Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 40.


Se había levantado tarde. Bueno, qué podía hacer la invitada a una boda.

Se quedó observando el piso por largo rato. Se veía cansada y somnolienta. Ese día no tenía trabajo. Nadie cercano a los novios lo tenía. Se iban a casar, su hermano y su amiga se iban a casar. No tenía mucho qué decir, pero demasiado en qué pensar.

Después de la boda por el civil ella simplemente se fue. Sango la quiso acompañar, pero ella quería estar sola. Kōga y Yura también de fueron apenas salieron del Registro. No los soportaba.

El día anterior había pasado todo el tiempo aislada, ya que también tenía libre. De todas maneras, debía mandar algunos documentos a los correos pertinentes y culminar algún par de actividades desde su hogar. No había visto a sus amigos, pero supuso que estarían juntos, disfrutando de tiempo en pareja y hablando acerca de sus planes de matrimonio, su luna de miel y su nuevo trabajo. Sonrió, feliz por ellos. Se lo merecían todo y esperaba de corazón que Yura no se entrometiera, porque de lo contrario, ella misma la iría a arrastrar.

Con cuidado se levantó de la cama y caminó hasta el baño. Después de cepillarse, pasó largo tiempo observando su rostro en el espejo.

No quería que InuYasha se casara, no quería no volverlo a ver… se iría nuevamente a Inglaterra, haría su vida allá. Pero qué podía hacer. En realidad, no tenía mucho por qué intervenir y también se notaban las ansias que su hermano tenía por unir la vida a Kikyō.

Si después de haber dicho aquellas palabras a su esposa, no la había vuelto a mirar, no le había mandado un mensaje, no había vuelto a saber nada de él. Las lágrimas quisieron venir nuevamente y ella las retuvo. Sentía un nudo en el estómago con cada segundo que pasaba y se acercaba más la hora de decirle adiós a su hermano para siempre.

De repente se preguntó por qué no tenía los ojos ámbar como su padre, o dorados como los de InuYasha. Nunca habían hablado de eso. Pareciera que no tenían más familia que ellos mismos. Tōga siempre decía que sus padres habían muerto jóvenes y era hijo único, al igual que Midoriko, quien solo conservaba una foto de Kōsho, su hermana mayor. Ella vivía al otro lado de Japón y solo recordaba haberla visitado una vez. ¿De dónde venía ese color tan extraño?

Se metió a la ducha e intentó no pensar. Pronto tendría que regresar al templo para cambiarse allí. Sus padres habían retirado el día anterior también su vestido, así que resultaba más fácil ir a su casa, que hacer un doble viaje. Faltaban alrededor de cuatro horas.

Cuando salió por fin de la ducha y caminó hasta su cama, revisó su celular y notó que había cinco llamadas perdidas de su madre. Frunció el ceño levemente y sintió miedo de que algo malo hubiera pasado y ella no pudo responder a tiempo.

—¿Mamá? —Dijo asustada, cuando sintió que abrió la línea.

Hija… —fue su padre quien respondió, para su sorpresa. Era extraño que hablara al celular de su madre y su papá recibiera la llamada. Su tono fue extraño, casi nostálgico. No supo describirlo bien, pero no era el Tōga alegre y enérgico de siempre—. ¿Dónde estás?

—Aún en casa, papá… ¿Está todo bien? —achicó los ojos. No supo porqué sentía que le iba a mentir; pero, mentir acerca de qué. Sacudió la cabeza, en esos segundos de silencio—. ¿Papá?

Kagome… —era como si quisiera decirle algo, como si estuviera perdido en el limbo—. Tu madre y yo saldremos más temprano para la capilla, por si vienes y no estamos, no te asustes. —Logró comunicar, ya algo más compuesto.

La aludida suspiró aliviada, sonriendo por segunda vez en el día.

—No te preocupes, papá. Iré en cuanto pueda y llevaré mis llaves.


—¿Has hablado con Kagome? —Inquirió desde su ángulo, abrochándose el cinturón. Suspiró cuando sintió calor. No le gustaba demasiado ir de traje.

—No… —respondió, cayendo en cuenta. Había estado tan ocupada con cosas de su matrimonio, arreglando el tema de su ropa para el evento de ese día y demás cosas, que no había recordado que Kagome estaba aislada. Dejó de ponerse labial y suspiró—. He estado ayudando a Kikyō y excusándola, ya que ni siquiera había llamado. Le dije que Kagome se siente indispuesta de salud y por eso no ha estado tan pendiente. —Agachó la mirada, cabizbaja—. No sabes lo mal que lo está pasando.

—Y no creas que InuYasha no está peor. —Se acomodó la corbata, sintiéndose listo—. No quiere casarse, aunque finja que está feliz. —Su novia asintió, dándole la razón. Ese tema solo le concernía a la familia Taishō, ellos únicamente eran amigos y en ese momento no podían hacer nada más que apoyarlos—. Si se van, voy a extrañarlos mucho.

—Su luna de miel será después de nuestra boda, así lo decidieron. —Informó Sango, tomando un par de pendientes. Lucia radiante con aquel peinado alto, con el cabello envuelto como una rosca y una diadema de plata alrededor. Su vestido verde obscuro en gabardina y escote en corte "V" la hacían ver como una diosa—. Tampoco quiero que se vayan.

—Estás preciosa. —Le susurró en el oído, dándole un beso en el cuello—. Nuestros padres llegarán pronto, mientras tanto iré por InuYasha.

—Tú estás tan atractivo como siempre. —Respondió el halago, sonriendo—. También iré con Kagome. Ahora mismo le escribiré para saber en dónde está.


—¡Que se enteraron de qué! —gritó, con los ojos desorbitados. Sentía el corazón acelerado y también mucha vergüenza—. ¡¿Cómo rayos?!

—No tengo la más mínima idea y tampoco tengo permitido preguntarle a Kagome. —Tomó el Kotodama y lo guardó en el bolsillo de su pantalón. Únicamente se lo sacaba para hacerlo limpiar o repintar en alguna tienda de artesanías, pero nunca para dejarlo ir—. Para este tiempo no importa.

—¡Sí importa! —Insistió Takeda y se echó al mueble, suspirando con frustración—. InuYasha esto es muy grave. ¿Estás listo para casarte con Kikyō?

Negó.

Por supuesto que no estaba listo para casarse y en esos momentos lo estaba menos. Se sentía miserable y sucio, pero todo tenía que ver con su carne. Su alma, de alguna manera, se sentía libre; libre para decidir a quién querer, con quién casarse y definitivamente, no era Hishā a quien su alma había escogido.

—Mi papá me abofeteó. —Contó, mirando a la nada. Miroku lo observó con tristeza: le dolía mucho lo que estaba pasando su amigo—. Dijo que era un cínico, un sinvergüenza y que Kagome estaba muerta para mí.

—Pero tú no puedes hacer eso, ¿no?

—No pude matar su recuerdo cuando me fui a Inglaterra la primera vez… ¿Cómo lo voy a hacer ahora? —Agachó la mirada. Le dolía, en serio le dolía todo lo que estaba sucediendo. Le calaba el alma el comportamiento frío de su padre y la decepción de su madre, la distancia con Kagome y el destino que le restaba por delante. Quería morir, por primera vez en su vida sentía ganas de desaparecer para siempre—. Y también me obligó a casarme con Kikyō.

A veces Miroku pensaba mucho en cómo era posible que InuYasha se hubiera enamorado de su propia hermana. Por sus venas corría la misma sangre y decían que «la sangre llama», pero eso no se evidenciaba en ellos. Eran como perfectos desconocidos, que se juntaron por azares de la vida y nació amor, amor romántico, un hombre y una mujer. No un hermano y una hermana, como debía ser.

—Has llegado muy lejos con esto, creo que es hora de que tomes una decisión. —Se levantó. Miró el reloj y constató que apenas faltaba menos de tres horas y debían estar en la iglesia con una hora de anticipación. El novio antes, incluso.

—No me quiero casar.

Fue un designio claro y cárnico. Una declaración que le caló hasta lo más profundo de los huesos, porque lo dijo con todo el corazón. Lo sentía por Kikyō, lo sentía porque sabía que ella sí que lo amaba. Y él la quería, como se quiere a una pareja que apenas se conoce.

O a veces pensaba que en realidad solo se había obligado a quererla.

—Pues ve a decírselo, InuYasha, no…

—Pero voy a hacerlo. —Decidió, mirando por fin a su amigo, que lo observaba atónito—. Dijiste que tomara una decisión.

Con lentitud, Miroku se dirigió hasta él y lo miró serio, por algún par de minutos. Fue una mirada tan profunda, que InuYasha no la pudo sostener y se sintió nervioso. Dudó de su propia existencia con aquel par de ojos encima de él. Nunca en la vida se había sentido tan intimidado por alguien, ni siquiera por su padre. Miroku no movía ni un músculo del rostro, parecía una estatua. ¿Estaría respirando?

—¿Qué tanto me miras? —Dijo por fin, sin enfrentarlo visualmente. Tragó duro porque tenía miedo de la respuesta. Takeda era sabio como solo él y sabía que una palabra lo haría replantearse hasta la más mínima acción de sus generaciones pasadas.

—InuYasha —habló y fue como una sentencia. En ningún momento le quitó la vista de encima— si ya estás condenado al mismísimo infierno por follarte a tu propia hermana.

InuYasha esta vez sí que lo encaró y negó con frenesí. ¿Cómo era posible que mencionara eso justo en ese instante? Aquello resultó insultante y carente de tacto. Fue más su propio estilo, que el de Miroku.

—Eres tremendo infeliz…

—¡Escúchame! —Lo señaló con el dedo índice y Taishō cerró la boca al instante—. No condenes tu vida a una mujer que no amas. —Por fin dejó de mirarlo y caminó hacia la puerta, abriéndola con rapidez.

—¿Qué...qué rayos dices? —Jadeaba, como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Lo analizaba desde lejos, con la expresión desencajada por la confusión.

—Piénsalo mientras caminas hacia el altar.


El maquillaje, que ya era lo último que le faltaba, tuvo que hacérselo de nuevo. Aunque no era muy complejo y cargado, demandaba de tiempo y detalles de difuminado, contornos y bases. Su piel de por sí ya era lisa, pero de vez en cuando tenía alguna pequeña erupción o mancha roja que se hacía con las uñas, así que ese día, quería que su rostro se viera perfecto, iluminado y pulido. Así como el de Kikyō.

Sonrió con decepción.

Sango apenas se había ido. La había llamado antes de salir de su departamento y le dijo que estaría en el templo, así que fue a verla hasta allá.

La vio llegar hasta el templo y estaba preciosa, como nunca antes, tal vez. Hermosa de verdad. Su alma pura y bondadosa parecía radiar junto con ella. Solo había ido para asegurarse de que estuviera bien y emocionalmente preparada para lo que se venía. Y claro que no lo estaba.

Recordaron juntas desde el momento en el que ella le había confesado que tenía una relación amorosa con su hermano, hasta ese mismo día, en donde él iba a unirse para siempre a otra mujer. Hablaron de los sentimientos de Kagome y de lo mucho que le dolía todo aquello, pero también de lo tanto que adoraba a Sango y agradecía todo lo que había hecho por ella, por su comprensión y por todo el apoyo que le brindaba, a pesar de ser una maldita incestuosa.

Amargas lágrimas la habían asaltado durante todo ese tiempo y el abrazo sincero de Tanaca le había ablandado aún más el corazón.

—No podemos hacer nada, pero sí que vamos a seguir adelante. —Le había dicho, para después despedirse y adelantarse a la iglesia—. ¿Estás segura que puedes venir?

—Sí. Adelántate, yo aún terminaré de arreglarme.

Y eso había sido todo. Sango se había ido al menos hacía media hora, así que suponía que pronto también tendría que irse ella. Terminó de ponerse brillo labial y se acomodó el cabello, completamente liso, junto con sus hermosas vinchas de plata y demás detalles. Se había recogido con las vinchas una parte del cabello en el lado derecho de su cabeza, con el fleco libre que se perdía con el resto de mechones sueltos. Observó en el espejo su largo vestido lila de seda, precioso y fino. Traía un pequeño manto de tul que le cubría los hombros y disimulaba el corte strapless.

Se veía bien. O eso pensaba ella.

Su gata Kirara la veía con recelo desde la puerta y no entendió por qué estaba tan erizada. ¿Estaría sintiendo su mal humor? Hacia tiempo que no pasaba con ella.

Tomó su bolso de mano a juego con su ropa y comenzó a caminar hacia las escaleras del segundo piso. Estaba a punto de llegar al final, cuando escuchó ruidos en la cerradura de la puerta, tenían llaves, al parecer. Kirara maulló y se metió a su habitación. ¿Serían sus padres? O quizás Sango se habría devuelto por algo. Avanzó un par de segundos y lo que vio al asomarse al pasillo, la dejó petrificada.

—InuYasha…

Continuará…


¡Vaya! Este capítulo pasado ha sido recibido con mucho amor y eso me hace a mares feliz. Me alegro de que hayan disfrutado el leerlo, tanto como yo en plasmarlo. El capítulo siguiente también está lleno de emoción y romance. ¡Ojalá les guste mucho!

Procederé a agradecer uno a uno a mis lectores que tanto amor me han dado en estas actualizaciones:

Ferchita: ¡Ya sabes que te adoro! Mil gracias por leerme y qué bueno que has recuperado tu cuenta de FF.

Laurita Herrera: Hola, hermosa Laurita. ¡Siempre pendiente de mis actualizaciones! Me hace feliz leer tus comentarios. No creo que haya fans así de mí, sin embargo, para mí todos ustedes son importantes y especiales. ¡Me alegra que todos estén de acuerdo con que Kagome necesita otra relación! Pero aún es demasiado pronto para eso. Gracias por estar pendiente.

Elyk91: AAAAAAH, AMÉ TU ENTRADA JAJAJAJ. Me imagino diciendo algo acerca de que ya había actualización. Amo. WAO, me tomó por sorpresa que varias personas leyeron esto mientras comían, me sacaron muchas risotadas. Me pareció qe esa sería la forma más correcta en que los padres se iban enterar, ya que tenían todo lo de la boda encima. Lo que quiero es llevar a los personajes a sus límites emocionales y por eso hacen estupideces siempre. Me emociona como no tienes idea que haya transmitido eso, quería que fuera todo muy abrumante, quería que sintieran con InuYasha y qué bueno lo logré. Es que Midoriko vive llena de miedos e inseguridades, esperemos que después de que se libere, cambie de actitud. Millones gracias por expresar todo lo que vives con los capítulos, los leo muchas veces.

Mariam1005: Posdata: no me vino tu comentario completo Dx

July: HAHAHAH para qué más respuesta que nuestras conversaciones por Messenger. Una maravilla compartir puntos de vista contigo acerca de mi trabajo, me da años de vida.

Invitado: ¡Espero que puedas ingresar desde una cuenta la próxima o al menos déjame tu nombre para responderte! Me parecieron muy interesantes tus comentarios, no esperaba todo eso. Wau, en serio ha sido un gran honor que te hubieras metido tanto el fic, que casi sentiste la cachetada. Bueno, me hiciste ver de una manera más cruda a Kagome y creo que ella sí está haciendo muchas cosas que perjudican a InuYasha, así que ya no creo que lo que le estoy haciendo sea tan malo, LOL, aunque igual los personajes aprenden de sus errores y todas sus mentiras. Me alegro de causar emociones en ti acerca de los personajes, es un gran honor. Gracias, nuevamente por tus comentarios y tus análisis.

AIROT TAISHO: HAHAHAHAHA TÚ TAMBIÉN COMISTE MIENTRAS LEÍAS, lo siento. Me maravillan tus halagos, me emocionan. Estoy muy contenta de que te haya gustado este capítulo. Hay carios momentos épicos en NLHNF, pero este, sin duda, fue uno de los más grandes. Es lindo que te haya sorprendido con lo que hace Kōga. Y espero que luego se sorprendan más. Disfruta estas actualizaciones, que no demoraré mucho en actualizar el siguiente. También estará lleno de emoción.

InuKag89: HAHAHAHAHA no quieras quemarlos, ellos hacen bueno este fic XD Me gusta mucho eso de fugarse, tendrás una sorpresa para el capítulo 41 acerca de eso. Espero me puedas leer seguido. Eres un sol.

Dav Herreras: Me gustó mucho tu comentario. Qué alegría que te haya gustado. Esa sensación mantiene sus deseos sexuales aplacados, creo que es sano para ellos verse desde esa perspectiva. Sí, la verdad es que Kikyō es la que peor sale, tienes toda la razón. Muchas gracias por tu comentario en UN SENTIMIENTO COMPARTIDO, por cierto.

A quienes preguntan sobre el fic de los padres de InuYasha y Kagome, está disponible en mi perfil de fanfiction con el nombre: «TŌGA Y MIDORIKO: SAKURAS MARCHITAS» consta de 3 capítulos, pero solo han sido publicados 2. Son cortos, pero traté de hacerlos interesantes y espero que les guste.

¡No lean el capítulo 41 mientras comen, no les recomiendo!

En el próximo capítulo:

««La tradición» siempre era que la novia llegase tarde.

Pero ella era Kikyō Hishā y «llegar tarde» no era un concepto que a ella le gustase aplicar.

[…]

—Qué raro, ¿habrá pasado algo con su auto?

—O con sus ganas de casarse. —Alzó las cejas, decepcionada.

—Vamos, Kikyō, no digas eso… —La tomó por los hombros—, sería tonto si te deja ir. —Le sonrió sinceramente, tratando de levantarle el ánimo.

[…]

—¿InuYasha? —[…]—. ¿Qué pasa? ¿Qué tienes? ¿Estás bien? ¿InuYasha?

[…]

—Solo pídemelo —volvió a susurrar, como si no tuviera fuerzas— solo pídemelo y yo lo dejo todo.»