Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Tokyo Ghoul pertenece a Sui Ishida.
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Este es un Fic con una Fem-Harry (llamada Artemisa, en esta versión), podríamos decir que es como otra versión del Fic "La Chica del Rayo".
Aquí Artemisa será un Ghoul (Estilo Tokyo Ghoul).
Aquí los padres de Artemisa, están vivos, y tiene dos hermanos menores.
Harem: Hermione Granger, Padma Patil, Daphne Greengrass, Susan Bones, Tōka Kirishima, Lily Potter y Stephanie (su hermana menor OC).
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Artemisa: The History of The Queen Ghoul
Capítulo 40: Y comienza 1995.
Desde hace algunas semanas, que era muy común para los Potter, utilizar runas de privacidad en sus habitaciones.
¿El motivo?
Quizás hubiera sido producto de la tortura que Artemisa sufrió, o quizás por aquella nueva personalidad latente, que comenzaba a surgir en ella, quizás fuera algo encadenado a su nuevo look capilar. La joven, se pasaba las noches y madrugadas, en la sala de gimnasia: Pesas, pesa rusa, usaba unas agarraderas unidas por una cuerda de goma elástica para realizar repeticiones de brazos y bicicleta estática.
Además, claro, de la práctica de Parkour que solía realizar con su madre. Práctica, que solía terminar con ellas, capturando a algún criminal, sacándole información y una de dos: O Artemisa lo devoraba, o lo entregaban a la policía; (junto con todas las pruebas que pudieran conseguir)
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En aquel instante, estaban todos cenando en la casa, las cartas de Hogwarts acababan de llegar, y ya irían al día siguiente, a comprar los útiles escolares del quinto año.
―El lado oscuro del Wizengamot, está alterado ―dijo James, quien aquel día había tenido que ir a una reunión de emergencia, en plena madrugada. Los tres adolescentes, prestaron atención a su padre. ―Varios Mortífagos o Magos Oscuros, han desaparecido, en los últimos días: Kirkpatrick, McAllary, Mackay, Trenwell, Weldon y Gadway. El segundo, el tercero y el cuarto, eran Mortífagos quienes habían dicho que fueron controlados por el Imperius. El primero, quinto y el sexto, apoyaban las causas de los Mortífagos, y se sabía que practicaban Artes Oscuras.
― ¿Y es necesario hablar del tema, en la cena? ―preguntó Artemisa haciendo una mueca, mientras terminaba su carne apanada y su café. ―Muchas gracias, mamá.
―De nada, cariño. ―Dijo Lily sonriente. ―James, eres un Auror y parte de tu trabajo, es la confidencialidad. No deberías de contar estas cosas, en la cena.
James se sonrojó, su esposa tenía razón. Pero, lo que James no sabía, era que los seis, estaban ahora en el refrigerador de la cabaña del bosque de Cannok Chase, y su hija estaba terminando con el costado de McAllary.
―Quizás, si me hubieran dicho, donde se oculta Tom, no hubieran terminado, como mi desayuno, almuerzo y cena ―pensó oscuramente Artemisa. ―Bueno, creo que ya estoy en un 99% de mi recuperación, o al menos, yo me siento así de bien.
― ¡Oh, eso es maravilloso hermana! ―dijo Thomas feliz, abrazando a Artemisa.
―Gracias, hermanito ―dijo feliz la pelinegra.
Un nuevo año comenzaría pronto. Pero los cinco Potter estaban algo asustados, por lo ocurrido el año pasado.
Lily decidió ir ella sola, a hacer las compras de sus hijos, casi que ni los deja mirar las cartas. Usando un hechizo, hizo que, en su cabello, se formara una trenza y con el hechizo Colovaria su cabello se volvió negro, sus ojos castaños, con otro hechizo hizo más pequeña su nariz, más grandes sus labios y se fue vía Red Flu. Volvió unas horas después, sin haber tenido mayores problemas. ―Teoría Mágica Defensiva. Aquí mismo tenemos copias del Libro Reglamentario de Hechizos... no necesitarán más, para este año ―dijo Lily sonriente, agitó su varita, dos libros de Libro Reglamentario de Hechizos de quinto año, llegaron hasta ella ―Geminio ―uno de los libros sacó otro.
Les enseñó las capas, camisas, pantalones o faldas que fue a comprar donde Madame Malkin, debido a que algunas les estuvieran quedando cortas.
Solo como un raro ritual, entregó la carta a Artemisa, quien en verdad amaba abrir su carta. ― ¿Y esto? ―se preguntó extrañada, todos le miraron. Extrajo una insignia de color violeta, con una letra P de plata.
― ¡Tenemos otra Prefecta Perfecta en la casa! ―dijo James, quien acababa de llegar, pues en los últimos días, habían estado en la oficina de Aurores, tratando de dar caza a los Mortífagos, quienes estaban en un silencio casi total. Creyó que era obvio, el que se aprovecharan de que el Ministro Fudge decidiera a desacreditar a Voldemort, para actuar por cuenta propia.
Y los últimos días de vacaciones pasaron en calma. Lily encogió y modificó el peso de las mancuernas y pesas que muy seguramente, Artemisa continuaría usando en el colegio. Se había vuelto su catarsis el realizar ejercicio.
Cuanto desearía ella, para que su hija hubiera preferido un instrumento musical, como catarsis, tras lo ocurrido el año pasado, a manos de los Mortífagos, pero NO. La-Niña-Que-Vivió, tenía que preferir volverse adicta al ejercicio de gimnasio.
Aunque claro: acompañar a su hija a cazar Mortífagos, magos oscuros y criminales Muggles; no es que fuera el mejor pasatiempo, madre e hija, que podrían haberse inventado las dos.
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Los días pasaron, y antes de poder contarlo, estaban todos de vuelta en Hogwarts. Artemisa, fue abrazada y besada, por Hermione, Padma, Daphne y Susan, logrando calmarla, y decirle que ya encontrarían la forma de demostrar que Voldemort había revivido. Mientras tanto, armaron un castillo con naipes de Snap Explosivo, para pasar el rato y comieron dulces, hasta que un Prefecto llegó con Artemisa, recordándole que ahora tenía otras responsabilidades, la chica de Ravenclaw saltó de su asiento y agitó su varita, para asombro del Prefecto, sus ropas cambiaron y la insignia apareció sobre el corazón, ambos se dirigieron al vagón de prefectos, mientras ella se disculpaba.
Los Prefectos eran algo así como vigilantes, entre los alumnos. Podían quitar puntos, podían dar detenciones, confiscar objetos si es que resultaban ser peligrosos. Enseñar a los alumnos de primer año como llegar a sus Salas Comunes, indicarles como ingresar y despertarlos en los primeros días.
Finalmente, llegaron al colegio, encontrándose Artemisa con una sorpresa, algo a lo cual casi no solía prestarle atención: los Thestrals, caballos esqueléticos de color negro, con cabeza de dragón y alas de murciélago; solo aquellos que vieron de frente la muerte, los veían y ella había ocasionado varias muertes; ellos se veían nerviosos. ¿Sería por ella, o acaso por lo que estaba pasando, con Voldemort allá afuera?
Entraron al Gran Comedor, un rato después los alumnos de primer año fueron ordenados y Dumbledore presentó a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras: Dolores Umbridge.
―Me alegra volver a Hogwarts, tras tantos años director. Y le agradezco profundamente por su bienvenida. ―Tenía una voz entrecortada y que buscaba aparentar, ser la voz de una niña. ―Soy su maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras de este año, niños. Y espero que podamos ser grandes amigos. El Ministerio de Magia está algo preocupado, debido a un aparente estancamiento, en el cual nos hemos visto, en las últimas dos décadas...
Y Artemisa se desconectó. ―Estancamiento... desde que Dumbledore está en el poder en Hogwarts... Algunos maestros mal elegidos... ―pensó en Snape, y en tres de los cuatro ―pero no es tan así... Fudge. Claro. Yo he estado negando que Voldemort volviera a la vida, mientras que Dumbledore lo ha estado pregonando a los cuatro vientos.
―Fudge quiere detener a Dumbledore, desde dentro. Con un topo. ―fue el pensamiento de Hermione y Padma, ambas entendieron bastante bien el discurso de Umbridge.
Todos comenzaron a comer. Claramente, varias cosas serían muy moviditas ese año.
Al finalizar la cena, los prefectos de quinto año, comenzaron a moverse, guiando a los de primer año, hacía sus salas comunes, mientras les contaban algunas cosas sobre el colegio, pero ninguna prefecta tan emocionada, por contar algunos datos sobre Hogwarts, como Hermione, aquello hizo sonreír a Artemisa.
Pronto, los niños de Ravenclaw de primer año, comenzaron a preguntarle sobre su vida personal, y ella recordando que era más que solo la Prefecta, sino también La-Niña-Que-Vivió. Tuvo que contestar a aquellas cosas, que le preguntaron los niños, indicarles cómo se entraba a la Sala, decirles que podían buscarla para cualquier cosa y demás.
Luego de dejar al Profesor Flitwick dar los otros datos, ella se fue a dormir, colocó una alarma, pues a la mañana siguiente, tendría que ir a despertar a los alumnos de primer año.
―Algunas cosas sobre ser Prefecto, se parecen más bien, a ser un padre o maestro. ―Pensó divertida, mientras esperaba a caer en brazos de Morfeo.
