—¿La comida fue de su agrado, señor?
Alex apartó la vista de la hoja de registros que estaba consultando en ese momento y se volvió hacia el mayordomo. —Estuvo delicioso. —respondió satisfecho. —Nuestro cocinero se supera día a día.
—El ingrediente principal fue traído por los nuevos aventureros esta mañana. —explicó el NPC. —Nuestro cocinero se ha esmerado al máximo para realzar el sabor de tan exótico ingrediente.
—Todos se pondrán muy felices al oír eso. —dijo. —Espero que Dante y los demás puedan probarlo una vez que vuelvan de sus obligaciones.
El Mayordomo hizo una reverencia y tras retirar el plato y los cubiertos de la mesa se retiró por la puerta que daba a las cocinas.
Alex permaneció sentado en silencio. Aún no se había acostumbrado del todo a esa transformación que había ocurrido con los NPC's del Clan Hall. Desde que Diógenes entrara a la casa la forma en la que los miembros de La Orden interactuaban con ellos había cambiado por completo y si bien los cambios eran bienvenidos, todo eso no dejaba de sentirse demasiado extraño y repentino.
Y por supuesto también estaba Nelly.
Cuando Alex entró a Calipso por la mañana temprano ya los rumores de lo sucedido la noche anterior en el Bosque Viejo habían empezado a correr salvajes por las redes sociales. Si bien la naturaleza de lo ocurrido eran, por el momento, solo rumores. Ya se sabía que al menos una base de los gigantes del Enjambre había sido atacada. Con el correr de las horas más y más información comenzó a acumularse y para el mediodía ya había hasta identikits de los culpables.
Aunque…mas que identikit, aquel "Fan-Art" que circulaba por la red era demasiado escandaloso para un juego como Calypso y el navegador que utilizaban para ver el contenido de la red censuraba automáticamente todas las versiones del dibujo que comenzaron a circular por la misma.
El líder de La Orden pensó que aquella mañana no se hablaría de otra cosa en el Clan, pero se equivocaba; mas de una sorpresa lo esperaba al salir de su habitación luego de aparecer en el juego junto a su cama.
Lo primero fueron los avisos del sistema de gestión de la propiedad que lo alertaron de la presencia de extraños en la misma. Una rápida mirada al registro y Alex quedó perplejo al encontrar un nombre desconocido y otro oculto. Rápidamente bajó las escaleras y se encontró con Silvana, Mirna, Matilda… y alguien más.
Alex quedó paralizado al ver por primera vez a aquella criatura, pero de pronto fue como si los dibujos que había visto en el taller de Matilda cobraran vida frente a sus ojos.
—Eso… ella es… ¿Una Driada? —preguntó bajando lentamente los últimos peldaños de la escalera.
—¡Alex! —exclamó Silvana corriendo hacia su líder. —Ella es Nelly, es una Dríada del Bosque.
El joven se detuvo confundido y miró a todos los miembros sin saber por dónde comenzar. Matilda se cruzó de brazos y suspiró. —¿Cual de todas las preguntas quieres que te respondamos primero? —preguntó. —Date prisa o tu cabeza va a explotar.
Pero Alex no había perdido completamente la cabeza y haciendo una reverencia se dirigió hacia la Driada. —Bienvenida a nuestra casa. —dijo en forma muy cortés. —Es un placer conocer en persona a una de las habitantes del Bosque Viejo.
La Driada respondió al saludo con un ligero movimiento de cabeza. —Me llamo Nelly. —dijo.
—Yo soy Alex, el líder de la Orden. —se presentó el joven. —Y estoy a su servicio. Supongo que mis compañeros ya se han presentado… ¿Verdad?
—Mas que eso. —respondió Matilda. —Rita ya ha encendido de la forja y Walter está removiendo piedras en el patio.
—¿Piedras en el patio…? —preguntó Alex aún mas confundido que antes.
—Tuvimos una idea genial para que Nelly se sienta como en casa… ¿Verdad Mirna?
—Nyan. —respondió la chica gato.
Matilda se acercó a Silvana y puso su mano en el hombro. —Será mejor que vayan a ayudar a Walter. —dijo. —Yo tengo que discutir un par de cosas aburridas con nuestro amado líder.
—De acuerdo. ¡Vamos chicas! —exclamó Silvana tomando las manos de Mirna y Nelly y prácticamente arrastrándolas por la puerta. —¡Hay un montón de cosas que quiero probar!
Alex y Matilda quedaron solos frente a la chimenea de la sala común donde un pequeño fuego crepitaba alegremente.
—Antes que nada. —dijo el joven volviéndose hacia la Widermerense. —El sistema me informa que hay una persona desconocida en el edificio. —dijo. —¿Sabes quien es?
—No. —respondió la mujer. —Pero tengo mis sospechas… y tú también. ¿Verdad?
—Supongo que es la misteriosa compañera de Dante y Diógenes. —respondió. —¿Karina se llamaba?
—Si, yo también sospecho que puede ser ella. —respondió. —Se desconectó temprano esta mañana en una de las habitaciones de huéspedes, pero su personaje está en modo incógnito y no puedo ver nada en la interfaz del Clan Hall. ¿Vas a ir a revisar? Tu puedes abrir todas las puertas de este edificio con tu llave maestra…
—No. —la interrumpió Alex repentinamente. —No voy a hacer eso. Ya dí mi palabra que su compañera seria bienvenida a esta casa y no voy a invadir su privacidad, decida o no quedarse con nosotros.
—Bien respondido. —lo felicitó Matilda.
Alex caminó hasta la chimenea y miró las llamas moverse lentamente. —Esa Driada… Nelly. —dijo volviéndose hacia la Espadachin Windermerense. —Pensé que era un jugador en cuanto vi su nombre en el registro… ¿Como es posible? ¿Realmente es un NPC?
Matilda se sentó en el sillón y cruzó las piernas. —Yo tampoco lo podía creer al revisar la información. —dijo. —Pero aparece listada en el gestor del edificio como una invitada más, indistinguible de un jugador "Normal".
—Si no fuera por la habilidad de Diógenes lo creería imposible. —dijo. —Pero desde que él y Dante llegaron han comenzado a pasar cosas de lo mas extrañas. ¿Sabes algo de su misión en el Bosque Viejo? Supongo que es allí donde conocieron a ese NPC.
La guerrera se encogió de hombros. —Se tanto como tu… osea nada. —se sinceró. —Pero definitivamente hay una relación entre la misión de ellos y lo que sucedió anoche en una de las bases del Enjambre.
Alex se acercó hacia el sillón. —Crees… ¿Crees que ellos fueron los que atacaron? Si es asi…
—Si es asi, han roto una de las reglas del Clan. —afirmó con seriedad la mujer. —La Orden no participa en PvP sin provocación y no se entromete en las guerras de los otros Clanes.
—¿Haz hablado con Silvana o con Mirna? —preguntó el joven.
—No las he interrogado sobre su salida de ayer, si es lo que quieres saber. —respondió Matilda cruzándose de brazos. —Solo hablamos de Nelly y de sus planes de entrar a La Orden.
Alex se rascó la barbilla pensativo. —Tendremos que averiguar que sucedió realmente allí en el bosque. Si Dante involucró a Silvana y Mirna en PvP entonces… un momento. —dijo de pronto levantando la cabeza. —¿Qué haz dicho? —preguntó mirando a su compañera con expresión de asombro.
—Dije que Nelly quiere entrar a La Orden. —repitió la mujer con una sonrisa.
—…
—Sabía que te quedarias sin palabras. —respondió la mujer con gesto divertido al ver la expresión de su camarada. —Pero por lo que pude investigar es posible… aunque al enviar la invitación a su personaje un aviso del sistema me informó que mi habilidad de reclutamiento no era lo suficientemente elevada como para completar esa acción.
Alex sacudió la cabeza. —Me imagino que solo Diógenes podría invitarla a La Orden con esos stats monstruosos que tiene. —dijo. —Pero eso significa…
—Eso significa que estamos haciendo cosas que ningún otro jugador ha hecho antes. —afirmó la Espadachin. —Reclutar un NPC con habilidades de Personaje Jugador… esto es algo nuevo y revolucionario.
—Tal vez Diógenes tenga las respuestas que necesitamos. —razonó Alex. —¿Aún está en la Torre?
—Cuando me conecté ya estaba en Calypso hace rato… lo saludé por mensaje de texto y me respondió que bajaría mas tarde, que debía volcar todo lo que habían descubierto en la expedición de ayer en los mapas y enciclopedias de Calypso.
El líder de La Orden asintió. —Todavía me cuesta creer que tenemos acceso a un Archivista en un Clan tan pequeño como este.
—No te olvides de los dos Naturales y el arma Legendaria… y ahora se suma el primer NPC de clase aventurera en todo el juego.
Al oir sobre el arma, Alex recordó algo. —¿Dices que Rita ya está en la forja? —pregunto.
—Reparando el equipo que esos cuatro destruyeron ayer. —respondió la joven. —La túnica de Silvana estaba reducida a jirones de tela y el arco de Mirna estaba roto en tres pedazos.
—Iré a hablar con Diógenes. —dijo Alex tomando una decisión. —Necesito saber lo que pasó en ese bosque.
Cuando Alex salió al patio se encontró con Walter en medio de los trabajos de remodelación. Había desmontado un cerco de rocas que dividía en dos la terraza y lo habían utilizado para crear una especie de cueva artificial a un lado del edificio principal en donde se levantaba la pequeña torre que albergaba la biblioteca.
—Eh, Alex. —saludó el enorme guerrero de Ragnar secándose con un movimiento del grueso brazo el sudor de la frente. —Espero que no te moleste que hayamos empezado a refaccionar sin tu permiso. —dijo.
—Matilda se encargará del papeleo. —respondió divertido el joven. —¿Esto es para la…?
—La nueva recluta. —dijo Silvana saliendo del interior de la nueva construcción. —Queremos crear algo parecido a una pequeña gruta del bosque. ¿Vas a ir a hablar con Diógenes? —preguntó señalando la torre mientras Mirna aparecia a su lado agitando las orejas.
—Así es. —respondió Alex. —Por cierto ¿Sabes algo de Dante? —preguntó.
La chica sacudió la cabeza. —Debe estar durmiendo aún… llegamos muy tarde de madrugada y estábamos muy cansados todos… al menos no me ha enviado ningún mensaje todavía. —aseguró.
—De acuerdo. —respondió el líder. —Iré ahora a la biblioteca y nos reuniremos mas tarde para ver las actividades del día.
—Nya! —respondió Mirna haciendo una parodia de saludo militar.
Alex respondió al saludo y vió como la Driada lo miraba con curiosidad desde el interior de la cueva. Le respondió con un gesto amistoso y se volvió hacia la entrada a la torre.
Encontró al Archivista subido arriba de la mesa que se encontraba cubierta de mapas, libros y notas desperdigadas sobre y bajo la misma. El hombrecillo levantó la cabeza en cuanto escuchó los pasos del joven en la escalera. —Hola. —saludó levantando la pluma con la que había estado dibujando a modo de saludo.
Alex se acercó a la mesa y echó un vistazo rápido. —Eso… ¿Eso es la información que recolectaron en la expedición de ayer? —preguntó señalando los papeles.
—Solo lo que mi personaje ha recolectado en su memoria. —explicó Diógenes bajando de la mesa de un salto. —Todavía tengo que transcribir la información de Dante.
Alex volvió a mirar los mapas; el nivel de detalle era exquisito: cada parte del bosque, cada elevación, arroyuelo y sendero estaban representados claramente y con abundantes detalles. —Nunca había visto mapas como estos. —dijo tomando los pergaminos para ver los diferentes sectores del bosque. —Hasta conozco algunos de estos lugares. —dijo señalando las ruinas que habían visto desde una de las colinas.
Al retirar uno de los mapas dejó al descubierto uno mas grande que los demás. En cuanto vió el nombre del mismo un escalofrío corrió por su espalda. —El Valle de los Gigantes. —leyó. —¿Esto es…?
—Una base del Enjambre en el Bosque Viejo. —respondió Diógenes. —Nos topamos con ella por casualidad.
Alex recorrió con la vista el dibujo de los senderos que iban hasta la enorme entrada de la caverna asi como las empalizadas de defensa y trincheras que los gigantes habían cavado para fortificar el lugar. —Entonces ustedes realmente atacaron su base. —dijo levantando la vista hacia el Archivista.
El jugador asintió. —No nos quedó otra alternativa. —dijo.
—Diógenes. —dijo Alex dejando el mapa sobre la mesa y volviéndose hacia el jugador. —Espero que puedas explicarme lo que los motivó a tomar semejante decisión; La Orden no es un Clan para PvP.
—Lo se. —respondió el jugador sentándose en uno de los sillones (y tirando varias pilas de papeles en el proceso) —Creeme que no tuvimos alternativa. —se excusó.
—¿No tuvieron…?
—Los gigantes nos emboscaron al terminar el día y capturaron a las gatitas. —explicó el Archivista. —No nos quedó otra opción que rescatarlas de las garras de esos monstruos.
Por la forma en que Alex lo miraba Diógenes estaba seguro que no le había creído. —Podrían habernos matado a nosotros también, pero afortunadamente tuvimos una ayuda inesperada que nos salvó a tiempo… lo demás… bueno, me gustaría explicarte todo, pero me temo que, al igual que Dante, ciertas cosas no puedo contarlas abiertamente.
El joven asintió. —Comprendo. —dijo. —Es difícil de creer pero… gracias. —dijo haciendo una reverencia. —Gracias por rescatar a Silvana y a Mirna de esos tipos.
—Tuvimos algo más que suerte allá fuera. —suspiró el jugador. —En definitiva, nos salvamos por un pelo.
—¿Entonces su misión fue exitosa? —preguntó.
—Si. —respondió el jugador. —Encontramos la información que buscamos y ahora tenemos que estudiar nuestros hallazgos para coordinar el siguiente paso. Tengo que reunirme con Dante y sus Jefes por la tarde para discutirlo asi que hasta entonces me temo que no podré darte más respuestas.
Alex meditó aquello y sacudió la cabeza. —Puedes quedarte tranquilo que no te presionaré con respecto a eso. —le aseguró. —Tampoco te preguntaré nada sobre el invitado que está descansando en una de las habitaciones pero…
—¿Ya has conocido a Nelly? —preguntó el Archivista con una sonrisa. —Encantadora. ¿No?
Alex se rascó la parte trasera de la cabeza. —¿Estás seguro que es un NPC? —preguntó. —¿Y que otra cosa podría ser? —preguntó a su vez el jugador.
—Jugadores impersonando NPC's es algo relativamente común en Calypso. —explicó el joven. —Hay todo un metagaming construido alrededor de ese pasatiempo. ¿No podríamos estar ante una especie de… espía?
—Los espías generalmente toman formas más conocidas, más cercanas, identidades en las que uno sabe instintivamente que puede confiar. —respondió Diógenes con tono serio. —Impersonar una Dríada del Bosque cuando todo el mundo sabe que no interactuan con otros jugadores suena a una locura.
—Tienes razón. —reconoció el joven. —Asumo entonces que estamos ante un caso verdaderamente único en Calypso.
—Ella puede ver la interfaz de usuario. —dijo Diógenes. —Y puede interactuar al mismo nivel que nosotros con las reglas del juego.
Alex quedó petrificado al oír aquello. —¿A que te refieres? —preguntó.
—Nelly completó una quest por sí sola, como si estuviera jugando a Calypso como un Colono más.
—De-Deculture. —exclamó Alex.
Diogenes se bajó del sillón y caminó alrededor de la mesa. —Eso que dices que un jugador puede imitar el comportamiento de un NPC… creo que el Uniengine nos está demostrando que está a nuestro mismo nivel y puede hacer lo mismo… que puede impersonar a un jugador real, o al menos eso es lo que pienso.
—Eso es…
—Increíble. —completó la frase el Archivista. —Lo se. Cuando los jefes de Dante se enteren de esto van a flipar.
Alex guardó silencio y miró al Archivista sin saber que decir. Diógenes en cambio se acercó a la mesa y tomó el enorme mapa con la base del Enjambre. —Toma. —dijo enrollando el mapa mientras lo extendía hacia el confundido Alex. —Esto es tuyo.
—¿Mio? —preguntó el joven sin comprender.
—Es una copia del que hice más temprano. —explicó Diógenes. —Ese mapa de una de las bases del Enjambre tiene un valor incalculable para sus enemigos. Si lo vendes al Imperio o a los otros clanes que están en guerra con ellos podrás reunir todo el dinero que necesitas para mantener a La Orden a flote. —aseguró el jugador.
Alex extendió la mano pero se detuvo a unos pocos centímetros del mapa. —No puedo aceptar eso. —dijo de pronto retirando la mano. —Te agradezco de todo corazón el ofrecimiento, pero eso pertenece a Dante y a la gente para la que trabaja; La Orden no puede obtener esa información y venderla al mejor postor, hacer eso sería participar en una guerra de la que juramos no tomar parte.
Diógenes asintió y retiró el mapa. —Respeto tu decisión. —dijo. —Hay sabiduría en lo que dices. —Al menos acepta los mapas del bosque, ya que al fin y al cabo fué Silvana y Mirna las que nos ayudaron a explorarlo.
—Gracias. —dijo Alex. —Y con respecto a la financiación del Clan… ya nos arreglaremos de alguna otra forma. —aseguró.
El Archivista guardó el mapa y miró el rostro preocupado de Alex. —¿Que tan mal están las cosas… financieramente hablando? —preguntó.
—Esta semana estamos cubiertos. —respondió suspirando. —Todavía tenemos equipo y tesoros para vender, teniendo en cuenta la poca cantidad de miembros que quedamos, nuestra armería está llena a rebosar de equipo que podemos transformar en oro para cubrir los gastos.
Diogenes asintió. —No es algo que puedas sostener a largo plazo. —dijo. —Puedo ofrecerme para copiar algunos libros valiosos que hay en la biblioteca; con algunas anotaciones extra y el bonus de mi personaje, deberían obtener un buen precio en la ciudad que tenga los negocios adecuados.
—Nuevamente gracias por tu ayuda. —dijo Alex. —Realmente no quiero cargar sobre los hombros de los demás los problemas monetarios de mantener este Clan en funcionamiento; todos queremos jugar y cumplir nuestro sueño en Calypso y preocuparnos por los impuestos y gastos extra no es justamente la mejor forma de disfrutar el juego.
—Nuestros personajes están hechos para sufrir entre libros. —dijo Diógenes cruzándose de brazos. —Sean fábulas e historias... o contables en tu caso.
—Realmente envidio tus libros. —respondió el joven riéndose. —Al menos son entretenidos. —Por cierto… queria pedirte un favor.
—Claro. —respondió el Archivista.
—Me gustaría que invites a Nelly a La Orden… si no me equivoco el único que tiene la habilidad de hacerlo eres tú. Te otorgaré aptitudes de reclutamiento y actualizaré tu rango en el Clan. —dijo mientras abría la interfaz de manejo de recursos humanos.
Seleccionó la ficha de Diógenes y le asignó el título de "Cartógrafo Maestro" y "Bibliotecario en Jefe" también le asignó atribuciones de reclutamiento así como la habilidad de hablar y hacer tratos con otros NPC's en nombre del Clan.
—Espero que alcance con eso. —dijo Alex. —Te he dado además acceso a todo el edificio… no es que tengamos realmente algún área prohibida, pero… es mejor aclararlo.
—Muchas gracias por tu confianza. —respondió Diógenes. —Hablaré con Nelly en cuanto termine con esto. —dijo señalando la mesa llena de papeles.
—Me gustaría saber las habilidades de la Driada. —dijo pensativo el joven. —Al principio pensé que puede cumplir un rol similar a Mirna… pero aparentemente también puede usar magia como Silvana, lo que la hace más indicada para un rol de soporte.
Esa chica debe guardar un par de ases bajo la manga. —opinó el Archivista. —Yo mismo he visto como intentó degollar a un Zentradi ella sola (Y por suerte Dante la pudo sujetar a tiempo) Creo que será una formidable guerrera en el campo de batalla… aunque.
Alex cambió la expresión de su rostro. —Era algo que temía preguntar. —dijo. —Ella… no es inmortal como nosotros. ¿Verdad?
—Me temo que no. —respondió el Archivista.
—Hablaré con los demás también sobre esto. —dijo el joven líder. —No es algo que podamos tomar a la ligera.
Alex dejó a Diógenes terminar su tarea de volcar información en los mapas y volvió a su oficina del primer piso a terminar su "lucha diaria" con los libros contables. Era poco realmente lo que podía hacer al respecto, pero aquel "Micro-Manejo" de las cuentas permitía ahorrar una moneda aquí y allá y eran esas monedas extras las que podían darles uno o dos días para continuar habitando aquella casa.
Los demás jugadores habían pasado la mañana o bien ayudando a Silvana con sus refacciones a la cueva de Nelly o bien reparando y poniendo a punto el equipo para salir de aventura por la tarde. Alex aún no había visto a Rita en toda la mañana; la chica estaba metida en la Forja desde temprano y por el gasto que había registrado de materiales en reparaciones, reparar todo el equipo dañado por la aventura de Dante del día anterior le iba a tomar algo más que toda la mañana.
Dirk no había aparecido por el Clan Hall en toda la mañana aunque su contacto indicaba que estaba en el juego desde temprano. Alex decidió no molestarlo ya que estaba seguro que el Informante estaría bastante ocupado con todos los rumores que circulaban desde el día anterior.
Antes de almorzar un aviso en el sistema indicó que Nelly se había unido oficialmente a La Orden. Alex salió un momento de su oficina y fue al patio para felicitar a la nueva recluta. Tras realizar un pequeño brindis improvisado en el patio, decidieron esperar a que estuvieran presentes todos los miembros del clan para hacer una celebración oficial de aquel momento histórico en el que un habitante de Calypso por primera vez entraba a un clan de jugadores. Alex se disculpó de los presentes y volvió a su oficina a terminar con sus tareas contables.
Luego del almuerzo Diógenes se desconectó del juego avisando que era probable que no estuviese disponible en toda la tarde y al rato de ponerse a revisar por tercera vez los libros con los gastos semanales, recibió un mensaje desde la forja.
—Será mejor que vengas aquí. —escribió Rita y Alex sintió un escalofrío en la nuca.
Tras cerrar los libros volvió a echar un vistazo por la ventana. Allí estaban nuevamente los espías del imperio, aguardando para informar de los movimientos de los miembros del Clan. Alex se apiadó de esos jugadores cuyo tiempo de juego era desperdiciado en tareas de vigilancia. ¿Cómo podían soportar esa clase de órdenes? Las palabras que una vez dijera Dirk cuando hablaban de las redes de espionaje del Imperio volvieron a sonar en su mente. «Algunas personas lo hacen por gusto» había dicho el Informante. «Espiar, esparcir rumores, apuñalar a amigos por la espada... y lo peor de todo es que no lo hacen como un juego, lo hacen solo por el gusto de complacer a sus jefes»
¿Eran aquellos jugadores voluntarios para esa tarea? ¿O solo seguían órdenes? Alex corrió las cortinas y salió de la oficina con mas preguntas que respuestas en su cabeza.
Al bajar las escaleras se encontró con Walter, quien estaba en ese momento vistiendo su enorme armadura acorazada.
—¿Vas a salir a «levelear» un rato? —preguntó Alex.
—Nah. —respondió el guerrero. —Iré con Matilda a la plaza a ver si podemos reclutar novatos. —dijo colocando su enorme espadón en la espalda. —Están entrando muchos jugadores nuevos con esto del salto inminente asi que hay que aprovechar antes que los demás clanes nos ganen de mano.
—Buena caza entonces. —dijo el joven dando un golpecito en la armadura.
La forja de Rita se encontraba en la planta baja casi al fondo de la propiedad. Era una construcción de piedra bastante amplia con techo de pizarra y una enorme chimenea que solía estar siempre escupiendo el humo de los fuegos que Rita mantenía encendidos constantemente mientras sus artes creaban o modificaban toda clase de armas y armaduras para La Orden. Alex observó que los fuegos de la forja estaban apagados y nada salía de la chimenea en esos momentos. Definitivamente una mala señal.
Empujó la pesada puerta de roble y entró al edificio en medio de un silencio casi sepulcral, completamente ajeno al incesante cantar de los martillos y yunques que siempre estaban presentes en aquella casa como un sonido de fondo familiar y hogareño. —¿Rita? —preguntó el líder de La Orden desde la puerta. Con los fuegos apagados, era poca la luz que entraba en el interior de la forja, apenas lo suficiente para distinguir las formas de las herramientas prolijamente colgadas de sus sitios asignados por la estricta herrera—¿Puedo pasar?
—¿Desde cuándo tienes que pedir permiso? —lo amonestó una voz desde el suelo. Alex miró mejor y vió a la herrera sentada en el piso justo frente al yunque principal que usaba para dar forma al metal que trabajaba. —¿Qué haces ahí en el piso? —preguntó cerrando la puerta.
—Meditando. —respondió la joven. —Ven, siéntate tú también. —dijo señalando una almohadilla junto a ella.
—No soy bueno para el yoga. —se quejó el joven tomando asiento junto a Rita. Observó que frente al sitio que ocupaba la joven había un pequeño caballete de madera y sobre el descansaba una barra de metal gris de unos sesenta centímetros de largo. —¿Esa es…?
—La espada de Dante, si. —respondió la joven herrera abriendo los ojos. —Esa barrita de metal es lo mejor que pude sintetizar de los restos de la espada destruida. —dijo con voz cansada.
—¿Lo «mejor»? —preguntó Alex.
—Puedo seguir refinando el metal indefinidamente. —respondió la herrera cruzándose de brazos. —Pero entonces perdería la cualidad especial que poseía la espada de Dante. Eso que ves ahí es el límite de mi arte.. si intento procesarlo aún más, las chances de éxito caen por debajo del treinta por ciento y si fallo, el metal se convertirá en un trozo de hierro común y corriente.
Alex comprendió que Rita ya había pasado hacía rato la barrera del cincuenta por ciento de chance y había tomado un gran riesgo con aquella espada. Estiró la mano hacia el lingote y recitó un encantamiento. —Reconocer Objeto. —dijo abriendo la mano. De inmediato una luz dorada brilló sobre el metal y una ventana en su interfaz de usuario mostró las propiedades del objeto.
—Solo veo signos de interrogación. —observó el joven.
—Necesitas ser un herrero de nivel alto para poder ver las propiedades del metal. —explicó Rita. —Mira, esto es lo que se ve.
La joven abrió una ventana en su propia interfaz y la compartió con su compañero.
—"El metal se agita con las corrientes de energía latente de lo que fue o será"—Leyó el joven en voz alta. —"Solo la mano del destino puede sacar a la luz la forma que se esconde dentro de este objeto misterioso".
—Es como si el maldito lingote me estuviera desafiando. —dijo la joven bastante molesta.
Alex sonrió y cerró la ventana. —Dante confía en ti. —dijo mirando a la joven herrera. —Y nosotros también.
Pero la joven no estaba tan segura y sacudió la cabeza. —Gracias pero… aún no estoy lista. —dijo poniéndose de pie. —Me gustaria… me gustaria tener mejores herramientas… y disponer de ciertas cenizas especiales para agregar a la aleación, podría llevarme un tiempo más reunir todo lo que necesito. —dijo rascándose la cabeza.
—Estoy seguro que Dante puede esperar. —la tranquilizó el joven. —Con lo que respecta a tus herramientas y consumibles… tal vez obligatoriamente tengas que tomarte una pausa para reunirlos, nuestras reservas de oro están…
—Con respecto a eso es por lo que te llamé. —dijo la joven quitándose el delantal que llevaba puesto. —Déjame dar un poco de luz a este antro.
Alex se levantó del suelo mientras Rita colgaba la prenda de un gancho y tomaba una pértiga de metal de varios metros de largo que usó para abrir una claraboya en el techo. La luz del sol entró a raudales en el oscuro edificio y Alex tuvo que cubrirse los ojos para protegerlos.
Cuando abrió los ojos lo primero que vió fueron los destellos dorados que salian de la mesa de trabajo de Rita. Alex comprendió que sea lo que sea que estaba allí, había reaccionado a los rayos de sol de forma extraordinaria. —¿Qué es eso…? ¿Oro? —preguntó acercándose a la mesa.
—Ámbar. —respondió Rita señalando una media docena de pequeños objetos desparramados frente a ella. —No tan preciado como el oro pero bastante valioso también.
—Son puntas de flecha. —observó el joven tomando una de ellas. —Puntas de flecha de ámbar… no sabía que este material se podía utilizar para fabricar puntas de flecha.
—Oh, si que se puede… el problema es que su dureza es de apenas un 2 y es demasiado quebradizo para perforar algo más duro que la piel desnuda. —explicó. —Una punta de piedra es mucho más efectiva… y barata.
—Esto es… ¡Oh! —exclamó al inspeccionar el objeto. Una ventana se abrió frente a el indicando que aquella pieza era propiedad de un miembro del Clan. —¿Esto es de Nelly? —preguntó.
—Son las flechas que utiliza la Driada. —respondió Rita. —Aqui hay una ensamblada por ella. —dijo recogiendo una flecha de uno de los estantes.
Alex depositó la punta de ámbar en la mesa y tomó la flecha de manos de la herrera. —¿Ella fabrica sus propias flechas? —preguntó examinando las plumas grises.
—No debería sorprenderte… Mirna también fabrica las suyas. —respondió Rita. —Los arqueros tienen buenas modificaciones cuando disparan flechas fabricadas por ellos.
El joven depositó la flecha en la mesa y extendió la mano. —Reconocer Objeto. —recitó.
La ventana se actualizó con información más detallada del objeto. El daño y el tipo de herida que podía infligir en su blanco también apareció detallado, incluida una tabla de distancias y probabilidad de penetración según el tipo de protección del objetivo.
—Una simple camisa de lino puede reducir en 50% la penetración de esta cosa a cien metros de distancia. —leyó Alex. —Tienes razón; estas flechas son inútiles contra blancos con armadura.
—Te lo dije. —dijo Rita. —La penetración de estas cosas es basura.
—¿Entonces…?
Rita tomó la flecha de la mesa y la reemplazó por otra similar, pero Alex notó el brillo inusual de la punta de ámbar al recibir la luz del sol. —¿Esta está imbuida con magia? —preguntó.
—Bingo… mira sus números.
El joven repitió el proceso de reconocimiento mágico y cuando la ventana apareció frente a sus ojos no podía creer lo que estaba viendo.
—¿Modificador más ocho? —exclamó. —¿Como…? ¿Cómo es posible?
—Que te diga que se trata de un hechizo de Silvana ya debería decirte cómo es posible. —dijo Rita cruzandose de brazos. —Es claro un simple encantamiento de luz… si esta cosa explota en el cielo nocturno de seguro iluminaria tanto como un sol en plena noche… pero no es tanto el hechizo en sí, lo interesante es la capacidad de almacenar mágica de esta cosa.
Alex notó el sudor frío en su frente. —Las flechas mágicas solo pueden fabricarse hasta un mas tres de bonificación. —dijo el joven. —Las que otorgan bonificaciones de mas cuatro y mas cinco solo se consiguen en calabozos de alto nivel y son "drops" raros y extremadamente valiosos… solo los Clanes más poderosos pueden darse el lujo de tener de estas en sus armerías.
—Bueno… ya no más. —dijo Rita sonriente tomando una caja de madera y volcando el contenido sobre la mesa. —La Orden puede producirlas en masa.
Alex abrió la boca por la sorpresa. Rita había desparramado unas tres docenas de puntas de flechas hechas con aquella sustancia dorada. —Bueno… tal vez lo de "producción en masa" sea algo exagerado. —dijo la joven rascándose la nariz. —Pero podremos producir suficientes para usar nosotros… y vender el resto. —dijo guiñando un ojo.
—Rita. —dijo Alex temblando. —Esto… esto vale una fortuna. —tartamudeó el joven.
—Lo se. —respondió la herrera. —Una vez que comprendí el potencial de este material, quise decírtelo de inmediato. Podremos vender el exceso de lo que fabriquemos y con eso pagar las deudas del Clan y los estúpidos impuestos del Imperio.
—¿Solo tú y Nelly pueden hacerlas? —pregunto. —¿No hay peligro que otros puedan copiar el diseño o hacer ingeniería inversa de la fabricación…?
—Solo Silvana o Nelly pueden extraer la resina del árbol indicado. —explicó la joven. —Y en el caso de Silvana, ella posee los hechizos y habilidades para transformar ese material en ámbar purificado… no, nadie más en Calypso podrá hacer estas flechas mas que nosotros.
—Comprendo. —dijo Alex tomando una de las puntas. —Aunque la capacidad de penetración de estas flechas sea nulo, la habilidad de aplicar un hechizo en el impacto con esa bonificación… ¿Que tan duras se vuelven con un bonificación de dureza mas ocho...?
—Ya hice los cálculos. —lo tranquilizó la joven. —Y la respuesta es cien milímetros de acero.
—Diez centímetros. —exclamó el joven. —Esos números son…
—No soy una experta. —respondió la joven. —Pero creo que son números que se aplican más a tanques de guerra que a armaduras medievales.
—De-Deculture. —exclamó Alex soltando la punta de ámbar sobre la mesa que rodó hasta que Rita la tomó en su mano y la levantó para que brillara a la luz del sol.
—La próxima vez que nos topemos con ese engreído de DiMarco, yo misma le haré un agujero en esa horrible armadura de acero que tiene. —dijo con una sonrisa malévola.
