Estimados lectores.

Estamos ya en la recta final, la vida de adulta no me ha permitido cumplir los tiempos de actualización y me frustra mucho :c, pero no duden en que siempre actualizaré, no dejaré un fic a medio camino.

Quedan sólo dos caps más, asi que espero disfruten este y cuando comience a subir mi nueva historia decidan darle una oportunidad.

El cap anterior recibió 4 revies, asi que gracias a ELF-CLOUD, candy01234, darkness1617 y Naty U :3


'

Capítulo 48.- Preparativos de boda.

(Perspectiva de Kagome)

Llamé a Kouga a primera hora de la mañana, cuando la luz del sol entró por el espacio entre las cortinas. Cuando me contestó, su voz somnolienta me confirmó que lo había despertado. Él había decidido quedarse en Tokio por unas semanas, pero en un hotel despues de todo.

– Buenos dias amiguito.

– ¿Kagome? ¿Qué hora es?

– Cerca de las 8, lo siento, quería avisarte de algunas cosas de las que no pudimos hablar cuando viniste hace días, ya sabes, por el parto sorpresa de Moroha.

– ¿Qué clase de cosas?

– ¿Quizás deberías venir a desayunar conmigo y lo hablamos?

– Aaaagh… Bueno, dame tu dirección y estoy ahí en una hora, me debes ramen también, asi que lo cobraré hoy.

– No hay problema.

Inuyasha apareció recién duchado frente a mi, me puse de pie rápidamente y me lancé a abrazarlo por el cuello.

– Buenos días gatita.

– Buenos días, ni siquiera me has despertado al levantarte – fingí una cara de enojo.

– Te veías tan relajada que puse todo de mi parte para ser un ninja silencioso. ¿con quién hablabas?

– Con Kouga, lo he invitado por el día, para contarle algunas cosas, como que vamos a casarnos, por ejemplo. – musité restándole importancia.

– ¿no se lo has dicho aún? – Inuyasha lucía confundido.

– Cuando vino, Moroha decidió que era momento de nacer y hacer sufrir a mamá, asi que no, me distraje en otras cosas. – su risa suave y ronca antes de darme un beso me hizo enamorarme aún mas, si es que era posible. - ¿te quedarás aquí hoy no?

– Hmm puedo acompañarlos a desayunar, si bien no iré al trabajo, iré con Miroku a ver el tema del traje formal de novio, con tiempo, ya sabes, no puedo invitarte a ello.

– Es de mala suerte… – mordí su labio inferior con delicadeza mientras él me sujetaba por el trasero y yo me aferraba a sus caderas enredando mis piernas a su alrededor.

– Ajá, pésima suerte…

– Bien, supongo que te perdono. – vi como llevaba una de sus manos a uno de los tantos bucles de mi cabello, mientras lo curvaba entre sus dedos.

– Oye gatita…

– Dime.

– Me preguntaba si… podríamos jugar algo entretenido hoy en la noche

– ¿entretenido? ¿Cómo que? – me miró con una sonrisa torcida y sensual mientras el oro derretido de sus ojos me hipnotizaba.

– Anoche estuvimos bastante ocupados, ya sabes, retomando el tiempo perdido.

– Ajá…

– Y luego de ello he pensado que quizás un juego lo haría mas interesante aún.

– ¿Te refieres a un juego sexual?

– Exacto.

– Sabes que soy material dispuesto a todo lo que se te ocurra. – ya habíamos hablado de esto antes.

– ¿Incluso si incluye un poco de bondage?

– ¿Cómo amarrarme y esas cosas? – él asintió – suena bien para mi… podría encargarme de alimentar a Moroha antes de ello, y asi estar un poco mas relajados. – tomé los mechones plateados que enmarcaban su rostro y lo jalé con suavidad para disminuir el espacio entre nuestras bocas.

– Fantástico. – eliminó los últimos centímetros de distancia y me besó con hambre. Se giró para apoyarme en la pared mas cercana y me sentí agradecida de estar en esa cárcel improvisada. Bajó sus besos a mi cuello y lamió la zona de mi marca para luego pegar su frente a la mía. Nuestras respiraciones entrecortadas resonaron en el lugar.

– Deberías ducharte… Kouga estará por llegar en unos minutos.

– Entonces deberías ayudarme. – su rostro frente a mi invitación fue épico. Nunca me cansaría de esto…

No evocó una respuesta con palabras, si no con hechos. Cogió mi mano y me arrastró al baño junto a él, llenó la bañera y se acercó con rapidez a mi cuerpo, ayudándome a quitar mi ropa.

– Supongo que esta clase de atenciones seguirán presentes cuando nos casemos ¿no?

– Por supuesto. – musitó sin mirarme y poniendo toda su atención en quitar mi camiseta.

– ¿No dejarás de amarme? – me miró serio mientras apoyaba una mano en mi mejilla.

– Tres años estuve sin ti y tres años pasé extrañándote. Entiendes cuando te digo que mi amor aumenta sin limites si te tengo a mi lado ¿no?

– Quizás si me lo demuestras lo puedo entender mejor… – Apoyé mis manos en su pecho e hice el intento de quitar su camiseta, lo que logré en gran parte gracias a su ayuda.

– Acabo de bañarme… - me acerqué a su cuello para morder su marca, esta vez sin preocuparme de cerrar los cortes y la sangre escurrió por su pecho por unos segundos antes de cicatrizar.

– Pero ya estás sucio otra vez. – esparcí todo lo que pude con mis manos el liquido rojizo, dejando un caos sobre su piel. De forma instintiva mis ojos ardieron un poco y pude ver los suyos cambiar sutilmente en reacción.

– ¿Cómo podría dejar de amarte? Me enloqueces con cada una de tus jugadas.

Nos desvestimos con rapidez, después de todo podía apostar a que Moroha despertaría pronto. Me sumergí en el agua y sentí sus manos aferrarse a mi cintura para colocarme justo encima de él. Pude sentir su erección contra mi abdomen bajo mientras me abrazaba contra su cuerpo y mis pechos se aplastaban contra el suyo

Recorrí con mis manos su piel y el agua comenzó a borrar lentamente los trazos de sangre. Sentí como jaló mi cabello hacia atrás con rudeza y enterró sus colmillos sobre mi marca. Esto era el paraíso hecho persona. Jadeé con cada succión de su boca contra mi piel y las endorfinas nublaron mi visión por unos instantes, sentí como mi piel quemaba contra la suya y me aferré con fuerza a su pecho.

Ambos llegamos al clímax unos minutos después; luego de ese excelente inicio de día nos vestimos rápidamente, aunque la casa seguía igual de silenciosa.

– Bien, tu Aki, yo Moroha – musité mientras peinaba mi cabello con los dedos.

– Trato hecho.

Entré en la habitación de la bebé y la tomé en brazos, ella abrió los ojos con pereza.

– Buenos días pequeña, ¿Qué tal has dormido? – su respuesta fue un bostezo mientras pegaba su mejilla a mi pecho.

Sentí el timbre y un "yo voy" de Inuyasha, mientras yo seguía con mi tarea.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Corrí escaleras abajo y abrí la puerta en un movimiento rápido.

– Hola Kouga.

– Hola Taisho. ¿Qué tal todo por aquí?

– Bastante bien… excelente de hecho. – Sobre todo si me ponía a pensar en lo que acababa de pasar en el baño. Me hice a un lado para dejarle pasar y caminé a la cocina. - ¿te ofrezco algo? ¿bebida, cerveza, café?

– ¿Tienes de estas maquinas para café instantáneo?

– Sip, es la que tenía Kag en su apartamento.

– Entonces café.

Mientras le servía y él se sentaba en el sofá me senté en el sillón mas próximo.

– Kagome esta terminando de alimentar a Moroha, vendrá en un momento.

– ¿Mucho trabajo con la bebé?

– No tanto realmente, es bastante tranquila, tiene sus horarios para comer instaurados. Aunque de por si la vida de padres trae consigo el desvelarse mas de lo habitual.

– La verdad no me imaginé nunca a Kag criando un bebé a los 27, pero al parecer lo hace bastante bien.

– Es una excelente mamá. – sonreí orgulloso.

– ¿Y tu con tus 30 años? – Evité reírme ante su comentario Ajá… 30 años, pensé.

– Esto es nuevo para mi, pero he aprendido rápido.

Kagome bajó con Moroha en brazos y Aki la siguió de cerca. Sorprendentemente ahora el can pasaba mucho más tiempo a su lado, como un guardián permanente.

– Hola pequeña, ¿Cómo va esa vida de adulto? – preguntó Kouga sonriendo.

– Super, te he extrañado, creo que te obligaré a vivir aquí en Tokio.

– Lo hemos conversado con Ayame, pero aún no nos hemos puesto de acuerdo.

– Entiendo… – Moroha permaneció despierta mirándome con atención desde los brazos de Kag mientras yo le hacía muecas. Kouga se acercó para mirarla de cerca.

– Vaya, es igual a ti. – musitó, Kag asintió. – Aunque los ojos son el sello característico del papá.

– ¿No se los habías visto? – preguntó Kagome.

– No realmente, alcance a verla dormida y luego tuve que irme de allí por el trabajo ¿recuerdas?

– Ah… es cierto.

– Tienen una hija preciosa, aunque la verdad no esperaba menos de ti Kag. – ella sonrió y yo solo pude hallar verdades en esas palabras. – bien… ¿Qué querías contarme?

– Aaah, bueno han pasado bastantes cosas entre Inuyasha y yo, sabes que estuvimos separados por un tiempo.

– Un gran tiempo. – complementó Kouga.

– Eterno. – correspondí.

– Y bueno, a pesar de todo ello volvimos a estar juntos y decidimos que era un buen momento… para casarnos. – Kagome soltó la noticia sin mayor preparación previa y Kouga solo se atoró con el café.

– ¿Casarte? ¿Cuándo?

– Idealmente a fines de este año, si es que todo sale bien.

– Vaya… ¡pues los felicito a ambos! – dejó la taza sobre la mesa de centro y se acercó para abrazarnos. Luego de ello me miró – Fuiste un idiota una vez, pero te tengo confianza nuevamente. Atrévete a herirla una vez mas y ya no hay mas oportunidades para ti.

Su voz sonó desafiante y a pesar de que era un simple humano incapaz de intimidarme asentí ante su advertencia, podía comprender que sólo era preocupación por Kag, la que sólo sonrió incómoda.

– No necesitas decírmelo, lo tengo más que claro.

– Perfecto, entonces seremos grandes amigos. – me sonrió y estiró su mano de forma cordial hacia mi.

– Kagome quiere pedirte algo. – musité luego de apretar su mano con la mia.

– ¿Qué cosa?

– Que seas uno de mis testigos de boda. – completó ella.

– ¿Qué tendría que hacer?

– Ser testigo de mi unión con Inu, ayudarme un poco con las preparaciones, sin embargo, también tengo a Sango a mi lado, así que no estarás solo en el trabajo.

– Si eso te hace feliz…

– Muy feliz. – Kagome sonrió a su amigo.

La relación que tenían ambos era bastante fuerte, sin embargo, a pesar de ello nunca sentí celos, kouga realmente la quería y su amistad era incondicional, me alegraba de que Kag tuviera una persona asi de única en su vida.

Pronto Moroha se durmió en los brazos de su mamá y me ofrecí para llevarla arriba, ya estando ahí me quedé por varios minutos pendiente de que todo estuviera bien.

Antes de bajar me concentré en escuchar la conversación desde el segundo piso.

– ¿Estás cien por ciento segura de querer dar este paso? – Kouga sonaba preocupado.

– ¿Casarme? Sip.

– ¿No te aterra que las cosas salgan mal?

– No realmente, confío en que el destino nos ha unido otra vez para no volver a separarnos, como la leyenda del hilo rojo. – sonreí al recordar como Miroku había mencionado esa leyenda justo el día en el que la conocí.

– Entonces realmente lo amas.

– Con todo mi corazón, nunca había amado a nadie de la misma forma. Es este sentimiento inagotable de ponerme nerviosa cada vez que me besa, o cada vez que me mira sonriendo… cada día encuentro algo en él que me hace amarlo aún mas. – sonreí como idiota ante sus palabras, porque era exactamente como me sentía yo.

– Solo quiero que seas feliz, quiero verte asi de radiante el resto de tu vida, eres mi mejor amiga, te vi sufrir muchas veces, y no lo soporto, asi que por favor, mantente feliz.

– Haré todo mi esfuerzo.

Miroku llamó unos segundos después.

– Estoy esperándote afuera, ¿estás listo?

– Sip, salgo ahora mismo.

Bajé las escaleras a paso rápido y ambos me miraron.

– Gatita me voy con Miroku, vuelvo tipo 7 para nuestros planes.

– Estaré esperándote, cuidate mucho. – me acerqué para besarla y levanté mi mano para despedirme de Kouga.

– Nos vemos pronto.

– Nos vemos. Ah oye Taisho…

– Dime

– Mi madre es una fanática obsesionada con tu joyería, aunque nunca ha tenido ninguna y pretendo comprar una de tus piezas, sin embargo… Allá en Osaka no hay mucho diseño para elegir, ¿Qué joyerías de Tokio tienen tu marca?

– Todas. – Kouga lució sorprendido – Pero si es para tu madre y considerando que eres amigo de Kag, puedo ayudarte con ello. Podemos diseñar algo juntos y no necesitas comprarlo, en ese caso te lo daría sin costo.

– ¿De verdad?

– Sip, no necesito lucrar con la gente que me cae bien. – Kouga se rio ante mi comentario. – Dile a Kag que te pase mi número y me avisas cuando tengas tiempo, vienes aquí y diseñamos lo que quieras.

– Gracias… para ser tan millonario eres bastante humano.

– ¿Gracias? Tomaré eso como un cumplido.

– Créeme, lo es.

Kagome me acompañó a la puerta y se estiró de puntillas para darme otro beso de despedida. Movió sus labios sin evocar sonido, pero pude comprender un "gracias"

No hay de qué, avisame si necesitas algo, sabes que estoy siempre pendiente de ti.

Ajá, te amo.

Te amo, nos vemos.


'

El resto de la tarde fue ver como el sastre tomaba mis medidas con bastante dedicación mientras Miroku me mostraba diseños de trajes.

– ¿Qué tal este?

– No me gusta el gris.

– ¿Y este?

– También es gris.

– ¡pero es mas oscuro!

– Sigue siendo gris.

– Dios, yo era mas fácil como novio sabes – me reí.

– Busca uno negro o uno en azul marino muy muy oscuro.

– ¿Y la corbata?

– Eso tengo que decidirlo con Kag, dependiendo de si su vestido lleva algún detalle en un color especifico.

– Eres tan adorable cuando se trata de Kag…

Luego de varias tomas de medidas y varias pruebas de trajes decidí quedarme con uno negro, aún había que hacerle algunos ajustes, pero aún asi se veía bastante bien.

– Asumo con lo organizado que eres que ya has visto lo del salón de eventos. – exclamó Miroku.

– Ajá, tiene capacidad para 200 personas, ya está reservado.

– ¿Y Kag ya ha visto su vestido?

– Se supone que tu esposa la ayudará con ello los próximos días.

– ¿Ah si? Es que Sango ha mantenido en secreto todos los preparativos que tiene con Kag.

– Ya veo…


'

(Perspectiva de Kagome)

Mientras cortaba los ingredientes para el ramen y Kouga jugaba con Aki, el timbre sonó. Para cuando fui a abrir, Sango me sonrió del otro lado.

– Hola Sango. – sonreí – Miroku acaba de irse hace unos minutos con Inu

– Lo sé, no lo busco a él si no a ti

– ¿A mi?

– Sip, quiero que vayamos por tu vestido de bodas.

– Pero… - Kouga se asomó con Aki en brazos. – Aún ni siquiera almorzamos.

– Bueno, almuercen y nos vamos los tres a verlo.

– A mi me parece bien, después de todo tu prometido ha salido para hacer lo mismo. – apoyó Kouga.

– Y puedes llevar a Moroha en su coche, y nosotros cuidarla mientras tu te pruebas. – completó Sango.

Lo medité por unos segundos, si bien quedaban varios meses para el matrimonio, encontrar el vestido perfecto podía tomar bastante tiempo y era mejor prevenir que lamentar. Asentí y caminé hacia la cocina.

– Okey, pero primero almorzaremos.

– Perfecto. – musitó Sango.


'

Salimos de ahí una media hora después, en mi auto. Sango se encargó de conducir mientras yo iba con Moroha en el asiento trasero y Kouga de copiloto. Mi amiga y yo nos mantuvimos todo el trayecto hablando de nuestros gustos en vestidos. Kouga guardó silencio, asumí que en verdad no tenía mucho que decir con respecto a ese tema en particular.

Nos estacionamos frente a la tienda a la que Sango había acudido cuando al comprar su vestido de novia hace algunos meses. Nos recibió una modista sonriente al abrir la puerta principal.

– Buenas tardes, tu debes ser Kagome. – musitó sonriéndome, miré a Sango sin comprender como la mujer frente a mí sabía mi nombre.

– He llamado temprano para reservar una hora a tu nombre.

– Ah… Si, soy Kagome, es un placer.

– El placer es mío. Mi nombre es Akiko. – Se hizo a un lado para dejarnos pasar y caminó frente a nosotros guiándonos por la tienda mientras hablaba. – He trabajado tantos años en este rubro que puedo estimar tus medidas incluso con sólo mirarte; creo que tu cuerpo es ideal para cualquier tipo de vestido, Así que prepárate para revisarlos todos.

– Vengo con muchos ánimos.

Apareció frente a nosotros un pasillo eterno lleno de vestidos colgados. Intenté mantener la compostura y no abrir la boca por la impresión.

– ¿Todos estos diseños son tuyos? – pregunté con curiosidad.

– Ajá, y cualquiera de ellos es modificable a tus medidas y a tus gustos. – miré a Sango a mi lado y sonreí moviendo mis labios en un "gracias", yo no habría sabido por donde comenzar a buscar vestidos.

Caminé por el pasillo mirando cada diseño, uno por uno. El color blanco de la tela reflejaba la luz que entraba por las ventanas y se veían de algún modo angelicales. Varios llamaron mi atención y la modista pareció notarlo.

– Puedes elegir varios, luego podemos ver si combinarlos entre ellos o probártelos para que escojas el que mas te gusta. – Asentí ante su explicación.

Tomé el primero que había llamado mi atención: un vestido con escote de corazón ajustado en el torso y ancho en modo princesa desde las caderas, con mucho volumen y tul.

Seguí caminando y el opuesto apareció: un traje pegado al cuerpo como segunda piel desde el pecho hasta los muslos, desde ahí hacia abajo se abría en corte sirena, era de seda, sin tanto volumen como el anterior, de hecho era completamente recatado.

Casi al terminar el pasillo volví a fijarme en otro: el vestido tenía mangas caídas hasta la mitad del brazo, dejando los hombros al descubierto. El escote en "v" era un poco mas profundo de lo habitual, dejando entrever el inicio y final de mi escote, a unos pocos centímetros arriba de mi ombligo. La tela era seda y parecía bastante ajustado al menos hasta la cintura, desde donde caía recto hasta el suelo.

– Me probaré este. – musité, de entre los tres era el que mas estaba llamando mi atención.

– Genial, los probadores están por allí. – musitó indicándome a la izquierda – Nosotros te esperaremos sentados justo acá.

– Gracias.

Dejé a Moroha en brazos de Sango antes de caminar al probador.

– Yo estaré pendiente de ella, no te preocupes. – Sango me sonrió entendiendo mi mirada, no tuve que decir ninguna palabra. Yo sólo le sonreí de vuelta.

Para cuando estuve dentro del vestido y me miré en el espejo de pronto no pude creer que la chica del reflejo era yo. Me había acostumbrado tanto a mi pancita que las curvas prominentes formadas por mi cintura estrecha y mis caderas se me hacían extrañas. La tela se pegó a mi cuerpo como segunda piel justo como lo habia predicho y el escote era perfecto, ya que si bien dejaba ver bastante, no llegaba a ser grotesco, si no elegante, en parte por las pequeñas flores blancas adosadas al borde. Las mangas caídas a medio brazo daban el toque perfecto a la parte superior y de la cintura hacia abajo, la tela caía recta, aunque por detrás era mas larga, lo que formaba la cola del vestido. El toque que más me había gustado era el corte sensual justo sobre una de mis piernas que se dejaba entrever cada vez que daba un paso. Salí del probador y las tres personas sentadas me miraron fijo.

– Wow. – la única vos que resonó en el lugar fue la de Kouga.

– Dios Kag, te ves preciosa. – musitó Sango.

– En efecto, ese vestido está hecho para ti. – La modista me sonrió.

– ¿De verdad? ¿No es demasiado escote?

– Para nada, tienes los pechos lo suficientemente grandes como para formarlo, pero no excesivamente como para que luzcan a punto de desbordarse. – musitó Sango y yo me reí. – Además es bastante cómodo incluso para bailar.

– Eso mismo he pensado. – En general no era una chica fanática de los escotes, y este en particular lucía bastante arriesgado para mí, pero me motivé a mi misma a tomar riesgos nuevos por una vez en la vida.

– Tu cintura es lo que da todo el toque de perfección. – musitó la modista. – de hecho creo que incluso tendré que tomar un poco de tela en esta zona. – musitó mientras se acercaba.

– Cuando mandé a hacerle su vestido para mi boda tuve el mismo problema. – musitó Sango.

– Me imagino. – Akiko le sonrió. Me miró de frente por un momento. - ¿puedes girar un poco querida?

Obedecí al instante mientras veía su cara de concentración.

– ¿Pasa algo? – su cara me preocupó un poco.

– A este vestido le falta algo…

– ¿Algo como qué? – se movió con rapidez a la sala contigua y volvió con un trozo gigante de seda blanca. Se acercó a mi cintura envolviéndola y formando un rosetón grande justo en la parte posterior. Volví a mirarme al espejo y descubrí que ella tenía razón. Con ese mínimo detalle el vestido era mas que perfecto.

– ¿Te gusta?

– Aun mas de lo que ya me gustaba antes… gracias.

– Es mi trabajo.

– ¿Cuánto cuesta este vestido?

– Sango es una amiga cercana mía desde hace años, asi que he decidido hacerte un descuento bastante alto por ello, lo que lo deja en 130.000 yenes. – la miré sorprendida, no podía imaginarme cual era el precio real del vestido entonces… No es que no pudiera pagarlo, la verdad con lo poco que había trabajado estos meses, había juntado dinero suficiente, pero no dejaba de dolerme el estómago con tantos ceros en una cifra. Kouga me miró impactado.

– Miroku y yo te daremos la mitad. – Musitó Sango.

– Yo puedo ayudarte con algo igual. – Kouga le siguió.

– Hey, puedo pagármelo sola, tengo el dinero suficiente.

– No señorita, considéralo como parte de nuestro regalo de bodas, además eso te traerá mas buena suerte.

Los miré a ambos y suspiré.

– Lo conversaremos en el camino, por ahora lo pagaré yo en su totalidad, luego arreglamos cuentas.

– Bien, no lo dejaré pasar por alto de todos modos. – musitó Sango, yo ya sabía que no.

– ¿Cuándo es tu boda Kagome? – preguntó Akiko.

– La primera semana de diciembre, idealmente. Me encantaría guardar el vestido aquí hasta esa fecha, no quiero que Inu lo vea.

– Por supuesto, por lo mismo te preguntaba.

Luego de pagar y ver como Akiko se derretía con Moroha y jugaba con ella por unos momentos todos nos subimos al auto de vuelta a casa. Miré la hora, eran las seis de la tarde… justo a tiempo para encontrar a mi prometido.


Cuando llegamos subí al segundo piso para alimentar a Moroha mientras mis dos mejores amigos conversaban de preparativos en la planta baja. Aki permaneció a mi lado, vigilando la puerta y cuidándome de un peligro inexistente. De pronto una voz conocida resonó en mi mente.

Hola gatita, ¿estás en casa?

Si, con Sango y Kouga.

Vamos en camino para allá, supongo que con visitas nuestro juego tendrá que esperar un poco.

Ajá, pero puedes guardar mas ansias por ello.

Ya estoy lo suficientemente ansioso. – me reí.

Te espero.

Voy, te amo.

Te amo más.

Volví a mirar a Moroha en mis brazos y el como enfocaba sus ojos dorados en mi sin dejar de alimentarse me enterneció el corazón.

– Eres muy adorable ¿Lo sabes verdad? – mantuvo su mirada fija en mi y acaricié su mejilla con suavidad. – Tus ojos dorados son tan hermosos y manipuladores como los de tu padre. – Luego tomé una de sus manos y ella apretó mi dedo por instinto.

La mecí con lentitud intentando hacerla dormir, poco a poco sus ojos se entrecerraron y dejé de sentir la presión de su boca sobre mi pecho. Sólo en ese momento la separé de mi cuerpo y la devolví a su cuna, donde la arropé y ella adoptó su clásica posición fetal. Dejé la puerta levemente abierta, con la idea de escuchar hasta el más mínimo ruido proveniente de su habitación y bajé las escaleras.

– Bien… Inuyasha y Miroku vienen en camino, asi que podemos cenar todos juntos. ¿Kouga te quedas?

– Al menos un par de horas, luego debo volver al hotel, se supone que Ayame llegará hoy.

– ¿Y por qué no la invitas aquí? – preguntó Sango.

– Porque llegará tarde y cansada. Otro día, lo prometo. – yo asentí y estiré mi meñique hacia él, quien puso los ojos en blanco y estiró el suyo. – si, por la garrita Kag. – Sonreí en agradecimiento.

– ¿Pedimos pizza?

– Pizza será. – musitó Sango.

Inuyasha atravesó el marco de la puerta principal una hora después con una sonrisa en su rostro, abrió sus brazos invitándome a abrazarlo y yo no perdí la oportunidad. Me acerqué a paso rápido humano, considerando que Kouga seguía allí y me estiré de puntillas para besarle, su aroma me envolvió y volví a sentirme completa.

– Hola, te he extrañado. – musité.

– Asi veo… llevó su mirada a la mesa, desde donde Kouga y Sango lo saludaron. - ¿Han comprado pizza?

– Si, tenía antojo de pizza. – hice una mueca.

– Ufff antojo, Inuyasha quizás deberías preocuparte. – musitó Miroku; lo miré fijo sin entender su frase hasta que caí en cuenta que antojo se asociaba con embarazo. La sangre se me fue al rostro y sentí como me ponía roja.

– No no, nada de eso, no estoy embarazada, no otra vez. – Inuyasha me miró con su cabeza ladeada, como un cachorro escuchando un sonido extraño y se rio mientras acariciaba mi mejilla.

– Gatita, relájate, ha sido una broma. – me miró fijo y yo asentí. Había vuelto a tomar anticonceptivos y esta vez me estaba encargando de que no hubiera fallas en las tomas. Ser mamá era algo único y amaba a Moroha, pero el proceso del embarazo había sido tedioso y extenuante, no necesitaba más de ello, muchas gracias.

Caminamos de la mano hacia la mesa y nos mantuvimos conversando por varias horas. Para mi sorpresa Inuyasha, Miroku y Kouga se habían llevado bastante bien, lo suficiente como para que extendieran sus charlas por más de dos horas; mal momento, considerando que mis ansias de tener a Inuyasha para mi sola no paraban de crecer.

– ¿Ayame no habrá llegado aun? – pregunté mirando a Kouga.

– Nop, tengo su ubicación, debe estar aún a unos 40 minutos. – suspiré internamente mientras los tres volvían a sus historias y Sango y yo nos mirábamos sorprendidas por tanta afinidad.

Sentí el llanto de Moroha de fondo y subí aprovechando la escapatoria, Sango me siguió de cerca.

¿Necesitas mi ayuda? – preguntó Inuyasha en mi mente de inmediato cuando yo iba a mitad de escalera.

– No te preocupes, quédate aquí. – exclamé. Sango y el resto me miraron extrañados.

– ¿Quieres que me quede aquí? – preguntó mi mejor amiga tras de mi.

– No no… – Miré a Inuyasha, quien estaba aguantando una risa. – Olvídenlo, estaba hablando sola.

Cambié el pañal de Moroha mientras Sango me miraba con atención.

– ¿Se te ha hecho muy complejo? – asumí que se refería a ser mamá.

– Complejo no, quizás un poco agotador. Tengo que levantarme un par de veces durante la madrugada, aunque con Inuyasha nos turnamos.

– Pero sólo tu puedes alimentarla…

– He estado acostumbrándome a guardar parte de mi leche en mamaderas en el mini refrigerador de esa esquina. – musité indicando el electrodoméstico. Inuyasha había insistido en que era más cómodo sacar la comida/ leche de un refrigerador en la misma habitación de Moroha que ir al primer piso.

– Entiendo…

– ¿Por qué? ¿Te han picado las ganas de ser mamá?

– Con Miroku lo hemos intentado bastante… pero no lo hemos logrado. No me quejo, intentarlo ha sido divertido. – Me reí.

– No te desanimes, cuando menos lo esperes funcionará, te lo digo por experiencia propia. – Sango me sonrió.

– ¿Inuyasha realmente te ayuda? – asentí ante su pregunta

– Si, está trabajando más desde casa o llegando mas temprano de la empresa. De hecho, Moroha de algún modo tiene más cercanía con él que conmigo, supongo que es eso de que los hijos son cercanos a las madres y las hijas…

– A los padres. – Asentí.

Sango me pidió tomarla luego de mudarla y la meció con cariño, sujetando su cabecita con cuidado.

– Tu mejor amigo se ha llevado bastante bien con los chicos. – musitó mientras jugaba con una de las pequeñas manos de la bebé.

– Si… no me lo esperaba.

– Es simpático, Inuyasha y Miroku suelen ser bastante sociables con gente así, sólo no habían tenido la oportunidad de compartir de este modo antes. – era cierto.

– Teníamos planeado algo para hoy en la noche entre los dos, pero creo que se ha hecho tarde.

– ¿Algo? – Me miró de forma insinuante y lo comprendió. – Pero Kaaag, me hubieras dicho antes, puedo bajar ahora mismo y fingir que me muero de sueño, incluso podemos ir a dejar a Kouga a su hotel.

– ¿Harías eso por mí?

– Por supuesto, para eso estoy. Estoy segura de que esos "planes" entre tu e Inu han escaseado bastante con la llegada de Moroha.

– A decir verdad… – No podía quejarme, nuestra vida sexual seguía tan activa como siempre, pero decidí guardar silencio.

Sonreí y me quedé ahí haciendo dormir a mi bebé mientras ponía atención a lo que decían abajo. Pude escuchar un bostezo fingido de Sango.

– ¿Te parece si nos retiramos Miroku? Es de madrugada, tengo sueño. – Miroku la miró extrañado.

– ¿tu, sueño?

– Sip, Kouga si gustas podemos llevarte al hotel.

– ¿De verdad? Eso sería genial, esta a pocos minutos de aquí.

– Perfecto.

Me reí mientras escuchaba como se despedían.

– ¿Kag está durmiendo? – preguntó Miroku.

– No, pero esta haciendo dormir a Moroha, asi que no deberían molestarla.

– Ah… ya veo. – musitó – Bueno Inuyasha, nos despides de ella.

– Por supuesto. Ha sido un gusto chicos

– Igual, lo he pasado muy bien con ustedes. – la voz de Kouga resonó. – Ojalá repetirlo pronto.

– Tenlo por seguro. – pude sentir el sonido de un apretón de manos y me relajé cuando sonó la puerta de entrada y luego silencio.

Inuyasha subió las escaleras a velocidad desenfrenada, apareciendo unos segundos después a mi lado y apoyando su mentón en mi hombro mientras admiraba a Moroha.

– ¿Se ha dormido ya?

– Ajá, la he mudado y alimentado, asi que no debería despertar por varias horas… - Volví a recostarle en la cuna. - ¿Cómo te ha caído Kouga ahora que lo has conocido un poco mejor?

– Muy bien, aunque ya me caía bien de antes, siempre ha estado ahí cuando lo has necesitado, eso es suficiente para mí. – Sentí sus besos en mi cuello mientras me abrazaba por detrás y ladeé mi cabeza un poco para darle espacio.

– ¿Es por eso que has aceptado regalarle uno de tus diseños para su madre?

– Ajá. Con respecto a eso dijo que me llamaría la otra semana. Ahora… con respecto a nosotros, tengo varias cosas que mostrarte… si me acompañas a nuestra habitación.

Sonreí sin mirarlo y sentí su mano tomar la mía con dominancia.

– ¿Y Aki?

– Aki esta durmiendo hace bastante rato, incluso antes de que tu subieras.

– Ah, genial.

Apenas entramos en nuestra habitación pude notar las cuerdas gruesas de color negro en el centro de la cama. Había un par de juguetes que no supe reconocer para que servían y un trozo de seda negro. Además, la única luz provenía de unas velas que estaban por toda la habitación.

– ¿Has hecho esto antes? – pregunté con genuina curiosidad.

– Algunas veces… – por supuesto que esperaba esa respuesta. – ¿Y tú?

– Lo intenté un par de veces en mi antigua relación, no resultó.

– ¿Por qué no?

– Digamos que él no era de la clase de persona a la que le gustaran esta clase de cosas.

– ¿Entonces de quien fue la idea de intentarlo?

– Mía obviamente. – Inuyasha me sonrió de lado.

– Bueno gatita, hoy es la noche en que disfrutarás del bondage como nunca antes, lo prometo.

Me invitó a la cama y yo me senté en la orilla mientras el tomaba las cuerdas con dominio evidente; hubiera deseado genuinamente ser la primera vez de él en esto, pero al menos me consolaba en algo: Si lo había hecho antes, entonces sabía como hacerlo, lo que nos ahorraba los errores torpes que Hojo había cometido en su momento.

– Siéntate aquí. – musitó indicando con el pie la alfombra peluda de nuestra habitación. – Jugaremos un juego de roles de dominancia. Esta noche como es tu primera vez, seré yo quien domine y tu quien obedece, la próxima sesión será al revés. – su voz ronca y su mirada seria lograron encenderme a pesar de que nisiquiera me tocaba aún. Solo asentí.

Me senté con mis manos sobre los muslos y él me miró desde su altura.

– Desvístete.

Desabotoné uno a uno los botones de mi blusa y bajé el cierre de mi falda apretada con lentitud sin parar de mirarlo. Mi ropa interior de encaje apareció y él sonrió al instante.

– Tu ropa interior es muy bonita… – musitó. – Entonces…

Se acercó a mi, quitó mi sujetador con rapidez y comenzó a trazar amarras con la cuerda sobre mi torso, de tal modo que mis brazos quedaron atados juntos por delante y mis pezones podían sentir el roce de la cuerda, lo que sólo los endureció aún mas. Lo apretado de la cuerda sobre mi piel rápidamente comenzó a dejar marcas rojas sobre ella, pero no me importó, se sentía demasiado bien como para preocuparme.

Apoyó algunos de sus dedos bajo mi mentón y me obligó a levantar la cabeza para mirarme e instarme a ponerme de pie. Me tomó en brazos y me depositó en la cama, utilizando parte de las amarras de mis brazos para sujetarme al respaldo; eso me entristeció un poco, ya que quitaba todas las posibilidades de tocarle.

Se quitó su camiseta frente a mi y quedó sólo en sus jeans. Sus músculos definidos encendieron en mi el deseo de delinearlos con mis manos.

– Para hacerlo mas interesante, a pesar de que amo tus sonidos, tienes prohibido gemir hasta que yo te lo diga. – Musitó.

– ¿Qué pasa si no hago caso?

– El juego se detiene y te quedas con las ganas. – Eso sonaba pésimo.

– Trato. – no sonaba como algo tan difícil.

Me sonrió justo antes de llevar su cabeza a mi abdomen plano y depositar besos cálidos y húmedos sobre mi piel. Sentí como envolvió uno de mis pezones con su boca y jugueteó con él, lamiéndolo de forma experta con su lengua. Jadeé e intenté concentrarme en cualquier otra cosa que me evitara gemir. Él no se detuvo y llevó su mano libre a mi otro pecho, donde pellizcó el botón rosado entre sus dedos. Agh… esto iba a ser complejo, pensé.

Tuve el instinto de agarrar sus cabellos y pegarlo aun mas a mi piel, el respaldo crujió con mi fuerza, pero no cedió.

De pronto dejó de pellizcar y enterró sus garras alrededor de la aureola, sorprendentemente no dolió, sólo me excitó más. Mordí mis labios con fuerza, mientras disfrutaba del hormigueo de mi piel regenerándose unos segundos despues. Él me sonrió y bajó lamiendo desde el centro de mis pechos hasta mi monte de venus.

– No, ahí no.

– ¿Por qué no?

– Porque no aguantaré mis gemidos.

– Ya veremos.

Se abrió paso con su lengua entre mis pliegues y un leve gemido abandonó mi garganta.

– Shhh… – musitó sin separarse de mi piel.

Las lamidas rítmicas sobre mi clítoris y como al mismo tiempo introducía sus dedos en mi me hicieron perder la cordura. Ahora que lo notaba, los gemidos liberaban parte de mi placer y sin ellos el éxtasis se duplicaba por mil dentro de mi.

– He comprado algo para ti… – Musitó y acercó uno de los juguetes a mi vulva. Lo apoyó sobre mi piel y la vibración me hizo jadear mientras sus dedos eran reemplazados por su lengua dentro de mi.

– ¡Inu… yasha! – grité desesperada. – Ya… no puedo…

– Aguanta.

El placer me supero con creces y pronto comencé a enterrar mis garras sobre la piel de mis palmas en un intento de soportarlo. Pude sentir mi propia sangre escurrir por mis brazos.

– Pero gatita… no te hagas daño… – Musitó sin detener su tarea.

Nunca superaría lo experto que era haciendo sexo oral, cada vez que lo hacía yo me sentía en el cielo. Curvé mi espalda cuando aumentó la velocidad de sus lamidas y el vibrador aumentó el cosquilleo placentero.

Mis ojos ardieron y él me miró fijo desde abajo. Llegué al clímax de una forma que no había experimentado antes; sentí mis colmillos crecer dentro de mi boca y solo la abrí esforzándome en no emitir sonido alguno, mientras apretaba mis ojos con fuerza, aguantando un gemido que murió en mi garganta. Inuyasha no se movió del lugar y mis espasmos sobre la cama no frenaron. El placer fue tal que las sensaciones se mantuvieron por bastante tiempo.

– Buena chica. – sentí su voz ronca cerca de mi oído.

Abrí mis ojos cuando sentí un paño húmedo sobre mis brazos, limpiando los trazos de sangre.

– Vaya… si que te has hecho daño, los cortes ya no están, pero mira esta cantidad de sangre que has derramado de tus palmas. - Mi corazón latió con fuerza cuando acercó su boca a una de mis muñecas y la mordió, para luego cerrar los cortes. – Tu sabor me vuelve loco… – Se acercó a mi rostro para besarme. – te desataré las manos y puedes gemir ahora todo lo que quieras.

Dejé de sentir la presión de las cuerdas sobre mis muñecas, pero no sobre mi cuerpo; apenas mis manos estuvieron libres las llevé a su cabello, jalándolo hacia mí. Lo besé con hambre y acaricié su mejilla mientras disfrutaba del sabor metálico sutil en su lengua.

Inuyasha bajó su pantalón de jeans sin separarse de mi y posicionó su miembro en mi entrada. Lo sentí entrar y pude ver sus facciones cambiar mientras más profundo llegaba.

– Siempre estás tan estrecha… – musitó y mordió mi labio inferior.

Movió sus caderas para salir y entrar otra vez, esta vez de un solo golpe. Ambos jadeamos y pegó su frente a la mía, comenzando con un ritmo lento mientras me besaba y yo sólo podía aferrarme con mis manos a su espalda.

Los jadeos se hicieron constantes entre los dos y lo abracé con mis piernas, en un intento de mantenerlo lo mas cerca posible de mí. Él aumentó la velocidad y me permití gemir por todo lo que no había podido antes.

Hundí mi rostro en su cuello y lamí sobre su marca, recibiendo como recompensa un gruñido que hizo vibrar su pecho. Mordí la zona de una sola vez y disfruté del sabor de su sangre y de los sonidos de placer que las endorfinas arrancaban de él.

Me separé para lamer sus labios y vi sus ojos cambiar a rojo. Se aferró a mis brazos con sus garras y el roce constante me hizo alcanzar un nuevo orgasmo a la vez que él alcanzaba el suyo y enterraba sus colmillos cerca de mi clavícula. Sentí como mis garras atravesaron la piel de su espalda sin mayores problemas y como mis gritos de placer se mezclaban con su gemido ronco. Luego se desplomó sobre mí, sin cargar realmente su peso completo.

Se levantó levemente para mirarme de frente por encima y tomó mi rostro entre sus manos.

– Me encanta este detalle de ti. – Musitó mientras acariciaba mis mejillas – Tu sonrojo y el cambio de color en tus ojos siempre me avisa cuando estás al borde de explotar. – me sonrió y acercó sus labios a mi frente para besarla – Te adoro Kag.

Le sonreí somnolienta y él se quitó de encima para colocarse a mi lado. Utilicé mis últimas energías para acurrucarme a su cuerpo.

– Tus ojos también me avisan… Hemos estado suficiente tiempo juntos como para captar aquellas señales. – Sentí su risa suave y como su mano bajaba y subía por mi espalda.

– ¿Te ha gustado? – Sólo asentí.

– Aunque quiero amarrarte también…

– Te enseñaré a hacer las amarras luego, lo prometo. La próxima vez será tu turno.

– Eres fantástico en esto… en todo la verdad, me siento afortunada.

– Nada resultaría tan bien si no nos complementáramos como lo hacemos, asi que el afortunado soy yo, por tenerte como compañera.

Inhalé profundo disfrutando de su aroma y él nos tapó a ambos con las mantas. De pronto tuve un miedo inexplicable de perderlo.

– Inu… Si alguna vez tenemos una discusión muy grande, y decimos cosas sin pensar… prométeme que no te rendirás conmigo, que arreglaremos las cosas… Aunque diga que no quiero verte, o que no quiero seguir a tu lado, por favor no me hagas caso.

– Pero gatita, no podría obligarte a seguir conmigo…

– Lo sé, pero te estoy avisando de antes… para que no me escuches. Es cierto que cuando terminamos hace algunos años era necesario, pero creo que si hubieras ido por mi unos meses después yo habría olvidado todo, porque seguía amándote.

Me miró sorprendido.

– Es bueno saberlo ahora… En ese momento tuve la oportunidad de conseguir tu dirección, y no la quise sólo porque pensé que me odiabas y no quería hacerte daño… quizás si hubiera tomado otras decisiones, no habríamos estado tantos años separados.

– Ya no importa… sólo no te alejes nunca de mí, me he hecho dependiente de esto. – musité mientras me abrazaba mas a su pecho. – ¿Me lo prometes?

– Te lo prometo… no importa que tan feo o difícil se vea el camino, esta vez lo superaremos juntos ¿vale?

– Vale.

Eso calmó un poco mis miedos y sólo en ese instante pude conciliar el sueño. Me obligué a poner atención por última vez en los sonidos de la pieza contigua y sólo pude escuchar la respiración acompasada de Moroha. Lo abracé más cerca y me sentí protegida en ese lugar… la calidez de su cuerpo… eso era todo lo que necesitaba para ser feliz.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Diciembre, 2018.

Luego de un último día de preparativos antes del gran evento, arropé a Kagome a mi lado, quien me sonrió dulcemente en agradecimiento.

– Mañana es el día – musité - ¿Qué tal si descansamos temprano por hoy?

– Quizás deberíamos revisar la lista una vez más…

– Gatita… lo hemos revisado al menos unas 30 veces… todo estará bien. – suspiró a mi lado y asintió.

Me concentré en verificar con mi audición que Moroha siguiera durmiendo en la pieza contigua. Ahora que tenía ya casi 6 meses, su sueño durante la noche era más estable y no despertaba con hambre durante la madrugada.

– ¿A qué hora pretendes salir de aquí mañana?

– Me iré temprano a casa de mis padres, ahí me ayudaran Miroku y ellos.

– Comprendo… – se acurrucó contra mi pecho, sólo pude ver sus ojos chocolate, ya que la manta cubría hasta su nariz.

– ¿Pasa algo?

– Me siento un poco ansiosa, la verdad no tengo sueño.

– ¿Qué te preocupa? – No quise decirlo, pero yo estaba igual.

– Quiero que todo sea perfecto…

– Y así será, relájate gatita, lo hemos planeado por meses.

Sentí sus manos acariciar mi pecho con pereza, los últimos días habían sido agotadores para ambos, planificar y corroborar que todo estuviera listo había sido nuestra única misión. Acaricié su cabello peinando sus bucles por varios minutos intentando relajarla, si bien yo estaba igual de estresado, uno de los dos tenía que ser el soporte de la situación, no podía creer que hubiera gente que se dedicara a planificar bodas, era un trabajo extenuante de seguro.

Sentí su respiración acompasada después de un largo rato y sólo en ese instante me permití dormir.

Aparecí en un lugar que no recordaba haber visitado antes, sentado frente a una silueta femenina. ¿Kagome? No… no era ella, su cabello liso me lo demostraba.

Has estado trabajando tanto que ya ni siquiera tienes tiempo para mí, casi ni te veo… - Ah… ya veo, esto es un recuerdo.

Sabes lo mucho que he estado trabajando por la empresa de mi padre, yo no esperaba que la dejara a mi cargo, sin embargo pasó… Sólo serán unos meses, cuando todo se estabilice será más fácil de llevar, lo prometo. – musité sin querer realmente decir esas palabras.

¿Qué pasará cuando tengamos hijos? ¿No pasarás tiempo con ellos por tu trabajo?

Ambos dijimos que no queríamos hijos… ¿no?

No aún… pero eventualmente. Yo te amo… demasiado, no verte de verdad está afectando mis ánimos… me siento tan sola.

Kikyo me miró con dolor, intenté abrazarla y sólo obtuve su alejamiento como respuesta.

Kikyo… yo… lo siento, veré modo de organizar mejor mis tiempos, podemos cenar mañana, ¿te parece?, compartir la tarde juntos.

¿De verdad?

Ajá… ¿eso te gustaría?

Si… pero, he estado pensando en otras cosas…

¿Otras cosas?

Si, Kagome por ejemplo, ¿no crees que se aburrirá de ti eventualmente?

¿Kagome?… mi corazón latió y dio un vuelco, por supuesto, Kagome. Kagome me ama, nos casaremos mañana. – era verdad, yo ya no estaba con Kikyo, ¿por qué estaba teniendo este sueño?

Eventualmente tu trabajo arruinará la relación, quizás deberías dejarla, antes de hacerle daño… por su propio bien, ¿me entiendes?

No quiero hacerle daño… nunca querría.

Y sin embargo es lo que sueles hacer con todas las mujeres ¿no? – Mika apareció a mi lado, reforzando el punto de Kikyo.

No… tu y yo, lo nuestro era distinto, nosotros no teníamos nada serio, siempre lo supiste, desde el principio te lo dije.

¿Eso te daba permiso para usarme de consuelo mientras Kagome no estaba? Cuando ella apareció me hiciste a un lado como un trapo sucio… eso no está bien, nunca me pediste disculpas, sólo me alejaste de ti, me hiciste olvidarte.

Comencé a estresarme, Kikyo me había dejado, pero con todo esto podía comprender que después de todo la había descuidado, había sido en parte mi responsabilidad también, todo por el maldito trabajo. Por otro lado, Mika me había entregado su corazón y su compañía, y yo sólo la había alejado, eso había estado mal… Sin contar la cifra gigante de mujeres que había utilizado sólo para tener sexo sin siquiera recordar sus nombres. Después de ser un asco como hombre, ¿Merecía realmente estar con Kag?

Luego aparecí en otro lugar, otro recuerdo, uno de los peores: La noche de la fiesta de gala de hace 4 años, cuando Kikyo había vuelto a aparecer. Me ví a mí mismo drogado bajo su cuerpo, mientras ella se movía sobre mí y mi marca sangraba profusamente. Finalmente pude ver a Kagome, llorando por el dolor insoportable de su marca y sangrando brutalmente, por una traición que cometí sin enterarme.

Desperté de golpe con la respiración entrecortada y el corazón doliéndome. Había sido un sueño horrible y había logrado sembrar la duda en mí. Kagome había sufrido, física y psicológicamente por mí, al igual que Kikyo y Mika… de algún modo había sido responsable por el sufrimiento de todas.

La culpa me carcomió aún más cuando vi a la chica de cabello azabache acurrucada en mi pecho, con su semblante feliz y respirando tranquilamente… Ella me había aceptado de vuelta a pesar de todo ello… me sentí una basura.

No quise volver a dormir, no quería mas recuerdos dolorosos, no justo el día antes de mi boda.


Eso ha sido todo por hooy, Inuyasha y sus problemas existenciales en el peor momento XD.

Intentaré actualizar mañana o el martes durante la noche. Un abrazo virtual!