Nota del autor:

Hola y bienvenidos nuevamente mis queridos lectores. Espero que este capítulo sea de su agrado.

Advertencia: Todos los personajes de esta historia pertenecen a sus correspondientes creadores. My little pony y sus personajes son propiedad de Hasbro. La presente historia fue hecha sin fines de lucro y con el único propósito de entretener.

Advertencia: Este capítulo puede contener violencia o escenas sexuales explicitas, por lo que se recomienda discreción por parte del lector.

Lean y comenten


Moonbeam

Capítulo 62 – Nightmare Moon

Épsilon conocía las tácticas de Luna a la perfección y gracias a la información que aquella criatura llamada Elly le brindó, Épsilon sabía que su princesa planeaba movilizar un ataque contra Celestía.

Aunque el ejército de la Luna era más pequeño que el ejército de Hurricane y la guardia Real combinados, los ponis vampiros sin duda poseían una fuerza, velocidad y resistencia superior a la de cualquier poni común, por lo que el combate estaría equilibrado.

Sabiendo esto, Épsilon estaba segura de que Luna enviaría a las legiones a atacar las localidades principales para prevenir que las legiones de Hurricane pudiesen apoyar a la fuerza principal de Canterlot y al mismo tiempo debilitar en la medida posible al ejercitó de la deidad del Sol.

La capitana sabia a la perfección que Luna no pondría en riesgo la Colonia Lunar, por lo que seguramente situaría su fuerza principal en el viejo castillo asegurándose así, de atraer a Celestia directamente hacia ella… Eso significaba que Luna llevaría a Siegfried, Merak y Alcor junto con ella, así como a un grupo de soldados bien entrenados para poder hacer frente a la fuerza principal de Canterlot.

Sabiendo esto, Épsilon comprendió que, aunque todavía permanecían algunos soldados en la Colonia, tanto la princesa como sus hermanos ya deberían encontrarse de vuelta en el viejo castillo. Probablemente a esas horas únicamente los refuerzos permanecían presentes en la bahía de Luna, con el único objetivo de proteger la colonia.

-Épsilon, por favor escúchame, tus heridas no han sanado… tu cuerpo apenas puede mantenerse sobre tus pezuñas. No soportaras otra pelea- dijo Sweet retando a la otra yegua con la mirada. Épsilon cerró los ojos antes de darse la media vuelta.

-Épsilon entiendo lo que sientes por la princesa Luna, en verdad lo entiendo. Pero, estar cerca de las cosas que aprecias no significa que seas capaz de conseguir la felicidad- Le reprochó Sweetcare.

-No…- respondió la capitana con resignación -Pero mi felicidad es algo a lo que renuncie hace mucho tiempo Sweet.- Respondió Épsilon antes de voltearse para mirar a la enfermera a los ojos una vez más. -Y es por eso por lo que tampoco puedo ser yo quien te brinde la felicidad que deseas- respondió tajante la capitana.

-La siguiente canción está basada en la melodía de "Ready as I'll ever be" de "Tangled"-

-No tengo tiempo Sweet- dijo Épsilon mientras se colocaba el casco de su armadura.

-(Épsilon)-

Créeme que lo sé. Un acto ruin es.

Pero todo esto es por vuestro bien.

-Épsilon-

-¡No Sweet!-

La villana seré, eso lo aceptaré.

Su justicia yo impartiré.

-Por favor no lo hagas- le suplicó la enfermera intentando razonar con la capitana.

Tiempo es de un paso dar, adelante o atrás.

Solo existe una opción para mí.

Firme me mantendré.

Pues lo correcto esto es.

-…-

Y estoy lista, muy lista, tan lista.

Como jamás lo estaré.

-…-

En el interior del castillo de las dos hermanas se encontraba la deidad de la noche sentada en su trono, arrodillados a los pies del trono se situaban Siegfried, Merak y Alcor, los tres sujetando sus cascos con sus alas, detrás de ellos, e igualmente haciendo una reverencia a su princesa, se encontraba el grupo de soldados que conformaba la legión principal.

-Tienen sus órdenes, acaben con toda la oposición que encuentren- Ordenó Nightmare a sus soldados.

"Espera Nightmare. Se supone que solo tomaríamos el control. No creo que sea necesario exterminarlos a todos" habló Luna, su voz resonando en la mente de Nightmare.

"¿No crees que es un poco tarde para retractarse querida Luna? ¿Acaso no deseabas vengarte, hacerlos sentir lo que sentiste en carne propia? Yo sé lo que deseas, estoy aquí para cumplir tus deseos… Tan solo confía en mí" respondió Nightmare.

"Yo…Yo confío en ti" contestó Luna con resignación.

"Muy bien" sonrió la yegua oscura observando el filo de la hoja de acero de la hoz que había tomado de su pelea contra Sombra.

-(Nightmare)-

Tiempo es de decidir, si rendirse o seguir.

La respuesta es muy fácil de ver.

Y juro por mi hoz.

La victoria es por vos.

-…-

¿Están listos?

-(Siegfried, Merak y Alcor)-

Muy Listos

-(El ejercito al unísono)-

Tan listos

-(Nightmare)-

Como jamás lo estarán

-…-

Celestia se encontraba en el exterior del castillo de Canterlot, mientras los habitantes de la capital eran escoltados al interior de la infraestructura. Habían pasado casi medio día reubicando a los habitantes de la capital, mientras organizaban al resto de las tropas. Hurricane había enviado a sus mejores capitanes a los poblados más grandes del reino mientras Caramel alistaba a la guardia real.

Durante ese tiempo la Luna había alcanzado su plenitud posicionándose a un lado del Sol, mientras la silueta de la Luna lentamente comenzaba a cubrir por completo la silueta del Sol provocando que la luz del Sol comenzara a escasear aún más. Celestia no podía comprender como era posible que la oscuridad de la noche fuese capaz de cubrir los cielos de esa forma. Normalmente la luz del Sol se imponía sobre la oscuridad de la noche, incluso cuando su hermana no había bajado la Luna en su totalidad, pero esa noche era distinta… se sentía como si un poderoso hechizo cubriera el manto nocturno, causando que el ascenso de la Luna bloqueara la Luz del Sol a medida que esta subía a lo alto de los cielos, sumiendo así al reino entero en la oscuridad.

Clover y Zephora subieron a uno de los carruajes voladores, mientras Caramel y Hurricane se colocaban a lado de Celestia, ambos Pegasos se habían reusado a dejar desprotegida a la princesa, Celestia imagino que ambos ponis tenían el mismo presentimiento que ella.

A diferencia de la guerra contra el imperio de cristal, esta vez la oscuridad no se sentía amenazante en absoluto, de hecho… era casi como si los invitara a dejarse envolver por su frio abrazo. Celestia y el resto de sus súbditos sabían que había algo oculto en aquella oscuridad… algo en extremo peligroso, sus instintos estaban completamente alerta y les gritaban con desesperación, pero… aun así eran incapaces de percibir amenaza alguna proveniente de aquella oscuridad y eso era lo que realmente los aterraba.

Se sentían como si estuvieran a punto de entrar a la boca de un hambriento lobo vestido de oveja. Pero lo peor de todo, era que aquella sensación era provocada por un hechizo que había sido invocado por la magia de su amada hermana menor.

Los guardias reales se engancharon a los carruajes para transportar a algunas alquimistas y hechiceros, quienes acompañarían a la guardia real rumbo al castillo de las dos hermanas. Mientras tanto, el comando principal se quedaría a resguardar el castillo de Canterlot para proteger a los habitantes hasta el regreso de la monarca.

-Estamos listos princesa- dijo Clover.

-Os prometo majestad que no volveré a fallar. Me aseguraré de no volverla a decepcionar.- dijo Middy usando la voz de Zephora. La criatura hizo una reverencia pronunciada mientras ocultaba su sonrisa de la mirada de la Gobernante que la observaba con dureza.

-(Caramel)-

¿Y si Luna no coopera?

-(Celestia)-

Juntos la hemos de convencer.

-(Épsilon)-

He de protegerla.

-(Nightmare)-

Hare que teman.

-(Celestia)-

Salvaré a Luna y a Equestria.

-(Guardias nocturnos)-

Esta guerra será, nuestro juicio final.

-(Épsilon)-

Y estoy lista.

-(Nightmare)-

Muy lista.

-(Celestia)-

Tan lista.

-(Épsilón)-

Con Celestia… Acabaré.

-...-

Épsilon susurró aquellas palabras al oído de Sweetcare quien se encontraba completamente perpleja por la actitud de su amiga. Parecía como si el corazón de Épsilon hubiese sido consumido por la oscuridad, pero aquel brillante ojo que la miraba con un tono espectral le hizo comprender que la capitana estaba dispuesta a terminar con cualquiera que se atreviera a interponerse en su camino, incluyéndola a ella.

Sin decir más la capitana abandonó la habitación dejando a la enfermera completamente sola. El sonido de un siseo llamó la atención de Sweet, quien de inmediato notó las gotas de sangre que el cuerpo de Épsilon había dejado a su paso.

Desde aquella noche en el hospital, Sweet comprendió que el corazón de Épsilon siempre le pertenecería a la princesa de la noche. Sin embargo, siempre mantuvo la esperanza de que la capitana lograría darle un lugar en su corazón también a ella. Sweet mantuvo la esperanza de que Chrysalis volvería con la princesa y finalmente la capitana podría ser capaz de aceptarla a su lado. Pero la muerte de Chrysalis no solo rompió las esperanzas de la Princesa Luna, sino que también acabó con las esperanzas de la enfermera. Épsilon era un soldado leal, una yegua dedicada, y una amiga que sacrificaría su propia felicidad por la del poni al que amaba.

-Si tan solo me hubieras amado a mí como la amas a ella- dijo la enfermera mientras ocultaba su rostro entre sus rodillas. Sola, a la luz de las velas la enfermera dejó que sus lágrimas corrieran libremente por su rostro. Lloraría hasta secar su propio corazón, para nunca más volver a derramar una lágrima en su vida. No tenia duda alguna de que esta vez Épsilon no volvería.


La oscuridad comenzó a cubrir los cielos del reino. Las estrellas eran acompañadas de una cortina estelar que comenzaba a cubrir el manto nocturno ofreciendo un espectáculo impactante a medida que la Luna continuaba cubriendo el Sol. Los ponis de Equestria, sin embargo, lejos de apreciar la belleza que la noche acarreaba consigo, rápidamente comenzaron a entrar en pánico, el cual se incrementaba a medida que el cielo se ennegrecía.

Dragones, Grifos, Hipogrifos, Yaks, Búfalos, Minotauros y otras civilizaciones comenzaron a observar extrañados el peculiar fenómeno. A medida que la Luna eclipsaba el Sol, la temperatura de la noche comenzó a descender. Convirtiendo el cálido ambiente del verano en una fresca noche que, si bien era mucho más cálida que las noches de invierno, traía consigo una sensación de escalofríos que podía helar la piel de los más valientes. Aquella noche era distinta al resto y todos ellos podían sentirlo.

Lentamente las sombras comenzaron a cubrir incluso la capital del reino. A las afueras de Canterlot, a las orillas del bosque que rodeaba las montañas, se encontraba una enorme mansión en ruinas. La fachada había explotado por completo, los cristales de las enormes ventanas estaban rotos, el interior se encontraba hecho un desastre. Los muros estaban destruidos, había manchas de sangre por doquier, las escaleras y corredores tenían marcas de quemaduras causadas por el impacto de los hechizos mágicos que habían sido lanzados en múltiples ocasiones.

En el centro del salón principal se encontraba sentado un corcel de pelaje marrón, su crin y cola lucían un color negro opaco y sus ropas lucían varios agujeros manchados de sangre.

-El cuarto inferior fue saqueado amo, no hay rastros del libro ni del resto del harem, tampoco hay rastros de la señorita Pink- habló una yegua aproximándose al corcel, la poni llevaba puesto lo que alguna vez fue un traje de color negro. En su cuello se podía observar la marca de una mordida profunda la cual aún tenia rastros de la sangre que había sido extraída de su cuello a la fuerza.

-Malditos- Los dientes del corcel rechinaban a medida que apretaba su mandíbula. Los ojos del Lord fijos en la pila de ceniza que se hallaba esparcida sobre lo que alguna vez fuese un hermoso vestido de gala.

Ciertamente el Lord tuvo suerte de que la misteriosa yegua encapuchada del bosque no asestara ninguna de las estacas en su corazón. Permitiéndole sobrevivir hasta que Viper lo encontrara y lo liberara. Afortunadamente la falta de pulso permitió que Caramel lo diera por muerto antes de llevarse a la princesa Celestia a cuestas.

Haber perdido aquel combate lo irritaba, sentía como si su orgullo hubiese sido pisoteado, pero lo que realmente le causaba un dolor profundo en ese momento era la pila de cenizas que se hallaban esparcidas en el suelo al lado de aquel vestido.

Reconocía el aroma que aún residía en los restos del conjunto de telas. Su amada hermana estaba muerta y estaba seguro de que no había muerto con rapidez. Después de todo, aún podía olfatear los rastros de sangre de la batalla entre los que se mezclaba el olor de las lágrimas que Pink Wine había derramado.

-Debemos irnos cuanto antes, este lugar ya no es seguro amo.- habló Viper dando un par de pasos en la dirección de Red.

La vampiresa sabía que su amo se encontraba extremadamente débil y tras haber entregado una gran cantidad de su propia sangre para curar las heridas de Red, Viper tampoco contaba con las reservas suficientes en ese momento para poder enfrentarse a un soldado de la guardia real en combate.

El olor de la sangre que impregnaba la capital era fácil de detectar para criaturas como ellos. Aquel aroma les indicaba que los seguidores de Red, así como muchas de las familias nobles del reino habían sido asesinadas recientemente.

Más aún, la presencia del aroma de sus propios súbditos combinado con el aroma de la sangre, así como los rastros de magia de la princesa de la noche, les dejaba en claro que el clan había sido traicionado. Los canarios de Red habían cantado su canción a la princesa de la noche y se habían revelado contra el resto del clan aniquilando a los seguidores que el Lord aún tenia en la capital, así como muchas de las familias nobles que residían en Canterlot y a juzgar por el estado de la mansión era altamente probable que incluso hubiesen aniquilado al harem de su amo.

No tenían forma de sobreponerse en ese momento y la oscuridad que cubría los cielos causaba que sus instintos de supervivencia gritaran incesantemente que huyeran de ese lugar.

-Amo, debemos irnos.- habló Viper levantando la voz para captar la atención del Lord.

-He sido un idiota- dijo Red apretando aún más los dientes. -Ilusamente creí que el maestro intentaría traicionarnos tan pronto como tomáramos el control de Equestria, ese maldito…- refunfuño mientras sus ojos comenzaban a destellar un brillo carmesí extremadamente intenso. -Todo lo que quería hacer era corromper a la princesa de la noche, ni siquiera le interesa tomar el control del reino, su único objetivo era confrontar a las princesas desde un inicio.- gruñó Red completamente colérico.

Red sabía que Viper tenía razón, si permanecían en aquel lugar, en su estado actual, no había garantía alguna de que pudiesen sobrevivir.

-Deberíamos abandonar las tierras de Equestria- dijo Viper. -Las princesas nos cazarán si nos quedamos en el reino- añadió la vampiresa.

-Celestia ya nos ha dado por muertos- aseguró el Lord.

-¿Cómo puede estar tan seguro?- preguntó Viper con extrañeza.

-Si Celestia esperase que siguiéramos con vida no me habría dejado clavado en ese árbol para que tú pudieras sanarme con tu sangre, además…- añadió el lord poniéndose sobre sus cuatro patas una vez más. -Si pensara que seguíamos con vida habría dejado por lo menos a un guardia custodiando la mansión. Ella sabía que Pink no estaba con nosotros y sabía perfectamente que volvería por ella.-

-¿Porque está tan seguro de eso?- preguntó la yegua inquisitivamente.

-Porque Pink era mi hermana. Y sí Celestia sabe algo de mí a la perfección, es que jamás habría abandonado a mi hermana.- Viper comprendió a lo que su amo se refería.

-¿Entonces planea que nos quedemos en el reino?- preguntó Viper.

-No, nos retiraremos del reino por el momento, aún si Celestia piensa que estamos muertos, es mejor mantener un perfil bajo. Dejaremos que las cosas se calmen un poco, esperaremos que se olviden por completo de nosotros y nos prepararemos nuevamente antes de volver, además…- dijo el corcel antes de levitar un trozo de madera que se encontraba entre las ropas de su hermana. -No ha sido Celestia quién le arrebató la vida a mi querida hermana.- añadió el Lord.

Viper observó el objeto que Red levitaba con interés. -Eso es-

-Un trozo del violín que mi querida Vinyl solía tocar- respondió el lord tras olfatear el trozo de madera, el cual aun tenia impregnado no solo el aroma de la intérprete, sino que además se encontraba cubierto con la sangre de Pink.

Viper sonrió para sus adentros, al menos algo bueno saldría de aquello, si realmente Vinyl había asesinado a Pink no había duda de que el Lord tomaría represalias contra la yegua albina. Por otro lado, al ser la única sobreviviente que permanecía a su lado, Viper estaba segura de que Red la tomaría como su nueva pareja. Volverían a construir el clan, pero esta vez ella se convertiría en la Yegua líder. No tendría que obedecer las ordenes de Pink nunca más, Podría disfrutar de Red más que nunca y obtendría el permiso de su amó para acabar con la vida de Vinyl de la forma más dolorosa que pudiese imaginar.


-Apresúrense- dijo el viejo mayordomo.

-No entiendo porque la prisa Cent, no es como si la ciudad se fuera a convertir en un campo de batalla o algo parecido- dijo Tulip haciéndose a un lado para permitir que sus hijos pudiesen pasar a su lado cargando las pesadas maletas.

-No tenemos tiempo Tulip, en estos momentos el lugar más seguro para nosotros se encuentra en la bahía de Luna- comentó el viejo mayordomo.

Habían pasado varias horas desde que la oscuridad de la Noche se había apoderado del cielo de Manehattan. El pánico se había apoderado de la población, los edificios y casas que se encontraban en plena construcción habían sido abandonados, mientras que el resto de las viviendas que sí se encontraban terminadas estaban siendo desalojadas a toda velocidad.

Ponis corrían de un lado a otro tratando desesperadamente de abordar el próximo tren. Cent, su esposa Tulip y sus dos hijos se encontraban de pie en la plataforma.

Cent podía sentir una sensación de total incomodidad. Vinyl y Luna le habían hablado de lo que ocurriría con las familias nobles que eran controladas por Red, pero la repentina presencia del ejército, así como la orden de evacuación que había sido dada por el alcalde temprano esa mañana le hacían sentir incómodo. Algo no había ocurrido de acuerdo al plan y ahora todo el reino parecía estar completamente alerta.

Más extraño aún era la actitud de Photo Finish y Hoity Toity, los dos amigos de Vinyl se ofrecieron para escoltarlo a él y a su familia a salvo a la Colonia en la que Seguramente Vinyl y Chocochips los esperaban. Pero desde que la Luna había comenzado a elevarse en el cielo nuevamente, ambos habían comenzado a mostrarse extremadamente nerviosos.

Finalmente, el tren arribó a la estación deteniéndose ruidosamente mientras las ruedas de metal rechinaban sobre las vías de acero.

El vapor de agua abandonó los pistones ruidosamente, antes de que las puertas comenzaran a abrirse. Los guardias que se encontraban apostados en frente de las puertas comenzaban a dar indicaciones a los ponis situados en la plataforma para que permitieran a otros ponis descender del tren antes de proceder a abordarlo.

-¡Abajo!- Gritó Hoity derribando a Cent sobre el Suelo mientras Photo Finish se arrojaba sobre Tulip.

Cent cayó sobre su costado mientras que Tulip se golpeó la cabeza con fuerza contra el suelo. En segundos el ambiente se volvió un caos, del tren descendieron soldados vestidos con armaduras negras y plateadas, sus ojos brillaban con un color carmín antinatural mientras atacaban por la espalda a los guardias vestidos con armaduras doradas. Rápidamente el ejercito de ponis arremetió contra los ciudadanos y soldados por igual comenzando a masacrar a otros sin miramientos.

-¡Photo, por acá!- indicó Hoity mientras alaba de una de las patas frontales de Cent. Photo Finish tomó a la inconsciente Tulip colocándola sobre su lomo antes de seguir a Hoity. Sonnet y Whistle, abandonaron las maletas antes de seguir de cerca a sus padres evadiendo a los vampiros que continuaban su masacre sin descanso.

Hoity empujó a Cent una vez más obligándolo a caer torpemente a un lado de Sonnet. Sin perder tiempo Hoity se giró cruzando sus cascos para bloquear el golpe del soldado.

AAAAAAH

El grito de dolor emitido por Hoity se escuchó con claridad entre la multitud en el instante en el que la cuchilla de metal se hundió en su piel hasta el hueso.

-Tú también eres uno de los seguidores de Red, puedo oler su sangre recorrer tus venas- dijo el soldado mostrando amenazante sus ensangrentados dientes.

-Photo, ¡Sácalos de aquí!- ordenó Hoity golpeando a su contrincante en el estómago con una de sus patas traseras.

El golpe causó que el soldado perdiera su agarre en la espada obligándolo a arrodillarse ante Hoity. Sin esperar que su contrincante se recuperase, Hoity saltó detrás del soldado tomándolo del cuello con su casco sano antes de saltar sobre la espalda del soldado golpeándolo con la rodilla justo en la unión del cuello y la cruz rompiendo de forma efectiva las cervicales del soldado antes de morder el cuello de su victima para consumir la sangre suficiente para sanar la herida de su otra pata arrancando la cabeza del corcel en el proceso.

-¡Maldito como te atreves!- gritó otro soldado volando a toda velocidad para atacar a Hoity.

-¡Hoity!- gritó Photo Finish al notar que su amigo se encontraba completamente a merced del ataque del segundo soldado.

Una explosión de Magia se escuchó proveniente desde otro de los vagones del tren. El rayo de energía golpeó el pecho del soldado traspasándolo de lado a lado justo en donde se encontraba el corazón del equino.

El soldado cayó de bruces sobre el suelo escupiendo sangre. Hoity rápidamente se apartó del primer soldado corriendo hasta donde se encontraba Photo y la Familia Melody.

De entre el vapor de agua surgió una yegua de pelaje blanco como la nieve, su cuerno brillaba amenazante envuelto con un aura de luz violeta claro, mientras sus ojos despedían un brillo carmesí intenso.

-¡Vinyl!- exclamó Cent sorprendido de ver a la yegua frente a ellos.

La intérprete meneo la cabeza indicándole al grupo que abordara el vagón del tren del que ella había emergido. Sin perder tiempo el grupo corrió al interior.

-Vinyl, ¿Qué en Equestria sucede aquí? y ¿Por qué los soldados de la Colonia nos han atacado?- dijo Hoity demandando una respuesta de la unicornio albina.

La yegua simplemente negó con la cabeza indicándole que no era el mejor momento. De algún modo Hoity sintió la necesidad de obedecer la orden de Vinyl, era una sensación extraña, una muy similar a la que había sentido la primera vez que conoció a Red Wine, de algún modo podía sentir como si la yegua albina se encontrara al mismo nivel de Red, pero no podía comprender el porqué. Tras decidir hablar de el asunto tan pronto como se encontrarán a salvo, Hoity procedió a abordar el tren.

Cent por su parte miro a Vinyl tras asegurarse de que tanto Tulip como sus hijos se encontraran en buen estado, Tulip se había golpeado la cabeza, pero no parecía algo grave.

-¿Chocochips, se encuentra a salvo?- la cuestionó el viejo mayordomo. Tras el asentimiento de Vinyl, Cent procedió a abordar el vagón seguido de la unicornio albina.

El soldado por su parte se arrastró hasta el cuerpo de su amado, su pelaje tenia el mismo hermoso color verde que tanto le agradaba, y su crin aún poseía un hermoso color anaranjado como el atardecer. Su expresión por otro lado había quedado congelada en una mueca de intenso dolor.

-Lo… Lo lamento mi amor- dijo el soldado cayendo al lado de su poni especial. Sentía la sangre en su garganta quemándole por dentro, sus ojos fijos en el otro poni cuyo cuerpo había comenzado a incinerarse. -Deseaba poder pasar el resto de mi vida a tu lado…- sonrió tristemente el corcel mientras el cuerpo de su amado era consumido por las llamas hasta convertirse en cenizas. -Pero supongo que aún podremos estar juntos en la otra vida- añadió con lagrimas en los ojos mientras sentía su propio cuerpo comenzar a incinerarse de la misma forma que el de su amado corcel. El corcel se aproximó a su amado uniendo sus labios con los suyos una última vez, mientras el fuego los consumía enviándolos de vuelta a la oscuridad una.


Celestia, Hurricane, Caramel, Zephora y Clover se encontraban trotando por el bosque Ever Free. A sus espaldas trotaba un grupo conformado por hechiceros, alquimistas y guardias reales.

Un peculiar y suave sonido llamó la atención de la monarca, quien levantó la vista al oscuro cielo.

-¿Princesa?-

-Silencio- dijo la monarca en voz baja. El resto de los presentes levantaron la mirada al cielo. Inmediatamente el grupo se quedó en completo silencio. Sobre ellos, ocultos por la oscuridad que el ennegrecido cielo les proporcionaba, volaba una legión de soldados. Sin embargo, a diferencia de cualquier otra legión que hubiesen presenciado con anterioridad, estos soldados vestían armaduras negras como el cielo nocturno, adornadas con acabados de color plateado similares a las estrellas. Sus alas, a diferencia de las alas de un Pegaso ordinario, estaban formadas por membranas cubiertas por un suave pelaje similar al de un murciélago. Pero lo más inquietante era el brillo en los ojos de aquellos ponis los cuales lucían un color carmín intenso.

-Son ponis vampiros- habló Hurricane apenas lo suficientemente fuerte para que la princesa la escuchara.

-Se dirigen a Canterlot, debemos hacer algo para detenerlos- propuso Caramel.

-Un suicidio es, enfrentarlos todos a la vez.- comentó Zephora mientras mantenía su mirada fija en la dirección en la que se encontraba el viejo castillo.

-No podemos dejar que ese ejercito llegue a Canterlot- reprochó Caramel.

-Zephora tiene razón- habló Clover -Nos superan en número, no es una decisión prudente. Incluso si pudiéramos tomarlos por sorpresa no acabaríamos con todos, además los vampiros pueden sanar heridas que para nosotros serían mortales.- añadió la hechicera.

-Los métodos más seguros para con un vampiro acabar, es si su corazón logras perforar o su cabeza de su cuerpo consigues separar.- Comentó la cebra comenzando a avanzar nuevamente.

Celestia miró a la cebra un tanto extrañada por su comportamiento. Posteriormente observó al resto de las alquimistas quienes parecían compartirse miradas entre ellas.

-De acuerdo- comentó la monarca. –Démonos prisa. La magia de Luna es más intensa en el castillo- tras decir esto el resto del grupo continuó con su andar

El grupo continuó avanzando hasta llegar a un claro, un viejo puente colgante unía los dos lados de un cañón, justo al otro lado se podía apreciar el majestuoso castillo de las dos hermanas bañado por la luz de la Luna.

La luz de la Luna bañaba por completo el área alumbrando suavemente los alrededores, Flores lunares habían sido colocadas alrededor del castillo como si el césped fuese un reflejo del cielo nocturno.

En el cielo se podía observar con claridad el resultado de la unión entre el Sol y la Luna. Celestia reconoció de inmediato aquella figura brillante en el cielo. La Luna se encontraba localizada justo en el centro del Sol, dejando únicamente la corona de fuego visible en el firmamento, creando lo que parecía ser un aro de fuego que ardía en lo alto del cielo.

-Eclipse- murmuró la princesa recordando el nombre del libro que la yegua de aquel sueño le había entregado.

-Así es su majestad. Si, si, si- la repentina voz de Shayla sobresaltó a los presentes. La joven alquimista salió de entre los arbustos seguida por Kendall, ambos avanzaron hasta colocarse entre el grupo y el castillo.

Zephora endureció la mirada ligeramente al notar el trozo de pergamino que sobresalía de entre las páginas del libro que Kendall sostenía en uno de sus cascos. El mismo trozo de pergamino que Zephora había usado en la habitación de la enfermería antes de que la criatura la consumiera.

-Me alegra que ustedes también se encuentren aquí Kendall- comentó la monarca.

-Princesa, por favor siga adelante… Hay algo que necesitamos hablar con Zephora- dijo el líder tribal con total seriedad.

La princesa notó de inmediato la mirada endurecida no solo en el semblante de Kendall, sino que también pudo notar aquella expresión en la mirada de Shayla, algo que sin duda no era común en la joven alquimista.

-Puedo ver que es un asunto importante- comentó la monarca -Zephora quédate con ellos, el resto síganme- añadió la princesa reanudando su camino.

-Alquimistas- dijo Kendall tan pronto como el grupo pasó de largo.

El grupo de cebras se detuvo al igual que el resto. Celestia miró a sus espaldas. El líder tribal tomó un bumerang de hueso que llevaba oculto entre sus ropas, el bumerang había sido cuidadosamente tallado brindándole un excelente filo a la superficie. Sin decir más, Kendal arrojó el bumerang a sus espaldas con una fuerza y precisión tal, que el arma cortó efectivamente las cuerdas que sostenían el puente haciéndolo caer.

-Ustedes se quedan con nosotros- añadió el líder atrapando el Bumerang con los dientes.

-Kendall- intentó reprochar Caramel antes de que Shayla lo interrumpiera usando un tono autoritario que no le habían escuchado con anterioridad.

-Ya no tienen tiempo Majestad, la Princesa Luna la necesita… ¡Vallase ahora!- dijo Shayla sin usar su acostumbrada muletilla.

-Clover sube a mi espalda- ordenó la monarca. Al notar que la hechicera continuaba sorprendida por la repentina actitud de Shayla, Celestia añadió con urgencia -¡Ahora!-

-S-Si… Si princesa, dijo la hechicera antes se subir el lomo de la gobernante mientras el resto de los soldados cargaban a los hechiceros para volar hasta el otro lado del cañón.-

Las alquimistas se dieron la media vuelta, encarando a Zephora, conocían perfectamente la razón por la que Shayla y Kendall usarían aquellos tonos de voz, lo habían sentido por un momento, pero ahora no tenían duda. Algo estaba mal con Zephora. Algo que ponía en riesgo no solo a la princesa o al reino.

Zephora sonrió al notar al resto del grupo avanzar hasta el castillo. Su sonrisa se desvaneció en el instante en el que Shayla se retiró el brazalete de heráldica que portaba en su pata frontal. El cual introdujo en una de sus alforjas mientras Kendall se colocaba entre la joven alquimista y su amada Zephora.

-¿Donde esta Zephora?- dijo Kendall entre dientes adoptando una postura de combate mientras Shayla unía sus cascos frontales mientras comenzaba a recitar un conjuro arcano.

En el instante en el que el resto de las alquimistas reconocieron el conjuro, el grupo inmediatamente se puso a la defensiva dispuestos a proteger a Shayla.

-Que poco observador eres…- Sonrió la criatura. -Aun así, debo felicitarlos, por haber tomado la decisión de prepararse para cuando llegara hasta aquí. Desafortunadamente para ustedes, el destino de las princesas ya está sellado. No pueden cambiarlo- Sonrió la criatura una vez más, mientras el cuerpo de la cebra comenzaba a mostrar su verdadera forma.

Las cebras observaron horrorizados mientras el cuerpo de la cebra comenzaba a transformarse en un cadáver andante de cuyo interior colgaban viseras y trozos de carne parcialmente calcinada por las llamas negras y púrpuras que ardían en el interior. Las cuencas de sus ojos fueron reemplazadas por un par de ojos espectrales que los miraban amenazantes. De la boca del cadáver emergía una lengua con la forma de un tentáculo de alquitrán con el que se relamía los labios.

Kendall sintió un terrible peso en su pecho, no tenia duda de que aquel cuerpo maltrecho pertenecía a la verdadera Zephora, conocía la profecía y lo que significaba el regreso de aquellas sombras. La pelea con Vice le había hecho ver lo peligrosas y grotescas que podían ser, pero ver a su amada convertida en aquella abominación le hizo caer en cuenta que realmente no sabían nada de ellas ni de lo que eran realmente capaces.


Tan pronto como Celestia y sus acompañantes ingresaron en el Castillo, al Deidad del sol pudo sentir la presencia de una criatura oscura provenir del exterior. Por un momento la Monarca pensó en regresar para ayudar a los alquimistas, pero consideró que su prioridad debía ser encontrar a Luna en ese momento. Sin embargo, tan pronto como el grupo comenzó a avanzar por el pasillo principal, tres plumas de metal lanzadas desde las sombras se clavaron en la alfombra tomándolos por sorpresa y obligándolos a detenerse.

-Teniente… ¿Qué significa esto?- dijo la comandante con voz autoritaria.

Los tres ponis se manifestaron surgiendo de entre las sombras. Los tres guardias vestían sus elegantes armaduras negras con acabados en plata. Sus ojos ambarinos los miraban sin mostrar expresión alguna.

-Lo siento comandante, pero no pueden dar ni un paso más- dijo Siegfried con tono sereno.

-No permitiremos que nadie le haga daño a la princesa- añadió Merak.

-Creo que hay un mal entendido Merak.- dijo Celestia con tranquilidad.-Ninguno de nosotros vino a lastimar a mi hermana.-

-Entonces porque vienen al castillo armados y en un grupo tan numeroso.- comentó Alcor, descendiendo para colocarse a un lado de sus hermanos.

-Escuchen, solo quiero hablar con Luna. Les aseguro que no vine a hacerle daño, solo quiero ayudarla.- Siegfried miró a Celestia por un momento antes de asentir.

-De acuerdo princesa, pero únicamente le permitiremos el paso a usted- comentó Siegfried.

-Bien, esperen aquí, hablaré con mi hermana- dijo Celestia avanzando una vez más.

Ambos grupos permanecieron inmóviles mientras la Princesa del sol desaparecía detrás de las puertas situadas a espaldas de la guardia nocturna.

Celestia avanzó por el corredor con prontitud. El ambiente se sentía frio, el silencio que cubría la edificación comenzaba a ponerla nerviosa, podía sentir una presencia ajena rodeando el castillo, la misma presencia oscura que descendió sobre el reino a medida que la Luna se elevaba en el cielo. La misma presencia que sintió tras la desaparición del imperio de cristal. Se trataba de algo que parecía observarla oculta entre las sombras. Algo que causaba que sus instintos de supervivencia gritaran al unísono, pero que no mostraba señal alguna de querer lastimarla.

La gobernante finalmente se detuvo frente a la puerta del salón del trono. Celestia respiró profundamente un par de veces antes de energizar su cuerno para abrir las puertas. El salón del trono lucia tal y como lo recordaba.

Las antorchas de la habitación alumbraban el salón por completo, la empolvada alfombra aún tenia gravados los símbolos del Sol y la Luna en su superficie. Al fondo de la habitación se encontraba una escalinata con forma de luna creciente, la cual alcanzaba la base de los tronos que aún permanecían intactos y posicionados a cada lado de un podio que las princesas solían usar para hablar con sus súbditos. Colgados detrás de los tronos se encontraban los estandartes del Sol y la Luna, entre los cuales se encontraba situado un pequeño vitral con la imagen de un árbol.

Celestia decidió avanzar un poco más en el interior del salón del trono, el cual era cubierto en su totalidad por aquella presencia oscura.

-Ni un paso más- La voz de Luna resonó en el salón con un tono frio y que, sin embargo, entonaba precaución.

-¿Luna?- murmuró Celestia, observando la silueta de su hermana emerger detrás del trono de la Luna, antes de rodearlo por un costado mientras caminaba con gracia hasta posicionarse frente a la escalinata.

Ninguna de las dos tuvo que decir nada, en el momento en el que sus miradas se cruzaron, Celestia pudo notar aquella sombra reflejada en los ojos de su hermana menor. La mirada de Luna era idéntica a la que tenía la noche que discutieron en la entrada del hospital, poco después de que Épsilon saliera de Cirugía.

En la mirada de Luna no había remordimiento alguno por lo que había ocurrido la noche anterior, tampoco por lo que ocurría en ese momento, las armaduras de aquellos soldados, y la actitud de la guardia nocturna le indicaron que Luna se encontraba de tras de aquellas masacres. Al igual que había ocurrido meses atrás. Y sin embargo su hermana no parecía sentir empatía alguna por las vidas que había arrebatado.

-Luna- dijo nuevamente Celestia, su voz apenas un susurro y sin embargo el silencio en la habitación permitió que aquella palabra alcanzara los oídos de su hermana.

-¿De verdad esperabas que me quedara sentada a tu lado sin hacer nada, mientras todos ellos se divertían bajo la protección de tu preciada Luz? Engañándote, riéndose a tus espaldas mientras usaban la oscuridad de mis hermosas noches para destruir las vidas de otros.- recitó Luna frunciendo el ceño.

-Luna no lo entiendes- dijo Celestia aproximándose un par de pasos.

-No, tú eres quien no lo entiende…- comentó Luna aproximándose al podio con total tranquilidad. -Solo puede existir una princesa en Equestria…- dijo Luna mientras el tono de su voz lentamente se volvía más agresivo con cada palabra que escapaba de sus labios.

Celestia sintió de pronto aquella presencia cobrar vida, la oscuridad que cubría la habitación rápidamente comenzaba a abandonar aquel estado pasivo, tomando una postura agresiva a medida que la rabia de Luna crecía.

-Y esa princesa… Seré ¡YO!- anunció la deidad de la noche levantándose sobre su patas traseras antes de golpear con fuerza el podio haciéndolo pedazos al instante.

Los ojos de Luna brillaron por un instante emitiendo un brillo espectral y frio. Sin previo aviso, la oscuridad comenzó a cubrir el salón del trono, esparciéndose mientras el enorme poder que emanaba de la princesa de la noche comenzaba a agrietar las paredes, el suelo y las ventanas del salón del trono.

Celestia se vio obligada a dar un paso atrás mientras presenciaba el cuerpo de su amada hermana ser levantado por la energía de las sombras que la envolvían, mientras la pared situada a sus espaldas se destruía dejando a la vista el Eclipse que se alzaba en lo alto del cielo.

Las tinieblas rápidamente comenzaron a cubrir a la princesa de la noche, a los ojos de Celestia parecía como si algo en el interior de la mente de Luna de pronto hubiese tomado el control. Los ojos de la alicornio índigo se dilataron mientras su cuerpo era envuelto por la oscuridad. Una esfera brillante de Luz envolvió a su hermana antes de convertirse en una esfera oscura envuelta por un aro de fuego similar al Eclipse que se alzaba en el cielo.

De la oscuridad emergió una criatura alargada de color negro brillante, la criatura poseía un par de alas y un largo cuerno situado en su frente. La criatura llevaba puesta una armadura de color azul, su crin y cola simulaban a la perfección el manto estelar. La criatura abrió un par de ojos azules como el hielo los cuales poseían pupilas alargadas. Sus dientes rápidamente tomaron la forma de afilados colmillos.

Celestia miró boquiabierta a la criatura que comenzaba a reír maniáticamente, aquella criatura era idéntica a la criatura de la que Zephora le había advertido meses atrás. Lo peor de todo era que aquella criatura acababa de hacer realidad la pesadilla que el Rey Sombra le había mostrado durante su último enfrentamiento.


Sus ojos de color esmeralda se abrieron repentinamente sobresaltando a los pequeños soldados que se encontraban a su alrededor. Sus memorias eran difusas, su cabeza le dolía, apenas podía percibir su cuerpo, pero sobre todo sentía un hambre atroz consumiéndola por dentro.

-¿Majestad?- dijo uno de los pequeños changelings. Al igual que él, el resto de la colmena comenzó a dar varios pasos hacia atrás a medida que su nueva reina se erguía sobre sus cuatro patas.

-Majestad, creímos que estaba muerta- dijo otro de los pequeños soldados situados a su alrededor.

Parte de sus memorias comenzaron a regresar. Podía recordar a su madre Cocoon y lo mucho que la odiaba, Podía recordar a la Princesa Celestia y lo mucho que la aborrecía. Pero existía algo más en su interior. Chrysalis avanzó hasta el enorme boquete por el que su madre había escapado de la colmena. En el cielo se podía observar un aro de fuego el cual cubría el reino en una oscuridad eterna.

Un nombre intentaba formarse en lo profundo de su mente sin éxito, aquel nombre no tenía forma, ni rostro, era un simple nombre… pero junto con él la reina pudo sentir un dolor profundo en su ahora totalmente vacío pecho.

Había olvidado la criatura a la que le pertenecía ese nombre, incluso había olvidado casi por completo aquel nombre. Pero si había algo que podía recordar con claridad… Podía recordar lo mucho que odiaba a Celestia, y aún cuando no podía recordar la razón o el por qué… La reina sabía que aquel nombre que no podía recordar, se relacionaba con su rabia hacia la monarca de Equestria.

-Necesito alimento- gruñó la reina de los changelings, su voz había abandonado toda calidez. Todo lo que podía sentir era el odio que la consumía, el odio que la motivaba, el odio que la impulsaba.

-En seguida su majestad- respondieron los changelings acatando la orden de su reina.


Notas del Autor:

Muy bien, perdón por la larga espera, pero al fin entramos a los últimos combates de esta historia.

Cuando la noche se apoderó del reino: una reina perdió su corazón, un lord fue despojado de su poder, una princesa fue consumida por su propia oscuridad y una hermana se verá obligada a una decisión tomar.

Espero que este capítulo halla sido de su agrado.

Así que… hasta el próximo capítulo… ALLONS-Y.


En memoria de Victor Fidel Amado abuelo y mentor.

Marzo/1938 - Octubre/2018

En memoria de Carolina López Amada tía y ejemplo de vida

Mayo/1947 – Febrero/2020