¿Acaso es todo lo que quieres decirme?
— ¡Oh, Candy! ¡Cuánto me alegro por ustedes! —exclamó Patty en el restaurante donde habían quedado.
— Muchas gracias, Patty. Significa mucho para mí que te alegres... —contestó Candy con el corazón aliviado—. No sabía cómo ibas a acoger la noticia...
— ¿Y cómo querías que lo hiciera? —pregunto la castaña extrañada—. El Sr. Albert y tú, son unas de las mejores personas que conozco ¡Cómo no alegrarme por dos de las personas que más aprecio!
— ¿De veras te parece bien, Patty?
— ¿Y por qué no iba a parecerme bien? ¿Acaso no le amas? —preguntó preocupada ante la posibilidad que no había valorado. Ya hacía unos años que se conocían y Candy había sido una de las personas más sinceras y honestas que conocía. No podía imaginarse que se comprometiera con alguien sin amarlo o por interés. El Sr. Albert, por su parte, siempre había demostrado ser una gran persona, sensible y atento, tanto con Candy como con sus amigos y también había llegado a sospechar, tiempo antes de que se descubriera su identidad, que el hombre albergaba sentimientos más profundos por su amiga, por la forma en que la trataba.
— ¡Sí! ¡Sí!, le amo muchísimo... —Candy bajó la voz al ver que el resto de los clientes la observaron con sus primeras exclamaciones—. Es solo que... Annie no se lo tomó tan bien... —contestó apenada.
— ¿Ah, no? ¿Y por qué? —Patty no entendía nada, ¿Cómo era posible que una de las personas que más significaba para Candy censurara su felicidad? Candy le explicó la reacción una semana atrás, durante el festín del clan.
...
— ¡Candy! ¿Te has vuelto loca? —Annie había capturado a Candy, llevándola de nuevo a un rincón apartado, después de dejar las mesas para que los invitados se relajaran en la sala de entretenimientos. Archie se había unido inmediatamente al brindis y había permanecido alegre el resto del rato. Candy había observado cómo Annie se quedaba blanca tras el anuncio, pero creía que después se había relajado. Annie estaba mostrándole la impetuosidad que tanto había temido.
— Annie, ¿Qué te pasa? ¿Por qué me dices eso? —se defendió entristecida.
— ¿Por qué? ¿Y qué pasa con Terry? —le espetó como si fuera la cosa más evidente del mundo.
— ¿Terry? Esto no tiene nada que ver con Terry. Terry está en New York, labrándose una carrera y haciendo su vida...
— ¡Pero tú le amas! —la asaltó, haciéndola brincar del susto.
— Annie, yo le amaba y siempre le guardaré aprecio, pero ha pasado mucho tiempo...
— ¿Y qué más da? ¡Ahora él es libre! ¡Aquella víbora de Susana ya no está! ¡Está muerta! ¡Muerta, Candy! —la zarandeó, como si aquello pudiera hacerla cambiar de idea—. Lo que no entiendo es que haces todavía aquí. Trabajando y en una clínica de mala muerte...
— ¡La clínica Feliz no es ninguna clínica de mala muerte! ¡Y lo que hago es importante para mí! —se defendió Candy. La clínica había quedado irreconocible. Comparable a cualquier centro médico cosmopolita que se preciara. Además había sido un proyecto realizado con mucho cariño por Albert, el Dr. Martin y ella misma. Se habían tenido en cuenta todas las observaciones y sugerencias que les había hecho durante las obras y cuando había vuelto a trabajar con el Dr. Martín, esto, la había llenado de mucho orgullo. Que su amiga lo menospreciara de aquella forma le dolió profundamente.
— Pero Terry...
— ¿Tú ves a Terry aquí? —señaló con un gesto Candy, a su alrededor.
— Pero, en serio, ¿El Sr. Albert? —Annie hizo un exagerado aspaviento como si Candy hubiera anunciado que se iba a casar un escarabajo—. No me harás creer que le amas. No de igual modo que a Terry, Candy, ¡Cruzaste el océano por él! —volvió a agitarla.
— Y ya ves de qué sirvió... —Candy no pudo contenerse más—. Annie, ¡Ya está bien! Albert es una gran persona y me duele que te lo tomes así.
— Pero que sea buena persona no es suficiente para casarse con él. Además, ¡És mucho más mayor que tú! —insistió Annie—, Candy, ¿Qué me dices del amor?
— Pero es que yo le amo. Le amo como nunca he amado a nadie.
— Eso también me lo dijiste de Terry —protestó la morena—, ¿Me vas a decir ahora que no era verdad?
— Es que lo era. Entonces, lo era. De igual modo que lo que te estoy diciendo ahora, también lo es. Annie, no todas las personas amamos del mismo modo. Yo me alegro de que tú hayas logrado casarte con la persona que soñabas desde pequeña, ¿Por qué no puedes alegrarte igualmente por mí?
— Porque esperaba que mi mejor amiga no fuera tan voluble...
— ¿Qué? —se horrorizó Candy, "¿Voluble yo?, con todo lo que he llegado a hacer por ti, por Terry, por aquellos a los que amo... ¡Oh, Annie! Precisamente tú, que me evitabas avergonzándote de mí, ¿Cómo puedes ser así?"
— Sí, voluble. Después de que te haya visto casi enfermar cuando volviste de New York, ¿Pretendes hacerme creer que ya le has olvidado, que ya no le quieres, que amas de verdad al Sr. Albert, al tío abuelo, a tu padre?
— Annie, no seas absurda. Sabes perfectamente que Albert no es ni nunca ha sido mi padre ni lo he considerado como tal jamás.
— Bueno, pero legalmente...
— Lo anulamos. Era solo un papel. No puedes pretender condenar mis sentimientos por un papel, cuando no tenemos relación de sangre ni nada —Candy perdió la paciencia—. Sabes Annie, crees que me conoces y no sabes nada de mí. Durante años me has evitado, te has avergonzado de mí, me has llegado incluso a exigir que no te quitara a 'tu amado Archie', ¡Cómo si alguna vez me hubiera interesado lo más mínimo! Sabes, el mundo no gira siempre a tu alrededor y a lo que tú creas, consideres o quieras. Si no eres capaz de alegrarte por nosotros te ruego que, como mínimo, te abstengas de criticarme o darme consejos, porque si vamos a hablar de volubilidad, tú eres la que más tiene que callar. Y respecto a Terry, yo, no tengo por qué buscar a nadie. Todos estos años siempre había sido yo la que había hecho el esfuerzo por seguirle, por encontrarle. Tengo un trabajo que, para mí, es tan importante como lo pueda ser para él su carrera de actor. Sin embargo, nunca, ni siquiera ahora, ha sido capaz de saltarse sus responsabilidades por mí... ¿Y tú me dices que soy voluble?... Terry significó el mundo para mí y una parte de mí siempre le amará, igual que siempre amaré a Anthony. Pero yo necesito a alguien me ame y se esfuerce por mí igual que yo lo hago con él, y ese alguien no es Terry ni nunca lo fue. No tienes ni idea de lo que Albert significa realmente para mí y dudo que jamás seas capaz de entenderlo en tu reducida forma de entender el amor. Le amo. Le amo con toda el alma. Dudo que ni siquiera tú, que crees amar tanto a Archie, lo llegues a amar una mínima parte de como yo amo a Albert.
...
— Bueno, ella no acaba de creerse que yo lo ame... —"Es una forma de resumirlo", pensó Candy, sin querer recrear la desagradable escena ni criticar a su amiga a la que, a pesar de todo, seguía queriendo.
— Pero, ¿Por qué habrías de mentir? A mí no me parece tan extraño...
— Creo que es por Terry...
— Pero ustedes rompieron hace mucho... Además, no es como que haya vuelto a buscarte, ... Y ya hace tiempo que es libre —Patty no quería sacar el tema de la muerte de Susana. Se sentía incapaz de alegrarse de la muerte de nadie y menos por una razón tan egoísta. Pero comprendía que, el desdichado accidente de la actriz, había sido el único impedimento que hubo, en teoría, para que Candy no se quedara con Terry. Aun así, Patty, por aquel entonces, ya tenía sus dudas. Annie era quien decía que Candy se hubiera quedado en New York con Terry, si este no se hubiera sentido obligado a permanecer con Susana. Pero cuando Candy partió no se despidió de forma definitiva e incluso se preocupó por dejar al Sr. Albert a su cargo, hasta que ella regresara de visitar a Terry.
— Sí, algo así le comenté a Annie —Candy removió su café—. Si te soy sincera, tampoco esperaba que viniera cuando leí la noticia... —Candy tampoco acabo de nombrar la muerte—. De hecho, me despedí definitivamente de él por carta... —confesó.
— ¿Le enviaste una carta a Terry despidiéndote?
— Bueno, le escribí, pero no se la envié. Todavía la guardo... Era más... Necesitaba hacerlo, cerrar esa herida, sacar lo que tenía dentro. Lo pasé muy mal. Pero no tenía sentido enviársela.
— ¿No? ¿Por qué? —Patty no acababa de comprender.
— Porque aquella carta era más para mí y porque volví a verle, tiempo después, y no sentí la misma necesidad de quedarme con él, ¿Dime, de qué hubiera servido enviársela a él si ya no tenía intención de volver a su lado? Creo que fue cuando empecé a darme cuenta de lo que realmente sentía por Albert. Necesitaba cerrar esa etapa. Aunque tampoco estaba segura de lo que Albert sentía... De hecho, todavía soy incapaz de adivinar cuando empezó él a sentirse así por mí...
— Yo creo que poco antes de que partieras a New York —se le escapó a Patty, sin pensar.
— ¿Qué? —Candy no había esperado que Patty lo tuviera tan claro— ¿Cómo puedes estar tan segura? ¿Te dijo algo alguna vez sobre mí? —Albert seguía siendo muy reservado y, por más que le insistiera, siempre encontraba el modo de salirse por la tangente.
— ¡No! ¡No! ¡No! ¡En absoluto!... es solo... No sé, intuición... Se quedó muy tristón cuando te fuiste... —susurró Patty y se encogió de hombros—, pero no me hagas caso, ¿Qué sabré yo?
Continuará...
Referencias a "Candy Candy La historia definitiva", de Keiko Nagita:
Pg. 29 - Primera carta de Annie para Candy, donde le pide que no le vuelva a escribir más. Detonante para que conozca al príncipe de la colina. Referente con el que medirá cada amor de una forma constante tanto en el manga, el anime y en la novela.
Pg. 80 - Annie visita a los Ardlay y los Lagan, fingiendo no conocer a Candy.
Pg. 83 - 84 - Candy descubre la treta de Eliza y Neal contra Annie y ataca a Neal para detenerlos.
Pg. 85 - Annie lamenta no poder ayudar a Candy.
Pg. 123 - Georges informa a Candy que será "una de las hijas adoptivas de la familia Ardlay". Así pues, queda aclarado que la adopción de Candy es más un tutelaje que ningún sentimiento paternal por parte de un miembro en concreto al que no llega nunca a conocer en su infancia.
Pg. 157-158 - La hermana Gray presenta Patricia a Candy. Muestran a una Patty tímida pero que cala a la primera a las personas.
Pg. 179 - Candy descubre que Annie va ingresar en el internado al bromear Stair sobre su hermano Archie.
Pg. 184 - 185- La hermana Kreis ordena a Eliza a Candy que cuiden de Annie, pero Annie pide sentarse junto a Eliza.
Pg. 186 - Se puntualiza que Annie no se separaba de Eliza.
Pg. 191 - Patty sí se arriesga a hablar en secreto con Candy.
