Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 41
Rukia
Me llaman a declarar en a la comisaría y no dudo en ir pues ahora más que nunca
necesito despejarme, y no sólo porque Ichigo lleva todo la noche de ayer tras el que
cree que es el jefe. Y que aunque me ha llamado para decirme que está bien, no estaré
tranquila hasta que lo vea, pero hay algo más. Esta mañana me di cuenta de que las
pastillas de la píldora que me estaba tomando eran las que corresponde a los días que
tengo la regla... y no me ha venido. Puede ser un retraso, algo que nunca me pasa y lo
peor es que he recordado algo que me tiene más inquieta. El día que Ichigo regresó,
estuve tomando aspirinas para el dolor de cabeza... estaba tan emocionada por la
vuelta de Ichigo, que ni me acordé que eso alteraba el efecto de la píldora. Ni he
reparado en ello hasta ahora. ¿Y si estoy embarazada? No tengo dudas de que tal vez
un día Ichigo quiera ser padre, pero no ahora. Ahora no es buen momento, necesita
más tiempo. No sé qué haré. Pero si estoy en estado pienso luchar por este pequeño.
Entro en la comisaría.
—Hola Rukia —me dice Aizen, amable como siempre—. Encantado de saludarte.
Quiero hacerte unas preguntas y necesito que seas sincera.
—Claro —entramos en un despacho y me pide que me siente. Lo hago y espero.
Dejo mi bolso en la silla que hay a lado.
Saca unos informes y fotos, agrando los ojos cuando me veo en las fotos.
—Hemos encontrado esto en un piso franco de Byakuya Kuchiki —miro impactada lo
que tengo ante mí, sin dar crédito que el hombre que ha estado estos meses viniendo a
mi librería pueda ser capaz de hacer algo así. Aunque siempre noté en él una aptitud
rara, como si me ocultara algo o me quisiera decir algo. Tensa, paso las páginas sin
dar creído a lo que tengo ante mí—. ¿Te suena de algo ese nombre? —me pregunta,
tras encender una grabadora. Yo sigo contemplando atónita las imagines.
—Es el compañero de Ichigo... bueno, son amigos... no entiendo nada ¿Por qué
tiene estas fotos mías?
—Al pareces es algo más que el compañero de Ichigo. Rukia, todo apunta a que es tu
padre.
—¿Qué? No, mis...
—Tus padres fueron encontrados muertos, lo sabemos todo. Ichigo andaba tras la
pista de ''Arrancar'' y todo apunta que es Byakuya.
—¿Byakuya?
Niego con la cabeza, sin dar crédito a todo esto, si ha estado tanto tiempo oculto
que ni Ichigo se ha percatado es capaz de cualquier cosa por salvarse.
—Sí.
—¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?
Saca más papeles entre los que leo el acta de boda de Byakuya con una tal Sakuta.
No me dice nada ese segundo nombre hasta que saca una foto y me quedo petrificada al
ver que soy idéntica a ella. Esto cada vez me gusta menos.
—Esta noche hemos registrado la casa de Byakuya y hemos encontrado todo esto
en un cuarto que tenía oculto en el sótano. Al parecer, hace unos treinta años, él y su
mujer, es decir su primera mujer, ambos policías, no contentos con el sueldo que
tenían, empezaron a vender droga tras comprar la fórmula de una droga muy poderosa.
Al estar dentro del cuerpo de policía podían tener acceso a todo y saber cómo
esconderse. Todo les iba muy bien hasta que, al parecer, entraron en casa de tus
padres y dispararon a tu madre robándote de sus brazos. Por las notas que hemos
encontrado, esas personas son los que tú creías que eran tus padres. Quienes
decidieron disparar a tu madre para robarte y huir contigo pues le debían mucho
dinero y tú eras su moneda de cambio. Si Byakuya te encontraba, te usarían para
cambiarte por su libertad.
Respiro agitada, sabiendo que no era más que una moneda de cambio para los que
yo creía mis padres y que mis verdaderos padres puedan ser unos peligrosos
traficantes de drogas.
—Por tu cara se nota que no sabías nada de esto. Que no eres cómplice.
—¿Yo, cómplice? ¡Yo no sé nada! ¡Yo no sé nada! —repito, con miedo porque
todo esto me salpique.
—Lo sé, jovencita, se te nota y yo apoyaré tu versión.
—Gracias. ¿Puedo irme? Necesito estar sola...
Asiente y en ese momento le suena el teléfono. Lo coge mientras me levanto.
—¿Está herido?... ¿Ichigo? —me altero—. ¿Que le han disparo? Voy para allí
ahora mismo... sí, traed a Byakuya a comisaría inmediatamente —cuelga y lo miro
tenso y temblando.
—Está bien —me dice—. Pero han encontrado el lugar donde escondía la droga.
Tengo que ir...
—¿Ichigo está allí?
—Sí, no piensa curarse la herida hasta que todo acabe. Es muy cabezón, cosa que
seguro que ya sabes. Tú podrías convencerle para que se cure.
—Sí. ¿Puedo ir contigo? O seguirte con mi coche.
—Puedes venir conmigo sin problemas, Rukia, te dejaré en una zona segura hasta
que puedas ir con Ichigo. Todo ha acabado, así harás que ese novio tuyo se vaya a que
le curen. Su cuerpo parece un maldito colador —sonrío porque sé que tiene razón.
Lo sigo a su coche, no es un coche de patrulla, es un coche negro, me es indiferente.
Me dice que entre en el sito del copiloto tras abrir la puerta. Me pongo el cinturón y
espero que lleguemos pronto donde está Ichigo. Hemos salido del pueblo cuando me
doy cuenta de que me he delatado ante Aizen al preocuparme tanto por Ichigo.
Supuestamente hemos roto, pero no puedo ser racional cuando sé que corre peligro y
más tras lo que pasó ayer. Verle correr tras un hombre armado me pudo. No he
dormido nada desde entonces y dudo que lo haga hasta que esto acabe, y lo peor es
que el frío que siento en el pecho sigue extendiéndose hasta casi congelarme del todo.
No creo que pueda soportar mucho este trabajo de Ichigo, esta angustia diaria de no
saber qué le sucederá cuando salga por la puerta de casa. Tal vez si no hubiera
pasado lo que he pasado podría llevarlo mejor, pero no puedo. Y para complicarlo
todo más, lo de Armando. No dejo de recordarlo y tratar de verme algún parecido con
él. Me parece increíble saber que me seguía y que la sangre de alguien como él como
corre por mis venas. Estoy tan distraída y agobiada que no me percato que nos hemos
metido en un frondoso bosque hasta pasado un largo rato.
—¿Dónde estamos?
—La verdad es que ha sido todo muy fácil —se ríe de manera siniestra, me giro y
veo que mientras lo dice, un arma plateada me apunta—. Hola, Rukia. ¿No
saludas a tu tío? Soy el hermano de tu madre.
Mi tío. Ahora sí que no entiendo nada.
