22 de Agosto, 1994, 17:01 pm.
Lucius sonreía cortésmente a Ludo Bagman, quien a pesar del obvio desagrado en los ojos grises, seguía hablando en voz demasiada alta. Lucius era demasiado educado como para suspirar con cansancio frente al exaltado hombre, por lo que se conformó con asentir cuando lo creía necesario y mirar con un poco de envidia muy bien disfrazada a su hijo, que estaba con Harry y algunos Weasley hablando sobre la derrota de Bulgaria no muy lejos de ellos. Recorrió un poco el terreno cercano a su carpa mientras escuchaba a Bagman hablar, un poco molesto al ver que no faltaban algunos borrachos cerca, que no dejaban de gritar y apuntarse mutuamente con sus varitas, al parecer molestos.
Genial.
Evitó la mueca de desagrado y volvió a centrarse en Bagman, cuya nueva víctima era Lupin, que había acompañado a Harry y lo ayudaba en cuidar a todos los niños, mientras Severus se quedó en su hogar con Tom y Teddy. Narcissa estaba en la carpa, y a Lucius realmente le encantaría darle la espalda a todos los idiotas que lo rodeaban e ir con ella, pero lamentablemente tenía una reputación que mantener, y según todo lo que conversaron con Severus, era necesario mantenerla.
Mientras estaba medio perdido en sus pensamientos, un grito de horror resonó por todo el campamento de magos, dando pie a que muchos otros gritos lo siguieran y todos empezaran a correr y a empujarse entre ellos mismos. Lucius sólo movió levemente la cabeza hacia un costado para darse cuenta de la gran marca tenebrosa que cubría el cielo sobre ellos, y con una mirada hacia Remus se dirigieron hacia los niños, que ya se acercaban con rapidez. Con un asentimiento tranquilizador hacia su hijo, Lucius y Remus se encargaron de mantener a Harry y Draco a salvo, y por extención a los gemelos Weasley y Ron, quienes estaban con ellos.
—¿Es él?— Remus preguntó en voz baja, pero Lucius negó y habló lo suficiente alto para que lo escucharan a pesar del escándalo.
—No— llegando sin demasiada lucha hacia la elegante carpa blanca (y luego de varios maleficios punzantes leves a cualquiera que se interpusiera en su camino), Lucius los metió a todos dentro antes de mirar a Narcissa con una pequeña sonrisa cansada, quien a su vez miraba a todos levemente preocupada—. Remus y tú deberían llevar a los niños nuevamente a Mansión Prince— miró hacia los Weasley y luego a Remus—, y traigan a Severus. Algún idiota a realizó el hechizo, ya sea porque estaba intoxicado con tanto alcohol o porque estaba tratando de distraer a todos de algo mayor. ¿Todos tienen sus varitas con ustedes?— luego de una comprobación, todos asistieron, y Lucius suspiró un poco molesto. No le gustaba tratar con tantos imbéciles juntos fuera del Ministerio—. Bien, úsenlas en caso de que se sientan amenazados, pero Mansión Prince es lo suficientemente seguro para esconderse durante años.
Narcissa se acercó hacia él y le dejó un suave beso en la mejilla, susurrándole un "cuídate" antes de volver a acercarse al gran grupo, y luego de que todos se hayan acercado a sujetar el transportador y desaparecieran, Lucius suspiró con cansancio, saliendo de la carpa e ignorando la calidez en su pecho ante la acción de su esposa. Sonreiría, por supuesto, si no tuviera a unos cinco aurores apuntándole con sus varitas a penas puso un pie fuera.
Ignorando el Avada Kedavra que tenía en la punta de la lengua, sonrió con molestia y levantó una ceja ante los hostiles aurores.
—¿Algo en que pueda ayudarlos, señores?— preguntó con falsa cortesía, ignorando los gritos aún en pánico que se alejaban cada vez más.
—Muestre su varita, señor Malfoy— un hombre de cabello negro y de estatura baja casi le escupió mientras hablaba, el odio casi palpable en él. Lucius lo miró de arriba abajo con indiferencia.
—¿Puedo preguntar por qué le interesaría a tan dedicados trabajadores mi varita?— ignorando su molestia, de todas formas sacó su varita con lentitud y la mostró con elegancia. El auror que le hablaba lanzó un hechizo de detección a su varita, sin tocarla, y pareciendo molesto cuando vio que los últimos hechizos realizados fueron solamente maleficios punzantes—. Como ya han logrado obtener su información, útiles salvadores, les pediría que me escucharan y arresten a los poco respetables magos que estaban intoxicados con alcohol donde, si mi vista no me engaña, había al menos otros tres ex mortífagos.
Lucius sintió un poco de satisfacción cuando los aurores lo miraron con odio y siguió su camino hasta terminar justo debajo de la marca en el cielo, realmente aliviado de no sentir ninguna reacción de su propia marca en su antebrazo izquierdo. Si Lucius miraba con atención, podía distinguir que el Morsmordre era lo suficientemente débil como para desaparecer en poco tiempo, para nada parecido a cuando era lanzado con verdadera intención. La zona estaba completamente desierta y repasó el lugar con rapidez, tratando de sentir algo diferente en el aire, cuando Severus apareció a pocos pies de él y se acercó, también investigando el lugar con una mirada rápida.
—¿Qué sucedió?
—¿Oficialmente, al parecer?— Lucius miró el bosque que estaba posiblemente a casi cien metros del campamento—. Un ex mortífago borracho lanzó el hechizo.
—¿Y qué crees que sucedió?— Severus miró la marca en el cielo y luego entrecerró los ojos ante la pequeña sonrisa de Lucius—. No es el Señor Oscuro.
Por supuesto que no lo era. Si Lucius estaba confiado de que no era el Señor Oscuro porque su marca no se activó, Severus tenía la certeza de que no lo era, no cuando al parecer quien fue alguna vez el Señor Oscuro le informaba ante cualquier extraño suceso que soñaba con respecto al... ¿actual Señor Oscuro? Lucius sinceramente no sabía si sentirse envidioso de que Severus estuviera conviviendo con el joven Señor Oscuro, o si sentirse agradecido de que no tuviera él que convivir con el joven Señor Oscuro.
—En el bosque se pierde un rastro de magia muy leve, pero no estoy seguro de quién— Lucius agudizó sus sentidos tanto como pudo, pero no logró conectar el rastro con ningún mago que conociera o con el que haya interactuado antes—. Tengo entendido que había un mortífago cada trece personas presentes, o al menos uno cada tres carpas, y había demasiado alcohol cerca...
—Pero no crees que sea por alcohol— Severus también fijó su mirada en el bosque mientras Lucius se encogía levemente de hombros.
—No seré yo un investigador del caso, querido amigo— Lucius sonrió ante la mirada molesta que recibió de su amigo—, pero no, no creo que haya sido por el alcohol. Simplemente... para crear pánico.
No hablaron después de eso, y luego de (volver) a pasar por el escrutinio de algunos aurores, estaban de regreso en Mansión Prince. Narcissa recibió a su esposo con un pequeño abrazo y la preocupación apenas mal escondida en su rostro. Lucius la tranquilizó tanto como pudo, tratando de ignorar a su amigo, quien estaba siendo casi aprisionado contra la pared por el hombre lobo, que parecía estar frenético.
—Te dije que no me ha sucedido nada, Lupin— Severus sonaba muy molesto y exasperado, pero sus brazos rodeaban la cintura del lobo sin intenciones de querer soltarlo, aparentemente—. ¿Dónde están los niños? ¿Están bien?
—Ellos están bien, Sev— Remus tenía su rostro enterrado en el cuello del pocionista, y parecía casi lastimado mientras lo acercaba tanto como era posible—. Yo estaba tan preocupado por ti...
Lucius sólo debió escuchar un pequeño jadeo de su amigo para retirarse de la habitación junto con su esposa, recordando repentinamente tenía muchas cosas más interesantes que hacer junto a Narcissa que quedarse a escuchar a un hombre lobo y su pareja.
Severus se sonrojó levemente de vergüenza cuando escuchó más que vio a sus amigos saliendo de la habitación, y golpeó un poco a Remus para que se alejara de su cuello, que no había dejado de besar desde que terminó de hablar.
—Lupin, son las siete de la maldita tarde...
—Mañana es luna llena, Sev...— Remus lo miró con un puchero cuando lo alejó de su cuello ya marcado, y se restregó sin vergüenza contra él, demostrándole a Severus que realmente ya estaba excitado. Severus se mordió el labio para evitar gemir ante el movimiento, y movió una de sus manos hasta el cabello de Remus para acariciarlo y estirarlo levemente mientras el lobo colocaba su frente sobre el hombro del pocionista, sin detener sus embestidas en ningún momento.
—Lamento interrumpir— la voz sonó con fuerza por la sala, sorprendiendo tanto a Severus, que trató de alejarse del lobo, como a Remus, que le gruñó literalmente a Tom, lo que hizo que levantara una ceja con la impaciencia clara en su rostro normalmente indiferente—, pero tengo un grupo de niños que piden explicaciones de lo que ha sucedido hoy, y diferencia de ustedes, no estoy al tanto de todo lo que sucede en lugares donde no estoy presente.
—Ya iremos— dijo Severus, aunque Remus también habló.
—Más tarde— Remus miró con tristeza cuando escuchó a Severus, y lo dejó ir ante la mirada molesta que recibió—. Está bien...
Severus se fue con Tom hacia el comedor con Remus siguiéndolos, donde estaban Harry, Draco, Ron y los gemelos esperándolos junto a Narcissa y Lucius, con Teddy en el suelo jugando con Duque, aunque también parecía preocupado. Los cinco chicos que vinieron del desastre parecían más molestos que asustados, y todos dirigieron su vista hacia ellos cuando terminaron de entrar. Severus y Remus se sentaron al lado de Lucius y Narcissa, mientras que Tom se quedó de pie cerca de la puerta. Severus respiró hondo para comenzar a hablar, cuando Harry lo interrumpió.
—¿Entonces no volveremos al campeonato?— a pesar de que recibió miradas por parte de todos, Harry no cambió su expresión miserable mientras miraba a sus padres.
Tom bufó desde su lugar, mientras Severus entrecerraba sus ojos hacia su hijo.
—Sí, Harry. Espera a que la marca tenebrosa desaparezca y luego volverán todos a seguir disfrutando como si nada hubiese sucedido— Harry tuvo la decencia de parecer avergonzado, aunque Severus sabía que había algo más en su cabeza en ese momento. Decidió hablar con él más tarde, centrándose en el problema actual—. De cualquier forma, la marca sólo ha sido producto de algún borracho aburrido. No hay nada de qué preocuparse.
Los Weasley parecieron desinflarse ante esa noticia, mientras que Draco y Harry no parecían muy convencidos y Teddy se había acercado hacia Remus y había terminado sobre su regazo con el ceño fruncido. Severus miró a Lucius brevemente y suspiró.
Lo último que necesitaban en estos momentos eran más problemas.
U.H.D.
Por más que no le gustara, Harry tuvo que escapar de Draco para poder hablar con Tom unos momentos, agradeciendo a Lucius mentalmente por llamar a su hijo justo cuando estaba pensando en alguna tonta y poca creíble excusa. Estando en la habitación de Tom, Harry enterró su rostro en una almohada y gritó de la frustración.
—¡Cientos de miles de malditos días y justo hoy tenía que haber ocurrido algo!— Harry lloriqueó, mirando con miseria hacia un punto fijo de la habitación. Él estaba sentado en la cama de Tom, mientras que Tom estaba apoyado contra la puerta y con los brazos cruzados, escuchándolo con cara indiferente—. ¿Por qué, por qué tengo que tener la peor suerte del universo? ¡Uno no puede suicidarse para matar el trozo de alma de su enemigo mortal que habita dentro de uno sin ningún tipo de obstáculo! ¡Eso es malditamente injusto!
—Sí, la vida es muy complicada, Snape— Tom levantó una ceja cuando Harry lo fulminó con la mirada—. De cualquier forma, me sorprende que hayas creído que tu plan de escaparte hubiese funcionado, en especial cuando estás pegado a Malfoy como un parásito y siempre tratas de ayudar a los gemelos en alguna broma. Hubiesen notado tu ausencia en cuestión de segundos, y siendo que yo también habría ido contigo, la próxima vez que me vean me hubiesen asesinado sin pensarlo demasiado.
—No lo habrían hecho— Harry sonó muy seguro mientras le sonreía a Tom—, eres mi hermano mayor. Todos saben que me proteges— cuando Tom no pareció para nada afectado por sus palabras, se rindió un poco—. Además, no son tan animales: antes de asesinarte, te harían algunas preguntas.
Harry rió cuando Tom rodó los ojos, pero luego volvió a ponerse serio. Se suponía que hoy iba a deshacerse del horrocrux dentro de él y tratar de no morir en el intento, pero lo que al parecer era un acto de borrachos había arruinado su escape y ahora había dejado plantados a los goblins a los que había pagado. Oh, genial. Había tratado casi toda su vida de no ponerse del lado malo de esas criaturas, y todo ese esfuerzo se fue a la basura.
—Ahora tendremos que disculparnos con los goblins, en especial con Magnussen— lamentó, ignorando la mirada que Tom le mandó a favor de volver a enterrar su rostro en la almohada.
No había sido el mejor de sus días.
Para rematar, su equipo favorito había perdido el mundial.
U.H.D.
Cuando Harry volvió abajo, Tom decidió quedarse en su habitación y seguir con un proyecto que había empezado sobre los horrocruxes. La varita que había utilizado pocas horas antes la había conseguido la única vez que había logrado escabullirse de la vista de Dumbledore y logró ir hacia Olivanders. Con madera de Espino y su núcleo de cuerno de serpiente cornuda, la mirada que le dirigió el fabricante de varitas cuando retiró su pedido había sido lo suficientemente temerosa como para saber quién era Tom, pero se alegró de que el viejo no hubiese abierto la boca hacia Dumbledore, diciéndole que un mago poderoso y aún bajo la lupa consiguió una varita nueva sin registro.
Supone que sus miradas siguen siendo tan mortales como siempre.
Deteniendo su escritura, Tom cerró los ojos y suspiró levemente. No debería importarle, nunca le interesó lo que los demás pensaran de él siempre y cuando no le sirvieran para nada, pero entonces está aquí preocupándose del maldito niño que vivió, que le dejó en claro muchas veces que lo consideraba un hermano mayor, mientras que también trabaja junto al idiota de Dumbledore para encontrar formas de destruir horrocruxes (aunque no estaba muy de acuerdo) y trataba de evitar que a Snape le agarre un infarto porque su hijo no pensaba demasiado en su propia vida. ¿Y todo por qué?
Porque se sentía malditamente culpable.
No debería, sabe que no, pero desde que lo ayudaron a recuperar su cuerpo y se vio en la obligación de convivir con la familia del niño y todos sus malditos conocidos, todas aquellas emociones, sentimientos y hasta pensamientos que en algún momento de su niñez había logrado ignorar por completo habían despertado con fuerza y sin intenciones de desaparecer eventualmente; en cambio, sólo aumentaban con el tiempo.
Lamentablemente, sus sentimientos se apegaron a la gente con la que convivía, y en especial a los dos malditos mocosos y su tonto perro Duque. No había ninguna razón objetiva ni favorable el haber usado su varita para crear un poco de pánico y evitar el escape de Harry en el momento clave. Si algún auror (aunque Tom no lo cree), o Severus, Lucius o Dumbledore se enteraban de que había sido él quien lanzó el Morsmordre, no dudarían demasiado en asesinarlo o meterlo en Azkaban, y él lo sabía.
Supuso que antes se hubiera enojado o reído ante esas acciones tan patéticas. Hoy, luego de bastante tiempo conviviendo con esta gente, le parece un poco... decepcionante, que aún desconfíen tanto de él a pesar de que esté haciendo más de lo que querría hacer realmente.
Soltando la pluma sin interesarle demasiado si salpicaba su trabajo, Tom se recostó contra el respaldo de su silla y se acarició levemente la frente, sintiendo una repentina migraña.
Eres mi hermano mayor, todos saben que me proteges.
Tom lo duda mucho.
