¡Hola lectores!

Traigo una nueva actualización por fiiin, el cap anterior tuvo dos reviews, muchas gracias a candy01234 y ELF-CLOUD.

Tambien comentarles que el avance de mi tesis salió muy bien y he sido aprobada, me queda sólo una presentación más en unos días y estaré lista con mi título universitario. Asi que gracias por las buenas vibras y los mensajes de ánimo, estoy segura de que han sido parte importante de mi éxito.

El otro cap lo tengo listo, así que esta vez no los haré esperar tanto, lo prometo.


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Capítulo 47. Todo llega antes de lo esperado.

(Perspectiva de Kagome)

Junio, 2018

Me moví coqueta sobre su cuerpo, ambos habíamos despertado hace algunos minutos y seguíamos en la cama sin ganas de levantarnos, lo que nos daba un momento perfecto para discutir de planes a futuro.

– París. – musité como respuesta a su pregunta sobre el lugar al que me gustaría ir de luna de miel.

– ¿Qué tal Grecia? Hace mucho quiero ir.

– Grecia también es lindo. Quizás sólo deberías sorprenderme con el lugar, como lo has hecho durante toda nuestra relación.

Lo sentí acariciar la piel de mis muslos, dibujando trayectos circulares invisibles. Una sonrisa torcida y sensual surcó su rostro.

– Podría intentarlo. – musitó mientras besaba mi cuello y agarraba mi cabello con una de sus manos, jalándolo hacia atrás para dejar espacio suficiente para su tarea.

– Inu… tengo que ir a trabajar, y tu tambien, ¿recuerdas? – exclamé y cerré mis ojos, dejándome llevar por el placer que sus caricias evocaban.

– ¿Tus pacientes son urgencias?

– No…

– Entonces pueden esperar unos minutos más por ti… – sentí su lengua lamer el trayecto de mi yugular y gemí bajito en respuesta – ¿por favor?

Sus colmillos rozaron mi piel sin morder, esperando por mi respuesta para proseguir. Abrí mis ojos y estos ardieron en demasía, era increíble como mi cuerpo parecía necesitar de Inuyasha de forma constante.

– 10 minutos…

– 10 minutos serán. – Musitó justo antes de perforar mi piel y succionar con fuerza.

Aumenté la fricción de su miembro con mi entrada y el cosquilleo placentero que tanto amaba apareció de inmediato. Inuyasha se giró para dejarme bajo su cuerpo y quitó mis pantaletas con rapidez. Sentí sus dedos acariciar mis pliegues justo antes de sentirlos dentro de mi. Los movió de forma rítmica, siempre con el cuidado y delicadeza suficiente como para no herirme con sus garras… aún no entendía como lo lograba. Cada vez que volvía a entrar y salir arrancaba gemidos de mi garganta.

Cuando mi humedad aumentó y él pareció notarlo, me besó para luego girarme y dejarme de boca abajo sobre las mantas de la cama. Apoyé mis rodillas para darme altura en la parte posterior y al mismo tiempo bajé la parte superior de mi cuerpo hasta que mis pechos rozaron con el colchón. Ahora que lo pensaba, nunca lo habíamos hecho en esta posición.

Inuyasha se posicionó por detrás y recorrió con sus garras desde mi espalda alta hasta mis caderas, tomándolas con firmeza justo antes de penetrarme de una sola vez. En reacción mis manos se aferraron a las sábanas cuando sentí su miembro llegar incluso mas profundo de lo que estaba acostumbrada.

Avísame si te sientes incómoda. – Su voz ronca resonó dentro de mi cabeza. Se movió hacia atrás saliendo un resto de mi cuerpo. En instinto moví mis caderas en su dirección, intentando mantenerlo dentro todo el tiempo que fuera posible. Sentí una leve risa corta y sensual justo antes de que su mano sujetara mis cabellos una vez más para jalarlos hacía atrás.

La habitación se llenó de mis jadeos cuando sus embestidas continuaron lentas y profundas mientras él bajaba su torso para pegarlo a mi espalda y llenaba su palma derecha con uno de mis senos, apretándolo con rudeza a la vez que su otra mano seguía jalando de mi pelo, Bien… esta posición acaba de convertirse en una de mis favoritas, pensé.

Levantó levemente el ángulo, obligándome a permanecer pegada a él y separando mi torso de la cama sin alejarse de mi; me agarró con suavidad del cuello, dejando un camino rojizo con sus garras desde mi clavícula a mi pecho, donde pellizcó mi endurecido pezón mientras lamía con sensualidad la zona de mi marca youkai y yo me apoyaba en él. Con la cercanía sentí los latidos de su corazón vibrar contra mi espalda.

Tomó mi quijada para girar mi rostro levemente hacia él y besarme con hambre. Su lengua acarició la mía y pude sentir el sabor metálico de mi sangre. Mis ojos volvieron a arder y se me hizo una necesidad imperiosa el tocarle. Me moví hacia adelante para separarme de su cuerpo y me giré para verlo de frente. Apoyé mis manos sobre su pecho y lo empujé con dominancia hacia atrás para dejarlo bajo mi cuerpo y subirme a horcajadas.

– Me ha encantado la posición anterior… pero necesitaba tocarte. – sonreí coqueta y masajeé su miembro, disfrutando de los jadeos que mi acción arrancó de sus labios.

Mientras me sujetaba por las caderas me restregué contra él a la vez que mordía cerca de su clavícula. El sabor de su sangre sólo aumentó mi deseo. Posicioné su miembro en mi entrada y él se encargó de mover su pelvis para entrar. No sabía cuantos minutos llevábamos ya en aquello, pero no me importó.

Me movió contra él sujetándome con fuerza y sentí sus garras rasgar mi piel, mientras yo seguía mordiendo cada rincón existente de su torso.

Me separé para mirarlo fijo, las embestidas aumentaron su velocidad y sus ojos cambiaron de dorado a rojo; su mirada permaneció fija en la mía. Una de sus manos se acercó a mis labios y limpió una de mis comisuras, que de seguro estaba goteando aquel liquido rojo que yo amaba. Llevó el dedo con el que limpió a su boca y lo lamió con sensualidad, de forma instantánea me encendí aun más y la sangre pareció quemarme en las venas.

Llevó su mano a mi mejilla para acunarla en el acto. Nuestros ojos demoníacos parecieron hablar por si mismos cuando ambos llegamos al clímax al mismo tiempo y sus gruñidos opacaron por completo mis gemidos. Me derrumbé sobre su pecho y él me abrazó con fuerza. Las sensaciones orgásmicas y mis espasmos continuaron por unos segundos más, mientras sonidos bajitos de placer emanaban de mi garganta.

– Estoy segura de que han sido mas de 10 minutos… – musité con la voz entrecortada. Poco a poco mis ojos dejaron de arder y pude suponer que el color chocolate había vuelto a aparecer.

– Yo igual… lo siento.

– No importa, ha sido un buen desayuno. – enredó uno de mis bucles entre sus dedos mientras recorría mi cintura con sus garras de arriba abajo.

– Te amo gatita, me encantaría mantenerte aquí durante todo el día… – musitó y sentí la vibración de su voz contra mi mejilla. – Pero ambos debemos trabajar… ¿continuamos mas tarde?

Me separé de su pecho para sonreirle y lo besé con cariño.

– Por supuesto.

Me levanté para ducharme y vestirme, él hizo lo mismo cuando yo acabé y ambos abandonamos el lugar, cada uno en su auto.


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Había estado trabajando bastante aprovechando que Inuyasha al parecer había bajado un poco su aprensión conmigo. Si bien tenía varias consultas en casa, en general mis clientes preferían mas las visitas a sus domicilios, para ellos era más cómodo.

Mi teléfono sonó mientras iba manejando hacia mi primer paciente del día y lo puse en altavoz.

– ¿sí?

– Hola pequeña, soy tu mejor amigo, Kouga… ¿no sé si me recuerdas? – su voz sarcástica me hizo reír.

– Hola amiguito, ¿Cómo has estado?

– Esperando por una llamada tuya, pero como nunca llegó decidí hacerlo yo… por cierto, voy viajando a Tokio.

– ¡¿de verdad?! Eso es genial, puedes quedarte en mi casa.

– Iba a arrendar una habitación de hotel.

– Ni se te ocurra, tenemos muchas cosas de que hablar y así te preparo ramen y café, ¿Qué te parece?

– Si lo pones de ese modo… me parece perfecto ¿Dónde estás ahora?

– En camino a ver a un paciente… avísame cuando ya estés aquí y nos encontramos, ¿te molesta acompañarme por el resto del día a ver unas consultas rápidas?

– No realmente, quien sabe, quizás me encanto otra vez con la veterinaria. – me reí.

– Esperaré tu llamado, nos vemos.

Me mantuve manejando y de pronto me sentí sola, trabajar en lo que me gustaba me hacía feliz, pero estar lejos de Inu era volver a mi vida monótona de antes de conocerlo.

Hola, ¿En qué estás? – esperé por su respuesta.

Ahora mismo en una reunión horriblemente aburrida. ¿y tú?

Manejando. Kouga viene en camino a Tokio, prepararé ramen.

¡genial!, avísame cuando estés de vuelta en casa, llevaré cervezas para ofrecer a tu mejor amigo.

Perfecto. Te extraño… estoy ansiosa por continuar lo de hoy en la mañana. – Esta vez su respuesta tardó un poco más.

Hmm… no juegues con fuego mientras estoy tan lejos gatita, es complejo ocultar una erección si no estás aquí para ayudarme.

Me reí en voz alta.

Ups… lo siento. Voy llegando a mi primera consulta, hablamos en un rato. Te amo.

Éxito, te amo más.

Estacioné frente a la torre y bajé del auto con mi pequeño bolso. El conserje me recibió con una sonrisa luego de llamar por citófono y avisar de mi llegada.

Subí al segundo piso y toqué el timbre del departamento correspondiente. Un sujeto joven me sonrió del otro lado con un gato albino en brazos.

– Vaya… si hubiera sabido que la veterinaria de Pandora iba a ser tan guapa habría llamado antes. – sonreí ante su comentario, intentando no lucir incómoda, ¿Cómo es que los hombres intentaban sus jugarretas incluso viendo mi embarazo?

Me hizo pasar y me senté en el sofá mientras él me traía un vaso de agua. Comencé a hacer las preguntas pertinentes.

– ¿Cómo ha estado Pandora?

– Ha estado vomitando los últimos dos días, no ha querido comer y sólo se ha mantenido tomando agua.

– Ya veo… – musité mientras la examinaba. La gata se veía adorable, sin embargo en todo su miedo frente a una persona extraña se mantuvo en alerta. Intentó morderme un par de veces que sólo esquivé por mi rapidez de youkai.

Escribí las recetas con medicamentos y se las entregué al dueño.

– Bien… disculpa ¿Cuál es tu nombre?

– Keiji, pero tu puedes decirme Kei – me sonrió y decidí ignorarlo.

– Keiji… te dejaré medicamentos para las nauseas, te recomiendo también que le des dieta blanda durante al menos 4 días y tendremos control en una semana mas para ver como sigue.

– Super. Gracias Kagome. – se acercó a mi con una mirada que supuse era un intento de coqueteo, suspiré antes de poner una mano en su pecho para detenerlo. El tipo era joven, podía suponer que para ser así de atrevido tenía que ser algo habitual para él, odiaba a los hombres así.

– Esto no va a pasar sabes.

– ¿El que? – me sonrió fingiendo demencia.

– Nada. – sonreí y lo tomé de la quijada con fuerza para mirarlo fijo. – Deberías cambiar esta faceta de casanova, no te queda bien. Ahora déjame tranquila, ve a comprar los medicamentos de tu gato y atiéndelo bien.

Sus pupilas reaccionaron a mi orden y él pestañeó por unos segundos, luego me sonrió.

– Muchas gracias por todo.

– Ajá.

Casi huí del lugar. Kouga me llamó unos minutos después.

– Dime que ya estás aquí. – supliqué.

– Estoy aquí.

– Perfecto, me ha tocado un dueño muy cargante, si en el resto de mis consultas voy contigo es difícil que vuelva a sucederme. – su risa me relajó

– Bien… te mando mi ubicación, no me moveré de aquí y te esperaré como un amigo obediente.

– Oka, revisaré de inmediato.

Manejé con cuidado hacia el lugar que me indicaba el gps, cuando lo vi sonriendo en una de las esquinas mi día mejoró. Abrí los seguros del auto y él se acercó para abrir la puerta.

– Hola tú.

– Hola, ¿Qué tal Osaka? – pregunté con curiosidad

– Aburrido como siempre, ¿Qué tal Tokio?

– Igual de ruidoso. – se rió.

– Bien, a donde vamos. – encendí el motor y le pasé mi celular para que revisara la dirección de la proxima consulta veterinaria. – Aquí dice que estamos a 10 minutos de distancia.

– Genial.

– Se me hace raro verte manejando.

– ¿cierto? Para mi también lo es, pero es tanta la comodidad que ya no puedo abandonar el auto.

– Es mejor para ti, sobre todo en tu condición, ahora te ves bastante mas embarazada que la última vez. – me reí fuerte ante su comentario.

– ¿"mas embarazada"?

– Ajá, ¿Cómo ha estado todo con el bebé?

– Bien, de hecho es niña, la llamaremos Moroha.

– ¿Cuándo se supone que nace?

– En un par de semanas, está todo programado – Acaricié mi pancita con una de mis manos.

– Vaya… si que ha pasado rápido el tiempo, aun te recuerdo llorando al ver el test.

– Si… la verdad sigo asustada, pero he intentado convencerme de que seré una buena mamá.

– Serás la mejor.

Me estacioné frente a la casa de aspecto rústico y hogareño. Toqué la puerta y me abrió una chica de pelo rubio y ojos color miel.

– Hola, vengo a ver a "Chispitas"… soy la médico veterinaria.

– Ah si, hola. – nos sonrió a ambos y luego se hizo a un lado para dejarnos pasar. Caminamos hacia la sala de estar mientras ella iba en busca de agua para ofrecernos. – Chispitas estuvo comiendo cosas de la basura… pensé que había sido algo sin importancia, pero ahora no ha querido comer su pellet y está decaído.

– ¿y donde está ahora?

– En su cama, no se ha levantado en todo el día.

Caminé hacia la dirección que la chica me indicó y de pronto me sentí cansada… quizás estaba haciendo demasiada actividad física. Chispitas me miró sin levantar la cabeza y yo lo acaricié levemente.

– Hola pequeño, ¿Qué has comido que te ha hecho mal? – le hablé mientras palpaba su abdomen, el cual estaba distendido y con dolor. – Podría ser una gastroenteritis. – musité mientras seguía examinándolo.

Una patada desde mis entrañas me distrajo por unos segundos, esta vez no había sido suave como recordaba los primeros movimientos de mi bebé, esta vez había dolido. Me dejó sin aire por unos segundos. Kouga lo notó y se acercó a mi.

– ¿Estás bien? – sentí su mano en mi hombro e intenté concentrarme en ello y no en el dolor punzante de mi abdomen.

– Si, estoy bien. – no quise preocupar a nadie, pero terminar de revisar al pequeño perro fue un suplicio. Mi abdomen estaba cada vez mas duro y sentí un calambre constante en la zona, quizás no era bueno fingir que nada pasaba, no si Moroha estaba de algún modo en peligro.

Me puse de pie con esfuerzo y sentí un líquido tibio escurrir por mis piernas, mojando mi traje clínico por completo. Mierda. No tenía idea de los síntomas de parto, pero estaba segura de haber visto en las películas algo como lo que acababa de pasarme.

Kouga me miró en shock y la chica, que fue un poco más rápida en reacción, corrió a mi lado para ayudarme a sentarme. De ahí en adelante el dolor se hizo permanente e insoportable.

– Hay que llevarla al hospital. – exclamó la chica a Kouga.

– Ayúdame a subirla en su auto, manejaré yo.

– No… no – exclamé dominada por el pánico – Haru dijo… que nacería en 2 semanas más, estoy bien de v… – otra punzada insoportable me cortó en plena frase.

Intenté concentrarme lo suficiente para hablarle a Inuyasha por medio de mis pensamientos, no lo logré.

– Llama… a Inuyasha… ahora. – mi voz entrecortada por los jadeos de dolor fue suficiente motivación para Kouga, quien me obedeció de inmediato.


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(Perspectiva de Inuyasha)

La proyección de imágenes iluminó gran parte de la sala de reuniones.

– Y esa es nuestra oferta señor Taisho, mi empresa está bastante interesada en unirse a la suya. – Eso me había tomado por sorpresa, yo había pensado que esta reunión era solo para vender diseños nuevos de joyería.

– Así veo… – no podía negar que los diseños de la competencia eran bastante bonitos y finos. – Lamentablemente para usted… yo no soy de la clase de personas de las que les guste trabajar en equipo, o al menos no con gente que no es de mi confianza.

– Pero podríamos entablar un lazo de confianza entre nosotros, ¿para qué seguir compitiendo?

Miroku continuó reforzando mi punto, yo no tenía ninguna intención de formar una sociedad, mi padre había llegado a la cima completamente solo y yo no tenía el derecho de venderle acciones de la mitad de su empresa a un humano.

Mi teléfono sonó. Miré el número y no lo reconocí, decidí ignorarlo. El resto de la gente me miró con reprobación por el sonido. Corté la llamada y guardé el teléfono en mi bolsillo, ahora en silencio.

– Entonces… – estuve a punto de decir algo más cuando la vibración en mi bolsillo me distrajo. – lo siento.

Saqué el teléfono celular y una vez mas miré la pantalla; era el mismo número desconocido. Miré al resto de la gente suplicando perdón, pero cuando alguien se daba el tiempo de llamar incluso después de haberle cortado significaba que era algo importante.

– ¿sí?

– Hola. – una voz ronca sobresaltada que no reconocí me respondió. Había un poco de tensión en su voz. – Soy Kouga, estoy con Kag ahora, está con muchos dolores en su abdomen. Iba a llevarla al hospital, pero sigue mencionando sin parar que ella debe ir con "Haru", la doctora en casa de tus padres, o algo así, no se si está delirando ¿puedes darme la dirección?

– ¿Dónde estás?

– Dame un segundo te mando ubicación. – me quedé ahí esperando estresado. Un grito de Kag en el fondo hizo mis latidos aumentar. Cuando por fin el gps me marcó la dirección noté que estaba a unos 20 minutos de la oficina.

– Voy para allá, no se te ocurra moverla de allí hasta que yo llegue. – corté la llamada y todos me miraron esperando explicaciones. – Bueno señores, lamento interrumpir tan abruptamente nuestra reunión, pero mi prometida me necesita.

Me puse de pie y todos hicieron lo mismo.

– ¡Pero si estamos en medio de el cierre de un trato importante!

– Y yo ya le he dicho que no hay trato. – exclamé mientras me acercaba a la puerta. – Y ahora mismo la prioridad son mi prometida y mi hija, permiso. Miroku les mostrará la salida.

No esperé por una respuesta, sólo salí lo mas rápido que pude y para cuando llegué al auto marqué el número de Haru.

– ¿hola?

– Haru, soy Inuyasha, necesito saber si estás desocupada ahora.

– Hmm, acabo de salir de una cirugía. ¿Por qué? ¿Kagome está bien?

– Voy a buscarla ahora, al parecer está con mucho dolor en su vientre, la escuché gritar en el teléfono.

– Mierda… ¿no te dijo si había roto fuente o algo así?

– No hablé con ella, pero voy en camino. Mi pregunta es si puedes atenderla en casa de mis padres.

– Puedo llegar allá ahora, pero tardaré al menos unos 30 minutos. El parto de Kag estaba programado para 2 semanas más.

– Nos vemos, gracias. – la ignoré y llamé a Kouga otra vez.

– Dime que ya vienes. – su voz sonaba cada vez mas estresada.

– Estoy a 5 minutos. ¿Cómo sigue Kag?

– Igual, la chica dueña de su paciente la está ayudando mas que yo con ejercicios de respiración y todo eso.

– Ah… estaba haciendo un domicilio.

– Sip.

Me mantuve en llamada el resto del camino, para cuando llegué y toqué la puerta Kouga me abrió con un rostro que me asustó; su expresión de miedo y lo pálido que estaba me preocuparon de inmediato.

Se hizo a un lado y yo me guié con el aroma de Kag por el resto de la casa.

La encontré tendida sobre un sofá, apretando con fuerza las manos sobre su pancita. Su frente estaba poblada por pequeñas gotitas de sudor y sus mejillas no estaban sonrojadas como de costumbre. Me acerqué a paso rápido y sólo en ese momento noté que el pantalón de su traje estaba completamente mojado.

No pareció notar mi presencia hasta que acaricié su mejilla, en ese instante me miró y en ese instante supe que en realidad tenía mucho dolor. Si algo había aprendido de Kag en estos años es que era bastante tolerante, ella no se quejaba a menos que de verdad le doliera. No tuvo que quejarse, su mirada vidriosa y la palidez de su rostro fueron suficientes.

– Hola gatita, he llamado a Haru, va camino a casa de mis padres, donde te llevaré ahora. – hizo el intento de sonreírme sin embargo no me habló. – ¿puedes caminar?

– No, no la hagas caminar, ha roto fuente, cárgala hasta tu auto y mantenla recostada en el asiento trasero, ella necesita seguir con los ejercicios de respiración.

La chica rubia frente a mi lucía genuinamente preocupada, pero parecía saber de lo que estaba hablando. Asentí e hice el ademán de levantar a Kag en mis brazos. Pasé a llevar su vientre y me sorprendió lo tenso y endurecido que estaba.

Kag se agarró de mi cuello hasta que la recosté en el asiento trasero. Lancé las llaves a Kouga.

– Toma, conduce tú, yo me quedaré con ella atrás. Te indicaré el camino.

– Okey. – me subí y apoyé la cabeza de Kag en mis piernas. Acaricié sus cabellos en un intento de relajarla.

Cuando Kouga encendió el motor y emprendió camino pude volver a respirar otra vez.

Tomé una de las manos de Kag, la que unos segundos después me apretó con fuerza, enterrando sus garras en mi piel. El jadeo que salió de sus labios volvió a tensarme.

– Aguanta un poco mas gatita, llegaremos en unos minutos. – ella me asintió sin hablar.

Jamás en la vida había estado tan ansioso por llegar a un lugar. Apenas divisé la mansión de mis padres me preparé para bajarle del auto. Entré con ella en brazos, recordando la sala clinica. Haru aún no habia llegado. Mi madre me siguió de cerca.

– Haru llamó, dijo que estaba por llegar. – se sentó a un lado de Kag y secó su frente con una pequeña toalla blanca. – Bien Kag, necesito que respires profundo, los dolores que sientes son contracciones, mediré que tan frecuentes son para darle esa información a tu doctora, que me ha pedido que ponga atención en ello.

Kagome obedeció intentando mantener una respiración larga y no entrecortada. Agradecí que mi madre supiera llevar la situación, porque yo no tenía idea de como hacerlo, sólo me senté al otro lado de la cama. Unos 2 minutos después ella gritó mientras agarraba su vientre con fuerza. Me sentí impotente cuando no pude quitarle su dolor. Sus latidos resonaron con fuerza en mis oídos y me concentré en escuchar los latidos rápidos que lo acompañaban.

Kouga apareció unos segundos después.

– Vaya… esto parece una clínica.

– Madre él es Kouga, mejor amigo de Kagome.

– Mucho gusto Kouga. – mi madre le sonrió y Kouga respondió con el mismo gesto.

– El gusto es mío.

Haru llegó corriendo instantes más tarde, incluso siendo youkai se veía agitada.

– Hola a todos, les voy a pedir que salgan de aquí ahora para evaluar a Kag, todos menos tu. – me indicó con el dedo y yo asentí.

Kouga y mi madre salieron y yo miré atento mientras ella acercaba el ecógrafo a la camilla.

– Bien Kag, del 1 al 10, que tanto dolor tien…

– 10. – la voz de Kag sonó débil cuando la interrumpió.

– Voy a ponerte una epidural, estoy segura de que en tu profesión también deben usarla, básicamente te anestesiará desde la espalda baja hasta la punta de tus pies, las contracciones seguirán, pero no las sentirás. – Kagome asintió de inmediato.

Puso a Kag de lado y preparó una jeringa con una aguja que me asustó. ¿eso iba a entrar en ella?

– Esto va a dolor un poquito. – mencionó Haru, con ese tamaño, estaba seguro de que dolería. – Respira profundo.

Kagome tomó una bocanada de aire y pude notar en su rostro cuando la aguja entró en su espalda, no se quejó, pero su mirada asustada me hizo tener lástima. Para el hombre era bastante sencillo ser padre, no cargábamos con el bebé durante 9 meses, no teníamos que aguantar dolor alguno, ni náuseas, sólo nos encargábamos del trabajo inicial y todo ello en medio del placer de un orgasmo, en definitiva la vida era injusta.

Poco a poco el rostro de la mujer que amaba se relajó, probablemente cuando el anestésico comenzó a hacer efecto. Sólo en ese momento Haru palpó su vientre mientras lo revisaba con el ecógrafo.

– Hmm, la bebé había girado para el mes pasado, pero ahora vuelvo a verla con la cabeza hacia arriba, no en el canal de parto. Y efectivamente tu bolsa amniótica se ha roto. Vamos a tener que hacer cesárea.

– Pero debía nacer dentro de dos semanas…

– Ajá, pero al parecer tendremos un parto prematuro. No puedo hacerlo por parto natural, porque sería uno muy complicado y riesgoso para ti, incluso siendo youkai. Con la cesárea nos ahorramos todos esos riesgos. La anestesia es local así que no te dormirá, podrás ver a tu bebé.

Se separó de Kag y comenzó con su protocolo de desinfección mientras el resto de su equipo preparaba la sala como un pabellón quirúrgico.

– Tu te quedarás aquí, así que cambia tu ropa por este traje en aquella sala y desinféctate también. – me miró con seriedad.

Asentí y caminé con rapidez para cambiarme, me puse una mascarilla y una de las enfermeras se encargó de atar mi cabello en una coleta y esconderlo dentro de un gorro quirúrgico.

– Bien chicos, antes de empezar con el procedimiento voy a ponerles al tanto de algunas cosas. Su bebé está algo prematura, lo que si o si nos obliga a mantenerla en incubadora por algunos días, con condiciones controladas hasta que pueda mantener su temperatura corporal por si misma.

El rostro triste de Kagome y el cómo volvió a tensarse me demostraron que no le había agradado aquello.

– Gatita… es necesario, para que Moroha pueda irse sana y salva con nosotros a casa.

– Exacto. – me apoyó Haru. – También debes saber Kagome, que no podrás tocarla mucho, sólo para alimentarla. La ventaja es que, si bien es prematura, son sólo dos semanas, así que será una bebé delicada, pero no tanto. ¿Alguna pregunta?

– ¿Ella estará bien?

– Hay riesgos, pero son mínimos, me encargaré de entregártela sana y salva. ¿Algo más?

– No… confiamos en ti.

– Genial. – sus ojos parecían sonreír, a pesar de que la mascarilla no me dejaba ver el rostro completo. – Sin nada mas que decir, estamos listos para empezar.

El equipo de Haru tomó sus posiciones correspondientes y yo me quedé a un lado de Kag, tomando su mano entre las mías; en su rostro podía notar que ya no había dolor, pero estaba seguro de que el estrés y los nervios la estaban comiendo por dentro, tanto o más que a mi.

No quise mirar cuando Haru atravesó la piel con un bisturí, porque si bien Kagome no podía sentirlo, me preocuparía de mas. Haru tardó unos minutos en abrir capa por capa hasta llegar a su objetivo. Me mantuve apretando levemente la pequeña mano de Kag, en un intento de relajarla, no funcionó demasiado… sus latidos seguían igual de rápidos.

De pronto, cuando volvi a mirar a Haru y vi la pequeña cosita entre sus brazos algo hizo click en mi. La acercó envuelta a Kag y la puso sobre su pecho. Kagome acarició su mejilla y la bebé se mantuvo quieta y tranquila.

Me mantuve en silencio y sentí mi cuerpo entumecido. Kag buscó mi mirada y sólo en ese instante tuve la valentía para acercarme.

Ante mis ojos nuestra bebé era perfecta, Moroha era pequeñísima y mantuvo sus ojos cerrados todo el tiempo. Acerqué mi mano para acariciarla y sentí un nudo en la garganta cuando se esforzó en tomar uno de mis dedos con su mano diminuta. Ahora comprendía a lo que se refería mi padre con la formación de lazo entre padre- hijo. De seguro Kag había formado ese lazo desde el inicio, pues había cargado con ella durante 9 meses. Sin embargo, para un padre, el lazo irrompible se formaba justo en el momento del nacimiento. Supe en ese mismo instante que la amaba y la protegería ante todo, aunque me costara la vida.

Acaricié a Kagome en su frente e intenté tragar el nudo de mi garganta.

– Gracias por darme una hija, te amo.

En toda su debilidad ella me sonrió.

Te amo más.

Se aferró con instinto protector a Moroha y la vi tensarse cuando una enfermera se acercó para llevársela. Extendió las manos hacia Kag y esta cambió sus ojos levemente a rojizo. Me sorprendí con lo fuerte que era el instinto de protección.

– Cariño… nuestra bebé necesita que la dejes ir por unos minutos, ¿puedes hacerlo por mi? – musité mientras acariciaba su mejilla. Me miró fijo y pude notar cono poco a poco sus ojos volvían al tono chocolate. Un par de lágrimas amenazaron con desbordarse, pero asintió para luego darle permiso con la mirada a la enfermera de tomar el pequeño bultito de entre sus brazos.

El resto de la cirugía fue bastante expedita, sin embargo, luego de ello Kagome sólo durmió. Decidí que era buen momento para dar las noticias a la gente que esperaba afuera.

Apenas salí de la sala fui literalmente tacleado por cinco personas: mi madre y padre, Sango y Miroku, que en algún momento habían llegado y Kouga.

– DINOS COMO ES LA BEBÉ – gritó Sango.

– Es muy pequeñita, de pelo azabache, muy similar a Kag. – mi madre sonrió enternecida.

– ¿podremos verla? – preguntó Inu no.

– Haru dijo que tendría que pasar unos días en incubadora, pero probablemente cada uno de ustedes tenga la oportunidad de verla, no de tocarla.

– Bueno… solo serán unos días, estoy segura de que es tan fuerte como su mamá… felicitaciones mi vida. – mi madre me abrazó y me sonrió. – Estoy segura de que serás un excelente padre.

Kouga me dio un abrazo cordial y Miroku casi se lanzó sobre mi.

– ¿y? ¿Qué se siente ser papi?

– Estoy extasiado, sólo quiero que el tiempo pase rápido para llevarlas a ambas a casa.

– ¿Kagome está despierta? – Sango lucía emocionada.

– No… se ha dormido luego de todo el dolor que tuvo que soportar por varios minutos… pero conociéndola estoy seguro de que en un par de horas ya estará haciendo berrinche para irse de alta. – todos rieron ante mi comentario.

– ¿Estarás con ella ahora? Deberías comer algo… – el instinto abnegado de mi madre siempre aparecía de algún u otro modo.

– Tengo que ir a buscar ropa para ella y ropa para Moroha, después de ello comeré, lo prometo.

– Pero podemos ir nosotros… – musitó Miroku. – Después de todo ya nos encargaste ir en busca del auto de Kag a la casa de su paciente, podemos pasarnos a tu casa si me dejas las llaves y traer todo lo que necesites, incluyendo a Aki.

Sonreí… podía apostar a que Miroku era el que más comprendía lo sobreprotector que podía llegar a ser con Kag y lo difícil que se me hacía alejarme de ella incluso por unos minutos.

– Eso seria muy considerado de tu parte, gracias.

– Para eso estamos.

– Bien… si quieres entra con Kag, nosotros comeremos algo… ¿Kouga nos acompañas? – Izayoi sonrió cordial.

– Por cortesía diría que no, pero la verdad estoy hambriento.

– No te preocupes, siendo el mejor amigo de Kag ya siento que me agradas, además puedes contarme mas de mi nuera. – se agarró del brazo de mi padre y los tres caminaron en dirección al comedor.

Me quedé por varias horas esperando a que Kag despertara, sin embargo, se mantuvo en un sueño profundo. Cuando al fin sus ojos se abrieron y me enfocaron me sonrió.

– ¿He dormido mucho?

– Un poco…

– ¿Dónde esta Moroha?

– Justo aquí. – señalé la incubadora y la reacción instantánea de Kag fue levantarse de la cama, la mantuve acostada con un brazo.

– Hey, acaban literalmente de abrirte el abdomen, tómalo con mas calma, eres youkai, sanarás rápido, pero no te sobreexijas. – me miró fijo y suspiró.

– Tengo que alimentarla.

– Ahora está durmiendo plácidamente, estoy seguro de que ella te pedirá comida cuando la necesite.

La abracé en un intento de distraerla y acaricié sus cabellos mientras ella se recostaba sobre mi.

– Cuéntame cómo empezó todo.

– Fui a la casa de un paciente con Kouga, de pronto me sentí cansada y luego Moroha me pegó una patada brutal desde adentro. – me reí.

– ¿Dolió mucho?

– Si… pero intenté no darle importancia y seguí revisando al perrito, luego cuando me puse de pie sentí liquido escurrir por mis piernas y luego de eso todo fue dolor constante. – besé su frente.

– Lamento no haber estado ahí.

– No tardaste nada en llegar. Pensé en decírtelo en mis pensamientos, pero con todo el dolor no pude concentrarme lo suficiente, lo siento.

– No, lo importante es que tenías a Kouga a tu lado.

Haru apareció sonriendo con las manos juntas. Se veía bastante feliz por alguna razón.

– ¿Y bien? ¿Qué tal te sientes?

– Mejor, el dolor era insoportable, gracias por quitarlo.

– No hay de que… hemos hecho algunos análisis a Moroha y la verdad está bastante bien, creo que podrías alimentarla por ti misma, el único problema es que no es capaz de mantener una buena temperatura por si sola, pero pegada a ti podría mantener su calor sin ningún problema.

– Genial…

Nos distrajo de la conversación un llanto bajito y sutil proveniente de la incubadora. Kagome y yo nos miramos de inmediato.

– Abriré la incubadora para ti y te dejaré sola para que puedas alimentarla. – Kag sonrió a Haru ante la oportunidad de volver a tener a su bebé en brazos. No podía negar que a mi también me alegraba.

Se sentó a un lado y vi como se esforzaba en tomarla con suma delicadeza y como Moroha de forma innata detenía su llanto al pegarse a su pecho. De algún modo me sentí lleno de orgullo al verla así.

– Al final tiene el cabello azabache como tú. – musité a su lado.

– Ajá, quizás tenga tus ojos.

– Quizás…

Cuando terminó de alimentarla me miró con una sonrisa.

– ¿Quieres cargarla?

– Ah… no estoy seguro de si sirvo para esto. – Kagome se rió y sin ponerme atención se puso de pie y me acercó a la bebé. Me sorprendió lo frágil y liviana que se sentía en mis brazos.

– Lo haces bien… según yo el ser padres viene casi por instinto, yo tampoco sabia ni mierda de esto. – me reí.

Moroha sonrió levemente al escuchar mi risa y sentí como de forma instantánea mi corazón se derretía por ella.

– Creo que es perfecta porque es una copia en miniatura de ti… incluso con las mejillas levemente sonrosadas. – exclamé. Acaricié su rostro y pareció relajarse ante el tacto.

Kagome se acercó a mi y se paró en puntillas para besarme.

– ¿te das cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas para nosotros? ¿te imaginabas con una hija hace algunos meses?

– Jamás en la vida… – la risa de Kag hizo eco en la habitación. – No voy a mentirte, aún estoy aterrado, pero feliz al mismo tiempo, es un sentimiento extraño. Conocí a una chica en una fiesta y de pronto todos mis planes de vida cambiaron, ahora estoy comprometido, con una casa gigante, una bebé que es sangre de mi sangre y un perro, que por cierto, debe estar corriendo como loco en los jardines.

– ¿Sango y Miroku lo han traído?

– Ajá, también llevaron tu auto a casa y trajeron ropa para ti y Moroha.

– Genial.

Kagome se estiró y bostezó, levantó su pijama para ver la herida y ambos notamos el parche en la zona, zona que por cierto, sorprendentemente en algunas horas había vuelto a la normalidad, su pequeña cintura característica ya estaba de vuelta junto a su abdomen plano.

– ¿Crees que este abierta aún? – preguntó haciendo alusión a la herida.

– No, yo creo que ya ha cerrado. – la vi comenzar a tironear las vendas. – ¡Hey! No te los quites.

– Pero me molesta… y quiero ducharme, ¿Si bebo de tu sangre para cicatrizar mas rápido te quedas mas tranquilo? – me miró como una niña pequeña pidiendo un dulce. Suspiré y doblé mi cabeza hacia un lado dándole paso a mi cuello. Kagome no lo dudó ni un segundo y se acercó con rapidez a la zona, con la delicadeza de no pasar a llevar a Moroha, que seguía entre mis brazos. Lamió los cortes que sus colmillos habían hecho con cuidado y se separó de mi cuello para luego sonreírme. – Bien, iré a ducharme, ¿te quedas tu con ella? – musitó mientras besaba la frente de la bebé.

– Si, no te preocupes. – me sonrió y desapareció en el baño.

Me senté en el sofá de la habitación con Moroha recargada en mi pecho, quien parecía dormir plácidamente mientras movía sus manitos abriéndolas y cerrándolas suavemente. De pronto la vi bostezar, emitió un ruido bajo y abrió sus ojos por primera vez.

Me quedé ahí pasmado cuando noté que efectivamente sus ojos eran idénticos a los míos: dorados, tal y como Kagome había querido; en definitiva tenia que ver esto ella misma.

Salió del baño unos segundos después con otro pijama y yo no pude quitar la sonrisa de idiota de mi rostro.

– Vaya, te ves muy feliz ¿pasa algo? – exclamó mientras peinaba su cabello mojado con los dedos.

– Ven a verlo por ti misma. – Kagome se acercó a paso rápido. – Mira de que color son sus ojos.

El pequeño gritito de emoción de Kagome fue suficiente para saber que estaba contenta, se llevó las manos a la boca en un intento de callarse a ella misma.

– Es una combinación perfecta de ambos. – musitó. Bajé mi estatura hacia ella y restregué suavemente mi nariz contra la suya, disfrutando del aroma embriagante a vainilla y fresas que se había potenciado con el baño.

Nos quedamos en ello durante unos minutos, teniendo cuidado de mantener a Moroha calentita. Luego de ponerla de vuelta en la incubadora cuando se durmió, nos quedamos ahí admirándola por horas, porque incluso durmiendo era perfecta.


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(Perspectiva de Kagome)

Una semana después.

Los dias pasaron rápido y Moroha ya no necesitó mas la incubadora luego de una semana; según Haru su desarrollo acelerado y fortaleza por ser una Youkai pura había ayudado en el proceso.

Inu no Taisho me explicó mas menos como funcionaba el crecimiento de los demonios, después de todo, aún era nueva en todo aquello. Al parecer los bebés youkais crecían a un ritmo normal hasta completar la adolescencia y madurez sexual, donde el envejecimiento cesaba o se retrasaba lo suficiente como para pensar en eternidad. Además, debido al nulo autocontrol que podía tener un infante, estos no experimentaban el deseo de beber sangre hasta bien entrada la adolescencia, la naturaleza se había encargado de no dejar sueltos por ahí unos asesinos en potencia, así que tendríamos un bebé relativamente normal por varios años más.

Inuyasha se mantuvo a mi lado y al de Moroha esos primeros siete días sin ir a trabajar, y ese día en el que por fin nos íbamos a casa, Izayoi lucía triste.

– Podrían quedarse mas tiempo aquí. – exclamó con Moroha en brazos. – No hay apuro.

– Inuyasha ha formado su propia familia madre. – Sesshomaru habló por nosotros. – Ellos necesitan ir a su hogar, disfrutar de su bebé solos – . Izayoi hizo un puchero e Inu no la abrazo por detrás mientras le sonreía a su nieta desde atrás.

– Sesshomaru tiene razón, de todas formas, estoy seguro de que nos visitarán a menudo ¿no es asi? – sonrió a Inuyasha de forma cómplice.

– Por supuesto. – exclamó Inu a mi lado. – Ustedes también pueden ir a vernos cuando quieran.

– Izayoi se acercó para entregarme a Moroha, e Inuyasha llamó a Aki para subir al auto. Nos despedimos de todos, acomodé a la bebé en la pequeña cuna de auto y me senté como copiloto. Agradecía completamente que Moroha fuera uno de esos bebés que no lloraban, a menos que tuviera hambre o hubiera que cambiarla.


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El viaje a casa se hizo corto, Aki fue el primero en bajar al abrir la puerta y Moroha durmió tranquila durante todo el camino. Cuando terminamos de acomodarla en su cuna ambos nos sentamos en el sofá.

– Entonces… ¿Planifiquemos un poco nuestra vida de ahora en adelante? – comencé.

– A que te refieres. – me miró extrañado.

– A que pasará ahora que Moroha está con nosotros.

– Claramente tu no vas a trabajar, al menos por los primeros seis meses. – exclamó serio.

– No planeaba hacerlo. ¿y tú?

– Yo quiero pasar el mayor tiempo posible con ustedes, así que al menos por este mes me quedaré aquí, trabajando desde la casa, ya lo he hablado con Miroku y con mi padre, ambos me han apoyado en la decisión.

– ¿y después de ese primer mes?

– Veré modo de ir a trabajar sólo algunos días de la semana y de no ser posible, adecuar mi horario para volver a casa mas temprano.

– Fantástico. Ahora, preparativos de matrimonio.

– Bien – me sonrió y extendió sus brazos hacia mi para invitarme a recostarme en sus piernas. – ¿Cuántos invitados estás considerando?

– No tengo mucha gente a la que invitar, mis personas cercanas tu ya las conoces. ¿y tu?

– Hmm, estoy obligado por protocolo a invitar a mis trabajadores, aunque la verdad no me molesta, no hay ninguno que me caiga mal. Así que por mi lado… serian unas… ¿100 personas?

– Wow… eso suena a evento masivo.

– Es la clase de eventos a las que estoy acostumbrado, además mi padre viene insistiéndome hace ya bastante tiempo que celebremos en grande nuestra unión y nuestra nueva familia, creo que la boda es la ocasión perfecta.

– ¿Salón de eventos?

– Tengo algunos en mente con la capacidad que necesitamos.

– ¿Decoración?

– Te entregaré opciones con respecto a ello, podemos contratar a alguien que lo haga o puedes encargarte tu.

– Creo que podemos hace una mezcla entre esas opciones.

– Genial. – musitó mientras peinaba mis bucles azabache.

– La ventaja que tienes tu por sobre mi es que fuiste testigo de Miroku y por lo tanto estuviste allí durante la planificación.

– Es verdad, me he guiado bastante por ello.

– ¿Lo elegirás como testigo también?

– No tengo otro mejor amigo…

– Miroku será fantástico para el trabajo, siempre está ayudando en todo. – musité.

– ¿y tu?

– Sango obviamente, es mi única amiga.

– Creo que tenemos problemas para socializar. – me reí.

– También quiero incluir a Kouga en esto… pero no sé de que modo.

– La verdad considero que puedes tener la cantidad de testigos que se te de la gana. Si quieres tener a Sango y a Kouga está bien para mi.

– Si… tienes razón. – me levanté para estirarme - ¿Comemos algo y nos vamos a la cama?

– Me has leído la mente.

Comimos ramen después de mucho tiempo, así que también nos entretuvimos cocinando por un par de horas.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Como ninguno de los dos tenía sueño nos mantuvimos conversando por un rato luego de ir a revisar que Moroha siguiera durmiendo tan pacíficamente como la habíamos dejado.

– ¿Recuerdas tu infancia? – la voz de Kagome sonó suave a mi lado en la cama.

– Hmm, no mucho realmente, ocurrió hace ya varios siglos.

Se acurrucó a mi lado y apoyó su cabeza en mi pecho.

– Me siento tan liviana que se me hace extraño… – sonreí ante su confesión mientras acariciaba su brazo moviendo mi mano de arriba a abajo.

– Recuperaste tu cuerpo antiguo en tiempo record, me encantabas con pancita, pero de todas formas extrañaba esto. – acerqué mis manos a su cintura. – Esta zona de tu cuerpo es una de mis favoritas.

– ¿ah sí? – se pegó mas a mi y me sonrió.

– Ajá.

Tomé su mentón con suavidad para besarle; me sorprendió el no sentir la respuesta característica de Kagome de los últimos meses, este beso no sabía a hormonas alborotadas.

Bajé mis besos a su cuello y lamí lentamente su marca, de pronto ahí estaba el aroma del deseo que tanto adoraba. Mordí con delicadeza y me giré para dejarla bajo mi cuerpo. Un gemido bajito salió de su boca cuando succioné con fuerza.

– Inuyasha…

– ¿Hmm?

– No podemos. – musitó. Lamí la herida para cerrarla.

– ¿Por?

– Porque Moroha podría despertar y necesitarnos…

Me quedé ahí en silencio luego de escuchar su respuesta, sonreí y llevé mi mano a su mejilla.

– Gatita… nuestra bebé está durmiendo y si despertara ambos seriamos capaces de escucharla, esta en la pieza contigua… yo te he extrañado estos días… ¿no me has extrañado tu? – pregunté con cara de perro mojado.

– Por supuesto que si… pero… – Llevé una de mis manos a su cintura y tracé un camino ascendente con mis garras – Soy primeriza en esto de ser madre y… – rocé su pecho derecho de forma sutil y su pezón se marcó bajo la camiseta. Volví a morder su marca y otro gemido inundó el ambiente mientras ella curvaba su espalda, intentando acercarse a mi.

Me separé de ella en un modo de ponerla a prueba y le sonreí.

– Bueno, supongo que tienes razón, voy a devolverme a mi lado de la cama y… – apenas hice el ademán de salir de encima me atajó por el cuello y me acercó con rudeza a su rostro, sólo para lamer mis labios mientras yo aguantaba mi respiración y sentía mi miembro dar un tirón; como amaba a esta chica.

Me besó con hambre y movió sus labios demandantes contra los míos, jadeó contra mi boca cuando me restregué sobre ella y aproveché sus labios entreabiertos para llevar mi lengua a enredarse con la suya.

– A la mierda, podemos hacerlo rápido, ¿no? – preguntó mientras su cuerpo emanaba calor. Una sonrisa torcida surcó mi rostro.

No fui capaz de responder con palabras, si no con acciones. Tracé un camino de besos desesperados y hambrientos desde su quijada hasta su clavícula y desde ahí a sus pechos. Levanto su espalda para ayudarme a quitar la prenda de ropa que intervenía en mis objetivos y me besó mientras yo amasaba sus senos con devoción.

Abrí su sujetador y llevé mi boca a su pezón izquierdo, el que me encargué de lamer y morder con cuidado; supe que le gustaba cuando volvió a arquearse hacia mi y enredó sus manos en mi cabello para mantenerme cerca. Me entretuve en ello por varios minutos mientras esperaba embriagarme en el aroma de su excitación.

– Necesito sentirte. – su voz suave y melódica cerca de mi oído me hizo tener escalofríos. Agarró con su mano mi miembro por sobre el pantalón y jadeé.

Masajeó con delicadeza, pero un poco mas rápido de lo que era habitual, quizás realmente me necesitaba. Abrí el cierre de mis jeans para bajarlos hasta mis muslos con rapidez y bajé mi cabeza hasta la altura de su rostro para lamer sus labios justo en el instante en que la penetré de una vez.

La ola de sensaciones que me chocaron de golpe arrancaron un gruñido ronco de mi pecho y sentí mi piel erizarse cuando un escalofrío recorrió mi espalda en respuesta a su gemido alto. Se sentía como si no hubiera tenido sexo en meses.

Sus paredes me envolvieron con calidez mientras ella enredaba sus piernas en mi cadera. La profundidad de la penetración fue aún mayor y sentí mis ojos arder.

En un principio mis embestidas fueron lentas y pausadas, me permití disfrutar el como sus paredes se acomodaban a mi alrededor cuando salía y volvía a entrar y el como sus gemidos constantes me demostraban que lo estaba disfrutando.

Ella movió sus caderas contra mi cambiando el ritmo y sólo en ese momento aumenté mi velocidad. Conocía tan bien el lenguaje no verbal de la chica bajo mi cuerpo que apenas noté el sonrojo característico, los gemidos desesperados y sus pupilas dilatadas supe que estaba cerca del orgasmo. La besé con deseo.

No es necesario que te aguantes, puedo darte varios orgasmos durante toda la noche si así lo deseas.

Me separé de ella para ver su rostro, la humedad entre sus piernas aumentó considerablemente con ese estímulo mental y sus ojos cambiaron del chocolate al rojo en segundos mientras gruñidos suaves y sutiles se anidaban en su pecho.

La sentí enterrar sus garras en mi espalda preparándose para los espasmos que acompañarían su clímax y me preparé para disfrutar de sus próximos gemidos, que serían música para mis oídos.

No fue lo que obtuve, si no un llanto, proveniente desde la otra habitación… Mierda.

Los ojos de Kagome perdieron el rojo en microsegundos, su rostro cambió a uno de preocupación y arrancó las garras enterradas de mi espalda con rapidez. Ahí acababa de morir su posibilidad de orgasmo, y sin él yo no estaba ni cerca de alcanzar el mío, después de todo, todo entre nosotros era un juego de placer de acción- reacción.

Salí de ella en un movimiento ágil, acomodé mis pantalones y me puse de pie. Ella acomodó su sujetador mientras yo me adelantaba a la habitación contigua.

Ahí estaba Moroha, llorando como si no hubiera un mañana. La tomé en brazos y la mecí mientras Kag llegaba. Llevé mi dedo meñique doblado a su boca y ella succionó por instinto de inmediato, okey… alguien tenía hambre.

– Mamá ya viene a ayudarte con ello. – musité y me miró atenta cuando cesó su llanto, casi como si me hubiera comprendido.

Kagome me sonrió cuando entró y se sentó en el sofá a un lado de la cuna mientras levantaba su camiseta para alimentar a nuestra bebé. Yo la acomodé entre sus brazos cuando estuvo lista.

Me senté a su lado y pude comprender sin necesidad de palabras el suspiro que abandonó sus labios.

– Ha sido un pésimo momento bebita. – musitó Kag. Me reí mientras acariciaba la pequeña cabecita pegada a su pecho. Já, dímelo a mi.

A pesar de ello y de mi leve frustración, la ternura y felicidad que Moroha evocaba en los dos era más fuerte. Llevábamos una semana siendo padres, pero al parecer íbamos bastante bien con ello, incluso había aprendido a cambiar pañales, estaba seguro de que el Inuyasha Taisho del pasado estaría en estos momentos riéndose en mi cara.

Bastó una media hora para que Moroha volviera a quedarse dormida sin separarse del pecho de Kag, quien la acunó por unos segundos y luego la separó de su piel.

Ambos la admiramos luego de colocarla de vuelta en su cuna y arroparla bajo las mantas.

– Creo que estaremos bien por ahora. – exclamé. Kagome apagó la luz principal y prendió la pequeña lampara que entregaba una luz mas suave y baja.

Me tomó de la mano y me guió a nuestra habitación. Sólo cuando estuvimos dentro y lejos de despertar a Moroha se acercó con rapidez a mi cuerpo y me acorraló contra la pared.

– Bien… creo que nos debemos algo el uno al otro… – musitó mientras sus ojos chocolate me miraban fijo hacia arriba con un tinte rojo cercano a sus pupilas. Bajó a mi cuello y mordió mi marca violácea con rapidez y un poco de rudeza. Acaricié sus cabellos mientras ella se alimentaba de mi.

– Todo lo que quieras y mas gatita, prometí darte orgasmos y eso es lo único que me importa en estos momentos. – sentí su risa coqueta contra mi piel justo antes de lamer los cortes para cerrarlos.

¿Así que eres un hombre de palabra?

– Ajá, solo espero que cumplas con no resistirte a ninguno de ellos.

Moví mis garras por sus brazos, sus ojos cambiaron y me acerqué para volver a besarle, esta vez con la esperanza de que nuestra bebé no despertara al menos en unas cuantas horas más.