Nota del autor:

Hola y bienvenidos nuevamente mis queridos lectores. Les traigo un capítulo lleno de acción, gore y sentimientos encontrados. Recomiendo ampliamente escuchar la melodía "Duel of the Fates" de "Star Wars" mientras leen este capítulo.

Así que vallan por palomitas y sin más que decir por el momento… ¡COMENZAMOS!

Advertencia: Todos los personajes de esta historia pertenecen a sus correspondientes creadores. My little pony y sus personajes son propiedad de Hasbro. La presente historia fue hecha sin fines de lucro y con el único propósito de entretener.

Advertencia: Este capítulo puede contener violencia o escenas sexuales explicitas, por lo que se recomienda discreción por parte del lector.

Lean y comenten


Moonbeam

Capítulo 63 – Conviction

-Dime la verdad Siegfried- la voz de la comandante Hurricane llamó la atención de los guardias nocturnos. Los tres ponis observaron a la pegaso que se encontraba frente a ellos.

Al no recibir respuesta del teniente, la comandante prosiguió. -¿Qué fue lo que paso en la capital?- preguntó la pegaso mirándolo a los ojos.

A pesar de que ninguno de ellos había mencionado algo al respecto hasta ahora, y sin importar que la princesa Celestia hubiese comentado que ninguno de ellos estaba ahí para lastimar a Luna, los tres hermanos sabían a la perfección que el ejército de Equestria era consciente de lo que había ocurrido y el hecho de que Luna hubiese provocado aquella noche eterna con su hechizo, la delataba por completo, razón por la cual no vio ninguna necesidad en mentir.

-¿Hablas de los asesinatos que ocurrieron durante la noche?- dijo Siegfried con tono sereno.

-Así es, tengo una clara idea de lo que pudo haber ocurrido, pero quisiera que tú me lo confirmaras- respondió la comandante.

-Si te hace sentir mejor, ninguno de nosotros tres tuvo absolutamente nada que ver con eso- añadió Siegfried sin apartar la mirada de la yegua.

-Pero saben quién lo hizo- dijo Caramel. Le parecía increíble el cinismo del teniente, era casi como si se burlaran de ellos, las evidencias eran más que sólidas y todo apuntaba a la princesa de la noche.

-Ciertamente- respondió Siegfried.

Los tres guardias lucían tranquilos, pero el hecho de que los hechiceros de pronto comenzaran a encender sus cuernos era una clara señal de que la extraña magia que poseían los tres guardias nocturnos se encontraba activa.

-Respóndeme una cosa, ¿Quién es el responsable de esto? ¿Acaso el ataque fue organizado por Épsilon?, o quizá…-

Ahí estaba, aquel era el cuestionamiento que los tres guardias habían estado esperando. La duda que debía ser resuelta. La pregunta que él y sus hermanos responderían. La interrogante que definiría al responsable de todas esas masacres y secuestros.

-Épsilon- respondió Siegfried sorprendiendo no solo a Hurricane y Caramel, sino que también tomó por sorpresa a sus dos hermanos, quienes lo miraron extrañados.

-¿Quieres decir que, todo esto, fue un acto orquestado por la capitana Épsilon?- preguntó la comandante, quién claramente no estaba convencida.

-Épsilon asesinó a los nobles que consideró que representaban un riesgo para el reino. Lo hizo porque creyó que solo así podría limpiar el reino de la escoria que lo ha estado corrompiendo durante años. Lo hizo porque imaginó que solo así podría proteger a las princesas de criaturas como Red Wine. Lo hizo porque en su retorcida mente, ciegamente creía que no existía una mejor forma- respondió Siegfried sin dejar de mirar a la comandante a los ojos.

-Sabes que lo que ha hecho tu hermana es un acto de traición, ¿Cierto?- comentó Hurricane.

-Así es, y fue por ello por lo que nosotros intentamos impedírselo-.

SIGHT

La comandante dejó escapar un suspiro, por lo menos aquello coincidía con la historia que Blueblood les había contado. Sin embargo, eso dejaba una incógnita aún mayor, si realmente Épsilon había orquestado el ataque, entonces, porqué razón la princesa Luna había decidido cubrir el cielo con su noche. Aquello no tenía mucho sentido… A no ser que, la princesa de la noche estuviese tratando de proteger a la capitana de su guardia nocturna.

-Escuchen sé que es difícil hacer que su hermana enfrente el juicio por lo que ha hecho, pero como soldados es nuestro deber hacer lo correcto. En especial cuando algo así pone en riesgo la confianza que el reino tiene en nuestras princesas.-

-Eso es lo mismo que yo pensaba- comentó Siegfried -La verdad es que no puedo perdonarla por lo que hizo y comprendo que merezca un castigo por sus actos, pero… aun así, ella hizo esto para protegernos a nosotros al igual que a Luna.- comentó el teniente. Sus hermanos avanzaron posicionándose a cada lado.

-Ella era la única lo suficientemente retorcida como para hacer algo que podría destruirla por completo, añorando así que la princesa Luna pudiera vivir una vida feliz… Y ciertamente yo también desearía que hubiese sido así- añadió el teniente. -Pero, Luna ha decidido tomar un camino distinto y es por eso que nosotros hemos decidido hacer lo que Épsilon ya no es capaz de hacer- comentó Siegfried. -Quizá no podremos detener a la princesa Luna de tomar el camino que ha elegido, eso es trabajo de la princesa Celestia ahora… Pero les aseguro que impediremos que alguno de ustedes le haga daño y si nuestros actos nos condenan a recibir el mismo castigo que Épsilon merece, entonces estamos dispuestos a tomarlo-.

En ese momento una explosión sacudió el castillo de las dos hermanas.

-Eso vino del salón del trono- anunció Clover.

En un parpadeó el teniente desapareció de su posición reapareciendo a un lado de una de las estatuas que adornaban el pasillo, golpeando la lanza de piedra que la estatua sujetaba en uno de sus cascos frontales accionando una de las trampas del castillo.

-Cuidado- trató de advertirles Caramel al percatarse del movimiento de Siegfried saltando hacia un costado para no ser capturado por la trampa.

Merak accionó el hechizo que había estado preparando encendiendo sus cascos con la magia arcana antes de lanzarse a toda velocidad contra un ladrillo situado en otro de los muros accionando así una segunda trampa del corredor. Por su parte Alcor golpeo con fuerza el suelo accionando una tercera trampa.

Tras ser accionadas, las trampas provocaron que los muros y el suelo giraran tragándose a los hechiceros y guardias reales al igual que a la comandante Hurricane.

Las tres trampas tomaron por sorpresa al grupo, con excepción de Caramel y Clover, quienes, al haber vivido en aquel castillo por un largo tiempo acompañados por las princesas, eran conscientes de las múltiples trampas que Luna había mandado construir en el castillo. Afortunadamente, sabían perfectamente que ninguna de esas trampas era realmente mortal, sin embargo, tras ser accionadas, las tres trampas cumplieron su propósito dispersando al grupo en distintos cuartos ocultos, hecho que dificultaba notoriamente los esfuerzos de los soldados y hechiceros para localizar el salón del trono y así poder auxiliar a la deidad del Sol.

Al notar esto, Caramel accionó otra de las palancas situadas cerca de su posición usando aquel mecanismo para ser transportado a otro de los pasadizos secretos, por medio del cual también podría llegar hasta el salón del trono.

-Encárguense del resto yo mantendré a Clover aquí- dijo Merak.

Tras asentir una vez, Siegfried desapareció nuevamente haciendo uso de su habilidad para perseguir a Caramel, mientras que Alcor se dispuso a tomar otro de los corredores, el cual le ayudaría a interceptar a Hurricane antes de que pudiese alcanzar el salón del trono.

-Por favor Merak, esto no es correcto- trató de razonar la hechicera dando un par de pasos hacia el caballero nocturno.

-Épsilon es mi hermana Clover, aún si ella ha condenado su alma al averno, ella es la razón por la que nosotros logramos nuestra libertad en primer lugar. A pesar de que ella y yo somos los más jóvenes, ella siempre ha sido nuestro escudo y nuestro guardián. Épsilon jamás dejo de velar por nosotros. Siempre intentó evitar que nosotros nos mancháramos de sangre nuestras pezuñas. Nunca dejó de pensar en nuestro bienestar, e incluso hizo todo lo posible para que la odiáramos por lo que hizo…- exclamó Merak claramente dolido por la decisión de su hermana -Ella no deseaba que tomáramos este camino, por eso hizo todo a nuestras espaldas. Conocía las intenciones de Luna y lo mucho que nos afectaría convertirnos en los asesinos de esas familias.- añadió Merak.

"Entonces si fue la princesa Luna quien le dio la orden a Épsilon" pensó Clover.

-Épsilon conocía los riesgos al igual que nosotros conocemos los riesgos de nuestras acciones. Pero cuando me enteré de que la princesa Luna había decidido destronar a la princesa Celestia, comprendí que ustedes intentarían proteger a Celestia a como diera lugar…- explicó el más joven de los guardias nocturnos.

-Así que ustedes han decidido sacrificarse por el bien de Luna- añadió la hechicera comprendiendo a lo que se refería Merak.

-Luna siempre ha protegido al reino de los peligros que los acechan día y noche. Ella resguarda los sueños de todos los habitantes del reino, combatiendo innumerables pesadillas noche tras noche sin descanso. En tiempos de guerra ella siempre estuvo en la primera línea de batalla para proteger a tantos ponis como le era posible.- explicó Merak desenfundando las dagas con forma de pluma que guardaba debajo de sus alas mientras concentraba su magia interior para activar el hechizo arcano.-

-Entiendo cómo te sientes Merak, pero ninguno de ustedes debería arriesgar su vida de ese modo.- explicó la hechicera tras determinar el hechizo que el guardia había activado en su cuerpo.

La hechicera tenía un buen conocimiento en todo lo referente al uso de los distintos tipos de magia. Y era perfectamente consciente de que la única forma de que los guardias nocturnos fuesen capaces de invocar hechizos era a través del desgaste de su magia interior. Se trataba de un arma de doble filo, capaz de brindarle al conjurador un enorme poder a cambio de acortar su propia vida.

-Dime Clover… Si nosotros no somos capaces de arriesgar nuestra vida por la princesa Luna, ¿Quién lo hará?- comentó Merak, mientras comenzaba a liberar la magia que había acumulado durante la charla. -No sería capaz de mirar a Épsilon a la cara si decidiera hacerme a un lado, ella confiaba en que nosotros protegeríamos a Luna en su lugar y no pienso fallarle otra vez.- explicó el corcel. Sus ojos completamente enfocados en la hechicera.

La electricidad le quemaba los músculos, sus ojos comenzaban a perder parte de su luz mientras eran cegados por la energía que recorría su cuerpo. Su pelaje se erizó a causa de la corriente que lo recorría. Merak sintió sus reflejos agudizarse, y sabía que tendría que hacerlo si deseaba enfrentarse a la hechicera. Quizá todo aquello estaba mal, probablemente era una locura, pero aun así no podía retractarse.

El largo tiempo que habían pasado todos juntos en el castillo le había enseñado que Clover era una hechicera estupenda, conocía todos los hechizos que Luna y Celestia habían memorizado por separado, y probablemente en ese instante ella era la unicornio más talentosa del reino entero. Sin embargo, la hechicera tenía una desventaja, puesto que no era experta en combates de pezuña a pezuña. Así que Merak debía confiar en su velocidad y asegurarse de impactar tantos golpes fueran necesarios para dejar fuera de combate a la unicornio sin asesinarla.

-La mejor forma de proteger a la princesa Luna es evitando que siga cometiendo actos como estos Merak. Necesitan entrar en su corazón y hacerle ver su error antes de que sea demasiado tarde- intento razonar la hechicera una última vez mientras encendía su cuerno con su magia.

-Yo creo que ya es muy tarde para eso Clover- comentó Merak antes de lanzarse contra la hechicera a toda velocidad.

Merak cruzó el pasillo a toda velocidad, sus ojos enfocados en la hechicera. Sabía que si golpeaba las articulaciones de la yegua podría prevenir sus movimientos, pero si lograba golpear el cuerno de Clover antes de que lograse lanzar algún conjuro, podría aturdir a la hechicera el tiempo suficiente para inmovilizarla.

Completamente enfocado en su objetivo y pensando que se trataba de la mejor opción, Merak se decidió a impactar el cuerno de la hechicera esperando poder golpearla antes de que la yegua conjurara algún hechizo, sin embargo, antes de poder hacer contacto, el corcel se percató de que el cuerno de Clover había dejado de brillar casi de forma instantánea

Merak estiró su casco frontal mientras se aproximaba al cuerno de Clover. "Un solo golpe será suficiente…" Pensó el soldado. Fue entonces cuando sucedió, de pronto el cuerpo de la yegua se movió a un costado mientras el guardia pasaba a toda velocidad.

Merak aterrizo en el suelo a un par de metros de la hechicera antes de voltear la mirada en la dirección de la unicornio de color arena que lo observaba con total atención.

Incrédulo por lo que había ocurrido, Merak se dio la media vuelta a toda velocidad lanzándose una vez más contra la unicornio. Esta vez, sin embargo, el corcel pudo observar los ojos de la yegua siguiendo cada uno de sus movimientos como si ambos se estuviesen moviendo en cámara lenta. Merak intentó aletear con mayor rapidez al notar la velocidad a la que el cuerno de la hechicera comenzaba a cargarse de energía.

Una vez más Clover esquivó el ataque de Merak antes de descargar un hechizo que congelo una de sus patas traseras.

Nuevamente Merak aterrizó sobre la superficie de tela que cubría el pasillo principal resbalando a causa del hielo que cubría su pata antes de estrellarse contra una de las bases de una estatua que adornaba el corredor.

-Es inútil que lo intentes Merak- comentó la hechicera mirando al joven guardia.

-Las princesas ya me habían hablado con anterioridad de las habilidades de cada uno de ustedes, por lo que sé perfectamente como contrarrestar cualquier ataque que puedas usar en mi contra- explicó la hechicera.

-N-No lo entiendo, como puedes haber logrado contrarrestar mi velocidad.- dijo incrédulo el guardia levantándose una vez más.

Clover lo miro por un momento antes de añadir. -Sabía que tu fuerte es la velocidad, así que me pareció prudente ejecutar un hechizo que me permitiera superar tu velocidad. Mientras hablábamos conjuré el hechizo de "Accelero" en mí. Lo cierto es que podría haber contraatacado inmediatamente desde el primer ataque que realizaste, pero quería saber cuál era tu estrategia, así que esperé lo más posible para conocer tus intenciones.- comentó la yegua.

Merak la observó completamente sorprendido. -No lo entiendo, el tiempo que debió tomarte ejecutar un hechizo debió ser mucho mayor. Es imposible que lograras terminar el hechizo tan rápido. ¿cómo fue posible que ejecutaras un hechizo a esa velocidad?- preguntó el soldado contrariado.

-Para evitar que te dieras cuenta opte por ejecutar un segundo hechizo inmediatamente después de usar "Accelero". Normalmente el cuerno de un unicornio deja de brillar cuando ejecutamos un hechizo, sin embargo, usar el hechizo de velocidad también me permite generar hechizos con mayor rapidez. Es por ello que pude ejecutar un segundo hechizo junto con el primero, de ese modo, no te percatarías de que acababa de realizar un conjuro, lo cual, permitiría que bajaras la guardia y me atacaras con confianza- explicó la hechicera antes de moverse a gran velocidad para posicionarse detrás del guardia.

El movimiento de Merak fue apenas lo suficientemente acertado, como para esquivar el hechizo de Clover, el cual congelo por completo la estatua de piedra.

El joven corcel comprendió que había perdido por completo la mayor ventaja que tenía en contra de la hechicera y lo que era peor, una de sus patas traseras se encontraba congelada, lo que le impedía maniobrar con libertad cada vez que aterrizaba. El hecho de que su pata se encontrara adormecida tampoco era una buena señal.

-Por favor Merak no quiero seguir con esto, necesito que recapacites- dijo la hechicera encendiendo su cuerno una vez más.

El corcel apretó los dientes, tenía que dejar fuera de combate a Clover cuanto antes, aún quedaban muchos hechiceros que habían entrado en el castillo, sin mencionar que Luna se encontraba combatiendo contra Celestia en ese preciso momento, por lo que tenía que auxiliar a su princesa de la noche lo antes posible.

Por otro lado, no tenía forma alguna de contrarrestar el hechizo de Clover. Por lo que realmente no le quedaban muchas opciones.

-Lo lamento Épsilon, pero por lo menos me aseguraré de que Clover no pueda llegar hasta la princesa- musitó el corcel. -Pero si quiero vencerla no tengo más opción que arriesgarlo todo-

-¿Qué estas…? ¡Espera no lo hagas!- gritó Clover en el momento en el que sintió el hechizo de Merak incrementar su intensidad.

En una fracción de segundo Merak concentro una gran cantidad de energía liberándola de golpe. Sintió aquella sobrecarga quemarle los músculos, y al mismo tiempo provocaba que su cuerpo vibrase con anticipación a causa de toda esa energía.

"Todo lo que tengo que hacer es superar la velocidad de su hechizo" pensó el corcel.

El cuerpo del guardia nocturno se cubrió con una carga eléctrica de un color turquesa tan brillante e intenso, que cegó momentáneamente a Clover.

La hechicera conjuró un escudo de burbuja a su alrededor para evitar ser tomada por sorpresa. Por su parte Merak uso toda su energía para impulsarse en contra de la hechicera. Escuchó un crujido a sus espaldas en el instante en el que despegó del suelo a toda velocidad, pero decidió ignorarlo.

Tan rápido como un relámpago, el guardia nocturno cruzó el corredor, impactando de lleno contra el escudo de Clover.

CRACK

KABOOM

La explosión resonó en el castillo en el instante en el que una brillante luz envolvió el corredor principal. Tan pronto como la enceguecedora luz se disipó, el largo pasillo quedo en completo silencio.


Hurricane había comenzado a abrirse paso entre los pasillos inferiores, aquel lugar era como un enorme laberinto, algo sin dura bastante sorprendente para un castillo que a simple vista no era tan grande como lo era el castillo de Canterlot.

La comandante había decidido arriesgarse y usar su nariz para encontrar el camino de vuelta o por lo menos un camino que la condujera al exterior del castillo.

Durante sus incontables años surcando los cielos, la comandante había aprendido a distinguir a la perfección el aroma del aire fresco y a sentir hasta la más leve corriente de aire, por lo que, si continuaba avanzando hasta la fuente de aquella corriente de aire fresco, podría encontrar una salida.

Una vez en el exterior podría rodear el castillo e ingresar al salón del trono atravesando uno de los ventanales. De ese modo quizá podría ser capaz de ayudar a la princesa Celestia antes de que el enfrentamiento pasara a mayores.

Sabia a la perfección que la princesa Celestia haría lo posible por evitar lastimar a su hermana menor, pero después de lo que había ocurrido recientemente no estaba segura de que la princesa Luna se decidiera a contenerse en contra de su hermana mayor.

Aunque Celestia poseía un tipo de magia más destructivo y su cuerpo fuera físicamente más fuerte que el de Luna, no cabía duda en que Luna estaba mucho mejor entrenada en combate, por lo que, si la princesa Celestia no se decidía a enfrentar a su hermana con seriedad, existía la enorme posibilidad de que la princesa Luna pudiese lastimarla de gravedad.

En el pasado la comandante había decidido acatar la petición de Celestia para no Juzgar a Luna o a Épsilon por lo que había ocurrido con las familias nobles en los bordes del reino. Pero si la princesa Luna había llegado al punto de atacar físicamente a la princesa Celestia, Hurricane no tendría otra opción más que atacar a la deidad de la noche y de ser necesario acabar con ella. Aunque no estaba segura realmente si las princesas podían morir o no, por lo que por lo menos se aseguraría de hacer todo lo que estuviera a su alcance para incapacitar a la princesa Luna antes de que fuera demasiado tarde.

-Comandante- dijo uno de los soldados que lo acompañaban. -¿Está seguro de esto? No podemos simplemente atacar a la princesa Luna. Además creí que Siegfried había dicho que la culpable de todo esto era la capitana Épsilon.-

-Así es, es verdad que Épsilon atacó a todos esos nobles, pero el hecho es que la capitana Épsilon no lo hizo por puro gusto, sus acciones fueron ordenadas por la princesa Luna y el hecho de que sus guardias nocturnos se hallan decidido a impedirnos el paso, es debido a que sabían de antemano que la princesa Luna buscaba un enfrentamiento con la Princesa Celestia.-

-Lo sé, pero… estamos hablando de atacar a una de nuestras gobernantes.- reprocho el soldado.

-Y créeme, es algo que yo tampoco deseo hacer, pero si la princesa Luna se niega a escuchar razones, no tendremos otra opción.-

-Espero que tu convicción sea tan fuerte como tus palabras- dijo Alcor.

El corcel se encontraba bloqueándoles el paso sus alas extendidas aleteando ligeramente para mantener su cuerpo en el aire, una técnica que le permitía los Pegasos adoptar una postura de ataque y defensa.

-Comandante, por favor siga adelante, nosotros lo mantendremos ocupado.- Dijo uno de los guardias reales.

-Tengan cuidado… no se confíen de su superioridad numérica, recuerden que la guardia nocturna posee un entrenamiento especial. Un solo error les puede costar la vida.- añadió la comandante Hurricane mientras procedía a tomar otro camino.

Alcor estaba seguro de que aquel camino conduciría a la comandante Hurricane directamente al mismo corredor por el que Caramel había escapado, por lo que existía la posibilidad de que tanto Caramel como Hurricane terminaran enfrentándose a su hermano Siegfried. Con todo eso en cuenta, Alcor comprendió que debía apresurarse para apoyar a sus hermanos. Si lograban derribar a Caramel, Hurricane y Clover, era posible que el resto de los soldados y hechiceros comenzaran a retirarse por miedo. Después de todo si lograban vencer a los líderes no habría necesidad de acabar con el resto de los soldados.

El problema era que aquellos soldados bloqueaban su paso y poseían una superioridad numérica importante, por esta razón el guardia nocturno no podría abrirse paso para perseguir a la comandante. Lo que era peor, en un pasillo tan angosto como ese, el guerrero dudaba seriamente poder atravesar el grupo sin antes acabar con los soldados. Y enfrentarlos uno a uno le tomaría demasiado tiempo, un valioso tiempo del cual no disponía en ese momento.

Otra explosión proveniente de los pisos superiores le indicaron que la situación se agravaba a cada momento. No tenía opción, debía actuar de inmediato y arriesgarlo todo.

Alcor concentró su energía en uno de sus cascos frontales formando una ardiente llamarada de un color ambarino brillante. Al percatarse de esto el grupo de soldados inmediatamente se abalanzó contra el guardia nocturno. Todos ellos eran testigos de lo que los tres guardias habían hecho durante su combate contra Cocoon, razón por la que comprendían el riesgo que corrían si le permitían al corcel reunir suficiente poder.

Los Pegasos volaron alternando direcciones usando los muros para impulsarse con sus patas impidiendo que Alcor pudiese tener un tiro certero.

Al notar esto el guardia nocturno agitó su casco lanzando la llamarada de fuego como si se tratara de una catapulta. La ventaja de que aquel pasillo fuese tan angosto, era que el grupo de soldados era lo suficientemente numeroso como para atinarle a unos cuantos sin necesidad de apuntar a un objetivo en específico, por lo que rápidamente comenzó a repetir el proceso tan rápido como le era posible, primero cargando su casco con una llamarada de fuego, para posteriormente lanzarla y mientras lo hacia usaba sus alas para retroceder un par de pasos asegurándose de evitar que el grupo acortara su distancia con facilidad.

Tal como lo esperaba las bolas de fuego comenzaron a derribar a los soldados, quienes recibían las explosiones antes de caer al suelo. Desafortunadamente, Alcor rápidamente se percató de que su estrategia no le sería de mucha utilidad si no se aseguraba de incapacitar a sus oponentes.

Los guardias reales comenzaron a acortar la distancia mientras aquellos Pegasos que habían recibido el impacto de los hechizos se incorporaban una vez más para proceder a arremeter contra el guardia nocturno una vez más.

Tan pronto como uno de los soldados se acercó lo suficiente, el guardia nocturno desenfundó las cuchillas con forma de pluma que mantenía debajo de sus alas, antes de usar el hechizo arcano para transferir el fuego a las hojas de acero de sus armas.

Alcor sabía que aquellos soldados simplemente hacían su trabajo, muchos de ellos habían peleado a su lado con anterioridad, pero sabía a la perfección que, de no detenerlos, esos Pegasos podrían convertirse en un peligro para su princesa.

Los ojos ambarinos de Alcor miraron los ojos verdes del soldado que se encontraba a punto de asestarle un golpe, en sus miradas pudo observar la rabia de aquellos ponis. Sabía que realmente muy pocos de los soldados que se encontraban al servicio de Celestia y Hurricane los apreciaban como verdaderos camaradas. De hecho, la gran mayoría los veía como fenómenos de la naturaleza. Y aun cuando habían combatido lado a lado en el pasado, Alcor sabía a la perfección que ninguno de ellos titubearía en tomar su vida.

Sabía que Épsilon hubiese deseado que él y sus hermanos pudieran finalmente ser aceptados por el resto de los soldados como iguales, tan pronto como ella fuera enjuiciada y sacrificada por el bien de Equestria. Pero al ver las intenciones de aquellos soldados reflejadas en sus miradas, Alcor finalmente tomó su decisión.

"Lo lamento Épsilon. Pero sin importar cuanto trabajemos, sin importar cuanto nos empeñemos y cuanto sacrifiquemos para demostrarles que no somos monstruos, ellos jamás nos aceptarán como iguales" pensó el corcel entornando la mirada antes de soltar un potente golpe.

La cuchilla de Alcor que se encontraba envuelta en el hechizo perforó la armadura de su oponente, separando la placa de metal junto con la carne y el hueso de su enemigo, para finalmente partir la pata del soldado por la mitad a todo lo largo de la extremidad.

El guardia giró sobre su propio eje, imitando uno de los movimientos que Épsilon había usado durante su combate anterior en la mansión de los Blueblood, lo que le permitió ganar una gran velocidad antes de estirar sus cascos frontales nuevamente. La aceleración proporcionada por la inercia del giro combinado con la masa muscular del corcel, así como el filo de las cuchillas que eran envueltas por las llamas de fuego, permitieron que Alcor arrancase la cabeza de tres de sus oponentes mientras usaba las puntas de hueso de sus alas para abrir los vientres de otros dos soldados.

El grito de batalla de los soldados no se hizo esperar en el instante en el que notaron a cinco de sus camaradas caer al suelo completamente inertes. Finalmente, Alcor se había decidido a cruzar la misma línea que su hermana había cruzado meses atrás y se aseguraría de impedir que el esfuerzo de su hermana se malgastara. Sabía a la perfección que la princesa Luna cometía un error al tratar de tomar el control del reino por la fuerza derrocando a su hermana mayor. Pero a esas alturas lo único que podía hacer por ella era protegerla de aquellos que ahora la veían como el enemigo del reino. Y si para eso debía condenar su alma al averno. Entonces aceptaría el castigo que aquella decisión acarreaba consigo.

Sin otro objetivo en su mente, mas que el de proteger a su princesa, Alcor arremetió contra el grupo de soldados. Usando su fuerza física y el poder de su hechizo comenzó a rebanar los cuerpos de sus oponentes. Con un giro tomo uno de los cascos de un Pegaso entre los suyos antes de quebrarlo por la mitad para posteriormente clavar el hueso de su ala en el mentón de su contrincante atravesando el cerebro del soldado por debajo. Rápidamente soltó el cadáver antes de soltar un golpe de su casco contra el rostro de otro de los soldados hundiendo la cuchilla de acero entre los ojos de otro de los soldados.

Por el rabillo del ojo pudo observar a otro de los soldados aproximarse a él empuñando una lanza. Con un aleteo de sus fuertes alas el guardia nocturno se elevó evitando la envestida antes de sacar la cuchilla del cráneo de su víctima anterior, para proceder a arrojarla contra el cuello del soldado que sujetaba la lanza. La cuchilla voló a gran velocidad perforando el desprotegido cuello del poni de lado a lado.

Alcor soldó un gemido en el instante en el que un dolor agudo lo asaltó por uno de sus costados notando al Pegaso que había logrado perforar su armadura con una espada. La armadura del corcel había logrado evitar que el filo de la espada penetrará sus órganos internos, pero el intenso dolor le aseguró al guardia nocturno que la herida era lo suficientemente profunda como para convertirse en un problema si no hacía algo al respecto para detener el sangrado.

Lleno de rabia, Alcor tomó el rostro del Pegaso antes de propinarle un cabezazo en el hocico, rompiendo la nariz de su oponente al ser golpead por el casco de metal que recubría la cabeza del guardia nocturno. Tras aturdir a su oponente con aquel golpe, Alcor empujó al otro corcel contra uno de los muros antes de usar el codo de una de sus patas frontales para golpear la garganta del soldado rompiendo la tráquea del otro corcel, el cual comenzó a ahogarse en su propia sangre.

Una vez más un terrible dolor asaltó su cuerpo esta vez en una de sus patas traseras. Ignorando el dolor en su carne, el guardia nocturno se giró rompiendo el mango de madera de la lanza que otro de los soldados había usado para perforar su pata. La sonrisa de su oponente se convirtió en una mueca de terror en el momento en el que Alcor lo miró a los ojos empuñando su otra cuchilla para introducirla con fuerza a través del oído del soldado. La cuchilla perforó con facilidad el tímpano de su víctima, quebrando el hueso hasta alcanzar la materia gris del Guardia Real.

Al notar a otro de los soldados usar su lanza para empalar a su propio compañero en un intento por alcanzar el cuerpo del guardia nocturno, Alcor rápidamente ladeó su cuerpo antes de abrir sus fauces para atrapar la lanza con sus dientes deteniendo el avance del arma a tan solo unos centímetros de su estómago.

Vulnerable en su posición actual, otro de los soldados logró asestar un potente golpe en el costado de Alcor cercenándole por completo una de sus alas, antes de que otros tres soldados se abalanzaran contra el guardia nocturno empuñando sus lanzas.

Comprendiendo su situación, Alcor reunió una gran cantidad de energía antes de liberar su conjuro arcano de golpe. En un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo del guardia nocturno se envolvió en llamas antes de expulsar una ráfaga de fuego que explotó a su alrededor incinerando al resto de los soldados que lo rodeaban. Los soldados que se encontraban más rezagados intentaron escapar de la explosión, sin embargo, el daño provocado por el conjuro del Guardia nocturno causó que los muros del pasillo comenzaran a colapsar enterrándolos vivos.


El capitán de la guardia real recibió una patada en uno de sus costados cayendo al suelo una vez más. Había logrado alcanzar el jardín exterior del castillo sin embargo el guardia nocturno que le bloqueaba el paso en ese momento había logrado impedir que el capitán pudiese rodear el castillo para alcanzar la sala del trono.

-¡Basta teniente!, si no desiste de su intento por impedirme el paso, no tendré opción más que la de enfrentarlo- dijo Caramel mirando con dureza a Siegfried. La expresión del soldado no había cambiado en absoluto, su expresión se mantenía serena, y a juzgar por el hecho de que el teniente no había desenfundado sus cuchillas, Caramel estaba bastante seguro de que su oponente no tenía intención alguna de combatirlo. Aparentemente lo único que Siegfried trataba de hacer era impedir que Caramel avanzara.

Las múltiples explosiones provenientes del interior del castillo les indicaban que los combates comenzaban a volverse más intensos. De pronto una explosión proveniente del Salón del trono llamó la atención de Caramel. El rayo de luz causo que el techo del castillo se hiciera añicos antes de que la princesa del Sol saliera volando a gran velocidad, esquivando por escasos centímetros una segunda descarga de energía de un tono turquesa en extremo brillante.

-¡Princesa Celestia!- gritó Caramel batiendo sus alas con fuerza para despegar del suelo.

Detrás de la princesa del Sol emergió una segunda alicornio, su pelaje tenía un color negro tan profundo que parecía tragarse la luz por completo, por otro lado, su crin y cola lucían un brillo similar al del manto nocturno. La yegua que se encontraba persiguiendo a su amada princesa no lucía en absoluto como la princesa Luna, sin considerar que el tamaño de aquella criatura era mucho mayor al de la princesa de la noche, y lucía mucho más similar al tamaño de la princesa del Sol. Lo único que la hacia reconocible era su cutie mark.

El capitán comenzó su persecución de aquella yegua oscura sacando una de las cuchillas que mantenía ocultas entre las plumas de sus alas.

WACK

La patada de Siegfried impactó contra el mentón del capitán obligándolo a perder el control antes de precipitarse contra el suelo.

Tras un par de segundos el capitán se recuperó retomando el control para retomar el vuelo una vez más. La interrupción de Siegfried comenzaba a volverse molesta.

-Ya te lo había dicho Caramel, No permitiré que le hagas daño a la princesa Luna-

-¡Es que acaso son ciegos todos ustedes!- refunfuño el capitán -¡Esa no es la princesa Luna! ¡Ya no lo es más!- añadió Caramel.

-No importa como luzca en este momento, ella sigue siendo mi princesa y al igual que tú, yo también me he decidido a proteger a mi princesa- respondió Siegfried.

-Esto es una locura Siegfried. ¡Solo mírala!, es claro que la princesa Luna ha perdido los estribos- dijo el capitán.

-Si la princesa Celestía es incapaz de remediar lo que ella misma ha causado. Entonces no tengo ninguna razón para interponerme en la decisión de Luna- sentenció Siegfried.

-No puedo creer lo que dices, ¿Acaso crees que todo esto es culpa de Celestia?-

-Lo es- dijo Siegfried. -Celestia permitió que las familias nobles continuaran con sus prácticas ilícitas. Ella permitió que ponis como Red Wine se convirtieran en un peligro para el reino. Ella permitió que criaturas como Cocoon lastimaran a la princesa Luna arrebatándole a su poni especial. Pero lo más importante es que a pesar de ser su única hermana, la princesa Celestia fue incapaz de ver la soledad y tristeza que la princesa Luna cargaba sobre sus hombros.-

-Si las cosas llegaron a esto significa que tampoco ustedes se dieron cuenta de eso, así que no creo que sea justo que la culpes por los errores de su hermana-.

-Y tienes razón, en decir que ninguno de nosotros se dio cuenta con anterioridad y si es que lo hicimos, simplemente no dejamos de ser espectadores. Pero te aseguro que sí hubo quienes pudieron ver más allá de lo que nosotros nos negábamos a ver. Aquellos que decidieron hacer algo para cambiar lo que podría suceder.- dijo el teniente mirando con dureza al capitán. -Chrysalis y Épsilon intentaron cambiarlo y ambas dieron sus vidas por lo que creían correcto, ambas se sacrificaron pensando que así lograrían la felicidad del poni al que amaban. Y es por eso que no puedo perdonar a mi hermana.- Aquellas palabras tomaron por sorpresa al capitán. -Nunca podré perdonar el hecho de que ella se decidiera a intentar arreglar las cosas por ella misma, nunca podré perdonarle por no haber pedido nuestra ayuda. Porque de haberlo hecho, tú y yo no estaríamos haciendo esto ahora mismo.-

-¿Así que piensas condenar a toda Equestria por esto?-

-Ya te lo había dicho Caramel, el resultado dependerá de la Princesa Celestía, si ella es capaz de devolverle a Luna su corazón entonces, ella habrá cumplido con su misión, pero si es incapaz de devolver a Luna a la normalidad, entonces no tendré ninguna razón para seguir conteniéndome-

-Te juzgué mal Siegfried.- dijo el capitán con cierta tristeza en su voz. -Creí que tú eras el más sensato de tus hermanos, es por eso por lo que esperaba que tú fueras el capitán de la guardia nocturna en lugar de tu hermana. Pero ahora me doy cuenta de que ninguno de ustedes es realmente digno del puesto-.

-Yo también me equivoqué contigo Caramel. Creí que serías capaz de hacer a un lado tus sentimientos por la princesa Celestia y aceptarías el resultado de esta rebelión sin importar cuál de los dos bandos se llevara el triunfo- dijo Siegfried desenfundando sus cuchillas.

-Entonces no tenemos otra opción- respondió Caramel imitando a su oponente.

Otra explosión en el cielo atrajo la atención de ambos soldados. En lo alto del manto nocturno pudieron observar el instante en el que la princesa Celestia bloqueó el ataque de Luna usando sus alas para dispersar la energía de su hermana, antes de posicionarse por encima de Luna para contratacar con un rayo solar que impacto en la princesa Luna.

La princesa de la noche cargó su magia generando un escudo para bloquear el ataque, produciendo una nube de polvo a su alrededor ocasionada a partir de las partículas de magia que ambas contendientes producían con sus cuernos. Sin perder tiempo ambas princesas cargaron sus cuernos liberando una potente ráfaga de energía mágica que colisionó en el cielo produciendo una onda de choque que obligó a ambos soldados a retroceder varios metros.

Tras la colisión producida por la magia de las gobernantes, ambos soldados se sorprendieron de ver que el Eclipse parecía haber sido sustituido por una esfera de luz generad a partir de la magia de ambas princesas. Sin embargo, era posible observar que aquella esfera comenzaba a ascender lentamente empujada por la energía que la princesa de la noche producía a través de su cuerno. En ese momento fue claro para ambos corceles quien sería el vencedor del combate si las cosas no cambiaban.

-¡Maldición!- gruñó Caramel antes de emprender el vuelo nuevamente, tenia que hacer algo para distraer a la princesa Luna aunque fuera por un momento, solo así podría evitar que la princesa Celestia recibiera de lleno el impacto de aquella concentración de magia.

-Te advertí que no permitiría que interfirieras- sentenció Siegfreid usando su habilidad para aparecer una vez más al lado del capitán a punto de patearlo de la misma forma que lo había hecho en las ocasiones anteriores.

-¡Caramel!-la voz de Hurricane se hizo presente de pronto, usando el peso de su cuerpo, la comandante tacleó al teniente apartándolo del camino del capitán.

-Comandante- dijo Caramel sorprendido por la repentina intervención de su superior.

-Auxilia a la princesa Celestia yo me encargaré de Siegfried- le gritó la comandante mientras forcejeaba con el guardia nocturno.

Siegfried acababa de gastar la ultima de sus transportaciones por lo que tendría que esperar un momento para que su cuerpo pudiese recuperarse antes de ser capaz de usar su habilidad una vez más.

Por otra parte, Hurricane aún no se recuperaba por completo de su batalla contra el harem de Red, sin mencionar la herida que había recibido durante la rebelión del imperio de Crystal. Por lo que la comandante era consciente de que, en ese momento, Caramel estaba en mejores condiciones para poder apoyar a la princesa Celestia, razón por la cual su prioridad sería entretener al último de los guardias nocturnos el mayor tiempo posible.

-Gracias Comandante- respondió Caramel, antes de reanudar su vuelo. Estaba seguro de que podría alcanzar a la princesa Luna antes de que Celestia fuera alcanzada por aquel ataque.

Totalmente enfocado en su misión, Caramel aceleró lo más que pudo apuntando con su cuchilla a una de las alas de la yegua oscura, podría hacerlo ahora que la alicornio oscura tenía su atención completamente centrada en su hermana mayor. Era tal su concentración que el capitán fue incapaz de percatarse de la criatura que lo acechaba hasta que fue demasiado tarde.

El capitán pudo percibir un destello de color purpura surcar el cielo a gran velocidad antes de que un intenso dolor recorriera sus costados. En el instante en el que Caramel perdió el control, el capitán pudo observar horrorizado el momento en el que sus dos alas se alejaban de su cuerpo. Aquel proyectil le acababa de cercenar sus alas como si fueran mantequilla y considerando su altura actual no tenia duda alguna de que la caída lo mataría.

Mientras caía sin control alcanzó a notar a su atacante dar la vuelta en el aire cambiando de dirección nuevamente para rematarlo. De pronto sintió un tirón en su cola en el preciso momento en el que su atacante enrolló uno de sus cascos con la cola del capitán para detener su caída.

Caramel miró al cielo cruzando su mirada con la mirada de la yegua que lo sujetaba, aquel poni tenía varias heridas en el cuerpo de las que se podía observar la sangre acida que escurría de su interior. Su ojo ambarino lo miraba lleno de malicia, mientras que el otro ojo lucía un color negro profundo con un iris de color blanco como la luz de la luna que alguna vez adornó los cielos del reino.

-Épsilon- dijo el capitán completamente sorprendido por la presencia de la yegua.

-¡Hurricane!- Gritó la capitana de la guardia nocturna llamando la atención de la comandante que mantenía a Siegfried firmemente sujeto con una llave de cuello. -Será mejor que liberes a mi hermano… Porque de lo contrario, serás incapaz de alcanzar a Caramel antes de que su cráneo termine de decorar el suelo del castillo.- añadió la yegua desenrollando la cola del corcel para arrojarlo al interior del salón del trono.

-¡Eres una perra!- gritó la comandante soltando al teniente para poder auxiliar al capitán que había reanudado su caída libre.

-Corrección, soy una yegua- murmuró Épsilon sonriendo con malicia antes de precipitarse al suelo. Épsilon se dejó caer a toda velocidad detrás de Caramel manteniendo sus alas lo más pegadas a su cuerpo, al tiempo que afianzaba el agarre de sus cascos frontales en las dagas de heráldica lista para atacar.

Caramel calculo su posición tomando su cuchilla con fuerza completamente preparado para recibir a Épsilon. Siegfried por otro lado permaneció en su posición, al juzgar por los rastros de color carmín que la yegua dejaba a su paso, era bastante ovio que el cuerpo de su hermana se encontraba sangrando. Mas, sin embargo, Épsilon no parecía demostrar señal alguna del dolor que su cuerpo debería estar sintiendo en ese instante.

Sin importar si Sweet había logrado de algún modo adormecer el cuerpo de Épsilon, una cosa era clara, la yegua estaba más muerta que viva en ese momento y lo único que evitaba que cayera inconsciente, era el hecho de que su sentido del tacto parecía haber desaparecido por completo.

Hurricane atrapó a Caramel por la cintura asegurándose de evitar bloquear la puntería del capitán quien uso su cuchilla para bloquear el golpe de Épsilon. La hoja de heráldica logro atravesar la mitad de la hoja de acero antes de detener su avance.

Al notar que Épsilon estaba lista para soltar un segundo ataque con la otra daga, Hurricane abrió sus alas al tiempo que arqueaba su espalda, mientras la capitana procedía a hacer lo mismo en la dirección opuesta, evitando así estrellarse contra el suelo de piedra del salón del trono. Sin embargo, la velocidad de los ponis era demasiada para poder detener el momento de sus masas, especialmente para Hurricane quien además de su propio peso cargaba consigo el peso de Caramel.

A pesar del riesgo Hurricane giró bruscamente en un intento por retomar el vuelo a medida que ambos se aproximaban al muro del castillo. Con tal de apoyar a su comandante Caramel uso sus cascos para empujarse de la superficie del muro para evitar el impacto.

Épsilon por otro lado optó por atravesar una de las ventanas para no disminuir la velocidad, por lo que tras aletear con fuerza la yegua atravesó el vidrio provocando varias cortadas en su cuerpo al tiempo que continuaba acelerando antes de girar nuevamente para enfrentarse a los soldados una vez más.

-¡A tu derecha!- anunció Caramel. Hurricane cerró ligeramente sus alas curveando las plumas inferiores permitiéndole evitar por escasos centímetros el ataque de Épsilon.

-Tengo que ayudarte a bajar, no podemos enfrentarla de esta manera- comentó Hurricane girando nuevamente para descender tan rápido como le era posible.

-Desciende hasta la copa de los árboles, y después suéltame- respondió Caramel tratando en la medida posible de ignorar el dolor y la sensación de humedad que provenía de donde alguna vez se habían encontrado sus alas.

Hurricane asintió antes de mirar a sus espaldas para asegurarse de que Épsilon aún los perseguía. Sin perder más tiempo Hurricane descendió hasta encontrarse al ras de las copas de los árboles, Épsilon se hallaba a escasos metros de ellos.

-¡Ahora!- dijo Caramel.

En el instante en el que Hurricane soltó el abdomen del capitán, Caramel ajustó su trayectoria aferrándose con todas sus fuerzas a una de las puntas de los árboles. Usando el árbol como una resortera, el capitán invirtió la dirección de su movimiento tomando a Épsilon completamente desprevenida antes de golpearla con todas sus fuerzas en el abdomen hundiendo su cuchilla en el interior del cuerpo de la yegua, justo antes de que su arma se terminara de partir por la mitad dejando incrustado el metal en el cuerpo de Épsilon. El rebote, sin embargo, terminó por arrojar a Caramel por el cielo golpeándose con múltiples ramas antes de finalmente caer sobre la maleza del espeso bosque con múltiples huesos rotos, magulladuras y las ensangrentadas heridas a sus costados que lo habían despojado de sus alas.

Desde su posición el capitán pudo observar a la Princesa Celestia ser alcanzada por la esfera de energía que rápidamente hizo explosión arrojándola contra los muros del castillo. Su Princesa había caído, él había fallado, sus heridas eran graves y sin nadie en los alrededores no tenía duda alguna de que moriría.


Hurricane miró a sus espaldas, la capitana continuaba persiguiéndola a toda velocidad a pesar de la profunda herida que tenía en el abdomen.

-¡Basta Épsilon!- gritó la comandante. -A este paso morirás desangrada-

Épsilon simplemente sonrió acelerando tanto como le era posible. Pronto alcanzaría a la comandante y le daría fin, después se dirigiría al castillo para atravesar la garganta de Celestía con las dagas de heráldica que la princesa Luna le había confiado.

Tras notar que la yegua no se detendría ante nada, Hurricane abrió sus alas para frenar con brusquedad, antes de darse la media vuelta separando las plumas de sus alas con un repentino Giro, lanzando todo su arsenal de cuchillas contra la capitana, quien optó por recibir el impacto de todas las cuchillas con forma de pluma colisionando directamente contra el cuerpo de la comandante, quien incrédula por el ataque kamikaze de Épsilon no pudo hacer más que intentar bloquear a la yegua usando sus cascos frontales antes de que ambas callera al interior del bosque golpeándose con cientos de ramas para finalmente colisionar contra el suelo levantando una nube de polvo.

Hurricane podía sentir el dolor de los numerosos golpes recibidos en su espalda, así como el peso de la yegua que se encontraba sobre ella, el peso de la otra poni la mantenía inmóvil sobre el suelo.

-Ha sido un gran intento comandante, pero le puedo asegurar que no fue suficiente- dijo Épsilon mirándola desde arriba.

Hurricane observo con mayor atención el estado de su interlocutora, una de las mejillas de Épsilon había sido partida por la mitad dejando a la vista los maxilares de la capitana que junto con aquel ojo ennegrecido le brindaba una expresión aterradora. Las patas frontales de la yegua tenían clavadas varias de las cuchillas que Hurricane le había lanzado con anterioridad. Aparentemente, Épsilon había usado sus patas frontales para cubrirse del ataque evitando que las cuchillas de Hurricane perforaran su pecho. Sin embargo, la herida en el abdomen de Épsilon que Caramel le había provocado sangraba en abundancia.

-Yo no estaría tan segura, tú morirás antes de volver al castillo. Estoy segura de que mis soldados detendrán a Alcor en los pasajes inferiores y dudo mucho que Merak logre derrotar a Clover- dijo Hurricane antes de emitir un grito en el instante en el que la sangre que escurría del cuerpo de Épsilon entrara en contacto con su carne.

La comandante se mordió el labio antes de continuar. -Además… aun quedan varios de los hechiceros que entraron al castillo, tal vez les tome tiempo, pero te aseguro que encontrarán la salida de los laberintos del castillo, y te puedo prometer que ninguno de ellos permitirá que la princesa Luna tome el control del reino-.

AAAAH

Gritó nuevamente la comandante mientras la sangre de Épsilon carcomía su estómago, sus patas frontales y parte de su pecho.

-No importa como lo veas, ustedes han perdido- dijo la comandante tratando de sonreír.

-Aun no Hurricane, y te puedo jurar que sin importar lo que cueste, yo misma me aseguraré de salvar a Luna. Fue por eso por lo que hice el trato con Elly- anunció Épsilon. Al escuchar aquel nombre el rostro de la comandante se ensombreció. -Pero antes de tomar la vida de Celestia me deleitaré viéndote morir en agonía.- añadió Épsilon escupiéndole a Hurricane sangre en el rostro.

La comandante comenzó a gritar con más fuerza, a medida que la sangre de Épsilon habría un enorme boquete en su abdomen quemando y carcomiendo la carne, músculo, grasa e intestinos de su interior hasta alcanzar los huesos de su columna.

De igual forma pudo sentir cómo la sangre que escurría de las numerosas heridas que Hurricane había infringido en las patas frontales de la capitana, se abría paso por la carne musculo y hueso de sus patas frontales hasta partirlas por la mitad.

Pero lo más doloroso sin lugar a dudas, era la sensación de la sangre que Épsilon escupió en su rostro, aquel líquido carmesí quemándole el rostro, mientras se abría paso por su piel, hueso y ojo hasta alcanzar su cerebro fue sin duda lo que provocaba los infernales gritos que Hurricane emitía a medida que la sangre de Épsilon le arrancaba la vida despedazando su cuerpo en el proceso.

Épsilon por su parte disfrutó cada pequeño instante de la agonía de la comandante, nunca antes se había sentido tan bien al arrebatarle la vida a otro poni, pero Hurricane no era un poni por el cual ella podía sentir aprecio alguno, así que no tenia ninguna razón para sentir empatía por ella.

Tan pronto como el cuerpo de Hurricane dejó de convulsionarse por el dolor, Épsilon se levantó nuevamente antes de abrir sus alas una vez más.

De pronto el destello de un resplandor multicolor llamó su atención, en el instante en el que su ojo ambarino observó la silueta en el cielo sintió como si todo su mundo se viniera abajo, provocando que su rabia creciera aún más.

Con un fuerte aleteo, la yegua emprendió el vuelo de vuelta al castillo de las dos hermanas. Había perdido demasiado tiempo mirando el sufrimiento de Hurricane, solo esperaba que no fuera demasiado tarde.


Notas del Autor:

De acuerdo lo admito este capítulo resultó ser uno de los largos, pero tenía que abarcar estos tres combates para poder enfocarme en algo más durante el próximo capítulo.

Como nota adicional debo decir que a pesar de que me gustó la pelea entre Celestia y Luna durante el inicio de la temporada 4 de MLP. En esta historia notaran muchas más referencias al video de WarpOut.

Sin más por el momento, les deseó una feliz navidad… hasta el próximo capítulo… ALLONS-Y.


En memoria de Victor Fidel Amado abuelo y mentor.

Marzo/1938 - Octubre/2018

En memoria de Carolina López Amada tía y ejemplo de vida

Mayo/1947 – Febrero/2020