografías que pegadas en su interior, fotografías que reconocía haberlas quitado y que, muy seguramente, Katsuki las terminó pegando allí; eran fotos que iban desde sus amigas, de su madre, de Eri y también una con Katsuki, pero la foto que la hizo ahogar un hipido fue la de su padre sonriendo a la cámara.
―Lo hicimos, papá.
La noche fue acechando y el silencio apaciguaba todo a su alrededor. Era la segunda noche que pasaba en el hospital y si no fuese por la compañía de Momo, Himiko juraría que estaría buscando alternativas para escapar de allí. Estaba muy atontada aún por los sedantes y débil por todo lo que su cuerpo fue sometido en poco tiempo, a pesar de eso, sus ojos fueron abriéndose de a poco, luchando por descubrir la imagen de Momo a su lado.
Y la halló, sentada en el asiento que contaba la habitación, con la cabeza recostada por el respaldo, el cabello negro cayéndole sobre el rostro y toda la ensoñación cubriendo su rostro, traia entre sus manos un vaso de plástico, asumió que volvió a servirse un poco de café sin que tuviese mucho efecto en su cuerpo.
Pero no sólo vio a Momo. Parpadeó un poco al ver un par de piernas de pie junto al asiento de su acompañante, aún le costaba identificar en forma lo que veía por los medicamentos pero una vez levantó la vista hacia el hombre de pie junto a Momo, su respiración se detuvo.
Himiko trató de pronunciar palabras pero sencillamente no podía emitir nada del miedo. La sonrisa en el hombre cuyos labios yacían con cicatrices la hizo tragar saliva con dificultad. Reconocería aquella mirada vacía por parte de Shiragaki Tomura en cualquier sitio.
Pero nunca esperó que fuese en ese lugar y con Momo de por medio.
―Qué gusto verte despierta, Toga ―habló Tomura―. Comenzaba a aburrirme de verte durmiendo tan plácidamente igual que tu novia.
―¿Qué… Qué haces aquí? ―Formuló y su pregunta generó gracia en el hombre―. Tú me traicionaste…
―¿De verdad lo ves así? ―Preguntó el hombre dirigiendo su mano hacia el respaldo del asiento de Momo―. Porque la que traicionó a alguien fuiste tú, yendo a la policía para hablar de nuestro asunto. Descuida, ya lo aclaramos todo con los oficiales, están al tanto de tu participación en el "accidente" de tu hermano.
―¿Y era necesario intentar matarme?
―Sólo fue un recordatorio de que no puedes salirte con tanta facilidad de nosotros ―respondió y Toga se inquietó al ver que la mano de Tomura fue a los cabellos de Momo.
―¡No la toques! ―Gruñó.
―Qué agresiva. Me sorprende que alguien como ella vea algo en ti. Una chica agradable, sin duda ―dijo tomando el vaso de plástico que Momo tenía entre sus manos adormecidas―. Hacía muchas preguntas así que tuve que ponerla a dormir un momento.
―¡¿Qué le has hecho?! ―Gritó y con un rápido movimiento, Shiragaki fue hasta ella para cubrir con su mano su boca, incrustando sus uñas en la piel de su rostro.
―Descuida, sólo le traje un café que quizá tenía un sedante diluído. ―Toga trató de moverse con mucha dificultad así que Tomura afianzó su agarre en ella, deteniéndola―. No querrás crear un alboroto, no cuando tengo a Dabi dispuesto a hacer volar éste lugar con todos adentro ―dijo el hombre sin ninguna sonrisa falsa en el rostro, demostrándole que estaba hablando en serio. Toga no intentó nada más y entonces, Tomura sonrió ladinamente―. Eso está mejor. Ahora, hablemos del gran negocio que podemos hacer juntos… Claro, si quieres que tanto tu novia como tu sobrina sigan tan tranquilas como ahora.
Toga se encogió de hombros y el hombre pareció entender su resignación. Alejó su mano de su rostro para permitirle hablar.
―¿Es por eso que no me han matado? ―Preguntó Toga―. No soy estúpida. Si querían matarme, hubiesen apuntado en una zona donde pudiese morir en el instante.
Shiragaki se alejó de ella entonces caminando hacia la salida.
―Eres una persona influyente, Toga y tampoco tienes muchos escrúpulos. Eres de utilidad, así que estate pendiente a nuestra llamada ―Shiragaki volteó a verla una vez estuvo frente a la puerta con la mano en el pomo―. Colabora y tu familia estará a salvo. Intenta traicionarme de vuelta y créeme que hacer volar un edificio no será tu mayor preocupación.
Toga Himiko vio marcharse al hombre y una vez la puerta volvió a cerrarse, ahogó un sollozo observando a Momo dormir tan plácidamente. Tomura tenía razón, ella no lo merecía.
La casa Bakugo fue, por mucho tiempo, una fría e insípida caja decorativa con muchos demonios y secretos ocultos que Bakugo Shoen se encargó de preservar como tal. Una caja que parecía irrompible al igual que ella pero si algo era verdad, incluso la mujer de hierro de los Bakugo pudo quebrarse en sus últimos momentos de vida. Katsuki lo vio, vio en sus ojos seniles y débiles un brillo distinto al que él estaba acostumbrado a encontrar en esos rubíes impenetrables.
Y tras la apertura de aquella caja y la liberación de todos aquellos demonios y secretos, con la caída del imperio que alguna vez su abuela mantuvo en pie, con el arrebato de bienes y la economía estable que conocía, parecía no quedar tierra fértil en la cual sembrar algo más. Algo bueno.
―¿Y ya se han decidido por el nombre del restaurante? ―Preguntó uno de los críticos culinarios que se encontraba en la casa Bakugo entrevistando a la pareja que inauguraba el sitio de sus sueños.
La invitación a la inauguración al nuevo proyecto del antiguo Jefe de cocina de Towers y ex-presidente de la cafetera ALC fue noticia a espaldas de su propia socia y novia, se hizo escuchar con fuerza entre los medios y el primer día, la casa se encontraba rebosando de clientes, las manos de los mozos parecían insuficientes para tomar y repartir pedidos y los chefs, que en un principio les resultaba ser un número apto para iniciar, quedó corto con tantos platillos por preparar.
Katsuki y Ochako se encontraban sentados frente al hombre que iba escribiendo todo lo que oía de parte de los dueños y chefs mientras todo sucedía a su alrededor; el relato de la idea inicial y el cómo lo fueron desarrollando a pesar del deceso de la empresa cafetera "About Life Coffee".
Y cuando la pregunta crucial surgió de los labios del hombre, tanto Ochako como Katsuki, compartieron una mirada con una sonrisa cómplice porque esa misma pregunta fue algo que se venía fecundando entre ambos; era la misma pregunta que los tenía despiertos hasta tarde, mirándose en la cama, abrazados y desnudos. Era la misma pregunta que tenían entre ceja y ceja a medida que la casa Bakugo dejó de ser sólo una caja fría e insípida para tomar la forma que ambos deseaban.
Katsuki acarició el muslo de Ochako en donde su mano reposaba pensando en todo lo que les tomó llegar hasta ese punto de sus vidas. Una mirada, una sonrisa y una historia de tropiezos y caídas, de llantos y cuestionamientos, de separaciones y reencuentros pero también de resurgimiento, de convicción y esperanza.
Entonces, el sonido de la risa de Eri no muy lejos suyo, les hizo voltear a ver a la niña que se encontraba en brazos de Shoto y junto a éste, Deku, Mina y Tsuyu, compartiendo mesa con las madres de la pareja Bakugo-Uraraka. Fue esa imagen la confirmación de aquellas noches sin dormir pensando en cómo iniciarían el nuevo ciclo de sus vidas.
―Resiliencia ―dijo Ochako dirigiendo su atención a Katsuki para confirmarlo en sus ojos―. El restaurante tendrá el nombre de "Resiliencia".
―Es un nombre peculiar ―comentó el hombre anotando sus palabras en su pequeña libreta―. Pero suena bastante bien, tienen una historia tan peculiar como la palabra misma.
Katsuki asintió y observó a Ochako, sus manos se entrelazaron en silencio, sintiéndose a profundidad, sabiendo que no había mejor nombre que aquel sabiendo que incluso un suelo que parecía ser consumido por el fuego de un infierno sin nombre, acabó por dar una tierra fértil para algo más. Algo bueno.
Porque incluso las peores cosas vividas les recordaba que cuando tocas fondo, no hay otra opción más que subir.
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FIN
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Notas de la autora:
Y de esta manera, cerramos esta historia que me ha sacado más de una lágrima, más de una noche sin dormir y lo cierro con la satisfacción de que ha sido una obra cuya recepción fue bien recibida. Me hace tan feliz haberla culminado de este modo, con esta cantidad de capítulos y con este desarrollo en la historia.
Los finales felices no se consiguen sin tropiezos ni raspones, sin llorar un poco y preguntarnos si estamos haciendo las cosas como deberíamos hacerlas. La palabra "Resiliencia" es una de mis favoritas en el español porque es la esencia misma de la humanidad: "El significado de resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas". [El prado Psicólogos]
Todos tenemos la capacidad para seguir adelante a pesar del dolor, de las pérdidas, del abandono pero cada uno tiene una fuerza distinta y un tiempo de sanación distinta. Si estás pasando por algo difícil, ten por seguro que saldrás adelante.
Gracias por su apoyo y por continuar esta historia a lo largo de su desarrollo. Lxs quiero un montón y deseo que este año esté cargado de amor y salud para ustedes.
Nos leemos.
Un abrazo enorme.
Airin Blues.
