Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
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EPÍLOGO I
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Cuatro años después.
Aspiró profundo y contuvo el aliento un momento, cerró los ojos con fuerza y con la misma intensidad, cerró sus manos en puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Soltó el aire entonces y volvió a repetir la misma secuencia de respiración que le había enseñado Katsuki cada vez que se ponía nerviosa. Escuchaba todo a su alrededor, a sus nuevos compañeros de clase presentándose y recibiendo aplausos al finalizar para volver a tomar asiento.
―Bakugo Eri. ―Habló la maestra de su curso. La joven de quince años abrió los ojos al oír su nombre y contempló toda la escena de alumnos observándola, aguardando porque se pusiese de pie para presentarse ante ellos.
Se puso de pie y el silencio se hizo casi ensordecedor, volvió a sentir aquella presión en su pecho cada vez que la ansiedad ganaba partido en su interior; sonrió con un poco de timidez, porque recordó las palabras de Ochako: sonríe, todo es mejor cuando sonríes.
Aún con los años, Eri seguía sucumbiendo un poco al sentir que toda la atención caía sobre ella sin saber muy bien cómo actuar. Volvió a aspirar profundo como se lo enseñó Katsuki. "Sólo di tu nombre, lo que te gusta y vuelve a sentarte", se decía a sí misma.
Sonrió.
―Mi nombre es Bakugo Eri. Me gusta cocinar y trabajo medio tiempo con mis… ―Sus mejillas se sonrojaron―. Con mis padres en su restaurante.
Sus compañeros parecieron sorprendidos con el dato lanzado y las preguntas sobre dónde quedaba el lugar saltaron a ella; de a poco, la presión en su pecho, la ansiedad que la hacía sentirse pequeña, fue menguando. Al oír el nombre de "Resiliencia" muchos expresaron su emoción, no era un lugar que pasase desapercibido y el saberse "interesante", la hizo relajarse un poco más.
Los aplausos surgieron luego y ella volvió a tomar asiento. Sus puños ya no estaban apretados con fuerza. Su primer día en la secundaria inició bien, su sonrisa la delataba.
Después de cuatro años, iniciaba sus estudios en la Academia UA, una de buena reputación que parecía llenar las espectativas de sus padres adoptivos. El retomar la escuela a sus once años fue difícil pero el iniciar en una nueva academia, la aterró terriblemente. Tanto Ochako como Katsuki la hicieron sentirse segura la noche anterior diciéndole que no tenía nada qué temer, que era inteligente y talentosa; al principio no se sentía con la confianza necesaria pero al recibir tantos halagos de sus nuevos compañeros sobre el restaurante de sus padres, esa confianza fue aflorando en ella.
Observó la ventana junto a ella, el cielo estaba despejado. Pensó en su tía Himiko y deseo que estuviese allí para contarle cómo fue su día. Volvió a apretar los puños con fuerza deseando que las cosas fueran distintas, sin embargo, no podía decir que con la desaparición de Toga Himiko, se sintió sola.
Tenía una familia, una familia que no la lastimaba, que no la apartaba ni la insultaba. Sus mejilla se sonrojaron al recordar que su apellido cambió y que le gustaba. Su nueva familia le gustaba.
―¡Nos vemos mañana, Bakugo-chan! ―Unas niñas de su salón dijeron al despedirla, levantando sus manos hacia ella.
Eri volteó a verlas con una gran sonrisa, correspondiendo a su saludo, elevó su mano para despedirse. Sus pies se apresuraron a dejar el recinto escolar apenas tomó sus cosas y se quitó sus zapatos de interiores para colocarse los propios, sus nuevas compañeras y quienes le tomaron conversación en el horario del almuerzo, acudieron a ella para hablar hasta que llegaron a la salida de la academia.
Se sentía bien el tener con quien hablar porque durante la secundaria no era para nada popular, se limitaba a sólo estar sola y su atención primordial era en sus calificaciones como también en ayudar en el restaurante. Pero al ver a las niñas que eran amables con ella, le hizo dar cuenta que también es gratificante tener amigas nuevas.
Eri tomó su móvil para verificar su horario y al darse cuenta que se entretuvo mucho hablando con sus nuevas amigas, apresuró el paso para alejarse e ir al restaurante, pues su turno iniciaba en un momento.
Sus padres adoptivos fueron muy claros con ella con respecto a darle un trabajo de medio tiempo en el restaurante como mesera, siempre y cuando, ella no descuidara sus estudios; el dinero recaudado iría a su ahorro personal porque como su Tía Mina decía "una mujer tiene muchos gastos para verse bien"; según Katsuki, era un modo de hacerla responsable del dinero y de valorar su tiempo de estudio.
Apenas puso sus pies fuera de la escuela, reconoció a Katsuki y a Ochako aguardándola con un pequeño ramo de flores. Eri detuvo su marcha al verlos allí y reconocer que traían ropas particulares. Eri no disimuló su sorpresa y al parecer, su desconcierto fue notorio para la pareja de casados.
Ochako sonrió para acercarse a ella.
―¿Por qué pones esa cara? Es tu primer día ―dijo y luego miró al rubio que se acercó a ella.
Katsuki fue hasta su esposa y abrazándola por los hombros, miró a Eri.
―¿Cómo te ha ido el primer día? ¿Alguien se metió contigo? ¿Tengo que romperle los dientes a alguien? ―Inquirió el hombre.
―¡Katsuki! ―Regañó su esposa.
Su padre adoptivo le había dicho que la academia suele ser difícil y que hay niños tontos que quieren meterse con otros niños. En varias ocasiones, le dejó en claro que él se encargaría de protegerla si alguien osaba molestarla, aunque como Ochako dijo, Katsuki fue como uno de esos "niños tontos" molestando a los demás. Sin importar eso, Katsuki quería seguir luciendo como un papá cool y Eri lo sabía.
―De hecho, todos han sido muy amables conmigo ―respondió Eri acomodándose un mechón tras la oreja―. Pero, no tenían que venir… Es decir... ―dijo Eri acercándose a ellos, sus mejillas estaban sonrojadas―. Hay mucho trabajo en el restaurante y…
―Y hoy inicias la academia. ―Katsuki se acercó a ella y como acostumbraba, revolvió sus cabellos con cariño―. No seas tonta, no iríamos a perdernos este día.
―Lamentamos decirte que somos muy empalagosos cuando de ti se trata, Eri ―respondió Ochako acercándose también a ella, haciéndole entrega de su ramillete de flores.
―Habla por ti.
―¿Le dirás quién insistió en comprarle flores hoy? ―Preguntó Ochako mirando a su esposo con el ceño fruncido, delatándolo.
Eri no pudo evitarlo y los terminó abrazando. La pareja fue tomada desprevenida pero no dudaron en corresponder a su abrazo sin dudar.
Sí, sin duda muchas cosas habían cambiado en esos cuatro años pero algo que nunca sufrió cambio alguno fue la sensación de que todo era tan cálido cuando ella se encontraba junto a Katsuki y Ochako.
Cuatro años habían transcurrido de la inauguración del Restaurante "Resiliencia" y ya se había convertido en el sitio predilecto de muchos, incluso muchos críticos alabaron la calidad de los platillos y el ambiente tan familiar que presentaba el sitio. Muchas revistas culinarias sacaron primicias del restaurante Bakugo y más aún cuando la noticia del compromiso de los dueños del restaurante fue algo oficial.
Katsuki y Ochako se comprometieron durante el Hanami [*], a inicios de abril cuando las flores de cerezo se abrieron. Él la había llevado al parque en donde su padre conoció a su madre y sentados en el mismo banco donde sucedió todo, él le enseñó la cajita en donde la sortija reposaba. Ochako no dudó en pronunciar su sí y no tardaron en fijar fecha para el casamiento.
De eso ya hacía dos años y cada vez que Ochako observaba su mano, apreciando su sortija y su anillo matrimonial centelleantes en sus dedos, la hacían sonreír como el primer día que despertó con ambos en su mano.
―Bakugo-san, la llaman de la mesa 8 ―escuchó que uno de los mozos se dirigió a ella al cruzar las puertas que llevaban a la cocina, despertándola de su ensoñación.
El primer día de la academia de Eri fue motivo para los dueños de Resiliciencia en ausentarse para ir a buscarla del recinto educativo, querían verla y felicitarla, hacerla sentir que cada logro suyo era un logro para ellos también. Y luego de regresar de la academia, los tres retornaron al trabajo en el restaurante.
La jefa de repostería asintió a las palabras del mesero y cediéndole su parte a otra encargada del área, limpió sus manos con un trapo cercano, alejándose de la cocina. Al abrir las puertas que la conectaban al restaurante, volvió a ser testigo de que un día más, Resiliencia era el elegido para ser el punto de encuentro de muchos clientes. La casa volvía a estar llena y eso la ponía inmensamente feliz; cada vez que cruzaba frente a alguna mesa y veía los rostros sonrientes cada vez que probaban un bocado, pensaba en su padre. La satisfacción era grande y la gratitud a su memoria, aún más.
Llegó hasta la mesa indicada por su empleado hallando en ella tanto a Yaoyorozu Momo como a su actual pareja, una mujer de cabello largo y platino, piel morena y ojos rojizos. Ochako sonrió a su amiga y aún más al reconocer a la Capitana de la policía.
―Yaomomo, qué alegría verte aquí ―dijo la castaña al llegar hasta ella―. Usagiyama-san, ¿cómo se encuentra?
―Oh, vamos, Uraraka ―dijo la morena con una sonrisa―. Ya vengo frecuentando bastante tiempo, puedes dejar las formalidades.
Momo sonrió y miró a su amiga.
Cuatro años pasaron de la última vez que supieron algo de Toga Himiko. Así como el humo, la mujer desapareció sin dejar rastro alguno o una explicación que justificara su marcha; sólo se desapareció unos días antes de año nuevo. Ochako fue consciente de todo lo que Momo lloró por ella, de todo lo que la ausencia de Himiko causó tanto en Eri como en Momo y sabía cuánto le había costado volver a confiar en los demás.
Pero sin esperarlo, en una oportunidad bastante curiosa en el que Momo fue al restaurante Resiliencia, el sitio se encontraba apabullado de personas y no había mesas libres, salvo la de la solitaria capitana de la policía de Shibuya que no tuvo inconvenientes en compartir su mesa con la crítica culinaria. Una coincidencia que acabó por ponerlas frente a la otra, con una conversación casual y una simpatía inmediata.
―Veo que Resiliencia se volvió su punto de encuentro ―dijo Ochako con diversión y tanto ella como Rumi echaron a reír al ver cómo las mejillas de Momo se encendían notoriamente. A pesar de su edad, Momo seguía sonrojándose por comentarios así―. ¿Quieren ordenar algo en particular?
―De hecho, sí ―dijo Momo acomodándose el cabello detrás de la oreja con algo de timidez, enseñándole su mano en el proceso. Ochako se fijó en algo brillante en el dedo anular de la mujer y sus ojos fueron deprisa a los de Rumi, recibiendo una sonrisa y un asentimiento por parte de la morena―. Quisiéramos contratarte para hacer un pastel de bodas.
―¡No puede ser! ―Dijo Ochako con emoción abrazando a Momo, Rumi echó a reír al ver a su novia tan sonrojada―. Claro que sí, díganme el día y lo tendrán listo. ¿Quieren el servicio de catering? Porque tenemos un nuevo catálogo para eventos y…
―Hey, al parecer ella está más emocionada que nosotras dos ―dijo con gracia Usagiyama―. Aún estamos decidiendo la fecha pero definitivamente, ambas queremos que sea en verano así que sí, queremos contar tanto contigo como con tu esposo para la organización de las comidas.
―¡Será un placer! ―Dijo Ochako de forma entusiasmada para sentarse en la mesa de las mujeres e ir tomando nota de todo lo que ellas esperaban de su servicio.
La clientela dentro de Resiliencia fue menguando llegada la tarde aunque era sabido que, cuando la noche asomara, la ola de pedidos regresaría. Ochako se encontraba en el área de repostería terminando un pedido en particular, era la encargada de cocina y supervisaba todo a su ritmo porque Katsuki se encontraba fuera del restaurante central.
Cuando fue consciente de que la cocina funcionaba con tranquilidad, ella se puso manos a la obra para hacer un pedido especial. Una sonrisa asomaba sus labios al sacar del horno su preparación, el cual continuaría decorando en adelante. Estaba tan abstracta de lo que la rodeaba que cualquiera diría que la podían ver flotar en su lugar.
Eri era de quienes pensaban que Ochako podía aligerar todo lo que tocaba, tanto así que haría flotar a cualquiera que la vea tan absorta en sus pensamientos o quehaceres, principalmente cuando portaba una sonrisa como la que poseía en esos momentos.
La joven fue hacia su madre adoptiva y la abrazó por detrás como siempre lo hacía. Ochako echó a reír y se balancearon a un ritmo fuera de compás que acabó haciéndolas reír. Cocinar junto a Ochako era una de las cosas que adoraba hacer.
―¿Un pedido especial? ―Preguntó Eri acomodándose junto a ella para ver el pie de limón que Ochako estaba decorando.
―Algo así ―respondió la castaña guiñándole el ojo.
―¿Es para Katsuki-san? ―Volvió a preguntar Eri con emoción en sus ojos. La joven era muy romántica, así que cada vez que veía a Katsuki y a Ochako juntos, sus mejillas se encendían porque para ella, no había mejor química en ningún manga shojo que la que poseían ambos―. ¿Qué celebran?
―Es sólo un viejo recordatorio de que hoy, hace cuatro años, comenzamos a vivir juntos forzosamente ―comentó mirándola con gracia.
―Oh, olvidaba que entre ustedes, el romance no inició de buenas a primeras ―dijo Eri ayudándola limpiando sus elementos.
―Si en ese momento me dijeran que me casaría con el idiota que arremetió en mi departamento, echaría a reír ―dijo Ochako divertida, recordando cómo conoció a su actual esposo.
Eri adoraba cuando Ochako le hablaba sobre sus primeros tiempos con Katsuki y, es que viendo cómo todo terminó resultando, de las discusiones y peleas, de las mentiras y las manipulaciones por parte de la familia Bakugo, resultaba fascinante el admirar que tanto Ochako como Katsuki siguieran juntos y enamorados como el primer día. Para Eri que adoraba el romance, escuchar la historia de sus padres adoptivos antes de dormir, fue el mejor cuento nocturno que escuchó hasta los trece años, cuando Ochako la arropaba para dormir.
La mirada castaña fue a la rojiza de su niña y haciéndole una señal de que guardara silencio, fue a buscar algo que escapaba de la imaginación de la joven. Ochako regresó a ella con un sobre blanco y el nombre de la clínica de fertilidad impresa en este. Los ojos de Ochako centelleaban y Eri solo podía sonreír con emoción.
Desde hace cuatro años, tanto Ochako como Katsuki buscaban un bebé pero la respuesta hasta entonces siempre fue negativa; Eri podía entender que desearan un hijo y fue consciente de todo lo que pasaron juntos a través de cada intento fallido, vio la frustración y la tristeza en ambos hasta que el tratamiento de fertilidad inició hace como un año.
Y la respuesta estaba ante sus ojos.
―Aún no se lo he dicho ―dijo Ochako con una pequeña sonrisa mirando el sobre―, se lo diré esta noche cuando cerremos el restaurante y podamos estar sin tanto trabajo encima.
―Me alegro por ustedes, Ochako-san ―dijo Eri y Ochako la observó un momento sin borrar su sonrisa de los labios. La mujer se acercó a la joven y la abrazó con cariño.
―Al fin tendrás un hermanito, Eri ―susurró con cariño.
Los ojos de Eri se humedecieron al escuchar sus palabras porque siempre la consideraron como una hija para ellos y con la llegada del nuevo bebé, la seguridad de seguir teniéndolos como padres, recibiendo el mismo amor y atención, seguía allí.
Katsuki volvió a sonreír para sí mismo al observar cómo la quinta sucursal de Resiliencia en el barrio de Shibuya estaba tan llena como la central en Minato o las otras dos sucursales en otros barrios dentro de Tokio. En cuatro años, su sueño de independizarse y dirigir un restaurante junto a su esposa se materializaron en una pequeña cadena de restaurantes que dirigía junto con Ochako y la idea de ampliarse a otros distritos del país se veía cada vez más próxima a volverse real.
Solía hacer los recorridos de rutina a las otras sucursales como siempre, turnándose con su esposa en la tarea de verificar los locales cada quince días. Y ese día en particular, dejó a Ochako a cargo de la central para que él pudiese hacer un recorrido a la nueva sucursal.
―Kacchan. ―Escuchó que lo llamaban y volteándose a ver a su amigo de infancia, le dedicó una pequeña sonrisa de saludo―. Llegaste antes.
―Inicié el recorrido con la sucursal cinco ―respondió Katsuki a Izuku quien llevaba un bonito traje y el portanombres con la palabra "Gerente" inscripta en él―. ¿Tienes el papeleo que requiero?
―Lo terminé ayer ―respondió guiándolo a su oficina para enseñarle el desenvolvimiento del restaurante al cual había puesto a cargo como gerente.
Transcurrieron cuatro años desde que Midoriya Inko venció al cáncer e Izuku pudo retomar las clases en la universidad con mayor regularidad pero con un enfoque distinto al inicial. Comenzó sus estudios en gerenciamiento y administración inspirado en la idea de que su novio, Todoroki Shoto, era el nuevo dueño legítimo de Limerence, y consideró que la mejor inversión para sí mismo era apuntar a una carrera que pudiese ayudar al negocio.
Pero hace apenas seis meses que la propuesta de Katsuki lo tomó por sorpresa, con la apertura de una nueva sucursal en el barrio Shibuya, consideró que el mejor para administrarlo era él. Katsuki se caracterizaba por ser una persona crítica y visionaria, fue lo que hizo a Towers grande en su época como Jefe de cocina y lo que mantuvo en lo alto a About Life Coffee hasta su deceso; pero más importante aún, la creciente conformación de Resiliencia como restaurante, compitiendo en un mercado más que difícil, dejaba en claro que Bakugo Katsuki era un empresario nato. Sabía cómo y con quién invertir su negocio para hacerlo próspero.
Izuku se sintió fuertemente confiado en la decisión de su amigo y no lo decepcionó en esos seis meses de trabajo. Al enseñarle las planillas de venta, de ganancias y pérdidas Katsuki lo volvió a confirmar: hizo una buena inversión en Izuku.
―Nada mal viniendo de ti ―comentó con diversión Katsuki haciendo sonreír a su amigo―. ¿Cómo ves a la temporada alta de abril?
―Desde la llegada de la temporada alta de diciembre del año pasado nos vimos un poco superados con la clientela. Contraté a Aoyama Yuga en épocas festivas, lo conoces ―Katsuki asintió―, y por ahora estamos bien pero temo que con la llegada de mitad de año estemos cortos de personal.
―Bien, abre una lista de postulantes como ayudantes de cocina. Sé preciso y habla con tu jefe de cocina para ello ―Izuku asintió.
La reunión no duró mucho, Katsuki se retiró de la oficina de Izuku con la intención de marcharse cuando vio ingresar a una pareja en compañía de un niño en brazos del hombre. La familia Iida acababa de llegar y apenas Camie lo vio, se apresuró a saludarle.
―¡Tsuki! ―Camie fue hacia él y lo abrazó como siempre, el rubio no se opuso al contacto―. Me alegra tanto verte.
―Extrañamente, yo también ―dijo el hombre con una sonrisa ladina, observó al capitán del distrito policial de Shibuya ingresando con su hijo en brazos―. Incluso a ti, Iida.
El capitán de la estación policial de Shibuya sonrió al hombre, acomodando a su hijo de seis meses contra su pecho. Katsuki bajó su atención al hijo de Camie y los miró con una pequeña sonrisa.
―Carajo, tienen un niño muy bonito. Camie hizo todo el trabajo ―dijo con diversión haciendo reír a su amiga y consiguiendo que el oficial rodara los ojos.
―También me alegra verte, Bakugo ―dijo el oficial.
La pareja fue guiada por Katsuki hacia una de las mesas mejor ubicadas dentro del restaurante, sugerido por el dueño y una vez que éstos se encontraron acomodados en el lugar indicado, Tenya entregó a su hijo a su esposa para susurrarle algo al oído, Camie asintió con una pequeña sonrisa que no pasó desapercibida por Katsuki.
El oficial volteó a ver al dueño del restaurante y caminó hacia él.
―¿Podemos hablar en privado? ―Katsuki, juzgando la seriedad con la que Tenya hablaba, no dudó en asentir y caminar hacia la oficina del gerente, aprovechando que Deku yacía ocupado en asuntos del restaurante, Bakugo ocupó su oficina.
El ruido del restaurante quedó regulado una vez la puerta se cerró. Katsuki se acomodó en el asiento tras el escritorio pero Tenya se mantuvo de pie, introdujo su mano en la solapa de su chaqueta para sacar un sobre blanco.
―¿Qué sucede? ―Preguntó Katsuki observando la carta.
―Supongo que tú lo sabías ―inició Tenya acercándose al escritorio para entregar el sobre al dueño de Resiliencia―. Sabías sobre el paradero de Himiko.
Katsuki no se inmutó y eso sólo confirmó las sospechas obtenidas por parte del oficial.
―¿Qué te hace pensar eso? ―Fue lo único que preguntó el rubio. Tenya sonrió ladinamente.
―Desde hace seis meses comenzamos a recibir instrucciones sobre La Liga pero desde un destinatario desconocido. Las instrucciones no eran claras pero tampoco buscaban serlo, eran sitios, horas sin días ni nada que nos diese muchas pistas; uno de nuestros especialistas fue recolectando las cartas recibidas y armó un circuito, confirmamos que son los sitios de operación de La Liga, los lugares que manejan y los sitios de encuentro para sus transacciones, sus contactos, etc. ―Katsuki escuchaba atentamente todo lo que el oficial decía sin interrupciones ni comentario alguno, en silencio y al verlo tan callado, dejó en claro al hombre que su interlocutor tenía una cierta noción de lo mencionado―. Gracias a esas cartas, estamos desmantelando sus escondites y tenemos un plan de seguimiento a su organización que resulta ser muy efectivo a ésta ayuda anónima; aspiramos dar un golpe certero, estamos próximos a ello.
―¿Y crees que yo envío esas cartas? ―Preguntó Katsuki con una ceja enarcada. Tenya amplió su sonrisa.
―Ambos sabemos que desconoces muchas cosas de la liga como para arriesgarte a poner en peligro tanto a Ochako como a Eri ―dijo el hombre cruzándose de brazos―. Pero también sabemos que no podías evitar proteger a Himiko.
―Iida, no…
―No te estoy hablando como Capitán de la policía. ―Lo interrumpió―. Yo debí proteger a Himiko y fallé; el día que desapareció supuse que la Liga llegó a ella y eso sólo acrecentó mi culpabilidad porque la policía no era rival para ellos y le prometí protección sin ser consciente de ese detalle. Si estoy aquí no es por un asunto legal, al menos no del todo. ―Los ojos oscuros de Tenya fueron al sobre y Katsuki comprendió su mensaje; lo tomó―. Las cartas anteriores no tenían un remitente pero sí iba dirigida a la policía; esta última carta llegó a mi departamento, no iba dirigida a la policía pero tenía mi nombre y esta vez, el remitente firmaba.
Katsuki abrió los ojos sorprendido al leer el remitente en la carta. C.F.
―Vine a buscarte, Ochako me dijo que estarías a cargo del recorrido de las sucursales este día así que la mejor forma de pasar desapercibido esta conversación fue viniendo aquí ―dijo el hombre―. No mostraré esta carta a la policía porque sé que ambos buscamos el bienestar de Eri y de Himiko.
Katsuki abrió la carta y lo único que yacía escrito en ella era "Gracias".
Los rojizos ojos del hombre fueron a los oscuros del oficial; ambos sabían por qué la carta iba dirigida a Tenya: Toga Himiko yacía finalmente a salvo de la persecución que la Liga le había declarado, aunque su paradero resultaba desconocido para el oficial de la policía, contaba con que el dueño de Resiliencia no estuviese del todo lejos de conocer tal detalle.
Unos meses después de la desaparición de Himiko, muchos dejaron de preguntarse qué pasó con ella, dejaron de cuestionar cómo alguien desaparece tan de repente y más aún después de estar hospitalizada con la gravedad que se encontraba Himiko. Katsuki y Ochako asumieron la responsabilidad de Eri según el encargo legal que Toga había puesto en manos de Todoroki Shoto pero las preguntas sobre su tía, por parte de la niña, dejaban siempre con un vacío en los estómagos de la pareja.
No fue sino cumplido un año de la desaparición de Toga que Bakugo supo de ella por una carta, ella seguía viva pero estaba huyendo de la Liga, le explicó que Japón ya no era seguro para ella y necesitaba dejar el país; sin embargo, la identidad era un problema. Katsuki no lo dudó y gestionó una identificación junto a un pasaporte falso bajo el nombre de Francesca Colonna, matando de una vez a la antigua Toga Himiko.
Su marcha lejos de Japón para refugiarse en las propiedades Bakugo ubicadas en Italia es un cuento a parte pero Iida Tenya ya pudo imaginarse cómo fue dándose todo.
―Encubrir a una criminal y falsificar documentos son acciones penadas, lo sabes ―dijo finalmente Tenya. Katsuki no se inmutó con sus palabras.
―Y supongo que hacer la vista gorda a todo eso se consideraría complicidad ―respondió Katsuki. Ambos sonrieron.
―Supongo que sí. ―Iida se encogió de hombros―. Me alegra que ninguno de los dos haya cometido tales cosas. Entonces, ¿cuál es la especialidad de la casa?
La carta de Francesca Colonna fue eliminada y los dos hombres dejaron la oficina del gerente para regresar al área de restaurante y continuar sus vidas con la normalidad a la que estaban acostumbrados pero con una tranquilidad que Iida Tenya buscaba conseguir desde hacía tiempo.
Las noches en Resiliencia siempre terminaban siendo agotadoras luego de un día completo trabajando con los pedidos y los clientes. La cocina pasaba de estar en movimiento continuo a bajar la celeridad hasta que todo tomaba un ritmo más calmo, las sonrisas cansadas mientras se lavaban los utensilios y se guardaban los elementos de trabajo para pasar a los vestidores, colgar los uniformes y encaminarse a la salida del lugar, era el mensaje claro de un día más que productivo.
Ochako y Eri despedían a los empleados mientras que Katsuki se encargaba de la contabilidad del día junto a Chieko quien era la administradora contable del sitio. Otro día más, Resiliencia generaba grandes ingresos.
―Bien, supongo que es todo por hoy ―dijo Chieko con una sonrisa al mirar a su yerno.
―Gracias por el trabajo de hoy ―respondió el hombre cerrando el informe del día.
Vieron a Ochako y a Eri acercarse a ambos y Katsuki observó el cansancio en los ojos de la estudiante.
―Ha sido un día agotador ―comentó acercándose a ella para desarreglar sus cabellos plateados. Eri rio para abrazarlo, Katsuki besó la coronilla de su cabeza―. Ve con Chieko y descansa. Ochako y yo nos encargaremos de cerrar el restaurante.
―¿Estás seguro? ―Preguntó Eri.
―Eres aún una niña, Eri ―dijo Ochako acercándose a la adolescente―. Necesitas dormir bien. ―Se acercó al oído de la joven―. Mañana celebraremos por la nueva noticia, ¿de acuerdo?
Eri asintió con una gran sonrisa para alejarse de ambos y tomando la mano de Chieko, se marcharon del restaurante, dejando solos a la pareja. Katsuki volvió a mirar a su esposa, se acercó a ella y besó sus labios dulcemente. Ochako lo abrazó por el cuello y degustó los labios de su esposo con lentitud, saboreándolo a su ritmo.
―Te tengo una pequeña sorpresa ―dijo Ochako entre el beso.
―¿No puede esperar? ―Preguntó Katsuki bajando sus manos hacia el trasero de la mujer, haciéndola reír.
―Créeme, esperamos lo suficiente ―respondió para alejarse de él, dejándolo en el salón principal para ir hacia la cocina.
Katsuki no sabía a qué se refería Ochako con esas palabras pero al verla regresar con un pie de limón entre sus manos, le generó aún más dudas que certezas. Ella sonrió para acercar el pastel a él.
―Hoy hace cuatro años firmaste un contrato para regresar a tu departamento y burlar las reglas de tu abuela ―dijo Ochako depositando el pie en la mesa frente a ellos. Katsuki no pudo ocultar su sonrisa ni el rubor en sus mejillas; a través de los años, se dio cuenta que no importara cuánto transcurriese, Ochako seguiría haciéndolo sentir como un adolescente enamorado―. Y aún recuerdo cuando me propusiste matrimonio hace dos años atrás.
Katsuki la miró con una sonrisa galante.
―Me mostraste el anillo y dijiste "¿quieres volver a pactar con el diablo, Ochako?" ―susurró la mujer acercándose a su esposo para jalar del cuello de su camisa hacia ella.
―Tienes que admitir que fue una buena frase ―respondió él apretando a Ochako contra la mesa, acorralándola con su propio cuerpo, sintiéndose más profundamente. Katsuki dirigió sus labios al cuello de ésta y fue besando su piel lentamente, sacando suspiros de sus labios―. Y te lo volvería a preguntar una y otra vez. Por primera vez, Shoen hizo algo bueno… Te puso en mi camino.
Katsuki mordió la piel de su cuello y Ochako exhaló un gemido, la subió sobre la mesa y colocándose encima suyo, la contempló un momento.
―Recuerdo que la primera vez lo hicimos… Fue sobre una mesa.
Ochako echó a reír y él volvió a besarla, pero antes de subir la intensidad de los besos, la mujer lo detuvo. Katsuki la miró con curiosidad.
―También hay algo más que Shoen hizo bien ―dijo despacio―, cuando me leyó los posos del café hace cuatro años; además de ver a Eri en nuestro futuro… Creo que también vio a alguien más en camino.
Los ojos de Katsuki enseñaron sorpresa y verlo tan atónito, causó ternura en Ochako. Estaba en silencio pero una sonrisa comenzó a aparecer en los labios del hombre.
―Entonces… ―Dijo Katsuki sin poder borrar su sonrisa de tonto enamorado―. ¿Lo logramos?
Ochako rio y asintió. Katsuki la atrajo hacia él para abrazarla y sentirla. Después de tantos intentos y decepcionantes respuestas, finalmente esperaban a su hijo. Por muchos meses, la frustración los hizo tener cierto roce en su relación pero lo superaron, trataron de que aquello no los separara y tras dejar que las cosas tomaran su curso, tuvieron una respuesta positiva.
―¿Cuándo lo supiste? ―Preguntó Katsuki acariciando su vientre aún plano. Ochako llevó sus manos a donde las de su esposo para mirarlo a los ojos.
―Volví a hacerme una prueba en la clínica como chequeo del tratamiento de fertilidad y hoy me entregaron el resultado ―respondió con dulzura―. Dentro de unos meses, ya no tendré una bonita figura así que…
―Así que nada, Ochako. ―Katsuki frunció su ceño al mirarla, volvió a recostarla sobre la mesa―. Seguirás siendo la mujer más hermosa y sexy que conocí en mi vida y te haré el amor tantas veces pueda. ―Sonrió para dirigir sus dedos al pie de limón y untándolo en crema de limón, se lo llevó a sus propios labios, degustándolo; volvió a repetir el proceso pero ésta vez, fue hacia los labios de Ochako, introdujo sus dedos en su boca y ella los lamió lento y sensual, excitándolo de sobremanera―. Carajo… Vamos a la habitación privada. No puedo cogerte aquí. Debemos celebrar.
Ochako rio y asintió. Tomó el pie y como dos adolescentes, corrieron escalera arriba para ir a uno de los cuartos que preservaron como tal para cuando ellos necesiten disponer del sitio para sí mismos; esa noche, cumplió su propósito.
Cuatro años del inicio de una historia que parecía ser la pesadilla de dos desconocidos, se transformó en un sinfín de vivencias que los halló enamorándose en circunstancias insólitas. La llegada de Ochako a la vida de Katsuki trajo armonía y la presencia de Katsuki en la vida de Ochako le enseñó cuán fuertes eran juntos.
Sí, Bakugo Shoen hizo algo bien cuando quiso poner a su nieto en aprietos, pero no contó con que aquel aprieto acabaría con su empresa y absolvería sus pecados.
Cuatro años después, la historia es otra, el panorama es diferente pero ellos seguían amándose como el primer día que fueron conscientes de que quizá, el romper la puerta de baño de la usurpadora de departamentos no fue tan mala idea.
Notas de la autora:
¡Muchas gracias por llegar hasta aquí!
Con este primer epílogo tenemos más claro qué sucedió con Toga, algo que muchos me han estado preguntando, pero también haciendo hincapié en el pasado, el presente y el futuro en sí.
¡Y el bebé tardó pero llegó! Para quienes deseaban ésta noticia, les agradezco la paciencia :3 Me quise tomar el tiempo con la noticia del bebé porque consideraba que tanto Ochako como Katsuki necesitaban más tiempo antes de encargarle algo a la cigüeña.
En fin, muchas gracias por continuar ésta historia. El siguiente y último epílogo cerrará ésta historia. ¡Nos leemos el domingo que viene!
Un abrazo a todxs xoxo
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*Hanami: es la tradición japonesa de observar la belleza de las flores, pero por lo general se asocia esta palabra al período en que florecen los cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar sus flores (sakura).
