Exención de responsabilidad: One Piece, sus personajes, historia, y sus películas, no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y Toei. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.

Buenas a todos y todas, guapos y guapas

Sois todos un poco condorianos, porque no me dejáis casi nadie reviews, teniendo 100 y muchos favoritos la historia, pero yo voy a seguir, dándolo todo, con la idea de en Febrero estar en Marineford, y en el 2022, o finales del 21, si el fic tiene el apoyo adecuado, comenzar su segunda parte, con... lo que sea que venga después de Marineford ;)

Debo decir que Mizusie y Boruto, con sus ultimas reviews, y por supuesto los que padre de Daizuke en cada capítulo, son el motivo principal que me han hecho regresar. Había decdido tomarme un largo descanso, de hecho, tenía pensado no retomar la historia hasta el verano de este año 2021, pero he decidido continuar, aunque la musa de la inspiración me tiene algo abandonado la verdad.

Sin más, desearos a todos y todas que este 2021 sea un año mejor que el anterior!

Espero que sea de vuestro agrado nakamas!

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SAGA DE MARINE FORD

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CAPÍTULO 40

ARCO DE IMPEL DOWN

EL PASADO DEL D

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– Mugiwara ya debe haber muerto, el veneno de Magellan en esas cantidades es mortal al cien por cien – estaba diciendo una voz desde un transmisor den den mushi.

Era una voz tranquila, firme y segura, y con un toque profundo, intenso, etéreo, incluso. Era una voz que no admitía réplica, pero que parecía sugerente, seductora, y envolvente, al mismo tiempo. Era la voz, en conclusión, de un líder.

– Con el debido respeto, no estaré tranquilo hasta ver su cadáver, señor – contestó Chacal.

Se encontraba sentado en una cama de la enfermería del Quinto Nivel de Impel Down. Junto a él, se encontraban Hannyabal, ya recuperado del veneno, y su compañero Sárdula, con unos vendajes en el musculoso pecho. Se encontraba atándose la ropa de color blanco, Chacal ya se las había puesto con anticipación. Solo estaban ellos tres, Hannyabal había despachado a los médicos y a un par de guardias hacía unos minutos de la sala donde se encontraban.

Las heridas producto del veneno en el caso de los tres, y de los golpes de los D en el caso de Hannyabal y Sárdula habían precisado de varias horas de curación. Tardaron un buen rato en salir del ascensor, pues las paredes habían terminado colapsando. Y pudieron escapar rápido gracias a Magellan, que utilizó una extraña versión de su veneno con un altísimo poder de corrosión. Con eso pudieron descender hasta el Quinto Nivel, donde fueron recibidos por un equipo médico. Luego, fueron curados con rapidez, pero el veneno tardó mucho más tiempo del deseado por Chacal en dejar de hacer efecto.

Magellan había intentado dar caza a los Mugiwara, para acabar lo que habían empezado, pero no pudieron encontrarlos. Muchos los habían dado por muertos, el propio Magellan estaba convencido de que estarían enterrados en la nieve, o devorados por los lobos guardianes del Quinto Nivel.

Pero el caso era que no había cuerpos. Magellan estaba preparando el descenso al Infierno Eterno y había organizado a toda la prisión para que se pusieran en alerta máxima. Ordenó a las Bestias Guardianas que se reunieran junto con Sadi en el Cuarto Infierno, por si al enemigo se le ocurría intentar escapar, y había ordenado a la flota de la Marina que se pusiera en alerta máxima, vigilando todas las salidas de Impel Down, sin levantar anclas por el momento. Se temía un ataque del exterior, y quería que la Marina fuera un elemento disuasorio para cualquier ataque.

Chacal volvió en sí cuando le hablaron de nuevo.

– Mmmh... veo que hay algo más que te preocupa, ¿de qué se trata? – inquirió la voz que salía del den den mushi.

– Cuando estábamos peleando, sentí la presión de un gran poder. No un poder desbordante, pero sí muy superior al que cualquier Mugiwara podría hacer. Y según los informes del Almirante Borsalino, los Mugiwara no viajan solos – explicó Chacal, y al otro lado, el sujeto que hablaba con él, reflexionó durante unos segundos.

– Es posible, Chacal, que el enemigo sea más poderoso de lo que puedes manejar. Pero también es posible que sea algún gran poder, pero no el suyo... de ser el poder del Rey Oscuro, no habríais podido huir de él... aunque al mismo tiempo, sin duda él quedó debilitado tras su pelea contra Borsalino... extremad las precauciones, hablaré con el Gorosei sobre enviar refuerzos especiales a la prisión. Si te he puesto al mando de la misión de escolta, es porque confío en tu capacidad y sobre todo en tu intuición. Opera como debas hacerlo, pero, incluso por delante de acabar con alguno de los Mugiwara, está el traer al hijo del heredero de la voluntad a Marineford... allí, se decidirá el destino de la Nueva Era – contestó la voz desde el den den mushi.

– Como deséis, mi señor. Seguiré priorizando el traslado del prisionero hasta Marineford. Si descubro algo más respecto a ese gran poder que sentí, se lo haré saber al momento – dijo Chacal, sin un atisbo de duda o réplica. Realmente, lo que ese hombre le dijera, él lo cumpliría.

– Somos la sombra de la Justicia, la mano ejecutoria del Único, el puño de hierro del Gran Soberano. No lo olvidéis nunca. Aquí Aigis III, cambio y cierro – dijo la voz, y Chacal inclinó la cabeza, igual que sus otros dos compañeros.

Después, siguió un breve silencio respetuoso.

– Es cierto que yo no formo parte del Chiper Pol Aigis, pero realmente, es un hombre digno de respeto – comentó Hannyabal, sacudiéndose los hombros por un escalofrío.

– Es mucho más que un hombre, Hannyabal. Pocos son rivales para alguien así, en fuerza, en inteligencia – dijo Chacal, al que se le notaba auténtica admiración por ese hombre.

– Puede ser, pero ahora somos nosotros los que estamos aquí, y somos los que debemos interpretar la situación – habló por primera vez Sárdula, crujiéndose los nudillos – En lo personal, me gustaría moler a golpes al capitán de los Mugiwara, por el golpe sorpresa que me atizó antes. Pero, primero, me preocupa lo mismo que a ti... ese poder que sentiste mientras yo estaba noqueado...

– Sí. Ese poder, no lo tiene ningún Mugiwara. Tampoco creo que lo tenga ningún preso que no se encuentre en el fondo de esta prisión. No era un poder como el de Silvers Rayleigh, pero, al mismo tiempo, no hay nadie que pueda llegar a tener ese poder entre los Mugiwara, ni entre los presos de los cinco primeros niveles de la prisión – razonó a su vez Chacal.

– Por tanto, o es alguien que no conocemos, pero muy poderoso, o es el Rey Oscuro – concluyó Hannyabal, poniéndose en pie.

– Correcto. Y ante la duda, al no saber de gente tan poderosa que viaje con los Mugiwara, solo podemos suponer o sospechar que se trata del Rey Oscuro. Manos a la obra, los tres. En unas horas como mucho llegaremos hasta donde está el Hijo del Demonio. Nada impedirá que cumplamos la voluntad de nuestros señores – dijo Chacal, dirigiéndose, junto a sus dos compañeros, hacia la puerta de salida de esa enfermería ya totalmente uniformados.

...

Volviendo con los Mugiwara

– Gracias Nami... chicos – murmuró Luffy, y se acercó hacia la puerta. Nami pudo ver su sombra, pero, producto del cabezazo que antes había dado, se mareó un poco y cayó al suelo, siendo ayudada a ponerse en pie por Robin.

Las puertas retumbaron, producto de un golpe de Luffy.

– Chicos... por el amor de Oda... voy a morirme de hambre !MEEEEESHIIIIIIIII! ¡NIKUUUUU! ¡BENTOOOOO! – rugió Luffy.

Todos los Mugiwara rompieron a reír, felices por lo que estaban escuchando.

Su capitán estaba de vuelta.

Luffy se pasó la siguiente media hora tragando sin parar comida que le lanzaban dentro de la cueva los okamas. Nami y los demás no se atrevieron a acercarse porque ahí dentro sólo se escuchaban mordiscos, desgarrones, rugidos…

Más que un joven de diecisiete años, ahí dentro parecía que lo había era una jauría de leones famélicos devorando a un elefante.

Finalmente, amén de un fuerte eructo, siguió un corto silencio.

Y Luffy salió de la celda.

Su aspecto era lamentable, todo lleno de suciedad, y lo que parecían restos de golpes y heridas que claramente no habían terminado de curar con las hormonas milagrosas de Ivankov. Y para colmo, sus ojos habían perdido algo de su brillo habitual. Se le notaba serio, más demacrado de lo que ningún Mugiwara, salvo Robin, que le encontró deshidratado en el desierto de Arabasta, recordaba haberlo visto nunca.

Claramente, había sufrido muchísimo… pero estaba vivo.

Nami se lanzó hacia él, y, antes de que el capitán pudiera decirla nada, le abrazó con todas sus fuerzas. Luffy dejó caer su rostro entre el hombro y el pecho de la navegante, y se dejó llevar por el sentimiento de tranquilidad y paz que le transmitía ella.

– Eres un grandísimo idiota – le decía ella, una y otra vez, sin poder contener varios sollozos.

– Lo sé – reconoció Luffy – Pero te dije que no moriría. No puedo romper mi promesa, ¿verdad? – añadió.

Nami recordó lo que él le había dicho en el Sunny, antes de que su infiltración empezara.

– Eso es cierto – reconoció ella. Ambos se separaron finalmente, y ella le acarició suavemente la mejilla. Luffy había recuperado un poco su brillo habitual, aunque un rastro de sufrimiento seguía presente en sus ojos.

Con todo, él le dedicó su clásica sonrisa llena de dientes a Nami, arrancando una sonrisa también de ella mucho menos intensa, pero igual de sincera.

– Luffy – dijo Robin, que no era muy amiga de los gestos afectuosos en público, pero ella también se adelantó y le dio un rápido pero fuerte abrazo a su nakama – No hagas de nuevo una estupidez así, ¿de acuerdo? – añadió ella mientras se separaba. Luffy se sintió un poco culpable de haber preocupado tanto a sus nakamas, e iba a comenzar a disculparse de nuevo, pero dos fuertes palmadas en los hombros le hicieron detenerse.

– Es bueno verte con fuerzas, capitán –sonrió Zoro, disimulando lo nervioso y preocupado que había estado mientras Luffy estuvo gritando.

– Sé más cuidadoso, tu vida no te pertenece solo a ti. Toma la responsabilidad por aquellos que te siguen – añadió Altazor, que parecía casi hablar por si mismo al decir eso.

– Siento haberos preocupado – dijo Luffy. En ese momento, Bon Clay saltó sobre él, y ambos rodaron por el suelo entre gritos, manotazos y golpes, mientras reían con fuerza.

– Adiós a su momento serio – murmuró Nami, llevándose una palma a la cara.

– Fufufufu, típico de él – se rió Robin, feliz de ver de nuevo a Luffy siendo Luffy.

– Mugiiii boy –gritaba Bon Chan, muy contento.

Entre todos los okamas lo levantaron y lo lanzaron en volandas varias veces, celebrando su recuperación. Ivankov e Inazuma también parecían muy contentos, por lo menos el primero gritaba "Heeeehaaaaa" de alegría cada vez que sus okamas aupaban a Luffy. Inazuma mantenía su rostro serio e inalterable, pero por alguna razón también parecía alegre del resultado.

Finalmente, Luffy quedó con los pies en el suelo, y entonces, sacó la vivre card de Ace.

– Mina, Ace sigue vivo, y sigue ahí abajo. Tenemos que ir para allá, no podemos perder el tiempo – dijo, y miró a su alrededor buscando un camino por el que comenzar a avanzar.

– Luffy kun, toma un descanso – dijo Rayleigh, que se había mantenido separado hasta ese momento del jolgorio general, pero que tenía una gran sonrisa en su rostro, feliz de verle de nuevo.

– ¡Ossan! – gritó Luffy.

– No pasa nada, me parece que alguien vendrá pronto, y nos ayudará a llegar hasta Ace lo más rápido posible – aseguró Rayleigh, mirando hacia arriba. Luffy no comprendió por qué decía eso, pero confió en las palabras del que ya consideraba un mentor y maestro.

– Muchas gracias, me salvaste al final, pero no sé tu nombre – le dijo Luffy a Ivankov.

– Me llamo Ivankov, Mugi Boy, pero puedes llamarme Iva – contestó el okama.

– Iva, ¿nos ayudaréis a salvar a mi hermano Ace verdad? Así podremos escapar todos juntos de la prisión. Pareces fuerte, y nosotros lo somos también, juntos seguro que seremos más fuertes – razonó Luffy, para sorpresa de sus nakamas.

– ¿Está pensando? – se sorprendió Zoro.

– Está pensando – concedió Nami.

Pero Ivankov se había cruzado de brazos y movía la cabeza de forma negativa.

– Os hemos salvado, pero no ha llegado aún el momento de que yo salga a la luz. Hasta que mi camarada y líder, Dragon, el líder de la Armada Revolucionaria, haga su movimiento, yo no me moveré de aquí. Cuando llegue el momento de que él empiece su movimiento, saldré, mientras tanto y hasta que ese día no llegue, no me arriesgaré a ser capturado de nuevo por el Gobierno Mundial – explicó el okama.

– Ah, ya veo, te refieres a mi padre – dijo Luffy.

– Correcto, cuando tu padre salga a la batalla, yo resurgiré y acudiré a su lado – confirmó Ivankov.

Se quedó estático un momento.

– ¿TÚ PADRE? – gritó, y todos los okamas hicieron grandes aspavientos. Altazor ya sabía eso, y también Rayleigh, así como los Mugiwara a excepción de Bon Clay, que también se puso a gritar como un loco.

Ivankov se estrelló contra la pared, y, después de interrogar a Luffy, y recordar conversaciones que había tenido en el pasado con Dragon, solo pudo concluir que Luffy no mentía. No se le veía alguien mentiroso, y su fuerza de voluntad y zona de origen avalaban sus palabras.

Y si Ace era hermano de Luffy, era hijo de Dragon.

– Eso significa que el Gobierno Mundial quiere enfrentarse a la vez a Sirohige y Dragon… en qué diablos están pensando. ¿Qué pretende realmente hacer el Gobierno Mundial? – murmuró más para sí mismo que para nadie en particular.

Después de darle órdenes a los okamas para que comprobaran todas las cámaras para localizar a los carceleros de la prisión, y comenzaran a preparar el descenso al Sexto Infierno, también llamado el Infierno Eterno, Ivankov se quedó pensativo.

Algunos de sus okamas eran Revolucionarios en origen, pero eran pocos. La mayoría de los presentes, eran presos que se le habían unido y transformado en okamas, o miembros capturados y encerrados en la prisión por la Marina de los piratas del reino okama que estaban de su parte, pero no necesariamente a favor de la causa Revolucionaria.

Ivankov se debía a Dragon y su causa, pero también se debía a su gente nueva, a sus nakamas hechos en prisión.

– Cada uno es libre de seguirme, o de quedarse aquí. Ha llegado el momento, si el Gobierno Mundial ha decidido enfrentarse a la vez a Dragon y Sirohige, es que algo terrible deben tener planeado. Sois libres de quedaros aquí, a salvo, o escapar junto a mí. Que cada uno decida su camino, heeehaaaa – dijo de pronto Iva, con voz potente, provocando un silencio absoluto en todos sus okamas.

– ¡Estamos contigo Iva sama! – rugieron todos al unísono, después de esos segundos de silencio.

– ¿Vendrás con nosotros? – preguntó un Luffy muy sonriente que no se enteraba de nada más allá de que el sujeto que le había salvado la vida había dicho de ir con ellos.

– Sí, Mugiwara Boy. No puedo dejar de lado al hijo de mi camarada y a su hermano – le contestó.

– Shishihsi, muchas gracias Iva – dijo el capitán, con su clásica risa.

Todos le miraron hasta cierto punto emocionados porque así era su capitán. Había vivido un infierno, y aunque Ivankov le había salvado la vida, cualquiera le guardaría agradecimiento y rencor al mismo tiempo.

Cualquiera lo haría, salvo Luffy.

Él era demasiado único.

– Si Dragón y Sirohige atacan juntos a la Marina, no creo que la Marina pueda resistir... lo que están haciendo sería absurdo – intervino Robin, observando a todos pensativamente, con un dedo apoyado en el mentón.

– Salvo que quieran enfrentarlos aposta – intervino de pronto Rayleigh, frunciendo el ceño.

– O que tengan un plan para contrarrestarlos a ellos y a ti a la vez, o a quien sea que venga por fuerte que sea... pero la Marina sola no tiene los recursos para poder parar a tantos enemigos poderosos – murmuró Altazor, preguntándose, igual que los demás, a qué narices estaba jugando el Gobierno Mundial y la Marina.

– Si "ellos" intervinieran... o si alguien de poder similar les apoyara... – murmuró Rayleigh, mirando a Altazor con una expresión preocupada en su anciano rostro.

– Si por ellos te refieres a las Estrellas Ancianas, ya sabes que ellos no pueden intervenir ni actuar fuera de Mariejoa, Rayleigh – dijo una persona que acababa de llegar. Su voz sonaba ahogada y metalizada bajo su casco metálico.

Altazor escuchó esa voz, y un destello se cruzó por su mente, aunque de primeras no pudo adivinar por qué.

Con todo, una sacudida en su memoria y en su corazón dispararon todas sus alarmas, y miró con gran desconfianza al alto caballero que acababa de entrar en la caverna.

– Además de los Líderes de la Marina, los Tres Almirantes, y los Almirantes de reserva... y ni siquiera podrán contar con los Almirantes de reserva ni todos los Líderes, porque tienen que proteger otros lugares... ¿quién tiene el poder para hacer frente a un Yonkou y a Dragón a la vez? – preguntó Rayeligh al recién llegado a su vez.

– Hay más sujetos de gran poder en la Marina, pero dudo que acudan... estando tan cerca de Mariejoa, seguramente enviarían a alguno de los Comandantes del ejército de la capital... y a Aigis – intervino Altazor, y su rostro semi vendado adoptó un rictus de dolor y odio al mencionar ese nombre. Mucho más agresivo ni bien recordó a esa persona, se giró hacia el recién llegado – ¿Quién eres? – exigió saber.

El recién llegado observó a los okamas, y cruzó una mirada con Ivankov, que se cruzó de brazos, serio, y asintió con su cabeza.

– Aquí no. Mugiwaras, Rayleigh, Iva e Inazuma, seguidme – fue todo lo que dijo antes de girarse. Pareció dudar un segundo, y volvió a girarse para mirar a Luffy – Me alegra que hayas salido con vida del tratamiento, Monkey – añadió.

– ¿Qué hacemos? – preguntó Luffy, que dado la seriedad del momento y los planes complejos que estaba escuchando, se sentía un poco perdido.

– Luffy, deberíamos seguirle... ese tipo parecía querer hablar en privado – dijo Robin, que miró de reojo a Altazor. Se encontraba mortalmente serio, y pálido. Las manchas de sangre seguían cubriendo los vendajes de su cuerpo, y Robin le pegó un codazo a Zoro.

Éste sin decir nada, para no afectar al orgullo del peli plateado, le tomó un brazo y se lo pasó por sus hombros. Ambos eran de la misma altura, así que podían caminar normal.

– Gracias – murmuró Altazor, sin mirarle. Zoro no dijo nada, pero cabeceó secamente.

– Luffy, deja que te ayude – se ofreció Nami, y Luffy la aceptó agradecido. El grupo salió de la caverna, dejando a Ivankov dando instrucciones un poco rezagado, aunque pronto les alcanzó.

El desconocido sujeto cubierto por una armadura semi completa les condujo por varios pasillos hasta una gran puerta de metal, que era la sala de reuniones privada que usaban cuando no querían ser escuchados por nadie. Dentro había una gran habitación, forrada de paredes de metal y suelo de piedra, cubierta en un lateral por pantallas que reflejaban casi todos los den den mushi de vigilancia de los cinco primeros niveles de la prisión. Muchas de esas pantallas actualmente se encontraban apagadas.

– Sabemos todo lo que pasa aquí, tenemos pinchadas las líneas y las conexiones de toda la prisión, en ésta sala, y en otra más – explicó Ivankov – Y también podemos movernos por los primeros niveles sin dificultad, obteniendo suministros de las cocinas y toda clase de cosas – terminó de decir eso, y cerró la puerta. En un lateral, había unos alargados sillones de color oscuro. La reina Okama les indicó que se sentaran, y frente a ellos, en una silla de piedra, tomó asiento el caballero, que observaba alternativamente a Luffy y a Altazor.

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Nota Importante del autor

A partir de este punto comienzan varias conversaciones de enorme importancia para la historia. Igual que en el arco de la Isla Siaramina, fue Luffy quien tuvo el especial protagonismo, y se vieron cosas especiales de su pasado y futuro, en estas conversaciones el protagonista será Altazor, ya que por fin comenzaremos a abordar el pasado del personaje.

Dado que los pasados de Zoro, Altazor, y Luffy, son vitales en la historia, dado que son los tres principales protagonistas, junto con Shanks, Reiju, Nami y Robin, os recomiendo que prestéis especial atención a lo que queda de este capítulo y del siguiente

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– ¿Quién eres? – volvió a preguntar con hostilidad manifiesta. Zoro intentó que se sentara, pero éste rechazó el brazo de su amigo, y apuntó con un dedo acusatorio al caballero, que bajó la vista al suelo.

– Oye, idiota, sé más amable, ellos te han salvado la vida – le protestó Nami, pero Altazor le dirigió una mirada tan seria, que la hizo enmudecer.

– ¿Quién eres? – preguntó el peli plateado, volviendo a mirar al caballero, por tercera vez, y su voz reflejaba tanto rabia como miedo, recordándoles a los Mugiwara el Altazor que había sido su enemigo cuando le conocieron en la Isla Siaramina no hacía mucho tiempo, pero, al mismo tiempo, en lo que parecía haber sido otra vida. Un enemigo con honor, respetable, pero dispuesto a casi todo con tal de cumplir su meta.

– Alguien que debería estar muerto... mi señor – murmuró el hombre que tenían enfrente, que seguía con la vista fija en el suelo.

– Reconozco... tu voz – murmuró Altazor, que dio dos pasos para atrás, trastabillando y cayendo sobre el sillón.

– ¿Señor? – preguntó Robin, mirando a ambos alternativamente.

– No puedes ser esa persona, solo puedes estar suplantando su identidad – le espetó Altazor al caballero, que soltó un suspiro amargo.

Lentamente, se apretó dos laterales del casco, y a continuación, se lo quitó con movimientos lentos pero hábiles.

El rostro de una persona entrada ya en la cuarentena, con una barba cuidada y rasurada casi al cero, barbilla afilada y ojos oscuros, les devolvió la mirada a todos. Tenía una alargada cicatriz en la mejilla derecha.

Con todo, su pelo fue lo que más llamó la atención de todos, pues, aunque era de un tono más oscuro que el de Altazor, y tenía algunos mechones de color negro, era de un color plateado que recordaba al de Altazor.

El color plateado no era algo habitual en el mundo, y eso hizo que Robin y Nami al momento pensaran que debían ser alguna clase de pariente lejano.

– Mi señor, soy yo. Nadie me está suplantando – dijo el hombre. Sin el casco su tono de voz era el de un soldado veterano, aunque parecía algo vacilante, sin duda provocado por la situación en la que se encontraban.

– Él está muerto. Todos estáis muertos. Hace siete años, todo terminó – volvió a decir Altazor, intentando auto convencerse.

– Por lo menos, yo estoy vivo, señor – respondió, y se puso en pie – Sin duda estarás pensando que es imposible, o me odiarás por haberme salvado de lo que ocurrió ese día... pero si me da la oportunidad, pelearé por usted, igual que peleé por su padre durante más de dos décadas.

"Su padre me envío, semanas antes de que ocurriera todo, en una misión diplomática al North Blue... por desgracia, cuando todo pasó, me encontraba tan lejos de allí, que tardé meses en enterarme y regresar a nuestro hogar... y ya no quedaba nada que salvar. No le pido que me perdone, yo mismo jamás podré perdonarme por no haber muerto ese día junto al resto de mis hermanos y hermanas"

Altazor también se puso de pie

– Todo eso da igual. Recuerdo que alguien me dijo antes de que todo ocurriera, que estabas fuera en una misión... sé que no mientes. Lo importante es que estás vivo, si hubieras estado allí, habrías muerto también – contestó Altazor.

– Aun así, pese a sus amables palabras, jamás me perdonaré por no haber estado allí... si hubiera sabido que eso iba a ocurrir – murmuró el hombre.

– ¿Sabes lo que he estado haciendo estos siete años? – preguntó Altazor, sin hacer caso a la contra réplica.

– Sé algunas cosas, pero nunca pude localizarle. Oculta su rastro demasiado bien, señor... sin duda, es digno hijo de su madre – contestó

– ¿Mi padre o mi madre perdonarían lo que he estado haciendo? ¿Que haya basado mi vida durante siete años en vengarme? – preguntó, los ojos del D quedaban ocultos por el flequillo, pero todos podían ver un surco de lágrimas que llegaba hasta la barbilla.

El otro hombre suspiró, y le puso una mano en el hombro.

– Sus padres solo estarían felices de saber que está con vida, y que ahora tiene camaradas a su lado. La venganza puede haber sido su camino, pero la meta siempre debe ser la felicidad. Le habrían dicho que ante todo se cuidara, y que se mantuviera a salvo. Y si ha encontrado una nueva familia, por lo que veo, ellos solo podrían estar felices... y yo también – dijo.

Altazor gruñó, y de repente se abalanzó sobre él.

Le abrazó con todas sus fuerzas, y el otro hombre, sorprendido, también le pasó un brazo por los hombros.

– Tengo hambre, ¿tienes comida Iva? – preguntó Luffy a Ivankov, girando su cabeza, sin prestar atención a la escena. Nami le golpeó al momento en la cabeza, con un puño, provocando que Luffy soltara un chillido de dolor.

– ¡Eres un insensible idiota! – le gritó ella.

Altazor, al escuchar eso se separó del desconocido y rompió a reír con fuerza, sin siquiera limpiarse los surcos de lágrimas que recorrían sus mejillas.

– Nami, si Luffy no fuera así, ninguno de nosotros estaríamos a su lado como lo estamos, no le golpees por ser él mismo, es por ser como es que le queremos todos. Chicos... esta persona... es... – Altazor intentaba hablar, se le veía atontado, y señalaba al desconocido.

– Es un honor por mi parte conocer a los camaradas de mi señor. Mi nombre es Finrad Taleris, miembro de la... – empezó a presentarse el caballero, pero Altazor le puso una mano delante.

– Suficiente, ellos no saben nada de nuestra tierra, y es mejor que siga así – dijo.

– Señor, ¿está seguro de eso? – cuestionó Finrad, sorprendido, incluso preocupado, de las palabras del D.

– Finrad... por favor, deja de tratarme de vos. Yo ya no soy heredero de nada, lo único que tengo son las espadas de nuestra casa y uno de los prototipos de vehículo anfibio, y algunas armaduras y trajes con los que escapé... no tiene sentido usar esos apelativos – contestó Altazor. Finrad frunció el ceño ligeramente, pero al momento siguiente se llevó la mano izquierda cerrada en un puño al pecho.

– Yo nunca quise hablar de mi pasado con los demás, platitas – intervino Robin observando a Altazor con una mirada seria – Por ello, no soy quien para opinar de esto, ni para decirle nada a nadie de lo que tiene que hacer. Pero nunca quise hablar, y en Water Seven metí en problemas muy serios a todos.

"Si hubiera hecho las cosas de otra manera, quizá todo habría salido mejor... al final, todos... menos Merry, salimos vivos de allí. Pero fue por suerte y porque todos superaron sus límites ese día. La suerte no estará siempre de nuestro lado"

– Tsk, eso no lo hemos olvidado algunos, mujer. Lo mejor sería que si hay algo importante en tu pasado que afecte a la tripulación, lo digas – rezongó Zoro, que se había cruzado de brazos y evitaba mirarla, a ella, y a Altazor. No se sentía cómodo forzando a hablar a un rival y amigo, pero la seguridad de Luffy y la tripulación siempre eran su prioridad número uno.

– Nada bueno saldrá de que os hable de mi pasado. Si no digo nada es por protegeros – murmuró Altazor.

– Ya nos ha perseguido dos veces el Almirante Kizaru. Somos objetivo del Chiper Pol 0 desde el principio, y ellos ya sabían que tarde o temprano nos íbamos a encontrar. Yo creo que de poco puedes protegernos ya con tu silencio. Con la verdad, igual podemos ayudarte, o podemos protegernos mejor – dijo Robin. Nami no decía nada, porque entendía que Altazor no quisiera hablar, y no quería forzarle a hacerlo, aunque también comprendía la postura de Robin.

– Mina, si él no quiere hablar, no le forcéis a hacerlo. Aquí todos somos libres de hacer lo que queramos – intervino Luffy, con la boca llena de una pierna de algún animal que estaba devorando con gran gozo.

Robin y Zoro guardaron silencio, ligeramente abochornados. Fue Finrad en ese momento quien habló.

– Señor, ha... has dado con un grupo de camaradas leales, valientes, y que claramente quieren ayudarte. Merecen conocer la verdad – dijo, con una voz benévola pero segura. Altazor le miró, y asintió lentamente. Con un largo suspiro, se sentó frente a los tres Mugiwara, ya que Luffy seguía donde las cámaras haciendo el tonto, y comenzó a hablar.

– He conocido a mucha gente en estos siete años, en un sinfín de lugares distintos. Tuve la suerte de conocer a Rayleigh hace ya más de cinco años, pero nunca le conté gran cosa de mi pasado... ni a él, ni a nadie. De todos modos, con todo lo que sabes del mundo, sin duda algunas cosas debías saber ya, aunque no tengo todo conmigo dada la maldición – comenzó a explicar.

El Rey Oscuro se colocó las gafas y sonrió.

– Tus asuntos privados son tuyos. Pero siendo hijo de un viejo amigo, obviamente desde el segundo que te conocí decidí ayudarte, y, si hubiese sido necesario, te habría protegido. Pero dentro de ti había un resentimiento y rabia tan grandes, que nada de lo que hubiera dicho entonces te habría hecho parar de querer vengarte... por eso decidí dejarte ir a la segunda mitad del Grand Line, incluso sin estar preparado. Y en cuanto a la maldición... en fin, sabes en qué tripulación estuve, y hasta donde llegué. Los que sabemos toda la Verdad, no nos vemos afectados por cosas así – contestó.

– No quiero hablar de mi pasado, pero creo que os debo algunas explicaciones. Confío en vosotros, pero Bon Clay, Inazuma, Ivankov. ¿Qué me garantiza que no hablaréis de lo que aquí escuchéis? – preguntó, mirando a los tres alternativamente.

– Puedes confiar en Bon chan, es un nakama – dijo Luffy, que había terminado la pierna y estaba jugando con los botones de las pantallas de vigilancia.

– Ivankov e Inazuma son importantes Revolucionarios, y me han protegido durante cerca de un año. Saben quién soy, y ciertas cosas de nuestro Reino. Puedes confiar en ellos, respondo con mi honor de su silencio – aseguró Finrad.

Altazor suspiró, y miró fijamente a Robin, y a Zoro.

– Poneos cómodos, mi relato llevará algo de tiempo. Para mí no es algo sencillo hablar de todo esto, pero Finrad tiene razón. Sois mis nakamas, decidí eso cuando salimos todos con vida de la isla de Siaramina, y me aceptasteis en vuestro barco pese a haberos atacado. Me habéis devuelto un objetivo distinto que la venganza a la amarga vida que seguí durante siete largos años, me habéis recordado que existen la alegría, las risas, incluso la rivalidad. Os debo mucho, y por eso os contaré la verdad, por mucho que me cueste recordar mi pasado.

"Mi nombre completo es Altazor D Solaris Alcontar. Era el heredero de un gran reino, oculto a casi todo el mundo, que llevaba casi ochocientos años como enemigo declarado del Gobierno Mundial. Obviamente, el Gobierno siempre ocultó esta información al resto del mundo, pero nuestro país se encontraba en el West Blue, y ejercía una gran influencia sobre todo ese mar.

"Contábamos con distintos grupos de aliados. Países que se han opuesto siempre al Gobierno, distintos grupos piratas, todos los clanes D dispersos por el mundo que tenían la fuerza como para luchar... y por supuesto, todos los rebeldes que se oponen a la tiranía del Gobierno. Aunque nunca fueron tan fuertes como hoy en día son los Revolucionarios dirigidos por tu padre, Luffy.

"Y para nada éramos débiles. Mis recuerdos son algo confusos a veces, yo era pequeño y una parte de mi quiere olvidarlo todo además... pero recuerdo perfectamente que teníamos el poder militar suficiente para plantar cara a la Marina, al Gobierno, y a cualquier potencia enemiga. Si no, nos habrían destruido mucho antes.

"Yo fui feliz, me entrenaron duro y enseñaron sin descanso. Tuve varios maestros y maestras, amigos de mis padres, camaradas de toda la vida... Finrad fue uno de ellos. Y otro, como sabéis, fue el maldito Borsalino.

– Maldeciré ese nombre hasta el día que acabe con su miserable existencia – murmuró Finrad súbitamente furioso. Una ráfaga de Haki del Rey brotó de su cuerpo, sacudiendo a todos los presentes. No era un Haki del Rey tan poderoso como el de Luffy, pero a todos les sorprendió que pudiera utilizar ese poder. Sus ojos, hasta ahora relajados, ardían de furia al haber escuchado ese nombre.

– Ni yo conseguí matarle al enfrentarle hace pocos días. No hagas una imprudencia, Comandante – dijo Rayleigh, observando fijamente a Finrad.

– Él es mío – dijo de pronto Altazor, con un tono de voz frío que les estremeció levemente a todos – Si alguien tiene motivos para matarlo, ese alguien soy yo – Finrad suspiró, y se obligó a sí mismo a recordar que el joven al que el conocía hacía siete años, ya no existía.

– Repito, y también va para ti Altazor kun. Ninguno estáis preparados para enfrentaros a alguien así. Si le buscas, morirás, y matarás a todos los que te sigan – insistió Rayleigh.

– Soy consciente de ello. Pero llegará el día que seré... que seremos lo suficientemente fuertes para enfrentarnos a Kizaru, al Gorosei, y a derrotarlos, matarlos, y acabar con el Gobierno Mundial – afirmó Altazor observando con una rápida sonrisa retadora a Zoro, Robin, Nami, y Luffy, encontrándose miradas cómplices en ambos jóvenes. Robin y Nami parecían más preocupadas, interesadas también por conocer el resto de la historia de su nakama.

"En fin... mi infancia fue una infancia feliz. No recuerdo mucho de cuando era pequeño, pero desde que tengo recuerdos, mis maestros me entrenaron duramente. Armas, combate, Haki, política, diplomacia, estrategia militar, idiomas, geografía... padre y madre siempre quisieron que yo fuera como ellos. Ambos eran unos genios en todo.

"Finrad era uno de los maestros que me educaron en el arte de manejar todo tipo de armas, y en el arte de la guerra, como llamábamos en nuestro país a la estrategia militar. Era agotador, pero no estaba solo. Tenía a algunos amigos, y a mi familia apoyándome, y sé que tanto tú, Finrad, como los demás, me apoyasteis en todo siempre. De toda mi infancia, lo único malo fue la presión. Por duro que entrenara, sentía que jamás podría llegar a ser como ellos. Mis padres nunca me lo recriminaron, pero yo sentía esa presión igualmente, y quería encontrar la manera de superarlos y que cuando fuera mayor pudiera mirarlos y sentirme más poderoso que ellos, para que estuvieran orgullosos de mí.

"Irónico, a día de hoy"

Altazor soltó un amargo suspiro, y apretó los dientes. Durante unos segundos no habló, y los demás respetaron su silencio.

– Uno de mis maestros, que me educó en extraer poder de mi interior para dar forma a mis ataques, y que me enseñó cuanto sabía sobre las akuma no mi... era Yaminato Borsalino. Recuerdo que siempre estaba allí, salvo cuando hacía largos viajes, supuestamente al servicio de mis padres y de nuestro reino. Siempre estaba disponible para ayudarme, para darnos consejo a mi y al resto de mis amigos. Siempre fue alguien amable, al que yo quería como un hermano mayor y respetaba como a un maestro. Y él siempre dijo que le consideraba el sobrino que nunca tuvo... Otra mentira más de tantas, pero yo confiaba en él, igual que todos... jamás dio motivos para que sospecháramos de él.

– Cuando dices reino, todo el rato – intervino de pronto Robin – Evades decir el nombre de tu país. Altazor, si tus padres eran los reyes de todo un reino, hace siete años yo ya estaba informada de los asuntos que se movían en el bajo mundo. Estoy segura de que sabiendo el nombre de vuestro reino, podré hacer memoria para saber si hubo gente que escapara de la guerra, aunque fuera como esclavos – Robin le sonrió, sintiendo que le entendía a la perfección. Al fin y al cabo ella presenció con impotencia como su madre, todos sus amigos, y la tierra donde creció, eran destruidas sin dejar rastro siquiera en la historia por parte del Gobierno Mundial.

– Sé que tú has sufrido el mismo castigo a manos de la misma gente que sufrí yo Robin... y lo siento. El nombre... de nuestra tierra era Tol Andustar. ¿ Lo escuchaste alguna vez? – preguntó Altazor, con una sonrisa triste en su rostro.

Robin hizo memoria, y creyó recordar algo, pero al cabo de unos segundos, el recuerdo se desvaneció de su cerebro.

– No... consigo recordar. ¿Cómo has dicho que era el nombre? – preguntó Robin. Intentó recordarlo, sin éxito, y lo mismo ocurrió con el resto de presentes, a excepción de Rayleigh, que permanecía inmutable.

– Tenía la esperanza... pero ni siquiera vosotros podéis quedar libres de esa maldición – murmuró Altazor, que soltó un lastimero gemido que sorprendió a todos, un breve sollozo, mientras se tapaba la mitad de su cara visible con una mano. Se recompuso al cabo de unos segundos, y compuso una falsa sonrisa – Nadie, salvo aquellos que vivieran en nuestro reino, puede recordar el nombre, o ubicación, de ese lugar. Aquí no es que hayan eliminado el nombre de los registros de la historia Robin. En nuestro caso, directamente, nos borraron hasta de los recuerdos de casi todos nuestros aliados, y del mundo entero. Nadie recuerda nuestra historia, ni nuestra pelea... ni siquiera nuestros aliados, ni tampoco la inmensa mayoría de los que lucharon contra nosotros.

"A mí, que escapé con vida, cuando comencé a viajar, muchos me recordaban como un amigo, pero no recordaban el por qué. Los primeros dos años fueron durísimos, y todavía fueron peores porque los que eran mis aliados no eran ni capaces de recordar el por qué lo eran.

– ¿Quién haría algo tan terrible? – preguntó Robin, que se sentía totalmente asqueada y apenada. Como historiadora y arqueóloga que era, era algo que le resultaba tan horrible que no podía ni encontrar palabras de consuelo hacia su nakama.

– Cierto usuario de cierta fruta del Gobierno Mundial, una de las llamadas Armas de Destrucción Masiva, o Armas Ancestrales, es el que ocasionó este horror imperdonable. Su nombre, su fruta, los desconozco, dado que con su poder puede borrar todo recuerdo o registro de sí mismo, ni siquiera sabemos si es hombre o mujer, no sabemos nada. Solo sabemos que lo hizo porque en nuestro reino existían registros de ese poder, y cuando nos dimos cuenta de que ocurría eso, comprendimos lo que estaba pasando.

"Cierto día, poco después de que cumpliera doce años, el cielo se cubrió de nubes moradas y negras, se levantó un gran viento y rayos comenzaron a caer por todo el país. El día anterior, mi madre me llevó de vuelta del norte del país al palacio de la capital. Recuerdo que estaba seria, preocupada, y que había venido ella sola a por mi en el caballo blanco que quería como si fuera un miembro más de su familia.

"Recuerdo que me fue muy extraño que ella viniera a buscarme hasta allí, y la sentí tensa todo el viaje de vuelta. Ella aparentaba estar tranquila, pero gracias a todo el entrenamiento que me daban me hacía sentir que algo malo pasaba. Esa noche, recuerdo que la escuché llorar, por primera vez en mi vida.

"Yo tenía una hermana pequeña"

Altazor dejó de hablar de nuevo. Luffy, hasta ese momento, había fingido no interesarse por la historia, pero por primera vez, fijó su vista en su nakama. Varias veces, se había planteado interrumpir la historia de su nakama, al verle que le costaba contarla. Pero ahora, por primera vez, comprobó que Altazor estaba poniendo sentimientos a algo que llevaba siete años guardando en su corazón. Por primera vez, estaba expresando con palabras su dolor.

Luffy sabía que guardar el dolor dentro, era algo muy malo. Por eso una vez golpeó a Vivi, y la insultó, para obligarla a soltar todos los sentimientos negativos que albergaba en su interior.

Se acordó de Sabo, su hermano mayor muerto en su infancia, y recordó que gracias a Ace y a Makino pudo superar esa pérdida, y ser feliz, guardando para siempre en su corazón el feliz recuerdo de su hermano.

Pero Altazor nunca había tenido a nadie lo suficientemente cercano como para contar todo eso. Que lo hiciera ahora, le ayudaría sin duda.

– Yo tenía una hermana pequeña... a la que quería más que a mi propia vida – repitió Altazor, y ahora sí, las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Con la voz temblorosa, acelerada, siguió hablando, soltando todo lo que llevaba en su corazón – Esa noche, mi hermanita fue hasta mí, y se acurrucó a mi lado. Ella sentía que algo malo pasaba, igual que yo. En el palacio no paraban de escucharse órdenes, movimientos, carreras, y se respiraba una horrible tensión en el aire. Nuestro padre no estaba con nosotros. Y de repente, nuestra madre rompió a llorar. Recuerdo que mi hermana, al escuchar eso, comenzó a llorar... y luego, llegó nuestra madre. Nos abrazó con fuerza, y nos dijo que no tuviéramos miedo, y que fuéramos valientes.

"Cuando mi hermana se durmió, ella me tomó de la mano, y me llevó hasta una cámara secreta de la armería personal de mis padres. Allí, ella me entregó mi espada. Kiba Daiyamondo. La espada ancestral que pasó en nuestra familia de generación en generación, durante ochocientos años. Me dijo que tenía que ser fuerte, proteger a mi hermana, y que, ocurriera lo que ocurriera, sobreviviera. Que mi padre y ella se sentían orgullosos de mí, y que jamás olvidara eso, ni el entrenamiento que me habían dado durante todo ese tiempo.

"Al día siguiente, mi país fue engullido por el infierno.

Altazor volvió a guardar silencio. La misión de rescatar a Ace había quedado por unos minutos olvidada en esa habitación, aunque la recuperación de Luffy y el propio Altazor eran necesarias para continuarla, y esos minutos de descanso eran muy necesarios para todos.

– Solo se oía el sonido de las explosiones, en la lejanía, en el sur, este, y oeste. Nuestro reino era impenetrable, rodeado de altísimas cadenas montañosas que eran como enormes muros, pero tres accesos marítimos, protegidos por enormes fortalezas, eran los únicos puntos de acceso.

"Nos atacaron con todo. Por sorpresa, tantas fuerzas, tan poderosas, que incluso nuestro reino sufría para resistir. Durante un día entero y una noche, las tres batallas duraron de forma ininterrumpida. En el palacio, los guardias no nos permitían salir. Mi madre se había ido a la batalla junto con sus nakamas. Solo uno de los Comandantes permanecía en el palacio, y delante nuestra se mantenía seguro y relajado, para no preocuparnos, pero en cuanto se alejaba no paraba de dar órdenes a los soldados de la guardia real.

"Recuerdo que el cielo y el aire retumbaban, que la tierra temblaba, y que de vez en cuando ataques de gran poder explotaban contra el mar. El segundo día, Borsalino nos traicionó. En el cielo del oeste, una luz cegó toda la isla. Sin duda, fue un poderoso ataque por la retaguardia de nuestra fortaleza, . Ese mismo día, la fortaleza del oeste cayó. Las siguieron en los dos días siguientes las otras dos. El último día de batalla, la capital fue sitiada. Mi madre regresó, herida de gravedad. Ni siquiera conseguimos verla, los médicos comenzaron a intervenirla de inmediato y nos impidieron entrar. Solo había humo, fuego, explosiones, y gritos por toda la ciudad.

Olas de energía láser azules y blancas salieron del cuerpo de Altazor, conforme iba hablando, cada vez más rápido. Las lágrimas habían parado, pero ahora respiraba muy rápido, y hablaba muy rápido, como si quisiera escapar de esa historia cuanto antes. Robin y Zoro hicieron el amago de pararle, pero Altazor ni les miraba ya. Miraba un punto fijo en el suelo, sin dejar de hablar a toda velocidad, incapaz de controlar su propio poder.

– Nuestro país era muy fuerte, en el norte también había otra gran ciudad que luchó a la vez que resistía la capital. Teníamos una poderosa flota, que luchó hasta que el último barco fue hundido, acabando con miles de enemigos. Ese día vi por primera vez a los atacantes. Para mí, eran demonios. Piratas aterradores, de la peor calaña de los mares, ejércitos de los esclavistas de los países del South Blue, armados con látigos y cimitarras, ejércitos de distintos países del West Blue que deseaban y codiciaban nuestra tierra y decenas de miles, puede que incluso centenares de miles, de tropas del Gobierno Mundial y de la Marina, junto con centenares, o miles, de robots de gran tamaño. Usuarios de akuma no mi con capas negras por todas partes, gigantes, maquinara de ataque, tanques, cañones y cientos de acorazados, que rodearon la ciudad tanto por tierra como por mar, o que se dirigieron hacia el interior del país para atacar las demás ciudades. A todos ellos se les sumaba también todos los grupos de los Chiper Pol.

"Nuestro pueblo, del primer al último ciudadano, siempre supo que ese día podía llegar. La capital estaba diseñada para resistir cualquier ataque, construida sobre la base de una gran colina, elevándose hacia las alturas protegida por el mar y una gran cantidad de murallas. Todo ciudadano, mujer o hombre, recibía instrucción militar durante dos años al cumplir los dieciséis, para prepararlos por si este día llegaba.

"Pero el poder del enemigo, de determinados enemigos, era demasiado arrollador.

"Aigis, Borsalino, Akainu, Enel, Kaido... y varias personas de un poder enorme, incluídos otros tres Almirantes de la Marina, unidos contra nosotros, sin importarles si mataban enemigos o aliados, atacaban la ciudad seguidos por miles de tropas, desde distintos puntos, sin ningún tipo de freno o contención. Sin piedad. Los nakamas de mi padre y de mi madre lucharon contra ellos en las puertas de los mares, y los que se retiraron con vida, en las puertas de nuestra ciudad, en las murallas, en las calles... pocos sobrevivieron para llegar al palacio.

"Mi padre murió luchando con Borsalino y Akainu en las puertas del palacio. Se llevó por delante a uno de los antiguos Almirantes de la Marina. Vi como Borsalino lo mataba, y no lo pude creer. Creo que me desmayé, incapaz de creer lo que veía.

"Después, intentamos escapar. Nunca más volví a ver a mi madre, ni siquiera supe en ese momento si seguía viva o no. En el puerto interior del palacio, un puerto construido debajo del palacio, estuvimos a punto de escapar, obligados por nuestros guardias, pero Borsalino y Aigis nos alcanzaron. Perdí a mi hermana en medio del caos de la pelea. No pude encontrarla a ella, ni a mi madre, ni pude proteger a mi hermanita. Desesperado, entré en las criptas prohibidas del palacio, y me comí la akuma no mi del láser, una fruta que nadie había utilizado en todo el tiempo que el reino llevaba en pie, y que se había guardado para un momento que ya nunca llegaría. Escapé hacia el exterior, buscando a mi hermana desesperado, y vi el palacio ardiendo hasta los cimientos. El olor... jamás podré olvidarlo. Y en ese momento, Borsalino me atacó. Loco de rabia, desaté el poder de la akuma no mi prohibida, que nadie en nuestro reino había comido nunca, y atraje la atención de todos los enemigos que seguían vivos en la ciudad.

"Por alguna razón, Borsalino no me mató. Como dijo en la Isla Siaramina, dijo que me tomó cariño... como si alguien tan traidor y asesino pudiera tener sentimientos. Pero sea verdad o no, me dejó medio muerto. Y me dejó como recuerdo estas piernas.

Por primera vez, contemplaron las piernas metálicas del Altazor, ya que éste se había levantado el pantalón y quitado sus botas mientras hablaba. Los dedos, y toda la pierna hasta la rodilla, incluida la misma, eran de un metal plateado oscuro.

Era una pierna ortopédica, comprendieron todos, no era la pierna de Altazor, ni tampoco era una armadura.

– Contra su ataque de luz, yo usé un escudo láser de forma inconsciente. Pero sin dominar su poder, no pude proteger mis piernas, y en fin, digamos que poco quedó de ellas – dijo éste, con un tono casi cómico de voz, pero a continuación golpeó con tanta fuerza el sillón que lo partió en dos.

– Y eso fue todo. El último Comandante que quedó con vida, me sacó de allí, medio muerto, y me llevó hasta el puerto de la capital, sin dejar de luchar, y consiguió que me curaran en un escondite del puerto. Me curaron las quemaduras, y me colocaron estas piernas, hechas de un metal único de nuestro reino más duro que el Haki de armadura o que el mismo kairoseki, que además, una vez unido a la persona, se une al sistema nervioso... y permite que lo puedas mover como si fuera tu pierna de verdad. Luego, me dejó noqueado para impedir que regresara, y me salvó al vida... cuando desperté, subido en el submarino que ya conocéis, intenté dar la vuelta, pero por el periscopio solo pude ver como el magma de Akainu envolvía todo el lugar donde estuvieron las personas que me curaron y el último de los nakamas de mis padres que seguía con vida. El piloto automático estaba puesto, y yo no sabía quitarlo. Conforme me alejaba, mientras mi barco esquivaba restos de las flotas destruidas, vi como toda mi vida quedaba atrás, la ciudad que me vio nacer y crecer, envuelta en el fuego y el humo de un atardecer rojizo como la sangre. Perdí a mi pueblo, a mis amigos y maestros, mi tierra, mis piernas, a mi madre, mi padre y mi hermana pequeña, todo, en el mismo día... y aquí estoy. Sigo vivo, como una mala broma, teniendo una lista de nombres a los que matar como principal objetivo en la vida, casi todos ellos infinitamente más fuertes que yo mismo, y siendo solo yo, y ahora, Finrad y vosotros, conocedores de toda esta historia. Decidme, todos, ¿justifica el que quiera vengarme? ¿El que quiera matarlos a todos? ¿El que el odio que siento sea más fuerte incluso que la pena? – Altazor concluyó su larga y trágica historia, con los ojos aún envueltos en lágrimas, pero sintiendo su corazón más ligero.

Nadie dijo nada, durante un rato. Para sorpresa de todos, el primero que se movió, fue Zoro. Se levantó, se sentó junto a Altazor, y le pasó un brazo por los hombros, mientras le tendía el odre de sake que Finrad le había dado cuando llegaron al refugio okama.

– Bebe – fue todo lo que dijo. Altazor sonrió, a su pesar, y dio un corto trago – Bebe más – volvió a decir. Frustrado, dio un largo trago, y el sabor del sake le sentó bien, haciendo que sus lágrimas se detuvieran – Escúchame, amigo mío. Rescataremos al hermano de Luffy, juntos. Y él será un miembro más de tu familia. Igual que Luffy, la mujer, el pervertido, la bruja, y todos son tu familia, tus nakamas. Lo perdiste todo una vez. No nos perderás nunca a nosotros.

"No olvides esto nunca, yo, y todos nosotros, somo tu segunda familia. Y siempre vamos a estar a tu lado, aunque eso nos obligue a luchar contra los mismos dioses"

Las palabras de Zoro, tan amables, tan poco comunes a él, hicieron que Altazor poco a poco se serenara.

– Cierto, hay que salvar a Ace – murmuró Altazor – Y cierto, también, sois mi familia.

No estaba solo, lo había estado durante años, pero ahora, no lo estaba. Se puso en pie, quitándose las lágrimas de un manotazo. Robin primero, y luego Nami, le dieron fuertes abrazos, especialmente Robin entendía perfectamente el dolor del D, y entendía que, el pasado de éste era incluso más duro que el de ella misma.

Bon Clay e Ivankov no paraban de llorar y decir que Altazor podía contar con ambos para lo que fuera, incluso Ivankov llegó a decir que quería un hijo del peli plateado arrancando una risa contenida al joven.

– Alta – dijo Luffy, a sus espaldas. Cuando se giró, se llevó un puñetazo en toda la cara que lo tiró al suelo, entre las caras sorprendidas de los que no eran Mugiwaras – Ahora ya estás mejor, ¿no? El pasado es el pasado, no lo puedes corregir. Pero estoy seguro que tu primera familia te habría dicho que fueras feliz, y que les recordaras con orgullo, felicidad y cariño. No que los ocultaras junto con tus sentimientos. Te lo dije una vez, si necesitas ayuda, es tan sencillo como que nos lo digas. Por mi parte, si alguna vez vuelves a estar así, házmelo saber. Y te daré otro puñetazo.

El peli plateado miró desde el suelo a Luffy, que le devolvió la mirada.

Y ambos rompieron a reír.

– Cierto, mi madre habría usado esas mismas palabras. Que viviera mi vida, feliz, al lado de nakamas de confianza. Y que al mirar atrás, recordara las cosas buenas de mi vida – admitió Altazor. Luffy le tendió la mano, y le ayudó a ponerse en pie – Pero mi padre también me habría dicho que si alguna vez me golpeaban, siempre devolviera el golpe – añadió, componiendo una sonrisa.

Y Luffy se llevó un puñetazo en la mejilla que le tiró contra el suelo a su vez.

– ¡IDIOTAS! – gritó Nami, y asentó dos fuertes coscorrones a Luffy y Altazor, que terminaron de cuclillas frotándose la cabeza – ¡Anda, por primera vez te golpeé! – gritó Nami, muy divertida, dado que Altazor era el único Mugiwara que siempre había escapado de los golpes de la navegante.

Todos se rieron, incluso Altazor y Luffy, mientras ambos se ponían en pie.

– Gracias a ti supe que mi hermano estaba en peligro. Sigue ayudándome ahora, y algún día les patearemos el culo a todos esos cabrones – dijo Luffy con su particular forma de hablar, tendiéndole una mano.

– Yo les haré algo más que patearles el culo, Luffy – contestó Altazor, estrechándosela.

– Después de lo que has contado, créeme que no te detendré – las palabras de Luffy iban en sintonía con como era él. Dejaba libertad a los demás para que hicieran lo que quisieran, siempre que no fuera algo malo para los suyos – Y ahora que ya sabemos a qué nos enfrentamos estando al lado de Alta, es decir, nos enfrentamos a todos los malos más malvados que hay en el mundo, nada distinto a lo que hemos hecho hasta ahora, y que ya hemos descansado todos lo suficiente, ¿qué tal si rescatamos a mi hermano? – preguntó Luffy. La mezcla de ironía y humor inteligente, tan impropia de Luffy, provocó que todos se sorprendieran, para terminar sonriendo envalentonados.

Sin duda, ningún Mugiwara había tenido un pasado fácil. Parecía un requisito para ser parte de la banda , el haber tenido algún tipo de trauma en el pasado.

Tras un carraspeo, Finrad tomó la palabra.

– Altazor, señor, respecto al motivo por el que llegué hasta aquí... este rescate no solo va a ser para rescatar a ese hermano de Monkey D Luffy. Uno de los Comandantes de tu padre... está ahí abajo, en el Infierno Eterno.

Vivo

.

.

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Me gusta describir peleas, paisajes y momentos de diversión. Me cuesta mucho más escribir sobre escenas traumáticas, o pasados tristes, así que posiblemente este es el capítulo que más me ha costado escribir en todo este largo fic. La historia de Altazor y su arco personal, no han terminado, pero de momento, ahora ya conocéis un poco del pasado de este personaje principal de mi historia, y entendéis un poco mejor el por qué de la importancia del personaje.

Al mismo tiempo, habéis conocido un reino que estuvo ochocientos años en pie, luchando contra el Gobierno Mundial. Dato importantísimo, el de que llevara casualmente OCHOCIENTOS AÑOS existiendo... justo desde el final del "Siglo Vacío" y ya visteis que, para destruirlo, tuvieron que juntar a tantos personajes poderosos que os hará a una idea del tamaño, y fuerza, que dicho reino tenía.

Algún día regresaremos a esa historia para conocerla mejor, pero ahora, volveremos a centrarnos en lo que nos importa en este arco, el rescate de Ace y el protagonismo principal de nuestro querido Luffy.

Sin más, y con lo que me ha costado este capítulo, espero tener unas buenas reviews, que creo que me las he ganado!

Un abrazo a todos y si estáis en España, disfrutad de la nieve y cuidado con no poneros malos!