Una sacerdotisa en Twisted Wonderland
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"El secreto del éxito consiste en aprender cómo usar el dolor y el placer, en lugar de permitir que ellos te usen. Si lo logras, tendrás el control de tu vida. Si no lo haces, ella lo tendrá sobre ti."
-Tony Robbins
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Capítulo 39:
"El valor de los rechazados"
- Eso sería todo. ¿Podrás manejar con esto? – Preguntó Ruggie a la albina al finalizar la lista de actividades.
- No es tan complicado como lo tenía pensado. – Respondió Shiori enumerando todo lo que tenía que hacer. – Daré todo lo mejor de mí.
- Normalmente un niño nacido en una cuna de oro se estaría quejando por tantas labores simples. ¡Shishishi!
- Para nada joven Ruggie. Ya estoy acostumbrada a la limpieza y otras actividades.
- Ehhhh~ siempre creí que debido a tu manera de hablar y expresarte eras parte de alguna aristocracia o algo parecido.
- Aristocracia...- Shiori lo pensó varias veces. – Puede que en épocas anteriores el santuario haya sido algo similar, pero a nosotros nos enseñaron que con o sin riquezas seguimos siendo humanos y tenemos ciertas obligaciones que cumplir.
- ¿Santuario? – Preguntó Ruggie al mismo tiempo que Leona prestaba en silencio mucha atención a lo que ella contaba.
- Es un enorme lugar en el que vive gente con habilidades casi similares a las de Shiori que eliminan a fantasmas y cosas paranormales. – Añadió Grim mientras extendía sus patas. – Ella me enseño dibujos y retratos de como luce el lugar y realmente luce grandioso.
- ¿Por qué casi similares?
- ¿Hmmmmm? ¿Porque era Shiori? – Preguntó Grim tratando de recordar.
- Debido a que ellos, a diferencia mía, despertaron sus habilidades a partir de algún encuentro sobrenatural. Aunque siendo honesta en mi mundo todo ser humano nace con un aura ya que forma una parte fundamental del ser vivo junto con el cuerpo y el alma, pero depende de cada uno de ellos si desarrollarlo o no. – Respondió Shiori recordando a la gran mayoría del personal del templo en comparación a las personas normales afuera de la muralla.
- ¿Y las habilidades que tú tienes en que se diferencia? – Dijo Ruggie.
- Eso es porque ... - Shiori lo pensó por unos segundos recordando la historia del origen de su marca. – Porque recibí este don gracias a la línea de sangre que mis predecesores y yo compartimos con una de las varias estirpes de Ichiro Nakamura, el primer portador de la marca antes de que se convirtiera en un buda.
- ¿muda? – Grim inclinó su cabeza a un lado.
- No. Bu-da. – Corrigió Shiori. – Son una especie de monje o un sacerdote que técnicamente a alcanzado la iluminación final.
- Linaje de sangre... Entonces eso quiere decir que provienes de una monarquía religiosa. – Ruggie abrió levemente sus ojos ante aquella suposición.
- Yo diría que actualmente ya dejó de ser monarquía en gran parte...- Esta vez lo dijo en una voz casi distante. – Aunque no me arrepiento de haber tomado esa elección.
Ruggie solo frunció el ceño, un poco confundido, ante la declaración de la joven, pero antes que de que pudiera preguntar más acerca de ese dato alguien lo interrumpió.
- Hemos llegado. – Informó Leona.
Después de una larga caminata entre los puentes de madera que el dormitorio tenía finalmente llegaron a la puerta de la habitación del Líder de Savanaclaw...
- Entonces me iré retirando por ahora. No te olvides de todo lo que tienes que hacer, bye bye, Shiori – Se despidió Ruggie saliendo del lugar no sin antes lanzarle un guiño pícaro.
- Que descanses bien Ruggie. – Sonrió Shiori despidiéndose con la mano con una sonrisa a la que el joven con orejas de hiena quien también respondió a la despedida del mismo modo, pero con una leve sombra roja bajo sus mejillas que no fueron notadas por la oscuridad el pasillo dejando a Leona y a la sacerdotisa a solas con un gato.
Abriendo la puerta de su dormitorio, Leona se hizo a un lado para que Shiori pasara primero y que tuviera una vista panorámica completa sobre el hermoso balcón con la vista hacia la brillante luna en medio de una habitación un poco desordenada.
- Whaa... - Dijo Grim mirando el desorden de su alrededor. – Definitivamente se puede sentir un ambiente de chico salvaje de esta habitación.
En efecto una habitación "poco desarreglada".
- Dejen de andar mirando. – Comentó Leona atrás de la albina.
Al no querer hacer demorar más al hombre de tez morena, Shiori, se adentró a la habitación para que Leona pasara a dejar el maletín cerca de los pies de la cama y del futón que estaba de al lado.
- El baño se encuentra de ese lado. – Leona señaló una de las puertas de la habitación mientras tomaba una jarra llena de agua para servirla en un vaso, colocarla a un lado de la mesa de noche que tenía la cama y finalmente buscar algo entre sus cajones. – Puedes usarlo para lo que necesites y ve a dormir pronto.
- Esta bien. – Asintió Shiori mirando a la dirección del baño para luego caminar hacia el futón.
Sin embargo, al acercarse al sitio que supuestamente sería su cama temporal, Shiori, es detenida momentáneamente por la mano de Leona que suavemente estaba reposada sobre su hombro.
- ¿Qué sucede? – Preguntó Shiori girando su cabeza un poco extrañada por la actitud de Leona.
- ¿Qué estás haciendo? – Respondió Leona con otra pregunta.
- ¿Instalarme en el futón? – Shiori alzó una ceja.
- Tú tomaras la cama, yo dormiré en el futón. – Respondió firmemente Leona dejando un pequeño paquete en sus manos para luego acercarse al futón y derribar todo su cuerpo fornido boca abajo.
Shiori, omitiendo el hecho de que sostenía el objeto, solo abrió los ojos ante la propuesta de Leona ya que el sentimiento de culpa la empezó a dominar porque no quería que el dueño de la habitación se viera obligado a dormir casi cerca del suelo en lugar de su cama. Solo porque ella se metió en un problema no significaba que Leona tenía que tampoco verse afectado.
- N-no, por favor Leona. No te preocupes. No tienes que dormir en el futón, toma la cama yo ya estoy acostumbrada a dormir en el piso así que... - Shiori intento persuadir al hombre león, pero fue inútil.
- No digas tonterías y tómate esa pastilla cuando termines de cambiarte. Te ayudara a curar las heridas que tienes. - Leona alzó levemente su cara para mostrar su mirada verdosa a la cara sorprendida de la chica que estaba a punto de preguntarle sobre ¿cómo pudo descubrir que ella aún estaba herida? A lo que rápidamente y con un tono suave la interrumpió. – Me voy a dormir, pero si me despiertas de mi sueño te voy a comer... y buenas noches. Grrrrr... – Finalizó su veredicto con un leve gruñido para después pasar a los suaves ronquidos.
unos segundos después ya estaba totalmente dormido e inmóvil.
- S-se durmió en tres segundos. – Susurró Grim lo más bajo que pudo mientras empezaba a sudar balas frías.
Shiori tratando de que Grim bajara un poco más la voz solo llevo un dedo a la altura de sus rosados labios y emitió un leve sonido que indicaba que guardasen silencio.
- Vamos a callarnos para que no se despierte... - Indicó Shiori sacando su camisón limpió para dirigirse en silencio al baño para cambiarse.
Mientras ella se cambiaba de ropa un leve martilleo golpeaba su corazón al recordar la nueva caballerosidad que Leona adoptó frente a ella, sin duda alguna su ansiedad le estaba jugando una rara pero dulce pasada a su pobre órgano. Por otro lado, apreciaba mucho de que en ningún momento fuera descortés con ella, había cambiado mucho desde lo ocurrido con el torneo y solo hacía que su estima hacia él creciera un poco más.
Una vez que Shiori acabó de cambiarse caminó en cuclillas hacia el pie de la cama y dio una última mirada hacia Leona, quien estaba durmiendo en otra posición en la que mostraba su rostro totalmente relajado. Esto ocasionó que ella soltara una suave sonrisa le susurrara:
- Muchas gracias por todo Leona-san, realmente eres el mejor. Buenas noches.
Y entonces ella, después de tomarse la pastilla junto con el agua que el Líder de Savanaclaw le había colocado en la mesa de noche, se acostó en la cama de Leona percibiendo el aroma varonil impregnado entre las sabanas que lejos de incomodarla la ayudaban a relajarse un poco más, luego miró hacia donde Grim ya se había dormido formando con su cuerpecito un ovillo sobre la almohada y finalmente le da un pequeño beso sobre su pequeña cabeza peluda con la anémona para desearle los dulces sueños antes de sumergirse entre sus sueños.
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Primero hubo un silencio y después un jadeo pesado y angustiante, Leona no podía creer lo que sus ojos habían visto. Las imágenes de una pobre niña siendo lastimada de tal manera brutal provocaron una ira, nauseas e impotencia que nunca en toda su vida había sentido. Fue mucho peor cuando se enteró que esa pequeña no era ni más ni menos que la misma Shiori.
Por su cabeza miles de preguntas se cruzaban entre sí desde el por qué ella estaba es ese sitio hasta si todo esto era una clase de sueño de la que su mente se esmeró demasiado para cubrir ciertos detalles, pero al instante lo dudo porque ese dolor empático con el que compartió con la niña solo hacía que todo lo que está pasando pareciera que fuera realidad. Por un lado se alegró que el tormento se detuvo, pero por otro lado tenía el presentimiento de que este sueño no estaba lejos de terminar.
De pronto el escenario se aclaró, cambiando a una especie estanque lleno de flores de loto que flotaban y se movían por todo el piso en el que Leona estaba parado. Había una formación en espiral de varias estatuas blanquecinas de personas desconocidas que tenían lo que parecían ser alas hechas de cristal junto con rubíes a la altura de sus ojos y por último este sitio estaba adornado con varios árboles de cerezo y arbustos que bailaban lentamente con el viento.
- ¿Qué es este lugar? – Dijo Leona mirando todo el escenario.
- La situación de la sacerdotisa Nakamura es delicada. – Dijo una voz raposa y desconocida.
Cuando Leona volteó su mirada hacia donde provino la voz solo pudo encontrarse con la imagen de varios ancianos con unas raras vestimentas como si fuera alguna especie de batas blancas con negras y que en sus cabezas traían algo que parecía ser una especie de ridículos sombreros negros. Aunque todo eso lo dejo pasar de alto ya que el mero hecho de mencionar el nombre de Shiori, de algún modo, eso le llamó más la atención.
- Es inútil tratar de seguir esperando a que ella intente desbloquear todas las habilidades de la marca, Hermano Osamu. – Dijo uno de los ancianos. – Deberíamos enviarla a otro templo para que se encargue de ella y así...
- Ríndete. – Dijo Osamu con una voz rasposa. – Su excelencia ya se negó y como Onmyôjis ya no tenemos opción más que seguir sus reglas. – Continuó hablando el hombre sin notar que había pasado al lado de Leona quien no paraba de fulminarlos con la mirada.
- "¿Quién diablos eran estos tipos? Y ¿Qué relación tienen con Shiori?" – Gruñó Leona mentalmente.
Sin embargo, al verlos detalladamente se percató de que eran los mismos sujetos que estaban en esa anterior reunión con el padre de Shiori solo que ahora podía ver más claro sus ojos... eran del mismo tono escarlata ¿Acaso son parte de su familia?
- Ahora lo más problemático es que ahora debemos de lidiar con los fracasos de esa niña. – Finalizó Osamu frunciendo el ceño en su cara arrugada. – A pesar de ser una marcada... es una vergüenza para el clan y nuestro apellido.
- Ya lo sé. Es una inmadura, irresponsable y hasta incapaz. – Finalizó el otro anciano mientras continuaban caminando hasta desaparecer sus siluetas en el horizonte no sin antes finalizar con un... – Una total decepción.
- "Desgraciados, odio ese tipo de herbívoros" – Pensó Leona apretando las manos en forma de puños mientras contenía sus ganas de convertirlos en arena con sus propias manos, pero un pequeño ruido lo detuvo.
Un pequeño sollozó empezó a sonar muy de cerca en donde él se encontraba, por lo que calmando su ira solo movió su cabeza hacia la dirección de donde venia el ruido hasta toparse con una pequeña Shiori de seis años vestida con una especie de túnica blanca acompañado de unos pantalones rojos. Ella se encontraba sentada sobre la base de unas de las estatuas con forma femenina llorando mientras levantaba su cara de entre sus pequeñas rodillas.
- Hice lo que pude... - Susurró la niña en un tono triste. – ¡No es necesario que me repitan lo que ya sé!
- Shiori... - Murmuró Leona en un tono empático al recordar esa misma expresión que él alguna vez tuvo en el pasado.
Desde el incidente de su estado Overblot, según lo que ella le dijo, en aquel momento recordó que la sacerdotisa le mencionó que entendía a la perfección lo que él, por muchos años, siempre estuvo lidiando. Tal parece que no le mintió.
No muy lejos de allí unos pasos lentos se acercaron a la escena deteniéndose frente a un lado de la niña y de Leona al mismo tiempo que revelaban que esa persona era ni más ni menos que el sacerdote Kyo mirando con sus ojos todavía cerrados hacia la dirección en la que estaba la niña.
- No hay mejor lugar para relajar la mente que la fuente conmemorativa de los marcados, Shiori. – ¿Como te sientes?
- Estoy bien. – Mintió Shiori limpiándose las lágrimas con la manga blanca de su túnica y sorbió de su pequeña nariz para ahora reclinar su espalda a los pies de la estatua de la mujer femenina.
El sacerdote Kyo, ahora ubicándose frente a la niña, dirigió su mirada hacia donde ella estaba sentada solo para colocar una cara llena de empatía, ya Shiori estaba sobre un pedestal de mármol cuyo tallado estaba el dibujado el grabado de una flor de loto de seis pétalos cuyo centro tenía el mantra del OM al lado de un nombre que decía:
"Kaori Nakamura"
- ¿Porque nací como un error? – Habló la niña en casi un susurro haciendo que el hombre de avanzada volteara su cabeza hacia su dirección.
- ¿Porque dices eso? – Preguntó Kyo sentándose al lado de Shiori, quien solo soltó un suspiro de resignación ya que le era inútil mentirle en presencia de su maestro.
- Hace unos días escuché a uno de los hermanos sacerdotes Onmyôji decir que soy alguien defectuosa por solo nacer con una marca incompleta... – Shiori se abrazó sus rodillas mientras colocaba sus cabezas sobre sus rodillas. - ...y ahora resulta soy una carga para todos los demás.
- Así que los has escuchado. – El sacerdote Kyo frunció levemente el ceño.
– A pesar de que ya he dado todo lo mejor de mí en mis entrenamientos, ellos seguirán pensando y diciendo que solo soy un gran error que no debió ni de existir. – Shiori luego señaló temblando con su pequeño dedo a las estatuas. – pero al final no puedo ser como ellos. No puedo realizar bien las técnicas de la marca de buda sin que me desmalle y sin eso no podré ni siquiera acceder al estado Satori. Hasta incluso debo de depender de los yamabushi para que me protejan de los espectros cuando papá no está. – Luego volvió a bajar su brazo. – Antes pensaba que si trabajaba los suficiente todos mis esfuerzos darían sus frutos, pero nada ha cambiado. – Ahora más lagrimas amargas brotaron nuevamente de sus ojos escarlatas. – Ya no se si lo pueda aguantarlo más, hasta algunas veces ya nada tiene sentido para mi... ¡Soy un fracaso y siempre lo seré! – Exclamó lo último mientras nuevamente enterraba su cara entre sus manos. – Dígame ¿Qué debo hacer maestro? ¿Por qué solo yo debo de recibir este castigo? ¿Qué he hecho mal?
Leona no podría creer que la mujer que antes se mostraba fuerte y decidida a seguir esforzándose incluso contra él en su peor momento antes poseía una pésima autoestima de sí misma y se veía tan vulnerable ante los problemas. No la culpaba, al contrario, la comprendía perfectamente ya que toda esa rabia y frustración no era algo que un niño o niña debería de pasar en su juventud y mucho menos a los cinco o seis años.
- Tienes razón Shiori, todo tu esfuerzo es inútil... - Empezó a hablar el hombre de mayor edad en un tono serio, pero al mismo tiempo determinante. - ... si pierdes la fe en ti misma.
Tanto Shiori como Leona emitieron un jadeo de sorpresa ante las palabras del hombre mayor.
- Escucha. – El sacerdote Kyo colocó sus manos con firmeza, pero con cuidado, sobre los hombros de la niña. – Si realmente deseas ser liberada de ese sufrimiento, necesitas tomar una firme decisión.
- ¿Qué quiere decir? – La niña alzó su mirada. – que debería prepararme para renunciar.
- Si tú decides dejar de esforzarte en tus metas ya sea con el templo o en cualquier cosa entonces te sumergirás a un dolor peor al que sientes ahora. Tú y yo nos parecemos en eso Shiori. – Admitió Kyo mirando al lado de la estatua de Kaori para toparse con la estatua masculina de cabello largo que había al lado. – Si no tienes una meta o un sueño al cual seguir ni tú, ni yo ni nadie de este mundo puede sobrevivir... - Regresó su mirada hacia la niña. - ¿Recuerdas la primera lección que te enseñe?
- ...Que la fuerza de un marcado no se delimita por una marca. – Respondió Shiori a cuestas.
- Correcto. Lo que hace la diferencia entre alguien que se rinde fácilmente contra aquellos que siguen luchando por sus sueños es que tan lejos y firme puede llegar su fuerza de voluntad más que el espíritu áurico. Tu padre, por ejemplo: "él no viene de un prestigioso clan, tan solo era un simple estudiante de medicina cuando conoció a tu madre, pero con su esfuerzo, diciplina y entrenamiento llegó a cumplir con todos los retos imposibles que el templo lo obligo a pasar para tan solo formalizar su relación con Kaori y míralo ahora se convirtió en el gran sacerdote del clan en poco tiempo". ¿Tú crees que no hay gente de aquí que no hable mal de él a sus espaldas? Hay muchos miembros del clan que lo odian y lo aborrece, hasta piensas que su posición solo se le fue dado porque sé caso con tu madre. Pero él al igual que muchas otras personas en este mundo demuestran con hechos el resultado de lo que tantos años de esfuerzo, dolor y sufrimiento han influido en sus vidas. El mundo en el que vivimos al igual que es bello también es muy áspero y cruel, pero nunca debemos mostrarnos débiles. - El maestro luego mira a las flores de loto nadando sobre la superficie. – Y al igual que como esas flores de loto debemos de florecer fuertes a través del fango de la adversidad.
Shiori y Leona se quedaron sin palabras ante el discurso del hombre anciano.
- Shiori, has trabajado más que nadie y a una edad muy temprana, no tengo ninguna duda al decir que puedes llegar a convertirte en la gran persona talentosa que eres... si aún no te quieres rendir. – Kyo soltando una sonrisa llena de orgullo solo finalizo su charla con una proposición. - Tienes en tus manos el poder de forjar tu propio destino y yo te ayudare a darte las herramientas necesarias para que tu puedas enfrentarte a las adversidades de este mundo hasta que logres hacerlo por tu cuenta... tienes mi palabra.
Shiori sintiendo nuevamente un nudo en la garganta nuevamente empezó a liberar cascadas de lágrimas mientras asentía fervientemente con la cabeza.
- Esa es mi alumna. – Rió Kyo sobando la cabeza de la niña para ayudarla a bajar del pedestal hacia la superficie de agua para llevarla a otra parte. – Ahora ven, quiero que conozcas a unas personas que estarán muy complacidos de conocerte.
- ¿M-más personas? – Tartamudeó la niña un poco asustada.
- Tranquila, Son unos grandiosos jóvenes muy especiales que gracias a su ayuda pudieron encontrarte para que regresaras a casa, ya verás que ellos no muerden ho hoh~ - Rió levente el sacerdote.
Pero antes se seguir continuando de hablar todo el escenario cambió para ahora mostrar a Leona una secuencia de imágenes en la que se muestra a Shiori conociendo e interactuando con cinco jóvenes que lucían de entre unos 20 a 24 años o al menos la mayoría, todos y cada uno de ellos la saludaban y se inclinaban ante ella. Ellos vestían una especie de túnica totalmente oscura y casi similar al que los ancianos estaban usando, pero con la diferencia de que el emblema en lugar de estar en la espalda estaba pegado a la altura de sus torsos. También vio el leve progreso de las habilidades de Shiori con la marca al igual que pulió más sus habilidades con las cartas O-fuda a la par que Koichi también se había unido al entrenamiento para también mejorar en sus habilidades.
Mientras más pasaba los fotogramas frente a los ojos verdosos de Leona poco a poco se podía ver que con el tiempo y la convivencia de Shiori junto con la cercanía con el sacerdote Kyo, el niño de cabello azabache llamado Koichi y los cinco sujetos la ayudaron a seguir en pie al mismo tiempo que creció un nuevo vinculo que los unía a todos, no con un lazo de amistas sino como un lazo muy similar al que poseía una verdadera familia.
Entonces en el entorno se empieza dibujar un campo abierto y cercano al templo en las que se encontraban Shiori y Koichi junto con los cinco jóvenes que Leona había visto anteriormente.
- ...Pero si ustedes después de tantos años llegaron a ser tan poderosos ¿Por qué nunca ascendieron de rango? – Preguntó inocentemente Shiori mientras curaba con la marca las manos de un joven de desarreglado cabello marrón claro y ojos color rojo-cereza.
Por cómo estaba el largo cabello de Shiori se podrían decir que ahora ella tenía unos nueve años aproximadamente y solo había crecido un par de centímetros de altura a comparación de Koichi quien ahora tenía trece años, de alguna manera su rostro le resultaba incómodamente familiar.
- Es muy sencillo, pequeña Shio-chan. – Dijo él joven de manera presumida. – Eso es porque... – Pero luego fue interrumpido por el golpe repentino que llegó a su cabeza generándole un edema. El causante de ese golpe fue un pelirrojo con ojos color verde. - ¡Oye, qué diablos te pasa Fudo! – Exclamó el joven levantando un par de abanicos con púas a modo de amenaza.
- ¡Para tu información tienes que referirte a ella como la señorita Shiori-sama o Shiori Nakamura-sama, Raiden! – Habló serenamente el joven para luego mirar hacia la niña albina y hablarle con respeto y suavidad. – Discúlpalo por su falta de respeto.
- No, no te preocupes joven Fudo. No me molesta. – Respondió suavemente Shiori.
- Tch... realmente eres un dolor de trasero. – Respondió Raiden sobándose el bulto de su cráneo. – Atsuhi, dile algo. Eres el mayor del grupo.
- No empecemos de nuevo con sus pleitos, la hora del entrenamiento ya se acabó... - Respondió calmadamente el joven de estatura baja de cabello ébano atados a una larga coleta alta y ojos turquesa. – Puedes golpear todo lo que quieras a Raiden después de los treinta minutos de descanso.
- ¡No esa clase de consejo! – Exclamó Raiden alzando el puño. – enano con cara de niña... - Luego murmuró en voz baja.
- ¿Disculpa? – Preguntó peligrosamente Atsuhi con una vena pulsante sobre su cabeza mientras afilaba su mirada y apuntaba con su arco. – ¿Qué quieres un piercing en a cara dices?
Raiden solo se mordió la lengua mientras desviaba su mirada para gruñir algo en voz baja.
- Pff ha ha ha pobre Raiden, me compadezco de ti. – Rió el alegre joven de cabello rubio y ojos aquamarina colocándose al lado de Raiden para que Atsuhi no lo ataque. – Pero para que veas que no soy tan malo contigo solo te diré que como buen gonnegi que está en contra del maltrato animal no te voy a golpear.
- ¡Tu ni hables maldito rubio oxigenado! – Exclamó Raiden, pero solo se ganó las risas del grupo mientras echaba humo por las orejas.
- Me llamo Isao...
- ¡No me interesa!
- ¡Guarden silencio, se comportan peor que una pareja de esposos! – Exclamó Fudo tratando de apaciguar el pleito a su modo... también gritando como el resto.
- De nuevo se desviaron del tema como siempre. – Murmuró Koichi mirando aburridamente al grupo. – y pensar que ellos son los más fuertes del santuario, ni yo me lo puedo creer.
- Así parece. – Sonrió Shiori con una gotita bajando de su cabeza.
- Perdónalos, cuando uno de los cuatro habla no hay nadie que los detengan. – Dijo la persona calva, de aspecto fornido, gran estatura, ojos ámbar y tez morena, pero con una voz femenina.
- "Se parece a las mujeres del Afterglow Savanna" – Pensó Leona sintiéndose un poco intimidado por la estatura de la mujer fornida.
- No se preocupe, señorita Tomoe. – Dijo suavemente Shiori.
- Al menos usted es con quien se puede hablar racionalmente que esos cuatro idiotas. ¿Cómo es que los toleras? – Suspiró Koichi asintiendo con la cabeza.
- ¡Oye! – Exclamaron enfadados los cuatro con el niño azabache.
- Con mucha paciencia y tiempo te acostumbras a ellos. – Rió levemente Tomoe mientras se sentaba a la altura de los dos niños para después seguir hablando, pero ahora un tono calmado y sereno. – Pero regresando a su pregunta, Shiori-sama, la razón por la que no podemos ascender de rango... es debido a nuestras raíces humildes.
- ¿Qué quieres decir? – Shiori abrió sus ojos con preocupación.
- Debido a que el clan Nakamura está conformada por una familia llena de la descendencia con Ichiro Nakamura sería una deshonra para los distinguidos que llevan en sus venas su misma sangre, ser sobrepasados por unos simples indigentes Gonnegi. También está el hecho de que como somos huérfanos y con la mayor probabilidad de ser hijos ilegítimos de alguna familia desconocidaeso solo terminaría manchando la reputación del apellido Nakamura. – Mientras Tomoe iba explicando la situación a los niños, el resto de los adultos jóvenes solo colocaron una leve cara levemente sombría y que fue notada muy fácilmente por Leona. – así que para tratar entre comillas de seguir manteniendo ese historial pulcro entre todos los miembros del consejo es por ese motivo que se nos niega el ascenso del rango o siquiera formar parte del santuario.
- ¡Pero entonces eso sería discriminación! ¡Ellos no pueden simplemente hacer eso a su conveniencia! – Shiori se exaltó ante tal injusticia dentro de su hogar. – En este templo se supone que todos y cada uno de los residentes somos iguales sin importar los orígenes de alguien. El hecho de ser pobre, noble o lo que sea no tiene que ser un impedimento para llegar a ser promovido de rango o pertenecer a un clan. – Luego frunció el ceño. - Hablaré con mi padre estoy segura que él puede...
- No te preocupes, él ya se adelantó a los hechos. – Interrumpió la voz tranquila del sacerdote Kyo apareciendo en medio del campo de entrenamiento.
- ¡Maestro! - Exclamaron todos los presentes haciendo rápidamente una señal de respeto que fue respondía con el asentimiento de cabeza del hombre longevo mientras se dirigió a Shiori.
- Tu padre desde hace mucho tiempo ha intentado de todos los medios convencer a los tercos sacerdotes Onmyôji de permitir el acceso a estos jóvenes. Fue una larga discusión de varios años, pero al fin tenemos la respuesta final. – El maestro Kyo levantó un pergamino que tenía oculto bajo la manga.
- Sabio maestro ¿Cuáles son las nuevas órdenes? – Preguntó Fudo respetuosamente.
Hubo una breve pausa en todo el entorno, generando que muchos empezaran a sudar de nervios al pensar en lo peor.
- Todos ustedes finalmente son admitidos para realizar el examen de ascensión de rango junto con los aprendices. – Sonrió Kyo a todos los presentes.
No tardo mucho tiempo antes de que la bomba de felicidad estallara en el grupo de los adultos jóvenes quienes pegaron un grito de felicidad por las buenas noticias.
- ¡Yaaahoo! Por fin podremos dar el bendito examen, gracias espíritus del cielo. – Exclamó Raiden lanzando el puño al cielo.
- Ya era hora, no por algo hemos estado preparándonos por mucho tiempo. – Dijo Atsuhi manteniendo la calma de sus emociones, aunque no podía borrar su sonrisa ladina.
- Ehhh~ por fin podremos mostrarnos ante los demás. – Sonrió Isao chocando sus puños mientras mantenía una sonrisa radiante.
- Muchas gracias por todos sus esfuerzos, Sabio maestro. – Dijo Tomoe nuevamente haciendo una reverencia junto con Fudo quien a pesar de su serenidad se podía ver como sus de ojos verdes caían varias cascadas de lágrimas.
Shiori de algún modo sonrió con orgullo junto a Koichi ante la alegría de los jóvenes quienes no paraba de agradecer al maestro. Se podría decir que esta parte del sueño o recuerdo era tan dulce que hasta el mismo Leona soltó una risa no maliciosa, pero si irónica debido a la mucha suerte que han tenido estos sujetos al tener a alguien que los respaldaran y los ayudara a sobresalir.
Entonces, volviendo a las imágenes, el sacerdote Kyo se acercó a los niños para también informarles algo.
- Sin embargo, el consejo de Onmyôjis por algún motivo también quiere que ustedes dos entren a participar en el examen. La misión es algo sencilla incluso para alguien de nivel bajo. – Dijo Kyo entregando otra especie de pergamino con los detalles de la misión.
Leona al estar al lado de Shiori pudo ver que el contenido del rollo informaba que la misión consistía en ir a uno de los barrios más pobre de su país llamado el pueblo Ainu del norte con el fin de realizar varios sellos de protección en la zona ya que se dicen que se han detectado pequeñas presencias paranormales merodeando a los alrededores, pero como los pueblerinos no dejan el acceso fácil a cualquier persona entonces deberán ir en encubierto como una caridad. Todos los Onmyôjis estarán presentes para el monitoreo, pero si la misión no progresaba o fallaba automáticamente los sacerdotes intervendrán en el examen y lo darán por finalizado.
- ¿Hitoshi-san también estará presente? – Preguntó el niño al ver las firmas finales del pergamino.
- En efecto joven Koichi, como es el gran sacerdote su deber es el de dar la orden de intervención a los Onmyôjis cuando la situación lo amerite. Es por eso que su presencia es esencial. – Respondió Kyo asintiendo levemente con la cabeza. - ¿Entonces cuál es su decisión?
- Hmmm... - Pensó detenidamente Koichi para luego responder al instante con una sonrisa ladina. – Me uno a la misión, esta quizás sea una oportunidad para ver que hay más allá del pueblo.
- Wow el pequeñito Koi-chan se une a la acción. – Sonrió burlonamente Raiden ante la mirada fulminante del niño. – Pero no te preocupes yo los cuidaré a ti y a Shio-chan como los hermanos bebes que son para mí.
- Cállate o te mato. – Respondió el niño sombríamente haciendo que la piel de una de sus manos se vuelva negra y con las uñas un poco alargadas y afiladas.
Y así entre los cuatro Gonnegi restantes trataron de detener el pleito de Raiden y Koichi dejando de lado a Shiori junto con Kyo quienes solo miraban la escena con una gota sobre sus cabezas.
- ¿Qué hay de ti Shiori? – Preguntó el sacerdote Kyo. – Se que estas en las vacaciones de verano de tu escuela, pero no te quiero obligar a nada de lo que no quieras hacer.
Shiori después de pensarlo y viendo que no había grandes riesgos que correr aparte de que con toda la experiencia luchando con los fantasmas menores y la evolución de sus habilidades en cierta medida, gracias a la ayuda de alguien especial, ahora se siente lista para demostrar a los demás lo que tantos años de esfuerzo y aprendizaje han logrado hasta ahora.
- Yo también me uniré...
Entonces la escena cambio.
Ahora Leona podía ver como todos los miembros del templo estaban presentes para las necedades básica del pueblo como darles de comer, reparar las casas que estaban al borde del colapso y atender las heridas de los heridos.
- Con eso será suficiente. – Dijo Shiori dejando de emitir la luz lila de su marca sobre las piernas de una señora anciana. – Con esto podrá volver a caminar, pero llamaré a mi padre para que él le de las medicinas necesarias.
- Muchas gracias pequeña... realmente eres una gran bendición, no sé cómo puedo agradecerte. – Respondió la señora con lágrimas de alegría sobre sus ojos al ya no sentir el dolor y cansancio sobre sus delgadas y frágiles piernas.
- No me tiene que agradecer, con el hecho de verla sana será más que suficiente para mí. – Finalizó Shiori despidiéndose de la señora para después salir del recinto a tomar aire para disminuir el leve dolor de la fatiga que empezaba a manifestarse en su cabeza. - Es una suerte que los consejos de Akko funcionaron bien. - Murmuró ella.
Entonces al levantar la mirada, a la par que Leona la seguía, vieron juntos el entorno alegre del pueblo Ainu. Muy a pesar de que el pueblo aún se veía como si estuviera atrapado en el tiempo, tantos los aprendices, sacerdotisas, los Gonnegi y Koichi estaban la estaban pasando bien conviviendo con la gente del pueblo. Los niños volvían a sonreír y andaban merodeando por el lugar cargando lo que parecía ser bolsas llenas de juguetes y ropa mientras que los padres cargaban comida. Los adultos agradecían o ayudaban a todos los demás aspirantes con las reparaciones. Felizmente los ancianos Onmyôjis no estaban por los alrededores para amargar el momento por lo que todo estaba relativamente tranquilo en este lugar muy apartado de la civilización que luchaba por renacer nuevamente.
- Es un lugar tan pacifico... - Sonrió brevemente Shiori al mismo tiempo que Leona estaba de acuerdo.
En eso una fría corriente de aire pasó a su lado provocando que ella ahora mirara al cielo que se iba tornando de un color naranja con morado junto con algunas nubes oscuras que estaban llegando.
– Ya casi es la hora del anochecer. – Dijo Shiori en un tono serio mientras que su marca empezaba a brillar levemente al mismo tiempo que un fuerte palpitar resonaba en su corazón. – Pero... ¿Qué es este presentimiento?
- ¿Qué? – Preguntó Leona alzando una ceja al también sentir ese pesado palpitar en su pecho.
Terriblemente, la escena drásticamente cambio nuevamente de lo que parecía ser un habiente alegre lleno de esperanza a un nuevo escenario que era frio, sombrío y lleno de cadáveres desmembrados e irreconocibles, o al menos lo estarían de no ser por las túnicas blancas con negras que estaban teñidas de rojo que llevaban puestas. Estos cuerpos estaban esparcidos por todo el suelo de un gran campo abierto junto con rastro de fuego azul quemando los alrededores.
Leona solo miró el escenario desconcertado ya que el olor del pasto quemándose junto con la sangre y putrefacción de los cadáveres solo hizo que su estómago se le revolviera. Quería preguntar ¿qué demonios había pasado aquí? ¿Y en donde estaban los demás? pero rápidamente su línea de pensamiento fue detenida por un fuerte rugido demoniaco junto con un sonido similar a un zumbidoque resonó en todo el oscuro lugar generando un leve temblor en el suelo.
Gasha... Gasha... Gasha...
Entonces moviendo sus ojos verdes lentamente hacia el ruido de donde provino, Leona poco a poco giró su mirada solo para alzarla hacia arriba y abrir los ojos ante la imagen irreal y alarmante que nunca en sus más locos sueños hubiera imaginado.
- ¡¿Qué mierda es esa cosa?! – Pensó en voz alta Leona.
A lo lejos de Leona la figura de la mitad de un gigantesco esqueleto de alrededor de unos quince metros de altura o más se arrastraba con sus brazos por todo el páramo dejando un rastro de llamas azules a medida que avanzaba hacia donde él estaba mientras que de su caja torácica brillaba una especie de luz roja mezclada con partículas negras que se unían para seguir formando la columna vertebral del monstruo de manera asquerosamente lenta.
A cada movimiento que el brazo huesudo hacía, una especie de sombras negras caían desde lo más alto hasta impactar contra el suelo y formar otra serie de esqueletos completos del tamaño de una persona real que usaban unas extrañas armaduras rotas.
Todos ellos dirigieron sus cuencas vacías hacia un punto en específico, el sitio en donde estaba Leona.
Él en un intento de adoptar su posición de combate de pronto sintió como todo su cuerpo nuevamente no le respondía, haciendo que se queda otra vez quieto.
- "¡Mierda! ¡¿Por qué ahora?!" – Pensó Leona intentando mover lo que sea, pero nada.
Entonces el ejercitó, soltando un grito demoníaco, empezaron a correr con una velocidad alarmante tanto que en un abrir y cerrar de ojos ya estaban a pocos metros de él. Para mayor suerte de Leona, los esqueletos solo pasaron a su lado e ignorando su presencia, pero para mala suerte de otros estos monstruos estaban persiguiendo a algo que estaba a su atrás.
Se trataban de las figuras de Koichi y Shiori corriendo por sus vidas.
- ¡No se acerquen! – Gritó Koichi con sus uniformes embarrados de quemaduras y lodo para luego romper las dos mangas de su túnica y revelar el tatuaje de un pentagrama invertido en cada brazo que pronto desapareció para ahora mostrar a los dos brazos oscuros del niño con las garras bien largas y afiladas como el acero. – ¡Técnica maldita: Garra infernal Gozu!
Soltando un grito de guerra, Koichi, de un rápido giro de su brazo derecho emitió un fuerte zarpazo que destruyó a gran parte del ejército de esqueleto y suelo a su vez que levantó una cortina de humo. El niño sonrió cansadamente creyendo que era el final por lo que solo cayó de una sola rodilla mientras respiraba pesadamente para recomponer su cansancio. Pero ni bien la cortina de despejó otros cinco esqueletos saltaron al aire listos para devorar el cuerpo del niño de cabello azabache que soltó un jadeo de sorpresa ante el repentino ataque.
- ¡Detente! – Solo pudo gritar Leona ante lo que estaba a punto de pasar con ese niño.
Pero de pronto unos cinco pergaminos volaron de prisa hacia los esqueletos para que después una gran fuerte descarga eléctrica lila recorriera sobre sus huesos hasta debilitarlos y paralizándolos al instante.
- ¡Purificación divina! – Gritó una voz infantil saltando al frente del niño para luego extender su mano tatuada como señal de protección.
Entonces una poderosa luz lila engulló a los cinco esqueletos al instante hasta no quedar ningún rastro maligno sobre la zona. Solo estaban presentes el sonido del fuego quemando el pasto, el soplido del viento y el rugido de la bestia mirándolos tétricamente.
Shiori entre bocanadas y fatiga cayó de rodillas ensuciando su uniforme y sus manos con la tierra sucia del lugar.
- ¡Enana! – Koichi con un rostro lleno de angustia al ver como de la boca de la niña se empezaba a escurrir sangre por lo que se colocó a su lado de ella para ayudarla a levantarla.
Leona sintiendo el dolor de la niña evito soltar un quejido de dolor ya que todos sus órganos se sentían como si alguien las estuviese revolviendo y perforando de una manera lenta y dolorosa.
– Tonta, sabes muy bien que no debes usar fuertes frecuencias eléctricas con los pergaminos Raijin. – Dijo Koichi limpiando la boca de la niña con su mano ahora de vuelta a la normalidad.
- ¿Cómo es posible que esto esté pasando? – Preguntó entrecortadamente Shiori, ignorando todo lo que Koichi dijo, mientras un tiñe de tristeza y desesperación inundaba su voz. – ¿Por qué mi familia... los Onmyôjis nos traicionaron de esa manera? ¿Porque convocaron a un Yokai demoniaco?
- Yo tampoco no tengo idea de lo que está pasando, pero tenemos que reunirnos con Hitoshi-san e informarle lo que pasó antes de que esa cosa llegue al pueblo. - Propuso el niño empezando a caminar. – El sabrá qué hacer contra el Gashadokuro.
Entonces la escena nuevamente cambio para ahora ver al Gashadokuro ahora con la pelvis y parte superior de las piernas casi completadas intentando salir de un nuevo del campo de fuerza que lo rodeaba a él y a todos los sobrevivientes del templo, pero al ver que sus intentos eran inútiles solo podría intentar convocar más esqueletos que se dispusieron a atacar a todos los que estaban adentro con él para ganar más tiempo en completar su cuerpo. Sin embargo, la única solución para que la bestia pudiera salir de allí tendría que romper la formación de los humanos que mantenían ese campo de fuerza áurico.
Mientras Hitoshi seguía eliminando a cada enemigo que él convocaba con sus pergaminos y exorcizándolos con su rosario brillante, junto con los cinco Gonnegi y algunas sacerdotisas, iban exorcizando en conjunto al ejercito enemigo que intentaba acercarse a los estudiantes que mantenían el campo de fuerza.
- Y-ya no puedo más. – Dijo un aprendiz viendo como sus cuerpos se cansaba cada vez más.
- Mantengan la formación. – Gritó a cuestas Hitoshi levantando su brillante rosario Juzu para exorcizar a más esqueletos. – "Demonios a este pasó el yokai terminara de formarse por completo. Tenemos que debilitarlo pronto o de lo contrario..." – Luego el movió su mirada hacia donde se encontraban Shiori y Koichi a salvo bajo otra barrera casi lila que el sacerdote Kyo hizo para proteger a muchos de los heridos y el último Onmyôji sobreviviente desmayado y con varias heridas de gravedad.
Pero el Gashadokuro al ver hacia donde estaba mirando el humano entonces no dudó en laza desde el orbe de su pecho una especie de rayo rojo que trazó una línea larga que poco después provocó una gran explosión al mismo tiempo que levantaba una gran cortina de humo que cegó a todos.
Nadie podía ver nada, pero eso no evitó que él esqueleto gigante se arrastrara a una velocidad insana hasta llegar al frente campo de fuerza de sacerdote Kyo para que con un fuerte puño cargado de energía oscura rompiera el campo de fuerza empujando al pobre sacerdote Kyo que salió expulsado a un lado por culpa de la gran fuerza del ataque sorpresa, dejando expuesto a los heridos quienes empezaron a temblar por el miedo.
La bestia ya estaba lista para matar al grupo de una vez por todas por lo que abriendo su gran mandíbula dejó salir una especie de punta dorada que empezó a acumular más energía oscura y se dispuso a disparar.
Shiori viendo la anticipación del yokai, ya sea por la adrenalina o por el pánico del momento, simplemente se paró de su sitio y salió corriendo hacia el frente de la bestia para enfrentarlo cara a cara muy a pesar del miedo que sentía; antes de que su cuerpo se paralizara por completo, ella, extendió sus pequeñas manos y con el tatuaje brillando realizó una serie de movimientos de su mano para finalmente exclamar:
- ¡Técnica mixta: Cúpula de mándala!
De pronto una serie de pergaminos salieron al frente de la niña para convocar un campo de fuerza con pocas flores de loto se colocó al frente de ella, reteniendo con dificultad el continuo rayo del Gashadokuro y generando una onda de impacto que alejó a todos los presentes a un lado. Tanta era la cantidad de energía que perdía que la fatiga golpeó rápidamente con fuerza a la niña quien se negaba a detener su técnica.
- ¡Shiori-sama! / ¡Shio-chan! – Exclamaron los cinco Gonnegi y muchos de los presentes que aún estaban luchando intentaron de acercarse a la zona para socorrer a la niña, pero sabían que si abandonaban sus puesto el ejército de esqueletos asesinaría a los aprendices que mantenían aun la cúpula en pie y todo su esfuerzo de protegerlos habrá sido en vano, por lo que sintiéndose impotentes solo continuaron luchando contra los esqueletos que venían en masa.
Hitoshi viendo con dolor y preocupación el sufrimiento de su hija no que quedó quieto y empezó a correr a toda velocidad esquivando cada ataque de los esqueletos hacia la zona con solo una idea en su mente...
Proteger a su pequeña.
- ¡Más rápido! ¡Más rápido! ¡Más rápido! – Dijo desesperado Hitoshi acelerando más el paso.
- ¡Shiori! / ¡Enana! – Exclamaron tanto Kyo como Koichi al ver como la niña ahora empezó a soltar un grito de dolor mientras seguía con las manos hacia arriba, el dolor era demasiado alto que tanto sus ojos y como su boca expulsaban más sangre.
Leona esta vez cedió ante el horrible dolor recorrer su cuerpo que lo obligo a soltar un grito a la par que otras voces familiares imitaban también su griterío. Todo estos sentimientos, sufrimiento y dolor ¿Como era posible que la Shiori que él conoció pueda poseer tantas esperanzas y optimismo? si ella vivió en carne propia un infierno.
Shiori, viendo que de ella dependía si todos los heridos sobrevivían o no, en un último intento de salvarlos expulsó más energía áurica de lo normal y con eso logró devolver por primera vez el ataque hacia el cráneo del esqueleto, perforándolo junto con una explosión que desembocó en una cortina de humo.
- ¡Lo logré! – Sonrió cansadamente Shiori al ver que pudo devolver el ataque.
Muchos de los presentes soltaron un suspiro de alivio al ver que el peligro pasó e incluso Hitoshi quien todavía se dirigía al lugar soltó una sonrisa orgullosa al ver el crecimiento y progreso de su bebe.
Pero dicha felicidad no duró mucho porque de pronto una luz roja de la caja torácica del gigante salió disparada hacia donde estaba la niña, quien al ver como el objeto estaba a pocos metros de atravesarla, solo pudo mirar con terror al objeto mientras caía de rodillas por culpa del cansancio. Ya había acabado todas sus reservas de energía que tenía por lo que le será imposible esquivar el ataque a tiempo. Este sería su final.
- ¡Shiori! – Exclamó Leona extendiendo su mano tratando de poder hacer algo, pero con mucha dificultad no podía ni moverse.
Todo el mundo cambio sus expresiones aliviadas al de terror puro porque será imposible para cualquiera de los presentes si quiera levantarse a tiempo para proteger a la niña o alejarla del ataque. No había nada que se podía hacer para evitar esta tragedia.
- ¡Campo áurico! ¡Khan! – Exclamó una voz seguido de un pergamino que se colocó al frente de la niña para retener a la luz roja con un campo de fuerza blanco que generaba el pergamino, aunque solo duró unos pocos segundos antes de que se rompiera.
Pero esos segundos fueron más que suficientes para que alguien se colocara frente a Shiori y protegerla con lo todo su cuerpo...
y ese alguien era el padre de Shiori.
El crujido de los huesos romperse seguido de la carne rasgada inundó como un gran eco en el lugar ahora silencioso.
La niña solo pudo mirar con sus ojos encogidos y temblando la sonrisa tranquila de su padre quien mantenía extendido sus brazos de par en par frente a ella, sosteniendo con fuerza el rosario Juzu que iba brillando intercaladamente con su aura blanca y mostrando la lanza roja que estaba atravesada a la altura de su perforado corazón... Era una lanza maldita ...
El padre de Shiori, perdiendo el equilibrio de su cuerpo y las fuerzas, solo empezó a caer al suelo mientras poco a poco la lanza se desvanecía dejando una especie de sellos extraños en su piel y el líquido carmesí nuevamente circulaba por toda su túnica blanca.
- ¡Papá! – Exclamó Shiori acercándose a su padre para revisar la herida. Una y otra vez intentó llamar a su papa mientras empleaba la Curación Divina sin importar lo cuanto su cabeza y cuerpo gritaban por un descanso.
- Mi princesa... - Murmuró Hitoshi mirando a los ojos llorosos de Shiori. – Menos mal que estas a salvo...
- Por favor ¡Para! ¡Para! ¡Para!... - Repitió Shiori una y otra vez intentando cerrar la herida con su marca para detener el sangrado, pero nada funcionaba. Había algo que la estaba rechazando. – Marca de buda ¿Por qué? ¿Por qué no quieres curar la herida?
- Déjalo Shiori... te vas a lastimar más si sigues usando demasiada energía para tu marca. - Hitoshi alzó su mano para limpiar la sangre de los ojos de Shiori. - Las lanzas malditas de un Yokai... pueden generar heridas que son irreversibles de curar para cualquier tipo de individuo... por eso uno tiene que tener mucho cuidado con ellas...
- ¡Hitoshi-san! – gritó desesperado Koichi también acercándose al lado de Shiori para mirar desconsolado la escena. – ¡Hitoshi-san, por favor resista!
- Koichi, lamento mucho si tuviste que presenciar esto una vez más... esta no era la tranquila vida que te prometí... - Susurró el albino.
- No digas tonterías... para mi... - Koichi empezó a llorar de igual manera que Shiori. – Para mí el hecho de que me aceptara como parte de su familia ya era más que suficiente.
- Me alegra mucho... ¡Ahg! Escuchar eso. – Respiró con dificultad Hitoshi.
El Gashadokuro a pesar de que no tenia parte de su cara, aprovecho el momento en el que todos los presentes estaban distraídos por la agonía del humano que se arrastró rápidamente hacia los estudiantes y les lanzó un golpe ocasionando que los jóvenes rompieran la formación para así desvanecer el campo de fuerza y salir en búsqueda de más fuente de energía que lo ayudase a volver a la vida y esa fuente era el pueblo Ainu que estaba a unos kilómetros del área. Rápidamente convocó a más esqueletos para que todos los demás humanos estuvieran distraídos mientras se dirigía hacia el pueblo.
Ya no había mucho tiempo, el Gashadokuro estaba avanzando por lo que tendría que apresurarse lo más pronto posible.
- Escúchenme los dos... a lo largo de los siglos existieron varios espíritus que intentaron reinar este mundo... pero nunca pudieron conseguirlo porque Kaori junto con sus antecesores encontraron la manera de exterminarlos a todos ellos hasta lograr una era de paz... no sé porque los Onmyôjis convocaron a este mortal Yokai del yomi... pero si no lo detenemos ahora... entonces ellos intentarán volver a crear un nuevo acceso para liberar a los demás espectros... Si todos los demonios del yomi llegan al mundo entonces todo se convertirá en un caos y el sacrificio de Kaori habrá sido en vano... - Entonces una tos violenta empezó a atacar la garganta del hombre albino.
- ¡Papá! / ¡Hitoshi-san! – Exclamaron los niños.
- Su excelencia. – Dijo el maestro Kyo llegando al lugar de los hechos y agacharse a la altura de los niños. – Joven Hitoshi...
- Maestro... esto es una orden... detenga al Gashadokuro a como dé lugar... en sus manos... le confió mis mayores tesoros... y la esperanza de sus futuros. – Dijo Hitoshi mirando a los ojos cerrados de su maestro con suplica.
- No es necesario que lo digas, yo los cuidare. – Respondió Kyo aguantando la gran angustia de ver a su exalumno moribundo.
Hitoshi asintió con la cabeza para nuevamente pasar a los ojos llorosos de sus pequeños.
- Koichi... tienes un gran futuro por delante, por favor sigue viviendo... Se fuerte y nunca pierdas la esperanza... prométemelo. – Suplicó Hitoshi poco a poco perdiendo la luz de sus ojos.
- Se lo prometo, Hitos... - Koichi se detuvo unos instantes para corregirse. - ¡Yo te lo prometo, padre! – juró él con la voz casi ahogada en llanto.
- Gracias... y cuídate mucho campeón... - Sonrió Hitoshi al escuchar ese honorifico por primera vez de parte del azabache para luego ver a su hija. – Shiori... estoy tan orgulloso por todo lo que has logrado por ti misma... Me has dado una gran dicha... al haberme dado la oportunidad de ser tu padre... no puedo pedir a una hija tan extraordinaria como lo eres tú... tengo la fe y la certeza de que llegaras a lograr grandes cosas en la vida y en lo que escojas para tu futuro... entonces podrás seguir avanzando hacia adelante... recuérdalo, ante los problemas siempre hay una solución... Nunca te rindas...
Hitoshi luego de apretar su rosario de dejo de brillar entonces lo alzó para depositarlas cuidadosamente en las manos de su pequeña hija.
- Yo te estaré cuidando por siempre... - Prometió Hitoshi cerrando sus manos en las de la niña. - Nunca te apartes del camino recto. Ama a la humanidad, respétala y cuídala en todo momento y con toda tu alma... Si tienes la fuerza y el amor necesario entonces podrás romper las cadenas de tu ansiado destino... Te amo mucho...Shiori...
- Y-yo... también te amo mucho papá. Te prometo que seguiré esforzándome, ya nunca voy a rendirme fácilmente y daré todo lo mejor de mi para ser una gran persona como tú. – También Shiori lo prometió tomando con fuerza el rosario entre sus manos.
- Eres una niña tan dulce... mi princesa. – El albino limpió las lágrimas de Shiori con la mano sobrante para ahora mirar hacia la luz de la luna en el cielo a su vez que dejaba que todas las hermosas imágenes de su vida al lado de Shiori y las de su esposa pasaran al frente de sus ojos. – al igual que tu... ma...dre... - Finalizó Hitoshi cerrando finalmente sus opacos ojos celestes, relajando sus frías manos y finalmente dando su ultimo exhalo al viento.
- ¡Papá! ¡No! ¡Abre los ojos! ¡Papá! ¡PAPÁ! – Shiori exclamó tan fuerte que su voz parecía como si se estuviera rompiendo como un delicado cristal.
Tanto ella como Koichi al final rompieron en llanto al igual que muchos de los aprendices y sacerdotisas ante una gran y dolorosa pérdida de un gran hombre tan importante. Los Gonnegi al percibir el aura de su líder desapareció por completo se mordieron la lengua y contuvieron sus lágrimas para continuar luchando con mucha más velocidad y fuerza contra todos los ejércitos de esqueletos que se acercaban hacia ellos.
Leona, una vez recuperado del dolor físico, luego miro de nuevo la escena ahora con pena. Él siempre se consideró una persona a la que los asuntos de otras personas no tenían nada de qué importarle o sentir algo, pero debía admitir que esta imagen o sueño lo hacían sentir tan horriblemente mal pero que tuvo que contenerlo. Nunca supo lo que era el amor de un padre, pero viendo la expresión de dolor de Shiori y sus lágrimas pudo entender que era un lazo que podría brindarte tanto amor como dolor al mismo tiempo.
Y entonces la escena cambio ahora
los Gonnegi, con sus ojos más brillantes con un halo rojo a su alrededor de sus iris debido a que tenían el ajna encendido. Estaban luchando con garra y dientes contra el Gashadokuro en su cuerpo completo, aunque, esta criatura, estaba siendo retenido por varios pergaminos de los estudiantes y sacerdotisas quienes a pesar de aun estar heridos luchaban para evitar que siga caminando, ya solo quedaba unas horas para antes de que saliera el sol por lo que no tenía que perder mucho tiempo. Entonces nuevamente soltando un grito al aire nuevamente convocó a más esqueletos armados que cayeron de sus huesos para asesinar a todos los humanos presentes.
- ¡No interfieran! – Gritó Raiden sacando sus abanicos para maximizar su energía áurica mientras era rodeado por los enemigos – Sientan el poder de los vientos de mi aura "¡Gran tornado cortante!"
Con el movimiento de sus manos hacia el cielo, una gran serie de tornados de vientos rojos que levantaron a muchos de los esqueletos mientras eran cercenado por las corrientes de Raiden.
- Eh~ veo que muchos tienen ganas de jugar. – Sonrió Isao de oreja a oreja mientras esquivaba con velocidad todos los ataques de los esqueletos mientras los cortaba con lo que parecía ser unas navajas tipo agujas que eran de un color azul luminiscente. – Pero acabemos con esto. – Dijo en un tono ahora frio como el hielo y tirando las agujas al suelo.
Llevando una mano a su espalda, sacó una especie de bate de madera cuya superficie empezaba a crecer varias agujas filosas en forma de hielo al compás que exhalaba pesadamente para finalmente exclamar:
- ¡Vengan a por mí hijos de puta! "¡Espiral de agujas!"
Isao, al exclamar su técnica, empezó a abrirse en el camino mientras que con rápidos movimientos de su testsubo generó que más agujas delgadas que fueron enviadas a cada cráneo y cuerpo de los esqueletos para luego ser paralizados para que al final fueran destruidos en varios pedazos por los golpes del joven rubio.
- "¡Furia de Durga!" – Exclamó Tomoe enviando varios combos de puñetazos, envueltos en un aura amarilla que eran expulsadas por unos tekkos que abrazaban las manos de la mujer.
Todos esqueletos en pie fueron enviados y destruidos por la fuerza sobrehumana que generaba ondas de choque que sus manos generaban y lo fue aún más cuando Tomoe dio un poderoso golpe al suelo para romperlo y levantar a todos sus enemigos al cielo.
- ¡Atsuhi, tu turno! – Ella exclamó.
- Entendido. – Respondió calmadamente el oji-turquesa enfocando su perfecta vista junto con el Ajna encendido hacia los objetivos en el aire para luego extender su arco y tensar la cuerda, luego de la nada una flecha luminiscente de color morada empezó a materializarse a su vez que exclamaba. – "Aluvión de flechas celestiales"
Al lanzar su flecha, a la mitad del camino, esta se fue fragmentando en varias mini flechas que perforaron a cada esqueleto hasta llenar las armaduras y cuerpo con varios agujeros que luego estallaron como si fueran varias bombas explosivas.
- Reciban el descanso eterno. – Finalizó Atsuhi dando la espalda a varios esqueletos que estaban a punto de atacar joven de baja estatura.
- ¡Lamentaran el haber asesinado al gran Hitoshi-sama! "¡Oleada eléctrica!" – Exclamó Fudo pasando rápidamente al costado de Atsuki.
Luego, moviendo su naginata, dio un rápido y largo corte horizontal para después frenar a varios metros de donde estaba su compañero y varios de los esqueletos estáticos, luego tranquilamente irguiendo su espada, extendió su mano y chasqueó sus dedos para que los esqueletos empezaran a ser embestidos por varios rayos verdes que los calcinó hasta no dejar rastro alguno.
Leona solo miraba atentamente con los ojos bien abiertos la cantidad de habilidades que poseían todos esos humanos que a pesar de que lucían muertos del cansancio y con varias heridas sangrantes no desistieron de su misión y continuaron peleando.
- ¡Maestro Kyo! – Exclamaron los gonnegi al sacerdote de mayor edad que iba corriendo hacia las piernas del esqueleto junto con Koichi, muchos de los aprendices y sacerdotisas principiantes para que luego, una vez cerca de la zona, enviaran varios pergaminos que fueron adheridas con éxito y finalmente todos gritaron al unísono:
- ¡Dios del trueno, ve al frente!
La gran mayoría de las personas tosieron sangre por culpa de los pergaminos pero que fueron curados rápidamente gracias a un tatuaje familiar que ahora había empezado a resplandecer en el dorso de sus manos curando toda herida de su cuerpo y recomponiendo su energía para que puedan salir antes del gran impacto.
Y dicho y hecho, cuando todos finalizaron el cántico religioso un centellar de rayos rompieron en miles de pedazos las piernas del Gashadokuro que empezó a caer como si fuera un árbol cayendo tras ser cortado de su tronco. Pero sin importarle lo que le paso a sus piernas intentó seguir moviéndose a través de sus manos, sin embargo, estas rápidamente también fueron destruidas por las técnicas de los Gonnegi quienes no permitieron que el bastardo se siguiera moviendo.
La bestia viendo que no se podía mover, en un intento desesperado, intentó mover su cráneo en distintas direcciones para abrir la mandíbula y regurgitar nuevamente la punta dorada para disparar a todo su alrededor, pero de repente varias hoces lilas impactaron con fuerza en la boca del monstruo provocando que tanto la punta y la boca fueran destruidas. La responsable de dichos ataques era de Shiori quien tenía revelada las espinosas protuberancias del Tengu tennin en su espalda mientras mantenía sus ojos cerrados y sostenía entre sus manos el opaco rosario Juzu. Ella estaba a punto de finalizar la absorción de la energía áurica de su entorno y para poner fin a toda esta batalla de una vez por todas.
Viendo que el demonio está totalmente desarmado y debilitado no dudó en abrir sus brillantes ojos escarlatas con el Ajna encendido y empezó a correr con todas sus fuerzas mientras ocultaba las protuberancias con ardor mientras encendía su tatuaje de poco a poco.
- ¡Ve Shiori! – Gritó el maestro Kyo convocando más pergaminos que formaron una escalera en la que Shiori se apoyó para empezar a tomar altura para llegar a la bola roja que estaba situada en el pecho de la bestia.
La subida tardo varios segundos y muchos de los esqueletos intentaron perseguirla, pero Los cinco gonnegi junto con los aprendieses y sacerdotisas no permitieron que cualquiera de esas monstruosidades se acercase a la pequeña, incluso si eso significaba morir para que ella viviera.
Shiori luego de pasar el ultimo pergamino, tomó impulso y saltó hacia adelante con el fin de extender su mano tatuada para poder tocar el orbe rojo y exclamar con energía:
- ¡Sumérjanse en un sueño en blanco y liberen todas sus rencorosas almas! ¡Purificación Divina! - Shiori apretó con fuerza el rosario. - ¡Zen!
Entonces una gran luz inundó el pecho de la bestia mientras. Shiori luchaba para neutralizar con toda la energía negativa que quería engullirla, pero al pensar en su padre, su familia y en la gente del pueblo ella nuevamente maximizó su energía áurica y con un grito ella hizo que la luz de su tatuaje brillara a un más provocando que la bestia soltara un gran rugido de dolor.
Shiori, concentrándose en mantener a raya su poder, hizo todo lo que pudo para purificar a cada alma en pena que yacía dentro del orbe para salvarlas a pesar de haber compuesto a este temible Yokai. A pesar de que le habían arrebatado la vida de su amado padre eso no quitaba el hecho de la fuente de este orbe estaba compuesta de varias almas que alguna vez fueron humanos que perdieron y sufrieron cosas peores que ella en carne propia durante mucho tiempo y que murieron de la peor forma posible. Por lo que, con eso en mente, no dejó que su tristeza y rencor la dominar, y en lugar de eso, les ofrecerá la salvación y la purificación para que todos ellos por fin tuvieran su descanso eterno y así acabar con el Gashadokuro.
Con un grito final poco a poco el escenario se volvió en blanco a medida que el rugido del Gashadokuro disminuía hasta transformase en un silencio.
Luego la escena cambió, ahora Leona estaba situado en lo que parecía ser una capilla llena de varias velas e inciensos que ambientaba en todo el sitio a la par que todos los aprendices, sacerdotisas, Koichi, los cinco Gonnegi y todo el personal del templo estaban parados mirando fijamente hacia el estrado donde se encontraba el sacerdote Kyo al lado de una figura encapuchada de blanco.
- ¿Una ceremonia? – Se preguntó Leona mirando hacia la misma dirección del público.
- Shiori acércate. – Ordenó el sacerdote Kyo.
La figura encapuchada tomó unos pasos hacia adelante.
- Hoy estamos santificando, a una nueva sacerdotisa de una gran generación. No puedo estar tan orgulloso de mi aprendiz. – Comenzó el maestro Kyo solando una sonrisa que fue respondida con otra de parte de Shiori. – Cuando el peligro y el caos amenazaron la existencia de nuestro clan y la del pueblo Ainu, cuando la vida de nuestros aprendices corría en riesgo, Shiori jamás se rindió. Gracias a su golpe final veo un futuro brillante para este clan. Claro que no exista este clan de no ser por el gran sacrificio de devoción que dejó atrás el gran sacerdote Hitoshi Nakamura.
El mero hecho de mencionar el nombre del fallecido líder muchos de los presentes inclinaron sus cabezas en señal de respeto mientras sus caras expresaban una mirada cargada de tristeza incluyendo la de Shiori.
- Él, a pesar de cargar con un gran peso por varios años, dedicó y sacrificó su vida para poner a salvo las nuestras. – Continuo Kyo. – Jamás podremos retribuirle por todo lo que ha hecho por nosotros, pero podemos seguir su ejemplo de servicio, sacrificio y amor. Mientras que todos nosotros nos vamos recuperando de las grandes pérdidas que esta batalla nos dejó, deberemos trabajar y esforzarnos para poder evitar repetir los mismos errores que cometieron los anteriores miembros del consejo y caminar hacia un nuevo mañana lleno de equilibrio y paz.
Entonces Kyo se acercó hacia el costado de Shiori para tomar la túnica entre sus manos.
- Ahora consagraremos a la nueva matriarca que encabezará este nuevo clan. – Al finalizar Kyo levanto la túnica para mostrar a Shiori vestida en su traje ceremonial Chihaya con varios ornamentos de oro adornando sobre su cabello blanco, su piel mostraba varias marcas dibujadas en tinta rojo como símbolo de su nuevo estatus y de su cuello colgaba el emblema correspondiente del clan "el collar dorado con el circulo del zen" .
Muchos de los presentes empezaron a inclinarse con respeto mientras que Shiori encendía la marca de su tatuaje para inundar el lugar con aura pura y colosal que tranquilizaba y llenaba de paz a todo su entorno junto con cascabeleo de unas campanillas. Aunque dicha demostración fue breve porque de pronto ella apagó su tatuaje y tomó la palabra.
- Con todo el respeto, me siento honrada de poseer este título que durante mucho tiempo ha trascendido de generación en generación dentro de mi familia. Sin embargo, después de recapacitarlo mejor... he decido tomar un nuevo rumbo y cambiar algunas cosas dentro de este sagrado templo. – Shiori empezó a recitar su discurso. – Primero... me gustaría llamar a las siguientes personas ante mi...
- Gonnegi Atsuhi...
Atsuhi abriendo sus ojos con sorpresa camino del grupo y se dirigió hacia el frente de la niña para luego inclinarse de rodillas ante ella.
- Gonnegi Tomoe...
Tomoe de manera tranquila se dirigió hacia Shiori para imitar la inclinación de Atsuhi
- Gonnegi Fudo...
Fudo con la frente en alto también se ubicó al frente de Shiori para inclinarse con devoción y respeto.
- Gonnegi Isao...
Isao sonriendo de oreja a oreja se apresuró a ubicarse frente de Shiori.
- Y Gonnegi Raiden...
Raiden fue el último en inclinarse frente a la matriarca Nakamura.
- Durante muchos siglos este clan a simbolizado como una gran monarquía que siempre ha tomado como relevancia la importancia de la pureza de la sangre... Pero eso se acabó. - Shiori enfatizó lo último sorprendiendo a muchos de los presente incluso los Gonnegi. - ... Si de algo he aprendido en este corto viaje de la vida es que la ideología de la pureza de la sangre y la importancia de esta es tan solo una ilusión que puede orillar a mucho a cometer varios actos de injusticia, falta de respeto y un odio irracional hacia la misma humanidad y sus semejantes sin importar que todos, al fin y al cabo, seguimos siendo humanos de carne, hueso y sentimientos. Gracias a eso aprendí y entendí que los verdaderos lazos de sangre son de aquellos que se formar a partir del amor, sentimientos, respeto y de confianza mutua de los unos hacia los otros sin importa la raza, género y clases económicas y sociales a las que pertenecemos. Es por eso que partir de ahora en adelante todo aquí seremos iguales. – En eso Shoiri se empezó a quitar los ornamentos dorados de su cabello y con la manga de su traje pulcro se limpió el maquillaje, sorprendiendo al entorno e incluso a Leona. – Se tomará en cuenta los esfuerzos, talentos y dedicaciones de cada uno de ustedes para regir un nuevo santuario en las que la discriminación y el perjuicio serán sepultadas para siempre. Todos seremos tratados como una verdadera familia y tendrán acceso a subir de rango siempre y en cuando demuestren que tan fuerte sea su fuerza de voluntad y sus esfuerzos.
Entonces Shiori, mordiendo su pulgar pasó su sangre sobre su tatuaje, levantando sus dedos para empezar a dibujar el emblema de su tatuaje cinco veces.
- A ustedes, héroes del clan Nakamura, que a pesar de todas las injusticias que han sufrido a causa de mi familia desde hace años, nunca renegaron de sus destinos y siempre sirvieron con una gran devoción y firmeza a este templo incluso si ustedes no eran admitidos según lo que dictaba las anteriores normas. – Continuó ella. – Es por eso que yo como líder del clan Nakamura y portadora de la marca de buda les doy las gracias a todos ustedes por todo apoyo durante varios años de entrenamiento incluida la batalla final contra el Gashadokuro y también les entrego "La bendición de los marcados" junto con el ascenso automático del rango Gonnegi al rango Onmyôji como recompensa por todos sus esfuerzos y apoyo que nos han demostrado durante muchos años. Ayudaran a restaurar la paz de este templo y trabajaran para combatir contra la corrupción y discordia de aquí para adelante. ¿Aceptan este encargo?
- Aceptamos esta orden con honor, Gran sacerdotisa Nakamura. – Asintieron los cinco jóvenes frente a ella conteniendo las lágrimas de agradecimiento y de respeto.
- Por favor, extiéndanme sus manos y acepten mi bendición como símbolo de un nuevo comienzo lleno de confianza, respeto, apoyo y sobre todo amor.
Los cinco nuevos Onmyôji extendieron sus manos y dejaron que las marcas los traspasara como símbolo de su unión con ella y con la nueva familia Nakamura.
Nuevamente los aplausos reinaron en todo el lugar a su vez que los cinco jóvenes se levantaban del lugar para regresar a sus sitios con la frente en alto.
- Aun no he acabado... - Shiori levantó su mano tatuada para apaciguar el ruido del ambiente con amabilidad. – Para finalizar, como ya lo sabrán muchos de ustedes, mi padre mucho antes de partir de este mundo me dejó una orden que aun debo de cumplir como muestra de respetó a su última voluntad. A pesar de que este templo necesitará de alguien que los lidere con sabiduría y benevolencia yo aún no me siento preparada para cumplir con todos eso requisitos para ser su guía en esta nueva era, o al menos no por ahora con mi corta edad...
Mucho de los del personal empezaron a murmurar confundidos por la toma de decisión repentina de Shiori, pero Leona de alguna manera se sorprendió mucho de la madures y justicia que ella empleaba en su templo. Eso de algún modo generó un nuevo sentimiento de respetó hacia ella.
- Es por eso que cederé temporalmente mi título de líder a una persona que a lo largo de su tiempo supo guiar y criar a la sacerdotisa Kaori Nakamura, fue el maestro del Gran sacerdote Hitoshi Nakamura y fue quien encaminó al nuevo consejo de Onmyôjis y a mí misma hacia un camino lleno de disciplina y devoción.
Shiori luego miró hacia el sorprendido sacerdote Kyo y se quitó el collar del emblema del clan Nakamura.
– Por favor guíenos con su sabiduría y respeto a esta nueva generación como siempre lo ha hecho hasta el día en que finalicé mi decisión ante la voluntad de mi padre. – Luego, Shiori, sonrió con orgullo. - No conozco a otras mejores manos que las suyas maestro o debería decirle... Gran sacerdote Kyo Nakamura.
Entonces, tomando la mano del hombre mayor, ella depositó el collar dorado a su vez que se inclinaba ante su maestro, los cinco Onmyôji y Koichi también se inclinaron con respeto y así sucesivamente todos los presentes del santuario reconociendo a su nuevo líder.
Leona de alguna manera sintió satisfacción al ver que Shiori, una niña que fue subestimada y rechazada por varios años, pudo al final demostrarles a esos vejetes traidores lo que es ser un verdadero líder y como emplear la justicia de manera correcta. Era tal y como ella le había dicho, creó su propia suerte en base de todo lo que solo podía hacer en el momento y creó una gran revolución.
Y luego la escena cambió a la imagen de Shiori rezando frente a la lápida de su padre, por como lucia el cielo azul, Leona, de alguna manera supo que ya era primavera.
- ¿Cómo te encuentras Shiori? – Preguntó su maestro Kyo caminando hacia ella con su clásica túnica del templo.
- Estoy bien, solo estaba charlando un poco con mi padre... - Respondió Shiori mirando hacia su maestro. – Le estuve contando las nuevas normas que estableciste en el templo y todos los cambios que han pasado.
- Ya veo... - Respondió Kyo colocándose a un lado de Shiori para también mostrar su respeto a la tumba de Hitoshi. – Hemos intentado buscar alguna noticia de Osamu pero todavía no tenemos nada... él desapareció.
- Nunca imagine que esto pasaría. – Shiori frunció levemente el ceño. – Dígame la verdad... ¿el anterior consejo de Onmyôjis invocaron al Gashadokuro aquella vez por qué querían deshacerse de los Gonnegi?
- ¿Cómo? – Leona abrió los ojos de par en par ante las palabras de Shiori.
- Me temo que sí. – Suspiró Kyo mostrando frustración. – Era demasiado raro que casi todo un consejo de fuertes Onmyôjis fueran asesinados de una sola vez y que casualmente estuvieran allí los Gonnegi.
- Me lo imaginaba. – Shiori luego miró su tatuaje. – Pero de alguna manera el pensar en como será su vida de ahora en adelante me causa una gran lástima, pero dudo mucho que quiera arriesgarse a regresar al templo después de tal pecado.
- Incluso si fuera eso estaremos al tanto de cualquier noticia sobre él y te lo informaremos si eso es lo que quieres. – Prometió Kyo.
- Gracias por todo, maestro. – Asintió Shiori mientras derramaba una silenciosa lágrima de su ojo escarlata.
Hubo un leve silencio en el entorno mientras los pétalos de cerezo caían lentamente con el viento.
- Por cierto, y cambiando de tema ¿Cómo descubriste que mi verdadero apellido era Nakamura? – Preguntó el maestro.
- Porque ahora me lo has comprobado. - Suspiró Shiori levantando su mirada hacia el cielo. – Tenia mis teorías desde sus frecuentes visitas a la fuente conmemorativa de los marcados a ver únicamente la estatua de al lado de mi madre y luego, en la batalla, ese campo de fuerza que usó para protegernos, de alguna manera, pude sentir que tenía casi la misma esencia que mi aura. Con eso en mente solo puedo teorizar que tú eres mi tío abuelo.
Hubo un breve silencio en el que se pudo escuchar al viento, pero ahora
- ...Eso es correcto. – Admitió Kyo abriendo sus ojos para revelar el tono escarlata de su mirada.
- ¿Por qué lo mantuvo oculto?
Después de unos cuantos segundos de silencio y recapacitación entonces Kyo dijo.
- Porque es la penitencia que me autoimpuse...
Shiori limpiando la lagrima miró a la dirección de su maestro ahora con los ojos sorprendidos al igual que Leona.
- Escucha Shiori, incluso a veces algo tan pequeño como el linaje o la herencia puede ser capaz de romper algo sumamente grande como los lazos fraternales dentro de una familia. Soy testigo de lo que ocurrió en anteriores generaciones, pero eso solo me enseñó a que nunca debes prejuzgar algo sin tener un buen fundamento o de lo contrario eso solo termina por alejarte más de tu apreciada familia. – Kyo luego miró a los ojos de la niña con tristeza. - Nunca permitas que el resentimiento nuble tus acciones porque eso te conlleva a terribles consecuencias como lo que le paso a los Onmyôjis y al igual de lo que me pasó a mí y a mi hermano mayor.
- ¿Qué le ocurrió? – Preguntó Shiori preocupada.
- Murió protegiéndome de un yokai. Cuando era un joven adolescente toda mi vida siempre lo he detestado porque él era más venerado e importante por ser elegido como un marcado mientras que yo solo era el simple hermano del elegido que nunca podría superarlo, dejándome casi al abandono del templo y sin ser reconocido en ninguna disciplina. No importaba que tanto me esforzaba él siempre sería más importante. Mi hermano. Aun sabiendo sobre mis verdaderos sentimientos, él no paró de seguir amándome... y fue ese amor lo que le dio fuerzas para permitir que yo siguiera viviendo. Desde ese entonces me percaté tarde de que había juzgado mal a mi hermano y que por culpa de mi resentimiento e inmadurez perdí a alguien mucho más importante que una simple marca o un reconocimiento. – Kyo acaricio levemente la cabeza de Shiori. – Esa parte de mi vida me enseñó que siempre habrá guerras entre padres, hijos y hermanos, muy a pesar de que en un inicio no había pleito. Los niños amaban a sus padres y los hermanos se apoyaban unos a los otros cuando son jóvenes, pero cuando la fortuna llega a ellos empiezan a odiarse y a matarse, pero jamás se llega a olvidar la época en la que se querían y en las que se confiaban uno de los otros; por eso para enmendar el error que cometí, y empezar a apreciar el sacrificio de mi hermano hizo por mí, yo cambie mi forma de ver las cosas y juré que daría toda mi dedicación en aprender de mis fallas y compartir esta enseñanza a mis estudiantes y semejantes para que ellos tampoco tengan que padecer lo que yo cometí por dejarme llevar por mis emociones negativas...
- Abuelito... – Shiori tomó la mano de su tío abuelo. – Estoy segura de que su hermano y tus padres, estén en donde estén, estarían muy orgullosos de ver lo mucho que ha avanzado como persona tanto como yo lo estoy de usted.
- Te lo agradezco pequeña. – Sonrió Kyo abrazando a la niña mientras volvía a cerrar sus ojos.
- ¿Sera posible que eso realmente pueda pasar? – Se preguntó a si mismo Leona siendo afectado por las palabras del maestro de Shiori, puede que él siempre haya crecido como la sombra de su hermano, pero a comparación de sus mismos padres, Farena, si se preocupó por él cuando eran niños y la pelea por la sucesión por la corona aun no sucedía. Finalmente se dio cuenta de que lo que él realmente anhelaba no era la corona sino la aprobación de aquellos que lo rechazaron por tanto tiempo.
Aquella piedra que siempre estuvo en su cabeza ya no la podía sentir más porque de alguna manera y todo gracias a estas imágenes que lo ayudaron a quitar el fango que cubrían sus ojos.
Después del abrazó Shiori le dio una sonrisa mientras soltaba una pequeña pregunta:
- ¿Le parece bien si tenemos una partida de Shogi? – Ella se levantó del suelo junto con su tío abuelo.
- ¿Ho hoh? A que viene tanta confianza señorita. – Rió el sacerdote caminando con Shiori mientras Leona veía sus espaldas perderse al horizonte.
- Esta vez he mejorado mis estrategias con Akko así que tengo la confianza de ganar esta vez.
- Ahora que lo pienso ¿Nunca me contaste nada acerca de esa persona? ¿Es algún niño de tu escuela?
Shiori solo emitió un sonido de duda mientras se rascaba la mejilla.
- Bueno... no es de la escuela... pero es alguien muy especial para mi... - Sonrió levemente mientras la imagen se oscurecía poco a poco.
Entonces Leona abriendo los ojos vio que estaba de regreso en su habitación y echado sobre el futón en el que había dormido. Era la primera vez que se levantaba tan de madrugada, no era normal en él por lo que le parecía muy extraño el recordar todo ese sueño largo que tuvo sobre el templo, Shiori y todas las dolorosas situaciones que ella tuvo que pasar.
- ¿Acaso realmente fue un sueño? – Murmuró Leona tratando de buscar una explicación lógica a todo lo que vio, pero nada lo convencía ya que era demasiado específico para que solo sea un simple sueño.
Sin ya querer dar vueltas en el asunto solo se giró hacia el otro extremo del futón para buscar una nueva posición y dormir tranquilamente. Quería aprovechar las horas de sueño que le faltaban, por lo que volver a dormirse no sería un gran problema. Pero de pronto ni bien intentó cerrara los ojos una leve presión surgió a la altura de su vientre. Esto lo alarmó tanto que casi se levantó de golpe para ver quien se había echado encima de él.
Ese alguien era Shiori vestida de su camisón mirando a la mirada confundida de Leona con sus brillantes y serenos ojos lila llenos de trance.
- O-oye que demo... - Leona quiso hablar, pero ella no se lo permitió.
Shiori hablando en un extraño lenguaje mezclado entre varias voces le dijo a Leona que se tranquilizara y que le prometía que nada malo pasaría. Uno a estas alturas no estaría calmado. pero Leona teniendo en cuenta que se trataba de ella y de la tranquila aura que ella estaba emanando simplemente e inexplicablemente se relajó y dejo que ella haga lo que tenía pensado hacer.
- "¿Qué me pasa?" – Preguntó Leona viendo como Shiori levantaba su brillante mano tatuada a la altura del bolsillo superior de su saco. – "¿Por qué estoy cediendo ante ella tan fácilmente?"
En eso Shiori encontrando lo que estaba buscando, posicionó su mano tatuada sobre la pluma mágica de Leona y empezó a absorber todas las energías oscuras que todavía la gema poseía la hasta dejarla nuevamente brillante y como nueva. Con el nuevo cambio realizado ella se levantó lentamente de encima de Leona y empezó a caminar de regreso hacia los pies de la cama, sin embargo, algo la detuvo a medio camino.
Leona saliendo de su trance, de lo que acababa de pasar, se levantó del futón para ver lo que la chica estaba ahora haciendo, pero solo se topó con ella mirando fijamente la luna llena totalmente quieta y sin parpadear ningún instante. Esto en parte lo preocupó un poco ya que al inicio creyó que sería alguna clase rara de sonambulismo, pero viendo por como actuaba lo descartó casi al instante por lo que no bajo la guardia ni por un instante por si algo sucediera.
Y él tenía razón porque Shiori empezó a levantar su mano tatuada como si quisiera alcanzar la luna desde donde esta ella, después solo empezó a murmurar algo en un tono bajo que según las orejas de Leona interpretaron fueron:
- ...e ...l ...igo.
No tenía idea sobre el significado de esas palabras y trataba de buscar algún sentido a ellas, pero ni bien ella terminó de decirlas de pronto la luz del tatuaje se apagó y ella empezó a caer.
Podría haber chocado contra el frio piso de no ser por Leona que la atrapó a tiempo entre sus brazos fornidos. Él, soltando su clásico suspiro de cansancio, la cargo al estilo nupcial y la colocó nuevamente hacia su cama para acostarla con suma delicadeza sobre el colchón moviendo a su mapache de al lado para acomodarla bien.
Podría haberla despertado en ese mismo instante para que le aclararan sobre lo que acaba de pasar, pero por algún motivo desconocido no lo hizo. El solo ver su rostro tranquilo de la fémina hizo que por esta vez dejar pasar esta rara acción para poder regresar a dormir y estaba listo para regresar al futón de no ser que Shiori, de manera inconsciente, empezó a emitir su energía áurica en todo el lugar provocando que Leona se sintiera atraído por esa energía.
Él no sabría cómo ponerlo en palabras, pero antes de si quiera notarlo ya terminó echándose en la cama al lado de la joven con la idea de acercarse más a la delgada figura de Shiori y a esa dulce energía.
La sensación de armonía y tranquilidad era tan adictiva que incluso provocaba que él querría estar mucho más cerca de dicha fuente armoniosa, tanto que incluso coloco su brazo fornido al costado de la cintura de la sacerdotisa y la atrajo más hacia su cuerpo para sentir la familiar sensación de comodidad, calor y reciprocidad del contacto físico de ambos.
Ubicando su cabeza al lado de ella se quedó observando cada detalle de su cara desde sus labios rosados hasta sus pestañas plateadas que ocultaban esos bellos ojos escarlatas brillantes que solo ella poseía y que eran capaces de mirar hasta en lo más profundo de su alma o su suave risa que era tan suave como el sonido de una campanilla siendo acariciada por el viento de su respiración.
Sin duda alguna Leona confirmó que Shiori era una chica demasiado atractiva no solo por su físico si no también por su manera de ser y de actuar con todos los demás e incluso con él, muy pesar de que no merecía tal simpatía de parte ella por todo lo que pasó, hasta podría decir muchas otras cosas más pero no pudo seguir pensando porque ni bien se dejó envolver más en el aura de Shiori y en su aroma, nuevamente se durmió sintiendo por primera vez la comodidad y la seguridad de estar a su lado.
Era como si todos sus problemas se hubieran desvanecido por una vez en su vida y eso lo hacía sentirse muy calmado y a gusto muy a pesar de haberse levantado en la madrugada.
Esa fue la primera vez en la que él pudo dormir tan cómodo y feliz.
Sin embargo, durante esa noche también muchos de los chicos que poseían la marca de Shiori nuevamente abrieron sus ojos con preocupación y empatía por lo que acaban de ver en sus sueños. Esta era la segunda vez que les pasaba por lo que para ellos no había duda de que esos sueños en realidad si eran recuerdos de su querida amiga que por algún motivo tenían acceso a verlas.
Mientras que por otro lado Jack y Ruggie solo soltaban un respingo por las imágenes de dicho sueño que llenaron su cabeza de dudas a su vez que trataban de calmar el temblor de su corazón.
Continuara...
🙤 · ┈┈┈┈┈┈ · ꕥ · ┈┈┈┈┈┈ · 🙦
Próximo capítulo: "El museo conmemorativo"
