POV NARRADOR
Hipo se debatía entre investigar más o respetar su privacidad, después de todo, no estaba haciendo nada que la pusiera en riesgo, según su plan ya debía irse, pero ahora, estaba invadido por la curiosidad, víctima de su propia ética, guardó su catalejo y le ordenó a Chimuelo regresar a la Orilla, si Astrid no quería compartir con él lo que sea que estuviera haciendo, él lo respetaría.
Pero lo que Hipo nunca sospechó, es que la rubia volaba muy rápido para llegar antes que el sol saliera a la Orilla y cuando Hipo volaba de regreso con un poco más de calma una muy observadora rubia alcanzó a ver a lo lejos el rojinegro de una cola, y solo había un dragón con esa característica.
El castaño aterrizó en la cabaña y rápidamente subió a la habitación, se cambió, quitó su prótesis y se acomodó para dormir, 5 minutos después un fuerte golpe en la cara lo hizo abrir los ojos
-Astrid- se quejó cuando la vio de pie en su lado de la cama con una almohada en su mano y la mirada que prometía asesinar a alguien -¿Qué demonios te pasa?-
-¿Qué demonios te pasa a ti... Me estabas siguiendo?- le recriminó haciendo que Hipo abriera los ojos como platos al saberse descubierto
-Nooo- negaba con inocencia, pero Astrid lo vio levantando una ceja y cruzando los brazos, Hipo suspiró y estiró su mano invitándola a sentarse a su lado pero Astrid estaba demasiado enojada como para estar cerca de él, resignado se dispuso a explicarle –bien si, te seguí, pero Astrid en mi defensa, te estabas comportando extraña, creí que estabas enferma o algo por el estilo considerando que despertabas hasta medio día hasta que me di cuenta que en realidad era porque pasabas la noche afuera-
-Y tu mejor idea fue seguirme en lugar de preguntarme- le reclamó la ojiazul claramente ofendida
-¿Me lo hubieras dicho?... – la retó el chico –claro Hipo, me escapo por las noches para ir hasta otra isla la cual nunca me había interesado en el pasado, a hacer no sé qué en la forja y regresar volando para que no te enteres- le decía en tono sarcástico exagerando sus gestos
-Eres un imbécil- se quejó la chica saliendo de ahí, ofendida y muy molesta con el castaño, esa noche, cada uno durmió en su respectiva cabaña.
Por la mañana, ninguno se hablaba y el resto de los chicos solo se miraban entre ellos tratando de entender lo que estaba pasando
-Incomodidad en el aire- le susurraba Brutilda a su hermano
-¿Crees que estén peleados?- contestó en el mismo tono el chico mientras cada uno de la pareja estaba en su propio lado de la arena sin dirigirse la palabra
-¿Cuál fue tu primera pista?- le respondió sarcástica Brutilda dándole un golpe en la cabeza
-Bien chicos, por hoy es todo, tómense el resto del día- dijo desganado Hipo, justo cuando Brutacio iba a hablar Patán cubrió la boca de los gemelos y los arrastró afuera de la arena
-¿Cuántas veces hemos hablado de esto...?- les reclamó –Si Hipo dice "tómense el día libre", NOS LO TOMAMOS PAR DE IDIOTAS-
Astrid se fue a sentar en la lejanía de la isla, estaba dolida y frustrada, ¿Por qué Hipo no confiaba en ella?... ¿y si todo esto ni siquiera había valido la pena?, llevó sus manos al medallón que escondió bajo su blusa y lo comenzó a ver, dejando escapar una sonrisa al recordar el momento justo en que se lo dio.
... flashback...
-Astrid- le dijo después de haber resuelto el misterio del traga arena y cuando al fin estaban tranquilos
-Aaaa eee... debo ir a ver a Tormenta- le respondió nerviosa la ojiazul tratando aun de evitar a Hipo
-No no debes- dijo tranquilo el castaño deteniendo a Astrid haciendo que esta cerrara los ojos resignada a confesarla que ella aun no tenía un regalo para el
-¿No debo?-
-No, tienes que quedarte aquí y recibir esto- Astrid abrió los ojos cuando vio el hermoso medallón frente a ella y permitía que Hipo se lo colocara -Este fue el obsequio de compromiso de mi padre para mi madre y me lo dio a mí para dártelo a ti, Astrid eres parte de nuestra familia, siempre lo has sido y espero que sea así siempre- Astrid respiró frustrada desviando su mirada al suelo y odiándose verdaderamente por no tener algo reciproco a tan hermoso regalo –Emmm okey bueno, si no te gusta yo...- decía apenado el chico ante la reacción de Astrid
-Hipo yo...- lo interrumpió la ojiazul -es... es hermoso, es perfecto, es que yo no traje un obsequio... yo no supe que traer...-
-Pero lo hiciste- le interrumpió con una sonrisa el ojiverde mientras sostenía sus manos con las de él -Astrid me diste el obsequio más hermoso del mundo... tu- le dijo acomodando un mechón detrás de su oreja y acariciando su sonrojada mejilla -que tu estés aquí, conmigo... es el mejor obsequio- Astrid se aferró a su cuello y escondió su cabeza aliviada por sus palabras en el pecho del castaño –el único regalo que necesito en mi vida eres tú, conmigo, cada mañana-
... fin del flashback...
Un par de lágrimas se escaparon de la chica, todo había valido la pena, todo... desde hacía más seis años, todo había valido la pena.
Dispuesta a hacer las paces y por una vez en su vida ser ella quien lo sorprenda, se puso de pie emocionada y subió en Tormenta, tenía muchas cosas que hacer.
Voló hacia la isla Wesster esperando a que Ossur al fin haya acabado con dicho regalo. Cuando llegó por la bendición de los dioses, su regalo la esperaba ya finalizado, un par de muy exitosas pruebas hicieron a la chica no poder contener una sonrisa, el jefe de la isla Wesster guardó aquel objeto en una caja de madera decorada con hermosos ornamentos en plateado que le hacían juego y por dentro un terciopelo negro que lo protegía.
-Cortesía mía- le dijo al negarse a recibir absolutamente ni una moneda de oro de la chica por todo el trabajo, Astrid le agradeció tal gesto y se dispuso a salir, aún tenía mucho por hacer.
Cuando la noche llegó a su esplendor y toda la Orilla ya dormía, incluyendo a un castaño que estaba dispuesto a solucionar las cosas con Astrid mañana por la mañana, pero había una rubia despierta, activa y emocionada.
Un terror terrible despertó de la nada a Hipo posándose sobre su frente mientras dormía haciéndolo despertar de golpe, cuando abrió los ojos y lo vio encontró una nota sobre la pata de este
Si eres listo vas a venir de inmediato... sigue al terror terrible, la oferta finaliza en 15 minutos
Curioso el castaño pero sin poder evitar sonreír al reconocer la evidente letra de la rubia, se puso su armadura, subió en Chimuelo que dormía abajo y se dispuso a seguir al mensajero.
Cuando casi llegaba a su destino, su respiración comenzó a cortarse y abría los ojos víctima de la sorpresa.
En la zona más lejana de la Orilla, en un claro adornado por árboles, antorchas pequeñas y perfectamente bien posicionadas que regalaban calidez, bajo un manto estrellado y la luna llena vigilándola, se encontraba sonrojada la ojiazul con las manos escondidas en la espalda, quieta, nerviosa y vulnerable.
Hipo desmontó a Chimuelo y el dragón de inmediato se fue a jugar con Tormenta dándoles privacidad, él la miraba curioso al acercarse a ella, cuando estuvo a una distancia prudente Astrid pasó su mano al frente dejando ver una caja hermosamente decorada con un lazo rojo.
-¿Astrid?-
-Lamento que haya llegado un par de lunas tarde- le dijo la chica para después morder su labio inferior víctima del nerviosismo y expectante veía al castaño desenvolver el regalo
-¿Qué dem... Astrid- pudo decir apenas mientras sorprendido miraba el objeto que la caja protegía
-Desde que encontraste el ojo del dragón y nos mudamos aquí, te has convertido en un verdadero líder, no en el jefe de un demente grupo de jinetes que iban de un lado al otro tratando de no ser asesinados por Dagur, en el líder de una aldea, diminuta e improvisada, pero que es nuestro hogar, cuando te enfrentaste con Viggo ha sido la época en la que más te he visto dudar de ti, pero también en la que más confiaste en tus instintos, quería que tuvieras algo que te recordara que más allá de cualquiera de nosotros, siempre debes de creer en ti, porque eres Hipo... y al final, siempre tienes un plan y todos creemos en ti- Hipo trago saliva sin poder pronunciar una palabra, su vista estaba fija en la lente que tenía entre sus manos.
Hecha con hierro de Gronckle, se distinguía a las originales porque su marco era plateado y el cristal facetado que estaba en el centro era evidentemente más limpio y nuevo, y aunque el simbolismo de aquel objeto era enorme, lo que verdaderamente dejó sin palabras al castaño, mordiéndose los labios y moviendo la cabeza evitando derramar una lágrima fue la frase que tenía tallada en el lado superior del hexágono... "Y... ¿Qué harás al respecto?"
-Probablemente algo estúpido- murmuró al fin invadido por la nostalgia para después envolver en sus brazos a la ojiazul y esconder su rostro en el hueco del cuello de esta –te amo demasiado-
-Aún queda algo por ver...- le dijo emocionada separándose del abrazo, tomando su mano y dirigiéndolo a una roca enorme grisácea y plana, chifló para que su dragona viniera y cuando esta llegó tomó la lente y la posicionó frente a la roca –hazlo- le pidió a la dragona. Con una flama baja contenida en su hocico, la luz del fuego del dragón proyectó lo que el cristal de la lente escondía.
La silueta del Furia Nocturna en perfecta sincronía y combinada con la silueta del Nadder Mortífero, Hipo por supuesto que reconoció ese dibujo, él lo había hecho, muchos años atrás, solo un par de meses después de derrotar al nido.
Astrid no solo le había regalado algo tan simbólico como hermoso que Hipo protegería y cuidaría hasta el final de sus días, también puso un estandarte a la ocupación favorita de la chica, no permitir que el ojiverde se rindiera en tiempos difíciles, sin darse cuenta y como en la mayoría de los dibujos guardados en sus cuadernos, Astrid fue la causa que inspiró a Hipo.
La mañana siguiente, Hipo se sentó en su forja y comenzó a dibujar un plano, si las habilidosas manos de Ossur habían logrado replicar una lente del dragón, quizá él si puede crear un Ojo del Dragón Dos, y retomó el proyecto que hace mucho ya había dejado atrás.
Porque después de todo, Hipo solo necesitaba dos cosas, alguien que lo hiciera creer y alguien que lo inspirara, y para su buena suerte, tenía ambas en una sola persona.
