Hola queridos lectores!

Estamos aquí … en el último capítulo oficial de esta larguísima historia, planeaba hacerla de sólo 30 caps, pero bueh, el desarrollo de la historia necesitaba más palabras.

Quiero agradecer inmensamente el apoyo de tanta tanta gente de diferentes partes del mundo, recibí muchos mensajes de cariño, muchos mensajes de admiración y la verdad, para ser mi primer fanfic estoy bastante conforme, obtuve mas visitas y reviews de lo que jamás pensé llegar a alcanzar, con un total de 7.440 vistas y mas de 200 comentarios llenos de amor uwu. Eso ha sido motivación suficiente para escribir otra historia luego de esta.

Subiré durante los próximos días un epílogo como cap adicional, intentaré que tenga una extensión lo suficientemente buena como para no dejarlos inquietos y puedan leer como les va en un tiempo más a nuestros protagonistas :3

Sin mas relleno los dejo con la actualización! Los quiero montones incluso sin conocerlos y ojalá les guste.


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Capítulo 49 .- Unido a ti

(Perspectiva de Inuyasha)

A mitad de madrugada y sin poder conciliar el sueño me levanté lo más sigiloso que pude y fui al cuarto de la bebé, en un intento de relajarme.

La miré ahí acurrucada contra su mantita favorita y un pequeño moñito en su cabello corto y azabache, poco a poco se iban formando las ondas características y heredadas de Kag.

Perdí la noción del tiempo contemplándola. Moroha era fruto de un accidente y sin embargo era el mejor de los aciertos en mi vida. De pronto se movió y entreabrió sus ojos, con los que me enfocó de inmediato, como si hubiera podido sentirme a su lado.

– Hola pequeña, he venido a molestarte, necesito de ti un momento. – Me sonrió y estiró sus brazos hacia mí, algo que había aprendido desde hace algunos meses.

La tomé en brazos y ella tomó de inmediato uno de mis mechones, jugando con él entre sus manos.

– El tiempo se me ha pasado volando, has crecido demasiado pronto. – musité y ella me miró intentando descifrar lo que decía. – Al menos soy un buen papá para ti ¿no?

Medité su futuro comparándolo con mi situación… ¿Cuándo fuera adulta me gustaría que Moroha encontrara a alguien como yo en su vida? Definitivamente no. No era la clase de hombre que un padre esperaría para su hija, de hecho, mataría al imbécil que se atreviera a dañarla.

– Tu tienes que prometerme que no te enamoraras de un idiota, ¿sí? – sólo me sonrió – Tu madre ha tenido mala suerte conmigo.

Me quedé ahí acunándola y ella apoyó su mejilla contra mi pecho, tomé una de sus manitos entre la mía y pronto se quedó dormida, en algún momento yo también lo hice.


Desperté a la mañana siguiente cuando el aroma de Kag inundó mis sentidos. Abrí mis ojos y la encontré mirándome de frente con una sonrisa.

– Buenos días Inu, ¿has decidido dormir con Moroha?

Sentí el bultito cálido en mis brazos, que aún no despertaba y comprendí a lo que se refería.

– Ah… si, despertó durante la noche. – mentí.

– ¿De verdad?

– Si, no quise avisarte, te veías muy relajada durmiendo. – se acercó para besarme y la culpa me carcomió por unos segundos.

– Muchas gracias. – acarició la cabecita de Moroha y siguió hablando. – Miroku llamó, dijo que pasará por ti en una hora, asi que mas vale que te prepares. – Se sentó a nuestro lado y recargó su cabeza en mi hombro. – ¿Pasa algo?, te ves afligido.

– Nada, sólo no dormí muy bien. – le sonreí. No me pareció buena idea decirle que estaba aterrado, que sentía que no merecía casarme con ella, no horas antes del evento. Me miró con los ojos entrecerrados intentando descifrar aquello que no le estaba diciendo, sin embargo, no dijo nada. Yo sabía que ella presentía que algo no estaba bien, era demasiado perceptiva.

Estiró sus brazos hacia mi para que le pasara a la bebé y yo se la entregué.

– Deberías ducharte… Tienes poco tiempo. – musitó. Se puso de pie con Moroha y caminó fuera de la habitación. – Estaré dando de comer a Aki y a ella.

Ugh… esa frialdad era un indicio claro de que lo sabía.

Me metí a la ducha con la ilusión de que me ayudara a despejarme, no funcionó.

Cuando bajé al primer piso ella estaba tomando desayuno y dándole de comer a Moroha, quien estaba sentada en su silla de bebé. No supe que decir, asi que sólo me serví un café y me senté junto a ellas.

Una hora después, tan puntual como siempre Miroku apareció en nuestro hogar.

– Bien bien, ¿Cómo estamos para hoy?

– Bien. – contesté.

– ¿y tu Kag?

Kag se levantó con una sonrisa y se excusó de que tenía que cambiar la ropa de Moroha; desapareció en pocos segundos por la escalera hacia el segundo piso. Mi mejor amigo me miró preocupado.

– ¿Qué mierda acaba de pasar?

– ¿Vamos? – supliqué con la mirada que no preguntara más, estaba seguro de que Kag podía oírnos. Él miró hacia arriba captando mi indirecta y asintió.

Subí al segundo piso y entré en la habitación justo cuando estaba vistiendo a la bebé.

– Me voy… – musité – Nos vemos en unas horas, estaré esperándote en la iglesia.

– ¿De verdad estarás? – preguntó sin mirarme.

– Por supuesto, espero puedas encontrarme. – me acerqué para abrazarla, intentando no asustarla más.

– Buscaré al chico de ojos dorados y pelo plateado, difícil de perder. – sonreí.

– Te amo Kag, mucho. – besé su frente y ella sujetó dos mechones de mi cabello para mantenerme cerca.

– ¿Me dirías si algo estuviera mal? – aguanté una mueca.

– Por supuesto que si gatita. – se estiró de puntillas para besarme y yo bajé un poco mi estatura. Subí una de mis manos a su cabello y la enredé en él para acercarla mas a mi y ahondar el beso. El roce de su lengua con la mía me hizo perder la cordura. Sentí sus manos aferrarse a mi camiseta y luego un carraspeo, con el que Kagome se separó de inmediato.

– Tendrán su noche de bodas hoy, contrólense por favor. – me reí y vi a Kag ponerse roja súbitamente. - ¿listo para irnos? – preguntó Miroku mirándonos desde la puerta de la habitación, tan oportuno como siempre.

– Listo.

Solté su cintura y le sonreí una ultima vez antes de salir por la puerta de la habitación, un reclamo por parte de la bebé no se hizo esperar. Me giré para mirarla.

– No te preocupes, nos veremos mas tarde, tienes que acompañar a mamá. – me miró sin comprender, pero me sonrió y apoyó su mejilla contra Kag.

Abrí la puerta de entrada en el momento justo en que Sango venía llegando.

– Fuera de aquí los dos, adiós adiós. – fue lo único que dijo antes de entrar en mi casa y cerrarme la puerta en la cara. Aki me siguió de cerca y se subió en el asiento trasero.

No llegues tarde. – la voz de Kag resonó en mi mente.

No lo haré.


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El camino en el auto fue un interrogatorio.

– ¿Discutiste con ella antes del matrimonio? ¿Enserio Inuyasha?

– No hemos discutido…

– ¿Entonces?

– Tuve una pesadilla que me hizo cuestionarme las cosas… - Miroku frenó de golpe y casi me estrellé contra el parabrisas. - ¡Hey! Se supone que sabes manejar.

– Dime que no estás siendo un idiota para no golpearte yo mismo. ¿Ya no quieres casarte?

– Por supuesto que sí, yo le he pedido matrimonio ¿recuerdas?... es sólo que no creo merecerlo. Y por una vez en la vida… pienso que quizás no debería ser egoísta. He sido un pésimo hombre, para Kikyo, para Mika, para Kag y para todas aquellas que pasaron por mi cama.

– No eres un santo, cometiste errores en el pasado, pero tienes una familia y estás a punto de casarte con LA CHICA, la que realmente vale la pena, no la cagues, no casarte es una pésima idea ¿Es que acaso quieres perderla otra vez? ¿En que universo ella sigue contigo si cancelas la boda?

Eso me dolió en el corazón, no… yo no quería perderla.

– Deja de ser mártir Inuyasha, aprende de tus errores y sigue adelante, no vayas a cometer un error aún más grande por pensamientos idiotas. Y por una vez en tu vida escúchame.

Suspiré y asentí. Ninguno de los dos habló el resto del camino.


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(Perspectiva de Kagome)

– Buenos dias amiga, ¿Lista para verte aun mas perfecta?

– Lista. – musité sin muchas ganas.

Unos minutos después mi casa estaba llena de gente, Sango se había encargado de contratar a una estilista, una maquilladora, ademas de ella y su madre, que no paraban de decirme lo bella y perfecta que era. De pronto tuve el sentimiento nostálgico de añorar que mi madre estuviera allí.

– Te ves triste pequeña ¿Pasa algo?

– Inuyasha estaba extraño, tengo un pésimo presentimiento al respecto.

– Es normal, son los nervios, Miroku me ignoró todo el día de nuestra boda hasta que lo ví en el altar. Son hombres, son idiotas.

Sentí a la estilista aplicar un montón de productos en mi pelo, mientras lo peinaba con dedicación durante al menos una hora.

– Bien Kagome, dime que piensas. – tomó un espejo gigante y lo puse frente a mi. Me alegré de amar el peinado en un primer intento.

Había pedido un peinado sencillo pero elegante, sin demasiado volumen y mas relajado que perfecto. Afortunadamente ella lo había logrado. Mi cabello iba recogido por detrás en un tomate bajo y las ondas de mi cabello le daban un aspecto natural y relajado. Pequeñas pinzas de flores con cristales estaban insertadas de forma aleatoria sobre mi cabeza y todas llegaban a un punto en común: una tiara que iba justo por sobre el tomate con pequeñas hojas y una flor en color gris plata más grande. El toque a mi rostro lo daban dos pequeños mechones ondulados que lo enmarcaban.

– Has captado toda mi idea, me encanta. – musité.

– Y se quedará asi por el resto del evento, te lo doy por sentado. Incluso quizás durante la noche de bodas si es que no son muy alocados… - me reí, probablemente esa tiara quedaría tirada en algun lugar de la habitación.

Sango sonrió a mi lado con Moroha en brazos.

– Mira lo preciosa que se ve mami. – musitó mi mejor amiga. Mi bebé me sonrió y estiró los brazos hacia mi, pidiéndome que la cargara.

La acuné contra mi pecho mientras la estilista hacia un peinado sencillo en su cabello corto con dos pequeños moñitos y una tiara muy similar a la mia, aunque mas delgada.

– ¿lista para el vestido?

Sentí a Moroha amasar mi pecho izquierdo y capté su indirecta: tenía hambre.

– ¿Puedo alimentar a Moroha primero?

– Por supuesto, ¿la dejarás conmigo o con su abuela esta noche?

– ¿Dejarla?

– Ajá, no creo que quieras llevarla a la suite de hotel con ustedes dos… - Ahora que lo pensaba, Sango tenía razón. – No me molestaría quedarme con ella… despues de todo soy su madrina, ¿no?

– Sería la primera noche que no la tendré cerca de mi…

– Y podrás llamarme si algo te preocupa, pero la cuidaremos bien, te lo prometo, sólo déjame muchas mamaderas con leche, pañales y algún peluche o mantita que le agrade. – sonreí y asentí. De todas las personas en el mundo, estaba segura de que Sango la cuidaría como si fuera su propia hija.

Cuando terminé de alimentarla y volvió a dormirse la dejé arropada en su coche a mi lado mientras Sango iba por el vestido.

– Entonces… todo tuyo, te esperamos aquí. – asentí y entré al baño para ponérmelo.

Me miré al espejo volví a enamorarme de él, Akiko había añadido con mi permiso un poco más de volumen en la parte de abajo, lo que le daba un aspecto aún más angelical. Era todo lo que había soñado de pequeña, cuando me imaginaba casándome con un príncipe azul y definitivamente Inuyasha llenaba bastante bien ese papel. Abrí la puerta y todas me miraron sonrientes.

– Te ves tan linda. – musitó la mamá de Sango.

– Kagome luciría hermosa incluso en un saco de papas. – Sango la apoyó y yo me reí con su frase. – Creo que estamos casi listas, solo falta un poco de maquillaje, aunque yo creo que no hace mucha falta.

En efecto, la maquilladora se demoró apenas 15 minutos, solo pedí mi delineado favorito de gato y un poco de labial en tono natural. Me puse mis zapatos de tacón alto en tono acorde al vestido y Sango se encargó de colocar el velo atado a la tiara de mi peinado.

– Listo… sólo un detalle más… - me entregó unos aros pequeños de lapislázuli en mis manos. – Algo regalado en tono azul, tu me has enseñado que da buena suerte. – sonreí y asentí. Los colocó en su lugar y me tomó por los hombros. – Ahora si, perfecta.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Me miré en el espejo viéndome otra vez vestido formal, esta vez para casarme. Mi madre apareció tras de mi.

– Me recuerdas mucho a tu padre cuando nos casamos. – se acercó sonriéndome para arreglar mi corbatón en gris plata y parte de las solapas de mi traje. - ¿Cómo te sientes?

– La verdad… un poco agobiado.

– ¿quieres hablar de ello conmigo un momento en el jardín?

– ¿Puedo evitarlo?

– No.

Suspiré y extendí mi brazo hacia ella para que lo tomara, juntos caminamos y nos sentamos en una de las bancas.

– ¿Qué es lo que te agobia? – preguntó sin rodeos.

– He tenido un mal sueño… básicamente un mar de recuerdos de como dejé de lado a Kikyo por mi trabajo, o como hice a un lado a Mika cuando Kag volvió a mi vida, o el como engañé a esta última con mi ex.

– Te sientes culpable por esas cosas…

– Supongo que eso es lo que mi mente intenta decirme, sólo que ha escogido un pésimo momento.

– Quiero que analices la situación cariño. En primer lugar, cuando tomaste el mando de la empresa de tu padre, significó algo similar a tirar a un niño que apenas ha aprendido a nadar al mar. Fue algo que hablé con tu padre en ese tiempo, que era demasiada carga para ti, que eso debía ser una responsabilidad compartida entre tu hermano y tú. Sesshomaru rechazó la oferta de tu padre y tuviste que cargar con todo tú solo. Sin embargo, ¿Has notado lo mucho que has hecho crecer la empresa? Asumiste que debías hacerlo y probablemente eso costó parte de tu bienestar mental y tu vida personal, pero aún asi lo hiciste.

– No entiendo a lo que vas.

– ¿Tenías discusiones con Kikyo por ello?

– Demasiadas, creo que fue la razón de que ella buscara cariño en alguien fuera de la relación.

– ¿Y crees que eres responsable de ello? Independiente de la situación, el amor se basa en la confianza y fidelidad, recuerdo que mencionaste incluso haberle ofrecido un puesto de trabajo en tu empresa, lo que habría solucionado el tema de pasar mas tiempo juntos.

Era verdad, yo había buscado soluciones… quizá no las adecuadas, pero lo había intentado.

– A Mika, la chica que conocí mientras Kag estaba lejos, la despaché como un trapo sucio.

– Si... probablemente cometiste un error en esa situación. ¿Has pensado en pedir disculpas? – había olvidado por completo que mi madre no sabía esa parte de la historia donde había tenido que borrar la memoria de la chica.

– Tuve que borrar su memoria, había sido dañada por Kikyo.

– Entonces probablemente ya no esté sufriendo por ti…

– Probablemente no.

– Y la traición a Kag… fuiste drogado por la persona en la que erróneamente decidiste confiar… Para mi no luces como un mal hombre.

– No conoces mi faceta de mujeriego. – ella se rio.

– No… tampoco me interesa conocerla, lo importante es que fuiste capaz de dejar esas malas costumbres apenas conociste a Kag, entonces mi pregunta es: ¿Qué es Kag para ti?

– Kagome es todo, sólo me ha entregado felicidad desde que la conocí. Con ella me siento tranquilo y me divierto.

– ¿te imaginas casado con ella?

– Por supuesto que sí, nuestra vida ya es de casados, y es una vida que me agrada, me llena… Es sólo que, siento que no la merezco.

– Ay pequeño mío. – me abrazó con cariño y me acunó como cuando era pequeño – Puedo dar fe de que en mas de 800 años de vida has cometido errores, como todos, es necesario cometer errores para aprender de ellos y no volver a repetirlos. Aprendiste que el trabajo no puede alejarte de tu familia, ¿y como lo manejaste?

– He bajado mis horas de trabajo al día y estoy trabajando más desde casa.

– La vida se encargó de poner a Kagome en tu vida para darte una lección, para enamorarte incluso en tu mala faceta, ¿acaso pudiste competir contra ello?

– No realmente…

– Entonces te pregunto… ¿te imaginas una vida sin ella?

No contesté, pero solo bastaron unos segundos imaginándome sin ella para que el corazón me doliera como si alguien lo apretara entre sus manos; porque la verdad es que sin Kag podía seguir viviendo, ya lo había logrado una vez… Pero no habia sido vida, me había mantenido en modo automático hasta que ella había regresado a mi. Asi que la respuesta era no… yo no podia vivir sin ella y si ahora incluía a Moroha en el pensamiento, me dolía incluso más.

Mi madre no dijo nada, pero me abrazó y acarició mi cabello, como tantas veces lo había hecho cuando yo era pequeño y tenía pesadillas durante la noche.

– Tienes una familia ahora, una prometida que espera por ti y una hija, fruto del amor entre los dos. Las cosas ya no son un juego, tu vida va enserio y las decisiones que tomes ya no sólo te afectan a ti, si no también a ellas. No arruines tu felicidad, mereces a Kag, mereces a Moroha, mereces la vida que tienes, porque tu mismo la has formado con cariño y esmero. – Suspiré… como siempre mi madre tenía razón. – Es un buen momento para que te aceptes como un ser viviente con falencias y virtudes. Nadie es perfecto, todos vinimos aquí a aprender mientras vamos recorriendo el camino. Si puedes aceptar eso y vivir con ello, has logrado bastante.

Asentí y le devolví el abrazo.

– Siempre es grato conversar contigo madre…

– ¿Vas a casarte entonces?

– Si… voy a casarme.


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(Perspectiva de Kagome)

El chofer de la limusina, que Inuyasha se había empeñado en contratar, apareció frente a la puerta con adornos y cintas blancas, todas me ayudaron con la inmensa cola del vestido mientras me subía en el auto. Sango se encargó de cargar a Moroha por mi, luego de convencerme de que sólo me preocupara de que el vestido se mantuviera perfecto. Aki se había ido con los chicos a la mansión Taisho, asi que no me preocupé, de seguro sería bastante mimado por los mayordomos.

El camino a la iglesia se me hizo eterno y mientras mas nos acercábamos mas fuerte era el hormigueo que comenzaba en mi estómago y terminaba en la punta de mis pies. No era momento de colapsar en nervios, pero no podía evitarlo.

– Hey, Kag… – la voz de Sango me sobresaltó – Entiendo tus nervios, he pasado por ello, sólo recuerda que tu e Inuyasha han estado juntos por años antes de este evento; despiertas con él cada mañana desde hace mas de un año… Esto es un paso formal, pero ustedes tienen una vida de casados desde hace tiempo, es decir, mira esta pequeña cosita – musitó indicando a Moroha en sus brazos. – Esta es la prueba máxima ¿no?

Pegó su mejilla a la de la bebé y ambas me sonrieron. Asentí y respiré profundo, tenía razón… Inuyasha me amaba tanto como yo lo amaba a él y habíamos pasado por un montón de obstáculos que no habían logrado separarnos. Nada podía salir mal a estas alturas.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Ansioso vi como la iglesia se llenaba cada vez más. De pronto el padre de Kagome apareció y me sonrió a lo lejos para luego acercarse.

– Inuyasha… ¿Cómo han estado las cosas?

– Perfectas.

– Me he enterado hace algunos meses de que tengo una nieta, aunque mis problemas de salud no me han permitido viajar para conocerla.

– Es preciosa, al igual que su hija, lo comprobará hoy.

– De algún modo cuando te vi aquella vez con Kag, supe que algún día en el futuro asistiría a su boda… la forma en que la mirabas y el como tus movimientos se sincronizaban con los de ella me recordaron a mi esposa y a mi. En ese instante comprendí que la amabas y que la protegerías para siempre. Me alegro de que haya encontrado a alguien como tu, uno como padre quiere lo mejor para su hija y estoy seguro de que tu eres lo mejor para ella… sólo hazla feliz por el resto de sus días.

– Esa es la misión que tengo desde el día en que la conocí. Su hija es todo para mi, no me imagino la vida sin ella, ha cambiado mi personalidad en un giro de 360 grados y soy feliz a su lado, asi que muchas gracias, por crear una persona tan perfecta, que por azares del destino llegó a mi lado.

Me abrazó con cariño y palmeó mi hombro.

– Suerte en todo.

Miroku se acercó a mi y habló a mi oído.

– Sango me ha llamado, dice que ya vienen en camino. – esa frase me congeló en mi lugar. – Avisaré a los invitados para que tomen sus lugares y tu mantente aquí en el altar sin desmayarte por favor.

Asentí, en otro momento su broma me habría hecho reír, ahora mismo estaba tan ansioso que los nervios me comían por dentro.

– ¿Mi traje esta bien?

– Perfecto.

Mi padre y mi madre me sonrieron desde la primera fila, los ojos vidriosos de mi madre me indicaban que estaba aguantando las lagrimas con todos sus esfuerzos.

Mi mejor amigo se acomodó a mi lado mientras Kouga estaba sentado en el lado de Kag.

– Bien.. Querido amigo, este momento atesóralo como uno de los mas lindos de tu vida, permanecerá en tu memoria para siempre. – esa fue la última frase que dijo a mi oído para luego tomar su posición. No entendí a que se refería hasta que lo viví.

La música nupcial interpretada por la orquesta comenzó y sentí mi corazón detenerse cuando las puertas se abrieron y Kag apareció caminando por ellas.

Siempre había visto su hermosura, incluso desde el primer momento, cuando cayó a proposito frente a nuestro grupo. Sin embargo hoy lucía simplemente irreal por su perfección. El vestido ceñido a su cuerpo hasta la cintura con el escote pronunciado me quitaron el aliento; sin mencionar que la parte inferior caía suelta, con uno de esos cortes en la tela que me permitía ver una de sus piernas hasta la mitad del muslo. Su cabello azabache tomado en un peinado relajado con aquellos mechones enmarcando su rostro la hacían lucir incluso angelical. Sus ojos chocolate se cruzaron con los míos por unos segundos y luego fijó su vista en el ramo, asumí que los nervios la comían por dentro.

Cuando llegó al altar en segundos que se me hicieron eternos extendí mi mano hacia ella para ayudarle a subir. Me sonrió y sentí mi corazón dar otro vuelco mientras me perdía en sus ojos. ¿Cómo había logrado esto? ¿Cómo podía ser tan afortunado de estar a punto de casarme con una chica asi de perfecta?

Mantuve sus manos entre las mías cuando el sacerdote comenzó a hablar.

– Estamos aquí reunidos para presenciar la unión eterna de Inuyasha Taisho y Kagome Higurashi. Todos aquí presentes somos testigos de su amor incondicional. Sin embargo y por simple tradición, debo mencionar que si hay alguien aquí que tenga alguna razón para oponerse, debe hablar ahora.

El silencio llenó el lugar y cuando me había relajado sentí unos pasos hacer eco en la entrada y un olor que odiaba llenó mis fosas nasales. Hojo apareció vestido de gala y me miró fijo, casi desafiante. A su lado y tomada de su brazo venía una chica que por un momento pensé era Mika, sin embargo esta tenia el pelo largo y su aroma era distinto.

Kagome sintió a Hojo segundos después, pude notar el olor a estrés que su cuerpo emanaba y el como apretaba sus manos entre las mías, sin embargo ni siquiera se giró a mirarlo.

Después de unos segundos que se me hicieron eternos, Hojo solo siguió caminando y él y su acompañante se sentaron en la ultima fila. No estaba en la lista de invitados, pero hacer un escándalo ahora era arruinarle el día a Kag, podía esperar un momento más oportuno.

– Si nadie se opone entonces continuamos. – yo le asentí y el sacerdote me sonrió. – pueden decir sus votos.

Me miró a mi y asentí. Con todo el estrés de pronto olvidé todo lo que había planeado decir, asi que decidí expresar lo que sentía en el momento.

– Kagome… mi amada Kagome. - Acaricié una de sus mejillas, la que tomó un tono aún mas rosado con mi toque. – Hoy es el día en el que me entrego por completo a ti de forma oficial, sin embargo, yo he sido tuyo desde el primer momento en el que te ví, cuando mis ojos se cruzaron con el chocolate de los tuyos. El amor que siento por ti es impulsivo, y trae consigo una necesidad simple: la de estar por siempre a tu lado y protegerte como el tesoro mas preciado, porque en toda mi vida nunca fui mas feliz de lo que soy contigo. Prometo caminar contigo bajo el sol o la lluvia, ante las sombras o la luz. No sé que cosas nos depare el destino, pero estoy seguro de que estaremos juntos ante ello. Juro amarte y respetarte por el resto de mis días, porque mis ojos ya no ven a nadie mas que no seas tú.

Kagome me sonrió con sus ojos vidriosos y suspiró antea de comenzar sus votos.

– Yo Kagome, estoy unida por el destino a ti, Inuyasha Taisho, y no hay fuerza en el mundo que pueda acabar con todo el amor que siento por ti. Prometo amarte y respetarte por el resto de nuestros días, prometo tomar tu mano y jamás soltarla, estaré junto a ti en las alegrías y en las tristezas, porque tu naciste para conocerme y yo… yo nací para estar a tu lado. Mi corazón te pertenece desde hace ya cuatro años, cuando me hundí en el dorado de tus ojos y ya no quise salir de allí… Te entrego mi vida y mi compañía sin condiciones ni límites de tiempo. Te entrego mi confianza a ojos cerrados, te ofrezco mi cariño, mi entrega y preocupación, porque lo eres todo para mi.

Sonreí como imbecil y asentí… que agradable era estar enamorado.

Tú también… eres todo para mi. – pensé, dejando que ese pensamiento fluyera hacia ella.

Miroku me acercó la argolla y besé la mano de Kag justo antes de deslizarla por su dedo anular, donde había estado el anillo de compromiso.

Kouga hizo lo mismo entregándole la joya a Kag, quien me sonrio mientras la deslizaba por mi dedo. Suena extraño para alguien que había aprovechado su soltería al máximo, viviendo del libertinaje, pero me sentía realmente orgulloso de llevar ese anillo, porque era la prueba de lo afortunado que era.

– Frente a todos nosotros como testigos… hoy unen definitivamente sus vidas. Los declaro marido y mujer.

Mi ahora esposa me sonrió y yo la tomé por la cintura mientras acercaba mis labios a los de ella, los que se sintieron suaves y cálidos contra los míos. La había besado muchas veces, pero esta se sentía diferente.

La abracé a mi cuerpo mientras la gente aplaudía con fervor y tomé su mano para guiarla por el largo pasillo.


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(Perspectiva de Kagome)

Después de todo el nervio antes de entrar, todos mis miedos se esfumaron cuando lo ví parado en el altar, esperando por mi. Sus ojos me miraron fijo y comprendí que realmente me amaba… luego de eso de pronto ya no pude ver a nadie más, nadie mas importaba ya.

El rostro de Inuyasha me recordó el instante en que había vuelto a verlo después de tres años separados. Era esa misma sorpresa, ese mismo amor, todo demostrado en una sola mirada

El pasillo se me hizo eterno para llegar a su lado y me esforcé en no tropezar. Cuando extendió su mano y sentí su calidez, me permití volver a respirar.

– Estamos aquí reunidos para presenciar la unión eterna de Inuyasha Taisho y Kagome Higurashi. Todos aquí presentes somos testigos de su amor incondicional. Sin embargo y por simple tradición, debo mencionar que si hay alguien aquí que tenga alguna razón para oponerse, debe hablar ahora.

El silencio llenó el lugar, sin embargo unos segundos después la esencia de Hojo llegó a mi olfato como una leve brisa. No quise girarme a verlo, no le daría esa importancia, sin embargo apreté mis manos entre las de Inu, quien despedía un aroma a rabia y lo miraba fijo, como si estuviera dispuesto a acallarlo antes de que se atreviera incluso a decir algo.

Unos gruñidos leves hicieron vibrar el pecho del chico frente a mi. Me relajé cuando los pasos de Hojo hicieron eco hasta que se sentó; la acústica de la iglesia lo habia hecho aun más dramático.

– Si nadie se opone entonces continuamos. – Inuyasha asintió y el sacerdote le sonrió. – pueden decir sus votos.

Su mirada cambió de hostil a dulce cuando la enfocó nuevamente en mi. Suspiró y comenzó a hablar..

– Kagome… mi amada Kagome. – Acarició una de mis mejillas, la que sentí arder y hormiguear en reacción. – Hoy es el día en el que me entrego por completo a ti de forma oficial, sin embargo, yo he sido tuyo desde el primer momento en el que te ví, cuando mis ojos se cruzaron con el chocolate de los tuyos. – Aun siendo el inicio de sus palabras sentí ganas de llorar, recordando aquel momento en que lo había visto por primera vez. – El amor que siento por ti es impulsivo, y trae consigo una necesidad simple: la de estar por siempre a tu lado y protegerte como el tesoro mas preciado, porque en toda mi vida nunca fui mas feliz de lo que soy contigo. Prometo caminar contigo bajo el sol o la lluvia, ante las sombras o la luz. No sé que cosas nos depare el destino, pero estoy seguro de que estaremos juntos ante ello. Juro amarte y respetarte por el resto de mis días, porque mis ojos ya no ven a nadie mas que no seas tú.

Tragué como pude el nudo en mi garganta y suspiré antes de hablar.

– Yo Kagome, estoy unida por el destino a ti, Inuyasha Taisho, y no hay fuerza en el mundo que pueda acabar con todo el amor que siento por ti. Prometo amarte y respetarte por el resto de nuestros días, prometo tomar tu mano y jamás soltarla, estaré junto a ti en las alegrías y en las tristezas, porque tu naciste para conocerme y yo… yo nací para estar a tu lado. Mi corazón te pertenece desde hace ya cuatro años, cuando me hundí en el dorado de tus ojos y ya no quise salir de allí… Te entrego mi vida y mi compañía sin condiciones ni límites de tiempo. Te entrego mi confianza a ojos cerrados, te ofrezco mi cariño, mi apoyo y preocupación, porque lo eres todo para mi.

Me sonrió y asintió.

Tú también… eres todo para mi. – su voz ronca resonó en mi cabeza.

Miroku le acercó la argolla y luego de recibirla Inuyasha besó mi mano, justo antes de deslizar la joya por mi dedo anular.

Kouga se acercó e hizo lo mismo entregándome el anillo de Inu. Tomé su mano entre las mías y sonreí como idiota mientras lo deslizaba por su dedo.

– Frente a todos nosotros como testigos… hoy unen definitivamente sus vidas. Los declaro marido y mujer.

Lo miré y sonreí con genuina felicidad. Inuyasha… el chico de cabellos plateados que me había encantado desde el primer momento, era realmente mi esposo ahora. Se acercó a mi mientras reforzaba su agarre en mi cintura y posó sus labios sobre los míos, en un beso cálido y lleno de ternura. Al separarse me abrazó contra su cuerpo y me sentí protegida y pequeña entre sus brazos.

La gente aplaudió con fervor y él tomó mi mano para guiarme por el largo pasillo.

La ceremonia habia sido casi perfecta, y digo "casi" sólo por el pequeñísimo detalle de Hojo en el momento menos oportuno. ¿cómo se había enterado del dia y lugar de la boda? Estaba segura de que Inuyasha no dejaria pasar el tema tan fácilmente.


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Al llegar al salón de eventos del hotel para la fiesta de celebración me mantuvo pegada a él en todo momento.

– Estás demasiado tenso sabes… puedo sentir el aroma de tu estrés. – musité.

– ¿Yo?

– Ajá.

– Si, necesito arreglar un asunto.

– Si por asunto te refieres a Hojo… – Su mano se tensó sobre la mía. – Dudo que sea tan estúpido como para también aparecerse aquí.

– Te sorprendería lo estúpida que puede llegar a ser la gente.

– No creo que… – el olor de mi ex fue suficientemente claro para callarme por completo. La mirada de Inuyasha sobre la mía fue un "te lo dije" y yo sólo decidí guardar silencio.

Hice el intento de correr en su dirección para decirle que se fuera, que no quería problemas. Obviamente Inuyasha fue más rápido.

– Hola, disculpa, pero… ¿Qué haces aquí? – Inu sonrió intentando ser educado, supongo que por la chica que acompañaba a Hojo.

– Celebrando una boda. Conozco a Kag desde hace años, creo que merezco estar aquí.

– No realmente. – exclamó seco.

– Inuyasha… - tomé su brazo para calmarlo, lo sentí relajarse un poco, pero no lo suficiente.

– ¿Cómo te enteraste del día? – me ignoró completamente.

– ¿bromeas no? Eres Inuyasha Taisho, lo suficientemente influyente como para que tu boda aparezca en mas de un periódico.

– ¿puedo hablar contigo a solas por un momento? – Ambos se miraron y pude ver chispas de odio entre ellos, yo intenté sonreírle a la chica, que nada tenía que ver.

– Por supuesto. Kim, te dejo con Kag un segundo. – Su novia le sonrió y asintió.

Los vi alejarse y tuve miedo de que todo se arruinara.

– Y… ¿Hace cuanto estas con Hojo? – miré a la chica con interés. Era bastante bonita, sin embargo bastante similar a Mika, lo que me tensó de inmediato.

– Desde hace algunos meses, lo conocí en el trabajo. ¿tu eres la veterinaria con la que hablé para que revisara a Max, no?

– Si – le sonreí. - ¿Cómo ha estado?

– Muy bien, sólo que crece cada día mas.

– Tipico de perros. – musité.


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(Perspectiva de Inuyasha)

– ¿Cuál es la idea de aparecer aquí? Tu y yo sabemos que tenías claro que sería incomodo para todos. – exclamé, aguantando las ganas de golpearlo.

Kagome… Mi kagome habia sufrido por este imbecil hace ya varios años. ¿Cuántos hacian falta para que él decidiera dejarla tranquila? Él mismo habia cagado todo…

Medité ese pensamiento… incluso yo, siendo el culpable de nuestra separación, también había insistido, incluso despues de tres años me había esmerado en recuperarla, puede que lo entendiera un poco, Kagome no era la clase de chica con la que te dabas por vencido.

– Sólo quería ver si era cierto que se casarían.

– ¿Por qué sería mentira?

– No lo sé… Taisho, de verdad despreocúpate, has ganado el corazón de Kag desde hace ya varios años.

– Sé que hace algunos meses le dijiste que era el amor de tu vida.

– Y así es… siempre será así. Pero yo me encargué de perderla y alejarla, ahora ambos tenemos a alguien más. Es tema del pasado.

– Quizás… de todas formas quiero que te vayas.

– No voy a irme si Kagome no me lo dice, estoy aquí por ella, no por ti.

– Ella no te quiere aquí.

– Veamos que dice. – suspiré. Conociendo a Kag sólo por cortesía le dejaría quedarse, y yo no quería tenerlo revoloteando por aquí, ¿por qué se hacía a si mismo este daño?

Te irás, ahora mismo. – mi mirada fija en la suya y el como sus pupilas parecieron aumentar y disminuir su tamaño fue prueba suficiente de que mi control había funcionado. – Vas a dejarnos tranquilos ahora y siempre, no quiero volver a escuchar de ti, tampoco le pedirás a Kag que revise a tu mascota, estoy seguro de que puedes encontrar a otro veterinario. Le dirás a tu chica que tienes algo urgente que hacer.

Hojo pestañeó por unos segundos y asintió. Nos acercamos caminando nuevamente a Kag y a la chica pelirroja.

– Cariño, me ha surgido algo urgente, tenemos que irnos. – La voz de Hojo sonaba casi pauteada, pero lo suficientemente creíble.

– ¿En el trabajo?

– Ajá…

– Ya veo… bueno, mis felicitaciones Kagome e Inuyasha. – me sonrió – Espero sean muy felices y tengamos la oportunidad de compartir en otra ocasión.

Por supuesto que no, pensé.

Ambos caminaron tomados de la mano y Kag me miró preocupada.

– ¿Estarás mas tranquilo ahora?

– Infinitamente.

– Yo igual… la chica se parecia a Mika, me trajo malos recuerdos. – me reí.

– ¿verdad que si? De lejos casi la he confundido. – agarré su cintura con uno de mis brazos y con el otro su mentón. La sentí darse el impulso para besarme, lo que se le hizo bastante mas sencillo con los tacones altísimos que llevaba.

– Te amo.

– Yo tambien a ti, Kagome Taisho. – me sonrió.

– Vaya… suena bastante bonito. – ella se agarró de mi cuello y me abrazo con ternura.

– ¿Vamos adentro?, quiero saber donde esta Sango con Moroha.

Ella me asintió y caminamos de la mano hacia la entrada del salón.


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(Perspectiva de Kagome)

Nos sentamos en la mesa designada para los novios, junto a Sango, Miroku, Kouga y Ayame. De algún modo la situación me trajo recuerdos del día en que todo volvio a comenzar, con la diferencia de que esta vez no había invitado a Naoki, habría sido incómodo.

Moroha fue alzada en brazos por Inu, quien arregló uno de sus moñitos que estaba un poco suelto. Izayoi apareció unos segundos después.

– Pero quien es esta pequeña tan bonita. – musitó y extendió los brazos para que Inuyasha se la pasara. – ¿No es la nieta mas linda del mundo?

Yo le sonreí.

– Te ves muy bella hoy Izayoi. – musité, su vestido formal era perfecto.

– Muchas gracias, tu estás simplemente despampanante querida. Amo el detalle de que tu tiara combine con el traje de Inu. Son tan lindos, me hace inmensamente feliz que seas oficialmente parte de los Taisho.

– Es un agrado para mi.

– Voy a llevarme a esta pequeña… Quiero ver su vals y luego iremos a la habitación de este hotel que hemos pagado con Inu no, no somos muy de fiestas… asi que podemos cuidar a la niña durante la celebración, luego se la lleva Sango ¿no?

– Si… Sango se hará cargo de ella luego, aunque te agradecería mucho si puedes cuidarla por ahora… dudo que pueda dormir con tanto ruido aquí.

– Por supuesto, Inuyasha ¿me avisas cuando todo termine?

– Por supuesto madre. Gracias.

Nos sonrió y se fue con su nieta en brazos, quien iba tan contenta que ni siquiera se dio vuelta a mirarnos.

Miroku se puso de pie en el escenario y comenzó a hablar, luego de que toda la gente había tomado sus posiciones.

– Muchas gracias a todos por asistir y acompañar a Inuyasha, mi mejor amigo, en un día tan importante como lo es el de su boda. Kagome e Inuyasha se conocieron por casualidades de la vida, misma vida que se esmeró en mantenerlos juntos. Hoy por fin puedo ver a este chico felizmente casado, con una mujer perfecta en todos los sentidos. Sin embargo como todos sabemos, una boda no es boda sin el vals de los novios… es por eso que les pido que se acerquen al centro del salón amigos míos.

Inuyasha se puso de pie antes que yo y me extendió su mano con una cálida sonrisa. El blanco de mi vestido reflejó las luces del lugar y ya en el centro Inuyasha me tomó de la cintura.

No me dejes caer. – musité en mis pensamientos mirándole fijo.

Nunca. – el vals comenzó y me dejé llevar por Inuyasha. Habíamos ensayado esto por meses y aun asi, luego de un rato simplemente nos dejamos llevar sin seguir la coreografía, nos complementábamos tanto en cada paso que todo fluyó sin problemas.

Casi al terminar me levantó en sus brazos para luego bajarme lentamente y besarme con delicadeza. Me sumergí en las sensaciones de su beso y olvidé al resto del mundo. El lugar se llenó de aplausos y me sentí realmente plena a su lado.

El resto de la velada pasó bastante rápida. Moroha permaneció cuidada por los padres de Inuyasha hasta el final.

En algún momento de la noche mi padre se acercó a hablarme y lo abracé con cariño, no lo veía hace tanto tiempo...

– Juraría que estas aun mas preciosa de lo que eras la última vez que te vi.

– Seguramente porque soy tu hija y me amas.

– O puede ser que simplemente seas hermosa. – apoyó Inuyasha y besó mi mejilla mientras me sujetaba por la cintura.

Mi padre nos sonrió a ambos y miró a su alrededor.

– ¿Dónde está mi nieta? – el brillo en sus ojos dejó en evidencia lo expectante que estaba por conocerla.

– Justo aquí – Sango apareció con Moroha en brazos, quien miró con curiosidad a su abuelo.

- Padre, ella es Moroha Taisho, tu nieta. – Mi padre no dijo nada, solo acarició los pequeños bucles azabache de la bebé y evitó el nudo en la garganta como pudo.

– Es idéntica a ti, aunque con ojos color oro. – la pequeña estiró los brazos hacia él.

– Creo que quiere que la cargue usted. – musitó Inuyasha.

Vi a mi padre asentir bastante nervioso y tomarla con extrema delicadeza, como si estuviera hecha de cristal. La abrazó y ya no pudo controlar un par de lágrimas rebeldes.

– Pero papá, no llores... no quiero llorar contigo.

– Es que es tan linda, estoy muy orgulloso de ustedes, han conformado una familia muy bonita. – me devolvió a la bebé y me abrazó con cariño, yo disfruté del gesto.

– ¿Cuándo podremos ir a verte? – pregunté.

– Cuando quieran, habilitaré una habitación para ustedes. – asentí. – Ahora me retiro, mi bus sale pronto, y ya he pedido el taxi.

– ¿Puedes avisarme apenas llegues?

– Por supuesto. Un placer verte de nuevo Inuyasha

– El placer ha sido todo mío señor Higurashi, que tenga un buen regreso a casa.

Luego de acompañarlo hasta el taxi, caminé a paso rápido de vuelta para darle indicaciones de todo tipo a Sango.

– Recuerda darle una mamadera al llegar y mañana temprano, y que duerma con su mantita, si no no dormirá tranquila.

– Sip. – estiró los brazos para que le pasara a Moroha.

– Y si algo pasa… cualquier cosa.

– Kag… relájate, la cuidaremos bien, te lo prometo.

– Le mostraremos películas animadas. ¿Cierto? – Miroku la movió jugando en sus brazos y Moroha rio.

– Te llamaré temprano. – exclamó Inuyasha – Mas te vale que contestes.

– Si si… dame el bolso. Despídete de tus padres pequeña, estoy seguro de que si te quedaras con ellos esta noche te traumarías con todos los sonidos.

Me concentré en mirar mi vestido intentando ignorar la frase insinuante y mi ahora esposo sólo se rio.

– Nos vemos mañana, pórtate bien, no hagas rabiar a tus tíos. – exclamó a nuestra hija antes de depositar un beso en su frente.

– Te amamos mucho. – acaricié su rostro y ella se recargó en mi mano… ese gesto quitó todas mis ganas de separarme de ella.

– Kag… ella estará bien, puedes ir tranquila.

Suspiré y asentí..

– Estaremos a un llamado de distancia. – exclamó Inuyasha, quien lucía menos tenso que yo, pero su comentario me confirmó que estaba igual de preocupado, después de todo, era nuestra primera noche lejos de nuestra bebé.

– Por supuesto amigo, lo sabemos. – Miroku palmeó su hombro. – Ahora ve y disfruta esta noche con tu esposa, nosotros cuidaremos de Moroha.

Inuyasha sonrió y asintió. Nos despedimos moviendo nuestras manos hasta que desaparecieron por la puerta, luego nos quedamos despachando a los últimos invitados.


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Inuyasha había reservado el salón de eventos en uno de los hoteles mas costosos de Japón, la ventaja de ello era que nuestra noche de bodas sería en la suite del mismo hotel, por lo que sólo teníamos que subir el ascensor. El camino a ésta, que estaba en el último piso, se me hizo increíblemente eterno mientras era comida por mis nervios. Al bajarnos de ascensor e intentar dar el primer paso fuera, Inuyasha me tomó en sus brazos al estilo nupcial en un movimiento rápido.

– Hay que cumplir con las tradiciones ¿no? - musitó con una sonrisa torcida, de aquellas que me derretían. Yo sólo asentí y me aferré a su cuello con mis brazos.

Abrió la puerta con una de sus manos mientras me sostenía con la otra y me sorprendí al ver la habitación. La cama tenía un dosel de una tela semitransparente y estaba llena de pétalos de rosas, los cuales seguían por el piso y nos guiaban hasta el jacuzzi del baño; Incluso el agua tenía pétalos y estaba cubierta por espuma. El aroma característico a flores me hizo suspirar.

– Entonces… ¿Puedo darme un baño de espuma con mi mujer?

– ¿Cuándo has pedido permiso? – su risa ronca me llenó el corazón.

Lo vi caminar hacia una de las mesas y levantar unas tapas metálicas. Bajo ellas un plato lleno de fresas y espumante aparecieron. Ambos entramos en el baño, él se encargó de llenar las copas y luego me entregó una.

– Hemos hecho demasiados brindis el día de hoy… – musitó acercándose cada vez mas a mi. – Pero no me canso de celebrar el estar unido a ti. Asi que vuelvo a brindar por nosotros… por la eternidad que nos queda por delante…

– Por las infinitas historias que viviremos, por los infinitos besos que te daré. – exclamé acercándome aún mas e intentando ponerme de puntillas para besarle.

– Y por lo feliz que soy a tu lado. Mas de 800 años tuve que esperar para encontrarte, pero volvería a esperarlos todas las veces que fuera necesario. Eres lo que mas amo en este mundo Kag, eres mi compañera de aventuras, me has dado una hija, me has amado sin condiciones.

– Y seré tuya para siempre.

– Y yo tuyo.

Rompió la ultima distancia entre los dos y me besó lento para luego separarse, sonreírme y chocar su copa con la mía. Bebí un sorbo y el sabor amargo y burbujeante del espumante me hizo arrugar la nariz, había estado tantos meses sin beber alcohol que ahora se me hacía extraño.

Tomó mi copa y la dejó a un lado con la suya. Volvió a tomarme por la cintura y llevó sus labios a mi cuello, depositando pequeños besos ahí y luego en mi clavícula. Cerré los ojos y me permití disfrutar de cada sensación mientras sus manos recorrían mi espalda buscando el cierre de mi vestido. Cuando estuvo abierto, deslizó la tela con delicadeza sin dejar de besar mi piel y quedé sólo con mi conjunto de lencería. Me había encargado de escogerla en tono blanco y agradecí cuando él se dio el tiempo de admirarla. El sujetador sin tirantes tenia flores bordadas sobre la tela semi transparente que dejaba ver sutilmente la piel bajo ella. Un portaligas a juego adosado a mi cintura sujetando mis medias le daba todo el aspecto lujurioso y coqueto, pero delicado al mismo tiempo.

– Hmm... – exclamó mientras se acercaba a tocar la escasa tela con delicadeza. – Si hubiera sabido que estaba esto bajo el vestido, probablemente te lo habría arrancado antes. – musitó mirando mi cuerpo fijamente. Me reí.

– ¿te gusta? Lo he escogido pensando en ti… de hecho… – Llevé mis manos lentamente al broche frontal. – Tiene un broche justo en el frente, ya sabes para facilitarte las cosas… – lo desabroché y la tela se deslizó hasta el suelo.

La sonrisa torcida en su rostro me volvió loca en segundos.

– Me encanta a decir verdad. – Acercó sus manos a mi abdomen y trazó un camino con sus garras. Luego subió lentamente al espacio entre mis pechos y acarició aquella cicatriz que había dejado la herida punzante que hace ya varios meses había estado a punto de matarme. Me miró con dolor y yo sólo le sonreí y me acerqué para besarlo, no dejaría que se torturara con sus pensamientos de culpa. Mientras estaba en eso me dediqué a quitar su chaqueta formal, su camisa y su corbatón. Cuando tuve su torso desnudo bajo mis manos su piel pareció quemar levemente mis palmas.

Lo empujé con mi fuerza demoniaca hacia el mueble mas cercano y él me tomó por la cintura con fuerza mientras yo desabrochaba el botón de su pantalón. Jaló de mi cabello y lamió el trayecto de mi yugular, lo que arrancó un gemido suave de mis labios.

Rocé su entrepierna levantando levemente una de mis piernas y el agarre en mi cabello se hizo mas fuerte a la vez que me enfocaba con sus ojos, que poco a poco se inundaban en rojo.

Me vuelves loco. – Deslicé mis garras rasgando levemente la piel de su pecho y sonreí ante su pensamiento.

Bajé dando besos cortos por su abdomen hasta llegar al borde de su pantalón, el que bajé para darme mas espacio de continuar mi tarea. Tomé su miembro con el bóxer cubriéndolo aún y lo masajeé sin dejar de mirar su rostro hacia arriba. Cuando lo liberé y acerqué mi boca a la punta pude ver como aguantaba la respiración. Di una pequeña lamida e Inuyasha jadeó.

Siempre haces esto por mi… quiero hacerlo por ti. – pensé.

Ese fue mi último pensamiento justo antes de envolver su miembro con mi boca y en el mismo instante sentí sus manos enredarse en mi cabello, intentando aferrarse a algo. Me mantuve en ello sin saber realmente muy bien lo que estaba haciendo, pero sus jadeos y gemidos roncos al menos me indicaban que le agradaba.

Gatita… basta.

¿por qué?

Porque estoy a punto de correrme en tu boca y eso frenará toda la diversión para los dos.

Eso y la curiosidad me incentivaron aun más a seguir. Sin embargo cuando no le hice caso, me tomó por los hombros y me alejó, para luego subirme a su altura.

– Puedes correrte en mi boca, así como yo lo he hecho en la tuya antes. – musité.

– Y me hace extremadamente feliz obtener ese permiso en particular… – musitó y yo sonreí. – …Pero no ahora, quizás en algún momento de la noche, cuando hayas llegado al clímax tantas veces como tu organismo te lo permita. No antes de ello.

Fruncí el ceño y él tomó mi mano para guiarme mas cerca del jacuzzi. Se deshizo de su pantalón con rapidez mientras yo me deshacía del resto de mi ropa interior.

Ambos entramos y nos mantuvimos de pie mientras nos besábamos con hambre y la espuma nos cubría hasta un poco mas arriba de las rodillas. Nos separamos para sumergirnos y me acomodé a horcajadas sobre él cuando se sentó y el agua lo cubrió hasta la cintura

Tomó una de las fresas y la acercó a mi boca. La mordí un poco y él se comió el resto. El sabor ácido mezclado con el dulce era un afrodisíaco perfecto para el momento. Tomé otra y la acerqué para que él mordiera, luego de ello dejé escurrir el jugo por su cuello y lamí con lentitud, obteniendo un gemido ronco como recompensa. Cuando subí mi rostro volvió a besarme demandando una entrada con su lengua y luego rozándola con la mía mientras masajeaba uno de mis pechos con su mano derecha y la otra me mantenía sujeta por la espalda.

Me levanté un poco para acomodar su miembro en mi entrada, el que se deslizó sin problemas dentro de mi, gracias a mi humedad y el agua en el que estábamos sumergidos. Sentí mis paredes acomodarse a su tamaño y jadee cuando lo sentí completamente dentro de mi.

Me moví lentamente sobre él mientras me sujetaba por las caderas y lamía con dedicación uno de mis pezones, que pronto se endureció con su atención. Pequeñas olas se formaron en el agua con nuestro movimiento y en todo el placer me permití admirarlo por unos segundos. Inuyasha era el hombre mas perfecto que había conocido en mi vida; su cabello plateado humedecido, sus ojos dorados mirándome fijo y sus facciones reflejando el placer que sentía conmigo me hicieron perder la cordura.

– Entonces… – musité entre jadeos sin dejar de moverme mientras apoyaba mis manos en su pecho. – … Eres mío.

– Sólo tuyo..

– Demuéstramelo entonces. – me sonrió coqueto y me besó con hambre. Jaló de mi cabello y aumentó la velocidad de sus embestidas todo lo que pudo bajo el agua, lo que de algún modo nos obligaba a llevar un ritmo mas lento.

Sentí aquel cosquilleo que amaba acumularse en mi abdomen bajo y gemí sin restringirme mientras me acercaba cada vez mas al orgasmo, casi pude sentirlo con mis dedos. Mi rostro debió darle las señales suficientes, porque apenas mis ojos ardieron pude ver los suyos volver al rojo.

– Dime que eres mía. – demandó entre gruñidos.

– Soy tuya… Inu… yasha. – El clímax me chocó de golpe y estremeció mi cuerpo por completo. Enterré mis garras en su pecho, mientras sentía las de él atravesar la piel de mis caderas y el instinto nos llevó a morder nuestras marcas al mismo tiempo que ambos alcanzábamos el punto máximo de placer. Su sangre me pareció deliciosa mientras las endorfinas recorrían mi cuerpo por efecto de su mordida. Los gruñidos y gemidos se me hicieron cada vez mas lejanos mientras intentaba acompasar mi respiración, con mi boca aun pegada a su cuello. Lamí con pereza para cerrar los cortes y unos segundos después él hizo lo mismo. Me abrazó a su cuerpo y disfruté de la tibieza de su piel y del agua.

Te amo.

Te amo más.

Luego de unos minutos de relajo, salimos y nos pusimos las batas del hotel. Ambos nos recostamos en la cama, mirando hacia el techo.

– ¿Cómo crees que sea el mundo en unos 100 años mas?

– Extremadamente distinto a lo que es ahora, sorprendentemente los humanos avanzan a pasos gigantescos, cada siglo es completamente distinto al anterior.

– ¿Cómo crees que sea Moroha en cien años mas?

– Aún mas perfecta de lo que es ahora. Solo espero que tenga la fortuna de conocer al amor de su vida en menos tiempo que yo. – me reí.

– Dudo que como papá aprensivo la dejes conocer chicos.

– Toda la razón.

– Me pregunto como estará ahora…

– Bien, Sango y Miroku deben estar vigilándola de cerca, saben que los mataríamos si algo llegara a pasarle.

– Espero que puedan tener su propio bebé pronto.

– Yo también, Miroku esta realmente ansioso por formar una familia, no puedo creer que la vida haya sido tan injusta como para darme uno a mi antes que a él.

– Quizás aun no es el momento, ya llegará para ellos.

– Ajá… – se acercó a mi y yo me acurruqué a su lado.

– ¿Qué te afligía hoy en la mañana? – Fue un cambio de tema radical, pero no me quedaría con las dudas. Él no me contestó por unos segundos, asumí que no esperaba esa pregunta.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Aguanté la respiración… no sabía si era el mejor momento para hablarlo, de todas formas ella ya lo sabía.

– Tuve un mal sueño anoche, me hizo sentir culpable y afligido.

– ¿De qué iba tu sueño?

– Básicamente eran recuerdos de lo mal que me porté contigo… y otras tantas cosas… me hizo pensar que no te merecía. Por un momento quise cancelar la boda.

La sentí tensarse a mi lado, pero al menos se mantuvo cerca.

– ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

– Mi madre y Miroku… mas mi madre. En torno a su conversación confirmé que si bien no he actuado muy bien ni contigo ni con otras mujeres, mi amor por ti es real, me siento feliz a tu lado y mi vida no tendría sentido sin ti.

– Todos actuamos mal alguna vez. Lo importante es aprender del pasado, vivir con él y seguir adelante. El presente y futuro son nuestros, sé que nunca quisiste herirme, las cosas estaban destinadas a ser así y luego como son ahora. – me sonrió y me relajé. – Nunca mas pienses que no me mereces, porque si estoy aquí contigo, en nuestra noche de bodas es porque quiero estar a tu lado y confío en ti.

Asentí y tomé su mentón para besarle con cariño. Cuando su lengua rozó la mía un suspiro murió en sus labios. Agarró unos mechones de mi cabello y se mantuvo pegada a mi. Para cuando se separó con su respiración entrecortada y se acurrucó contra mi, pareció ronronear entre mis brazos.

– Gatita…

– ¿Hmm?

– supongo que comprendes el hecho de que necesito mas de ti ahora mismo.

Me sonrió y recorrió mi pecho con sus garras.

– Solo hemos estrenado el jacuzzi despues de todo… y esta cama es tan linda… – Bien… esa insinuación era todo lo que necesitaba. Me separé un poco y en un movimiento rápido me coloqué sobre ella.

– Tenemos toda la noche para ello… y quiero encargarme de no dejar ningún centímetro de tu cuerpo sin ser tocado.

– Es lo mínimo que tienes que hacer siendo mi esposo. – Le sonreí coqueto y di un beso corto en sus labios.

– Agradezco tanto que tengas un apetito sexual tan voraz como el mío, nos complementamos tan bien en ello.

– Yo no era asi antes de conocerte, supongo que es contagioso, no me quejo de todos modos. – exclamó.

Me agarró por el cuello para atraerme a ella y me besó con pasión desbordada mientras yo rozaba mi entrepierna con la suya y tomaba sus brazos para dejarlos por encima de su cabeza.

– Mi turno de llevar la situación. – musité y bajé a sus pechos dando pequeñas lamidas. La vi cerrar sus ojos mientras jadeaba bajito y me preparé para disfrutar de todo lo que ella me entregaba una vez mas, esta vez completamente sometida bajo mi cuerpo.


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Desperté abrazando a Kag por la espalda y apoyando mis manos sobre su plano y cálido abdomen. Hace bastante tiempo no dormíamos así de plenos, con Moroha era dificil levantarse tarde. Miré el resto de la habitación y el como nuestra ropa formal había quedado repartida por todos lados, además de los pétalos de rosa adornando parte de la escena e incluso en el pelo de Kag. Aguanté una risa, en definitiva nuestra noche de bodas pasaba a ser uno de los mejores recuerdos eróticos que tendría junto a ella, después de todo... escuchar sus gemidos y jadeos tantas veces de algún modo me había hecho aun mas adicto. Enterré mi rostro en su cuello y disfrute de la calidez y su aroma a vainilla y fresas que tanto amaba.

La luz del sol entro por los ventanales y restregué mis ojos contra la almohada, negándome a dejar de abrazarla. Me acerqué a su cuello y di pequeños mordiscos suaves sin llegar a herir su piel. una risa bajita me dio indicios de que la había despertado.

– Hmm… que agradable despertar así. – exclamó y estiró una de sus manos para acariciar mi rostro sin girarse completamente.

– Buenos días gatita.

– Buenos días. – Se giró para quedar de frente a mi y unos pétalos se deslizaron por su rostro. Su expresión de confusión me hizo reír.

– Quizás se nos fue un poco de las manos esta noche de bodas. – ella acompañó mi risa.

Ambos miramos la cama y sólo en ese instante noté las sábanas rasgadas en varias partes, entre mis garras y las de ella aferrándonos a la tela en algún momento de la noche habíamos dejado estragos.

– Ups, supongo que tendremos que pagar esto.

Miré hacia atrás y noté las marcas de mas garras en el respaldo.

– Y por esto también. Pero bueno... lo comido y disfrutado no nos lo quita nadie. – la abracé y ella se movió para ponerse sobre mi.

– Ajá.. – se acercó para besarme y me permití disfrutar de la sensación. – Hola. – me sonrió dulcemente – Soy Kagome, un gusto… tu debes ser…

– Inuyasha Taisho, un placer – le sonreí siguiéndole el juego con aquella frase del momento en que nos habíamos conocido.

La abracé contra mi y sentí sus pechos aplastarse contra mi torso. Aún no me creía lo afortunado que era de tenerla a mi lado. Después de todos los obstáculos, después de tantos años, la tenía justo ahí, sobre mi, besándome con cariño y riendo bajito cuando bajé a su cuello para depositar besos cortos. Yo Inuyasha Taisho, había ido a esa fiesta universitaria sin ganas, sin siquiera imaginar que encontraría al amor de mi vida y no sólo eso, si no también estabilidad emocional y una familia en el pack. Había valido la pena perderse en la vida para luego encontrarme de lleno con ella.

– Disculpe señorita Taisho… – musité entre besos – Deberíamos llamar a Sango y a Miroku para saber como ha despertado Moroha.

– Sip… estaba pensando lo mismo.

Se estiró para alcanzar el celular de la mesita de noche, sin separarse de mi y marcó el número mientras yo seguía dando pequeños mordiscos en su cuello y clavícula, era adicto a ella, y al parecer cada vez necesitaba dosis mas grandes de su compañía.

Lo bueno de todo ello es que este era el comienzo de nuestra historia... La felicidad y la expectación me llenaban el corazón. ¿Cómo serían nuestros próximos años juntos? ¿Tendríamos mas hijos? ¿Seguiríamos igual de hambrientos el uno por el otro?

Ahora mismo, viéndola sonreír sobre mi no podía esperar a saber que aventuras nos traería la vida, caminando juntos hacia el mañana.