Exención de responsabilidad: One Piece, sus personajes, historia, y sus películas, no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y Toei. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.
Dos actualizaciones en el mismo mes? Qué está pasando aquí?
Chicos, seguimos avanzando. Quiero llegar a los vergazos, a Marineford, pero tampoco quiero hacer un mal arco de Impel Down, pero si sigo teniendo el suficiente apoyo y motivación, creo que para noviembre podemos estar en Marineford... ¡a este arco le quedan tres capítulos!
Solo puedo deciros lo de siempre, que espero vuestro apoyo, que esto lo construimos juntos, que de momento estoy motivado, no voy a parar, pero si en algún momento me desmotivo os necesitaré apoyándome.
Y ahora, hablando del capítulo de hoy, debo decir que es algo más fuerte de lo que es habitual en mi, dado que la recuperación de Luffy es algo que me pareció muy suavizado en la historia de Oda, dado el gran número de gente joven que ve la historia, pero realmente es algo terrible y que merece una dedicación especial, bajo mi punto de vista. Espero que sea de vuestro agrado el que he vuelto a formato de capítulos medio largos, que mi trabajo me cuesta ejejejeje!
¡Cuento con vuestras reviews yarotomo!
.
SAGA DE MARINE FORD
.
CAPÍTULO 39
ARCO DE IMPEL DOWN
EL HACEDOR DE MILAGROS
.
Altazor observó como dos figuras se les acercaban. No sabía si eran amigos, o enemigos, pero en ese momento, colapsó, y cayó al suelo inconsciente.
Luffy abrió los ojos al sentir como era agarrado y subido en algo, comenzando a ser arrastrado. Abrió los ojos, y miró a un extraño personaje, con un pelo blanco y naranja, gafas de sol y un abrigo del mismo color.
– Por favor, ayuda... a mi... nakama – consiguió decir con esfuerzo, agarrándole del abrigo. antes de caer de nuevo inconsciente.
El Vicecomandante del Quinto Ejército de los Revolucionarios, Inazuma, observó a las dos personas que acababa de rescatar. Dio un ligero sorbo a su copa de vino, y observó a su compañero, un sujeto cubierto por una capa negra, tapado con un casco plateado y una armadura completa que cubría su cuerpo, con un broche blanco con una estrella de ocho puntas cerrándole la capa en la parte derecha.
– Llevémoslos con Ivankov, sabrá que hacer. El chico, Mugiwara no Luffy, está especialmente herido, pero sin duda son enemigos del Gobierno. Espero que la Reina pueda hacer algo – dijo, reanudando la marcha.
El otro sujeto recogió a Altazor del suelo, lo cargó con cuidado y comenzó a moverse.
– Yo conozco a estos chicos – fue todo lo que dijo.
...
Luffy despertó, en la oscuridad. El dolor vino en seguida, un dolor fuerte, que casi le incapacitaba para siquiera pensar. Casi no podía ver, a duras penas oía, todos sus sentidos estaban fuertemente atenazados, casi anulados.
Como un animal, una parte de él, solo quería escapar del dolor. Pero el resto, le hacían mantenerse consciente.
Y en ese momento, al no sentir frío, recordó a su valiente nakama, Altazor.
El chico un par de años mayor que él se había precipitado el primero a socorrerle, sin él, habría muerto en el ascensor sin duda. Había salido herido... y luego le había protegido en la nieve. Recordó a duras penas, como si fuera un sueño, fragmentos del ataque de los lobos, y como había interpuesto su propio cuerpo.
¿Qué había sido de él?
– Chico, sin duda, debes estar viviendo un infierno – escuchó una voz que le hablaba, pero era incapaz de ubicar si era a su derecha, izquierda, delante o detrás. No podía posicionarla, y en esa oscuridad, tampoco veía.
– N...gh V...o – balbuceó, pero tampoco le funcionaban bien la boca, o las cuerdas vocales.
Quiso gritar de frustración.
– ¿Que no ves? Es algo normal, teniendo en cuenta la cantidad de veneno que cubre tu cuerpo. Tienes todo el lado derecho expuesto, y has respirado los vapores de Magellan, deberías estar ya muerto... ¡si fueras alguien normal! Jeeeejaaaaaa – escuchó esa voz de nuevo.
– ¿Q...nnn egh...ssh? M... nak...ma– consiguió decir Luffy. Ni siquiera se oía bien a sí mismo, y encima, como el veneno se había extendido por el sistema nervioso, no era capaz de atinar sus palabras, pero a fuerza de voluntad conseguía por lo menos decir algunas letras.
– Entendí eso también, chico. Tu nakama está bien, y yo... bueno. Eso lo dejaremos para otro momento. La pregunta es ¿quién eres tú? ¿Un muerto? ¿O alguien que quiere vivir? Ya sé, haremos posible que puedas hablar – añadió la voz, y de golpe, sintió un pinchazo en el costado.
Lentamente, sus sentidos se recuperaron, y pudo ver algo en la oscuridad que le atenazaba hasta ese momento.
A su lado pudo ver a un hombre extraño. Tendría más de tres metros de alto, una gran melena rizada de color azulado, cara y labios exageradamente repintados. Un traje de tirantes rojo, y una cabeza enorme, desproporcionada al cuerpo.
A primera vista le recordaba a Mr 2.
– Anda... un hermano de Bon Chan – murmuró Luffy, que comprobó ahí que podía hablar.
– No estoy seguro de con quién me estás comparando, chico – contestó el hombre, o el okama.
– Mi... mi nakama ¿Seguro que está bien? – susurró Luffy. El dolor no se había reducido, la activación parcial de sus sentidos, incluso, lo había acrecentado. La visión lentamente volvía a reducirse, pero de momento era capaz de hablar con esfuerzo.
– Te he inyectado hormonas que potencian los sentidos y frenan el veneno en oído, vista, y cuerdas vocales, pero no durarán mucho. Él está bien, inconsciente aún, herido, algo troceado por los lobos y las heridas de vuestra pelea con los jefes de este lugar... pero bien. Os infiltrasteis brillantemente, no os detectamos hasta el Quinto Infierno, y ahí fue por el alboroto que causasteis en el ascensor secreto... toda una proeza, para ser solo dos casi niños – explicó el misterioso sujeto, mientras se cruzaba de brazos y fruncía el ceño.
– Gracias por ayudar a mi nakama – contestó Luffy, cerrando los ojos, pero se le escapó un gemido de dolor. Su interlocutor sonrió, al ver como su única preocupación era su nakama herido
– ¿Quieres vivir? – preguntó el sujeto de nuevo, y Luffy abrió un ojo y clavó una mirada intensa en el okama.
– ¿Qué mierda de pregunta es esa? – cuestionó, y su voz, para sorpresa del que le escuchaba, no vaciló un ápice.
– Podrías sobrevivir a esto, pero tus probabilidades actuales son cero. No sobrevivirás sin tratamiento, y, aunque en el caso de tu nakama nuestras dosis de antídoto lo han estabilizado, tú tienes demasiado veneno, y demasiado extendido por tu sistema nervioso – se explicó el apelado, retrocediendo un paso. Esa intensa mirada por parte del peli negro, le recordaba ligeramente a la de la persona que más respetaba en el mundo.
– ¿Acaso alguien querría morir estando vivos sus nakamas? – volvió a preguntar Luffy, y el okama se acercó a él, y le mostró unas alargadas uñas.
– Me llaman "el Hacedor de Milagros", entre otras muchas cosas. Pero eso son palabras que la gente de pobre voluntad dice, pensando que un ser superior podrá solucionar sus problemas, palabras dichas por aquellos que no tienen voluntad para pelear por si mismos. Los milagros, solo existen para aquellos con la fuerza, el valor, y los okamas para perseguirlos – explicó – Soy el usuario de la Horu Horu no mi, soy un hombre... mujer... okama hormona. ¡Seré lo que tú quieras! Con mi poder, puedo alterar cualquier organismo vivo a nivel hormonal, el mío, y el de quien sea! ¡Jeeeeeejaaaaaaaa!
– Yo... solo quiero salvar a Ace – murmuró Luffy – Y cumplir mi sueño... para eso debo vivir.
– Con mi poder podrás tener más posibilidades de sobrevivir, pero solo si eres lo bastante fuerte para soportar el infierno que vivirás – siguió diciendo el okama – Si te inyecto esto, tus posibilidades de sobrevivir ya no serán cero, pero vivirás el infierno, sentirás un dolor por el que querrás morir. Si resistes, vivirás, si te rindes al dolor, morirás. Dime, ¿estás dispuesto a eso, con tal de salvar a esa persona y seguir el viaje junto a tus nakamas? – preguntó finalmente.
– Estoy listo – fue toda la respuesta de Luffy, que apretó los dientes cuando, sin previo aviso, el okama le clavó las uñas en el costado, inyectándole unas hormonas que él desconocía lo que le harían.
Esas hormonas eran de varios tipos. Las había por un lado destructivas, para destruir el veneno unido a su cuerpo, regeneradoras, para reconstruir al mismo tiempo el cuerpo de Luffy conforme se dañara, y otras con otras capacidades, que le ayudarían a mantenerse con vida.
El efecto fue inmediato.
Igual que el dolor
En ese momento, Luffy comenzó a gritar.
...
Un hombre alto, protegido por una armadura semi completa articulada de color plateado oscuro, se encontraba sentado, observando su broche estrellado plateado. Se había quitado la capa, pero no el casco, ni la armadura. Sumido en sus pensamientos, miraba fijamente ese broche.
Aunque parecía muy pesada, no lo era tanto, y él era muy fuerte. Eso le permitía ser increíblemente ágil.
Por eso, cuando el okama que había estado con Luffy hasta ese momento entró por sorpresa en su habitación, el sujeto ya había desenvainado una espada de estilo occidental que tenía junto a él, y le apuntaba directo hacia el cuello.
Aunque aquello no pareció incomodar al Okama
– ¿Qué quieres Ivankov? – suspiró el hombre. Tenía una voz seria, pero agradable. No parecía molesto con la llegada del okama, pero sí parecía que le gustaba guardar cierta distancia.
– Heeeehaaaaaa, me pillaste desprevenido, o eso crees ¿verdad? Vine a verte, las cosas se están poniendo entretenidas – dijo Ivankov,
– ¿Cómo está el muchacho? – preguntó
– Es fuerte, pero no sé si podrá aguantar. Le espera una recuperación lenta, y hay que tener mucha fuerza de voluntad para soportar ese dolor – reconoció el okama, sentándose en un sillón de terciopelo rojo que había en una esquina de la habitación. Desde hacía horas, se escuchaban de forma muy amortiguada los gritos de Luffy, encerrado en una profunda celda, no tan lejana a la habitación del hombre.
– Los D tienen la capacidad de resistir a lo que sea que la vida les ponga por delante, no lo subestimes – fue la extraña respuesta del hombre.
– Sí, lo sé, Dragon siempre decía cosas así. Pero una cosa sois vosotros, y otra cosa es ese chico, que es casi un niño – replicó su compañero.
– Ha llegado hasta aquí ¿no? Tanto él, como su compañero... – dijo a su vez el sujeto de la armadura.
– Eso también es verdad – reconoció el okama.
– No tengo dudas de que conseguirán salir adelante, la cuestión es el por qué están aquí – dijo, pensativamente.
Ambos se quedaron callados durante un tiempo, hasta que un okama entró por la puerta.
– Iva sama, ocurre algo extraño, tienes que venir – fue todo lo que dijo de forma atropellada.
...
Hacía mucho frío, pero eso no la preocupaba. Ni el cansancio ni el frío eran algo relevante.
En su corazón, tenía la sensación de que Luffy estaba en peligro. Le sabía vivo, confiaba en que su capitán habría escapado a salvo, como siempre... pero estaba muy asustada.
– Por qué siempre eres tan imprudente – murmuró ella, mientras pateaba una pila de nieve a su lado.
– No te preocupes Nami, les encontraremos – dijo Robin, que se encontraba junto a ella con el rostro sereno pero serio.
Nami suspiró, y no dijo nada. Zoro, de espaldas a ellas, vigilaba la retaguardia. No hacía mucho rato habían derrotado a un grupo de lobos salvajes blancos, extremadamente agresivos. No eran muchos, y sin mucho esfuerzo los espantaros.
– ¿Y ahora qué Rayleigh? – preguntó el peli verde a Silvers Rayleigh, que rastreaba un grupo de huellas en la nieve. Su tono de voz era seco, contenido. Se le notaba a las claras furioso por partida doble.
Después de que Luffy se lanzara como un loco, Altazor y Zoro fueron los que reaccionaron más rápido. Zoro no pudo llegar a tiempo, y eso le enfurecía. Pero sabía que el anciano había dudado, por el riesgo de ser descubierto, y no había intervenido a tiempo, no hasta que se aseguró de que los ko den den mushi y las cámaras y guardias no le iban a descubrir.
Quizá, en caso de haber actuado de otra manera, no habrían tenido que hacerle frente al problema de estar buscando a sus nakamas.
– Se supone que tú eres el cazador de piratas, Zoro kun – contestó el anciano con tranquilidad, obviando la hostilidad de Zoro. Éste no contestó, y siguió con los brazos cruzados, mirando hacia la tormenta de nieve que les rodeaba – En cualquier caso, aquí se libró una pelea, eso es evidente. No hay cadáveres, pero hay restos de sangre de animal, humana, y rastros de lucha. Casi toda la sangre viene de cortes de espada, me atrevería a decir. Pero luego alguien llegó aquí, y las huellas se dirigen hacia lo más profundo del bosque.
– ¡Pues iremos hacia allí a buscar a Mugi chan y a Altaboy! – gritó Bon Clay, que llevaba un gran abrigo naranja demasiado llamativo para la situación.
Aunque con la fuerza que estaba cogiendo la tormenta, tampoco era algo tan grave. El problema era que ellos tampoco veían, y tenían complicado moverse.
– Llevo horas sintiendo una sensación horrible, Robin. Estoy muy preocupada, no podemos parar ahora – dijo Nami, y con su clima tact, comenzó a lanzar gran cantidad de bolas de aire caliente. Luego las manipuló con unas ráfagas de viento, y el lugar en el que se encontraban subió su temperatura unos cuantos grados, al tiempo que la ventisca ya no les azotaba con tanta fuerza.
– Excelente idea, continuemos. Creo que nos estamos acercando – dijo Rayleigh con tranquilidad, y comenzó a avanzar hacia la parte más interna del bosque.
Zoro, con el ceño fruncido y una mano sujeta a la zona de sus katanas, no dijo nada. Se sentía furioso con la situación, y en especial, con Rayleigh.
Pero la realidad era que el anciano no se había atrevido a exponerse en ese momento sin tomar medidas preventivas. Había esperado poder romper las barreras que bloqueaban el ascensor, pero no había podido traspasar tantas capas y kairoseki. Y para colmo, el tiempo se les había acabado cuando comenzaron a llegar refuerzos. No porque no los pudieran derrotar, si no porque en el momento que el Gobierno supiera que él estaba en la prisión, enviarían a todo el Cipher Pol Aigis, quizá hasta al mismo Aigis, o incluso habrían arrasado la prisión con todos dentro, con tal de acabar con él.
No podía exponerse aún. O todos morirían.
Pero Zoro no pensaba en eso, solo pensaba que su capitán, su nakama... sus dos nakamas... estaban desaparecidos. Caminaba en la retaguardia, alerta a los peligros y a cualquier cosa extraña que pudiera ocurrirles.
Así continuaron hasta llegar a una zona con varias paredes rocosas y barrancos, bajo una enmarañada acumulación de pinos que ocultaba casi totalmente la luz. Rayleigh, siguió adelante rastreando algo que ahora solo parecía ver él, hasta que, en el fondo del barranco, encontraron a un hombre cubierto con una gran armadura, que sin más, les apuntó con una gran espada.
– ¡Alto! – se escuchó su voz, potente y autoritaria.
Zoro avanzó hacia el frente, y sujetó del hombro a Nami, observando con desconfianza y curiosidad al sujeto.
Su armadura tenía extrañas similitudes con las ropas reforzadas que ellos mismos portaban, y que habían dejado visibles al desatarse los abrigos cuando Nami acabó con el frío de la tormenta.
– ¿Quién eres, y por qué estás aquí? – preguntó Rayleigh, que todavía no había llevado su mano a la cintura, a su espada, y que de momento se mantenía muy tranquilo.
– Esas ropas... o las habéis robado de algún lado, o sois compañeros de los jóvenes a los que rescatamos antes. Responded, rápido – dijo de pronto el hombre, que pareció relajarse un tanto, al tiempo que parecía sorprendido.
– ¿Rescatado? ¿Habéis rescatado a dos chicos, uno de pelo negro y otro de pelo plateado? ¿Cómo se encuentran? – inquirió Robin, dando un paso al frente.
El hombre sostuvo la mirada de la mujer. Sabía que era la niña demonio, y los demás sujetos también eran conocidos.
Eran miembros de la tripulación de los Sombreros de Paja
– Ya veo, Mugiwaras. Sí, rescatamos a ambos... en cuanto a su estado... bueno, será mejor que vengan – fue su respuesta, que se hizo a un lado, como invitándoles a entrar. Una puerta escondida en la pared se abrió en ese momento.
Nami no perdió un segundo en entrar, y fue seguida por los demás, a excepción de Zoro, que se quedó observando con su cara típica de desconfianza hacia todo lo que fuera ajeno a su tripulación.
Rayleigh fue a entrar, pero el sujeto puso un brazo delante de él.
– Sé quien eres, aunque lleves la capucha puesta. No eres el único que tiene un nivel de Haki alto, yo también, y no creo que seamos los únicos de la prisión. Tu presencia aquí son problemas, pero también una oportunidad – dijo, y Rayeligh le observó.
– Ahora me pregunto con mayor interés quién eres – murmuró, y el hombre alto le quitó la mano, invitándolo a entrar.
– Pronto lo sabrás – fue su respuesta.
Zoro fue el último en entrar. La puerta se cerró tras él, y el espadachín se quedó observando unos segundos al desconocido
– Tengo la sensación de que si te lo pregunto a ti ahora, me ahorraré problemas luego – comenzó a decir. El interpelado cabeceó, invitando a Zoro a continuar – ¿Teneís sake? Desde que entré en este lugar no he tomado ni gota – pidió, provocando una breve risa al otro.
– Toma, parece que la necesitas más que yo – dijo, sacando un odre de una bolsa que le colgaba en el costado. Zoro se relamió con gusto, e inclinó la cabeza ligeramente antes de tomarlo.
– En verdad no olvidaré esta generosidad. Te doy las gracias – sonrió, y se dirigió hacia un pasillo que había a la izquierda.
– Tus camaradas fueron por el pasillo de la derecha – dijo el hombre alto, provocando un gruñido de Zoro.
...
Nami y los demás conocieron a los okamas en la sala principal, y Bon Clay no podía parar de alucinar con lo que veía.
– ¿Entonces en este lugar está la Reina Okama? – preguntó a varios de ellos, pero ninguno le quería dar una respuesta.
– Será mejor que veáis primero el espectáculo amigos – decían ellos.
Zoro se sentía incómodo en ese ambiente, y se había apartado para apoyarse en una pared lateral mientras disfrutaba de su sake. Rayleigh se acercó en ese momento a él.
– Sé que estás molesto conmigo, Zoro kun – dijo sin rodeos.
– Si Luffy no está en esta fiesta, es que algo muy malo le ha ocurrido – contestó rudamente Zoro, que no quería montar un espectáculo, pero quería salir corriendo de ese lugar a buscar su capitán.
– Y consideras que la culpa es mía, ¿verdad? – inquirió el anciano. Zoro le miró, suspiró, y se descruzó de brazos, mientras se rascaba la nuca.
– En parte me culpo también a mí mismo... pero tú podrías haber hecho más, con el poder que tienes. Esperaste demasiado, y estas son las consecuencias – soltó finalmente Zoro, encarando al anciano.
Rayleigh suspiró, y puso una mano a Zoro en el hombro.
– Y si hubiese intervenido directamente, y todo el Gobierno y la Marina supieran exactamente que YO estoy aquí... qué habría pasado después? – le preguntó. Zoro iba a quitar la mano de Rayleigh, pero tuvo que recapacitar.
El anciano tenía razón.
– Sin duda habríamos estado mucho más jodidos de lo que ya estamos para salir de aquí – reconoció.
– Intervine cuando dejasteis fuera de acción a los guardias, y cuando destruí las cámaras. Si hubiera conseguido romper las capas defensivas sin usar un poder enorme, habría tenido que matar o capturar a todos esos enemigos. Pero sigo débil de nuestra pelea, y no puedo controlar a la perfección mi poder. Si atacaba con todo, podría haber matado a todos en el ascensor, incluidos Luffy y Altazor kun, y con el poder que usé, me quedé muy corto – se explicó, y Zoro, a regañadientes, tuvo que asentir.
– Tiene lógica – murmuró, pero ya no se sentía tan molesto con el anciano.
– ¿¡Dónde está mi Luffy!? – exigió saber Nami, exasperada, dando una fuerte patada en el centro del salón, provocando que todo el mundo quedara en silencio.
– ¿Mi? – murmuró Robin
– ¡Heeeejaaaaa señorita! – gritó un okama de mayor tamaño que los demás, que cayó en el centro del escenario desde las alturas. Nami se quedó asombrada, pues tenía una cara muy pintada, muy grande, con una gran melena rizada de color azul.
– ¡Es la reina de los okamas! ¡El Hacedor de Milagros! – gritó Bon Clay, al borde del desmayo por la emoción.
– ¿Tú eres el que manda aquí? ¿O la que manda aquí? – preguntó ella, con los brazos en jarras. El okama no se atrevió a mantener su tono bromista ante la mirada furiosa de Nami.
– Todos me llaman aquí Iva sama, pero mi nombre es Ivankov, señorita – se presentó el okama.
El nombre no pasó desapercibido para Robin, que se le acercó.
– Osea, que eres Ivankov el Revolucionario. Desaparecido hace ya muchos años, capturado por la Marina se decía – dijo.
– Y tú sin duda eres Nico Robin, de los Mugiwara. La "niña demonio" – saludó a su vez Ivankov, haciendo una pirueta sobre uno de sus pies. Ambos se miraron con cautela, pero fueron interrumpidos por la navegante.
– ¿Dónde está Luffy? – volvió a preguntar Nami, agarrando del tirante al okama, y obligándole a mirarla.
Éste tragó saliva.
– Él y su nakama están aquí, los rescataron hace ya unas horas – dijo. Todo el mundo permanecía callado, ya que Ivankov previamente había dado instrucciones para que fuera él quien explicara la situación.
– ¿Cómo están ambos? – quiso saber Robin.
– El espadachín estaba muy herido, peleó contra muchos enemigos y los lobos le mordisquearon bastante – empezó a explicar Ivankov, pero en ese mismo momento se abrió una puerta lateral del escenario.
Altazor, con la cara semi vendada y el torso vendado entero, entró en la sala cojeando y apoyándose en una muleta. Por forzarse a caminar tenía varias zonas del cuerpo cubiertas de color rojo, señal de que las heridas todavía no se habían cerrado.
– Me pareció escuchar la dulce voz de la navegante... gracias por preguntar también por mi, como veis, estoy más o menos entero – dijo con algo de sorna.
– Perdón, pero yo... – intentó decir Nami, pero el peli plateado, al que se le veía un ojo, pero no la boca, le puso una mano en el hombro, y la sostuvo la mirada sin mostrar rencor.
– No te preocupes Nami, entiendo cuál es tu prioridad en este momento. Yo estoy vivo, e hice lo que pude por proteger a Luffy... pero tampoco sé donde está. Acabo de despertar gracias a escucharos a vosotros – se explicó. Zoro se acercó a él y le ofreció su hombro como apoyo, a lo que el peli plateado lo aceptó agradecido.
– ¿Luffy kun está vivo o no? – se adelantó Rayleigh, haciendo la pregunta que todos temían. Ivankov suspiró y negó con la cabeza.
– Está vivo, pero no está bien. En cualquier caso, no creo que esta joven deba verle, se le ve muy unida a ese chico – intentó razonar el okama.
– Llévame con él. Ya – fue toda la respuesta de Nami. Ivankov pareció dudar, pero finalmente asintió.
– Seguidme amigos – dijo.
Dejaron la sala de fiestas, seguidos por un grupo de okamas, y recorrieron varias escaleras y pasillos de roca gris iluminados por antorchas. Conforme avanzaban comenzaron a escuchar sonidos que les llegaban muy amortiguados, pero pronto comprendieron que eran gritos.
Nami palideció y Zoro sujetó con fuerza el mango de Wado Ichimonji, la katana que le regaló el padre de Kuina.
– Mugi boy está bajo tratamiento – explicó Ivankov sin dejar de caminar y sin mirarlos – Llegó con el veneno de Magellan demasiado extendido por todo su sistema nervioso, a diferencia de tu caso cabello plateado.
– ¿Qué quieres decir? No entiendo esos gritos, ¿qué clase de tratamiento es ese? – preguntó Altazor.
Los gritos eran cada vez más fuertes, habían llegado a una sala con forma de cueva natural con una gran puerta de madera al fondo.
– Una vez crucemos esa puerta podréis verle, en caso de que queráis, aunque no os lo aconsejo – dijo Ivankov.
– ¿Qué le has hecho? – gritó Nami con lágrimas en los ojos, lista para abalanzarse sobre el okama.
– Salvarle la vida – respondió tranquilamente Ivankov. Al ver que los demás le miraban sin comprender, siguió hablando – El cuerpo de Mugi Boy tenía demasiado veneno, y también tenía otras heridas. Se salvó de los lobos y la hipotermia en la nieve gracias al pelo plateado, pero el veneno de Magellan le iba a matar de forma inevitable. Me llaman el "Hacedor de Milagros" por algo, y yo le he dado las herramientas para que pueda sobrevivir... pero el camino para escapar de una muerte segura nunca es sencillo.
– Voy a entrar – dijo la peli naranja, y abrió la gran puerta de un fuerte tirón.
Una gran caverna, con pilares en los bordes y el resto hecha de roca natural se encontraba delante de ellos.
Al fondo, una gran puerta reforzada de cadenas, de madera y hierro, ahogaba ligeramente los gritos de Monkey D Luffy.
– ¿Eso es ayudar a alguien? – se indignó Zoro, encarándose hacia Ivankov y el resto de los okamas.
– Por supuesto. Sacar el veneno que tenía Mugi Boy no es tarea sencilla, el veneno de Magellan a partir de cierta cantidad se replica y expande por todo el sistema nervioso y sanguíneo. Él tenía veneno recorriendo todo su cuerpo... la única forma de salvarlo, es destruir y reconstruir su cuerpo, hasta que la última gota de veneno se desintegre. Soy un hombre hormona, comí la Horu Horu no mi, y puedo manipular a nivel hormonal a cualquier ser vivo. El cuerpo de Mugi Boy está siendo destruido y reconstruido todo el rato, y depende de si su voluntad es lo bastante fuerte para resistir a todo ese enorme dolor, que salga vivo de ese lugar o no – explicó con crudeza Ivankov, haciendo que todos, entendieran por fin por qué Luffy gritaba de esa forma.
Los ojos de Nami se anegaron de lágrimas, y Robin tuvo que llevarse una mano a la boca para contener una arcada, mientras con la otra le pasaba un brazo por los hombros a su amiga. Bon Clay comenzó a llorar exageradamente. Rayleigh no dijo nada, pero cerró los ojos por un segundo, y Altazor y Zoro no reaccionaron de primeras, pero se quedaron mirando a Ivankov, dudando de si matarlo en ese mismo instante, o de si agradecerle que hubiese dado una oportunidad a Luffy para sobrevivir.
– En cualquier caso, hay formas formas de explicar las cosas – murmuró Zoro, que se sentía consternado por las noticias, y siendo como él era, si se sentía así, pensaba que Nami no estaba preparada para escuchar algo así.
No había contado con que Nami era una Mugiwara, y una chica luchadora como pocas que había tenido un pasado muy difícil.
– Quiero verle, y saber que está vivo – dijo ella de pronto, sacudiéndose las lágrimas de un manotazo. Ivankov la miró con sorpresa, y, por qué no decirlo, cierto agrado.
– Ese chico lleva horas resistiendo el dolor, huir de la realidad no sería hacer honor a su lucha. No puedo dejarte entrar, nadie puede estar en contacto cercano con él, pero ahí hay una rendija por la que podrás mirarle, y si quieres, hablarle – dijo Ivankov, señalando un lateral de la puerta. Su tono de voz se había vuelto más amable de repente, como si sintiera cierto agrado por Nami, y quisiera apoyarla.
Nami asintió.
– Si de verdad le estás salvando la vida, te estaré agradecida por siempre... si le estás torturando de esa manera por tu diversión, o sin saber lo que haces, no sé de lo que seré capaz – susurró ella al pasar por su lado.
Nami se acercó hasta la rendija, y la abrió.
Al mirar al interior, al principio casi no pudo ver nada, pero centrándose en el lugar del que procedían los gritos, pudo ver una sombra, atada a una mesa.
Era Luffy, y por lo menos, estaba vivo.
Pero lo que vio le provocó náuseas, y tuvo que sujetarse a un hierro de la puerta para no caer al suelo.
– Luffy, tú en una situación así, serías el fuerte. Ahora me toca serlo a mí – dijo ella, y se puso cómoda, no pensaba separarse de su lado ocurriera lo que ocurriera.
– Nami no se va a mover de ahí, y nosotros tampoco deberíamos. Zoro, acompáñame un momento – dijo Robin. Altazor se soltó del brazo del peli verde, y se sentó en el suelo. Le dolían las heridas, y añoraba en esos momentos tener a las expertas y gentiles manos de Chopper para ayudarle, a él, y a Luffy.
Robin se alejó hasta llegar a una pared, y una vez desapareció de la vista de Nami, se abrazó con todas sus fuerzas al peli verde mientras comenzaba a sollozar contra el pecho del peli verde.
Este se quedó tan sorprendido que no supo ni qué hacer.
. Luffy... no puedo soportar escucharlo gritar así Zoro... no puedo soportarlo – musitó la peli negra mientras sollozaba de forma ahogada. No quería que la escuchara nadie, salvo la persona que había elegido para que la apoyara en ese momento de debilidad. Zoro la dio unas torpes palmadas en el hombro, pero al ver que no conseguía calmarla, le pasó un brazo por los hombros, y la abrazó en silencio.
.
Nota del autor: Tema recomendado "Haikyuu! OST - Goal" (duración 3:23)
.
No era bueno en palabras, pero sabía que en ese momento solo era su presencia lo que la morena necesitaba.
Nami se había quedado callada durante un rato, Luffy parecía haber bajado algo el nivel de sus gritos, como si sintiera su presencia, o como si la hubiera escuchado incluso. Eso la animó a continuar, pero ¿que podía decirle ella a él?
– ¡MUGI CHAN! ¡GAMBAREEEEE! – gritó Bon Clay, a espaldas de Nami. Había extendido los brazos al cielo, y comenzado a gritar con toda la fuerza de sus pulmones – ¡GAMBAREEE! – volvió a gritar.
Y así siguió, repitiendo el nombre de Luffy, animándole a pelear y no rendirse, una y otra vez.
Aquello provocó que los demás okamas fueran poco a poco uniéndose, incluso Zoro, Robin y Altazor, tan parcos generalmente con ese tipo de acciones, les siguieron.
– Luffy – susurró Nami, con una voz cargada de cariño – ¿Los escuchas? Todos te apoyan... todos te apoyamos. Vamos a estar a tu lado, antes, ahora, siempre ¿Escuchas al idiota de Zoro? ¿A Robin que es siempre tan tímida? ¿A Altazor que jamás grita en ninguna de nuestras fiestas? Los tres están gritando por ti, para apoyarte. Igual que Bon Chan. Vinimos aquí para rescatar a Ace, y mira a quién hemos tenido la oportunidad de rescatar también. Gracias a ti ahora él es libre, y a la ayuda de los demás, pero fuiste tú quien nos llevó a este lugar. Igual que salvaste a Robin, a Chopper, a Brook. Que convenciste a alguien como Altazor para que se nos uniera. Igual que me salvaste a mi. Eres un inconsciente, alocado, precipitado, siempre te metes en problemas. Y siempre acabas herido por culpa de eso, pero también eres bueno, honesto y valiente como nadie, divertido, y el más leal capitán y nakama que hay en el mar, sin ninguna duda.
Nami tuvo que hacer una pausa, para coger aire. Hasta Ivankov, que al principio había intentado frenar el griterío, se había unido a los gritos de apoyo. Altazor había sacado una de sus espadas, igual que Zoro, y no paraban de entrechocarlas una y otra vez, provocando todavía más ruido.
– No puedes rendirte ahora, nunca jamás te has rendido con nada. ¿Me escuchas Luffy? No te derrotaron dos Almirantes de la Marina, derrotaste a dos Shichibukais, a Arlong, a Ennel, y a un montón de enemigos poderosos, no te va a venir a derrotar ahora un carcelero idiota. No sé cuánto puede doler eso, pero ese veneno no es más fuerte que tú. No te voy a permitir que te rindas, ni te voy a dejar morir jamás, ¿me escuchas? – conforme Nami hablaba, su tono de voz iba subiendo, hasta que llegado el punto comenzó a gritar – ¡No te voy a dejar morir jamás, no te vamos a dejar rendirte! Tú tampoco permitirías que ninguno de nosotros muriese ¡Ace está ahí abajo, esperando a que lo rescatemos! Ni de broma ese veneno te superará, ¡no es más fuerte que tu voluntad, ni ese tratamiento por duro que sea te impedirá cumplir tu sueño!
Nami ahora estaba gritando con toda la fuerza de sus pulmones al hueco de la puerta, y había provocado que los demás bajaran el tono de sus gritos.
– ¡Tú eres el hombre que se convertirá en el Rey de los Piratas Luffy! ¡No puedes morir en este lugar! – gritó a pleno pulmón, logrando enmudecer a todos los demás.
Los gritos de Luffy, que ya habían bajado, se detuvieron en seco.
Siguió un intenso silencio. Un segundo, dos, tres.
– ¡POR SUPUESTO QUE NO ME VOY A RENDIR AQUÍ NAMIIII! – se escuchó la voz de Luffy desde dentro de la puerta, logrando provocar sonrisas de orgullo en todos sus nakamas, así como una mirada incrédula de Ivankov.
Pronto, Luffy volvió a gritar, pero ahora gritaba no tanto por el dolor, si no también para combatir contra él, como desafiándolo. Afuera, encabezados por Bon Clay, los demás siguieron gritando y lanzando ánimos.
Y mientras, apoyada en la pared, y dejando que su voz, con un tono suave y tranquilo, se deslizara hacia el interior del lugar donde Luffy batallaba con el veneno, Nami no paró de hablarle.
Le contó historias y cuentos que había escuchado en sus viajes, le habló de islas que había cartografiado, y que estaba ahora volviendo a dibujar en sus mapas. Le habló de su infancia con Nojiko y Bellemere.
Tres horas pasaron, lentas y rápidas al mismo tiempo, pero nadie se movió de allí, y nadie se atrevió a acercarse a Nami. Hacía un rato que los gritos de Luffy ya no eran gritos, sino constantes gruñidos, como si estuviera cada vez más débil, o como si el dolor ya no fuera tan intenso.
Repentinamente, los gruñidos cesaron. Nami, que seguía hablando sin fijarse en el interior de la celda, se asomó preocupada, pero no pudo ver nada con claridad, había una especie de humo en el interior.
Pero no se escuchaba nada.
– Luffy... – murmuró ella, angustiada, y quiso entrar ahí dentro.
– Mujer, ten fe en el capitán – le dijo Zoro a sus espaldas, antes de que ella intentara romper las cadenas.
– Luffy, no es de un buen capitán hacer esperar a sus nakamas durante horas – intervino Altazor, hablando con la voz ronca de gritar, pero con potencia suficiente para que él pudiera escucharle
– Luffy, es hora de desayunar, me parece a mí que si no te das prisa te quedarás sin nada – comentó Robin, que estaba temblando al no escucharle.
– Nami... mina... ¿estáis ahí, verdad? – se escuchó la voz de Luffy al otro lado de la puerta. Le costaba hablar, y con cada palabra se le notaba que hacía esfuerzos por no gemir por el dolor y cansancio acumulado que sin duda debía sentir.
– Estamos todos aquí, listos para seguir la aventura y salvar a Ace, Luffy – contestó Nami, mientras se le caían lágrimas de forma incontenible, producto de una mezcla de alegría, tensión, y pena.
– No quería... que tuvierais que pasar por esto. Lo siento – dijo Luffy, y Nami le pegó un cabezazo a la puerta, haciéndola temblar.
– ¡Idiota, deja de decir tonterías! ¡Somos tus nakamas, tu familia, en momentos así más que nunca es cuando debemos estar a tu lado! – gritó, con dientes de tiburón.
– Gracias Nami... chicos – murmuró Luffy, y se acercó hacia la puerta. Nami pudo ver su sombra, pero, producto del cabezazo que antes había dado, se mareó un poco y cayó al suelo, siendo ayudada a ponerse en pie por Robin.
Las puertas retumbaron, producto de un golpe de Luffy.
– Chicos... por el amor de Oda... voy a morirme de hambre !MEEEEESHIIIIIIIII! ¡NIKUUUUU! ¡BENTOOOOO! – rugió Luffy.
Todos los Mugiwara rompieron a reír.
Su capitán estaba de vuelta.
.
.
.
Hasta aquí este capítulo, bastante más largo que los últimos que hice, muy centrado en el proceso de recuperación de Luffy y en el encuentro de los Mugiwara con los prisioneros del nivel 5.5
Ahora, llegaremos al tramo final de la historia, y a la gran fuga de Impel Down.
Puede que haya sorpresas, pero la esencia de la historia será similar a la original
Espero vuestras reviews amigos, si me veo motivado intentaré actualizar antes de que acabe el mes otra vez, y prometo que antes de que acabe el año estaremos en Marine Ford!
