Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD) LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA
ALGUNOS CAPÍTULOS CONTIENEN LEMON, LEER A CONCIENCIA
- blablabla -= diálogo en voz alta
"blabla" = pensamiento del personaje
-x-x-x-x = cambio de escena
-o- -o- = separación entre lo que pasa en un lugar con respecto a otro en el mismo momento
AVISO: penúltimo capítulo
Capítulo 41
En cuanto terminó de sanar lo suficiente su tobillo, inspiró profundo, y tratando de ser lo más rápida posible, desenterró su espada para luego guiarla contra el cuerpo del chico que se encontraba cerca de ella. Con una sonrisa en su cara, su enemigo la esquivó sin mayor dificultad para posteriormente, mover su alabarda de tal manera que rasgó la polera de la chica por la mitad, dejando a la vista su torso desnudo cubierto solo por el sostén.
- Exquisita – dijo mientras se la devoraba con sus ojos
Ukyo no se dejó intimidar, separó las hojas de su espada, por lo que ahora tenía una en cada mano. Así comenzó un duelo de esgrima, donde los movimientos eran casi imperceptibles, solo el ruido de las espadas chocando contra la alabarda demostraba que aquel duelo estaba inmerso en un constante ataque de ir y venir de los implicados. Ambos eran bastante ágiles en esta "danza", pero él le ganaba en fuerza y eso se notaba en que cada vez que chocaban armas, ella era siempre la que terminaba retrocediendo. Esto no pasó desapercibido por su contrincante, por lo que aumentó la fuerza y velocidad de sus ataques, lo que empezó a pasarle la cuenta a la agente que respiraba cada vez más agitada. La batalla era intensa, hasta que un mal movimiento por parte de la castaña hizo que sus espadas salieran volando por sobre sus cuerpos cayendo unos metros tras el pelinegro frente a ella.
- Eres mía – declaró triunfante Bankotsu
Ukyo instintivamente buscó con sus manos sus Sai, pero no las encontró. Se retó mentalmente, ella misma había insistido en dejarlas con James como protección. Buscó con su mirada el arco, estaba varios metros lejos, cerca del árbol de donde había caído quién sabe cuántos minutos atrás. Solo le quedaban sus flechas y sus poderes, pero estos últimos los tenía reservado para Naraku. No le quedó otra que tomar un par de flechas en cada mano, trataría de enterrárselas en el cuerpo, era su única alternativa. Pero tal como era de esperarse, su enemigo de un solo movimiento las había roto con su alabarda.
- Ya déjate de jueguitos Ukyo, me estas aburriendo – le ordenó molesto – Vamos, no lo hagas más difícil… ¿por qué no te sacas la ropa y te hago tocar el cielo? –
- Primero muerta – respondió desafiante la castaña
- Eso puede arreglarse – al decir esto, la atacó con su arma tan rápido que ella apenas pudo reaccionar separándose unos metros y girando su cuerpo, por lo que un corte no muy profundo recorría desde la mitad de su estómago hasta su cintura.
- ¡Ah! – gritó de dolor, bajó su vista observando la herida mientras colocaba su mano izquierda sobre ella. Apenas miró hacia el frente cuando un golpe de puño dio directo a su rostro, dejándola tirada en el suelo recostada sobre su lado derecho y con el labio ensangrentado.
- Así me gusta verte – musitó con sorna el pelinegro. De una patada en su estómago hizo que la postura de la chica cambiara y quedara recostada sobre su espalda. Hábilmente movió su alabarda para hacer un corte en cada manga de la polera de la chica ya rota por el centro, dejando apenas unos cortes superficiales en sus hombros. Con su mano izquierda la tomó por el cuello elevándola en el aire, ella trataba inútilmente de que la soltara golpeando con ambas manos el brazo del chico. Él la atrajo hacia sí, enterró su alabarda en el piso para luego manosear aquel pequeño cuerpo que tenía en frente. La acercó aún más, al punto que sus labios tocaban los de aquella boca entreabierta que buscaba desesperadamente el aire. No sentía compasión, disfrutaba tenerla así, ver como las lágrimas recorrían su rostro lo excitaba más. Pasó la lengua por sus mejillas, eliminando así cualquier rastro de aquella muestra de dolor y desesperación.
- Sabes exquisito, veamos si el resto de tu cuerpo es así – le susurró al oído. Movió su mano derecha, que en ese momento estaba aprisionando uno de los senos de la chica hacia abajo. El roce provocó que ella tratara de balancearse para alejarse, podría usar sus poderes, pero eso implicaría que quizás no le ganaría a Naraku.
- ¡Suéltala malditooo! – gritaba furioso Inuyasha mientras intentaba golpearlo con su espada. La sorpresa no solo fue porque Bankotsu pudo esquivarlo al momento que soltaba a la azabache, sino que "Colmillo de acero" volvía a ser una simple espada oxidada – Maldición – se reprochó por su error, había olvidado por completo la advertencia de la sacerdotisa con respecto a esto. La guardó en su funda, para posteriormente hacer tronar sus dedos.
- Así que quieres pelear conmigo – replicó el pelinegro
- Te mataré, te arrepentirás de haber tocado a mi perra – su furia se había apoderado de su ser. Kagome comprendió que el medio demonio no se iría de allí sin cobrar venganza por lo que recién le había hecho. Se levantó del piso, solo una mirada directa a esos ojos ámbar bastó para que él comprendiera que ella se alejaría para buscar a Naraku, lo que le permitiría usar su espada. Él asintió, aunque su cuerpo deseaba que no fuesen separados… cuando la vio alejarse, algo en su pecho se apretó, algo en su interior le dijo que no la volvería a ver. Negó esa idea de su cabeza, ella le confesó que lo amaba, por lo que terminaría todo esto y por fin podrían estar juntos. Alcanzó a reaccionar ante el ataque de la alabarda de Bankotsu, sacó su espada y ésta pudo volver a su forma de batalla, lo que provocó el choque entre ambas armas con gran fuerza.
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Kagome corrió lo más rápido que pudo para recuperar su arco, luego se dirigió hacia lo profundo del bosque. Sabía, o mejor dicho, suponía que Naraku debería estar viendo toda la pelea, por lo que al notar que estaba sola y herida iría tras ella. Esa era su apuesta, cuando ideó el plan en su habitación del hospital lo hizo considerando toda la información recopilada por su equipo, además de lo que ella había podido evidenciar en ambos enfrentamientos.
Ahora solo debía rogar que todo saliera según lo planeado, y en caso de que algo no calzara, como siempre ella tenía pensado una segunda y hasta una tercera opción para su actuar. Agarró más fuerte su arco, pues sentía como una presencia maligna se acercaba a gran velocidad. "Solo un poco más" pensó al percatarse que estaba a menos de un kilómetro del llano, pero su carrera se vio interrumpida por una nube púrpura cargada de veneno. Esto la obligó a liberar un poco de su poder espiritual a su alrededor para purificar el aire.
- Sal ahí y da la cara – lo desafió
- Me sorprende que sigas con vida – respondió desde un lugar desconocido Naraku
- No te preocupes, pronto tú serás el que no tenga nada que hacer en este mundo. ¡Da la cara! – gritó exigiendo su presencia
Varios tentáculos se acercaban rápidamente desde distintas direcciones, logró esquivar algunos, otros recibieron una de sus flechas, pero otros lograron su cometido golpeándola en su torso y piernas, lo que provocó que tambaleara.
- ¿Cuándo comprenderás que no eres rival para mí Ukyo? –
- El día que tú entiendas que yo seré tu perdición – respondió con sarcasmo. En cuanto terminó de decir aquella frase, cogió velozmente una de sus flechas y la lanzó a donde creía que se encontraba su contrincante. Una risa lúgubre envolvió el lugar…
- Vamos, ¿de verdad crees que podrás contra mí? – hizo una pausa - ¿Cómo planeas hacerlo si ya descubrí tu pequeña trampa? – al oír esto, la azabache se descolocó
- ¿Trampa?... ¿de qué hablas? – trató de sonar sorprendida
- ¡De verdad creíste que iría a ese llano lleno de amuletos? Jajaja por favor, Ukyo… dame algo de crédito –
La sacerdotisa no podía creer que el maldito estaba nuevamente un paso por delante de ella, pero tal como lo había supuesto en su momento, debería pasar al plan b. Rogó a sus ancestros que lo pudiera llevar a cabo sin exponer más vidas, que le dieran la fuerza suficiente para aceptar lo que se venía y, si no era mucho pedir, el sobrevivir a aquella batalla. Respiró profundo mientras tomaba una postura derrotista.
- ¿Cómo lo supiste? – su voz expresaba su frustración
- Eres tan predecible… no lo sabía, solo lo suponía – rio con fuerza, ella nuevamente había caído en su trampa confirmando sus sospechas.
- ¡Maldición! – exclamó furiosa – Bien, a lo que vinimos… no creas que te dejaré salirte con la tuya – expresó mientras tomaba con fuerza su arco y un par de flechas. Al instante aumentó su poder espiritual lo suficiente para dispersar aquella nube que la rodeaba… y ahí estaba, a su izquierda estaba aquel hanyou que tenía más de demonio que de hombre. Lanzó ambas flechas sin dudar, y aunque unos cuantos tentáculos intentaron detenerlas, éstas los purificaron en un abrir y cerrar de ojos.
De repente, el medio demonio comenzó a transformar su cuerpo en una extraña mescolanza, se observaban tentáculos, tenazas, unas patas que terminaban con un filo con forma de guadaña… la imagen era grotesca y repulsiva. Contratacó con todas sus fuerzas, primero con sus tentáculos… no uno, ni diez… veinte quizás era el número real. La azabache trataba de esquivarlos, respondía lanzando algunas de sus flechas y otros tantos trataba de purificarlos al tocarlos. Pero varios la golpearon, por lo que rodó un par de veces por el suelo para terminar chocando contra los árboles de aquel frondoso bosque.
Aunque cada vez se sentía más agotada, pues la velocidad y fuerza de su enemigo era de tal grado que jamás había enfrentado, en su interior estaba tranquila pues su plan estaba saliendo a la perfección. Nuevamente se levantó del piso, tocó el estuche donde deberían estar sus flechas… nada, ya no quedaba ninguna. Sin dudarlo, tomó el arco, cerró sus ojos para concentrarse lo suficiente… rápidamente aparecía una flecha hecha completamente de su poder espiritual. Naraku instintivamente retrocedió, aunque no logró esquivarla lo suficiente, por lo que un cuarto de su "cuerpo" inferior desapareció sin poder volver a ser regenerado, no lo sorprendió… eso pasaba con cada arma que lanzaba la sacerdotisa, no podía negar que su poder de purificación era alto.
Kagome abrió los ojos, sabía que para lograr su cometido final solo podría repetir la acción tres veces más por lo que se concentró lo que más pudo. El hanyou intentó escapar, pero la azabache fue más rápida y lanzó una de sus flechas cortándole el camino, logrando purificar parte de su costado derecho. Sabía, por toda la información que había recopilado, que ningún esfuerzo valdría la pena si no lograba purificar el corazón de aquel medio demonio… el problema era llegar a él, pues era bien resguardado por este. "Debo probar" se dijo para sí mientras lanzaba una nueva flecha en dirección a su pecho, específicamente, al cuadrante izquierdo. Cada parte de Naraku protegió su cuerpo, purificando gran parte de sus extrañas extremidades. Solo le quedaba una oportunidad más, aunque rogaba en su interior no tener que llegar a cumplir su plan, no vislumbraba otra opción.
- Despídete de este mundo Naraku – le informó lanzando la última flecha directamente al torso del medio demonio. Tal como lo supuso, éste la esquivó sacrificando parte de su cuerpo. Su arco se rompió por la mitad, para sorpresa de ambos contrincantes.
- Ya no tienes cómo luchar – dijo triunfante el hanyou
- Lucharé hasta que no me queden fuerzas – respondió ella desafiante. Con sus manos rodeadas de su conocida aura violácea, intentó luchar "cuerpo a cuerpo" contra la cosa que tenía en frente. Lo que tocaba era purificado, pero así también ella recibía golpes de vuelta. Su poder cada vez se veía disminuido, en contraposición, la nube púrpura comenzaba a aumentar en consistencia y tamaño. "Queda poco" se dijo para darse fuerzas. Así también, lentamente la noche comenzaba a dar paso al alba, lo que la sorprendió pues no tenía conciencia de todo el tiempo que llevaba luchando. "¿Cómo estarán todos?" su mente le jugó una mala pasada al preguntarse esto, porque no se percató de aquel tentáculo que la lanzó a varios metros de su enemigo.
Al caer, el golpe fue tan fuerte que la dejó sin aliento. Cerró los ojos, demostrando su derrota ante su contrincante. Éste, riendo lúgubremente y disfrutando de la situación, comenzó a tomar el cuerpo de la chica con su tentáculo, aprisionándola con fuerza. Ella solo pudo gemir de dolor junto a las muecas que escapan rebeldemente de su cuerpo.
- Ahora formarás parte de mi – informó mientras en el centro de su cuerpo comenzaba a generar una abertura a la cual era dirigida la sacerdotisa atrapada en el tentáculo. Se removió luchando e intentando zafarse, pero dejó caer su cabeza demostrando que ya no le quedaban fuerzas. Fue así como lentamente fue absorbida por el medio demonio… la oscuridad comenzó a rodearla, poco a poco la luz del nuevo día desaparecía frente a sus ojos, ya estaban todas las cartas jugadas, ahora solo quedaba confiar.
Continuará…
Hola! Gracias gracias por seguir leyendo… ya no queda nada!, no saben lo nerviosa que estoy subiendo este cap y pensar en hacerlo el sábado… aún no puedo creer que ya estemos llegando al fin.
Espero de corazón que le esté agradando este final, prometo que todas las dudas que tengan quedan resueltas en el otro cap, el cual será extra extra largo.
No me queda más que agradecerles por seguir leyendo, por acompañarme a lo largo de esta loca historia. Los invito a dejar sus reviews, además de que pasen a leer mi otra historia llamada "The Bartender", que está escrita con los personajes de Ranma.
