Del caos en el Santuario
Para cualquier persona del exterior, el Santuario de Atenea operaba como de costumbre, pero en el interior las cosas se estaban poniendo un tanto caóticas. La alerta permanecía en Naranja, no querían ponerla todavía en rojo porque no parecía que hubiera un peligro inminente hacia Atenea, si no que el peligro era para sus filas. Tampoco querían subirla porque eso implicaba que todos y cada uno de los Santos Dorados debían permanecer el 100% del tiempo apostados en sus respectivos Templos y eso no era posible, porque los mejores rastreadores del Santuario eran Santos Dorados y ellos estaban saliendo constantemente siguiendo pistas.
Durante los pasados días, además, los Santos que tenían habilidades para desplazarse, estuvieron recorriendo campos de entrenamiento fuera del Santuario para traer de regreso a aquellos jóvenes aprendices que querían dentro. Nada más Santos Plateados podían permanecer en esos campos y solamente si eran grupos de al menos dos. Aldebarán se negó completamente a dejar Noruega y algún otro de los Dorados estaba siempre con él.
Roberto prestaba especial atención a todo lo que estaba ocurriendo. Le parecía una buena idea el haberse llevado a Helena, y si él podía ayudar a que secuestraran a las demás chicas del Santuario, entonces eso es justo lo que haría. No estaba del todo seguro de que Alessandro siguiera en Atenas, pero no perdía nada en intentarlo. Se preguntó si debía llevarse a Terje con él, a fin de cuentas el que se quedara podría seguir siendo de utilidad pero, como Alessandro dijo, quizá ya no lo necesitarían ahí. Se la pasó rumiando todo eso durante el día mientras pretendía ayudar a mantener a los críos a raya y a hacer las rondas que le correspondían como aprendiz.
Alessandro efectivamente regresó a Atenas, sí quería recuperar a Terje, porque podía usarlo también como señuelo, además estaba bastante seguro de que el otro aprendiz, de quién todavía no conocía su nombre, se le uniría luego de ver el caos en el que se encontraban dentro del Santuario después del segundo secuestro. Decidió, pues, quedarse un día más a ver si el hombre por fin se decidía, y si no, pues ni modo.
Alfa debería para ese momento ya tener asignado un lugar en el Recinto de las Amazonas. Si bien su armadura era generalmente reservada para las Saintias, ella no estudió para convertirse en una, y tampoco había problema en que se considerara dentro de las filas de los Santos Plateados. El caso es que con todo el caos, pues ella seguía viviendo en Géminis, aunque los gemelos apenas regresarían esa tarde. Se pasó los días anteriores ayudando con la lista de las personas del Santuario, para asegurarse de quién estaba ahí, quién faltaba y qué más podría encontrar de los renegados.
De hecho, justo estaba sentada en el medio de la sala de Géminis revisando papeles e intentando implementar un poco de tecnología, cuando sintió el cosmo de los gemelos regresar al Santuario. Supuso que primero irían a hablar con el Patriarca, así que siguió con su tarea. Más o menos media hora después los notó entrando a Géminis. Se levantó del suelo a esperarlos. La puerta no tardó en abrirse y Saga fue el primero en entrar. En cuanto la vio, le lanzó una sonrisa aliviada y, sin detenerse siquiera a pensar en lo que hacía, fue hacia ella, la abrazó y luego la besó. El gesto la tomó por sorpresa, pero tampoco dudó en regresarle el abrazo y el beso. Kanon sonrió mientras los observaba.
—Sabemos que lo lograste, felicidades por la obtención de tu armadura —le dijo al fin.
—Gracias. —Y se separaron.
Entonces Kanon se adelantó algunos pasos.
—Felicidades, Al, y me da gusto que estés sana y salva de regreso. —Y también la abrazó.
—Digo lo mismo. ¿Cómo está Aldebarán?
—Mucho más tranquilo de lo que cualquiera de nosotros estaría en su situación. No entendemos cómo es que hacen para desaparecer por completo sus cosmos. Te manda sus felicitaciones y espera poder verte pronto —contestó Kanon—. ¿Ya te asignaron un lugar en el Recinto de las Amazonas?
—Nope. Creo que nadie se ha acordado de eso, así que todavía me van a tener de residente en Géminis, al menos por el momento.
—No tengo problemas con eso. ¿Tú? —preguntó Saga a su gemelo y Kanon negó.
—Vayan a darse un baño mientras preparo algo para cenar —les dijo la chica y ambos gemelos asintieron y se retiraron a sus habitaciones.
Durante las noches las rondas se habían duplicado. Todos los aprendices, niños y niñas, se mantenían juntos en el Recinto de las Amazonas. Los aprendices mayores, los adolescentes, se encontraban también todos juntos, pero en los campamentos de los Santos de Plata y Bronce. Ese fue uno de los principales motivos por los cuales Roberto decidió irse él solo en busca de Alessandro. No iba a haber manera en que pudiera sacar a Terje del Recinto de las Amazonas. A su favor tenía que no le tocaba ronda nocturna, porque debía cumplirla con un grupo de otros dos, y no le sería fácil deshacerse de sus compañeros, pero dado que nada más debería permanecer en el campamento, entonces podría salir.
Básicamente siguió el plan de Terje de contar los minutos entre los que pasaban dando rondas y aprovechar los espacios en medio para escabullirse. También usó el mismo camino que el niño porque le pareció bueno. Así que, poco después de la media noche salió y en tan sólo unos cuantos minutos llegó a las afueras de Rodorio y a la casa abandonada. Pero no esperó el silbido de Alessandro, sino que él dio uno propio. Y fue respondido en segundos. La figura de Alessandro apareció de entre las calles y se le acercó, le hizo una seña y ambos entraron a la casa.
—¿Has disfrutado del espectáculo?
—El Santuario no tiene mucha idea de cómo enfrentarse a una situación como ésta. Así que sí, ha sido interesante.
—¿Te preguntas cuál será nuestro próximo movimiento?
—Quieren llevarse a las chicas, eso no es secreto para nadie. Si te interesa, están especialmente protegidas desde lo de Helena.
—Tienes razón y al mismo tiempo: no. Me interesan aquellos que poseen recuerdos de sus encarnaciones pasadas. No tanto el resto.
—¿Encarnaciones pasadas? De eso hablaste con Terje. ¿Helena lo es?, ¿Jivika?, ¿tú también?
A cada pregunta Alessandro contestaba asintiendo con la cabeza.
—Todos nosotros lo somos. No me parece que tú lo seas, pero no importa si te quieres unir. ¿Estás dispuesto a marcharte?
—Lo estoy.
—Muy bien entonces. Nuestra guarida está en Svalbard, cerca de Longyearbyen. Puedes llegar ahí en cuanto quieras. De preferencia trae a Terje contigo. El mocoso puede sernos de utilidad.
—No quieres que me marche contigo en este momento.
—Puedes hacerlo si lo deseas, pero también podrías quedarte un par de días más, conseguir información y hacer un plan para traer a Terje contigo. Como quieras.
—Bien, regresaré al Santuario un par de días más. ¿Tú te irás para allá?
—No. Tengo un par de asuntos en Suiza. No sé cuánto tiempo voy a estar ahí. Un par de semanas, al menos, y si te lo preguntas, seguramente estaré entre Berna, Zurich y Lucerna. Probablemente logre atraer a alguien para allá para continuar con el plan. Luego iré a la guarida en Longyearbyen. No es un camino fácil, por cierto, y te recomiendo llevar ropa de abrigo. Bienvenido a nuestras filas. ¿Cuál es tu nombre?
—Roberto.
—Bienvenido, Roberto. —Y sin más qué decir, Alessandro le dedicó una última mirada y luego se fue.
Roberto no se quedó mucho más ahí, se fue de regreso al Santuario antes de que alguien notara que salió, aunque eso era improbable.
Al día siguiente Saga y Kanon fueron a reunirse con Camus y Shura para hablar acerca de los rastros que encontraron. Camus estaba bastante seguro de que los siguientes los llevarían a Suiza, pero como debieron regresar al Santuario, su investigación se quedó a medias. Saga le dijo que ya estaba bien de dar rodeos y que él mismo iría a Francia a seguir la pista. Todos se miraron unos a otros.
—¿Tú solo? —preguntó Kanon.
—¿Quieres acompañarme?
—No particularmente, pero lo haré si es necesario.
—Creo que esta vez, Saga, sería mejor si el que fuera lo hiciera escondiendo su cosmo. Cuando Shura y yo fuimos, la verdad es que no nos molestamos en ocultar nuestra presencia; no teníamos por qué, no esperábamos capturar a nadie. Pero esta vez creo que sería más prudente que quien vaya, lo haga por métodos civiles y no con portales o cosmo. Va a tomar más tiempo quizá, pero creo que es la mejor manera que tenemos de emboscarlos. Por otro lado, Aldebarán sigue en Noruega también haciendo relativamente notoria su presencia allá. Puede ser de utilidad y que se enfoquen en él en lugar de en ti.
—Me parece apropiado.
—Llévate a Alfa —dijo Shion quien hasta ese momento había permanecido callado.
—¿Por qué a Alfa?
—Porque ella te rastreó usando métodos "normales", y porque se sabe mover mejor que cualquiera de nosotros de esa manera en el mundo exterior. —Y porque les hace falta terminar de arreglar algunos asuntos, quiso agregar, pero se abstuvo. Además estaba bastante seguro de que Saga se concentraría mejor teniendo a la chica a su vista y no del otro lado del continente.
Saga terminó por asentir, de todas maneras Alfa ya tenía su armadura y era hora de empezar a considerarla como el Santo de Plata que ahora era. Lo ponía un poco de nervios el llevarla, dado que no estaba seguro de que esos silencios que seguro se presentarían no serían incómodos, pero ni modo, le atraía la idea de pasar un tiempo a solas con ella, fuera del Santuario, como al principio de su relación. Ahora nada más faltaba contarle los planes y ver qué decía.
La reunión se prolongó un buen rato más mientras Camus y Shura le contaban a Saga todo lo que habían encontrado, y Camus se ponía en contacto con su informante en Francia para decirle que recibiría la visita de uno de sus compañeros.
Alfa tomó la noticia con entusiasmo y aprensión a partes iguales. Le encantaba la idea de que por fin la dejaran hacer algo más en el Santuario que cuidar aprendices, y le gustaba que estaría ayudando a Aldebarán a encontrar a Helena. Aunque la ponía algo de nervios salir en su primera misión ya como Santo y, además, con Saga. Su tarea fue, pues, encargarse de buscar un par de boletos de avión hacia Lyon, en donde se reunirían con el contacto de Camus. Ya de ahí verían hacia dónde moverse. Compró boletos para un vuelo dentro de dos días, a las 6 de la mañana.
Por supuesto, Roberto, y medio Santuario, no tardaron en enterarse de que Saga se iba de misión con todo y novia. El aprendiz no podría rodar más los ojos hacia atrás porque se vería el cerebro. Esas eran noticias importantes, pero el problema estaba en que no tenía manera de contactarse con Alessandro y ellos iban a Francia, o sea, peligrosamente cerca de Suiza, en donde le dijo que pasaría las siguientes semanas. Quizá no se toparían, quizá el de Géminis ni siquiera terminaría en Suiza, pero igual sentía que tenía que informarle a Alessandro. Eso sólo significaba que necesitaba idear un plan, y pronto, para salir del Santuario con todo y Terje.
